Disclaimers en el capítulo 1
Advertencia: No leer en lugares públicos o poco apropiados, capítulo alto en humedad XD
Creo que este capítulo va a ser uno de mis favoritos, espero que también sea el de ustedes.
Capítulo 21: Paraíso en las montañas.
Regresando hacia el castillo, Ruby fue encontrando su manada a medida que avanzaba, simplemente habían perdido el rumbo después de haber sido atacados por aquella espesa niebla, ninguno estaba herido, sólo algo confusos con la situación.
Para suerte de todos, la búsqueda fue rápida, Zelena no había podido llegar más allá, primero porque no conocía bien las montañas y segundo porque cruzarlas sin alimentos ni ropa adecuada era una muerte segura. Así que cuando llegaron al castillo aún estaban despiertos, Graham era el primero en salir a su encuentro al recibir noticias de que ya llegaban victoriosos.
Abrazó con emoción a Dorothy, la cual no podía ocultar en su rostro la emoción que llevaba, tan solo no fue más efusiva por respeto a Regina, lo que vio ahí había sido una de las cosas más dolorosas de presenciar. Al ver a Ruby quiso hacer lo mismo pero la tristeza en su rostro lo hizo desistir.
—Deberías de estar feliz –le dijo Graham tomando su mano.
Ruby lo miró con la misma cara que traía, sin embargo correspondió aquel gesto y siguieron caminando de la mano.
—Esta victoria tiene un sabor amargo Graham, he perdido a mi amiga y Regina a su hermana, ella no tiene mucho tiempo de vivir su duelo, al menos por lo que queda del día respetémosla –se abrazó de su cintura mientras entraban- tendremos toda una vida para ponernos al día y celebrar nuestro reencuentro –le besó en la mejilla.
Entraron al gran salón central, donde aún quedaban algunos vestigios de las celebraciones, sin embargo el castillo ahora se veía mucho más tranquilo, la mayoría había decidido irse a sus respectivos reinos. Emma se apartó por un momento del grupo, dirigiéndose a la gran chimenea, recién estaba sintiendo los efectos de la baja temperatura de las montañas, podría ser que a causa de la adrenalina no haya sufrido el clima, tan sólo se percató de lo helado que era cuando volvieron.
Emma salía de sus pensamientos al sentir la suave y fría mano de Regina en la suya.
—Quedan bastantes horas para el amanecer, deberíamos de seguir de inmediato.
Emma se giró y la miró por unos instantes antes de hablar, y es que tenía un nudo en la garganta.
—Yo… creo que deberíamos descansar un día más –una lágrima cayó por su mejilla- tú… necesitas reponerte de lo que acaba de pasar.
—Emma… -suspiró y la tomó por el rostro- por favor, no te sientas culpable, yo… yo no tuve que elegir realmente, en el momento en que Zelena se tomó de mi mano lo único que pensaba era que no me perdonaría si caías, nunca estuvo en mi planes dejarte caer.
—Pero Zelena era tu hermana…
—En este poco tiempo, tú me has dado más de lo que ella me dio… -suspiró- Vámonos ahora mismo, tienes una misión que cumplir.
Sin saber el tipo de conversación que estaban teniendo, Ruby las interrumpía.
—Vamos a comer todos y a reponernos de esto ¿Les parece?
—Vamos a partir ahora mismo, Ruby.
—En serio Regina –Emma le tomaba el hombro- quedémonos un día más, necesitas descansar. Arendelle lleva dos años sin una reina, puede esperar un día más a que llegue Anna.
—Regina, quédate y descansa, te prepararé todo para la noche de mañana.
Regina miró a Emma la cual asentía a la recomendación de la loba.
—Está bien –suspiró Regina- vamos a cambiarnos y bajamos al salón.
—Les dejé ropa en su habitación para que puedan abrigarse.
Luego de unos minutos, Regina bajaba por las escaleras con un sencillo vestido rojo de mangas largas, adornado con un delicado cinturón blanco, y una capa del mismo color sujetada con un prendedor en su hombro. Emma no le fue indiferente aquel atuendo, siempre la había visto con trajes de batalla y alguno de fiesta en el reino Púrpura, pero jamás la había visto en su faceta de reina, al verla así tan simple pero tan altiva le hacía ver que la ropa no te hacía noble, Regina estaba destinada a ser reina, lo llevaba en la sangre. Emma por su parte tampoco pasó desapercibida, su vestido también era bastante simple, de un blanco pálido con pocos adornos, y una capa azul la hacía ver casi inocente, pura, aquel atuendo era adornado con sus cabellos dorados que al fin se soltaban, Regina se daba cuenta de cómo extrañaba aquel semblante temeroso de cuando la conoció, cuando Emma no entendía nada de las cosas que en estas tierras pasaban, pareciera que ahora ya estaba bastante acostumbrada y casi nada la asombraba, pero ahí estaba, su princesa que le había robado la mirada aquella primera vez.
Cuando llegaron al gran salón, ya estaban todos sentados a la mesa, una gran mesa con todos los que quedaron en el castillo, incluidos Mérida y Víctor que fueron cordialmente invitados por la loba. No era realmente una celebración, era más que nada una despedida y un hasta pronto, si es que tenían suerte. Ruby sabía muy bien para donde se dirigía Regina, era peligroso, tan solo bastaba con que el rey de Inferno se negara a dejarlos pasar y el ejército del rey Jones les daría caza, por lo demás, aquellas tierras no eran muy amigables, demasiado árido, demasiado caluroso.
—Maléfica –le llamó Ruby- aprovechando que Víctor y Mérida están acá, quería preguntarte ¿Qué te parece asentar un verdadero castillo en el reino del bosque?
Maléfica apoyó su mentón en ambas manos y miró a Ruby pensándolo.
—Las criaturas del bosque no lo necesitan, ellos siempre han sido libres y han sabido valerse y cuidarse por sí mismos, son seres pacíficos -Ruby bajó la cabeza, en realidad Maléfica no estaba siendo sensata- Ouhhh, ya veo…
—Seamos claros –dijo Regina lo que nadie se atrevía a decir- esas tierras siempre han estado a la deriva, y cualquiera que tenga más poder que las criaturas que ahí habitan van a tomar ventaja de ello, así como lo hizo mi hermana.
—Necesitan un reinado de verdad, un reinado que los proteja –dijo Ruby.
—¿Qué les parece Glinda como reina? –dijo Regina con una sonrisa sincera.
La rubia casi se atraganta con su comida, estaba escuchando atenta pero jamás se le pasó por la mente que ella podría ser considerada para tal labor. Dorothy, que estaba a su lado, la miró orgullosa con una sonrisa amplia llena de emoción.
—La verdad –dijo Maléfica- no conozco otra bruja de mejor corazón. Glinda ¿Aceptarías?
Glinda miró al a los dos guerreros del bosque, los cuales sonrieron y se levantaron de su asiento para ponerse detrás de ella poniendo una mano en cada hombro como signo de aprobación.
—¿Qué dices Glinda? –Preguntó Maléfica- Sería un honor para Occultus Terra, además, ya tienes tu descendencia –miró a Dorothy.
Glinda sonrió y miró a Dorothy.
—Vas a ser princesa de dos reinos hija mía –subió sus manos y tomo las de Víctor y Mérida en señal de aprobación.
Dorothy dejó de sonreír y se puso seria, se levantó de su asiento llamando la atención de todos.
—No merezco ningún título de nobleza aún, debo ganármelo –se fue donde Regina y se arrodilló- Su majestad, le debo algo más que la vida, por favor permítame seguir con usted en su travesía y demostrarle a mi pueblo que soy digna de ser una princesa.
—Deja de hacer eso, no tienes que arrodillarte ante mí –la tomaba por el brazo y la obligaba a pararse- eres tan sólo una niña, tu vida podría correr peligro si vienes con nosotros.
Graham carraspeó.
—No la juzgues antes de tiempo Regina –Sonrió y miró a Glinda la cual le devolvió la sonrisa cómplice.
Regina los miró incrédula.
—¿Van a dejarla? Después de tanto tiempo cuidándola.
—La cuidamos, sí –dijo Glinda- Pero también fue entrenada para esto, finalmente mi sueño se haría realidad, mi sueño y el de mi princesa, ser una guerrera digna del reino de las montañas. Está en su destino Regina, ella nació para ser una heroína de Occultus Terra.
Al escuchar la aprobación de su madre, Dorothy le tomaba la mano a Regina, toque que no pasó desapercibido para Emma.
—Voy a volver con historias de batallas y glorias de la reina de Obscura –dijo Dorothy- y en aquellas historias el reino de las montañas y del bosque estarán presente.
La misma Regina tomaba su copa y la alzaba.
—Por la futura princesa Dorothy.
—¡Por la futura princesa! –dijeron al unísono levantando sus copas.
La velada no duró mucho tiempo, aun así, el amanecer estaba por llegar y debían volver a sus aposentos, al menos aquellos que no podían estar a la luz del sol. Regina se levantó pidiendo permiso a Ruby para retirarse, seguida de Emma que sorpresivamente le tomó la mano dejándose llevar por la reina. Habiendo caminado unos metros para subir las escaleras, Regina notaba que aquel agarre era más bien posesivo antes que cariñoso, lo que la hizo caer en la curiosidad.
—¿Qué ocurre Emma? –le preguntó tratando de ocultar una sonrisa sin poder hacerlo.
—Así que Dorothy es una niña.
—Claro –se encogió de hombros- Qué edad debe tener ¿Dieciséis, diecisiete años quizás?
Emma se aclaró la garganta.
—Te recuerdo que yo tengo sólo dos años más que ella.
—Bueno… ehhh… sí, pero… -aquello la pilló desprevenida. Luego comenzó a reírse de forma nerviosa- ¿Estas celosa?
—No realmente, solo quería dejar en claro que Dorothy no es ninguna niña… me di cuenta de la devoción que tiene hacia ti –le sonrió pícara.
Regina la tomó por la cintura y la acercó lo bastante para dejar sus labios casi rozando los de Emma.
—No, no creo que eres una niña tú también, si es eso lo que te preocupa, pero debo admitir que tus formas infantiles a veces me derriten y otras veces me atormentan. Recuerda que tengo bastantes años más que tú –se rio de con voz grave provocando un escalofríos en Emma- siempre serás una chiquilla para mí.
Emma la besó en los labios de forma rápida, emitiendo una risita al final, soltándose de ella y avanzando hacia la habitación.
—Por cierto –Dijo Emma mirando hacia atrás- Mañana cumplo veinte años.
Al parecer habían dejado dormir un poco más de la cuenta a todos, porque cuando Emma y Regina llegaron a los establos estaban vacíos, uno de los chicos que cuidaban a los caballos les había dicho que desde antes del atardecer habían comenzado a preparar los carruajes para el viaje.
El paso fronterizo entre las montañas e Inferno era prácticamente el único por donde se podía viajar sin los problemas y peligros del clima, había sido construido a paso por los mismos viajeros durante siglos, actualmente no había otra manera de cruzar si alguien quería viajar en carroza, al menos de forma rápida.
Cuando llegaron al patio de armas, había mucha gente trabajando en ello, cargando las carrozas con víveres, armas y ropas aptas tanto para el frio de las montañas como para el calor de Inferno.
Sin embargo Regina notó que faltaban casi todos los de su grupo, incluso Ruby no se divisaba por ningún lado, cuando preguntó por ellos simplemente le apuntaron hacia la salida viendo a una Ruby con cara de preocupación corriendo hacia ellas, seguida de todos los demás.
—Tenemos malas noticas –Ruby recobró el aliento- fuimos a revisar el camino y está totalmente inhabilitado. No sabemos cómo ni quiénes ni cuándo, pero unos kilómetros más adentro está obstruido con rocas, como si hubiera ocurrido una avalancha.
Regina se cruzaba de brazos y comenzaba a golpear su zapato contra el suelo en signo de ansiedad, mientras pensaba en una solución para no caer en furia.
—No nos queda otra alternativa –dijo la morena.
—Regina… no estarás pensando…
—¡Claro que lo estoy pensando! –Regina se tomaba la cabeza y cerraba los ojos, este viaje iba a ser más complicado de lo previsto- rodear las montañas no es una opción, nos tomaría al menos dos semanas y no tenemos tiempo.
—Regina… -dijo Ruby en un susurro- ya nadie cruza la montaña por ese camino, prácticamente es un suicido, las ventiscas, la oscuridad, el frío extremo…
—No es primera vez que hago esa ruta, Ruby.
—Pero ahora no vas sola ¿Qué hay de Emma? O ¿Tinker? Puede que ellas no lo logren –Ruby se desesperaba- Además… piénsalo, puede que el amanecer te alcance.
—Espero que las cuevas del viajero estén habilitadas aún.
Definitivamente no había ninguna manera de hacer desistir a Regina de seguir su viaje, así que Ruby simplemente descargó las carrozas e hizo empacar lo justo y necesario en bolsas de viaje.
La despedida fue rápida y poco emotiva, el tiempo apremiaba y debían refugiarse antes del amanecer. Irían cabalgando hasta donde el camino lo permitiese, de ahí en adelante debían seguir a pie.
Las primeras colinas no fueron gran impedimento, ni Rocinante, ni Diablo ni siquiera Argo que iba con Ariel y Anna tenía problemas con ellas, sin embargo para el resto de la caballería era dificultoso, todo comenzó a empeorar cuando las primeras ventiscas se hicieron presentes y el caballo de Maléfica perdía el equilibrio al pisar una roca suelta.
—Deberíamos dejarlos libres –dijo Tinker mirando al pobre corcel- desde aquí podrían volver al reino sin problemas.
—Pero tú aún estás herida –dijo Emma- deberíamos de aprovechar de avanzar lo que más podamos con ellos.
—Estoy bien, Dorothy ha curado casi todas mis heridas, ya poco y nada quedan de los dolores que tenía.
Y así lo hicieron, para todos, incluidos aquellos que cambiaban a forma humana, era más seguro seguir caminando para evitar eventuales accidentes. Romperse una pata en las montañas era la muerte segura.
La visibilidad era casi nula, ni siquiera podían ser guiados por la luz de la luna, ya que las ventiscas se hacían cada vez más fuertes. Prender una antorcha era imposible, rápidamente se apagaban, así que se ataron unos a otros con cuerdas y siguieron los pasos de los vampiros, más acostumbrados a ver en esas condiciones.
Cada vez que subían a la cima de una montaña tenían la esperanza de ver al fin la cuesta abajo, pero no fue hasta que subieron al menos tres montes que al fin pudieron descansar de subir y subir. Para la suerte de todos, el viento había cesado y no alcanzó a transformarse en una tormenta, si no habrían demorado mucho más.
—Emma… ¿Emma? –la llamó Regina al verla temblar y quedarse estática mientras se abrazaba ella misma.
—No… siento nada de mi cuerpo –dijo apenas la rubia.
Emma estaba pálida, y ya sus labios estaban tomando un color azulado, con la respiración entrecortada, apenas pudo emitir aquellas palabras para dejarse caer en los brazos de Regina. Anna por su parte resistía de mejor manera, su reino se caracterizaba por tener inviernos muy helados, sin embargo nada se comparaba con el frío que ahora estaba sintiendo.
El resto no iba en mejores condiciones, sin embargo resistían bien.
—Démela –le dijo Diablo a Regina, la cual se la entregó para que la tomara en brazos- iremos más rápido así.
Regina cogió una manta de los bolsos y la envolvió con cuidado.
—Siento mucho que tengas que cumplir años en estas condiciones –la besó en la frente- prometo compensarte.
—Tinker –dijo a penas Emma.
—Tranquila –le dijo Dorothy- va conmigo, no dejaré que se congele.
—La temperatura va a seguir bajando, si nos apresuramos podremos refugiarnos, la primera cueva del viajero queda a no más de una hora de camino a pie –dijo Rocinante- vamos a poder pasar la helada sin peligros.
Para suerte de todos, el descenso fue un poco menos dificultoso, la visibilidad era mejor que cuando empezaron el viaje, la luz de la luna hacía más llevadero el andar. Tal como había dicho Rocinante no tardaron en llegar al primer refugio que los cuidaría tanto de la helada como del amanecer.
Entraron a tientas, la oscuridad era casi total, así que Regina hacía un pequeño gesto con la mano derecha dejando salir una pequeña llama de su palma, prendiendo las antorchas en segundos. Como era de esperarse, estaba provisto para quien llegara, había madera y algunas mantas viejas, se podía notar que hace mucho tiempo nadie pasaba por ahí, sin embargo, la regla general del viajero era dejar algo para el que viniera después, sin importar cuando sucediera, pudiera hacer su uso.
Regina recibió a Emma de los brazos de Diablo y la puso de pie, frotando la manta que traía puesta contra su cuerpo, poco a poco Emma comenzaba a recobrar los colores de su rostro.
—No sé si afuera estaba demasiado frío, o es que acá adentro está cálido –decía Emma mirando a Regina cuidarla de esa forma- …deja de hacer eso.
—¿Por qué? Necesitas recobrar el calor.
—Me conmueve, pronto comenzaré a decir tonterías.
—Dilas –Regina sonreía tierna.
—Me encantas –pronto sus propias palabras hacían que el calor se le subiera a las mejillas.
—Volveré a preguntar ¿Por qué? –seguía con aquella sonrisa, un tanto juguetona ahora.
—Porque no estoy acostumbrada a que me cuiden, verte preocupada por mí… no sé…
—Debo pensar que sientes lo mismo que sentí yo cuando te aferraste a mí en aquel poste durante toda la noche –su corazón se apresuró unos segundos, latiendo descompasado- Déjame ser yo la que te cuide lo que queda de esta noche.
De pronto la cara de Regina se iluminó al tener un recuerdo de alguna vez visitando estos lugares, así que rápidamente dejó a Emma y tomó una antorcha para dirigirse hacia lo que buscaba.
—¿Qué pasa? –preguntó Emma curiosa.
Regina no le dijo nada, simplemente le hizo una señal con su mano para que esperara y ella obedeció. Siguió caminando hasta llegar a las paredes, comenzó a alumbrarlas con detenimiento hasta que dio con un montón de rocas amontonadas. Las sacó una a una hasta que un viento cálido la envolvió casi con delicia, dejando ver un pequeño destello de luz de luna a lo lejos.
—Lo sabía –Regina sonrió.
—¿Qué hay ahí? –preguntó la rubia.
Regina la tomó por la mejilla y le sonrió divertida.
—Tu regalo de cumpleaños.
Se fue donde Eric y Mulán que ya disfrutaban de la cálida fogata, mientras los demás se preparaban para descansar.
—Mis valientes –los llamó- ¿recuerdan aquel lugar? –Ambos miraron hacia donde Regina les indicaba para luego asentir con la cabeza- Bueno…. –les susurró al oído dándoles algunas indicaciones, a lo que ambos sonrieron- Por favor, sólo hasta que amanezca, luego pueden descansar.
—Sus deseos son órdenes mi reina –contestó Eric.
Regina tomó uno de los bolsos y también la mano de Emma, estaba demasiado animada como para explicárselo.
—Ven acá –le dijo mientras la conducía por aquel pasillo que había liberado de las rocas anteriormente- no te vas a arrepentir.
Apenas Emma cruzó hacia aquel lugar sus ojos abrieron de par en par, alucinada con lo que veía. Era una cueva adjunta, con un gran pozo de aguas termales, en el cual se reflejaba la luz de la luna, ya que en lo alto, muy en lo alto de la cueva había un par de agujeros dejando entrar la luz. Colores azules y resplandores ondeaban en el agua haciendo de aquel lugar un oasis en las montañas.
—Es hermoso –dijo a penas en un susurro- es… tan cálido, tan… mágico.
Regina dejó que los ojos de Emma inspeccionaran el lugar con esa curiosidad que la caracterizaba mientras sacaba algunas mantas del bolso para luego preparar una pequeña fogata con su magia.
—¿Aún tienes frío? –preguntó Regina mientras le desataba la capa dejándola caer.
Emma se le quedó mirando perpleja al notar que efectivamente la estaba desvistiendo, la rubia simplemente se quedó muda, estaba demasiado absorta en la delicadeza con que Regina la desnudaba como para emitir palabra alguna. Por alguna razón, para Emma aquella desnudez era diferente, había estado desnuda frente a la reina decenas de veces, pero esta vez se sentía atravesada por aquella mirada, como si su ser por completo se revelara. Se quedó ahí un rato abrazándose ella misma, sintiendo el calor de los vapores que emanaban desde el agua.
—No, ya no –dijo sonriendo al final.
Regina caminó unos pasos hacia el agua, comenzó a desnudarse bajo la mirada de su princesa, la cual no dejó de estudiar cada centímetro de la morena mientras su piel se iba revelando.
—¿Te vas a quedar ahí o vienes conmigo? –Regina le ofrecía su mano mientras ponía un pie en el agua.
Un poco temerosa, Emma entró tomada de la mano de Regina, hizo un pequeño gemido al entrar debido a la cálida sensación en su piel. Siguió avanzando con ella, con una mirada incrédula, era como si no pudiera creer que en tan solo unos minutos haya pasado todo aquello, era como pasar directamente desde el infierno al paraíso. Regina se enternecía con aquella reacción, en estos momentos, Emma sacaba la parte más oculta de la reina de obscura, esa parte de su ser que estaba dormida hace siglos.
Avanzaron hasta que el agua les llegaba hasta los hombros, siendo no sólo abrazadas por aquella deliciosa calidez sino que también por la luz que entraba por el agujero en lo alto.
Regina se tiró hacia atrás mojando su cabello para luego volver a subir y escurrir el agua con sus manos, se quedó mirando a Emma y la atrajo hacia sí misma, tomándola de la cintura y la cabeza, invitándola a hacer lo mismo pero con su ayuda. La sostuvo en sus brazos por algunos segundos, disfrutando ver cómo es que Emma se relajaba, se acomodó para sostenerla con un solo brazo mientras con el otro recogía un poco de agua en su palma para dejarla caer en los cabellos dorados que aún no habían sido mojados. La acarició en la cabeza por un momento y luego la hizo levantarse, escurriendo el agua de su cabello una vez, luego otra y una tercera, más que nada como una caricia, quedándose luego con las manos entrelazadas en el cuello de la rubia.
—Feliz cumpleaños Princesa Swan –le dijo con una sonrisa tierna.
—Creo que este es el mejor regalo que he recibido en mi vida –se rio con nerviosismo.
—Y eso que recién empiezo –le sonrió ahora con mirada pícara.
Por un momento, Emma perdía la respiración al escucharla hablar así, porque recién caía en cuenta de lo que habían comenzado a hacer, y Regina podría tenía razón ¿Qué otra cosa podría pasar ahí con las dos desnudas? Se preguntó. No, Emma no había olvidado la conversación que habían tenido y se preguntaba si acaso se estaba haciendo ilusiones sobre algo que quizás jamás pasaría.
Regina la giró dejándola de espaldas y acomodó el pelo de Emma hacia un costado, comenzó a frotarle en cuello, enjuagaba y hacía lo mismo con el otro lado. Volvía a tomar la cabeza de Emma invitándola a mojar su cabello, esta vez la dejaba mirándola hacia su rostro mientras flotaba, le sostenía la cabeza con ambas manos al tiempo que con los pulgares le masajeaba las sienes.
—No conocía esta nueva faceta tuya –dijo gimiendo al final.
—No es nueva… ya te dije ¿no? –Se sonrió- ¿Recuerdas que tenías curiosidad sobre cómo yo hacía el amor?
Emma se levantó de golpe, sin atreverse a voltear a verla.
—Entonces… quieres decir que… vamos…
—Ten paciencia –le dijo en un susurro al oído, provocando que Emma jadeara al escucharla, algo que siempre la había vuelto loca era la voz profunda de Regina.
La rodeó por completo con sus brazos, mientras jugaba con el lóbulo de la oreja con sus labios, rozándolos, respirando suavemente en su oído. Luego una de sus manos comenzó a acariciar el torso, subiendo hasta el cuello, dejando su mano ahí, obligando a Emma a mirar hacia el cielo para observar con más devoción el joven rostro de la rubia a la luz de la luna.
La morena bajó y subió su mano por el cuello de Emma repetidas veces, luego le hizo girar la cabeza de costado para dejar sus labios cerca de los de ella. Se besaron lánguidamente, era un beso fresco, tierno, lento pero al mismo tiempo apasionado, lo que la hizo gemir en repetidas ocasiones al sentir las lenguas danzando en sus bocas. Sin previo aviso, o quizás si haberlo notado, Regina bajaba lentamente su mano por el cuerpo hasta tomar el sexo de la rubia en la palma de su mano, de forma gentil, frotaba su palma lentamente, haciendo que Emma dejara su boca para gemir de placer ante tan simple tacto.
—Regina… -su respiración se hacía entre cortada.
—Shhht –Regina la hacía callar- Tranquila Emma, sólo estoy limpiándote.
—Pero…
—Pero nada –Regina le apretó sus sexo con la mano haciendo que Emma contuviera el aire- ¿Querías saber cómo es que hago el amor? déjame prepararte primero.
Emma lo entendió, Regina no quería apresurarse, ella quería hacerlo a su manera pues eso era lo que ella misma también quería, quería a la Regina en su forma más pura, más verdadera. Así que simplemente se relajó, sin pensar en nada más, dejando que las simples caricias de la reina inundaran su cuerpo sin pelear contra sus emociones, tan solo disfrutó de la calidez del agua y aquellas manos viajando por su cuerpo.
Salieron del agua entre risas y juegos para ir cerca de la fogata en el lugar que la misma morena había preparado para la ocasión. Regina cogió una de las mantas y la arropó para secarle el cuerpo, luego la cabeza, ligeramente por encima del cabello. La cogió por las mejillas y la besó repetidas veces, lento, sin prisas, luego le sonrió mientras le tomaba por los cabellos húmedos de forma posesiva pero tierna a la vez, haciéndola que la mirara.
—¿Mucho mejor ahora? –levantó la mirada de forma altiva, pero mantenía una sonrisa juguetona que a Emma la dejaba sin habla. Levantó una ceja y movió levemente la cabeza de Emma por los cabellos al notar que no le contestaba.
Finalmente Emma salía de su estupor.
—Regina… Ay madre mía… hablabas en serio cuando dijiste que eras así, eres totalmente dominante, no hay manera de tomar las riendas contigo… me haces sentir… tan pequeña.
—¿Eso te molesta?
—No –se ponía seria- todo lo contrario.
—Como tu Domina tendrías que hacer exactamente lo que te indicara ¿No? –La besó- cualquier muestra de cariño tan solo sería para placer propio, incluso si eso significa tener que darte placer a ti. Pero como mi amante, aunque sigo siendo dominante, es todo lo contrario –volvió a besarla- déjame que por hoy sea yo quien esté a la disposición de tus deseos.
—Ouh… entonces, cuando estuvimos en el reino púrpura…
Regina volvía a sonreírle al notar el desconcierto en los ojos de Emma y esa sensación de no sentirse amada que era totalmente un error.
—No te confundas –le acomodó un mechón tras su oreja- Contigo siempre fue diferente, desde un principio. Por alguna razón nunca pude ser totalmente tu Domina, fui demasiado permisiva, incluso ahora sigo siéndolo, nunca te he dado un real castigo, cualquier otra sumisa en tu lugar habría sido devuelta a su reino como caso perdido –finalmente se rio con ganas- por lo demás, nunca te lo he dicho pero… adoro cuando lloriqueas por no soportar más mi caricias, cuando insisto en seguir y tu simulas que ya no puedes más. Adoro leer cada movimiento de tu cuerpo y entender perfectamente qué es lo que quieres. Siempre has despertado cierta ternura en mí, mis muestras de cariño siempre fueron verdaderas.
Nuevamente Emma se quedaba estupefacta, se sentía como un libro abierto ante Regina la cual podía leer cada uno de sus más íntimos sentimientos.
—Ya no sigas –se tapaba la cara con las manos con una risita nerviosa- si me sigues hablando así acabaré sin que me toques un pelo.
Regina la dejó finalmente riéndose por lo bajo, había causado lo que quería causar en Emma desde un principio, ahora mismo la rubia estaba sensible incluso a su propia voz.
—Ven aquí –Regina le dio una mirada lasciva mientras se sentaba en la mullida manta reposando su espalda contra la pared. Abrió sus piernas y golpeó en el suelo con su mano, invitándola a ponerse entre sus piernas.
El contacto con la piel de Regina ahora era diferente a como la sentía en el agua, aquella suavidad y calidez la arrebataba, aumentando aquella sensación de sentirse a merced de cualquier cosa que quisiera hacerle la morena.
Regina la acunó contra su pecho, la tomó por la mejilla y comenzó a besarla apasionadamente, la lengua de Regina jugaba con gracia dentro de la boca de Emma, con posesión, incluso así no se sentía como las veces anteriores, este beso era el primero que se permitía sin sentir que nada podría dañarla, no era un beso con ansias, lo estaba disfrutando haciendo desaparecer el mundo que las rodeaba. Los gemidos de ambas se escapaban en medio de sus labios danzantes, sus lenguas eran terciopelo y sus alientos de una calidez embriagadora, era imposible reprimir el placer de aquello.
Casi con miedo, Emma tomaba la mano de Regina que reposaba en su mejilla y la bajaba lentamente para dejarla en uno de sus pechos, al notar que Regina no reparaba en ello, siguió bajando su mano, lo que causó que la morena se despegara de sus labios y sonriera en ellos, pegando su frente a la de la rubia.
Regina la acomodó, enderezándola y tomando su cuello invitándola a reposar su espalda contra su cuerpo, mientras que con la otra mano bajaba hacia su sexo, casi rozándolo, luego tomando las piernas de Emma para que las separa y le dejara total control.
—¿Esto era lo que querías? –le preguntó mientras introducía un par de dedos entre la carne húmeda, comprobando la excitación de Emma- Déjame saber qué es lo que quieres, no voy a regañarte, ya no soy más tu Domina, no por ahora.
Al escuchar aquellas palabras Emma simplemente bajó la suya y apretó con fuerza la mano de Regina, incitándola a que de una vez por todas se encargara de ella sin demasiada delicadeza.
Entendiendo el mensaje, Regina sacaba gentilmente la mano de Emma y comenzaba a masajear aquel botón que, a estas alturas ya estaba totalmente hinchado. Lo presionó con fuerza y luego masajeó con movimientos circulares, bajando hasta la entrada de su vagina, esparciendo su humedad, volviendo a subir para seguir torturando con masajes su clítoris. La respiración de Emma se hacía entrecortada, sus caderas comenzaban a moverse al ritmo de las caricias de la morena, emitiendo ligeros gemidos que eran admirados por Regina, gruñéndole al oído al escucharla disfrutar.
—Háblame así Regina, con esa voz –le pidió suplicante entre jadeos.
Regina respiró suavemente en el oído de Emma, rozó con su nariz el lóbulo de la oreja hasta que finalmente cumplió con los deseos de la rubia.
—Así que mi princesa tiene una obsesión con el tono de mi voz –dijo mientras incrementó el ritmo de sus caricias, provocando que Emma gimiera al escucharla- Ya veo, surte efecto, estas totalmente mojada Emma –la rubia volvía a gemir.
—Sigue…
La morena siguió susurrándole al oído, a veces en un tono tan grave y bajo que a Emma se le hacía dificultoso escucharla, ya que simplemente estaba sintiéndose mareada y repleta de sensaciones. Los gemidos de Emma se hacían cada vez más audibles, más al ritmo de las caricias, su cadera se tensó y Regina pudo sentir que el clímax ya no tardaría en hacerse presente en el cuerpo de Emma, podía sentir temblar los músculos de las piernas en su cuerpo. Así que entrelazó cada pierna de la rubia con las suyas propias.
—No te vas a escapar –le separó aún más las piernas, intensificando la velocidad de sus masajes- Quiero escucharte… Emma.
Al escuchar a su reina pronunciar su nombre, Emma se deshacía entre sus brazos, dejando salir un largo y profundo gemido dejándola sin aliento al final, con su cuerpo descontrolado, con sus caderas moviéndose desenfrenadamente, sus manos tomando firmemente el brazo de Regina que la envolvía sin dejarla de presionar contra ella. Otro gemido volvió a salir, un tanto tembloroso.
—Regina… por favor –dijo en un intento de cerrar sus piernas pero sin éxito.
—Shhhht, así, tranquila –le decía mientras bajaba la intensidad de sus caricias, sintiendo como el cuerpo de Emma convulsionaba levemente ante la delicadeza al finalizar.
Regina se rio con ganas mientras la rodeó finalmente con sus dos brazos, mordiendo levemente la mandíbula de la rubia, que ahora descansaba su cabeza en su hombro.
—Casi me matas –Emma se rio acompañándola.
—Si lo hago tendrás que revivir porque no pienso dejarte descansar –Emma se volteó mirándola a los ojos, un tanto incrédula- Créeme, no he terminado -Aquella declaración hizo a Emma temblar- Recuéstate boca abajo, voy a relajarte antes de seguir.
Así lo hizo Emma, se recostó placenteramente, agradeciendo poder estirar sus piernas finalmente. Se acomodó poniendo sus brazos para apoyar su rostro, cerró los ojos calmándose para recobrar su respiración que aún estaba agitada.
Regina le tomó los tobillos, los masajeó ligeramente, subió por sus pantorrillas de igual manera hasta llegar a sus muslos, los besó con delicadeza pero no menos devoción, siguió subiendo con su boca hasta la cadera de la rubia, provocándole una pequeña risita ante el contacto de sus labios. Regina se sonrió al encontrar un punto de tortura para más adelante, volvió a erguirse sentándose en los muslos de Emma para masajear sus nalgas, subiendo hacia su espalda baja y volviendo a bajar.
—Tienes unas manos maravillosas –dijo Emma emitiendo un sonido de placer.
—Lo sé –se pavoneó Regina.
Siguió subiendo con sus manos por la espalda de la rubia, masajeando cada lugar, depositando besos delicados y húmedos. Volvió a bajar, esta vez con su cuerpo más cercano a la espalda, haciendo rozar sus pezones contra la piel, provocando que la propia piel de Emma se erizara. Comenzó a morder ligeramente cada centímetro, sus piernas, sus muslos, sus nalgas, subiendo nuevamente hasta su cuello, poniendo especial atención en él, mordiendo y besándolo, haciendo que Emma contuviera su respiración al sentirla pegada a ella con el vaivén de caderas de la morena.
—Quiero sentir tu humedad contra la mía –le solicitó la rubia.
—Voltéate.
Emma se sonrió al ver a Regina tan imponente sobre ella, a horcajadas, moviendo sus caderas levemente contra su sexo. Dejó salir un suspiró al sentir nuevamente las manos de la morena en su piel, curvando su espalda al sentir que le tomaba ambos pechos en sus manos, masajeándolos gentilmente. Estiró su cuello al ver como Regina no aguantaba y comenzaba a depositar besos subiendo por su cuerpo.
—Mmmmm cómo es que no habíamos hecho esto antes –dijo Emma soltando un gemido al final.
—Todo llega a su tiempo Emma –le susurró al oído.
La morena le tomó el rostro y la besó al ritmo en que seguía moviendo sus caderas, se separó para observar el rostro de su princesa iluminado por la fogata que las acompañaba, sintiendo como los movimientos de Emma le pedían más.
—Tómame de las caderas –jadeó- justo en el lugar donde me besaste.
Así lo hizo Regina, bajó sus manos sin dejar de acariciarla en el recorrido, y apenas las tomó con firmeza Emma le regalaba un gemido lleno de súplica. Aumentó las embestidas, sin embargo podía ver en el rostro de su princesa que no era suficiente. Se levantó para quedar nuevamente a horcajas, acomodó sus piernas entre las de Emma y le tomó una subiéndola sobre su hombro para seguir con aquel vaivén peligroso.
Aquellas humedades se mezclaban con un sonido excitante, prácticamente sus sexos se unían para dar pie a un festín de gemidos y jadeos por parte de ambas.
—Más rápido Regina… más rápido –le dijo con desesperación.
Regina luchaba por no acabar antes que Emma, se agarraba uno de sus pechos apretando su pezón para que el dolor la hiciera volver en sí. Pero su rostro la delataba, eso hizo que Emma perdiera toda la cordura y control de su cuerpo.
—Emma…
Regina posaba su mano en la cadera de la rubia apretándola y aumentando las embestidas desenfrenadamente, provocando en Emma que dejara de respirar en ese instante. La rubia encorvó su espalda con su boca entre abierta, mientras se aferraba con desesperación a la manta, arrugándola como si fuera su tabla de salvación. Sus gemidos retumbaron en la cueva como una melodía deliciosa para los oídos de Regina, su cuerpo tembloroso una imagen divina, y su orgasmo reprimido algo que ya no podría contener.
La princesa no dejó de moverse, sintió como Regina había hecho un esfuerzo sobrehumano en darle su merecido placer, así que se apoyó en sus antebrazos y la incitó a seguir moviéndose.
—Acaba para mí –ahora se levantó más y la tomó en sus brazos, sintiendo el sexo de su reina en su bajo vientre- Deja salir ese gemido en mi boca.
Regina trató de besarla pero su respiración era dificultosa, ya no podría aguantar más, se quedó ahí con sus labios junto a los de Emma mientras seguía moviéndose. La princesa hizo lo suyo afirmándola con sus manos al ver que cerraba sus ojos y sus labios se deformaban ante el inminente gemido del clímax por llegar, dejándola encorvarse hacia atrás mientras su cuerpo convulsionaba y los gemidos se hacían entrecortados y dificultosos.
La dejó recostada al ver su cuerpo cansado y exhausto, aprovechando de acariciar el vientre de la morena, provocándole pequeños espasmos en el acto y alguna que otra risa.
—Me verás cansada, pero no he terminado –con sorpresa la tomaba por las nalgas y la acercaba, ahora sentada en su vientre- Ven, siéntate en mi rostro.
Los ojos de Emma se desorbitaron y antes de que pudiera decir algo Regina la tomaba con fuerza acercando su sexo hacia su cara.
—¡Ay madre mía! –Emma se rio y se apoyó con ambas manos para poder bien el rostro de su reina mientras la comenzaba a devorar.
Cálido, suave y sobre excitada, todavía Emma estaba sensible del último orgasmo, así que no tardó demasiado en volver a jadear ante la imagen que tenía de Regina. La morena succionaba y trazaba círculos con su lengua en el clítoris de Emma, posaba su boca completamente en aquellas humedades besándola en su totalidad y volvía a succionar para luego hacer un sonido divertido al despegarse, sonriéndole pícaramente.
—Mmmmm… delicia más exquisita –la mirada de Regina le hizo entender que ahora esto lo hacía casi con maldad. Emma se mordía los nudillos al escucharla.
Regina abrió su boca y lentamente sacó su lengua para seguir saboreándola, le dio una probada mientras la miraba lascivamente, provocando que la mandíbula de la rubia se soltara ante la desfachatez. Emma sabía lo que su reina estaba provocando, con cada lamida su vientre se contraía, y con cada succión y sonido se le escapaba un gemido inconsciente de su boca. Volvía a lamerla con esa mirada una y otra vez, lentamente, probando la fuerza de voluntad de la rubia para finalmente poner toda su boca y acabar con aquella tortura.
Emma no aguantó mucho más, así que le tomó la cabeza acercando aún más su rostro contra su sexo, gimiendo de placer, sintiendo como los espasmos la invadían al notar que Regina hacía lo mismo tomándola fuertemente de las nalgas. Finalmente Emma se soltó en un jadeo cansado, dejando a Regina respirar de una vez por todas.
La princesa pensó en que ninguna de las dos tendría fuerzas para levantarse, sin embargo en su relajo, tirada en la manta se sorprendía al sentir como Regina la tomaba para levantarla, haciendo que la rodeara con sus piernas por la cintura.
—¿Lista para un último baño? –le preguntó la morena.
—Se me olvida que tienes fuerza sobrehumana –la tomó por el rostro y la besó rápido para luego reírse- con cuatrocientos años y tienes energía de una chica de mi edad.
—¿Qué quieres decir con eso? –arrugó la frente mientras seguía avanzando hacia el agua.
—Lo que escuchaste, que eres senil –se rio a carcajadas.
—Eso no te lo aguanto –la tiró con brusquedad al agua- Eso no te lo aguanto Emma Swan.
—Me gustan las mayores –seguía riéndose.
—¡Si sigues con eso te entrego al rey Jones! –le tiraba agua mientras trataba de alcanzarla.
—No serias capaz –se defendía de la misma manera.
Finalmente Regina la alcanzó y la tomó por la cintura.
—Jamás, no aguantaría que alguien te pusiera una mano encima, ya no quiero compartirte con nadie –la besó tiernamente- Ahora es mejor que nos apresuremos y le demos tiempo a mi guardia para que puedan venir a relajarse antes de que amanezca.
—Regina…
—¿Qué? –Levantó una ceja- ¿Todavía quieres más? –le sonrió de medio lado.
—¡No! –Le abrió los ojos sorprendida- sólo quería decirte, que este ha sido el regalo más precioso que alguna vez he recibido en mi vida. Gracias.
Espero haber cumplido las expectativas de quienes me pedían encarecidamente una escena como esta, creo que este momento en la historia era el adecuado para que pudieran entregarse de esa manera.
A la que le gustó diga yo y me deja un comentario ;)
