Capítulo 21. El final éramos nosotros

Severus tenía a Harry entre sus brazos, incrédulo sobre todo lo que había pasado. El cuerpo inerte de su amor, el único que había sentido en toda su vida, se estaba volviendo frío y extraño.

—Harry Potter ha muerto—escuchó en un susurro, este se fue haciendo cada vez más alto, más insoportable hasta que solo esas palabras llenaron todo el vacío.

Gruesas gotas cayeron sobre el rostro relajado de Harry, no quería que la lluvia le tocase, no a él, pero cuando lo acunó más estrechamente se dio cuenta que no era la lluvia sino sus propias lágrimas que no dejaban de caer por su rostro.

—Ahora es tu turno—reconocía la voz de Voldemort, pero sinceramente, a él le daba igual, no quería vivir en un mundo donde Harry no existiera, no quería vivir sin él. No tenía sentido.

Aceptó el hecho de que iba a morir, pero no le importó, solo pensaba en reunirse con él, en que hubiera un más allá donde ambos pudieran reencontrarse.

Pero no recibió ningún ataque, elevó su vista extrañado y vio como una multitud se había congregado a su alrededor, alumnos y profesores se encontraban frente al cuadro que ellos tres representaban, atónitos.

Veía el dolor en sus rostros, la incredulidad en otros, y determinación, también veía determinación.

Pero no solo estaban los humanos presentes, centauros, elfos y algunas criaturas marinas se habían unido.

Miró a Harry, una vida sin él no tenía sentido, pero hacer que su muerte no sirviera para nada, tampoco.

Su sacrificio no sería en vano. Le había salvado de una muerte dirigida a él, y Severus acabaría con lo que tenían que hacer.

Tomó la varita de Harry de sus dedos aún fuertemente sujeta.

—Solo eres un hombre ahora—dijo Severus—No hay más lugares donde puedas esconderte ahora, Tom.

Los ojos rojos de Voldemort destilaban puro odio, pero también confirmaban su temor. No había más horrocruxes, su muerte sería definitiva.

Severus le apuntó, y vio como su acto fue imitado por cientos de manos alzado sus varitas contra la abominación delante de ellos.

—Él ha muerto, pero tú también lo harás—fue su sentencia, y todos los presentes atacaron a la vez.

Voldemort sería un hombre, pero no dejaba de ser un mago poderoso y levantó un escudo protector contra ellos ayudado por sus mortífagos que atacaron al resto.

Había comenzado la batalla final.

o0o

Harry despertó confuso, lo último que recordaba era que había recibido la maldición que Voldemort le había lanzado a Severus, y sus ojos, sus ojos negros tan cerca de él.

Pero ahora se encontraba solo dentro de lo que creía que era el bosque prohibido.

¿Cómo había llegado allí?

Se levantó del suelo húmedo, sacudiendo su ropa manchada de musgo.

Pero no estaba solo, eran pequeños, pero a su lado había dos niños, les calculaba uno años, demasiados pequeños para ser alumnos de Hogwarts.

Sus cabellos eran tan oscuros como la noche, largos y lacios, y sus ojos, unos eran negros y los del otro verdes.

—¿Qué hacéis aquí? Este sitio es peligroso, ¿dónde están vuestros padres?—se preocupó Harry, ¿pudieran ser hijos de mortífagos que habían ido? Ningún padre sería tan irresponsable de llevar a sus hijos pequeños a una guerra.

Ambos iban tomados de la mano, y Harry tuvo la sensación de que los había visto antes, pero ¿dónde?

Los niños les miraban casi tan sorprendidos como él a ellos, miró a su alrededor, seguían solos, aquello era tan extraño que por un momento pensó que fuera un sueño. Pero después una idea cruzó su mente.

—¿Estoy muerto?—preguntó.

Un niño asintió y el otro negó, confundiéndolo aún más.

—¿Podéis hablar?—preguntó acercándoseles, tan familiares pero sin entender de qué los conocía.

Ambos niños se miraron, sus manos entrelazadas.

—Sí, podemos.—Había pensado erróneamente que era un niño, pero la que había hablado era una niña de hermosos ojos negros.

—¿Cómo puedo estar muerto y a la vez no estarlo?—preguntó ansioso Harry.

—Estás en el limbo—dijo el niño de ojos verdes.

—Pensé que solo eran fantasías de la religión.—A Harry le costaba entender.

—Esto es más antiguo que ninguna religión, y más peligroso—dijo la niña.

Era extraño ver a niños tan pequeños hablar de un modo tan serio, pero por algún motivo ellos no le asustaban.

—Voldemort me mató.

—Sí y no, él mató a la parte de sí mismo que vivía en ti.

Voldemort había destruido su propio Horrocrux.

—Entonces, ¿puedo volver?—preguntó Harry ansioso.

—Sí, puedes hacerlo—contestó el niño—. Si quieres.

Harry lo pensó un segundo, y lo único que veía era el rostro de Severus, sí, quería volver, y quería volver por él. Quizás en otro momento hubiera renunciado, estaba harto de muchas cosas, vencido en otras. Pero Severus era de verdad, la relación entre ambos era lo que más deseaba. El amor que ambos sentían era sincero.

—Sí, quiero volver—dijo con decisión, y vio como los niños sonrieron—¿Cómo salgo de aquí?

Pero no hizo falta mucho más, sentía como si estuviera siendo absorbido por un translador.

—¿Quienes sois?—gritó Harry antes de disolverse.

Ellos no contestaron solo le sonrieron y le dijeron adiós con sus manitas.

Harry los miró de nuevo, la idea era una locura, pero ya sabía a quienes le recordaban esos niños, a Severus y a él.

No pudo decir nada más, había dejado de estar en ese lugar. Cuando abrió los ojos lo que lo recibió fue algo muy distinto. Luces de colores, un ruido ensordecedor y un olor agrio y metálico. A su lado un cuerpo tumbado, no lo reconoció inmediatamente, pero era una alumna de Hufflepuff, más allá otro chico de Revenclaw, y no necesitó ver más para saber que estaba rodeado de cadáveres. Se levantó de un salto separándose de ellos.

Ahora entendía lo que estaba pasando, los campos de Hogwarts estaban viviendo una auténtica batalla.

Había perdido su varita, y con algo de aprensión agarró una de las manos de la Hufflepluff muerta.

—Lo siento—le susurró, la probó escasamente para comprobar que podía usarla. No era tan obediente como la suya, pero serviría para defenderse.

Corrió junto a los demás, Harry había vuelto de la muerte, y tenía claro su objetivo.

Voldemort era una simple humano, deleznable y malvado, pero "asesinable" y esa muerte correría de su cuenta.

Corrió entre la gente, veía grupos de alumnos defendiéndose de mortífagos, gigantes atacando a centauros, sirenas lanzando veneno a las acromántulas, y magos y brujas cayendo malheridos.

Al principio nadie le notó, pero no pasó mucho cuando el primer "Harry Potter está vivo" se escuchó.

Poco a poco la batalla se paralizó, todos le miraban caminar asombrados. Ambos frentes bajaron su varitas incrédulos.

Al final vio su objetivo, y este le vio a él, y a su lado, cubierto de heridas pero feroz como sabía podía ser, Severus.

Voldemort y Severus habían estado luchando hasta ese momento.

—Tú... tú estás muerto—bramó Voldemort.

Harry sonrió, pero no era esa dulce sonrisa que todos conocían, era torcida, era la de alguien que sabía iba a ganar e iba a disfrutar venciendo a su enemigo.

—Estaba, es el tiempo correcto—dijo alzando su varita.

Miró de nuevo a Severus, y susurró un hechizo. Un precioso ciervo salió de su varita, su patronus se dirigió a Severus trotando hasta pararse delante de él.

"Te quiero" reprodujo la voz de Harry con sus fauces de humo de plata.

Severus lo miró y asintió, dando un paso hacia atrás.

El ciervo se movió en círculos apartando a todos de su camino dejándolos solos a él y a Voldemort.

—Se acabó, estás muerto—dijo Harry con llaneza.

—No eres más que un chiquillo que no tiene nada que hacer contra mí—le espetó el mago oscuro lanzándole su primera maldición.

Harry contraatacó y ambos rayos quedaron sostenidos como tantas otras veces había ocurrido.

—Ese es tu problema, nunca tomaste en consideración que yo, un niño, podía ser rival para ti—dijo andando ganándole terreno a la maldición de su adversario.

Tampoco llegaste a escuchar la profecía completamente, y créeme, debiste haberlo hecho. Aunque tu corazón ya estaba perdido.

Voldemort contraatacó haciéndole retroceder unos pasos.

—Cállate—gritó.

—No lo creo—ganó el terreno que había perdido. Ya no retrocedería más ante él—Hoy vas a morir.

Pasa a paso, Harry se fue acercando a Voldemort, este era incapaz de contrarrestar el avance y en sus ojos veía que estaba buscando la manera de huir, pero eso no iba a ocurrir. Ese era el final de aquella historia.

Cuando estaban a escasos metros, donde tan solo él podría oírle Harry repitió la profecía.

—"Uno con el único poder de derrotarlo, otro omega con la capacidad de amar intacta"

Los ojos de Voldemort se abrieron aún más, aquellos ojos rojos llenos de la sangre que había arrebatado comprendieron que quizás se hubiera equivocado.

—Y has herido a mi pareja, dudo que no sepas lo que un Omega haría si su pareja está en peligro.

—No...

—Avada Kedravra—susurró Harry provocando que la maldición atravesara ambas varitas hasta llegar al que había sido uno de los magos más poderosos de todos los tiempos.

Pero Harry solo vio al hombre, aquel que había amado a Dumbledore, aquel omega roto.

Su mano cayó cuando el cuerpo inerte de Voldemort tocó el suelo, muerto.

El silencio a su alrededor pudiera hacerle pensar que se había quedado solo, pero todos habían enmudecido, Voldemort había muerto y en medio de todos ellos, Harry Potter.

Severus corrió hasta él, sosteniéndolo. Harry se dejó sostener.

—Se acabó—dijo abrazándolo mientras acariciaba su rostro.

—Se acabó—afirmó Severus besándole.

Como si hubieran estado congelados los mortífagos entendieron que su líder había caído y que era el momento de huir.

Harry quiso unirse a los que los perseguían pero Severus lo retuvo entre sus brazos.

—Esa parte no te corresponde—le dijo mientras lo conducía hacia el castillo, Harry se sentía tan cansado que no opuso resistencia.

El ruido iba menguando a medida que ellos se internaban en el castillo, los ojos de Harry se iban cerrando. No quería perderse en el sueño, luchaba por permanecer con Severus.

Sintió sus brazos alzarle y cargarle.

Mientras el sueño se apoderaba de él completamente.

o0o

Severus contemplaba a Harry dormir en sus antiguos aposentos, había huido de la persecución. Como le había dicho, Harry no tenía que participar de ello.

Había vuelto de la muerte y asesinado a Voldemort, el chico se merecía un descanso cuando lo sintió entre sus brazos.

Y una parte egoísta lo quería solo para él, había renunciado a todo cuando lo vio morir, a su vida incluida.

Tenerlo de vuelta era más que un regalo.

Acariciaba su rostro, su bello omega valiente, había visto la determinación cuando le había lanzado el avada a Voldemort.

Escuchó como llamaban a su puerta y con la varita en la mano abrió.

En la puerta Remus, Ron y Hermione lucían cansados, llenos de sangre y suciedad.

—¿Cómo está?—preguntó la chica.

Severus se hizo a un lado dejándolo pasar. En su lecho Harry descansaba.

—Han llegado los aurores—dijo Remus—No hemos podido atraparlos a todos, pero esto se ha acabado—miró a Harry—. Por fin.

—¿Cómo es posible?—preguntó Ron—Todos lo vimos morir, ¿cómo es posible?

Severus había meditado sobre ello, pero era incapaz de darle una respuesta. Más allá de la muerte nadie sabía qué ocurría.

Lo único que sabía es que Harry estaba allí con él, no necesitaba saber más.

—¿Sabemos el número de bajas?—preguntó mirando a Remus, este suspiró.

—Mañana, Severus, mañana—le dijo dándole una palmada en el hombro.

Este solo asintió y miró a Harry, él mismo necesitaba dormir, los Gryffindor se marcharon y él se colocó al lado de Harry abrazándolo.

Lo apretó contra sí, iba a tener que incumplir por primera vez una promesa, solo esperaba que Harry lo entendiera, sus ojos se cerraron inhalando el aroma de pelinegro.

No sabía cuantas horas habían dormido, pero sí que aquel era el mejor despertar que había tenido.

Notaba el cuerpo más pequeño de Harry sobre él, acariciando su cuerpo, besando su cuello.

—¿Has dormido bien?—le preguntó el de ojos verdes.

Severus los apretó contra sí buscando sus labios, sumergiéndose en un beso que le devolvía la calma que había perdido en ese tiempo separados.

Notó su sonrisa contra los labios cuando se separaron.

—Creo que eso es un sí.

Severus acariciaba su rostro queriendo asimilar cada detalle que había acabado conociendo a la perfección, Harry besó su mano dulcemente.

—Te hice una promesa—dijo Severus ganando la atención del chico—. Pero creo que no voy a poder cumplirla.

Harry lo miraba serio pensando sobre ello, Severus acariciaba sus labios perdido en ellos.

—Te prometí que una vez esto acabara me apartaría dejándote libre para que encontraras a alguien a quien amar—dijo mirándolo mientras lo seguía sosteniendo contra su cuerpo—. Pero eso no va a pasar.

Harry pareció aliviado, y sonrió escondiéndose en su cuello abrazándolo.

—No creo que haya nada en este mundo—continuó Severus—. Y me temo que tampoco en el otro, que haga que me vaya a separar de ti.

—Eres mío y yo soy tuyo, eso no va a cambiar—le susurró Harry contra la piel.

Fuera el mundo mágico se levantaba después de un periodo oscuro, pero en ese momento nada de aquello importaba, solo ellos dos.

Un omega y un beta.

Una pareja que había sobrevivido a pesar de todo.

Nueve meses después

Un numeroso grupo de personas estaba esperando en una sala que hacían parecer diminuta.

En su mayoría eran cabezas pelirrojas, tantas pecas preocupadas juntas era más de los que Severus podía soportar.

El camino que sus pasos marcaban estaban por grabarse en el linóleo.

Dentro Harry estaba dando a luz, y él solo quería estar junto a él, pero le habían echado cuando un medimago había hecho gritar a Harry y Severus le había atacado. Era incapaz de controlar sus propios instintos en ese momento.

Harry había quedado embarazado en el celo que se activó pocos días después de la batalla en Hogwarts.

En todos los celos que habían compartido Harry nunca había quedado en estado, por lo que Severus no había tenido en cuenta ese punto.

Cuando el siguiente celo no se presentó, Harry le sonrió como el gato que esconde un ratón en sus garras.

Él sí lo sabía, pero nunca se lo contó a Severus, era tan extraño y no era capaz de saber si lo que había vivido en el periodo que había estado muerto era cierto o solo fue su mente intentándole dar algo de lógica.

Severus tuvo que sentarse cuando se enteró de que Harry esperaba gemelos, aún estaban reconstruyendo Hogwarts y ellos habitaban en él ayudando.

Desde ese momento Severus desarrolló una nueva manía persecutoria. Perseguir a Harry para ver que este se encontraba bien.

El chico las primeras semanas fue paciente, pero un día su paciencia llegó a su límite y le lanzó una maldición. Severus se dio cuenta que quizás se estaba excediendo sobre su control e intentó minimizarlo.

Pero que sus hijos se estuvieran gestando en su interior bien y Harry estuviera a salvo era lo único que le importaba en la vida.

La puerta se abrió y un medimago salió sorprendiéndose de la cantidad de personas que había en la sala de espera.

—Señor Snape, venga conmigo, por favor.—Nada y es decir nada, ni las torturas que había sufrido de mano de Voldemort eran comparables a la angustia que estaba sintiendo en ese momento.

La sala quedó en silencio y Severus siguió al hombre. El olor a desinfectante era fuerte y el paritorio estaba en silencio. Sus piernas temblaron temiéndose lo peor.

Cuando entró vio a Harry sobre la camilla y sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas. Severus corrió hacia él, acariciando su frente y la sonrisa de Harry iluminó ese horrible lugar.

Dirigió la vista hasta su brazos en ellos dos pequeños bebés con una fuerte pelusa negra descansaban sobre Harry.

Sus hijos, sus pequeños se movieron sobre el cuerpo de Harry y Severus lo miró asombrado.

—Ellos por fin están con nosotros—dijo Harry entregándole a uno de ellos.

Severus tomó a la criatura entre sus brazos, perfecto simplemente perfecto.

—Son niña y niño—dijo sonriendo acariciando la mejilla de la niña en sus brazos—. Una alfa y un omega.

Como si hubieran estado esperando dicha presentación los pequeños abrieron sus ojitos, dos pares idénticos pero de diferente color.

Una alfa de profundos ojos negros y un omega de brillantes ojos verdes.

Severus lloró lo que nunca había llorado en su vida y Harry lo abrazó por la cintura.

Su familia, construida desde los cimientos más confusos hasta ser lo que ahora eran.

—Él se llamará Albus—dijo Severus.

—Y ella Lily.

Y allí, en San Mungo comenzaba una nueva historia donde una raza extinta volvía a resurgir, y dos magos tan opuestos como iguales habían encontrado el amor.

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Hemos llegado al final de esta historia, el nacimiento de esta Alfa y este Omega fue lo que desencadenó todo en mi mente y llegar por fin a este punto me llena de alegría.

Espero que os haya gustado.

Habrá un epílogo, pero digamos que en este punto la historia se ha terminado.

Muchos besos.

Shimi.