NADA ES MIO.

CAPITULO XXI

Bellatrix comenzó a caminar despacio hacia atrás, intentando escabullirse, en aquellos minutos de shock. Harry, que vio las intenciones de la mortífaga, volvió a retomar la carrera detrás de ella.

- ¡Harry no!

Consiguió escuchar la advertencia de Lorena pero no la acató. Siguió corriendo sin mirar atrás, intentando no perder de vista la silueta negra que corría delante de él. Una luz roja iluminó por pocos segundos el interior del bosque, alguien, seguramente su hermana, había lanzado al aire una señal para que la orden recogiese el cuerpo de Sirius, sintió, poco después, que ella también se había unido a "la caza de la bruja". Cada paso que daban hacia acentuarse el dolor de la cicatriz, hasta llegar al punto de amenazar con estallarle la cabeza. Sentían que el final de la trampa ya estaba cerca, le sentían muy cerca.

De vez en cuando, Bellatrix les lanzaba maldiciones que por los pelos lograban esquivar, añadiendo que las copas de los árboles tapaban completamente el cielo, dando al bosque una oscuridad total. Iban corriendo a oscura, detrás de una persona a la que ya apenas veían.

El dolor les cegaba, Harry temía que de un momento a otro se le abriese la cabeza en dos. Haciendo un esfuerzo sobre humano, siguieron buscando a su objetivo. Unos metros por delante, se vislumbraba un fuego, parecía que el bosque entero estaba ardiendo, y un calor inmenso les sorprendió. Se acercaron mas al origen de aquel fuego y descubrieron a un grupo de personas, en el que, justamente en medio se encontraba Sarah. Corrieron el poco trecho que les separaba de ellos y entraron en el círculo con las varitas en alto.

- Señor le dije que se lo traería sano y salvo. – Decía Bellatrix Lestrange a una figura encapuchada un poco más alta que ella.

- Has cumplido con tu trabajo. Te recompensaré.

Lord Voldemort se bajó la capucha y sus ojos rojos brillaron con el fulgor del fuego. Anduvo hasta que estuvo a pocos pasos de ellos.

- Bienvenidos chicos. – Les dijo. – Cuanto tiempo ha pasado desde que nos vimos por última vez. Os preguntareis que hace vuestra falsa amiga con nosotros ¿verdad?

Los mortifagos que había alrededor rieron como si hubiese sido un chiste muy gracioso. Harry y Lorena miraban a Sarah sin comprender.

- Yo os lo explicaré, como si fuese vuestro amado y difunto director. – Hizo una señal con la cabeza a uno de los encapuchados y este avanzó arrastrando a Sarah delante suya. – Vuestra amiga tiene un pequeño secreto, que os confiare esta noche. Muéstrasela.

La chica lo miro y negó efusivamente con la cabeza con gesto de suplica. A la luz del fuego, pudieron ver el estado en el que se encontraba. Tenia los ojos morados, y toda la cara llena de sangre, entre la cual, se dejaban ver cortes y quemaduras de múltiples tamaños. Otro de los encapuchados se adelantó y cojió uno de los temblorosos brazos de la chica. Le rasgó la manga de la camisa y dejó ver un cráneo enroscado en una serpiente. La marca tenebrosa se agitaba en su brazo.

- No puede ser… - Se le escapó a Lorena.

Voldemort volvió a reír, esta vez con más fuerza. Harry sentía su cabeza explotar. Sarah lloraba silenciosamente arrodillada en el suelo, custodiada por el mortífago.

- Claro que si, es una de los nuestros, o por lo menos lo era hasta esta noche, que se ha rebelado contra su amo para pasarse al bando de los Potter. – Dijo con rabia mirando a la chica.- Y por eso, ha sido castigada.

Se habían quedado completamente estupefactos. ¿Que había sido dentro del castillo? ¿Una espía? En seguida, le vino a la mente la tarde en la que la encontraron junto a su hermana en el pasillo de la sala de los menesteres.

- Harry, tenemos que salvarla. – La voz de la chica sonaba firme.

No comprendía, como después de todo lo que había echo, su hermana la siguiese viendo como a su amiga.

- ¿Estas loca? Después de todo lo que nos ha hecho ¡por su culpa Fred y Sirius están muertos!

- Ya has visto como la han dejado, esta de nuestro lado Harry.

Las últimas palabras se quedaron en su dolorida cabeza como moscas buscando la salida. No sabía si lo que estaban a punto de hacer valdría la pena una vez hecho.

- Merece morir, por traidora ¿Verdad Harry? – Preguntó Voldemort al chico.

Harry le aguantó la mirada, sin responder, y en su cara se reflejó la furia que tenia acumulada. De repente, un gran perro blanco apareció por un lado del bosque atacando a la horda de mortifagos que rodeaban a Voldemort. En ese momento de descuido, la rapidez fue fundamental.

- Relashio – Susurró Lorena.

Sarah salio corriendo como pudo.

- ¡Se escapa! – Gritó Dawlihs.

Pero antes de llegar a atraparla desapareció, al igual que el perro. Un rugido de furia recorrió el bosque. Voldemort levantó la varita y gran parte de los encapuchados cayeron muertos al suelo. Se volvió a los chicos y se acercó hacia donde se encontraba agachada Bellatrix.

- ¿Qué podemos hacer con ellos? – Le preguntó, pero sin darle tiempo a contestar volvió a levantar su varita.- ¡Crucio!

Harry cayó al suelo y una descarga le recorrió el cuerpo acentuándose en sus heridas. Cuando paró, se levantó y ayudó a su hermana a levantarse como él.

- ¿Sabes una cosa Bellatrix? – Sin mencionar mas palabra le lanzó un haz de luz verde y la mortífaga cayó a los pies de su señor.- Ya no te necesito.

La apartó de una patada como si fuese una vulgar piedra y le dedicó una última mirada de repugnancia a una de sus más fieles seguidoras. Se volvió a acerca más a los chicos y les habló como a dos niños pequeños.

- Ahora estáis contentos ¿verdad? la mujer malvada que ha matado a vuestro chucho esta donde la querías ver. Este era un último regalo para vosotros antes de reuniros con él. Y es que después de tantos años, os he cogido cariño, hemos pasado tantas cosas juntos...

- Eso es mentira. – Le cortó Harry.

- Tú nunca sabrás lo que es el cariño. – Dijo Lorena.

Voldemort les miró como si le hubiesen ofendido, la burda imitación de un tío que tiene enfrente a sus sobrinos favoritos le salía realmente mal.

- Os he dado una última oportunidad, pero ya veo que la habéis rechazado. Acabáis de firmar vuestra sentencia de muerte.

Los chicos se pusieron en posición de ataque con las varitas listas para lo que fuera. Voldemort volvió a reír.

- No me digas que tú también vas a luchar conmigo. – Le dijo a la chica. - Mírate, no aturdirías ni al idiota de Lombottom con el brazo así. ¿Por qué no me suplicas que te mate y acabe con tu sufrimiento?

- Por que seremos nosotros los que te matemos a ti.- Contestó Harry.

Voldemort hizo un movimiento con la varita y el efecto que surtió en Harry fue caer de rodillas como si le hubiesen pegado.

- Potter, cuando aprenderás a respetar el turno de palabra. Como te ha gustado siempre darte aires. ¡Eso esta muy mal! – Y volvió a pegarle.

- ¡Harry! – Lorena lo ayudó a ponerse en pie.

- Que escena mas tierna, los hermanitos ayudándose el uno al otro. Que conmovedor. Me vais a matar, si, pero del asco. – Voldemort escupió al fuego y este se avivó más.

De el salió una lengua de fuego que se cerro en círculo alrededor de ellos, dejando fuera a los mortifagos que quedaban.

- Te voy a matar, Harry Potter. – Sonreía Voldemort.

Lorena se le puso delante y le empujó hacia atrás.

- Tendrás que matarme a mí antes.

Los mortifagos, junto con Voldemort, estallaron en carcajadas.

- ¡Quítate de el medio, estúpida! – Voldemort hizo el gesto de que tiraba de ella, pero Lorena estiró el brazo sano y consiguió esquivarlo.- ¿Queréis jugar muchachos? Ahí va.

Sin previo aviso, Lorena salió volando fuera del círculo y cayó delante de los mortifagos, que enseguida se arremolinaron alrededor de ella.

Su varita había saltado de su mano y estaba cerca del tronco más cercano.

- Te vas a arrepentir de eso. - Harry estaba furioso.

- ¿A si? – Voldemort se acerco lo más que pudo a Harry y le tocó la cicatriz.

Harry pensaba que le estallaría de un momento a otro la cabeza y todo habría acabado. Pero el dolor cesó. Voldemort se alejó de él y se puso en posición de duelo. Se sentía tremendamente mareado, no sabia como aun se sostenía en pie. Se escucharon un grupo de voces diciendo a la vez la misma maldición y unos gritos desgarradores volaron por el bosque.

- Lucha conmigo, Harry Potter. – Le dijo Voldemort con cara de felicidad.

Por lo visto, estaba disfrutando mucho del sufrimiento de los dos chicos. Harry se fue moviendo hacia el lado donde había desaparecido su hermana, quería saber si estaba bien, pero fue derribado y cayó de rodillas.

- No eres tan valiente luchando solo. Ya se acabó el tener niñeras que se interpongan entre tú y yo. Esta noche vas a pagar con tu vida todas las veces que has huido de mí, y el haber destruido todos mis horrocruxes. – Voldemort estaba enloquecido.

Harry se levantó lo más rápido que pudo para conseguir esquivar una maldición de Voldemort. Su mente trabajaba costosamente y eso le retrasaba en el enfrentamiento. Al contraatacar, volvió a ocurrir, sus varitas se volvieron a conectar. Un haz de luz los envolvía, y una línea los unía. Voldemort gritó furioso y Harry cayó al suelo. La conexión se perdió, su varita estaba al rojo vivo, tanto que al cojerla, se quemó los dedos. Los mortifagos salieron huyendo de allí, como pájaros asustados.

- ¡Levántate! – Le gritó Voldemort.

Trabajosamente volvió a ponerse en pie. Cuando dirigió la mirada de nuevo a su oponente, descubrió con gran horror y sorpresa que la serpiente se había enroscado alrededor él, protegiendo a su amo.

- ¿Qué me dices ahora? – Le gritó Harry. – También tienes niñeras que te protegen, pero las tuyas son arrastradas como tú.

La serpiente silbó y Voldemort le acarició su cabeza plana como si fuese un gato.

- ¡Crucio!

Harry, esta vez no cayó al suelo, intentó aguantar la maldición de pie, lo que le costó un gran esfuerzo.

- Desmaius. - Contraatacó el chico.

- Muy propio de ti, Harry. – Voldemort reía.

- Sectumsempra.

En la cara del mago aparecieron sendos cortes en las mejillas, y la serpiente, esta vez, silbó de dolor abriendo las fauces. Voldemort volvió a lanzarle varias maldiciones que Harry recibía con un grado superior de dolor cada vez que una de ellas impactaba con su cuerpo. El chico solo contraatacaba con hechizos más débiles que los que reciba, sus fuerzas no daban más de si.

- Se acabó el juego, muchacho. – Voldemort se acercó a el por última vez y lo levantó por encima de su cabeza.

Harry pataleaba y luchaba por volver al suelo. Bajó lo justo para estar a la altura de su cara, la serpiente se atrevió a tocarlo con su lengua vífida, lo que le produjo repugnancia. Voldemort le rodeó el cuello con sus manos de largos dedos y comenzaron a girar; justo cuando sentía la presión al desaparecerse, alguien se agarraba a él cojiendole de las zapatillas. Hubo un cambió de presión y Harry temió que se produjese una despartición. Con los ojos cerrados y sintiendo la mano de Voldemort aun en su garganta, cayeron a un suelo duro y frió.

La luz del gran comedor les dañó los ojos. Todos los presentes corrieron hacia las paredes para alejarse lo máximo de Voldemort. Había cuerpos tumbados en el suelo dispersos por el comedor, las mesas habían desaparecido. Los miembros del ED y los de la Orden del Fénix se pusieron detrás de los chicos para prestar ayuda.

Voldemort estaba completamente aterrado, su mirada había cambiado pero su idea de matar a los chicos no. La serpiente se desenroscó del cuerpo de su amo y, haciendo un ruido espantoso cayó al suelo.

- ¡Malditos chicos! – Voldemort estaba cansado del juego de los muchachos.

Harry se preparó para sentir la maldición más potente que exista. Pero algo le decía que todavía no podía hacerlo. Sintió la mano calida de su hermana en la espalda, y una gran burbuja azul los envolvió. Voldemort no se creía lo que estaba viendo.

- Protego totalum, protego totalum…- murmuraba una y otra vez Lorena. – Harry…cuando esto desaparezca…siéntela y mátale…de una vez.

Voldemort lanzaba maldiciones a la burbuja, y creyendo que se rompería, esta no lo hizo, pues era firme y sólida. La serpiente se enfrentaba con la resistencia a espaldas de los chicos.

- ¡Bombarda! – Oyeron gritar a alguien.

- ¡NOOOOOO!

Voldemort gritó de dolor con los ojos muy abiertos mirando hacia un punto por detrás de ellos. Harry giró la cabeza, y consiguió ver a duras penas, tras la burbuja a Sarah, rodeada de los miembros del ED, con la varita en alto y la serpiente muerta a sus pies.

- ¿Listo Harry? – El susurro de Lorena sonó muy débil.

Este se preparó para lo que estaba a punto de ocurrir.

- ¡Expelliarmus! – Grito Bill desde una esquina del gran comedor.

La varita de Voldemort salió volando de sus manos. Era el momento.

Harry se concentró, sentía como la furia fluía por sus venas, como se acumulaba en su mano y la varita comenzaba a echar chispas.

- ¡AHORA!

La burbuja desapareció, con un pequeño movimiento de su brazo, un chorro de luz impactó contra el pecho de Voldemort, la potencia de la maldición lo levantó del suelo y lo mantuvo en el aire bastantes segundos. Harry notaba que su cabeza se abría, que ya había acabado todo, que no saldrían vivos de allí, que lo habían conseguido pero a un precio muy caro. Cayó junto al cuerpo de su hermana que yacía a su lado. Voldemort también cayó al suelo, despatarrado en el, con la expresión aun congelada en el rostro. Por fin, no volvería a matar a nadie más, no volvería a resurgir como aquella vez, por fin, estaba muerto. La oscuridad fue apoderándose de la mente y los ojos de Harry, no lucho contra ella, si no que dejo que lo envolviese, estaba muy cansado, no tenia fuerzas ni para pestañear. El mundo en el que habían vivido, desapareció, junto con ellos dos.