PASION DESGARRADA

Os prevengo…este capítulo es casi por entero un lemmon, así que ya sabéis.

Era muy extraño que un vampiro pasase tanto tiempo en completo estado de transformación. Usualmente, eso solo sucede cuando un vampiro está desesperadamente sediento, como respuesta a la falta de sangre, y deriva hacia la Locura de la Sangre, un estado donde un vampiro se convierte en una maquina diseñada para cazar. Otro motivo para un cambio tan prolongado puede ser la Rabia Vampírica, causada por un shock muy fuerte. Una emoción negativa suficientemente intensa y con mayor facilidad, un ataque físico, pueden llevar a un vampiro a caer en la Rabia. Todos los recién transformados pasaban alguna vez por ambas experiencias, perdiéndose en los instintos, hasta que aprendían a controlarse a sí mismos. Pero era altamente inusual que un vampiro bien alimentado, seguro de sí mismo y sin amenaza alguna, permaneciese completamente transformado. A menos claro está, que los vampiros estuviesen en guerra.

Draco se había quedado dormido en el diván envuelto en sus propias alas, junto a la puerta de Harry, y despertó, algo sobresaltado. Un rápido olfateo y una atenta escucha le dijeron que su madre no estaba con Harry y que este dormía o estaba descansando. Aprovechando la calma, Draco se refrescó en el baño que ambos compartían. Tras lavarse la cara y los dientes -sus colmillos se negaban a desaparecer del todo- el rubio platino notó que la puerta de comunicación estaba entreabierta y frunció el ceño. Se aproximó, para dar un vistazo rápido. Harry dormía en su cama, su respiración profunda y calmada. Vacilando, Draco decidió acercarse, llevado por la necesidad de verle, de olerle y avanzó hacia el lecho con pasos silenciosos, sus alas arropándole con cuidado. Olfateó y el suave y delicioso aroma de Harry le embriagó. Su olfato se llenó de la dulce, plena y aterciopelada esencia de su amado lobezno, por fin libre del salino regusto a sangre. A la luz de la luna, vio los reflejos de su cabello ondulado y negro, cayendo en suave cascada sobre sus hombros.

No podía distinguir sus facciones, tan solo su perfil, y permaneció de pie, a un par de metros de la cama, simplemente contemplándole dormir. Con un leve parpadeo, el joven mestizo abrió los verdes ojos y se giró suavemente, hasta que su mirada se cruzó con la del vampiro. Este, tímido e inseguro, retrocedió un paso en silencio, después otro y ya iba a girarse para abandonar la estancia, cuando el muchacho susurró una palabra para él, la primera en días:

-Draco…

El vampiro se detuvo como si le hubiesen anclado al suelo y sus ojos se llenaron de expectación. Harry tendió una mano, lánguida y lentamente hacia él desde la penumbra y susurró suavemente:

-Ven a mí, Draco…

Los ojos verdes brillaron en la oscuridad, con una luz interior propia. Draco avanzó hacia él, hipnotizado por esos ojos y su mano se tendió hacia la de Harry. Cuando sus manos se rozaron parecieron cobrar mente propia y los dedos de ambos se enlazaron entre sí. Las alas de Draco se desplegaron parcialmente, temblorosas, mientras Draco olfateaba una vez más. Girando levemente el rostro, Harry añadió en un ronco gemido:

-Enséñame, Draco, enséñamelo todo…

El joven tiró de él hacia sí, atrayendo al vampiro, cuyos ojos comenzaron a teñirse de rojo, bajo el influjo de la atracción de su compañero. Se sentó en el borde de la cama, junto a su compañero y a un chasquido de sus dedos, el fuego de la chimenea se avivó, caldeando e iluminando la estancia, reflejándose en sus alas ahora curvadas protectoramente sobre ambos. Con una sonrisa, Harry retiró a sábanas y reveló su cuerpo. El joven mestizo estaba desnudo, tan solo la cadena de platino adornando sus clavículas, reluciendo sobre su piel. Su cuerpo se había perfilado en aquellos días, los músculos estaban más definidos y llenos, el rostro tenía un aire de madurez del que antes carecía, sin que por eso, Harry pareciese mayor. Seguía siendo un efebo que aun no había cumplido los 17 años, pero tenía un aun más marcado aire de sensualidad y voluptuosidad que antes, la viva estampa de la pasión y el deseo sobre las revueltas sábanas de seda. El cuerpo de ángel que se ofrecía ante los ojos del vampiro se arqueó a su contacto como el de un enorme gato, cuando Draco deslizó las yemas de los dedos por su pecho, adornado por un suave vello negro. Los ojos de ambas criaturas se encontraron y lentamente, el rubio vampiro se inclinó y le besó en los labios, ardiendo de deseo por él. Las ropas desaparecieron a un gesto y el joven sonrió sobre los labios de su amante cuando sus brazos le atrajeron hacia él.

-Te amo Harry…

Murmuró con suavidad el vampiro y el joven de increíbles ojos verdes susurró antes de volverle a besar:

-Y yo a ti Draco, y yo a tí…

Se besaron y acariciaron un rato, lenta y sensualmente, apasionados, pero sin prisa. Draco podía percibir el sutil cambio en el aroma de Harry y era realmente intoxicante. Era el momento, y su cuerpo le urgía a reclamar lo que era suyo, pero realmente, Draco estaba controlando esa urgencia, pese a los sonidos de encorajinamiento y aliento de Harry, suaves gemidos, deliciosos suspiros y arrebatadores jadeos de placer. Cuando el contacto piel con piel, moviéndose el uno contra el otro, reexplorandose mutuamente dejó de ser suficiente, Draco comenzó a prepararle cuidadosamente. Usando su lengua y sus dedos, excitando a su ya ardoroso compañero, dándole placer al tiempo que le abría delicadamente, aovillado entre sus muslos.

El rubio trepó de nuevo hacia arriba, dejando un rastro de besos en la sobreexcitada piel de Harry, hasta alcanzar de nuevo su boca, besándole como si no hubiese nada más en el mundo, frotando su propia erección desatendida contra la del moreno. Un gemido suplicante fue arrancado de los labios hinchados por los besos y Harry jadeo entrecortadamente, acariciando sus alas levemente:

-Draco, por favor…

Con lentitud, el vampiro insinuó su miembro en su ya dilatada y pulsante entrada. Harry gimió, peros e arqueó contra él, animándole a seguir y sus piernas se cruzaron detrás de sus esbeltas caderas. El cambio en la postura propició un mejor ángulo de penetración y el moreno volvió a gemir, aferrándose a Draco, arañándole, que desplegó las alas en un gesto inconsciente, mientras el cuerpo de su amado se abría con lentitud para él. Bajo la presión, constante pero suave, el vampiro se fue introduciendo lentamente en suave canal del moreno, cálido y casi dolorosamente apretado en torno a su miembro pese a toda la preparación.

Hacia tanto tiempo desde la última vez, que Draco creyó que no podía contenerse, que iba a correrse si hacia el mas mínimo movimiento. Se mordió el labio, furioso consigo mismo por su falta de control. Harry, su Harry se merecía mucho más, y respiró jadeando, tomando aire una y otra vez, tratando de recobrar el control. Su amado Harry vibraba bajo el, gimiendo y arqueándose levemente una y otra vez, y los sonidos necesitados que emanaba de sus garganta tampoco ayudaban mucho. Con un par de inspiraciones, Draco recobró el control, dejando que su propio placer de deslizara entre sus dedos, retornando a terreno más seguro. El vampiro retrocedió levemente, y volvió a introducirse en el cuerpo ardiente y excitado bajo el suyo, haciéndole gemir una vez más.

Con lentitud, el vampiro hizo que Harry se moviera con él, sin dejarle abandonarse, prolongando la sensación, pese a que el moreno parecía arder en deseos de ir mas rápido, más profundo, mas fuerte…. Los gemidos de ambos llenaron la habitación, hasta que Harry alcanzó un nivel de excitación y frustración al mismo tiempo que desató totalmente su poder de atracción hasta límites desconocidos. El vampiro gruñó roncamente, lo ojos completamente rojos y estiró sus alas, exhibiéndolas y dejando ir su propio poder de seducción. Al mismo tiempo, con un último y más brusco movimiento de caderas, le dio al joven mestizo lo que reclamaba entre gemidos suplicantes y se enterró bruscamente en él hasta las bolas, haciéndole gritar. Draco se abandonó al placer y el deseo de su compañero, a su ritmo y le embistió profundamente y con fuerza, ganando impulso con leves movimientos de sus alas, hasta que los gemidos y gritos de placer se convirtieron en un agónico y prolongado aullido estrangulado. El cuerpo del moreno, de su amado, se contraía violentamente a su alrededor, en pleno orgasmo y Draco sintió el semen caliente y espeso manchando su vientre, mientras su propia semilla inundaba sus entrañas.

Su propio orgasmo retrocedía ahora, dando paso a un placer diferente, pero el vampiro no se retiró. Con un rugido, clavó los colmillos en su cuello, aovillado sobre él, cubriéndole de la vista del mundo como un halcón esconde a su presa. Tanto él como Harry recobraron la erección en pocos instantes, aunque Draco no tomó más que un pequeño sorbo, mantuvo sus colmillos y labios unidos al cuello del joven, rugiendo sordamente un desafío al mundo, reclamándole una vez más como suyo, marcándole de nuevo la piel. No eran más que una bola de miembros enredados y pulsantes, frenéticamente agitados bajo un par de alas temblorosas. Harry se agitó bajo las renovadas y furiosas embestidas, encontrando sus caderas con las suyas, ansiosas y vehementes. Ante su creciente placer, el vampiro renovó sus esfuerzos, deslizando la lengua entre los colmillos, succionando un poco más. Draco llegó a su propia cima de nuevo, mordiendo aun más fuerte el cuello bajo sus colmillos, gritando y rugiendo contra la maltratada piel. Harry gritó bajo él, temblando muy cerca de su propio placer, mientras el subió se movía espasmódicamente en su interior, cabalgando las ultimas olas de sensaciones. Los ojos del moreno se llenaron de luz dorada y en un súbito movimiento, sus dientes se hundieron en la clavícula del vampiro, hasta hacer brotar la sangre. El rubio gritó, primero ante el súbito dolor que irrumpía en su burbuja y después de placer, cuando una increíble sensación de unidad, de pertenencia y a la vez de pasión le embragó. Harry estaba bebiendo su sangre, aunque su cerebro no era consciente de ello, lamiendo la herida con su lengua, dejando en su piel una marca, una que añadir a las que ya dejaran en su pecho las garras del lobezno. Cuando Harry se convulsionó de placer, sus labios aun sellados a su piel, Draco se vio arrastrado en una nueva eyaculación, cuando aún no había siquiera descendido de los efectos de la anterior.

Pese a que era un vampiro, Draco jadeaba sonoramente sobre Harry, y solo el instinto le llevó a dejarse caer algo lateralmente, para no aplastar a su pareja, que resollaba como un caballo que acaba de correr una larga carrera. Girando la cara para buscar los labios carnosos y rojos del muchacho, paladeó su propia sangre en ellos y le acarició lánguidamente, dejando que su agotado miembro se deslizase fuera de su refugio en el cuerpo del moreno. Este hizo un mohín de disgusto cuando el pene de Draco se escurrió finalmente entre sus nalgas, viscoso y pringoso de semen y fluidos. El vampiro se rió suavemente y le pellizcó un pezón juguetonamente:

-Tenemos todo el tiempo del mucho Cachorro…relájate un poco…

Con un suspiro de honda satisfacción, Harry se acomodó en su almohada viviente y se enroscó cuanto pudo en ella, envueltos ambos por las alas blancas de Draco, mientras este le acariciaba suavemente, incitándole a dormir.

Toda la noche fue una sucesión de frenéticos encuentros sexuales, la mayoría bastante intensos, con breves descansos entre ellos. Y la pauta se repitió en los días siguientes, llevados por las urgencias de Harry. Apenas hacían otra cosa más que beber algo, dormitar y volverá a tener sexo, para volver a empezar de nuevo, perdida por completo la noción del tiempo, del día y la noche. Para ellos no existía nada ni nadie fuera de su lecho y si Narcisa no se hubiera ocupado de que los elfos dejaran bandejas con bebidas a su alcance, por supuesto, sin irrumpir en las habitaciones, tal vez los jóvenes habrían ignorado hasta la necesidad de beber.

Harry despertó de su último raund, entre los brazos de Draco, y por primera vez, no sintió la inmediata urgencia de volver a empezar. Notó como los músculos de cierta parte de su cuerpo protestaban audiblemente, e incluso fue consciente de alguna ligera incomodidad, aunque adquirirla había sido tarea altamente satisfactoria. Se sonrojó de vergüenza, recordando que por fin se había entregado a su vampiro y se sintió…feliz. Suspiró y el rubio se agitó en su ligero sueño, acariciándole el pelo. Draco estaba sediento de él, pero no se atrevía a tomar más sangre sin supervisión, sublimando su necesidad en más deseo sexual, dándole tan solo pequeño mordiscos, sin llegar a beber más que un sorbo de él. Los ojos gris plata se abrieron, y el vampiro buscó sus labios con deseo. La súbita timidez del muchacho le sorprendió y se apoyó en el codo para mirarle de nuevo. Su gesto de incomodidad cuando deslizó una pierna entre las suyas le alarmó y la excitación quedó a un lado.

-¿Te he lastimado?

Harry sanaba muy rápido, y era mucho más resistente que un humano ordinario, pero pese a eso, Draco sabía que sus encuentros estaban siendo algo más que un poco violentos. Aquel brusco frenesí era el apareamiento de sus partes más salvajes, del lobo mestizo y el vampiro; y solo en unas pocas ocasiones, cuando Harry había estado realmente exhausto, había podido Draco hacerle el amor con verdadera delicadeza. El moreno denegó con presteza, pero un ligero sonrojo subió a sus mejillas y susurró:

-No, no…solo estoy un poco…irritado…

Draco le besó con lentitud y murmuró malicioso:

-Bien, supongo entonces que tu…estro ha finalizado o está a punto de finalizar, pero…

Harry alzó una ceja con curiosidad ante el tono y aguardó expectante.

-Me temo, que yo aun o estoy satisfecho, Cachorro…

Harry le observó atentamente y sonrió con amplitud, su propia malicia, reluciendo en el fondo de sus ojos:

-Veré lo que puedo hacer, Dragón, pero creo que primero necesito urgentemente comer…

Draco asintió, riendo con franqueza y le tomó súbitamente entre sus brazos. El retorno del apetito de Harry era un indicio seguro del inicio del final del celo y el vampiro estaba completamente feliz.

-Vamos a comer pues, pero primero…

-¡Un baño!

Exclamó gozoso el moreno, colgándose del cuello del vampiro, agitando las piernas como un niño travieso. Riendo, los muchachos se relajaron en un largo y bien merecido baño, mientras tomaban un té y los elfos se encargaban de dar las noticias y preparar la comida para ellos.