Capítulo 21: Blanco localizado
Cual enorme y pesada criatura metálica atravesó la oscura y solitaria carretera a una velocidad moderada, iluminando el camino con sus potentes faroles y luces de diversos colores que contorneaban su estructura. Su peso hacía estremecer el pavimento, provocando una ráfaga de viento al pasar, mientras la rítmica música que provenía de su interior irrumpía el silencio de la noche.
Como una lejana resonancia, su subconsciente empezó a captar los ruidos que lo rodeaban a medida que iba despertando paulatinamente. El crujir de varios resortes y el potente ronroneo de un motor hicieron su presencia en la aún desconocida escena, al igual que una pieza musical muy bien conocida por él... ¿Kimi ga inai mirai? Oh, sí, ¡qué buena canción! Pero… ¿en dónde estaba?
Adolorido y sintiendo su cuerpo agarrotado, trató de moverse en su sitio, pero el simple hecho de levantar un dedo le provocó un gran malestar. Quiso reprimir un gemido, mas lo único que consiguió fue provocarse una fuerte tos a causa de su garganta seca y carrasposa.
—Au… —se quejó leve y ahogadamente, sujetándose la herida de su costado derecho.
—Oh, amo Miroku, ¡ha despertado!
El aludido se quedó totalmente quieto al escuchar su nombre a sus espaldas y abrió lentamente sus ojos, sin saber exactamente qué hacer. Vio el reflejo de una persona en el vidrio de la ventana que tenía en frente, dándose sólo ahora cuenta que se encontraba dentro de un vehículo en movimiento. ¿Lo habrían secuestrado nuevamente? No, si fuese ése su caso estaría amordazado, además que esa voz se le había hecho peculiarmente familiar…
—¿Hachi? —inquirió el oji-azul, dudoso, al voltearse con cuidado y creer reconocer al regordete personaje en el asiento del chofer—. ¡Hachi, mi buen amigo!
El pequeño hombre de oscuros y ojerosos ojos, -cual mapache-, le sonrió ampliamente, regresándolo a ver por un breve instante, pues no debía perder de vista la carretera por la cual transitaba su enorme camión.
Miroku se sintió aliviado y feliz de encontrarse en compañía de Hachi, pues era una de esas pocas personas en las que se podía confiar, pese a ser algo "miedoso" en algunas ocasiones cuando las situaciones se tornaban algo peligrosas. Pero bueno, no lo podía culpar por ello, pues cuando se conocieron hace varios años atrás, la casa del pobre hombre había estado literalmente en llamas, con él adentro.
Por casualidades de la vida, él había cursado por uno de los pequeños pueblitos que bordeaban la ciudad de Ashikaga para conquistar algunas de las bellezas del lugar y… eh… bueno, ver si le podían ayudar a conseguir algunos víveres para abastecer el monasterio en donde vivía; no obstante, aquel día se encontró con un caos total.
************************* Flash Back *************************
Con horror vio como la mitad del pueblo se consumía en medio del ardiente fuego que parecía extenderse con el soplido del viento. Personas asustadas y desorientadas corrían por todas partes, buscando refugio en la afueras. La mayoría ya había sido evacuada por el equipo de bomberos, mientras éstos hacían su difícil labor de extinguir las llamas de aquel infierno.
Básicamente por instinto se lanzó a ayudar a los heridos y más necesitados, cargando ancianos y niños, entre otros, de las partes de mayor peligrosidad, siendo de gran apoyo para los rescatistas. Todo parecía estar bajo control, y aparentemente ya no había vidas en riesgo, cuando de pronto, un exasperado grito lo alteró.
—¡AUXILIO! ¡AYÚDENME, POR FAVOR!
El oji-azul reaccionó inmediatamente al desesperado llamado y buscó el origen de aquella voz, deteniéndose justo en frente de una casita humilde que se derrumbaba en pedazos en medio de una gigantesca bola de fuego.
—¡Oigan, hay un hombre allí! —exclamó Miroku, esperando ser escuchado por alguno de los bomberos, pero ellos estaban demasiado ocupados tratando de controlar la complicada situación y haciendo todo lo posible por salvar otras vidas.
Volvió a escuchar los lamentosos berridos, y entonces supo que le sería imposible quedarse quieto. Sin siquiera detenerse a pensar, se adentró valientemente al incandescente horno y después de varios minutos de buscar y esquivar obstáculos, salió, cargando a un pequeño hombre en su espalda…
—¿Se encuentra bien, señor? —inquirió el oji-azul preocupado, revisando en un escaneo rápido los daños de su rescatado. Él tosió antes de poder responder, alzando su ojerosa mirada.
—Usted… ¡usted me ha salvado la vida! —expuso aún incrédulo de lo que acababa de suceder, mientras un par de lágrimas se asomaban por sus ojos negros.
—Es lo menos que podía hacer —argumentó Miroku, restándole importancia a su acto heroico—. Hubiese sido inhumano dejarlo allí a su suerte.
—Le estaré eternamente agradecido, y aunque no posea nada de valor, déjeme pagarle con mis servicios —pidió el hombrecillo, inclinando su rostro sobre el suelo para reverenciar a su salvador— ¡Seré su fiel sirviente, amo!
************************ Fin Flash Back ***********************
Desde entonces, Hachi le ha servido fielmente en cualquier cosa que pudiera ofrecérsele. Claro que en aquel entonces, tuvo que ayudarlo a restablecerse primero, pues lo había perdido todo en aquel incendio. Se encargó personalmente de conseguirle un buen empleo en una agencia de transporte de carga pesada –en la cual trabajaba hasta ahora-, para que pudiese subsistir y regular su situación económica; de ese modo ninguno de los dos resultaría una molestia para el otro. En ocasiones, en las que prescindía de sus servicios, simplemente lo llamaba y él acudía sin hacer preguntas o poner excusas de por medio. Era un buen amigo, sin mencionar que lo había salvado esta vez.
—Dígame, amo, ¿qué fue lo que le sucedió? —preguntó el regordete camionero, irrumpiendo los pensamientos del oji-azul—. Cuando lo encontré, estaba en muy malas condiciones y había perdido el conocimiento... Inclusive tuve que vendarle algunas heridas para que no se siguiera desangrando hasta llegar al hospital —indició con preocupación—. Fue una fortuna que tuviera que transitar por esta ruta y lo viera.
Sólo en ese momento, Miroku se dio cuenta de los vendajes manchados que llevaba sobre su cuerpo y de lo lastimado que realmente estaba. Miró su reflejo en el vidrio de la ventana y comprobó que realmente se veía deplorable, por no mencionar sus desgarradas y sucias ropas- ¿Pero qué podía esperarse? ¡Habían tratado de matarlo! Lo peor del caso era que verdaderamente había llegado a pensar que su vida había llegado a su fin…
Todo había pasado tan rápido que ni siquiera recordaba cómo se había salvado de las manos de semejante "mastodonte". Posiblemente sus deseos de vivir para ver la exterminación del maldito de Naraku con sus propios ojos, le habían dado las fuerzas necesarias para defenderse y sobrevivir. Además que aún no había cumplido su más anhelado sueño de engendrar un hijo suyo en el vientre de una bella dama.
¡Maldito fuere Naraku Kurayami por mantener cautiva a la elegida y futura madre de sus hijos! ¿Uh? Esperen un momento… la vida de Sango aún peligraba y debía rescatarla de aquella prisión, al igual que… ¡Oh, no, Inuyasha! ¡Él estaba vivo! Debía advertirle… ¡necesitaba encontrarlo antes que ese desgraciado! Lo mejor sería llamar inmediatamente a la agente Ayame y contarle lo ocurrido.
—¡Hachi, llévame a la base del FBI en Tokyo! ¡Necesito llegar cuanto antes! —demandó Miroku, exaltado, revolviéndose inquieto en su asiento—. ¿Tienes un teléfono?
—Pero amo Miroku, usted está gravemente herido, necesita ir a un hospital —trató de persuadirlo el hombre, entregándole su celular.
—No digas tonterías, Hachi, esto es más importante, así que llévame a donde te digo —replicó el oji-azul mientras marcaba un número en el aparato y se lo llevaba al oído, esperando a que respondieran pronto—. "Descuida, amigo… te encontraré…" —dijo en su mente, confiando en que Inuyasha realmente estuviera con bien.
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Con la vista turbia por la humedad que se había aglomerado en sus ojos, esquivó la mirada de la tortuosa escena que tenía delante de él y que accidentalmente presenció. Colocó sus dedos, índice y pulgar, sobre su tabique, muy cerca de sus lagrimales, y respiró hondamente, conteniendo las inmensas ganas de llorar. El grueso nudo que se había formado en su garganta, lo estaba empezando a asfixiar.
Sintiendo la urgente necesidad de salir de ese lugar, forzó a su pesado cuerpo a moverse, percibiendo aún los extraños efectos soporíferos de algún tipo de droga sobre él. No estaba muy seguro de lo que estaba pasando, pero empezaba a sospechar que "ellos" habían tenido algo que ver en la pérdida de conciencia de todos los de la isla; y ahora que lo pensaba, quizás hubiese sido mejor dejarse vencer por aquella sustancia narcótica también y sumergirse en ese profundo sueño junto a los demás. A decir verdad, ni él mismo comprendía cómo había logrado mantenerse en pie y llegar tan lejos sin decaer…
¡Maldita obstinación!
Procurando no hacer el más mínimo ruido para no ser descubierto, regresó con movimientos torpes por el agujero por el cual había llegado, y el cual había localizado gracias a su agudo sentido auditivo. Como deseaba no haber escuchado nada y no haber reaccionado automáticamente ante el timbre de voz de ella…
************************* Flash Back *************************
En su desesperada búsqueda por Kagome, -no teniendo otra cosa en su mente, más que velar por su seguridad-, logró llegar hasta las profundidades de la selva, las cuales podían ocultar un sinfín de peligros desconocidos y que aparentemente no significaban nada para la chica, pues ella las frecuentaba demasiado a menudo.
Tras sentir sus extremidades pesadas como plomo y sus fuerzas fallar, se derrumbó de rodillas y apoyó cansadamente sus manos sobre el suelo, respirando fatigosamente, mientras una gota de sudor, -muestra de sus esfuerzo-, seguía un recorrido desde su sien hasta su barbilla, dejando una pequeña marca sobre la tierra al caer. Entrecerró sus celestes ojos, luchando por mantener los párpados abiertos y no dejarse vencer por el cargado sueño que quería apoderarse de él por algún motivo aún desconocido.
—¿Qué demonios me pasa? —inquirió en un murmullo, sacudiéndose la cabeza para espabilarse un poco y luego sujetársela con una mano—. Debo… debo encontrar a…
—¡Kagome! —exclamó una voz masculina a lo lejos.
Kouga abrió completamente sus ojos al reconocer aquella voz, desapareciéndose momentáneamente, como por arte de magia, su somnolencia. Casi por instinto, apretó la mandíbula y cerró los puños, irguiéndose cautelosamente en su sitio para mirar sobre las hojas de varias plantes de gran tamaño que, para su fortuna, lo ocultaban perfectamente. Gruñó por lo bajo al comprobar con su mirada que, efectivamente, se trataba del andrajoso de Inuyasha que se encontraba a una distancia aproximada de 100 metros.
¿Qué estaba haciendo ese idiota allí? Si ese impertinente seguía gritando de esa manera, terminaría por atraer a las criaturas hambrientas de la selva. La excusa de querer encontrar a Kagome para resguardar su seguridad y llevarla de vuelta a la aldea, no se la creería, puesto que él ni siquiera conocía bien la isla. Él tan sólo era un torpe citadino que, seguramente, buscaba muchachas inocentes para añadirlas a su numerosa colección de "trofeos". Conocía muy bien a los de su clase… o al menos se daba una clara idea del tipo de persona caprichosa y egocéntrica que debía ser.
¡Maldición! ¿Por qué, entre todas las chicas, tuvo que escoger precisamente a "su" Kagome? Pero estaba muy equivocado si creía que le dejaría el camino libre así de fácil. ¡Al diablo con la apuesta que habían hecho anteriormente! De ninguna manera permitiría que ese sarnoso se aprovechara de su ingenuidad para acercársele y en el peor de los casos, hacerle daño…
En un arrebato de celos e instinto sobreprotector hacia la azabache, el oji-celeste se puso raudamente de pie, saliendo de su escondite para alcanzar e interceptar a Inuyasha; no obstante, no fue capaz de dar ni un sólo paso, pues un fuerte mareo lo hizo caer nuevamente. Aturdido se sujetó la cabeza con una mano, empezando a ver borroso. Si perdía el sentido ahora… ¿qué pasaría con Kagome? Por unos instantes había llegado a pensar que su malestar se debía a algún cambio drástico en la atmósfera, pero en vista que Inuyasha no se veía afectado en absoluto, descartó esa idea. Tenía que tratarse de algo más... ¿Esa sabandija habría sido capaz de…?
Con un extraño pensamiento en mente, volvió a alzar la vista en dirección al joven Taisho y lo que vio, lo dejó boquiabierto. Inuyasha se acababa de salvar de una mordedura mortífera de una serpiente coral y había atrapado a la ponzoña, como si nada, con una mano y ahora… ¿le estaba hablando al animal? De acuerdo… ese hombre definitivamente no era un citadino común y corriente, aunque eso ya lo había comprobado en la mañana de ese mismo día, cuando él le había ganado con la caza de un pez espada…
Lo observó por unos instantes más, analizando silenciosamente cada uno de sus movimientos, cuando el oji-dorado emprendió de pronto una inesperada carrera, desapareciendo de su campo de visión. ¿Habría encontrado algo? Tal vez había localizado a Kagome…
Con pasos lentos avanzó al mismo lugar donde él había estado hace tan sólo unos momentos con la esperanza de divisarlo. Miró a todas las direcciones, pero sólo vio plantas y tupidos árboles en la oscuridad. La tenue luz de la luna realmente no ayudaba mucho…
—Ese infeliz es muy rápido —refunfuñó Kouga, habiendo perdido todo rastro de su rival. ¡Un momento! ¡Las huellas! ¿Cómo no había pensado en eso antes?
Con esa fabulosa idea en mente, rastreó -con algo de dificultad- las marcas de las pisadas de Inuyasha en la tierra y las siguió. Aunque no pudiera correr en sus actuales condiciones, avanzaría lo más rápido que sus piernas se lo permitieran y así lo hizo, llegando hasta una pared rocosa, cubierta por musgo y diversas ramas. Había demorado más de lo esperado y ahora no sabía por dónde seguir. Las huellas de Inuyasha terminaban allí… pero él no estaba por ninguna parte. ¡Esto no podía estarle pasando! No se lo pudo haber tragado la tierra como por arte de magia…
Suspiró cansinamente y se apoyó en la enorme piedra para descansar un poco, aún luchando por mantenerse despierto y no caer hasta encontrar a Kagome. La adrenalina le había ayudado a no desfallecer, pero realmente empezaba a llegar a su límite. De pronto, escuchó lo que parecía ser el gemido de alguien en medio del silencio… no estaba muy seguro, pues el sonido había sido demasiado leve y posiblemente lejano de su actual posición. No obstante, había sido suficiente para despertar su curiosidad y ponerlo en alerta.
De alguna forma, llegó a la conclusión que del otro lado de aquella pared rocosa encontraría la respuesta, así que trató de llegar hasta allí, localizando una hendidura oculta detrás de una enredadera. ¡No podía creerlo! ¿Una entrada secreta? ¿Por cuánto tiempo había pasado por este mismo lugar y nunca lo había notado? Entonces, ¿sería posible que cada vez que Kagome desaparecía misteriosamente, era porque ella venía aquí?
Al atravesar una especie de túnel, el sonido de la caída de un chorro de agua llegó a sus oídos, al igual que el jadeo sollozante de una voz femenina muy bien conocida, mezclada con una clase de gruñido ronco. ¡Kagome!
Con la preocupación creciente en su pecho, se asomó rápidamente por la peña junto a la cascada, creyendo que algo malo le habría ocurrido a la azabache y que probablemente estaría en problemas, pero al mirar hacia abajo y ver lo que verdaderamente estaba ocurriendo, quedó completamente petrificado. Sus ojos celestes se abrieron de par en par y su respiración se detuvo, pero lo que realmente terminó por romper su corazón en mil pedazos, fue lo que logró captar su sistema auditivo en ese instante, pese a la distancia y el ruido de la caída del agua…
—Nunca me dejes… no podría vivir sin ti… —pidió aquel hombre de larga y negra cabellera con voz suplicante, besando amorosamente los labios de la mujer que yacía bajo su cuerpo, antes de moverse y acomodar su cabeza sobre el desnudo pecho femenino.
—No hay poder humano que pueda separarme de ti… —respondió ella sin titubeos, acariciando dulcemente el cabello del individuo que reposaba sobre ella—. Tu eres mi respirar…
La tierra se abrió bajo los pies de Kouga, arrastrándolo a un profundo abismo sin retorno. Toda esperanza de llegar algún día a ser correspondido por aquella muchacha de cabellos azabaches, a la cual había amado durante tanto tiempo, desapareció fulminantemente, desgarrándolo por dentro.
—Kagome… —susurró en un hilo de voz apenas audible.
************************ Fin Flash Back ***********************
Frustrado a causa de tan amargo recuerdo, apretó fuertemente los puños y se sacudió enérgicamente la cabeza. Quería arrancar y literalmente borrar la tortuosa escena de su cabeza, que no sólo se repetía una y otra vez en su mente, sino que también se había clavado hondo y dolorosamente en su pecho como una daga al corazón, hiriéndolo en lo más profundo.
No lograba comprender lo que había sucedido… Por más que lo pensaba y buscaba alguna razón o justificación, no le encontraba sentido… Kagome… su querida Kagome… todo este tiempo vivió con la ilusión de ser correspondido por ella, pese a sus continuos rechazos y aserciones de quererlo sólo como a un hermano, sin embargo ahora... al llegar aquel "intruso", ¿ella lo aceptaba y se entregaba a él a la primera oportunidad? ¡Esto no podía estar pasando! ¿Cómo habían podido llegar tan lejos en tan poco tiempo? Tal vez Inuyasha la había obligado y por eso…
La mirada triste y brillosa de Kouga se volvió repentinamente dura y su entrecejo se frunció. Su mandíbula se apretó con tanta fuerza que sus dientes crujieron de sólo pensar que ese miserable hubiese sido capaz de hacer algo tan bajo y ruin. No obstante, toda su rabia se esfumó tal y como había llegado, al recordar claramente las cálidas palabras de Kagome en ese momento… La dulce sonrisa que se había formado en sus sonrosados labios, marcó notoriamente una felicidad desconocida en su rosto… Los ojos chocolates de ella estaban brillantes y radiantes, y habían estado cargados de un sentimiento tan profundo y puro que jamás había visto en ella… Había sido una mirada llena de amor… ¿Cómo era posible?
Progresivamente, su mente empezó a cavilar y a relacionar los hechos hasta ahora acontecidos, y de alguna manera, se detuvo en la peculiar historia que había narrado la anciana Kaede en la cena. Aquella pareja de la cual hablaba la leyenda, estaba condenada a romper con la maldición de esa mágica perla y también… estaban marcados por el destino para amarse. Ahora que lo pensaba, era como si Kagome e Inuyasha se hubiesen visto aludidos de alguna manera… su peculiar encuentro… su comportamiento tan familiar… sus miradas furtivas y cómplices… su escape juntos y… su entrega…
Abrumado por la reciente revelación, Kouga se dejó caer y deslizó su espalda por el tronco de un árbol tras él, quedando sentado en el suelo.
Debió saberlo… La continua preocupación y atenciones de Kagome hacia un desconocido, no habían sido sólo por hospitalidad o provocados por su corazón bondadoso hacia un ser necesitado. Desde el primer día que Inuyasha llegó a la isla, hubo un cambio especial en ella y una hechizante atracción entre ellos… como una extraña conexión que los unía y que se podía notar con sólo el intercambiar de sus miradas…
Sí, había que ser ciego para no notarlo y aunque él lo percibió desde el inicio, no había querido verlo... Quizás, ése había sido uno de los motivos por los que su instinto posesivo y celoso despertó, por temor a perderla… ahora la había perdido… para siempre…
Aún confundido y conmocionado por lo que estaba sucediendo, se encogió y abrazó sus piernas son sus brazos, escondiendo su rostro entre ellos para simplemente desahogarse.
—Kagome…
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—¡¿Aún no? —preguntó impacientemente el hombre de negra cabellera larga y ondulada, dejando de lado su concentrada lectura para mirar fijamente a la pantalla gigante, dirigiendo sus oscuros y casi rojizos ojos a su subordinado y al adolescente—. Ya es pasada la media noche y me dirán que ¿aún no han podido infiltrarse en el sistema satelital?
—Es que las entradas están muy bien protegidas, señor —explicó Renkotsu, digitando una serie de combinaciones en su teclado—, al parecer han aumentado la seguridad desde la última vez que logramos introducirnos a su base de datos.
—Que aburrido… Ya llevan horas frente a esa cosa. ¿Cuánto más van a seguir así? —resopló Jakotsu, somnoliento, sentado en una esquina. Dispuesto a recrear un poco la vista, hurgó entre sus ropas y sacó una fotografía, la cual contempló embelesado, mientras acariciaba el rostro del retratado con sus dedos—. Ay, Inuyasha… ya no puedo esperar por conocerte en persona…
—¡Ya deja de soñar, Jakotsu, y mejor ponte a trabajar! —increpó Bankotsu algo fastidiado, dándose luego cuenta que en realidad no había mucho que hacer en horas de la madrugada—. Eh… Ve a preparar algo para comer.
—No quiero —se negó el hermano de aspecto afeminado con un puchero—. ¿Qué tal si durante mi ausencia encuentran la isla en la que está Inuyasha? No, yo de aquí no me muevo —aclaró, cruzándose de brazos—. Si tienes hambre, ¿por qué no vas tú?
Naraku frunció el ceño con molestia al tener que escucharlos discutir por tonterías, y les dirigió una mirada furtiva al par de hermanos, acallándolos de inmediato. Ambos dejaron caer sus hombros con decaimiento y continuaron cada quien con lo que estaba haciendo anteriormente… es decir, nada.
Onigumo sintió cierto pesar por sus amigos, sabiendo de antemano que el tirano de su padre realmente no tenía tolerancia, ni mucho menos piedad por nadie. A veces se preguntaba el porqué había tenido que descender de un ser tan despiadado, que ni siquiera les permitía alimentarse o dormir a sus subordinados… De cualquier modo, en cuanto su progenitor consiguiera lo que más ambicionaba y los dejara libres, podría irse muy lejos de allí junto con su querida Kikyo y desaparecer para que nadie los encontrara. En verdad no tenía intenciones en quedarse y pelear por un fragmento del valor de esa perla… porque ese era el principal objetivo, ¿o no? Dinero… y claro, cobrar venganza del idiota de Inuyasha.
Aunque no podía negar que sentía mucha curiosidad por todas esas extrañas leyendas antiguas de las cuales se había instruido su padre todo este tiempo, pero ¿qué tan verídicas serían? Ya había tenido la oportunidad de leer mucho e informarse del asunto cuando estuvo en el templo Higurashi y debía confesar que estaba sorprendido y aterrado al mismo tiempo… ¿Qué clase de poder sería el que estaba en juego? Pues técnicamente hablando era un verdadero absurdo…
—Oye, padre, ¿qué harás cuando tengas la perla de Shikon en tus manos? —inquirió Onigumo con cierta curiosidad y cautela. Hasta ahora únicamente se había limitado a obedecer órdenes, sin conocer los verdaderos propósitos de toda esta obsesionada búsqueda—. ¿La venderás? Podrías obtener un gran valor monetario por ella…
El hombre sonrió con malicia y dirigió su mirada al viejo diario que tenía abierto en sus manos. Cambió casualmente de página, llegando al final del escrito en donde la última parte estaba cubierta por una mancha de color escarlata. Descubrió satisfactoriamente una casi invisible marca de una hoja arrancada y con suma tranquilidad, sacó una desgastada y doblada página escrita del bolsillo de su camisa, colocándola y encajándola en aquella ranura, cual pieza de rompecabezas.
—En verdad no tienes idea de lo que esa perla puede hacer realmente, ¿cierto? —indagó Naraku con cierta sátira en su voz. Luego sonrió burlescamente al notar la interrogante en el rostro de su hijo—. Está bien. Creo que será conveniente que lo sepas —indicó despreocupadamente—. Voy a recuperar lo que por derecho me fue quitado… Restauraré y activaré los genes de la sangre dormida de muchos y con su ayuda, gobernaremos sobre los débiles mortales. ¡Haremos de este mundo, lo que siempre debió ser!
¡¿Su padre quería apoderarse del mundo? Bien, esto sí que estaba "de película", y al parecer, una de terror. ¿Cómo se suponía que Naraku iba a realizar todo aquello, con la simple obtención de una perla? ¿Entonces ese era el poder el cual describía la leyenda? ¿La maldición se refería a la destrucción de los humanos a causa de una persona desquiciada? ¿Qué se suponía debía hacer? Realmente estaba asustado... Esto ya iba mucho más allá de una simple venganza…
Kikyo notó la intranquilidad de su amante y se aproximó a él, tomándolo del brazo. Aunque también estuviera algo atemorizada, procuró no demostrarlo y mucho menos delante de Naraku, quién en más de una ocasión había querido amedrentarla para satisfacer sus deseos carnales. Por fortuna, nunca logró llevar a cabo ninguna de sus sucias intenciones, aunque por su culpa se viera prácticamente obligada a intimar con Inuyasha en su momento, para mantener a salvo su vida y la de Onigumo. Nunca imaginó que terminaría enamorada de él…
¡Cuánto daño le había hecho! Demasiado tarde había descubierto sus sentimientos por él y sabía que jamás podría remediar su error para recuperarlo, además de descubrir que había otra mujer en su corazón, lo que ya no daba cabida para ella. No obstante, la esperanza de verlo con vida una vez más, le daba aliento para continuar hasta donde sus fuerzas se lo permitieran. Si ella lo ayudaba secretamente, tal vez, de ese modo, Inuyasha lograría perdonarla…
—¡Hemos accedido! —exclamó repentinamente el hombre de pañoleta, llamando la atención de todos, pero sobre todo la de Naraku, quien se volteó rápidamente hacia la enorme pantalla—. A partir de aquí, el resto será pan comido —indicó muy confiado, empezando a explorar el lugar digital.
—Ya era hora —expuso Naraku, guardado el diario de Muso en su bolsillo, para observar la proyección de la imagen satelital. Posó una mano sobre el hombro de Kohaku y éste respingó levemente en su lugar por la sorpresa de tan escalofriante tacto—. Más te vale no intentar nada —aconsejó mordazmente—. Recuerda que tu querida hermana podría sufrir las consecuencias— le recordó con un tono siniestro, limitándose el muchacho a asentir únicamente con su cabeza. Sabía que no podría hacer nada…
—Oh, por fin daremos con el paradero del guapo de Inuyasha —expresó Jakotsu ilusionado, con su mirada destellante. Su hermano Bankotsu sólo enroló los ojos y Kikyo procuró poner mayor atención a cada detalle a partir de ahora.
—Necesitamos las coordenadas —interrumpió Kohaku con voz levemente temblorosa, abandonando su silencio.
Finalmente había ocurrido lo inevitable y Renkotsu había roto su "barrera". De manera disimulada había intentado por horas bloquearlo, mientras enviaba mensajes secretos y codificados al FBI y los ponía al corriente de los planes del equipo enemigo, pero al escuchar a Naraku comentar lo de aquella perla, perdió la concentración. Ahora lo único que podía hacer, era encontrar al señor Taisho y enviar aquella valiosa información a la agente Ayame para que pudieran adelantarse ya con el blanco localizado.
—¿De qué hablas? —inquirió Bankotsu, dudoso, enarcando una ceja.
—De las coordenadas del lugar en donde se estrelló la avioneta de Inuyasha —explicó Renkotsu—. Onigumo, tú debes tenerlas.
No fue necesario que se lo dijeran dos veces. El hijo del jefe sacó rápidamente los números requeridos de una hoja de papel y se los otorgó al hombre de pañoleta. Éste no demoró mucho en ingresar los datos, de tal manera que el planeta en pantalla girara y los ubicara en un punto vacío que sólo involucraba mucha agua y varias nubes vaporosas que cubrían la zona.
—¡Oh, genial, el mar! —dijo Bankotsu sarcásticamente—. ¿Y ahora?
—No seas impaciente, hermano Bankotsu —reprendió Renkotsu, trazando virtualmente varias líneas sobre el mapa, cambiando los ejes guías de orientación.
Junto con Kohaku, él realizó una serie de cálculos y análisis referenciales, tales como la medición de distancias, la dirección del viento, la magnitud del oleaje y el nivel del mar. El mapa comenzó a rotar y a proyectarse en una amplia gama de colores, identificándose inclusive el temple del clima de ese momento. En realidad no se pudo apreciar nada más que una cuantiosa cantidad de agua, y eso que se detuvieron a revisar el área que había sido –y seguía siendo- explorado por los equipos rescatistas, pero tras una sistematización intuitiva del joven Taijiya, lograron ubicarse en una región no registrada y descubrieron alrededor de cinco islitas en medio del vasto océano Pacífico.
—Genial, Kohaku, ¿cómo hiciste eso? —se asombró Renkotsu, tratando de seguirle los pasos al adolescente, mientras éste digitaba una serie de extensos códigos a una velocidad demasiado rápida—. Ay, no, pero… —el hombre perdió todo el entusiasmo al ser, de pronto, consciente del problema que significaba haber encontrado más de un pedazo de tierra adicional en el mapa.
Naraku frunció el ceño y se volteó hacia su hijo con la clara interrogante en su rostro, tras contemplar los cinco puntos esparcidos, de manera desordenada, a lo largo del trayecto trazado.
—¿Y bien? —inquirió, dando a entender que quería saber cuál de todas esas islas podría ser la correcta—. Mas te vale no haberme hecho perder mi tiempo.
—Yo… no sé… —balbuceó Onigumo con nerviosismo, empezando a sudar la gota gorda. Ya habían llegado demasiado lejos con la búsqueda como para que las cosas se complicasen ahora.
—Creo que a este punto tendremos que inspeccionar cada una de las islas —comentó Bankotsu con resignación, con el único fin de ayudarle a su amigo al notar su palidez.
—Yo te acompaño, hermano —se ofreció Jakotsu emocionado—. No quiero perderme la primera expresión del hermoso rostro de Inuyasha al ser encontrado por nosotros.
—No será necesario —habló Kikyo por primera vez en horas, caminando hacia el panel de control—. Bastará con analizar la corriente marina del día de la desaparición de la avioneta y la de hoy… si son iguales, entonces podremos definir la ubicación exacta del posible naufragio.
Los hombres parpadearon asombrados por tan inteligente deducción de la mujer. Onigumo se sintió orgulloso y agradecido, mientras que Naraku se limitó a soltar un bufido.
—Vaya, veo que tu cerebro aún sirve para cosas importantes —se burló el jefe con sarcasmo, pasando de ella con frialdad.
Sin esperar a una orden, Renkotsu y Kohaku se pusieron a trabajar. Pasaron varios minutos y tras un meticuloso análisis y estudio de las imágenes satelitales, los resultados parecieron salir a la luz; no obstante, el joven Taijiya trató de cambiar los datos para ganar algo de tiempo. Introduciendo una serie de datos codificados, –los cuales pasaron desapercibidos por su acompañante técnico-, envió toda la información obtenida a la agencia del FBI, a sabiendas que sus amigos recibirían su mensaje. Estaba muy consciente que se estaba arriesgando nuevamente, pero era su deber…
—¡Blanco localizado! Es esta —indicó el muchacho, señalando un pedazo de tierra de aproximadamente tres kilómetros cuadrados en el enorme mapa.
—Efectivamente, señor, ese es el lugar —certificó el hombre de pañoleta, creyendo estar en lo correcto. Anotó en un pedazo de papel las coordenadas y se las otorgó a su jefe.
—Bien. Yo mismo iré a esa isla. ¡Preparen todo! —mandó Naraku con una enorme sonrisa de satisfacción en su rostro—. "¡La perla de Shikon al fin será mía!... Inuyasha, prepárate" —pensó con malicia, abandonando el cuarto de control con la previa orden de encerrar a Kohaku junto a su hermana y vigilarlos durante su ausencia.
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—Quiero esos informes, ¡ahora! —ordenó la hermosa mujer de ojos esmeraldas, molesta, por medio de su intercomunicador—, ¡no es posible que ese maldito siga saliendo impune de sus crímenes! —reclamó frustrada, golpeando enfurecida la superficie de una mesa. A los pocos segundos, respiró hondo y trató de calmarse, pues los hombres bajo su mando no tenían la culpa después de todo—. Está bien… pero por favor, trata de reunir las pruebas suficientes para poder encerrarlo de una vez.
Nuevamente no había las evidencias necesarias para apresar a Naraku. Pese a las investigaciones y análisis realizados a las naves recuperadas, éstas no eran suficientes para demostrar que ese villano había tenido algo que ver en el ataque contra el joven Taisho. La avioneta Diamond DA42 que él había conducido, tenía varias huellas de balas en su armazón y marcas impregnadas de sangre en el asiento del piloto, –seguramente pertenecientes a Inuyasha-, que no se habían borrado con el agua. Los cuerpos de los hombres del helicóptero persecutor se habían carbonizado en su totalidad, por no decir, que sus partes estaban desechas. Realmente era imposible identificarlos y por ende, imposible comprobar que se trataba de los sirvientes de ese maldito, aunque internamente ellos supieran que así era…
¿Cuánto tiempo más tendría que pasar? ¿Cuántos crímenes más tendrían que ver para demostrar que Naraku Kurayami era el culpable de todas esas desgracias? En el pasado, él ya le había arrebatado lo que más había amado… la vida de su prometido había sido la pérdida más dura que había tenido que afrontar, después de la muerte de su padre, cuando aún era una niña… A veces pensaba que la felicidad definitivamente no se había hecho para ella.
La pelirroja suspiró con pesadez. Ya habían pasado ocho largos años desde aquella hermosa promesa de matrimonio, que su amado cumpliría cuando retornara de su viaje… viaje del cual nunca volvió por causa de Naraku, y aunque en ocasiones le costaba asimilarlo y trataba de superar su amor por aquel muchacho, sabía que su corazón no volvería a amar a nadie más que no fuese él… Kouga…
—Señorita Ayame, ¿se encuentra todo bien? —consultó el anciano de baja estatura y escaso cabello blanco, con un dejo de preocupación. La notó algo decaída y creyó que quizás le habrían dado malas noticias—. Pudieron… ¿pudieron encontrar el cuerpo del amo Inuyasha?
—Lo siento, señor Myoga, pero además de los restos de la avioneta y el helicóptero persecutor, no hemos encontrado nada —se disculpó la joven agente con desánimo. La verdad era que ya no sabía qué hacer—. Hemos reconstruido dos de los cuerpos encontrados, pero de acuerdo a las características, ninguno pertenece a Inuyasha.
Aquella afirmación iluminó el rostro del anciano y aunque pudiese parecer tonto, creyó ver un pequeño haz de luz en medio de la oscuridad de la incertidumbre. Aunque los rescatistas y los agentes de criminalística afirmasen que no existían posibilidades de vida, él aún quería creer que estaban equivocados. Por supuesto que en un principio se había rendido y abandonado sus esperanzas, pero había algo que lo hacía dudar. Su amo era un hombre fuerte y definitivamente muy obstinado. Se negaba a creer que él se hubiese rendido sin haber vengado la muerte de sus padres primero. Después de todo, si estaba en lo correcto, el destino de Inuyasha estaba marcado…
—Tranquilo Myoga, ya lo encontrarán —trató de consolar el viejo y regordete monje a su lado, palmeando su hombro—, algo me dice que ese muchacho aparecerá con vida—, lo animó.
—Sí, también quiero creer eso —suspiró Myoga, sacudiendo su cabeza—. Ya estoy muy viejo para este tipo de cosas.
—¡Ayame, alguien se ha infiltrado en los sistemas satelitales! —informó un compañero, entrando al cuarto de monitoreo precipitosamente.
—¿Qué? ¿Será posible…? —la pelirroja meditó por unos instantes, llegando a su mente una sola persona capaz de lograr romper la barrera de seguridad— ¡Kohaku! —exclamó, corriendo de inmediato hacia el conjunto de monitores.
—Es un hacker de alta peligrosidad —comunicó otro colega del departamento de informática, mientras luchaba por mantener al intruso al margen de la base de datos.
—¡Déjalo entrar! —ordenó Ayame, sentándose frente a la gran pantalla, digitando una serie de códigos en su panel.
Pese a las objeciones y recomendaciones del compañero, la mujer hizo caso omiso a sus advertencias, dándole acceso libre a quien quiera que fuere el intruso, sospechando por supuesto que se trataba de Kohaku. Tras leer el primer mensaje codificado, y comprobar que no había estado equivocada, ensanchó sus verdosos ojos con sorpresa al descubrir las buenas noticias.
Varias imágenes de fotografías satelitales se proyectaron ante ella, y los datos de una serie de coordenadas aparecieron junto a éstas, guiándolos a un diminuto fragmento de tierra, perdido en medio de un vasto océano. ¿Cómo era posible?
Antes que pudiese decir algo o contestar a las mudas interrogantes de los presentes, la puerta se abrió abruptamente y un alterado guardia de seguridad entró dando gritos, tratando de detener a un par de hombres que intentaban abrirse paso sin su autorización.
—¡Agente Ayame! —exclamó el de coleta baja, sujetándose adolorido su costado derecho, mientras él y su compañero forcejeaban por ingresar.
—¡Miroku! —lo identificó la mujer de inmediato—. Está bien Sasuke, puedes soltarlos —aclaró y el guardia obedeció, retirándose y volviendo a su puesto de vigilancia tras una leve inclinación.
—¡Bienvenido, muchacho! —lo recibió el monje Mushin con alegría, ayudándolo a apoyarse. El oji-azul únicamente asintió con su cabeza, haciendo una mueca de dolor, mientras se dejaba llevar.
—¡Oh, Dios mío! Necesitas revisarte esas heridas —dijo la agente Ayame, asustada, al ver sus ropas todas ensangrentadas.
—Estoy bien, no es nada… —afirmó Miroku, sentándose cansadamente en una silla para reposar un poco, negándose en ir a la enfermería. Había cosas más importantes en estos momentos—. Hachi me ayudó y gracias a él pude llegar —expuso brevemente y sin detenerse a dar mayores explicaciones, pese a los reproches de sus amigos, continuó hablando—: Naraku ya conoce los detalles de la perla de Shikon y de la relación que tiene ésta con Inuyasha y la señorita Kagome —soltó sin siquiera detenerse a pensar si todos los presentes lo entenderían o no—. Inuyasha está vivo y… ella también. Ellos deben estar juntos o al menos eso fue lo que entendí…
—¿Estás seguro de eso? —inquirió Myoga, esperanzado, y Miroku asintió.
—Debemos encontrar a Inuyasha antes que sea demasiado tarde… luego les contaré los detalles —indicó con nerviosismo.
—No te preocupes… el blanco ha sido localizado… —aseguró la agente Ayame confiadamente, señalando un punto en el enorme mapa de la pantalla.
Continuará…
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N/A: ¡Hola a todos!
Después de una semana algo ajetreada, aquí me tienen nuevamente con otro capi :P. Como pueden ver, las cosas se empiezan a complicar y el momento de la verdad se está acercando peligrosamente. Algunas cosas se develaron en este capi, otras seguramente habrán quedado aún en la incertidumbre, pero que muy pronto descubrirán completamente. ¿Qué cosas creen que sucederán? La verdad es que ni yo misma lo sé xDDD.
Aunque nuestra parejita no haya aparecido en esta ocasión, espero que de todas formas les haya gustado la lectura, pues la próxima actualización se nos viene algo "intensa" (al menos desde mi punto de vista, porque aún no he escrito nada xD).
En fin, sin nada más que decir, paso a agradecer a mis queridas niñas de siempre, por dejarme sus hermosos reviews. Me alegra y satisface enormemente poder contar con su apoyo, además de leer sus comentarios que realmente me hacen muy feliz ^^. Gracias y saludos especiales a: dark priinCess, ELOWYN3, aya-pame-kagxinu, Kira Rydle, AllySan, SaKuRaku, Hate This And I'll Love You, Sarys, Minako k, Miyoko-chibi y Kamilita.
Sin olvidarme de todas aquellas personas que leen en el anonimato. ¡Muchas gracias por su tiempo y por agregarme a sus favoritos y alertas! Por favor, no olviden que sus opiniones son importantes para mí, además de ser mi sueldo… miren que se nos acercan las navidades y estoy iniciando mi plan de ahorro xD jajajajaja.
¡Hasta la próxima!
Besos,
Peach ^^
P.D: Hice una nueva imagen para el fic, que estoy segura les gustará. Creo que encaja perfectamente en el capi anterior y en éste, así que no duden en pasarse por mi perfil también para verla. *-*
