Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.

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Espero que la lectura sea de su total agrado.

Los personajes de Fairy tail pertenecen a Hiro Mashima.


Capítulo 20: Corazón agitado.

Me despedí de Jellal, Erza y Gray. Aunque este ultimo no quería irse, le obligué a que asistiera a la boda de Natsu y Lucy, ¿cómo iba a perderse la boda de su mejor amigo? imposible.

Me dediqué a guardar el montón de ropa que compraron todos para Haruka en las maletas, en una par de días volvería a casa. Lo correcto seria esperar más, pero Jellal es algo intenso.

Lo convencí de que descansaría después de la boda y ya que no podría ir con Haruka en tren bala, iríamos en el auto y son unas cuantas horas de viaje.

Volteé a ver a mi pequeño, dormía plácidamente en mi cama. No daba mucho que hacer, aún, sólo dormía y comía.

Aunque mis abuelos se mostraron tristes con la noticia de mi partida, dijeron que era lo mejor, que mi padre debía estar hecho un asco.

La verdad era que yo lo extrañaba muchísimo, era la primera vez que pasaba tanto tiempo lejos de él, y me moría por verlo y darle a cargar a mi pequeño Haruka.

De pronto me sentí muy ansiosa de verlo, y a mis amigos, los extrañaba bastante.

...

Llegamos a casa casi a las seis de la tarde, Erza se apresuró a ir al salón de belleza, era la madrina y se supone que tenía que estar desde temprano con Lucy, pero se nos fue la noción del tiempo con el pequeño Haruka y he aquí las consecuencias, esa rubia casi me deja viudo.

Reí al recordar la dramática escena que se produjo frente al salón de belleza.

Al entrar a casa me encontré a mi padre al pie de la escalera, su semblante denotaba molestia.

— ¿Qué ocurre, padre?— cuestioné.

— Creías que no iba a enterarme— mis alertas se encendieron, pero opté por hacerme el desentendido.

— ¿A qué te refier...— me cortó a media oración.

— Eso si que no, Jellal Loxar, no finjas demencia— gruñó acercándose a mi, mientras yo retrocedía— Sabes que asigné a Simón como tu mano derecha porque sé que es malísimo mintiendo y así podría saber cuando intentarás ocultarme algo...—¡Mierda!

— Déjame explicarte, padre— me puse nervioso, se supone que no debería enterarse aún. Él terminó por acortar la distancia que nos separaba y me sostuvo en sus brazos.

— Aún es muy pronto para que mueras, hijo mio. Quería compartir más cosas contigo...— lloriqueó mi padre.

—Espera, ¿qué? — chillé, aunque me ignoró.

— Erza y Elza van a matarte, por eso es que últimamente viajas tan seguido, como pudiste tener un hijo a mis espaldas...— mis ojos se abrieron como platos y me apresuré en detener las alocadas conclusiones de mi padre.

— ¿Un hijo? ¿Yo?— me señalé alarmado, rompiendo el abrazo— ¡Por dios, no! ¿Por qué piensas eso?— Masamune me miró confundido.

— ¿Y esa habitación?— exigió saber.

— Conformate con saber que no tengo un hijo, lo demás es una sorpresa, no trates de indagar más — casi que supliqué, el alivio se vio reflejado en su rostro.

— Está bien, sea lo que sea que vayas a hacer, es mejor que verte morir a manos de Elza y su hija— un escalofrío recorrió mi columna vertebral de sólo imaginar esa escena.

— Mejor voy a prepararme— anuncié dejando solo a mi padre.

Al final había descubierto la habitación. Bueno era difícil no hacerlo, pues desde que Juvia se fue, Masamune suele vagar seguido por a casa. Lo más probable es que haya visto a los que trabajan en la habitación.

¡Que más da! Me encogí de hombros, de todos modos lo iba a saber.

...

— ¿Acepta como esposa a Lucy Hearthfilia, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, para amarlo y respetarlo, a partir de ahora y para siempre?— preguntó el padre de la iglesia a Natsu. Se le notaba feliz y no dudo ni un momento al dar su respuesta.

— Sí, acepto— su voz fue firme, vi como sonreía a Lucy con amor. Seguro me veía así de idiota al mirar a Juvia, porque si no ha quedado claro, yo la amo.

Ahora el padre se dirigió a la rubia, que estaba hermosa esta noche— ¿Acepta como esposo a Natsu Dragneel, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, para amarla y respetarla, a partir de ahora y para siempre?

— Por supuesto que acepto— fue la respuesta de Lucy, correspondiendo a la sonrisa de su casi esposo.

— Por el poder que me confiere, los declaro marido y mujer— volvió a decir el hombre de la sotana— Ya puede besar a la novia.

Natsu no se dio de rogar y acunó el rostro de Lucy entre sus manos para finalmente plantarle un beso en sus rosados labios. Sentí algo de envidia por la felicidad de ellos, yo quería algo así con Juvia, pero eso no me impidió sentirme muy feliz por ellos.

El lugar estalló en aplausos y felicitaciones para los recién casados.

Como padrino de bodas fui uno de los primeros en acercarme a felicitar a los recién casados.

Aunque sabría que vería al hermano de Natsu, no esperé encontrármelo tan pronto, nuestros ojos se encontraron y me saludó con asentimiento que correspondí de igual manera, dejándole que felicitará primero a su hermano.

— ¡Felicidades, enano!— le escuché decir, mientras estrujó al pelirrosa entre sus brazos.

Este momento me sirvió para observarlo y acentuar más el parecido del el pequeño Haruka con este hombre, eran idénticos, maldita sea.

Y una voz a mis espaldas no hizo más que recordármelo.

— De no ser por sus ojos, serian dos gotas de agua— Era Jellal, que también lo miraba asombrado.

Si Juvia no quería que nadie supiera, no tenía que sacarlo de su casa hasta esperar haber si cambiaba un poco con el tiempo, porque de hacerlo ahora, todos descubrirían sus verdaderas raíces.

Decidí dejar eso de lado por un momento y concentrarme en compartir con mis mejores amigos su dicha.

— ¡Felicidades, hermano!— abracé fuertemente a Natsu — te llevaste a una gran mujer— Sonreí mirando a Lucy— Lastima que ya no pueda admirar sus gemelas— bromeé haciendo sonrojar a la rubia y ganándome un codazo de Natsu.

— Son absolutamente mías ahora, ni se te ocurra siquiera verlas con el rabillo del ojo— me advirtió y le sonreí burlón antes de acercarme a abrazar a la rubia.

— Lo intentaré aunque es bastante difícil con el escote de su vestido— reí pícaro, haciendo enfurecer a Natsu, que intentaba separarme de su esposa— ¡Felicidades, preciosa! Aunque era mejor que te quedaras conmigo que con ese idiota— le guiñé el ojo y ambos reímos cuando Natsu explotó.

— ¿Quieres pelea, idiota?— gruñó molesto y notablemente irritado.

— Ni siquiera en tu boda puedes mantener la calma— Erza lo abrazó dándole un buen coscorrón, haciéndolo tranquilizar más por miedo que por otra cosa.

— Pero, Erza, ¡míralo!— lloriqueó, seguía sosteniendo a la rubia en mis brazos.

— Ya déjalo, Gray— me advirtió. Me separé de Lucy antes de ser el siguiente en recibir sus puños.

...

Vi divertido como Erza ponía en cinta a sus amigos, como decía ella.

Lo cierto es que ella suele ser bastante aterradora, por eso a la hora discutir, a no ser que tenga la certeza de que voy a ganar, no inicio una discusión.

— ¿Cómo estás, Jellal?— me saludó Zeref con un apretón de manos, sacándome de mis pensamientos.

— No tan bien como tú, me parece— sonreí correspondiendo su gesto.

La última que lo vi estaba destrozado, ahora parece que le esta yendo bastante bien. Me alegro por él, aunque no puedo evitar que la culpa me golpeé, pero no puedo traicionar a Juvia.

— Me va bien, gracias— dijo con su habitual tranquilidad— Por cierto, felicidades por tu matrimonio— palmeó mi espalda— tarde pero nunca esta de más, por desgracia no pude asistir.

— Gracias y no te preocupes, los últimos días de la carrera son los más ajetreados. Supe que ya habías ingresado a un bufete allá mismo en Londres, espero lo estés llevando bien— comenté.

— Me esfuerzo por hacer mi trabajo lo mejor posible— dijo orgulloso.

— No seas modesto, seguro eres increíble— y no bromeo, no es un secreto para nadie que el hijo mayor de Igneel Dragneel es un genio en lo que haga.

— No es para tanto— espetó humildemente y luego vi la duda reflejada en sus ojos— tal vez te parezca incómoda esta pregunta...— hizo otra pausa, ya me imagino lo que quiere saber— ¿Cómo está ella?— mi intuición no me falla.

— Bastante bien, más hermosa que nunca— recordé como sus ojos brillaban al ver a su hijo, que por cierto también es tu hijo, haciéndola ver hermosa.

— Es un alivio saberlo— suspiró aliviado, y luego sonrió— me preocupé cuando escuché que estaba desaparecida, pero al parecer fue falsa alarma, además ella siempre fue hermosa— sonreí con sus palabras.

— Tienes razón— me mostré orgulloso— con respecto a lo que escuchaste, ella sólo está de viaje, despejándose un poco— y dando a luz a un hijo tuyo. Será mejor que cambie de tema antes que meta la pata— ¿Y esa chica que te acompaña? ¿Tu novia?

— Te mentiría si dijera que no tenemos nada, pero no es mi novia, tal vez se lo pida pronto— se mostró pensativo.

— Es muy bonita y tierna— observé.

— Ese suele ser mi estilo, en cambio el tuyo— le dedicó una mirada de reojo a Erza— parece ser mas apasionado y erótico— no pude evitar reír.

Si, tal vez al mirar a Erza, esas eran las palabras que te venían en mente. Sobretodo con el ceñido vestido negro que lleva esta noche, que se encargaba de marcar cada una de las buenas curvas de MI mujer.

Pero en realidad ella es muy tierna e incluso un poco infantil, aun así no pude evitar dejarme llevar por mi instinto de macho y presumir a mi hermosa chica.

— ¿Que puedo decir? Soy un hombre afortunado— comenté, y ambos reímos.

— Lo eres, ella es una buena mujer— dijo— será mejor que vuelva con Mavis, haz el favor de saludarla cuando la veas, y que espero verla pronto— supe que se refería a Juvia. Asentí a su petición mientras le veía alejarse.

Hubiera querido que Juvia se quedara con él, es un buen hombre, a pesar de todo, aún desea el bienestar de Juvia y la sigue considerando su amiga, pero por azares del destino no pudo ser.

Aunque me he dado cuenta que el idiota de Gray de verdad la ama, bueno después de todo lo que ha hecho y sigue haciendo por ella no se pone en duda, además de los ojos de borrego que pone al verla, se queda idiotizado viéndola siempre.

...

La fiesta transcurría de maravilla, sin inconveniente alguno, me preocupé demasiado.

La verdad era que estaba sumamente feliz, y no echaba de menos mi vida de soltera, como me habían comentado que haría luego de dar el "Si".

No pude evitar contagiarme de la sonrisa deslumbrante que mi esposo, ¡Oh, si! Me fascina como se escucha la palabra mi esposo, mostraba mientras charlaba con nuestros amigos más cercanos.

Casi todos habían asistido, aún en el fondo tenía la esperanza de que Juvia apareciera pero ¿A quién quería engañar? Ella no estuvo ni en la boda de su propio hermano.

Dejé de pensar es cosas tristes, y me acerqué al grupo.

— Oh, pero miren quien llego— me recibió Levy— la bellísima novia.

Todos volvieron la mirada a mi.

— Hasta que te dignas a pasar el rato con nosotros— recriminó Kana, bebiendo directamente de una botella de vino.

— Lo siento, chicos. Atendía unos familiares lejanos— me encogí de hombros, si les hacía un desplante seguro mi padre enloquecía.

— No le hagas caso a esa borracha— rodó los ojos mi cuñado, haciendo reír a los demás.

— ¡Oh, disculpe! Señor Abogado ¿Sólo tus palabras tienen argumento válido ahora?— replicó Kana, haciéndolos reír a todos.

— Por lo menos deben tener más validez que las de una borracha sinvergüenza— contraatacó Zeref, arrebatando la botella a Cana y dejándola en la mesa.

— Vamos, vamos. No peleen— intervino Levy antes de que las cosas se pusieran pesadas.

— ¡No estamos peleando!— se quejaron los aludidos al mismo tiempo. Mi cuñado en ocasiones era un tanto infantil y que decir de Kana.

Sentí los brazos de mi esposo rodear mi cintura, su delicioso y masculino aroma inundó mis fosas nasales relajándome y haciendo que me apoyara en él.

Me plantó un beso en la mejilla, olvidando todo los que nos rodeaba besé sus provocativos y apetitosos labios, dedicándome a saborearlos, lento y sin apuros. Él ni corto, ni perezoso respondió enseguida tomando el control del beso. Estuvimos así hasta que escuchamos como alguien aclaraba su garganta.

— ¡Busquen una habitación!— gritó con burla Gajeel.

Natsu simplemente reposó su barbilla en mi hombro, mientras que yo sentí el color subir a mis mejillas.

— ¿No pueden esperar a un poco más? Son todo unos fogosos, ustedes dos— comentó Gray elevando sus cejas con insinuación.

— No es mi culpa que tú estés en sequía— le atacó Natsu. Si, por muy sorprendente que fuera para todos nosotros, Gray había dejado de lado su vida de gigolo.

— Lo bueno se hace esperar— sonrió digno Gray.

La verdad era que uno de los chismes que más sonaba entre los de la clase alta de la ciudad, aparte de la desaparición de la hija de Masamune Loxar, era la inactividad sexual del hijo menor de Silver Fullbuster. Ya que antes lo que más se comentaba era cual chica caería esa noche en sus garras, pero ahora era todo lo contrario ¿Quién era la misteriosa chica que había conquistado su corazón, acabando con sus días de Don Juan?

Ni nosotros mismos sabíamos, porque si antes él estuvo enamorado de Juvia, ella ahora no tenía contacto ni con su padre, así que para nosotros ella no entraba en el perfil.

— No seas, idiota, admite que estás enamorado y acaba con esos tontos rumores de "Al pequeño Fullbuster se le murió la verga"— comentó Erza despreocupada, haciendo que Gray la mirara como si estuviera delirando.

— ¿Estás enamorado?— cuestionó Levy asombrada— ¿De quién?— muchos creíamos saber la respuesta, pero como ya dije, no es posible, Juvia no está, no entra en la pelea.

Aunque por su reacción, todos pusimos suma atención, en especial, Zeref.

Eso si, yo no pasé por alto la mirada que Gray intercambio con Jellal y Erza, era como si pedía permiso para poder hablar, o más bien más bien buscaba apoyo.

— En realidad, no se me murió la verga— comenzó haciéndonos reír, pero estoy más que segura que estaba intentado relajarse a si mismo antes de continuar— es sólo que se enamoró profundamente de una chica maravillosa y hermosa.

La mesa se llenó de silbidos y "Que tierno" por parte de las chicas.

— Pero eso no contesta la pregunta de Levy— me atreví a decir, mi amigo de infancia me miró suplicante, así que no insistí.

— Pronto sabrán quién es ella— fue lo último que dijo, y dando a entender que no soltaría más prenda sobre el tema.

Zeref se lo quedo mirando fijamente, y cuando pensé que diría algo, guardó silencio.

— Sé que la fiesta está de maravilla, pero ¿Que te parece si nos largamos de aquí?— susurró mi amado haciendo chocar su cálido aliento en mi nuca, para luego depositar un beso, haciéndome erizar la piel.

Asentí, sin pensarlo mucho, la verdad era que también estaba ansiosa de tener mi primer tiempo a solas con mi ahora esposo.

Aunque los nervios me estaban matando, bastante irónico cuando ya había estado juntos de muchas formas y él conocía lugares en mi cuerpo incluso mejor que yo, supongo que así se sienten todas las novias.

Sin hacer mucho esfuerzo en despedirnos, nos alejamos del grupo, con destino a nuestra suite matrimonial.

...

Apenas los esposos se fueron a hacer de las suyas, me fui y no fue mucho lo que tuve que esperar debo destacar, estaban bastante ansiosos y me sirvió porque yo tenía que ir temprano a la agencia de modelos para terminar con la sesión que dejé a medias al momento de nacer Haruka y después volver con Juvia.

Apenas entré al departamento me desvestí y caí de inmediato en un profundo sueño, no sin antes desear buenas noches a Juvia.

...

Sonreí como estúpida al ver el mensaje de Gray, no era mucho lo que había podido dormir, me ponía nerviosa que Haruka durmiese tanto. Me la pasaba vigilándolo y asegurándome que respirará, supongo que son cosas de madres primerizas, es que el ocasiones respiraba tan despacio que no podía evitar entrar en pánico y hablarle a Rufus.

Me aseguró que era lo normal, ya que ellos no se agitaban por nada más que la comida, y se estaban satisfechos no darían problemas de más.

"Buenas noches, preciosa. Descansa, que pronto iré por ustedes para traerlos a casa" decía su mensaje. Y adjunto había una foto de Natsu y Lucy bailando, se veían felices. No pude evitar alegrarme por mis amigos, y desear que su matrimonio fuera un éxito.

No sé porque sentía que me hacia falta, tal vez era su constante presencia a mi lado, lo que ahora me hacia echarle mucho de menos.

Escuché a Haruka quejarse, me apresure a tomarlo en mis brazos.

—¿Que ocurre, mi vida?— susurré acunándolo es mis brazos, sostenerlo también me pone nerviosa, es muy frágil y creo que me da miedo lastimarlo.

Volvió a cerrar sus ojos azules y lo dejé en el pequeño moises que le había regalado mi abuelo. Para luego irme a dormir yo.

...

Tardé más de lo previsto en volver por Juvia, cuatro días han pasado desde el nacimiento de Haruka, estamos a mediados de semana.

Jellal y Erza estaban bastante ansiosos por buscarlos ellos, pero los convencí de que se concentraran en adecuar el cuarto de Haruka para cuando estuviera de regreso.

Me estacioné frente a la casa de los abuelos de Juvia, descansaría un poco y luego partiríamos.

La abuela de Juvia me abrió la puerta con su habitual y jovial sonrisa.

— Gray-kun, ¿Cómo estuvo el viaje?— preguntó haciéndose a un lado para dejar entrar, me quite los zapatos y pase a la sala de estar.

— He tenido mejores— contesté sincero. Sentada estaba Juvia con Haruka en brazos, más hermosa no podía verse, traía puesto un sencillo y holgado vestido de mezclilla, su cabello lo traía suelto con un lazo de color rosa en el cabello.

—Bienvenido, te estábamos esperando— Juvia me sonrió y mi corazón dio un vuelco.

¡Maldición! Podría acostumbrarme a esa vista, daría todo por ser recibido así todos los días que restan de mi puta vida.

—¿Cómo estás, preciosa?— me incliné posando mis labios en su frente.

— Bien, Juvia esta ansiosa por volver a casa— se sinceró.

— Pronto lo harás, sólo deja que descanse un rato— me tendí en la sala de estar a su lado, y ella me hizo señal para que recortara mi cabeza en sus piernas, oferta que no rechacé.

— Puedes descansar todo el rato que quieras, Juvia esperará— su dulce aroma me llenó haciéndome sentir relajado y de repente sentí los párpados pesados, no me había dado cuenta que estaba tan cansado hasta ese momento.

...

No sé en que estaba pensando cuando le dije que acomodará su cabeza en mis piernas, ahora moría de la vergüenza y no podía moverme porque él se había quedado profundamente dormido.

Le hice señas a mi abuela para que llevará al bebé a mi habitación y lo dejara en su moises.

Cuando me dejó sola con Gray, me dediqué a mirarle. Había cambiado bastante desde que estuvimos adolescentes pero para bien.

Ahora sus rasgos eran mas masculinos, su aroma era embriagador y su cabello seguía igual de sedoso que siempre.

Acaricié su cabello con cuidado de despertarle, parece que las sombras oscuras bajo sus ojos se habían venido para quedarse de forma permanente porque no habían disminuido ni un poco desde la última vez que lo vi.

No sé desde cuando me había vuelto tan dependiente de este hombre, pero aunque no quiera admitirlo, tal vez este recordando viejas sensaciones que mientras más me esfuerzo por mantenerlas en lo profundo de mi ser, más salen a relucir.

Tal vez debería de dejar que las cosas fluyan y dejar atrás el estrés por cosas que a lo mejor y sólo son influencia de mis sensibles hormonas.

Rufus me advirtió que ahora mas que nunca debía de tener tranquilidad, ya que si me altero de más puede influir cuando amamante a Haruka.

Rufus me hizo el favor de buscar un colega suyo que continúe evaluando el sano crecimiento de mi niño allá en Tokio, me aseguró que es de total confianza.

No pude evitar sonrojarme cuando Gray se dio la vuelta en sueños y aferró sus brazos a mi cadera.

Estuve tentada a levantarme y salir corriendo, pero era lo menos que podía soportar por él.

Continúe acariciando sus cabellos, mientras le veía dormir, evitando la mirada inquisidora de mi abuela desde el marco de la puerta.

...

Cuando me desperté sentí que no había dormido tan bien en mucho tiempo, me estiré y aspiré profundo el delicioso aroma de Juvia que se había quedado impregnado en mi nariz.

— G-Gray— escuché que Juvia me llamaba. Terminé por abrir los ojos y me di cuenta que mis brazos estaban aferrados a las caderas de Juvia.

Me incorporé de inmediato, sintiendo mis mejillas arder.

— P-perdón, no me di cuenta—murmuré avergonzado rascando la parte de atrás de mi nuca.

— No te preocupes, Juvia entiende que estas cansado— me dijo ella con un leve sonrojo en sus mejillas.

— Yo creo que ya he descansado lo suficiente, si tienes todo listo podemos irnos— dije, ella asintió.

— Juvia tiene todo listo, si estás en condiciones ya podemos irnos.

— Nada de eso, primero van a almorzar y creo que Gray debería descansar un poco más. Mira el aspecto que traes, jovencito— intervino la abuela de Juvia. Agradezco su preocupación, pero más que eso, creo que quiere alargar lo más que se pueda la estadía de Juvia y Haruka, por lo que acepte su decisión.

— Entonces partiremos mañana, antes que salga el sol ¿Te parece?— volví la mirada a Juvia.

— Juvia está de acuerdo— aceptó sin más poniéndose de pie, siguiendo a su abuela a la cocina.

Mis ojos la siguieron todo el trayecto desde la sala hasta el pasillo donde la perdí de vista.

Tal vez, bromeé un poco ayer con lo de que mi amigo se había enamorado de una sola, pero parece ser que al final es total y absolutamente verdad. Ninguna mujer a provocado en mi, lo que ella consigue solo con verla balancear sus caderas de lado a lado al caminar, hasta en un traje de oso panda, me parecía sensual y atractiva.

Sacudí la cabeza para distraer el rumbo de mis pensamientos, antes de que tuviera un serio problema en mi entrepierna.

...

— Muchas gracias, por todo. Juvia nunca estará lo suficiente agradecida con ustedes por su apoyo— dije con las lágrimas a punto de desbordarse de mis ojos, abrazando a mis abuelos.

Era el momento de volver a casa, aunque estaba muy feliz por ver a mi padre, también iba a extrañar como nunca a mis abuelos.

— No tienes nada que agradecida, mi niña— me abrazó mi abuela entre lágrimas— fue un placer para tu abuelo y para mí tenerte aquí con nosotros y que se nos brindara la oportunidad de conocer a nuestro bellísimo bisnieto.

— Tu abuela tiene razón, mi hermosa Juvia. Nos trajiste una alegría diferente a nuestra monotonía— siguió mi abuelo haciendo que finalmente derramará las lágrimas que tanto intentaba retener.

Los abracé fuerte una vez más, para luego darle un abrazo a Ul que sostenía a mi pequeño en sus brazos.

— Ya está todo guardado— anunció Gray.

— Muchas gracias por cuidar de nuestra nieta todo este tiempo— agradeció mi abuela, tomando las manos de Gray— tal vez sea atrevido de mi parte, pero te pido un último favor, llévalos a casa con bien.

— No es necesario que agradezca nada y le aseguro que daría mi vida de ser necesario con tal de que ellos lleguen a salvo— sus palabras hicieron a mi corazón dar un vuelco.

Mi abuela le dió un breve abrazo, y luego se acercó a mi abuelo para darle un apretón de manos, este le susurró algo que no alcance a escuchar.

— Te voy a extrañar, Ul— se dirigió a su maestra y esta como pudo por Haruka le abrazó.

— Ya sabes dónde encontrarme— fue su única respuesta antes de entregarme a Haruka.

— Ya debemos irnos, Juvia— me dijo Gray. Abracé a mis abuelos por última vez para caminar a la camioneta que había traído Gray para que fuéramos lo más cómodos posible.

Dejé a Haruka en la portabebés, y le dedique una última mirada a mi hogar por estos últimos meses, aunque era bastante grande la casa de mis abuelos, no se comparaba con la majestuosidad de mi casa en Tokio, aún así era muy cómoda y cálida.

— No olvides visitarnos de vez en cuando, cariño— pidió mi abuela.

— Me haré cargo personalmente de traerlos— aseguró Gray.

Luego de eso finalmente, emprendimos nuestro viaje.

Yo me senté en la parte de atrás para poder estar al pendiente de mi bebé que dormía plácidamente. Nunca me cansaría de verle, es simplemente hermoso, es un ángel. Mi ángel, nunca pensé sentir tal posesión hacia una persona, pero este niño con solo verme a los ojos una vez, se había ganado mi mundo entero, y no iba a permitir que nada ni nadie le hiciera daño.

Mientras que Gray conducía cantando las canciones que sintonizaba la radio, parecía bastante alegre la verdad.

— Pronto haremos una parada para desayunar, muero de hambre— dijo, incluso yo moría de hambre, ya llevamos tres horas de viaje, partimos desde las cinco de la madrugada, con la intensión de llegar a casa con el sol aún en el cielo.

— Estupendo, Juvia muere de hambre— me quejé sosteniendo mi estómago.

— Tú siempre tienes hambre— me recriminó con una sonrisa, haciendo que un puchero se formará en mis labios.

— No es cierto— repliqué, aunque la verdad es que últimamente tragaba como vaca— O bueno si, pero Juvia come por dos, por eso traga como albañil— justifique, haciéndolo reír.

— Tranquila, preciosa, así comas más que un albañil yo te voy a seguir queriendo— sus palabras salieron tan espontáneas que me hicieron reír y sonrojar al mismo tiempo, pero lo cierto es que mi corazón se había descontrolado.

Últimamente todo lo que se refería a él, me alteraba el ritmo cardíaco en demasía.

...

Pensé que la había cagado cuando le dije que la quería así sin más, pero es que simplemente no lo pude evitar.

Pero no, el viaje ha transcurrido de lo más normal, estamos a aproximadamente a media hora de la ciudad.

Y a Juvia se le nota sumamente nerviosa, por ello decidí omitir la parte de que el hermano de Natsu aún sigue en la ciudad, si no hubiera retrasado el viaje, solamente tengo que evitar que salga de casa hasta que él se vaya, que por lo que dijo Erza no debe faltar mucho.

— ¿Y si el padre de Juvia la echa de casa?— me preguntó por millonesíma vez desde que dejamos la casa de sus abuelos.

— Yo te llevo a mi departamento y asunto arreglado, además no creo que Jellal permita que te dejen en la calle, no seas dramática Juvia— la regañé, su padre es despiadado en los negocios pero cuando se trataba de Juvia, era tan empalagoso que destrona a la abeja reina en su propio panal.

— Tienes razón, Juvia está siendo dramática— rió, permitiendo que escuchara el sonido más hermoso de este mundo.

— Sera mejor que vayas vistiendo al pequeño Haruka con la ropa que le preparó Erza, sino seguro enloquece— sugerí.

— Estás en lo cierto, quizás el pobre Jellal termina pagando las consecuencias— estuvo ella de acuerdo.

...

—Gray me envió un mensaje hace poco, diciendo que ya estaban por llegar ¡Que emoción!— chilló Erza.

— Padre está muy ansioso por saber cuál es la sorpresa— comenté igual o más emocionado que ella, me hacía mucha ilusión tener a la familia reunida de nuevo.

De repente escuchamos el timbre y Erza se saltó de su asiento como un resorte, para correr a la entrada y así mismo hice yo.

— ¡Padre, ven! Es hora— grité, y mi padre salió de su despacho viéndome con emoción en los ojos.

— ¿Ya?—asentí— Hasta que por fin, ya no puedo con las ansias de saber cuál es la sorpresa— ambos nos apresuramos al recibidor para ser yo quien me llevará una sorpresa inesperada.

— ¿¡Zeref!?— exclamó Erza sin ocultar que el pelinegro era la última persona que mi esposa esperaba ver justo en ese momento.

— Zeref, muchacho ¿Cómo estás?— salió mi padre a saludarle.

Enseguida me toqué los bolsillos para encontrar mi celular, pero no lo tenía encima.

Mierda, tenía que avisarle que él estaba aquí.

Me puse rígido al escuchar la corneta de la camioneta que le di a Erza por su cumpleaños, que había prestado a Gray para que fuera por Juvia y Haruka. Erza volteó a verme como la chica del exorcista.

¡Santísima mierda!

...

No pude evitar sonreír al ver la entrada de mi casa.

— Hogar, dulce hogar, preciosa— habló Gray aumentando aún más mi emoción.

— Ya estamos en casa, mi amor— me giré emocionada a ver a mi bebé desde el asiento del copiloto, me había cambiado de puesto en la estación de servicio que visitamos antes de llegar.

Pude divisar en la entrada de la casa ví a mi padre de espaldas, y Gray comenzó a pintar la bocina de la camioneta haciendo que se diera la vuelta.

Me entraron unas inmensas ganas de correr y abrazarle tan grandes que me olvidé de todo y cuando Gray disminuyó la velocidad, bajé corriendo con todas mis fuerzas olvidando el mundo a mi alrededor para aferrarme a los brazos de uno de los hombres más importantes de mi vida, mi primer amor. Porque sí, los padres suelen ser el primer amor de sus hijas.

— ¡Padre!— lloré, y me aferré con fuerza a cuello.

— ¡¿Mi hermosa Juvia?!— exclamó con sorpresa, correspondiendo el abrazo dejándome sin aire.

Dios, había extrañado tanto su aroma a canela, simplemente me hacía sentir en casa, no fue hasta este momento que me di cuenta lo mucho que le había extrañado.

— Juvia te ha extrañado tanto— declaré separándome de él, sólo para tomar su rostro entre mis manos y admirarle bien.

Su cabello estaba más largo, y habían aparecido unas nuevas arrugas alrededor de sus ojos.

Él imitó mi acción, y acarició mis mejillas.

— Estas tan hermosa, mi Juvia. No sabes lo preocupado que estuvo este viejo— un par de lágrimas resbalaron por las mejillas de mi padre, haciéndome sentir la peor hija del mundo.

— Hola, Juvia— mi burbuja se rompió, haciendo que girará la cabeza con brusquedad para buscar al dueño de esa familiar voz— Cuánto tiempo sin verte— expresó con esa sonrisa que tanto me gustaba, pero justo en estos momentos resultaba ser una pesadilla.

Sentí un frío recorrer mi columna vertebral, y tuve que sostenerme de mi padre para no caer, pues sentía las piernas como gelatina.

Me giré para mirar a Gray, estaba congelado camino a bajar de la camioneta, su rostro estaba pálido, más o menos así debía de estar yo.

Sin tener que pedírselo, él mismo cerró la puerta y arrancó la camioneta en dirección al patio trasero de la casa.

— ¿C-cómo estás, Zeref?— logré con ayuda de todos los dioses encontrar mi voz.

— No tan bien como tú— se acercó a mí con cautela, y al ver que no le rechazaba continuó— estás preciosa— me abrazó, y yo también le abracé después de todo a él también le había extrañado muchísimo y aunque lo nuestro no hubiera funcionado, los años de amistad siguen ahí, lo que él hizo por mi sigue ahí y por si fuera poco, su tranquilizante olor también seguía ahí.

También aproveché el momento para intercambiar una mirada interrogante con Jellal, simplemente se encogió de hombros luciendo igual o más sorprendido que yo.

Le hizo una señal a Erza para que entrara a la casa, y ella acató la orden de inmediato.

— Nos sorprende tu visita, Zeref. Creía que ya habías vuelto— comentó mi padre, cuando Zeref se apartó de mí.

— Ya se supone tengo que estar en Inglaterra, pero ya sabes lo insistente que es mi padre. Simplemente decidí pasar a saludar antes de volver— explicó. Zeref siempre se llevó muy bien con mi padre.

— ¿Así que tú sabías que él estaba aquí?— susurré en un reclamo a mi hermano mayor.

— Se supone que se iría al día siguiente de la boda, y como no le había visto más, así lo asumí— se excusó.

— Si quieres puedes quedarte a tomar el postre— le ofreció mi padre.

Jellal y yo le miramos como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

Zeref me miró como pidiéndome permiso para aceptar, me encogí de hombros. Ya estaba ahí, algo se nos ocurriría.

Sí, se instalan en la sala de estar donde usualmente tomamos el postre, yo puedo entrar por la entrada trasera y llegar a mi habitación sin ningún problema.

Miré a Jellal y al parecer él pensó lo mismo.

— Claro, quédate a tomar el postre— animó Jellal— vamos a la sala de estar mientras Juvia toma una ducha— asentí aprobando su idea.

— Si no es mucha molestia, aceptaré su oferta— sonrió Zeref.

— Tú no eres para nada una molestia, muchacho— admitió mi padre dando una cariñosa palmada en la espalda de mi antigua pareja.

...

Me quedé literalmente congelado al ver quién se encontraba al lado de Juvia, y ella no se había dado cuenta. Estaba tan inmersa en su padre que había olvidado al mundo. Gracias a los dioses que Haruka dormía en el portabebés.

Le escuché saludar a Juvia, y su expresión fue más o menos la de alguien que acaba de ver a su peor pesadilla, por lo menos ya él no significaba todo para ella, la verdad era que tenía miedo de que se lanzará a sus brazos si por capricho del destino, lograban encontrarse.

Ella, antes de siquiera responderle, volteó a verme con la súplica implantada en su mirada. Sin más obedecí y entré de nuevo a la camioneta y conduje a la parte trasera de la mansión.

Mi pulso estaba acelerado, definitivamente la vida no estaba a mi favor, de todas las personas que podríamos encontrarnos tuvo que ser justamente él, el padre del hijo de Juvia, el hombre que la alejo de mí.

Apenas estacioné en la puerta trasera de la mansión, Erza abrió la puerta de par en par.

— ¿Qué hace él aquí?— cuestioné apenas bajé de la camioneta.

— No lo sé, como me avisaste que venían cerca, supuse que eran ustedes cuando abrí la puerta. Me quedé literalmente muda ¿sabes?— explicó a un ritmo que me costó entender sus palabras— Por cierto, ¿Dónde está Haruka?

— Está atrás en el portabebés— expliqué, y ella se apresuró a ir por él.

— No estoy seguro de que quedarnos aquí sea seguro— en efecto, él podía aparecer en cualquier momento.

— Lo mejor será es que entremos a la casa, aquí afuera alguien si puede vernos, en la cocina solo está Nanami-san— si Erza confiaba en ella, yo también. Ambos entramos a la cocina a esperar que alguien viniera a dar señales de que todo estaba bien.

Nada más entrar nos encontramos a la nana de Juvia y Erza le ordenó que cerrará la cocina con seguro.

— Niña Erza, se encuentra bien, luce algo alterada— se mostró preocupada la anciana, pero luego centró su atención en Haruka— pero quién es esta hermosa criatura.

— Su nombre es Haruka— respondí— ¿Cómo ha estado, Nanami-san?

— Bien, niño Gray. Que linda niña— comentó emocionada haciéndonos reír a mí y a Erza.

— No es una niña, es un niño, y a partir de hoy vivirá con nosotros— explicó Erza sin dar más información.

— Oh, mil perdones, pequeño Haruka. Bienvenido a la casa, si tú estás aqui, tu mamá Juvia debe estar aquí también— las palabras de la anciana nos dejaron estupefactos a Erza y a mí.

— ¿C-cómo...— ni siquiera dejó terminar a Erza.

— ¿Cuánto tiempo creen ustedes que yo he cuidado de Juvia? Ese niño tiene sus ojos, y su color de piel. Aunque es idéntico a su padre— hizo énfasis en la última palabra— también es muy parecido a su madre.

Nuevamente nos quedamos mudos ante sus palabras, es cierto eso de que las abuelas lo saben todos.

— Así que el cuarto que decoraron arriba es para ti— volvió a hablarle a Haruka que la miraba fijamente como si la entendiera.

Me puse rígido una vez más cuando escuché que tocaron la puerta, definitivamente, este lugar no era sano para la salud de mi corazón.

Nadie se atrevía a abrir la puerta.

— ¡Es Juvia!— anunció ella desde el otro lado de la puerta, haciéndonos a Erza y a mi soltar un suspiro de alivio.

Abrí la puerta y apenas entró en la cocina, Juvia se desplomó sobre sus rodillas.

—¡Juvia!— exclamé preocupado llegando a su altura, ella se aferró a mis antebrazos.

— ¡Juvia creyó que iba a morir de un ataque de nervios!— suspiró aliviada.

— No eres la única— suspiró Erza también aliviada de que fuera Juvia, y no alguien más.

— Niña Juvia ¡Felicidades por su hermoso niño!— se acercó Nanami-san y abrazó a Juvia la cual recibió su gesto desconcertado.

— Se dio cuenta ella sola— me encogí de hombros, y Juvia se relajó.

— Muchas gracias— rió Juvia— Por favor, Nana. Jellal la espera en la sala de estar.

— Si puede mantenerlos ahí, mientras subimos a la habitación de Haruka, sería maravilloso— intervino Erza, y la mujer sin hacer más preguntas obedeció.

Puse a Juvia sobre sus pies, lo cual agradeció con su mirada.

— Te va a encantar la habitación de Haruka— chilló Erza entregando al bebé a su madre, para poder correr como neurótica a la dichosa habitación que todos mencionan y supuestamente pertenece al pequeño Haruka.

...

Seguí a Erza por el pasillo que daba hacia las habitaciones, todo seguía igual que siempre.

Sostenía a mi bebé contra mi pecho, llenando mis fosas nasales con el dulce y nostálgico aroma de mi hogar, como hubiera querido pasar mi embarazo en este tranquilo lugar, pero dadas las circunstancias... aun así, no me arrepiento de pasar ese tiempo con mis abuelos que me apoyaron incondicionalmente.

Erza llego a la habitación, sin ocupar, que siempre estuvo al lado de la mía.

— Jellal y yo la decoramos, si hay algo que no sea de tu agrado y desees cambiar, estás en todo tu derecho de hacerlo, después de todo es tu hijo— dijo Erza, con la mano en la perilla de la puerta.

— Juvia confía en ustedes, seguro todo es hermoso y seguro— aseguré y Erza sonrió para finalmente abrir la puerta.

Sentí mis ojos llenarse de lágrimas todo era precioso, las paredes eran de un color verde manzana y tenía a media pared un tapiz de rayas blancas y verde en tonalidades más claros. En la esquina de la habitación había como una recreación de la selva con todos sus partes y animales de peluche.

Tenía un armario con tanta ropa que seguro no tendría que comprar más hasta que mi bebe tuviera unos tres años y un compartimiento donde estaba todo lo necesario para su aseo y cambios de pañales.

La cuna es preciosa de color blanco cubierta con lianas de peluche, con un montón de almohadones y un móvil de animales. En todas las esquinas del cuarto había cámaras de seguridad y fijo en los barrotes de la cuna había un transmisor que debía de tener un gemelo. Encima de la cuna se leía el nombre de mi príncipe en letras grandes y con más motivos de selva.

— Es precioso, Erza. Muchísimas gracias— la abracé como pude con mi bebe en brazos.

— No es nada, Jellal y yo estabamos muy emocionados. En tu habitación hay monitores donde puedes ver toda la habitación de Haruka y el gemelo del transmisor que está en la cuna. Además todo lo que es hecho de peluche es con un material antialérgico no habrá problema con ellos, la pintura es sin olor para que las secuelas no afecten al bebé— explicó la pelirroja.

— Vaya, ese tipo pensó en todo, es un controlador— declaró Gray refiriéndose a Jellal.

— ¡Cállate! Sólo pensaba en la seguridad de su precioso sobrino— defendió Erza a mi hermano.

— Erza tiene razón, el hermano de Juvia es el mejor— Repliqué haciendo un puchero, ocasionando que Gray rodara los ojos y se acercara para quitarme a Haruka.

— Será mejor que te apresures y despidas rápido a la visita— Su tono de voz fue chocante en la palabra visita—Yo me quedaré con Haruka.

— Gray tiene razón, ya hemos tardado bastante y aun no te das un baño— observó Erza— iré abajo y los distraeré un rato mientras tú te alistas, Juvia— asentí, viéndola salir de la habitación.

— Juvia te lo encarga— fue lo último que dije antes de salir de la habitación, pero no pude evitar quedarme de pie en la puerta mirando embelesada dentro de la habitación.

Gray balanceaba a mi vida en sus brazos, y le susurraba cosas acariciando su negro y sedoso cabello, simplemente tenía una presión en el pecho que me aseguraba que esa era la vista que quería tener por el resto de mi vida.

Pero ya es muy tarde para nosotros, no puedo atar a Gray otorgándole una responsabilidad que no le corresponde.

Tuve que irme cuando Haruka sostuvo en su pequeña y regordeta mano el dedo índice de Gray, simplemente no podía acostumbrarme a este sentimiento de felicidad que me invadía al verlo juntos.

¿Por qué? Porque yo decidí negar el derecho a Zeref el derecho de padre, para que pudiera cumplir sus sueños sin que nada lo limitase o amarrase a estar a mi lado, y mucho menos tengo pensado hacerlo a Gray, por mucho que el asegure que quiere estar conmigo. Soy demasiado terca, lo sé pero así lo decidí y criare a mi hijo sola.


Hasta aquí el capítulo de hoy.

Sé que esta vez la demora fue demasiado, así que realmente lo lamento.

Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.

Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.

EAUchiha.