Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros. Esta historia es sin fines de lucro.

Notas: Pónganse cómodos, el capítulo es largo, lleno de acción y drama.

La partida del Maestro de la Muerte

II

Lectores en Chile: si han notado que su país se siente más bonito que de costumbre, nada más quiero decirles que se debe a la visita de una persona encantadora, a la que se le extraña mucho desde México. Este capítulo es para ti, AnahíPG.

"La cueva más oscura"

En cuanto aparecí en el cuarto de Harry lancé un hechizo para bloquear e insonorizar la puerta. La última vez que estuve aquí vi un libro que resulta perfecto para la situación actual. Deshice las pilas de enciclopedias, literatura, diccionarios y más, hasta que encontré lo que buscaba. Quiebre de rastreos: guía para un escape invisible. Me dejé caer en el piso con el libro entre las rodillas, pasando las hojas lo más rápido que podía. Sonreí al ver que Harry resaltó algunos párrafos e hizo anotaciones en los márgenes. Nada es más sexy que un hombre dedicado a su lectura. Finalmente hallé el encantamiento necesario. Eché un vistazo al cuarto antes de irme, pensando en llevarme alguna cosa de utilidad. ¡La capa de invisibilidad! La hice un nudo y volví a desaparecer.

Caí contra el pavimento.

Aún no domino esto de las desapariciones. Al levantar la vista encontré la pequeña casa citadina de los Owen. Una parte de mi cerebro me reclamó por ser tan egoísta, pero la otra me impulsó a correr hacia esa puerta. En dos vidas solo una mujer ha conseguido tanto amor de mi parte. Necesito a mi mejor amiga.

Toqué desesperada. No sé dónde está el Auror que asignaron a la casa de Abbie, pero si me lo cruzo todo habrá sido en balde, jamás me dejarán ir por Harry.

Abbie abrió la puerta, su rostro congelado en una expresión de infinito aburrimiento. Al verme parpadeó dos veces antes de abrazarme histérica.

—¡Gracias, gracias, gracias, gracias por venir! Este invierno ha sido terrible. Como ningún otro. De no ser por la horrible presencia de McLaggen hubiera pensando que me volví loca y la magia no existe y jamás regresaré a Hogwarts.

En cuanto escuché McLaggen el zumbido en mis oídos regresó. Tuve que agarrarme de Abbie para no caer. Gemí adolorida. Un viejo recuerdo... El campo de Quidditch... Las pruebas para el equipo de Gryffindor... Confundus...

—¿Qué tienes? ¿Qué pasa? —chistó Abbie metiéndome a su casa. No sé cómo me arrastró hasta la banca del recibidor.

—Necesito explicarte tantas cosas... —intenté respirar profundo para evadir el dolor— pero si el Auror que cuida tu casa me ve nos meteremos en problemas.

Abbie giró los ojos, no tanto como lo hago yo, sino como Scorpius ha perfeccionado con su aire de nobleza. Fue gracioso verla copiarlo.

—Imposible. El Auror McLaggen está encerrado en la recámara de mi hermana. Por Merlín, fue como amor a primera vista, por lo menos de parte de Allegra. Algo me dice que McLaggen no es de los hombres románticos, más de los que pegan y corren.

La miré confundida —¿Tus padres no tienen problemas con que una de sus hijas esté encerrada con un hombre mayor?

—En realidad solo se llevan ocho años. Allegra ya no es ninguna niña. Y mis padres tuvieron que salir de emergencia a Boston, uno de mis tíos tuvo un accidente.

—Lo lamento, Abbs —la abracé enseguida.

—No lo conocí muy bien, así que está bien... Supongo. Como sea, ¿qué haces aquí? ¿Qué ha pasado?

—No vas a creer todo. Harry sigue vivo. Michael me dijo que habló con él cuando casi muero, y que soy la reencarnación de Hermione Granger. Ya lo comprobé, acepté mis memorias de mi primera vida, apenas las estoy desbloqueando y duele hacerlo. Conocí a los Granger, mis primeros padres. Ahora pienso ir en busca de Harry y salvarlo. Será peligroso, arriesgado y estúpido, pero juro que no puedo quedarme sin hacer algo por rescatarlo. Podría ir sola, debería ir sola. Sin embargo, no quiero hacerlo. Te necesito, Abbie. Tengo miedo de perder la cabeza en cualquier momento, y sé que tú puedes ayudarme a mantenerla en mis hombros. Es egoísta, pero... —bajé el rostro— Eres lo único nuevo, ¿sabes? Mis padres, los cuatro, me dividen en dos vidas. Michael y Francis de una forma más cariñosa y fuerte reemplazaron a Harry y Ron. Yo me siento como si la mitad de mi cuerpo fuera a desaparecer. Lo único concreto y cierto hoy es tu amistad. Sé que así te hubiera conocido como Granger, también seríamos mejores amigas. Me conoces. No te importan mis apellidos. En esencia he sido contigo lo que todos esperan de distintas formas, en cambio tú solo sabes que soy yo. Merlín, esto debe estarte confundiendo más, ¿verdad?

Abbie, muy lentamente, se sentó junto a mí.

Quedamos calladas durante minutos eternos. A lo lejos escuché las risas de Allegra y Cormac. Jamás pensé que se volvería Auror.

—De acuerdo —dijo Abbie de pronto—. Vamos a rescatar a Harry.

La miré impresionada —¿Tan fácil? ¿No tienes como mil preguntas?

Negó —Me da gusto que hayas confirmado quién eres en realidad. Ya tendremos tiempo para hablar de eso. Por ahora la prioridad es salvar al hombre que llevas amando... ¿Cuántos años?

Sonreí, avergonzada —Dejémoslo en dos vidas.

—Merlín.

Pasó una mano por su sedoso cabello negro. Dejé que procesara de nuevo la información, no es fácil lo que le estoy pidiendo. Observé curiosa su rostro pasar de la impresión a la aceptación, lenta, pero segura. Soltó un suspiro.

—No puedo hacer magia fuera de Hogwarts, ¿cómo te ayudaré?

—Sé un hechizo para quitar el rastreo de tu varita.

Alzó una ceja —¿De dónde?

—Harry lo tenía en un libro.

—Genial. Iré por mi varita, espera aquí.

Salió corriendo escaleras arriba.

Aguardé poco tiempo para escucharla bajar de nuevo. Me levanté, ansiosa por marcharme. Quedé tiesa al ver a Allegra en el pie de la escalera. Traía el cabello negro, idéntico al del Abbie, hecho un desastre, y rastros de crema batida en el mentón. No quiero saber por qué.

Entrecerró los ojos al verme. Aunque su parecido físico con Abbie era brutal, la frialdad de sus ojos me hirió. ¿Cómo dos hermanas pueden ser tan distintas?

Igual que Lily y Petunia.

El pensamiento me atravesó dolorosamente la cabeza. Necesito dejar de traer recuerdos viejos. Mi atención absoluta debe permanecer en rescatar a Harry.

—¿Berkley? ¿Qué haces aquí? ¿No se supone que tienes que estar encerrada en tu granja?

No supe qué responder, cualquier cosa sería absurda para la situación.

Su rostro adquirió un aire de sospecha. Se giró hacia las escaleras.

—¡Cormac, Berkley está aquí!

¡Desmaius! —chisté al mismo tiempo.

Allegra cayó al suelo de madera.

Arriba escuché a Abbie y Cormac discutir.

Corrí para ayudarla. Al ver a mi antiguo compañero de Hogwarts mi cabeza casi reventó. ¡Oh, fue mi pareja en una fiesta de Slughorn! ¿En qué rayos pensaba? ¿En serio tenía tan poca autoestima? ¿Por qué? La imagen de un agresivo Ronald Weasley me asaltó.

Caí llorando. Mi cabeza va a explotar.

Sentí a Abbie quitarme la varita.

—¡La próxima vez recuerda traer tu varita y tu ropa interior, McLaggen! —gritó Abbie— ¡Petrificus totalus!

Cormac cayó como tabla junto a mí. Ugh, está desnudo.

—¿Tuviste un recuerdo? ¿Estás bien?

Asentí llorosa —Duele mucho.

—Tranquilízate. Piensa en Harry. Concéntrate en él.

Eso funcionó. El dolor disminuyó hasta un nivel soportable.

—Necesitamos irnos de aquí —dije mareada.

—Quítale el rastreo a mi varita.

Me pasó su linda varita de vid. Realicé el encantamiento —Vamos a St. Otterpot, necesito que Michael me dé la información que por suerte consiguió hace un año.

Abbie se tensó —¿No vamos a ir por Ted y Scorpius?

Me mordí el labio inferior. Ya había pensando en eso. No quiero ponerlos en riesgo, además...

—Teddy es mi responsabilidad —susurré—. Es mi ahijado.

Mi amiga comenzó a reír —¡Merlín, es cierto! Harry y tú son padrinos de Ted. Oh, esto es increíble. Vamos, eso no quita que haya sido tu mejor amigo los últimos cinco años, ¿no? Nunca nos perdonará dejarlo atrás, menos por Harry. Piénsalo.

—Estoy confundida. Por una parte lo amo como mi amigo, pero por otra lo veo como el hijo de Tonks y Lupin.

Me sostuve la cabeza.

Abbie agarró mis manos y las puso en mi pecho —Deja de pensar, ¿qué sientes?

—Teddy es mi mejor amigo. No. Harry es mi mejor amigo. ¿Qué debo hacer?

—Creo que va más allá de eso, Hermione. Necesitaremos apoyo. ¿En quién más podemos confiar?

Pensé en Susan, pero no tengo la seguridad de que me deje acompañarla a salvar a Harry, tal vez me detenga. Lo mismo Neville... Me sonrojé, avergonzada, al recordar cuando me le declaré. ¡A Neville! ¿Quién iba a pensar que se pondría tan guapo? Oh, tendré que pedirle una disculpa después.

—Esto está mal —dije al fin—. No es responsable que los arrastre a todos. Mejor voy sola...

—¡Olvídalo! Iremos juntas... Y traeremos a Ted y Scorpius. Necesitamos que alguien nos cuide la espalda.

—Sólo son unos niños...

Recordé la aventura de mil novecientos noventa y seis, cuando fuimos al Ministerio para "rescatar" a Sirius. En ese momento no dudé, a pesar de tener dieciséis años, ni me pareció mala idea traer con nosotros a Ginny y Luna, quienes eran menores que nosotros. ¿Cuál es la diferencia ahora? Tampoco me siento con la madurez de una mujer de treinta años, como debería ser. Morí a los diecisiete. Vivir dos veces la infancia y adolescencia no te hace un adulto. Soy igual de joven que mis amigos nuevos.

Abbie soltó un bufido —¿Me vas a venir con el cuento de que eres una señora?

—Estoy confundida.

—Creo que has dicho eso más de cien veces en la última hora. Vamos, Hermione, confía en nosotros. Todos queremos ayudarte y salvar a Harry.

—Supongo que podemos preguntarles si desean venir...

—Vamos primero por Scorpius. Algo me dice que Teddy será más difícil de sacar de su casa.

—El problema es que no puedo aparecernos en su casa. Nunca hemos ido.

Abbie entrecerró los ojos —¿Granger nunca pisó la mansión de los Malfoy?

Algo ácido bajó por mi garganta —Tengo la impresión de que sí. No comprendo por qué no puedo recordarlo con exactitud.

—Esfuérzate. Es nuestra única alternativa.

—De acuerdo. Toma mi mano.

Cerré los ojos. Pensé en Scorpius y los datos que mencionó sobre su hogar. Al mismo tiempo el ácido en mi garganta aumentó. Una extraña oscuridad invadió mi mente. ¿Qué sucedió en la mansión de los Malfoy? Presioné más esa sensación. De pronto la imagen de un edificio marfil.

CRACK

Escuché el quejido de Abbie al caer. Yo ya me esperaba el golpe.

—Creo que aparecimos más de un metro por encima del suelo —gruñó.

—Lo lamento. Sigo acostumbrándome a hacer esto.

Nos levantamos mirando curiosas alrededor. Era una sala. El candelabro estaba apagado, igual que la chimenea. El piso negro brillaba por la luz del ventanal.

Un escalofrío me recorrió.

—¿Cómo buscaremos a Scor sin toparnos con su padre? —murmuró Abbie— Si tuviéramos nuestros espejos sería más fácil.

Asentí. La abuela Andy nos decomisó los espejos cuando nos informó que Harry murió. Supongo que para evitar que planeáramos alguna idiotez como la que estamos haciendo.

—Usa tu patronus —dije de pronto—. Manda un mensaje con él.

—Buena idea. ¡Expecto patronus!

El cocodrilo plateado nadó en el aire, moviendo su cuerpo en eses. Tras recibir su mensaje se marchó a través de una pared.

Esperamos ansiosas durante unos minutos. Finalmente Scorpius entró corriendo, con una sonrisa enorme en la cara.

—¿Cómo llegaron aquí?

Traía ropa negra y túnica color musgo. Su cabello platinado y los ojos pálidos me causaron horror.

Grité al sentir un horrible dolor en el brazo. Tuve asco. Miedo. ¡Harry! ¡Ron! ¡Yo no tomé nada! ¡No sé de qué hablas! ¡Harry, Ron! ¡Basta!

Alguien me agitó los hombros. Desperté de la pesadilla. Reaccioné por instinto.

Enterré mi varita en el cuello de Draco Malfoy.

—¡No me toques, Malfoy! ¡Cobarde!

Malfoy se echó para atrás. En su rostro se reflejó dolor.

—¿Qué te hice? —preguntó.

Abbie me sostuvo —¿Qué recordaste? Gritaste como si te estuvieran torturando.

Me apreté el brazo. Tenía una mordida hirviente ahí.

—¿Dónde está Bellatrix? ¿Harry? ¿Ron? —gemí desesperada.

Abbie habló —¿Bellatrix? ¿Quién es Bellatrix?

Esa pregunta me dejó tiesa. Hace quince años ese nombre era legendario, aterrador.

Me tallé el rostro, borrando las lágrimas.

Scorpius se hincó frente a mí —¿Lo recordaste todo, verdad? Eres Hermione Granger también. Lo supe desde que tu hermano vino para buscarte. ¿Me confundiste con mi padre?

Lo miré apenada —Sí. Perdón, Scorpius...

Envolvió mis manos en las suyas —Él me habló de lo que pasó. Fue una noche larga. Padre no se enorgullece del joven que fue. Cometió muchos, muchos, errores. Sé de la noche que estuviste aquí. Lo que te hizo Bellatrix Lestrange. Haría todo por evitar que recuerdes eso.

Sonreí triste —No tienes responsabilidad en lo que sucedió. No te preocupes.

Me abrazó —Padre ha cambiado. Me educó para no cometer sus mismos errores. El principal, a mi parecer, es que nunca te vio por quién eres realmente —se separó un poco. En sus mejillas blancas había un ligero sonrojo—. Ese error definitivamente yo no lo cometí.

Su aliento acarició mis labios. Merlín, Scorpius es demasiado guapo...

Abbie casi metió su rostro entre nosotros —Concéntrate, Scorpius. Hermione sigue amando a Harry.

El rubio giró los ojos —No quiero ser cruel, pero el señor Potter murió...

—Sigue vivo —dije recuperando el aliento. Cualquier otra bruja en el mundo se habría derretido de haber estado en mi lugar. Lástima que Abbie tiene razón, amo a Harry. Solo a Harry.

Scorpius nos miró incrédulo —Oh, no... Vamos a ir a salvarlo, ¿verdad? Rayos, voy a salvar al tipo que ama la bruja que me interesa. La vida apesta.

Abbie le sonrió —Me da gusto que no tengamos que explicarte por qué estamos aquí. Y por lo visto ya aceptaste venir, así que danos tu varita para quitarle el rastreo, hay que ir por Teddy.

Sacó de mala gana su varita. Realizamos el hechizo de inmediato.

—¿Seguro no tienes problemas con venir? —pregunté— Cualquier cosa podría pasar.

Scor sonrió de esa encantadora forma torcida —Somos mejores amigos. Además no sería caballeroso de mi parte dejarlas ir solas a una misión suicida.

Abbie lo empujó juguetona —Nada de "suicida". Nadie morirá. En especial Hermione. No de nuevo.

Ambos me miraron decididos.

—¿Para eso querías traer a Scorpius y Teddy? ¿Para tener dos magos evitando que muera? —pregunté.

Abbie sonrió —Tal vez... Vamos por Ted.

Nos tomamos de las manos. Scorpius miró una última vez hacia la puerta de la sala.

—¿Seguro no quieres dejar una nota a tu padre? —dije.

Scor negó —¿Qué le voy a poner? ¿"Padre, me marcho a no sé dónde a salvar a Harry Potter con mis amigos de la escuela"? Se va a desmayar. Además todavía no se recupera de lo último que le dije.

—¿Qué? —inquirió Abbie.

—Que me gusta Hermione Jane Marie Granger Berkley.

Ignoré su enorme sonrisa coqueta y nos desaparecí.

Teddy brincó de su cama al vernos materializarnos. Enseguida hizo un gesto para que permaneciéramos callados.

Susan estaba hablando fuera de la habitación, contra la puerta cerrada.

—...comer algo. Andy hizo las empanadas de carne que tanto te gustan. Vamos, Teddy, sal un rato de tu habitación. Hazlo por tu abuela, ¿sí?

Sentí mi corazón romperse al ver a Teddy tan mal. En solo unos días perdió peso y consiguió enormes ojeras. Su cabello era gris y los ojos de nuevo verdes, como los de Harry.

—Déjame, Sue —respondió intentando disimular su sorpresa—. Tal vez salga para cenar —ofreció.

Escuché a Susan respirar profundo —De acuerdo. Vendré por ti para cenar. Si no abres la puerta entraré por ti, así tenga que arrastrarte hasta el comedor, ¿de acuerdo?

Teddy nos miró expectante. Todos asentimos.

—Bien. Te veo en la cena —contestó.

Esperamos a que Susan se alejara de la puerta.

Scorpius echó un encantamiento para silenciar el cuarto.

—¿Qué hacen aquí? ¿Cómo se aparecieron? ¿Por qué pueden hacer magia fuera de Hogwarts? —preguntó de carrerilla.

Lo abracé angustiada. Abbie tenía razón. Teddy merece saber que Harry sigue vivo, tener la oportunidad de decidir ir por él o quedarse.

—Siéntate, es difícil de explicar —pedí.

Tomamos asiento en su cama. Abbie y Scor nos rodearon, observando la reacción de nuestro amigo.

—Harry está vivo. Queremos ir a salvarlo —mi amigo abrió la boca para decir algo, pero lo interrumpí —. Conseguí un hechizo para quitar el rastreo a nuestras varitas. Sé que deberíamos informar a Susan o a alguien mayor para que ayuden a Harry. El problema es que eso significaría quedarnos sin poder hacer algo al respecto. Yo no puedo con eso, Ted. Necesito ir con él.

—Por supuesto. Vamos ahora.

Scorpius lo detuvo —Eso no es todo lo que tiene que decirte Hermione.

Me mordí el labio. Scor está en lo correcto. Debo informarle a Teddy sobre mi aceptación como Granger/Berkley, mejor aquí que a la mitad de nuestra loca misión.

—Teddy... Soy... —tragué pesado. Tengo miedo. ¿Me rechazará de la misma forma que hace meses? No podría soportarlo.

Ted me miró atento. El silencio se extendió incómodo.

—Yo soy... Lo que quiero decir es... Supongo que es obvio... Yo...

—Tú eres mi amiga —completó resignado—. No me importa nada más, ¿de acuerdo? También acepto que ames a Harry, aunque es un poco extraño por la diferencia de edad. Prometimos que siempre estaríamos juntos. Así que salvemos a mi padrino y después discutamos sobre esto, ¿te parece?

Sonreí —Sí.

Le quitamos el rastreo a la varita de Ted.

—¿Qué procede? —dijo Scor.

—Michael —respondí—. Necesitamos que nos dé las ubicaciones que memorizó de un mapa que tenía Harry. Iniciaremos por ahí, en cada localización, y seguiremos con las pistas que consigamos.

—¿Crees que nos ayude sin decirle a nadie? —preguntó Abbie.

—Me lo debe.

Tomé a los tres y desaparecí.

Abrí los ojos, impresionada, al ver en el establo a Dennis amarrado y amordazado junto a Cocoa.

Abbie soltó una carcajada —Fuiste cruel con tu Auror, Hermione.

—Yo no hice esto...

—Nosotros lo hicimos —escuché a Francis decir a nuestras espaldas.

Michael también estaba con él —Gracias a Merlín regresaste.

—¿Qué está ocurriendo?

Francis sacó la nota que le dejé —Te vine a buscar en cuanto la leí. Al ver al Auror desmayado supe que era serio. Pensé que si todos sabían lo ocurrido te meterías en muchos problemas, así que lo amarré.

—¿Creíste que secuestrar a un Auror es menos problemático que desmayarlo? —chisté incrédula.

Michael se cruzó de brazos —También lo hicimos por nuestros padres. ¿Sabes cómo se podrán al saber que te fuiste de nuevo sola a quién sabe dónde?

Bajé la mirada —Necesitaba confirmar algo...

—¿Qué hacen todos aquí? —preguntó Francis con los ojos en Abbie.

Ted apuntó a Michael con su varita —Danos las ubicaciones que memorizaste al encontrar a Harry en una de sus misiones. Ahora.

Mike frunció el ceño —¿Para qué? —empalideció— No me digan que piensan ir. No tiene sentido, él...

—Está vivo —dijimos a unísono Ted, Abbie, Scor y yo.

Francis sonrió —¡Lo sabía! ¡Nadie le puede ganar a Harry Potter!

—Iremos a rescatarlo —expliqué segura—. Ayúdanos, Michael. Por favor.

—¡No! Esto era justo lo que quería evitar. Potter me juró no ponerte en riesgo, no involucrarse en tu vida...

—¡Es mi decisión!

Francis nos miró confundido —¿Qué quieren decir con eso?

Recordé que Francis no tiene idea de lo que Mike hizo para salvarme, ni que ya acepté que soy la reencarnación de Granger. ¿Podría ser este día más complicado? ¡No tengo tiempo para esto!

Scor habló —Hermione ama a Potter. Igual que en su vida pasada. Sí, es increíble cuando me tiene a mí disponible, pero es cierto.

Francis abrió la boca —¿Tú y el profesor? ¡Es mucho mayor!

Abbie puso las manos en su cadera —Su situación no es normal. Piensa más en los sentimientos de tu hermana antes de juzgarla.

Mi hermano me miró apenado —Co-comprendo... Creo... Pero... Eres mi hermanita bebé...

Sonreí enternecida —Tengo quince, Francis. Supéralo.

Ted regresó al tema —Michael, necesitamos esa información. Es mi padrino. Imagina que estuvieras en mi posición, por favor.

Scor lo apoyó —Puede que te parezca más sencillo dejar morir a Potter para mantener a Hermione a salvo, pero considera que sin él ni siquiera tendrías hermana. Todos aquí le debemos a Harry que Hermione esté con nosotros.

Michael apretó los labios, superado por esa realización.

Finalmente habló —Con una condición.

—Lo que sea —apuré.

—Me dejarán ir con ustedes.

—¡Yo también iré! —se apuntó Francis.

—¡No! Ya es demasiado riesgoso así —exclamé—. No voy a ponerlos en riesgo...

—Entonces no te daré la información —sentenció.

Teddy me agarró la mano —Será más fácil si vamos todos.

Parpadeé las lágrimas. Asentí a pesar de sentir que era un error. Me prometí que a la primera oportunidad los regresaría a salvo.

—Necesito un mapa —dijo Mike.

Mientras marcaba los puntos en el mapamundi nos explicó que los enemigos de Harry no usaban varitas, sino látigos llameantes, y que parecían obsesionados con su Dios.

—Creo que le llamaron Đæknû —terminó de contar—. Fueron capaces de entregar su vida con tal de eliminar los mapas que Potter tenía en su cuarto. Este mapa, según me dijo, era el más importante.

Nos dejó ver el mapa. A primera vista no parecía haber relación entre los países resaltados. Eran cinco.

Miré a Scorpius —¿No escuchaste a tu padre y a Harry discutir una vez por los cinco puntos cardinales?

El rubio asintió —Fue hace años, pero lo recuerdo. También mencionaron a Albus Dumbledore, el sacrificio de millones y la vida eterna encerrada en agua.

—De nuevo el tema de la inmortalidad —pensé en voz alta—. Susan nos dijo que encontraron la varita de Harry en un calabozo donde el cadáver de Flamel estaba.

—¿Qué tiene que ver Dumbledore en esto? Lleva muerto como veinte años —dijo Francis.

—Dieciséis —corregí—. Fue durante la invasión a Hogwarts... —me fui de espaldas, gritando. Las imágenes de esa batalla sucedían como balazos en mi cabeza. Ron me protegió esa noche. Harry vio morir a Dumbledore. El funeral... Él y Ginny se querían en ese tiempo... ¿Cuándo cambiaron sus sentimientos? ¿Por qué no se quedó con Ginny cuando morí?

A lo lejos escuché a Abbie explicar lo que me pasaba. Sentí los brazos de mis hermanos levantarme del suelo.

—¿Así quieres ir por Potter? —gruñó Mike— ¿Qué tal si esto te sucede a la mitad de un enfrentamiento?

Enderecé los hombros, fingiendo que el dolor había pasado —Voy a ir. Es imposible que cambies mi decisión, así que no te esfuerces.

Ted habló —¿Y si vamos con Dumbledore? En la oficina de la directora McGonagall está su retrato. Quizá nos pueda ayudar a encontrar a Harry.

—¿Cómo entraremos a la oficina sin levantar sospechas con McGongall? —dijo Scor.

—¡Aberforth! —recordé agitada—. Él nos puede ayudar, estoy segura. Desde su cantina hay un pasadizo a Hogwarts. Una vez ahí solo tendremos que asegurarnos de no cruzar a la directora.

Francis lo pensó —Los gemelos se quedaron estas vacaciones en el castillo. Podemos hablar con ellos para que hagan una distracción.

—Perfecto. Vamos a Cabeza de Puerco.

Mike me miró sorprendido —¿Quién es Aberforth?

—El hermano de Dumbledore. Me ayudó una vez en mi primera vida. Sé que volverá a hacerlo.

—Hay que quitar el rastreo de las varitas de Francis y Mike —recordó Abbie.

Mientras Teddy hechizaba las varitas de mis hermanos, yo agarré uno de los costales del granero, lo transfiguré en un pequeño bolso, luego le eché un encantamiento de expansión. Ahí guardé el mapa y la capa de invisibilidad.

Cuando todos estuvimos listos nos aparecí en Hogsmeade.

Aberforth abrió la pequeña ventana de la puerta de madera, los ojos pálidos poco amigables.

—¡La cantina abre hasta las cuatro de la tarde! —chistó— ¡Vayan a buscar alcohol a otro lugar, mocosos!

Subí el rostro para que me mirara —Señor Dumbledore, necesito su ayuda.

—¿Tú de nuevo? Te dije que regresaras cuando estuvieras mayor.

—En teoría tengo treinta y dos años —repliqué sonriente.

—Oh, por fin se te abrió ese enorme cerebro. ¿Qué necesitas, Granger?

Sentí algo extraño al escucharlo pronunciar mi nombre —Entrar a Hogwarts, igual que la última vez.

—¿Para qué? —preguntó remirando a mis amigos.

—Salvar a Harry.

Aberforth masculló algo y cerró la ventanita. Escuchamos varios hechizos y algunos seguros correrse. Finalmente abrió la puerta.

—Ya sabes dónde está —me dijo haciéndose a un lado.

—Gracias, señor Dumbledore.

Me sonrió chueco —Sólo de verte me siento casi veinte años más joven. Siempre detrás de Potter, ¿cierto, Granger?

—Siempre.

Dirigí la comitiva hacia el retrato de Ariana Dumbledore. A medio camino recordé cuando conocí a Aberforth, hace quince años...

Él... Él me de dejó un trabajo —dijo Harry.

Aberforth bufó —¿Lo hizo? Un buen trabajo, ¿espero? ¿Agradable? ¿Sencillo? ¿La clase de cosa que podrías esperar que haga un niño mago sin sobre exigirse?

Yo... No, fácil no es. Pero tengo que...

¿Tienes? ¿Por qué tienes? Él está muerto. ¡Déjalo ir, muchacho, antes de que lo sigas al otro mundo! ¡Sálvate!

En aquella época Harry parecía más un adolescente perdido que un héroe. Me parece lógico que Aberforth haya intentado alejarlo del peligro. Tenía razón. Dumbledore no debió mandar a Harry sin preparación a la guerra, pero ese era justo el plan, que al final Harry se sacrificara. Aberforth previó ese destino, quiso proteger al joven mago que podría acabar como lo hizo su hermanita. Me hubiera gustado haberlo escuchado, haber alejado a Harry del enfrentamiento contra Voldemort. Sin embargo, creí en él. Igual que Dumbledore yo vi algo especial, más allá de la magia, en Harry. Confiamos en él y finalmente venció.

—¿Hermione?

Abbie quitó el cabello de mi rostro. Su respiración me causó frío. Estoy sudando.

—No hay que parar —dije ronca.

—Tú te detuviste —explicó preocupada.

Pasé una mano por mi rostro. Estoy sangrando de la nariz.

Scor y Teddy ayudaron a pararme. Mis hermanos me miraron con advertencia.

—Estoy bien. Sigamos.

Igual que la última vez el pasadizo desembocó en el salón de los Menesteres. Planeamos la estrategia y nos dividimos en el pasillo del séptimo piso. Michael y Francis fueron por los gemelos, a causar un desorden épico que atraiga a la directora McGonagall. Abbie, Scor, Ted y yo iremos a la oficina principal, esperando por el momento perfecto para entrar.

Usamos la capa de invisibilidad. Cualquier límite de espacio personal fue roto, apenas cabíamos los cuatro bajo ella. A la mitad de camino intercambiamos lugares, Ted detrás de mí y Scor detrás de Abbie, porque cierto rubio no dejó de aprovechar la cercanía...

—¿Cuánto tiempo crees que se tarden? —murmuró Teddy ansioso.

—Confiemos que no mucho. Pronto estaremos con Harry, tranquilo.

Pasaron casi veinte minutos antes de escuchar el primer rumor de que algo increíble estaba sucediendo en el Gran Comedor. Sir Nicolás pasó volando junto a nosotros, quejándose de Peeves y alumnos revoltosos. Entonces la directora McGonagall salió de su oficina.

Teddy me agarró de la cintura. Lloré al recordar cuando la profesora McGonagall vino a casa de los Granger para explicarnos que la magia es real. Desde ese día la admiré profundamente.

—Vamos, Hermione. Tenemos que aprovechar la distracción —apuró Ted.

Corrimos hacia la gárgola y entramos por el resquicio antes de que terminara de cerrarse. La capa de invisibilidad quedó atrapada.

La miré confundida durante unos segundos. ¿De dónde salió esa capa? ¿Harry siempre la tuvo? ¿Es importante?

—Tendremos que seguir sin ella —dijo Abbie, jalando mi brazo.

—No... No podemos dejarla —en cuanto agarré la capa se volvió humo. La gárgola terminó de girar los milímetros faltantes. La capa quedó libre.

Scor echó un suspiro de sorpresa —Esa cosa es increíble.

—¡Vamos! —gritó Teddy escaleras arriba.

Lo seguimos corriendo. La oficina de la directora era muy distinta a la de Dumbledore, pero igual de cálida y segura. Quedé paralizada al ver el retrato de Severus Snape, dormido, junto al de Albus, que parecía esperarnos con esa luz en sus ojos azules.

—Me da gusto verla de nuevo, señorita Granger... ¿Aunque ahora es Berkley, cierto?

Asentí. El dolor en mi cabeza aumentaba como un volcán en plena erupción. Tengo que concentrarme.

—Necesitamos su ayuda —gemí apoyada en la pared—, ¿sabe lo que significan los cinco puntos cardinales o el agua que encierra vida eterna?

Dumbledore alzó las cejas blancas —Sí, tengo pleno conocimiento al respecto, ¿por qué está interesada en ese tema?

—Por Harry.

—Siempre salvando al muchacho Potter —siseó de pronto Snape, despierto.

Caí de rodillas. Los recuerdos de ambos hombres eran muy poderosos en mi cabeza.

—Sea más exigente con usted, señorita Granger —gruñó mi antiguo maestro de pociones—. Una mente tan organizada como la suya puede priorizar tareas. Concéntrese, por Merlín.

Su tono condescendiente no ayudó.

Dumbledore siguió hablando —Me sorprende que Harry haya conseguido revivirla. Esperaba grandes cosas de él, aunque esto supera todas mis expectativas.

Snape respondió con la voz helada —Revivir a la mujer amada...

Abbie volvió a ayudarme mientras Ted explicó a los antiguos directores la urgencia de nuestra misión. En lo que yo conseguía relajarme Dumbledore nos dijo lo que sabía.

—Hay una leyenda de los pueblos rusos que nació durante el dominio del Imperio Bizantino. Decía que el mundo tiene cinco puertas que conducen a la energía o magia del universo, y que grandes calamidades o maravillas ocurrirían si se abren al mismo tiempo. Con la llegada del Cristianismo esa leyenda mutó a la divinidad, es decir, que la nueva versión decía que aquel que abriera las cinco puertas conseguiría la entrada al paraíso sin tener que morir.

—La vida eterna —susurré.

Dumbledore me miró curioso —Podría interpretarse así.

—¿Qué sabe del agua que contiene la vida eterna? —preguntó Scor.

—Otra leyenda —respondió Dumbledore—. Me parece que proviene de Medio Oriente. Un niño nacido bajo la estrella de la salvación enfermó. Era una prueba de las madres mágicas de la fertilidad al pueblo del niño. Si lo dejaban morir jamás un brote sobreviviría y todos morirían de hambre. La única forma de curar al niño era cruzar el desierto exclusivamente con un cuenco vacío entre las manos. El trayecto duraba casi seis semanas, parecía imposible. Nadie quiso aventurarse, excepto el padre del niño. Con las manos en alto se hizo sombra con el cuenco vacío y atravesó el desierto. Al final, en el cuenco aparecieron tres tragos de agua. Uno para él, otro para su hijo y el ultimo para la tierra seca de su pueblo.

—¿Y luego? —insistió Scor.

Snape le echó una mirada cortante —Cuide el tono, señor Malfoy.

Dumbledore sonrió —Esa es toda la leyenda, joven Malfoy.

Abbie dio un paso hacia los retratos —Señor Dumbledore, su nombre fue mencionado en la discusión sobre estos temas, ¿tiene idea del por qué?

—Supongo que por mis investigaciones al respecto. Durante una buena parte de mi vida estuve interesado en la resurrección y la vida eterna. Por cuestiones meramente informativas.

—¿Algo más que quieran preguntar? —chistó Snape con el tono que esperaba un no por respuesta.

—Gracias, directores —dije levantándome. Fui al escritorio de la profesora McGonagall y agarré una pluma— ¡Portus!

Teddy miró la pluma —¿Hiciste un traslador? ¿Cómo sabías el hechizo? ¿No es ilegal?

Sonreí triste —Harry planeó bien mis clases extras. En una de mis lecciones aprendí a fabricar un traslador de emergencia. La única manera de que el ministerio se entere de su fabricación es a través del sello inglés en la varita, lo cual no existe en mi caso.

—Efectivamente —dijo Dumbledore—. Es una varita muy interesante.

—¿A dónde vamos? —preguntó Abbie.

—A Chile. Es uno de los puntos que marcó Michael. Empezaremos ahí. Toquen la pluma, estamos a punto de partir.

—¿Sin tus hermanos? —preguntó Teddy.

—No voy a ponerlos en riesgo —repliqué furiosa. Mis amigos asintieron. Conté los segundos que quedaban para que el traslador se activara. En el último segundo miré el retrato de Snape—. Gracias por el esfuerzo que hiciste, aunque haya sido por Lily. Gracias por ayudarme a mantener vivo a Harry.

El gancho en el ombligo me arrancó de Hogwarts. No vi la reacción de mi antiguo profesor. Eso no importa en realidad, sólo quería decírselo.

El remolino duró demasiado. Ir de un continente a otro es horrible. Durante casi un minuto olí la sal del mar. Tuve terror de caer a la mitad del océano.

—¡Pataleen! —gritó Scor a tiempo.

Los cuatro agitamos las piernas para disminuir la caída. El aroma a pescado y madera húmeda nos recibió con intensidad. El cambio de horario también fue evidente. Salimos de Escocia en pleno día y aquí ya anocheció.

—No se ve muy poblado —murmuró Abbie.

—¿Eso de allá es un fuerte? —señaló Scorpius.

Los cuatro volteamos. Sí, parecía un fuerte de madera con viejos cañones en las almenas. Las luces eléctricas se perdían entre algunas antorchas.

—No hay muchas opciones. Caminemos hacia allá —dije iniciando el camino.

Estuvimos silenciosos, revisando las sombras. Teníamos miedo. ¿Y si la secta que secuestró a Harry trabaja aquí? ¿Y si el fuerte es de ellos?

Nos detuvimos frente a un letrero de metal verde. Estaba en español.(1)

—No sé español —masculló Abbie.

—Yo solo sé francés, por mi primera vida, y algo de italiano —dije.

Scor se acercó al letrero, traduciendo sin esfuerzo del español al inglés —"El 25 de marzo de 1534 siendo rey de España Felipe, el capitán general de Estrecho Pedro Sarmiento de Gamboa fundó en este lugar la ciudad del Rey Felipe"

Abbie, Ted y yo preguntamos a unísono —¿Sabes español?

El rubio sonrió —Y otros seis idiomas. Un Malfoy recibe la mejor educación.

—Bueno, por lo menos ahora sabemos dónde estamos. Hay que seguir caminando.

Llegamos al fuerte y tocamos. Nuestras varitas se mantenían tensas en nuestras manos.

Nos abrió un hombre vestido como si perteneciera al siglo XVI, estaba sucio y con sangre seca en el rostro. Nos miró curioso antes de sonreír amigable.

Dijo algo que no entendí. Scorpius respondió. Iniciaron un diálogo tranquilo. Scor sonrió y nos señaló. El hombre nos hizo un gesto para entrar.

—¿Qué está sucediendo? —preguntó Ted al ver un montón de personas vestidas igual que el hombre. Estaban sentadas en una amplia mesa de plástico, con montones de hojas en las manos. También había cámaras muggles.

Scor saludó con la mano mientras nos explicaba en inglés —Son actores. Están grabando una serie sobre la colonización de la Patagonia. Puerto del Hambre le llamaron, no ciudad del rey Felipe, como leímos en el letrero. Les dije que somos turistas perdidos.(2)

Nos ofrecieron café para el frío. Algunos actores sabían inglés así que conversaron con nosotros.

—¿Así que son de Escocia? ¿Por qué decidieron venir a un lugar tan lejano?

Decidí arriesgarme —Por una leyenda. Eh... Nosotros estamos haciendo nuestra tesis. Eso. Y necesitamos información...

Los actores se miraron sorprendidos.

—Es la tercera vez que nos dicen eso.

Teddy dejó su café en la mesa —¿Quiénes vinieron antes de nosotros?

Una actriz respondió —Los primeros fueron muy groseros. Los reportamos a las autoridades, pero no consiguieron agarrarlos. Por suerte no han vuelto.

—¿Por qué groseros? —dijo Abbie.

—Querían... Bueno, no estamos seguros qué querían, pero echaron al mar un líquido dorado, como oro derretido. Puerto del Hambre sigue manteniendo a su gente con la pesca, así que imaginarán lo terrible que fue eso. Intentamos sacar el "oro" derretido, quedó pegado al muelle y las piedras. No lo conseguimos.

—Por suerte —agregó otro actor— vino el señor James Evans.

Mi corazón brincó al escucharlo. Teddy también me miró.

—El señor Evans de alguna manera consiguió limpiar el contaminante. Nos explicó que estaba detrás de esos rufianes por dañar el medio ambiente. Estuvo aquí unos días y se marchó.

Un actor comenzó a reír —¡Fabiola intentó coquetearle!

Miré a la actriz a la que se referían. Era realmente guapa. Sentí celos.

Ella se sonrojó —No sabía que tenía novia, ¡ya supérenlo!

—Nadie te culpa —dijo otra—. Ese hombre estaba guapísimo. Y el acento inglés, ¡uff! Un sueño.

—Afortunada esa tal Jane —masculló Fabiola.

Siguieron riendo. Yo mientras intenté esconder mi sonrisa. Supe que Harry se refería a mí. Su novia Jane.

Abbie regresó al tema —¿Y saben cuál es la leyenda que buscaban esos hombres y el señor Evans?

Otro de los actores asintió —La ciudad de los Césares. También conocida como Ciudad encantada de la Patagonia, Ciudad errante, Trapalanda, Trapananda, Trapalandia, Lin Lin o Elelín. Se supone que aquí existió hace muchos siglos. Ya saben, clásica ciudad mítica llena de oro, riquezas e inmortalidad.

Mis amigos y yo nos tensamos enseguida.

Scorpius desvió la conversación, su encanto natural haciendo todo más sencillo. Aproveché para pensar qué seguía. Obviamente la secta de magos que buscamos ya no está aquí, pero antes de marchar tenemos que revisar el "oro" líquido.

Agradecimos la hospitalidad de los actores, les deseamos suerte en la producción de la serie y marchamos.

El camino al muelle era estrecho, lleno de charcos. Un perro callejero nos siguió. El lugar era francamente gris, frío, muy parecido a las zonas más despobladas de Escocia. Algo en su aire me llenaba de magia.

El muelle rechinó bajo nuestros zapatos. Una enorme concentración de magia estaba ahí. Harry.

—Selló el líquido dorado —señaló Abbie, agachada en la orilla del muelle. Nos asomamos detrás de ella—. No pudo quitarlo, así que evitó que el mar entrara en contacto con él, así no contamina la fauna marina.

—También lo hechizó para que los muggles ya no pudieran verlo —dijo Teddy.

Permanecimos ahí, sin saber qué significaba.

—Hay que continuar —dije despegando la mirada del mar ennegrecido. Recogí una concha del muelle y la convertí en traslador.

—¿A dónde ahora? —preguntó Scorpius.

—Encanten su ropa —previne—. Vamos a Groenlandia.

Nos llenamos de hechizos para mantener nuestro calor corporal y tocamos la concha.

El viaje no fue tan largo.

Parecía más de noche, pero calculé que eran dos horas menos que en Chile, y siete más que en Escocia. La terrible ventisca de nieve casi nos despega del suelo. Tuvimos que encantar los zapatos para manteneros en el piso.

—¡No se ve nada! —gritó Abbie cubriendo su rostro de la nieve.

Invoqué una burbuja, como un escudo, alrededor de nosotros.

¡Lumos! —dijimos a unísono.

—Buscaré la magia de Harry —expliqué—. Sí sucedió lo mismo aquí que en Puerto del Hambre, entonces habrá un sello de Harry en el líquido dorado. Así sabremos a dónde ir.

Hice un hechizo brújula, concentrándome en la huella de Harry.

—¡Por allá!

Caminamos con cuidado para no resbalar. Pasamos junto a un letrero que decía Bienvenidos a la Isla Ammassalik, 1.893 hab. Se veían lucecitas doradas a lo lejos. Un poblado. Seguimos de largo hasta la falda de un enorme pico congelado.

—Está en la cima —gruñí con la respiración agitada.

Mis amigos se veían igual de cansados.

—¿Quieres decir que hay que escalar? —gimió Abbie sentándose en el hielo—. Merlín nos libre.

Ted no perdió el gesto decidido —Iré solo. Si encuentro la secta les enviaré un patronus.

—No es buena idea separarnos —pedí.

Scor se puso junto a él —No irá solo. Quédense a descansar.

Iba a replicar, pero me siento exhausta, entre los dolores de cabeza y el esfuerzo mágico de hacer los trasladores y aparecer ya no puedo más. Acepté de mala gana.

Abbie transfiguró su suéter en una enorme alfombra y yo inicié una fogata. La burbuja que invoqué seguía protegiéndonos de la ventisca.

Estuvimos calladas, viendo las llamas bailar, hasta que mi amiga habló.

—¿Qué harás cuando lo veas?

Sonreí —Darle un golpe por ponerse en riesgo.

—¿Nada más? —alzó las cejas, sugestiva.

—Ah, sí, también lo besaré.

Soltamos una carcajada.

—Hey, quería preguntarte desde hace días sobre tus sentimientos por Teddy.

Abbie borró su sonrisa —Es obvio que le gusta Victoire. Creo... Creo que lo dejaré ir.

—¿Sabes qué Francis muere por ti, verdad?

Me miró apenada —Lo sé. Lo lamento, no es recíproco.

Tomé su mano —No lo dije para presionarte. Fue más una manera de decirte que eres hermosa, y que otros magos quieren estar contigo. No te desanimes.

—Gracias.

Nos abrazamos, de nuevo en silencio.

El tiempo transcurrió. Desperté con mi nariz pegada a la de Abbie, ambas acostadas en la alfombra, sin dejar de abrazarnos. Sus pies entre mis piernas.

Me preocupé por los chicos, ¿cuánto tiempo llevan lejos?

A lo lejos distinguí una luz blanca.

—Abbie, despierta. Creo que es un patronus.

Mi amiga se sentó junto a mí —Parece perdido, ¿no crees?

La luz iba y venía, dando círculos.

—Tal vez mi burbuja no le permita encontrarnos. Voy a quitarla.

Nos agarramos bien para resistir la ventisca. Agarramos dos leños llameantes y los agitamos cuando la nieve nos golpeó.

La luz blanca se detuvo unos momentos, luego comenzó a acercarse.

—¡Creo que mis orejas se van a caer! —gritó Abbie temblando.

La apreté más contra mi cuerpo.

Tuve un mal presentimiento al ver que la luz blanca se transformó en un enorme foco muggle, a lo alto de un trineo.

—No son Ted y Scor —susurré.

El trineo llegó hasta nosotras. Traía ocho perros. Un enorme hombre se deslizó fuera, junto a él otro perro, sin correa, lo siguió.

—¿Están perdidas?

Negamos.

Nos miró bien, notando la ropa no apta para el clima extremo.

—¡Brujas!

Nos movimos para sacar nuestras varitas. Su tono fue agresivo, poniéndonos en alerta. El perro se lanzó contra Abbie, mordiendo su brazo.

—¡No! —grité enfurecida. El hombre me golpeó en el rostro. Mi varita cayó al hielo.

—¡Ammassalik está harto de ustedes! ¡Jodidos magos de mierda!

Me volvió a golpear.

Escuché a Abbie forcejear con el perro.

Saboreé sangre al tercer golpe en mi rostro.

—¡Ammassalik es libre! ¡Largo de aquí!

Levanté la pierna, pateándolo en los testículos.

Gritó. Giré. Agarré mi varita. El perro ladró.

¡Petrificus totalus!

Amo y bestia cayeron como tablas.

Me incliné sobre Abbie —¿Estás bien? ¿Te mordió muy duro?

Descubrió, entre lágrimas, su brazo ensangrentado. La carne estaba casi deshecha.

Los perros del trineo comenzaron a aullar y ladrar, creando una escándalo.

—Tranquila, te voy a curar —dije aguantando el llanto. Ver a Abbie lastimada era de mis peores pesadillas.

Corrí hacia el trineo, evadiendo a los perros. Respiré aliviada al encontrar un botiquín. Volví histérica junto a mi amiga.

—Hay que desinfectar primero, luego cerraré la carne con magia.

Abbie estaba muy pálida. Miró rencorosa al perro que la atacó.

—¿Por qué reaccionó así ese hombre? No le hicimos nada.

Lloró al sentir el agua oxigenada. La sangre burbujeó.

Con mi varita fui cerrando los hilos de carne, hasta dejar más o menos un trabajo decente. Le quedará cicatriz.

—¡Lo lamento! ¡Perdón, Abbie! —la abracé horrorizada.

Ella me apretó —No fue tu culpa. Gracias por curarme, ya no me duele.

Un aullido distinto cayó a los perros un segundo antes de agitarlos con nerviosismo.

—¿Eso fue un lobo?

—Sí —respondí feliz—. El patronus de Ted.

El lobo plateado nos olisqueó al llegar. La voz de Ted se escuchó agitada —¡Prepara un traslador! ¡En este lugar odian a los magos! ¡Estamos escapando!

Le quité al hombre que nos atacó su gorro, haciéndolo un traslador.

Detuve al lobo plateado cuando estaba por desaparecer.

—¡Guíanos hacia Teddy!

El lobo asintió, comenzando a trotar.

Con un hechizo corté las riendas del trineo, monté a Abbie y lo hice avanzar con magia, siguiendo al patronus.

El viento helado cortaba mis mejillas. Todo estaba muy oscuro y agitado para ver a lo lejos.

Abbie invocó su patronus, dándonos más luz.

Escuché los gritos de Scorpius y Teddy. Luego una ráfaga de balazos.

—¡Merlín, están disparando contra ellos!

Nos cruzamos entre ellos y la multitud embravecida. Abbie creó un escudo.

Alcé la varita —¡Ignis vitae!

El mismo hechizo que una vez usé contra Harry en el duelo de Hogwarts. Mis llamas eternas crearon un muro mortal, impidiendo el avance de los muggles. Uno de ellos me miró con odio.

—¡Son parte de la secta! —gritó venenoso.

Recordé que Michael dijo que los magos de la secta no usan varitas, sino látigos de fuego. ¿Es posible que ellos hayan atacado tanto este poblado que ya los hicieron conscientes de la magia? ¿Están en guerra contra ellos?

Ted y Scorpius casi se dejaron caer en el trineo, respirando con terror por casi haber muerto.

—¡El gorro! —ordené.

Todos me entendieron. En cuanto lo tocamos desaparecimos de ahí.

El cambio de clima, color y tiempo fue chocante. Del blanco helado de Groenlandia pasamos a un soleado cañón rojizo de Australia.

Los cuatro nos abrazamos, recuperando el aliento.

—¿Están bien? —preguntamos Teddy y yo al mismo tiempo.

Scor y Abbie respondieron —Sí.

Al relajarnos observamos los alrededores. Fue tranquilizador ver que no había humanos a la vista.

—Allá —señaló Scor.

Una de las grietas del cañón estaba cubierta por oro.

—¿Qué significará esto? —murmuró Abbie, todavía abrazando su brazo lastimado.

Teddy habló —En el pico de la montaña había oro líquido. Los muggles lo rodearon de máquinas para analizarlo. Tenían guardias en cada esquina y un cuartel con varios magos cautivos.

—No sabemos si son magos inocentes o parte de la secta —terminó Scorpius.

Lo tomé del rostro, girándolo para ver su oreja —Estás sangrando.

Revisamos la herida. Una bala lo rozó.

Empecé a temblar. En menos de un minuto pude haber perdido a Abbie y Scor.

—Nosotros quisimos venir —insistió Abbie, reconociendo mi miedo.

Ted me agarró la mano —No te atrevas a abandonarnos ahora. Estamos juntos en esto.

Estamos juntos en esto.

Caí gritando por el dolor. ¿Cuántas veces Ron y yo le dijimos eso a Harry durante la búsqueda de los Horcrux?

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Desperté oliendo algo desagradable. Estaba atardeciendo, la cálida roca donde dormí es roja. Me giré confundida. ¿Dónde estoy?

Cerca de mí Abbie se burlaba de Scorpius por quemar la comida. Teddy no estaba.

—¿Qué ocurrió? —gemí con la garganta seca.

Abbie me sonrió —Necesitabas dormir. No has parado desde que te marchaste de St. Otterpot, de eso casi dos días... Creo. Ya me confundí por los cambios horarios de dónde hemos estado. ¿Tienes sed? Teddy fue a conseguir agua. Espero no tarde.

Scorpius me acercó lo que parecía una rata cocinada —¿Hambre?

—Paso —respondí enseguida— ¿Cuánto tiempo estuve dormida?

—Unas cuatro horas.

—¿Tanto?

—Lo necesitabas.

Me senté junto a ellos mientras comían. Después de la carne que me dio mi padre Richard todavía siento el estómago pesado, así que no me molesta brincar la comida. Abbie no deja de decirme entre bocados que estuvieron intentando hacer reaccionar el oro de alguna forma, pero no consiguieron algo.

—Parece piel de dragón, se le resbala la magia.

—¿Cuál será su función? —me pregunté, viendo hacia la grieta dorada.

—Estuve pensando —dijo Scor—... Se supone que hay cinco puertas en el mundo para acceder al poder del universo, según nos contó Dumbledore. ¿Y si para abrirlas necesitan del líquido dorado?

—Para cómo vamos —opiné— parece que ya tienen oro en cada "puerta". ¿Por qué no las han abierto?

—Y no olvidemos —agregó Abbie— que nos falta saber qué relación hay con Flamel y Harry. No quiero ser cruel, pero por algo deben mantenerlo vivo, ¿no?

Asentí, muy a mi pesar —Pensé lo mismo.

Unas horas después regresó Teddy con el agua. El anochecer australiano dejó en vergüenza a cualquier otro del mundo. Las estrellas no eran luces pérdidas en el firmamento, sino estelas multicolores que iluminaban el manto purpúreo de la noche.

Los cuatro admiramos el espectáculo, cada uno en sus pensamientos.

Me recargué en Teddy, buscando consuelo. Él me abrazó.

Del otro lado Abbie y Scorpius también se acercaron.

El cansancio nos venció.

Al siguiente día partimos de Australia antes de que saliera el sol. Al desaparecer vi las marcas de nuestras manos en la tierra roja. El cañón de Warbuton, Australia, siempre tendrá un lugar en mi corazón, al igual que el bosque de Dean, fue nuestro pequeño lugar seguro a la mitad de la tormenta.

Aparecimos frente a un enorme bosque. Un enorme letrero sostenía la reja que evitaba la entrada. En varios idiomas tenía apuntado: No te suicides. Busca ayuda con la gente que te ama o llama al 392…

Scorpius soltó una risita nerviosa. El letrero de bienvenida en el Bosque Aokigahara era una súplica para que los turistas no se quitaran la vida.

—Ya he leído de este lugar. Tiene mucha fama —expliqué—. Durante el siglo XIX Japón enfrentaba hambrunas y epidemias sin precedentes. La gente más pobre abandonaba aquí a niños y ancianos para que murieran a su suerte. Dicen que sus fantasmas aún rondan por el bosque. Por eso mucha gente lo elige para suicidarse, tiene el ambiente adecuado.

Abbie miró indecisa el cúmulo de árboles que se extendía frente a nosotros —¿Y es verdad que los fantasmas siguen aquí?

—Supongo que solo hay una forma de averiguarlo —dije avanzando.

Brincamos la reja maltrecha, introduciéndonos en el bosque.

—Ahí hay un aviso mágico —dijo Teddy. El letrero flotante tenía una leyenda en japonés. Cambió a inglés cuando nos acercamos:

CUIDADO CON LOS ONIS

ONI.- Concentración de energía y sentimientos negativos, personificada en demonios.

EL BOSQUE DE AOKIGAHARA HA SIDO RECEPTÁCULO DE CIENTOS DE EXORSISMOS, ESPÍRITUS SELLADOS Y LA PEOR MALEVOLENCIA Y PERVERSIÓN HUMANA. Avance con precaución.

Sacamos nuestras varitas.

—¿Seguros que quieren venir conmigo? —insistí.

—Por supuesto —replicó Ted.

Scor y Abbie asintieron.

Sin más remedio nos adentramos al bosque, era extraño, pesado, parecía olernos con cada paso. En pocos minutos dejamos de ver el monte Fuji a la lejanía por el espesor de los árboles, pero el calor no disminyó. Durante el recorrido nos seguía un insecto naranja soltando un graznido seco, aumentando el estrés.

—¿Por qué nos sigue? —susurró Abbie intentando no mirar el escarabajo baboso naranja.

—Mejor ignóralo —dijo Scor—. Hay que seguir sin atraer la atención hasta que ya no haya otra posibilidad.

Me detuve —Hay algo ahí.

Teddy paró junto a mí —¿Algo?

—Un puente —respondió Abbie mirando los tablones llenos de musgo que colgaban peligrosos sobre un río seco— ¿Será buena idea cruzarlo?

Ted aguzó la mirada —Las cuerdas se ven como si fueran a caer en cualquier momento.

—Hay que rodear —pidió Scor—. Recuerden que no soy un loco Gryffindor como ustedes. Slytherin ¿de acuerdo? Nosotros sí usamos la cabeza: hay que rodear. La caída se ve mortal.

Miré a ambos lados del puente —No podemos desviarnos. Tengo la impresión de que el bosque nos tragará. Debemos seguir.

Scor aguantó un gruñido. Decidimos cruzar por parejas. Primero Abbie y Scor, luego Ted y yo.

El puente rechinaba furioso, gusanos caían de las tablas inferiores. Abbie se agarraba de una de las cuerdas, y usaba a Scor para no perder el equilibrio.

—Me estás machacando el brazo —gimió el rubio.

—Calla, no me presiones —replicó ella sin dejar de mirar cada tabla.

De la nada un torrente de agua llegó azotándose contra el puente, agitando y empapando a mis amigos.

—¡No sé nadar! —chilló Abbie aferrándose de Scorpius.

Un fragmento del río se materializó en una bestia alada de hielo, cuyos ojos vacíos se concentraron en el puente. Todos lanzamos la primera maldición que se les ocurrió, pero el demonio acuático ni siquiera retrocedió.

Scorpius cargó sobre su hombro a Abbie, quien no reaccionaba por el miedo. Corrió lo que quedaba del puente.

—¡Cuidado! —chillé.

Otro demonio salió desde el río, envolviendo a Scor y Abbie en una burbuja de agua helada. Ambos soltaron el aire por el impacto. Ted lanzó una ventisca mágica para cortar el agua. El otro demonio se fue contra nosotros.

Scorpius aventó a Abbie al otro lado del puente, liberándola de la burbuja.

—¡SCOR!

Un torbellino se formó bajo el rubio, quienes miraró sorprendido un montón de colmillos rodearlo. Luego una bestia fosforescente los tragó.

Abbie soltó un chillido de horror, aún en el piso.

—¡No dejemos escapar al demonio! —grité corriendo por la orilla del río.

Ted saltó sobre la bestia, encajando la varita en su piel. Con un hechizo comenzó a electrocutarlo. Abbie corrió paralela a mí, manteniendo a raya a los otros dos demonios con su magia.

Brinqué hacia las fauces del demonio, dejándome tragar. Los colmillos me lastimaron, pero la baba estaba cociendo mi piel.

¡REDUCTO!

El demonio explotó. Scorpius y yo salimos volando hacia Abbie. Ella nos hechizó para evitar una caída peor. Tosí baba brillante, sacudiéndome las vísceras.

Ted llegó corriendo —¡¿Estás bien?!

Asentí, restregando la tierra donde la baba todavía quemaba.

Abbie limpió a Scor con un encantamiento.

—Qué asco —dijo el rubio con dificultad. Se veía realmente herido.

—¡Tengan cuidado! —gritó Ted mientras brincaba al mismo tiempo que un gigante demonio salía de entre los árboles.

—¡Abbie cuida a Scor! —me puse junto a Ted, decidida a detener el demonio.

El horrible ser, parecido a un hombre gordo de color rojo, nos sonrió.

Ted y yo iniciamos un duelo. Me sorprendió comprender que mis amigos tienen un nivel tan avanzado en defensa y ataque mágicos, pero recordé que fue Harry su maestro en Hogwarts, no Quirrel, ni Lockheart, ni un impostor Death Eater, ni una loca del Ministerio. Nosotros sí tuvimos una educación real. ¡Cómo habría cambiado la guerra si nos hubieran enseñado esto antes!

El demonio ya sangraba un extraño líquido negro, como petróleo, pero después de unos segundos se regeneraba.

De un manotazo me desequilibró. El oni aprovechó eso, bajando sus enormes cuernos para rematar a sus presas.

Un escudo dorado nos protegió en el último segundo. Detrás de nosotros Scor y Abbie nos apoyaban.

¡Ignis vitae! —invoqué el fuego que tanto amo y en el que confío. El demonio fue tragado por las llamas. Su piel roja se fue quebrando. Rostros humanos nacieron de cada herida, chillando por las quemaduras.

Retrocedí horrorizada, ¿qué significaba eso?

Ted me agarró, igual de asustado.

Cuando parecía que nada podría empeorar la situación, los rostros se fueron juntando en uno, mezclándose como quimeras de fuego, hasta que formaron una máscara inhumana, de ojos negros y lengua de serpiente.

En la muerte vivirás eterna. Sola. Abandonada. —siseó repugnante.

Cubrí mi rostro, asqueada por esa voz y la imagen que proyectaba.

El regalo de la Muerte será tu condena. En mis entrañas vivirás para siempre —declaró el demonio.

—¡Hermione! —gritaron mis amigos levantándose.

Tú eres igual que yo. Tú vienes de la putrefacción. En tu sangre está la bajeza de tu padre, la perversión más oscura que desea ser liberada. Ven conmigo. Eres mía.

—¡No! —chilló Scorpius desesperado.

Me sentí flotar lejos de ellos, como una muñeca. Casi inconsciente fui arrastrada hacia el oni.

—¡Hermione, defiéndete! —pidió Abbie.

—¡Hermione! —insistió Ted.

De pronto alguien me tomó la mano. Miré adormilada a Scorpius, cubierto de su sangre y exhausto, mirarme con amor.

El oni se enfureció. Con un movimiento atravesó el cuerpo de Scorpius con sus cuernos. Escuché las costillas de mi amigo quebrarse. La sangre salió impulsada como relámpagos rojos.

Caí, libre del hechizo del oni.

No lo pensé. Para mí esto fue más de lo que pude soportar.

¡Aveda Kedavra!

El rayo verde destruyó al demonio. Gas ennegrecido tomó su lugar, evaporándose entre chispazos.

Todo quedó en silencio.

Me giré hacia Scorpius. Mi salvador. Sin él habría terminado dentro del demonio, igual que esos pobres humanos que vimos en su piel. Lo cargué en mi pecho, llorando por la horrible imagen escarlata.

Scorpius fijó sus ojos azules/grises en mí —Eres bonita... hasta... cuando... lloras...

Abbie y Ted llegaron, cayendo junto a mí entre sollozos.

Los cuatro temblábamos.

Scorpius va a morir. Es imposible que sobreviva, la hemorragia y el daño son devastadores.

—Hermione... quiero... pedirte... algo...

Asentí, no confiando en mi voz para responder.

Abbie escondió su rostro en el pecho de Ted, chillando incontrolable.

—No quiero... morir... sin... haberte... besado...

Quise darle el universo si me lo hubiera pedido. No me importó Harry, no en este preciso instante.

Incliné mi rostro. Nuestros labios se unieron, cortando la respiración de ambos.

Scorpius tenía la piel fría, vibrante por la vida que se le escapaba con cada segundo. Su boca sabía a hierbabuena. Su aroma, en general, era marfil, té de menta y orgullo. Mis labios cosquillearon por la sensación de su magia tan cerca.

Abrió la boca y nuestras lenguas se encontraron. Solté un suspiro. La punta de mis pies se encorvó. El beso era fresco y lleno de emociones. No quise que terminara, no si eso también finalizaba la vida de mi amigo. Lloré entre la danza de labios. Para ser justos, este es el primer beso real que tengo como Berkley. No se compara con el dulce toque hace años que le di a Harry, cuando estaba inconsciente. Menos con el beso divertido y bromista entre Wyatt y yo. Con Scorpius fue profundo, honesto, apasionado. Me sentí deseada, querida y única.

Me separé cuando el rubio ya no me respondió. Entre mis brazos su cuerpo perdió fuerza. Su rostro se fue hacia atrás.

—Scor... Scor... ¡Scorpius! —chillé agitándolo.

Ted y Abbie nos abrazaron. Pensé que serviría para mantener a Scorpius caliente porque no puede ser, simplemente no puede ser, que esté muerto.

Notas: ¿Recuerdan todos las pistas que dejé a lo largo de los capítulos? Bueno, aquí más o menos se van cerrando. La búsqueda de Harry desvelará la trama del fic, hará crecer a nuestros protagonistas y pondrá todo en su lugar. Aún hay sorpresas, así que prepárense porque no vamos ni a la mitad del nudo. Como ven Hermione está recuperando sus memorias, aunque de forma poco practica y muy cansada, eso no será bueno después. Tuvimos que dejar a Francis y Michael fuera de esta aventura, en especial porque no hay manera en que hubieran dejado a Hermione avanzar mucho más tras Groenlandia. Abbie la convence de ir por Ted y Scor, algo que parece fue una mala decisión. Quiero recordarles que tienen quince años de edad, un momento en que las emociones están a flor de piel y la fidelidad amistosa lo puede ser todo en la vida.

Espero que no les haya tomado por sorpresa el amor de Scor por Hermione, es algo que de hecho planteé desde su primera conversación, cuando él le dice que la ha estado observando. Desde antes de conocerse él se fijó en ella, le gustó, y luego cayó rendido. Incluso Francis y Mike le mandaron una carta de amenaza para que no intentara nada malo con su hermanita, y muestra celos con Wyatt. Lo mejor es que confiesa haberle hablado de sus sentimientos a Draco, quien quedó en shock al saber que su adorado hijo está enamorado de la niña a la que él hizo sufrir durante años.

Hay otros momentos relevantes del capítulo, como cuando Hermione pondera la relación de Aberforth y Dumbledore con Harry, así como los sentimientos del último por Ginny, ¿en qué momento cambiaron? O cuando Abbie dice que está preparada para superar a Teddy, porque él obviamente solo tiene ojos para Victoire. También cuando Snape y Dumbledore aparecen. Pero creo que ningún momento es más poderoso que cuando Scorpius entrega su vida. El joven se enfrentó a la personalización del odio y la violencia, un oni, para salvar a la chica que le gusta, algo que no veo logrando jamás a Draco. Es un cambio brutal entre generaciones. Algo por lo que siempre será recordado Scor.

No juzguen a Hermione por haberlo besado, fue el último deseo de quién dio su vida por ella. Además, si las cosas fueran distintas, quizá entre ellos podría nacer algo, pero Harry está en el camino, así que...

Las palabras del oni hacia Hermione también tienen relevancia, no las puse solo porque sí.

Investigué sobre cada lugar que visitaron nuestros héroes, prácticamente toda la información que puse al respecto es real, pero sí tengo algún error y lo detectan por favor díganme.

Lamento la demora. Ya ni les quiero contar qué me pasó porque sigo triste y frustrada, solo que la vida muggle no es fácil. Como sea, no piensen, bajo ninguna circunstancia que voy a abandonar este fic o los otros que tengo. Voy lenta, pero segura.

Gracias por su apoyo, comentarios, observaciones, ¡todo! Si siguen dudando que los reviews no ayudan a inspirar y ser constante, fíjense en la cantidad de capítulos y el empeño que pongo en cada uno, luego en el número de reviews que hay. Este trabajo es nuestro. Gracias.

Saludos,

Less.

Notas al pie:

Para darle un poco de "magia" al fic imaginen que nuestros protagonistas efectivamente hablan inglés todo el tiempo, como es correcto por ser británicos. En este caso Scorpius sabe más de un idioma, chico listo.

Esto es verdad. El año pasado se hizo una producción en el Puerto del Hambre para explicar la conquista en Chile. Busquen el artículo si lo desean, es una mini serie de tres o cuatro capítulos.