Capítulo 21

Las diez de la mañana del día siguiente y en los corredores de salida del Santuario los guardias que lo custodiaban patrullaban como de costumbre, eran solo tres caballeros que al estar controlados por el "Satán Imperial" eran totalmente leales al Patriarca.

Como zombis hacían su trabajo sin hablar, hasta que uno de los tres al acercarse a la zona más próxima a la barrera óptica que protegía el lugar por un segundo se puso en guardia, algo lo había alterado, para él una sombra esquiva había penetrado el lugar sin revelar su identidad aunque para los otros solo estaba viendo un fantasma.

Al pasar los segundos sin ninguna novedad volvieron a la normalidad y dieron el asunto como una falsa alarma y siguieron su camino sin percatarse de que un pétalo de rosa roja caía desde lo alto de las montañas que formaban los corredores.

En la zona de los Santos de Plata, por ahí solía andar el heraldo que había recibido a Milo cuando llegó al lugar, era uno de los encargados de supervisar el estado de aquella zona tanto como la de bronce; él no tenía nada que ver con la red corrupta entramada del Patriarca en la cúpula del poder por eso seguía con su trabajo como de costumbre.

Estando en uno de los templos que se encargaba de racionalizar las comidas tras organizarlo todo se quedó a solas mientras los sirvientes iban en busca de los víveres para ser recolocados. Andaba por la habitación con una lista revisando cualquier cosa que hiciera falta cuando sobre una de las mesas de la cocina descubrió una rosa roja.

- Que hermosa flor. – se había aproximado hasta ella y la sujetaba por el tallo sin llegar a pincharse. – Afrodita de Piscis, Maestro de Las Rosas, Señor de Las Aguas Profundas y Aniquilador de la Imperfección, ¿Por qué andáis ocultándoos? – preguntó en la soledad de la sala.

- Te has olvidado de mi título más importante, "El que Ostenta La Absoluta Belleza." – de la nada apareció apoyado en una de las paredes estaba vestido con las túnicas oficiales de los dorados.

- Con el debido respeto y sin ánimo de provocaros ese título os lo habéis concedido vos mismo, ninguno de los historiadores de Santuario tiene conocimiento de que tengáis alguna clase de merito para portar semejante epígrafe en vuestro currículo. – retrocedió unos pasos al ver que el Santo había materializado una rosa blanca en su mano.

- Si no fuera porque te necesito te ejecutaba ahora mismo. – se acercaba hasta el enmascarado asistente y se ponía a dar vueltas a su alrededor con aquella mortífera flor en su mano.

- ¿Qué puedo hacer por vos?

- Milo de Escorpio…. Sé que puedes detectar donde se encuentran los Emblemas de Invocación y quiero saber donde se encuentra ahora mismo.

- Si es vuestro deseo. – el asistente juntando sus manos se concentraba y su máscara pareció volverse luminosa hasta el punto que los dibujos que en ella había desapareció y se quedó con un vivo reflejo del universo, a los pocos segundos volvió en sí y todo volvió a la normalidad. – Milo de Escorpio se encuentra actualmente en su Templo.

- ¿Y el resto?

- El resto es muy general mi señor, necesito que seáis más preciso.

- Quiero saber donde se encuentra también Camus y Aldebarán.

- Si así lo deseáis. – volvió a repetir el proceso y al volver en si le siguió hablando. – Ambos Santos se encuentran ahora mismo en sus respectivos Templos. – sujetando su carpeta sentía que los otros sirvientes volvían con los víveres para ser recolocados en las despensas de la instancia. - ¿Alguna cosa más?

- Solo una cosa más. – le miraba fijamente. – Yo no he estado aquí, por lo que a ti respecta has sufrido una alucinación. Como le cuentes a alguien que me has visto y se entere el Patriarca es de seguro que alguna suave amonestación me llevaré pero después te haré sufrir, puede que durante meses, hasta que acabes suplicando tu muerte, pero no seré piadoso y llevaré tu dolor hasta los límites más terribles que pudieras imaginar. ¿Queda claro?

- Totalmente.

Sin dejarse detectar se movió como un espectro hacia la casa de Tauro y registrándola descubrió el EI del gran Toro, moviéndose hacia las casa más altas llegó hasta la octava y también descubrió allí el de Milo, finalmente llegó a la de Camus y le pasó descubrió exactamente lo mismo.

"No están en sus sitios y yo no puedo moverme por el lugar libremente." Pensaba para sí una vez llegó al doceavo templo del Zodiaco. "Necesito alguien que sea mis ojos en el lugar… pero…." Volviendo a salir a la entrada de la casa miraba las otras más bajas. "Puede que conozca a alguien que es capaz de proyectar su visión y los va a encontrar por mí." Había puesto punto fijo hacia el templo de Cáncer.

Nuevamente se puso en movimiento y llegó hasta los aledaños de la Casa de Máscara Mortal, la cual como siempre emanaba un aura tenue y funesta, la mayoría de los Dorados que pasaban por ahí ni se molestaban en atravesar la casa, preferían rodearla a meterse dentro donde el aroma de la muerte y la putrefacción era su ambientador.

Estando a los pies de la entrada escuchó a lo lejos la voz de un niño que pedía auxilio desesperadamente, a los pocos segundos la figura de un jovencito hindú de unos diez años salía corriendo de la casa y se encontraba directamente con Afrodita que lo paró en seco. Con la mirada aterrada iba vestido con ropas de aldeano y las telas estaban manchadas de sangre.

- ¿Qué ocurre pequeño? – tratándolo como a un amigo le preguntaba arrodillándose para ponerse a su misma altura, el jovencito le hablaba en otro idioma pero increíblemente el sueco conocía ese idioma y se lo volvió a preguntar.

- Tiene a mi familia. – llorando aterrado le pudo contestar. – El hombre que está ahí dentro se presentó en nuestra casa y de alguna manera todos caímos dormidos, me desperté aquí encadenado y comenzó a torturar a mis padres y mis hermanos, me he logrado escapar y salí en busca de ayuda.

- Tranquilo que soy de los buenos. – le dijo tranquilizándolo dándole la mano. – Vamos a buscar a tu familia para llevaros de vuelta a casa. – sus palabras parecían sinceras y el pequeño le dio la mano y lo acompaño otra vez dentro de la casa.

- ¿Y el hombre malo?

- Contra mí no puede hacer nada.

Adentrándose en el interior del templo todo estaba envuelto en una bruma que dificultaba la visión pero los rostros que adornaban las paredes se distinguían en la distancia; ya de por si era un lugar aterrador para un adulto para un niño de la edad del pequeño era el infierno. El corredor principal se desviaron, el sueco sabía cómo llegar a los pisos inferiores del templo y encontrando el camino oculto descendieron.

Llegando al nivel más bajo de la casa de Cáncer comenzó a escuchar los gritos aterradores de los allí torturados. Aunque el más desgarrador de ellos era el de posiblemente el padre de la familia. Al entrar en la sala de los gritos tenía cadenas colgadas de las paredes, jaulas, mesas para sujetar a sus víctimas entre otros muchos utensilios para desatar su sadismo. Las paredes estaban llenas de manchas de sangre secas, de arañazos humanos y de profundos zarpazos.

Sobre una de las mesas estaba fuertemente atado el padre de aquella desgraciada familia y tenía a Máscara Mortal con sus temibles garras presentes, tras haberle molido el cuerpo a golpes procedía a quitarle el rostro, aun vivo, tranquilamente con las zarpas que tenía en los dedos.

Encadenados estaban el resto de aquella humilde familia, la madre y dos hijos más, todos ellos llenos de moretones por el cuerpo pero sus rostros sin una marca. El pequeño niño al ver el sufrimiento de su progenitor se abrazó al rubio y le suplicó que le ayudara, pero en lugar de eso le sujetó fuertemente la mano y lo arrastró hasta donde estaba el torturador.

- Máscara Mortal, no deberías dejar escapar la basura. – se presentaba ante él con el niño tratando de escaparse de las manos, aunque aquellas palabras no las hubiera entendido quedaba claro que no tenía intención de salvarle. – Este pequeño desperdicio trataba de escapar de tu templo.

- Lo sé, me gusta que alguna de mis presas escape y corra desesperadamente tratando de salvar su vida, pensaba cazarlo mientras trataba de llegar a la casa de Leo, no hay mejor rostro de aquellos que casi sienten la liberación y hay que arrebatárselo pronto para no dejar escapar esa esencia… pero, has interrumpido mi juego. – miraba luego al pequeño dejando a su padre con medio rostro arrebatado y a esperas de que continuara, secándose las manos de sangre con un trapo se acercaba hasta él. – Que pena no poder decirle lo que le va a pasar.

- Te lo podría traducir si así lo deseas.

- ¿Hablas su hindú o lo que quiera que esta gentuza pronuncie?

- Hablo todos los idiomas conocidos. – aun sujetando firmemente al pequeño se abstraía en si mismo quedando pensativo pero en un segundo volvió en sí.

- Trasmite estas palabras: Ibas a morir deprisa pero esa opción se ha esfumado como las pocas ilusiones que te hiciste al creer que te habías escapado. – se acercaba hasta el pequeño y le acariciaba el rostro. – Normalmente cuando le quito el rostro a un niño lo suelo dormir para que no grite, los gritos de los niños me provocan dolor de cabeza pero en tu caso por tu travesura te mantendré despierto mientras te quito la vida. – como había prometido se lo tradujeron y eso consiguió que gritara y se agitara.

- Si te molestan sus gritos yo puedo ayudarte en eso. – con la mirada igualmente sádica el rubio materializó una rosa blanca la cual hizo que el pequeño se pinchara un dedo con una de sus espinas, quedando luego totalmente quieto y sin habla. – Le acabo de quitar el sentido del movimiento y el del habla, ni se podrá mover ni gritar cuando lo elimines pero… eso sí, sentirlo te aseguro que lo hará lo veras en sus aterrados y tiernos ojos. – como si el pequeño fuera un muñeco lo sujetaba y lo ponía en otra mesa de tortura que allí había, los gritos de los familiares pidiendo auxilio eran molestos y con un movimiento de la mano una consecución de rosas rojas apareció delante de ellos creando un aroma que los dejó completamente dóciles y una vez en silencio los miraba a todos. – Te motivan las familias numerosas.

- Y tengo a dos hijas más de esta chusma corriendo por el inframundo a esperas de que baje a cazarlas. – daba un suspiro de tranquilidad ante el silencio y se acercaba a su compañero dorado. – Suelo atrapar a familias enteras para mi divertimento y por suerte hay países donde se reproducen como conejos, escasez de victimas no me faltan. Me motiva ver como sus esperanzas mueren una vez voy eliminando todo aquello que más aman y finalmente sus preciados rostros pasan a formar parte de mi eterna colección privada.

- Es una forma de pasar el tiempo bastante producente, este mundo es impuro y si me gustara mancharme las manos de sangre te aseguro que haría lo mismo que tu.

- Cambiando radicalmente de tema… no deberías estar lejos del Santuario en la misión que te ha encargado nuestro amado líder.

- Efectivamente pero desde que me he marchado no he parado de pensar en alguien y lo que pueda estar pasando ahora mismo, hay un asunto que no puedo dejar de lado. – estaban los dos apoyados en la mesa donde el cuerpo del progenitor esperaba para continuar su martirio, pero como si no estuviera ahí los dos santos hablaban tranquilamente. – Milo… quiero que lo encuentres para mí.

- ¿No has mirado en su templo? – preguntó sarcástico. - ¿Por qué tendría que buscar a ese despreciable elemento? Aun estoy muy cabreado con él.

- Porque puede que a ti también te convenga, voy a lograr que Saga le controle bajo el "Satán Imperial" creo que con eso tú te darás por satisfecho, será un zombi al servicio del Santuario bajo las ordenes de Saga y todo aquel que conozca sus planes, dicho de otra manera que podrás utilizarlo para tus cacerías futuras pero… lo más importante será mi eterno acompañante.

- ¿Por qué tanta obsesión con encontrar un compañero digno? – el italiano preguntaba curioso.

- Hace ya tiempo que perdí a mi perfecto compañero y desde entonces siento que he perdido la mitad de mi existencia. – cuando le decía esas palabras se quedaba abstraído de la realidad sumido en sus recuerdos. – Cuando te dije que hablo todos los idiomas conocidos no te has preguntado el por qué ¿Cuántos años crees que tengo?

- Según mis cálculos veintiuno pero no entiendo a que viene eso ahora.

- Tú como el resto del mundo se cree que tengo veintiún año y biológicamente no te equivocas más puedo tener algunos milenios encima.

- ¿Cómo?

- ¿Sabes que para obtener la armadura de Piscis hay que pasar por una singularidad temporal? El símbolo de Piscis son dos peces idénticos pues en busca de ese otro pez estuve algo de tiempo en su búsqueda.

"No tengo recuerdos de mi infancia, los perdí durante la prueba de Piscis, incluso me dijeron que tenía otro nombre antes de mi conversión en Santo Dorado. Todo eso está olvidado para mí pero según me han contado fui el típico niño ilusionado en convertirse en caballero, provengo de familia muy acomodada y cuando el santuario se presentó para reclutarme no tuvieron que secuestrarme, fui yo el que amablemente les pidió a sus progenitores que le dejaran cumplir con su destino y estos aceptaron a ello.

Según siguieron contándome entrené día y noche, era imparable y por increíble que pareciera atento y amable, siempre ayudando a los demás en lo que pudiera… no conocí al que antes fui pero debo admitir que se me revuelven las tripas al ver que interponía los deseos de los demás a los propios.

Con once años afronté la prueba se la Singularidad de Piscis y fue ahí cuando todo cambió, para obtener la armadura hay que afrontar un peligroso viaje a través de la curvatura de un Agujero Negro universal, la cual te lleva al lugar donde se encuentra la armadura. Como bien es conocido el tiempo trascurre de manera diferente en ese desconocido lugar y vaya si es así, cuando me proyecté al infinito en busca de la Sagrada Armadura me adentré en la curvatura del espacio tiempo y fue entonces cuando descubrí al autentico Afrodita de Piscis y su verdadero amor.

En principio no iba solo en mi viaje, conmigo otros cinco compañeros optaba también a ostentar tan preciado obsequio de los dioses, todos identificados como posibles avatares del Santo de Piscis en la tierra. Cuatro eruditos del campo de entrenamiento donde pasé mis años de instrucción en Groenlandia abrieron una brecha espacial donde pude dar el salto a las estrellas, era un viaje sin retorno, de los seis solo uno tendría la oportunidad de volver, más aun así salté sin miedo.

Lejos de lo que la gente cree, la singularidad resultó un vertiginoso y oscuro viaje que se acelera hasta el infinito y lejos de encontrarte con la nada das con un paraíso, era un hermoso y magnifico edén del que disfrutarlo en su plenitud, tenías todos los placeres terrenales delante, comida, bebida, sexo en abundancia e infinitos lugares increíbles que visitar era un dios entre sus habitantes, las gentes que allí moraban me adulaban y me deseaban. Allí me quedé, no sabía en qué consistía la prueba para conseguir el valioso premio y no me desagradaba ser el centro de atención de todo aquel que me rodeaba, con el paso de los días supuse que no era el elegido y felizmente me resigne a vivir en un lugar tan alejado de todo donde todo lo que pudiera desear se me ponía delante.

Fue ahí cuando aprendí todos los dialectos inimaginables, aquellas gentes me hablaban de formas diferentes y las entendía a todas, hasta el punto de conocer sus idiomas como si fuera mi lengua materna. Pero esa felicidad con el paso de las primeras décadas comenzó a frustrarme, no envejecía y tener siempre lo que uno desea no es todo lo bonito que uno quisiera. Me fui distanciando de las personas, no me llenaba estar rodeado de gente que no deseaba, quería explorar los confines de ese lugar y fue luego cuando descubrí el Lago Cristalino.

En mis viajes por conocer la magnitud de aquel Edén me llevó hasta donde una cordillera me cortaba el paso, al pie de aquellas montañas las cristalinas aguas de aquel lugar daban un vivo reflejo perfecto de lo que parecía toda mi realidad pero no era igual del todo, las cosas reflectadas eran ligeramente diferentes pero pensando que era una de esas singularidades de ese lugar le vi llegar, mi autentico amor, la persona más importante en mi vida, mi reflejo.

Éramos exactamente la misma persona pero en dos realidades contrapuestas y en teoría con el mismo objetivo a conseguir. Acordamos disfrutar de nuestra compañía eternamente, fue un amor de siglos, yo y mi otro yo formábamos el total de un todo y era maravilloso observarle, hablábamos durante días sin dormir, el que antes éramos murió en aquellas orillas y Afrodita surgió, nos pusimos ese nombre en honor a la diosa de la belleza.

Entre la belleza de las cosas de aquel paraíso solo existíamos nosotros y nuestras necesidades, allí frente aquella costa del lago me volví a sentir un dios completo y todo estaba para satisfacerme, mis habilidades eran absolutas y perfectas, continué ejercitándome y perfeccionadme siempre cerca de mi otro yo, nos olvidamos del mundo y de nuestros orígenes, al final todo lo demás se volvió prescindible y así estuvimos milenios sin envejecer, siempre bellos, siempre jóvenes.

Tanto tiempo pasó que ni podría calcularlo y mi reflejo lo único que me pedía era que no me alejara y especialmente si me aproximaba a las montañas, cuando por gastar una travesura a mi amor verdadero subí hacia lo alto de las montañas para ver lo que al otro lado hubiera mi impresión fue tan que no podrías imaginarla. Al otro lado de la cordillera había una explanada de tierra infinita con multitud de lagos individuales que se extendía hasta el horizonte y curioso me acerque a ello aunque mi reflejo me pidiera a gritos que no le dejara solo.

En cada lago había otro yo, era como estar en un infinito lugar donde mi historia se estaba reproduciendo en miles de situaciones diferentes, supuse luego con el tiempo que la realidad se está trascurriendo multitud de veces con sus variantes, como si miles de diferentes autores caprichosos jugaran con nuestro destino de manera arbitraria.

El símbolo de Piscis son dos peces que se complementan y buscando entre aquellos me encontré a mí mismo, el reflejado en las aguas de un lago distante era yo el que en esta realidad era y sin dudarlo me arrodillé en las aguas y sujeté su mano, era real y tirando de aquella mano lo atraje hacia mi realidad a la vez que sentía como él me arrastraba a la suya. Finalmente estábamos ambos en diferentes realidades y fui feliz de encontrarle.

Por desgracia creyéndome completo lo abrace como la parte que me completaba y al hacerlo nos fundimos en uno y tras un destello de luz tenía la armadura de Piscis equipada.

Lo que era felicidad se tornó en dolor, todos los charcos que se extendían hasta el infinito se habían secado por completo y me había quedado solo, sentí que me moría por dentro a la vez que todo el paraíso comenzaba a perderse desintegrándose a la velocidad de la luz y continué mi camino por la Singularidad y volví a la mundana realidad.

El tiempo en este mundo parecía no haber trascurrido y los eruditos, que según ellos me habían introducido en aquella singularidad tan solo unos minutos atrás, no los conocía, me llamaban por otro nombre que no reconocía, me presenté con mi nueva identidad y deje que admiraran mi belleza.

Por desgracia estaba ahora en un lugar que detestaba, nada de lo que hubiera en este mundo era merecedor de mí y eso por eso que nada de lo que exista en este plano merece de mi compasión. Ocupé mi lugar en el duodécimo templo y juré servir solo a un poder que superara el mío."

- Según me contaron la prueba de Piscis consiste en evitar las infinitas tentaciones que hay en la curvatura atemporal y encontrarte a ti mismo en un plano paralelo de la realidad, ese otro yo tenía algo que me hacía falta y lo mismo a la inversa. Los dos de mutua voluntad aceptarnos recíprocamente como parte de un solo ser y es entonces cuando en ambos planos conseguimos nuestro destino.

- Supongo que ese amor desmedido por ti mismo es por culpa de la última tentación a que fue la que te retuvo tanto tiempo de tu destino, el reflejo que estaba a los pies de la montaña.

- Ese fue mi autentico amor, la perfección absoluta, yo y solo yo. De todas las tentaciones que había en aquel lugar esa fue la que más me costó evitar, mi amor propio y cuando decidí avanzar y logré mi objetivo morí por dentro al saber que no volveré a verle y desde entonces estoy buscando un compañero digno de estar en mi compañía.

- Y supongo que ese alguien es Milo.

- Efectivamente, el Milo interior no me hace falta, solo quiero la carcasa, esa es la que realmente deseo a mi lado.

- ¿Y si no fuera él la persona que realmente te conviene? Hay un expresión que dice que a veces los arboles no nos deja ver el bosque, al igual que en aquel paraíso las montañas no te dejaban ver que tu destino estaba más allá de ellas, puede que te hubieras aferrado a ese personaje como a un clavo ardiendo pensando que es tu destino y sin embargo puede que el compañero que siempre has buscado desesperadamente lo tengas tan cerca de ti que ni siquiera te has percatado de que lo tenías al lado.

- Estoy completamente seguro de que es Milo la persona que es digna de estar a mi lado y sé que no se ha ido del Santuario ¿Me ayudas a encontrarle?

Al ver la decisión del sueco, el de pelo negro se concentró en si mismo provocando la "Visión Necrófaga" la cual salió proyectada a todas direcciones buscando al susodicho Santo, lo buscó por todos lados, aunque no era capaz de dar con él, durante media hora escudriño todo el lugar y casi le daba por desertor hasta que por fin llegó a la parte más alejada del Santuario, allí por fin divisó algo que le llamó la atención, una pared de energía que impedía ver más allá de ella, esperando tranquilamente no tuvo que intentar atravesarla pues al cabo de un rato se disipó y por fin dio con Milo que estaba en compañía de Camus y Aldebarán en el espacio de retiro forzoso del anciano Eo. Una vez disuelto el campo de fuerza los cuatro personajes entraron en la casa, el italiano conocedor de la fuerza del maestro ni se acercó para no ser detectado.

- ¡Están cooperando con traidores a nuestra causa! – exclamaba indignado. – Saga tiene que ser informado de inmediato, Eo representa peligro para nuestros fines.

- Sabía que se traía algo turbio entre manos. – Afrodita se frotaba las manos. – Paciencia Mascara Mortal, ten un poco de paciencia que la venganza se sirve fría. – parecía estar maquinando un plan.

- Pero ese viejo es peligroso, podría volverlos contra nosotros.

- Tranquilidad amigo mío, no creo que se atreva a tanto, que los tratará de volver contra el Patriarca es muy probable pero lo hará de una manera lenta, tan lenta que nos dará tiempo a evitarlo. Esperemos a que Camus vuelva a Siberia, desde que abandone el Santuario me avisas y ponemos en marcha una deliciosa vendetta, tú te libraras del Milo que te quitó una magnífica carnicería en aquella aldea y yo ganaré a mi compañero perfecto a la vez que le demostraré a ese francesito a no tocar propiedad ajena.

- Tendré que buscar algo con lo que entretenerme mientras espero, suerte que tengo a siete miembros de una hermosa familia que torturar mientras pasa el tiempo. – miraba otra vez a sus víctimas, el padre aun seguía agitándose de dolor sobre la mesa. – Tranquilo amigo que tu sufrimiento se va a extender más de lo que desearías.

- Volveré a mis obligaciones, si todo marcha igual en unas semanas comenzaremos a fabricar las copias de las armaduras doradas. – dejando dos rosas, una roja y la otra blancas sobre la mesa donde estaba el pequeño se dirigía hacia la salida. – Para que tus presas te duren todo el tiempo que desees: pincharse con esta rosa roja suprime la capacidad de movimiento de tu víctima, la blanca le priva de la capacidad de hablar y gritar. – desaparecía por la salida de la casa. – Que disfrutes de tu esparcimiento Máscara Mortal, nos veremos relativamente pronto.

Sin más y como el fantasma que había entrado el sueco se marchó del Santuario dejando a merced de aquel homicida todos los miembros de aquella desgraciada familia.


Cinco horas antes de ese suceso a las siete de la mañana Aldebarán subía corriendo hacia la casa de Escorpio, tenía el pelo alborotado y corría equipándose la coraza de entrenamiento por el camino, "¡Por los dioses que tarde es!" se había quedado dormido y en lugar de despertarse a las seis lo hizo a las siete.

Llegó a la casa de Escorpio y no encontró a nadie, así que continuó su camino hacia la casa de Camus y entró en el dormitorio del francés corriendo suponiendo que se había quedado dormido al entrar se topo con la parejita durmiendo desnudos juntos.

- ¡Joder que estamos en invierno! Ahí fuera estamos rondando los cero grados y vosotros aquí como Atenea os trajo al mundo. – dijo tapándose los ojos aunque ya los había visto multitud de veces desnudos en los balnearios. – Arriba, arriba, arriba que llegamos tarde. – caminando con los ojos tapados trataba de alcanzarles la ropa para que se vistieran.

- Alde tranquilo que vamos bien de tiempo. – el pelirrojo parecía tranquilo a pesar de haberle despertado de un profundo sueño. - ¿Para qué te tapas los ojos no vas a ver nada que no hubieras visto en los balnearios?

- Perdona Camus, llámame anticuado o conservador pero, no me gusta ver a mis amigos con su típica erección mañanera. – al decir esas palabras los otros se dieron cuenta de que sus palabras eran ciertas y corriendo se taparon. – Ahora mejor. – al ver que habían tapado sus tensiones se descubrió la vista.

- ¿Qué no es tarde? Es tardísimo. – Milo se puso en pie y se vestía lo más deprisa que podía. – Como lleguemos tarde Eo nos dará de palos así que a correr. – miraba el reloj y pensaba como ganar tiempo.

- Esto nos pasa por haber trasnochado, yo por estar con mi exótica princesa y vosotros dos por estar volando por el Santuario en plan Aladino y Jazmín cantando: "Un Mundo ideal." – le lanzaba las botas a Milo que parecía estar buscándolas.

- Si pudieras volver a tras ¿lo cambiarias? – el francés le preguntaba pícaramente mientras terminaba de ponerse las botas de entrenamiento.

- ¡Ni de coña! Y esta noche repetimos, solo se vive una vez. – al grandullón se le iluminaban los ojos al pensar que esa noche volvía a ver a Shaina.

- ¿Nos saltamos el desayuno para ganar tiempo? – Milo preguntaba mientras terminaba de equiparse.

- Sáltatelo tu yo sin comer no funciono así raudos y veloces debemos ir a desayunar. – expresó indignado Aldebarán y sin pensárselo dos veces y una vez los otros vestidos se los cargó en ambos hombros y cogió impulso. – Ahora vais a ver lo que es velocidad. – en menos de un segundo ya estaban sentados en el templo de la despensa y tenían todos los víveres del desayuno preparados sobre la mesa. – A comer.

A pesar de haberse despertado con una hora de retraso llegaron a tiempo al inicio del entrenamiento donde Eo les esperaba sentado en el umbral de su casa, les tenía preparado una mañana de entrenamiento conjunto para luego juntos y a la vez que Máscara Mortal les descubrió sin que ellos se percataran se adentraron en la casa con la intención de llevar a Milo a su primer viaje en busca de Antares.