CAPÍTULO 20 - "UNA PEQUEÑA DECLARACIÓN"
Todos se miraron. Como tratando de averiguar si habían oído bien. Pero al verse, se dieron cuenta de que sí, había oído bien.
– ¡No lo puedo creer! ¡VOY A SER ABUELO! –. El señor Granger, fue el primero en hablar. Se levantó de la silla y fue a felicitar a su hija y... ¿al novio? – ¡Al fin! –.
Todos se levantaron de sus asientos, y fueron a felicitar a la pareja. Si bien, no lo podían creer aún, sabían que aquello era verdad. Lo veían en sus caras, en sus ojos.
– Pero, ¿y para cuando la boda? –. Preguntó el padre de Hermione.
– Realmente señor Granger, nosotros no necesitamos de un papel para demostrar que nos queremos. Sabemos realmente lo que sentimos y porque. Eso es lo más importante –. Dijo Draco convencido.
El señor Granger, quedó conmovido. Y se dio cuenta de que su hija había elegido un buen "espeso".
Pero la felicidad no duró mucho, ya que mientras seguían celebraban la nueva noticia, alguien golpeó la puerta con verdadera insistencia.
La señora Weasley se dirigió a dentro, y atendió la puerta.
– ¡RONALD! –. Gritó esta, y se tiró encima de él, para abrazarlo. – ¡Oh, mi Ronald! –. Decía una y otra vez, ella, mientras lloraba de felicidad. Este, que desde hacía mucho tiempo, necesitaba el abrazo de su madre, la estrecho aun más a él. Y también sin poder evitarlo, comenzó a llorar.
Todos al escuchar los gritos de la señora Weasley, se levantaron de la mesa, y se fueron a ver que sucedía. Al llegar, lo vieron a él, a la última persona que esperarían ver.
– Mamá... ella... ella murió... –. La señora Weasley al escuchar esto, se separó de él y lo miró. – Ella murió... y yo... yo no sé que hacer –. Dijo él, que por un impulso cuando la madre le soltó, se calló al suelo, cayendo de rodillas. Lloraba y como nunca.
La madre en seguida entendió a que se refería su hijo. Se arrodillo a su lado, y como buena madre comenzó a consolarlo. Todos miraban aquella escena, sin saber que hacer o que decir. El señor Weasley, al igual que su señora, se arrodilló comenzó a consolarlo. Luego de un momento, comenzaron a escuchar el llanto de un bebe.
Ronald se separó de ellos, se secó las lágrimas, y volvió a salir. Agarró a una beba que estaba en el coche, y entró con ella en la casa.
– Ella es Eleanor –. Le dijo a sus padre. – Se lo eligió su madre... –.
– Oh... es tan hermosa –. Dijo su padre agarrándola.
– Ven Ron. Toma algo con nosotros... –. Dijo su madre dejándole paso.
– Feliz Navidad... –. Dijo él, y ahora mirando a todos.
Todos los Weasley, se acercaron a él y lo abrazaron. Ya lo habían perdonado hace mucho la falta que tuvo, además era su hermano, y no podía durar mucho un enojo en esa familia. Luego llegó el turno de Hermione, ella sin dudarlo lo abrazó, al igual que Harry. Los tres se abrazaron, como los viejos tiempos.
– Perdón Hermione... –.
– Shhh... No te preocupes por eso, Ron. Ya pasó... no necesito perdonarte por nada. Se porque lo hiciste –. Le dijo ella, mirándolo a los ojos. – ¿Me presentas a Eleanor? –.
– Sí –. Le dijo él. Él señor Weasley se la entregó y luego la puso en los brazos de Hermione.
Una vez que todos volvieron a salir, y pusieron un nuevo lugar en la mesa. Ronald les contó a todos, lo sucedido con su esposa. Mientras lo hacía, no podía evitar llorar.
– Murió en mis brazos... yo... –. Su madre se levantó de su asiento y fue nuevamente a consolarlo.
Ronald, en el tiempo en que había pasado lejos de su casa y de su familia, fue muy feliz con la mujer que tanto había amado, amaba y amará, pero siempre, se había sentido un poco vacío al no poder ver a su familia. Realmente los extrañaba, pero no era lo suficientemente valiente, como para dar la cara. Sabía que los había decepcionado, y no sabía como remediarlo. Pero ahora, que su mujer había muerto una semana atrás, no sólo él necesitaba a su familia, sino, que también su hija. Su hija necesitaba a una mujer a su lado, y no estaba dispuesto a traer a una desconocida. Tomo todo el valor que tenía, y fue a golpear la puerta.
Sabía, que ellos le entenderían. Que aunque no le perdonaran, estarían presentes para ayudarlo.
Ahora que estaba sentado en la gran mesa, se daba cuanta de que ellos no sólo le entendía, también le habían perdonado, y eso él lo agradecía.
Y la bebe, que en ese momento, se encontraba en sus brazos, miraba a todos, y de ves en cuando, se reía a carcajadas con las monerías que le hacían sus primos. Era una beba, muy hermosa. Era el retrato de su madre, pero con el color de pelo de su padre.
– ¿La maldición de los pelirrojos? –. Le preguntó en el oído a Hermione, una vez que termino de examinar a la beba. A lo que esta, contestó con una mirada de desaprobación. – Bueno, bueno. Es lo que veo, no vez... igual que el padre... los abuelos... los tíos... todos pelirrojos... –. Dijo Draco, riéndose en silencio.
En ese momento, fue que Ronald, se dio cuenta de la presencia de Draco. Le entregó la beba a su madre, se levantó y sacó su varita, con la cual apuntó a Draco. Este que aun se seguía, riendo, desapareció, una vez darse cuenta de lo que sucedía.
– ¿Qué hace él aquí? –. Preguntó Ronald desafiante.
Draco por respeto a la señora Weasley, a quien, le tenía un gran respeto, y cariño, no sacó su varita ni hizo ningún movimiento brusco.
– Él está conmigo, Ron –. Dijo Hermione.
– ¿Qué significa eso? –. Quiso saber.
– Que yo soy su novio –. Le contestó Draco.
– ¿Qué? –. Preguntó Ronald. – Eso es imposible... –.
– ¿Por qué? –. Draco esta comenzando a perder la paciencia, y quería agarrar a Hermione, y demostrarle a ese Weasley, que era verdad. Pero se contenía, ya que a Hermione eso le iba a molestar mucho, y creía que a la señora Weasley, también.
– Pues porque tú eres... –.
– ¡RONALD! –. Lo llamó su madre. – Guarda esa varita. Aquí no la necesitas... y te prohíbo que digas esa palabra –. Le retó su madre. Ronald, volvió a guardar su varita, pero aun por las dudas, dejó una parte a la vista.
– Bien. Pero no entiendo nada –. Dijo él, volviéndose a sentar en la mesa.
– Eso ya es sabido –. Dijo Hermione. – Hay muchas cosas que no sabes –.
Cuando la cena, el postre y el momento de una copa fuerte pasaron, y todos comenzaron a marcharse para ir a dormir, Hermione mandó a Draco a la habitación que compartían y le dijo que ella Ronald y Harry, tenían cosas que hablar y que arreglar. Este asintió, y se dirigió, pero antes le preguntó en donde estarían, por las dudad.
Los tres, Harry, Hermione y Ronald se fueron a una pequeña sala, que la solían utilizar con sala de recibidor, pero que ahora la utilizaban los niños para jugar, ya que al renovar la casa, esa sala había quedado desocupada.
Se sentaron en el suelo, con una tasa humeando, cada uno.
– Cuánto tiempo, ¿no lo creen? –. Fue Ronald, quien, cortó el silencio.
– Parece una eternidad –. Contestó Harry.
– Sí, lo sé... y realmente lo... –.
– Ya Ron, no hace falta que repitas todo el día eso. Entendemos porque lo has hecho. Y yo más que nada, lo sé, Ron –. Le dijo Hermione, dedicándole una gran sonrisa, que hizo que lo tranquilizara.
– ¿En cerio? ¿Malfoy? –. Preguntó Ronald, realmente sorprendido. Pero en su vos, no había enojo, ni desafío, en realidad, no tenía ningún sentido malo.
– Créeme, ni yo me lo creo... por eso te digo, que te entiendo –. Dijo Hermione.
– ¿Lo quieres? –. Le preguntó.
– ¿Si le quiero? Que va... –.
La sonrisa que tenía Draco en su rostro se borró por completo al escuchar esa respuesta. Sí, esta detrás de la puerta escuchando todo. No podía perderse aquella conversación. Quería enterarse porque tanto misterio entre los tres. Pero ahora, se arrepentía, cuando estaba decidido a irse, no pudo evitar escuchar eso, saliendo de su boca...
– Yo realmente le amo, Ron. Tanto como vos amaste a Darla... y la verdad me da miedo perderle... –. Dijo con profunda sinceridad Hermione.
– Veo que es cierto... pero, ¿y él? –.
– Él...
– Realmente la ama, Ron –. Contestó Harry por Hermione. – Nos lo dijo a todos, hasta a su padre, que la amaba y que era capas de hacer cualquier cosa por ella –. Concluyó él. – Es verdad Hermione, pregúntale a tu padre –. Le dijo Harry a Hermione, al ver la cara de incredulidad que ponía la chica al escuchar esto.
– Wow... Malfoy enamorado, y de Hermione... –. Dijo Ronald.
– Hay más Ron, tienes que saberlo... estoy embarazada de él –. Le contó Hermione, a punto de llorar, de felicidad...
– ¿Qué? –. Preguntó este.
– Es verdad. Esta mañana fuimos a ver a un Medimago, y él me lo confirmó. Voy a ser madre... –.
– Felicidades –. Le deseó él, abrazándola, una vez que dejó el vaso aun lado. – Ah, por cierto, quiero que sea los padrinos de mi hija... –. Les informó, una vez que se alejó de Hermione.
– ¡Con gusto! –. Dijeron, Harry y Hermione, al mismo tiempo.
Y Draco, sintió que ese era el momento de dejarlos sólo. Ya escuchó lo que tanto quería escuchar. Y se fue a la cama, a esperarla, con una radiante sonrisa en su cara. Ahora sí, sabía que podía conseguir que ella esté a su lado para siempre...
Hablaron de todo durante horas, ya cansado de tanto hablar, y muertos de sueño se despidieron. Pero al llegar a la puerta, Hermione volvió a sentir ese profundo dolor en el vientre, pero esta vez, acompañado de la sangre. Sí. Sintió que algo líquido salía de ella, y en seguida, supo que era sangre.
Él dolor no le permitía respirar en ese momento.
– ¡¿HERMIONE?! –. Gritaron, Ronald y Harry, al ver que su amiga caía de rodillas al suelo.
Como pegaron semejante grito, les escuchó casi toda la casa. Draco saltó de la cama, a la puerta y de la escalera al suelo, y llegó justo a tiempo al lado de Hermione, antes de que terminara con la cara en el suelo. La tomó en sus brazos y la llevó a acostarse al sillón.
– Manden una lechuza... a Vincet Windert –. Le dijo Draco a los dos, estos no sabían ni quien era, pero aun así, lo hicieron. En la carta le mandaron la contraseña de la Red Flu, así que ni bien había recibido la cata de auxilio, este había aparecido en la chimenea.
Ella aun seguía con el fuerte dolor, aunque la hemorragia había parado. La sangre había traspasado su ropa, y eso hacía que Draco se preocupara con mayor intensidad.
El médico fue guiado por Ginny hacía la sala. Ni bien la vio, le mando a Draco que la llevara a una cama. Ella necesitaba una cama. Así que la volvió a toma en sus brazos, y la subió por las escaleras. Luego él se encerró con ella, en la habitación, para que nadie los moleste.
Estuvo un largo rato largo ahí dentro. Hasta que salió.
– Ella está bien, al igual que el bebé... –. Empezó a explicar él.
– Pero, ¿y la sangre? –. Quiso saber Draco. – No soy un experto en esto, pero sé, que eso es un mal presagio... –.
– Sí, la sangre puede ser un mal presagio, de eso no hay duda, pero en su caso, la sangre nos informó, que ella no gozará de un embarazo saludable. Habrá momentos en los cuales sentirá aquellos dolores, y habrá más sangrado, y otros en que no sentirá nada –.
– Pero... –.
– Draco, ella necesita reposo absoluto. Ya que, si esto sigue así, un mal movimiento, la puede llevar a tener un aborto natural. Como está embarazada, no puedo darle nada... –.
– ¿Dejarás que se muera de dolor? –. Preguntó Draco, con repugnancia.
– ¿Qué? No, ¿puedes dejarme terminar de hablar? –. Le pidió, ofendido el médico. – No le puedo dar tranquilizantes ni medicamentos fuertes, pero si puedo darle una inyección, que no sólo le favorecerá a ella, sino, también, al bebé. Funciona como un tranquilizante, pero no lo es, eso la va a fortalecer y suavizará los dolores, pero aun así, los sentirá. No serán fuerte ni profundos, como los de ahora –. Cuando el médico la revisó por última vez, vio que ella, ya se encontraba mejor, le dio un beso en la frente y de despidió de los demás, diciéndoles que mañana a la tarde, volvería a verla. O si había algún problema antes de la tarde, volvería.
Todos, a pedido de Hermione, se dirigieron a sus respectivas habitaciones, preocupados por ella, y encantados por el médico.
Draco, se acostó a su lado, y vio que ella, estaba sólo con ropa interior, así que, fue a un cajón, que le pertenecía a ella, y sacó uno de sus camisones. Le ayudó a desabrocharse el corpiño, y después a colocarse el camisón. Él se puso un pantalón, que solía utilizarlo de pijama, y se sacó la remera, quedándose sin nada arriba. Luego se acostó a su lado, abrazándola, como todas las noches, le empezó a acariciar la cabeza, sabiendo que ella estaba nerviosa, y asustada.
– No quiero que le pase nada... – Dijo ella.
– Si no lo sé... yo tampoco quiero que le pase nada. Pero sabes, mi madre también tuvo un embarazo complicado. Dice que yo no le di tregua... bueno, no fue tan complicado como el tuyo, pero si lo fue... –. Le comentó él. – También, en más de una ocasión, ella casi me pierde, pero él, Vincet, le ayudó mucho, y gracias a él, ella pudo salir a delante y al final, pudo tenerme sin ningún problema... y creo, no, sé que vas a poder salir adelante. Y sé que vas a ser muy feliz... y... –. Y no pudo terminar la frase, ya que ella, le había dado un beso en la boca. Era un beso simple, con un simple contacto, pero que no demostraba nada simple, era un beso que demostraba más de que lo parecía... eso fue lo que le dio valor a Draco, para decirle lo que sentía. Se lo dijo con tan sólo dos palabras:
– TE AMO... –. Le susurró en sus labios, a lo cual, ella le contestó de la misma manera, y volvieron a besarse, pero esta vez, perdiéndose en sus labios.
Luego, se separaron, se miraron, se rieron juntos, y luego, ambos se acomodaron mejor en la cama, y se quedaron dormidos, así, abrazados, y felices de tenerse uno al otro.
