El pasado regresa

Capitulo 21

Susana no sabía porque se había prestado a aquello, tener lo labios de aquel a quien amaba sobre los suyos, moviéndose expertos, ocasionando una oleada de emociones de todo tipo, Terry se separó de ella y prosiguió diciendo

- Y que tus labios limpien a los míos del pecado – le dijo él, para volverla a besar.

La joven actriz lo vio cerrar sus hermosos ojos color zafiro, seductor como siempre, impecable, tan solo un poco más y sus labios se volverían a unir, no podía negarlo ella lo deseaba con locura. Se sentía diferente cuando estaba junto a él, podía jurar que se encontraba en un mundo egoísta donde solo existían ellos dos. La distancia era casi imperceptible, esos labios que ella amaba estaban a punto de volverla a besar pero…Susana se alejó y apoyo dos dedos sobre la boca de Terry.

Él abrió los ojos algo confundido, luego miró alrededor de ellos y varias personas que observaban la escena mas que ansiosos para que esta siguiera su curso, hasta pudo ver a su compañera de teatro aquella que en estos momentos ocupaba un lugar junto al nombre de él en la cartelera del teatro Karen Kleiss y después de volvío la vista a Susana, esta lo miraba con el ceño fruncido, como si sus acciones la hubiera disgustado.

Se animó a preguntar y entre susurros le dijo – Que sucede? Has olvidado tus líneas?

Susana con una expresión de pocos amigos alejó la silla de rueda de él y quedó mirando por varios segundos al pequeño público que esperaba ansioso que siguieran con la dramatización – Lo siento, pero no me siento bien…quizás en otra ocasión.

- Ohhh! – se escuchó un lamento de aquellas personas que sentía que era un privilegio poder presenciar aunque sea una cuantas líneas de dos actores tan reconocidos de Broadway.

- Espera Susana te acompaño – le dijo Terry quien intento empujar de su silla pero ello se lo impido.

- No gracias, quiero estar sola.

- Pero no dejarte sola y más si te sientes mal, deja que te acompañe a tu habitación.

- No!

- Susy? - escuchó la rubia buscando con la mirada la voz de su madre.

- Hola mamá, podrías llevarme a mi cuarto, no me siento bien.

- Si…pero sucedió algo? Porque me cruce con la enfermera Donovan y me dijo que estaban dramatizando algunas líneas de Romeo y Julieta con Terry.

- Si – contestó el joven actor – Pero de repente Susana comenzó a sentirse mal.

- No es nada de que preocuparse madre – le respondió la rubia al mirar el rostro preocupado de su madre – Solo una pequeña molestia que parece que no me deja en paz – en paz…esa fueron las palabras que recalcó mirando a Terry.

- Bien, en ese caso te llevaré para que descanses – luego Sarah Marlow se giró y vio al actor – Terry muchas gracias por cuidar a Susy.

- No tiene porque señora Marlow.

Las vio alejarse por el pasillo y sintió que alguien se abrazaba a su brazo.

- Buenas tardes Terry…

- Karen, que hace aquí?

- Pasé a saludar a Susy, lástima que no se sentía bien, lo último que quiero es incomodarla.

Terry la miró con una media sonrisa – Susy?

- Si, que tiene de extraño, fuimos compañeras durante mucho tiempo, uno tiende a comenzar a sentir…como decirlo… – se llevó una mano a la barbilla dando unos suaves golpecitos con su índice sobre la comisura derecha de su boca – Cariño…

El actor levantó una de sus cejas sonriendo – Bueno yo ya me iba.

- Quieres que tomemos algo, yo te invito – le ofreció la castaña.

- No, quizás en otra ocasión – Terry hizo una pequeña inclinación de cabeza – Adiós Karen.

- Ohh Romeo… sabes que lo que estás haciendo está mal?

- Perdón? – preguntó él dándose la vuelta para mirarla – Qué es lo que estoy haciendo mal según tú?

- Para empezar, porque elegiste una escena donde tenías que besarla?

- Karen he besado a Susana cientos de veces, es solo eso, una escena…una actuación, que tiene de malo?

- Todo! Oh Terruce, acaso no ves más de tus narices, es que no te das cuenta que Susana sigue enamorada de ti.

- Jajaja!... – la risa se hizo escuchar por el pasillo de aquel hospital – Eso no es verdad, eso fue historia, en serio, ella lo demuestra todo el tiempo.

- Que es lo que te demuestra según tú, indiferencia?

- Si, casi todo el tiempo. Debo de insistir mucho para pasar un rato con ella.

- Los hombres son seres tan limitados en cuestiones de amor, claro que se rehúsa a pasar tiempo contigo y es porque no te ha olvidado, ella quiere poner distancia para dejar de sentir lo que es obvio sigue sintiendo por ti, ella aún está enamorada, lo que no le encuentro sentido es porque tu insistencia en cuidar de ella.

- Solo es cuestión de compañerismo, amistad…

- Amistad? Desde cuando eres amigo de ella? Y tu novia, Candy, acaso no vendría a pasar tiempo contigo?

- Demasiadas preguntas Karen y no tengo tiempo de quedarme a contestarlas.

- Huyes…

- No, no lo hago, solo no tengo ganas de hablar de eso.

- Bien, como gustes. Recuerda estar temprano en el teatro para ensayar.

- Gracias por recordármelo.

- De nada, sabes que también me puedes considerar tu amiga… - le dijo la castaña en un tono burlón que no pasó desapercibido por el joven inglés.

- Lo tendré en cuenta. Gracias.

Al llegar a su habitación Susana tomó un libro de la repisa intentando retomar la lectura donde la había dejado la última vez, sacó el separador que señalaba la página 123, pero por alguna razón su mente se encontraba divagando en otras cuestiones.

Flashback

Después de insistir casi por media hora Terry convenció a Susana en dar un paseo por los alrededores del hospital. Salieron del cuarto con abrigos ya que estaba comenzando a nevar.

- Te hará bien un poco de aire fresco, aunque el día está nublado.

- Solo un momento de acuerdo?

- Como digas…solo un momento.

- Puedes caminar o prefieres que traiga la silla de ruedas.

- Aun me molesta la operación, creo que será mejor la silla.

- Bien – Terry le acercó la silla y la ayudó a acomodarse.

Después de dar vuelta por el jardín decidieron quedarse a observar como la nieve caía lentamente, casi imperceptible al tacto. La rubia cerró los ojos y aspiró el aroma a su alrededor, según ella olía a pino.

- Cómo te sientes? – preguntó Terry al notar que se había quedado sin decir palabras por un lapso de tiempo bastante largo.

- Bien, muy bien, Terry… – volteó a verlo.

- Si?

- Gracias por ser tan molesto e insistir tanto en que saliera de mi encierro… - le sonrió

- De nada, sabía que te vendría bien un poco de aire fresco aunque creo que será mejor regresar, está refrescando demasiado.

Antes de llegar a una de la tantas salas de estar del hospital una joven quizás de unos catorce o quince años los detuvo al reconocerlos y les pidió si podían firmarle su libro, a lo que Terry solo asintió con la cabeza, al tomarlo se dio cuenta que era una vieja edición de Romeo y Julieta.

- Es un reliquia lo que tienes aquí – le dijo señalando al pequeño libro de tapas verdes y letras en dorado.

- Si lo sé, era de mi abuela – le respondió la jovencita con una gran sonrisa.

Después de que Terry lo firmara se lo entregó a Susana para que hiciera lo mismo.

- Aquí tienes – le dijo la rubia entregándole el precioso libro.

- Si con mi mano he profanado tan celestial altar, perdóneme. Mi boca borrará la mancha, cual peregrino ruboroso, con un beso – Terry tomó la mano de Susana e hincándose delante de ella la beso en el dorso pero sus labios apenas rozaron la mano de la actriz.

Ella como respuesta alzó una de sus perfectas cejas y le susurro – Presumido… – a lo que Terry solo se limitó a sonreír.

- Buen peregrino, eres demasiado injusto con las palmas de tus manos, que bien muestran tu devoción. Los santos también tienen manos con las que tocan a los peregrinos y cuando enlazan palma con palma, es como un beso santo de los peregrinos…– le contestó siguiéndole el juego.

La jovencita que era espectador de este intercambio de palabras, esperaba ansiosa la contestación de Terry.

- Y acaso, los santos, no tienen labios? Tampoco los peregrinos? – la miró él hablando mas fuerte.

- Sí, los peregrinos tienen labios para decir sus oraciones…

De pronto comenzaron a unirse personas que se encontraban esperando a alguien o que simplemente pasaban por el lugar, quedándose embobadas por tan delicadas palabras.

- Entonces, santa adorada, deja que los labios hagan lo que las manos: que recen y que la fe no desespere.

- Los santos no se mueven, aunque acceden a las plegarias – dijo ella.

- Pues no te muevas, mientras recojo el fruto de mis plegarias… – Terry se acercó a Susana acariciando su mejilla y besándola - y que tus labios limpien a los míos del pecado…

Apunto de volverla a besar, ella lo detuvo.

La joven admiradora apretaba con fuerza su libro contra su pecho con una amplia sonrisa, se sentía privilegiada frente a tal actuación.

Fin del flashback

Volvió a poner el señalador entre las páginas del libro y lo dejó a un lado. Suspiro recordando aquel momento tan bello. Se preguntaba una y otra vez porque le costaba sacarse del corazón ese amor imposible que solo le traía amargura ya que sabía que su amor nunca…nunca sería correspondido. Se paró del pequeño sillón en donde estaba sentada y se dirigió a la ventana para admirar como la nieve caía cubriendo todo a su paso. La puerta se abrió de golpe asustando a la joven que estaba encimada en sus pensamientos.

- Necesitamos hablar – dijo Terry.

- Podría tener la delicadeza de golpear ante de entrar, son simples modales – le contestó Susana enojada – Además que estás haciendo aquí, no era que te ibas?

- Si pero tenía que preguntarte algo antes.

Ella resopló molesta para después mirarlo a espera de lo que tendría que decir. Espero pero él no decía nada solo la observaba – Y bien…que tienes que preguntarme?

Terry se acercó hasta donde ella se encontraba y pensó por unos segundos como preguntar lo que quería saber.

- Debes ser honesta conmigo.

- De acuerdo…

- Sigues enamorada de mí?

Los ojos azules de la joven se abrieron desmesuradamente ante tal pregunta – Terry me parece que eso quedó claro y terminado hace mucho, no sé a qué viene tu pregunta.

- No me has contestado…

- No lo haré ya que me parece ridículo hablar de eso, creo que está más que claro. Ahora si fueras tan amable de dejarme sola, quisiera descansar antes…

Antes de que ella siguiera hablando Terry la tomó por los hombros y la acercó a él sin darle tiempo a Susana a reaccionar para liberarse de tal intromisión.

- Respóndeme y se honesta conmigo.

- Suéltame! – le exigió ella.

El actor sin ninguna intensión de soltarla le volvió a preguntar – Susana estas enamorada de mi?

- Que…de que estas hablando? Te…Terry basta… - Antes de poder continuar Susana sintió los labios de inglés sobre los suyos robándole la respiración.

Que hermoso suplicio sentía al besar los labios que siempre deseo, no se negó al beso, solo dudó al principio pero después se lo correspondió, es como si hubiera abierto la ventana y tirará lo poco de razón que le quedaba. Qué tipo de prueba cruel le estaba poniendo la vida.

Se separaron lentamente y Terry la observó con el ceño fruncido, el rostro de la joven estaba completamente rojo – Es verdad…sigues enamorada.

Quien diría que algo tan bello como un beso pueda ser utilizado como experimento – Susana colocó las manos en el pecho de Terry y lo empujo suavemente para alejarlo de ella – No pasé tu prueba verdad?

- Yo pensé que ese sentimiento ya no existía.

- Pues parece que no… - le sonrío forzadamente – …no se ha ido.

- Susana…lo lamento.

- Que? Que es lo que lamentas exactamente?

- Todo, fue mi culpa el que…

- No sigas, lo estás haciendo un poco humillante no te parece? – Susana siguió caminado por la habitación hasta quedar de frente una pequeña repisa colmada de libros, dándole la espalda a Terry.

- Lo siento…creo que será mejor no seguir viniendo. Fui un idiota en pensar que podríamos ser amigos, pero entre amigos no debe haber ese tipo de sentimientos, solo nos dañaría y te juro que lo último que quiero es eso, no quisiera verte sufrir por mi causa. En el pasado te hice daño no deseo repetir la historia.

La rubia cerró sus ojos al tiempo que una lágrima escaba de ellos, se apoyó en una silla ya que le costaba mantenerse en pie por mucho tiempo.

- Bien, si eso es todo…

- Lo siento Susana… - volvió a repetir.

- No te lamentes más.

- Adios… - pronunció en un tono pesado y triste.

Ella no contestó, espero a que el saliera para dejarse caer en la silla, comenzó a llorar sin vergüenza sin necesidad de contenerse, tapó su hermoso rostro con ambas manos temblorosas y siguió lamentándose entre lágrimas por amar a quien no debía.

Terry que estaba del otro lado de la puerta sintió levemente los sollozos de la joven. Apoyó su frente en la puerta y cerró sus ojos, como si su cuerpo noobedeciera tomó el picaporte de la puerta dispuesto a entrar, pero haciendo un gran esfuerzo se alejó del lugar.


Candy estaba terminado de arreglarse cuando escucho que alguien discutía en la planta baja, afino el oído y de inmediato supo que era la tía abuela, en ese momento dejó de lado el cepillo y se ató el cabello lo más rápido que pudo con una cinta azul oscuro.

Salió de su habitación y escucho que Anthony era la contra parte de la discusión.

- He dicho que no! Te prohíbo que hagas ese tipo de locura.

- Tía, ya no soy un niño para que me estés prohibiendo las cosas, diferente era cuando tenía 12 años, pero hoy…ahora no es el caso – le contestó Anthony enojado.

- Quieres que me muera de un disgusto… eso es lo que quieres verdad?

- No…claro que no, acaso no tiene confianza en mí?

Candy comenzó a bajar las escaleras prestando demasiada atención a su discusión, sin que nadie se percatara de su presencia.

- Anthony un rodeo puede ser muy peligroso, como pretendes que lo permita después de todo lo que sucedió? – volvió a protestar la señora

- Quizás es lo que necesito para dejar en el pasado todo ese mal recuerdo, necesito hacerlo me ayudara a superar ese mal trago.

- Mal trago? – preguntó la tía abuela – Pudiste haber muerto, un rodeo no es la mejor opción para superar ese mal trago como le dices, no lo acepto!

- Rodeo?! – se escuchó detrás de ellos – Piensas participar en un rodeo? – preguntó azorada.

- Candy… - Anthony tomó aire – Si participaré en el rodeo del pueblo.

- Pero cómo? no lo realizan hasta mediados de primavera…

- Han construido una especie de gran establo todo cerrado y bueno lo inaugurarán un día después de navidad, la fiesta de inauguración es un rodeo.

- No lo hagas… – dijo casi suplicando.

- Candy, convéncelo por favor – pidió la señora Elroy – Yo no he podido persuadirlo de su decisión.

- Lo siento pero es mi última decisión y nadie…nadie, podrá persuadirme de lo contrario – miró a ambas mujeres antes de retirarse del lugar.

Candy se sentó a duras penas en unos de los escalones de la imponente escalera, le costaba respirar, se llevó una mano al pecho, pálida observó a su tía que no estaba en mejores condiciones que ella.

- Tía… - dijo antes que una lágrima escapara de verdosa mirada – Tengo miedo…

La mujer se dirigió hasta Candy y tomó su mano – Yo también Candy…

24 de diciembre ya habían pasado tres días del encuentro intimo entre Candy y Anthony y dos días de que ninguno se dirigía la palabra después de la dichosa discusión sobre el rodeo. Apenas se habían cruzado, por una extraña razón Anthony siempre tenía cosas que hacer, volvía muy tarde en la noche y se marchaba muy temprano por la mañana.

Las horas pasaron rápido, todos en la mansión se estaban terminando de arreglar, esa noche sería muy especial, Archie haría su proposición de matrimonio a Annie, siendo Candy la única en saberlo. Tocaron a su puerta para anunciarle que la familia Britter ya había llegado.

Bajó a toda prisa y se encontró con su querida amiga vistiendo un delicado vestido blanco, Annie parecía un ángel…después Candy pensó – "No ella se ve como una futura novia", le sonrió y la abrazó con fuerza.

- Candy… - dijo con su calmado tono de voz – Sucede algo, pareciera como si no nos hubiésemos visto en años y si no recuerdo mal ayer tomamos el té juntas.

Candy arrugó la nariz – No, todo está bien…

- En serio?

- Si - Candy miró atrás de Annie y ahí estaban sus padres – Señora Britter, señor Britter, cómo están?

- Muy bien Candy y tú? – contestó Leonor Britter

- Bien…en realidad muy bien.

- Me alegro de escuchar eso pequeña – le dijo amablemente el padre de Annie

- Pasen por favor mi tía y el resto de la familia deben de estar en la sala.

La cena pasó sin contratiempos, el padre de Annie trató de no hablar de negocios pero siempre salía el tema, la tía abuela por su parte compartió una que otra anécdota cuando estuvo a cargo de las empresas de la familia, pero ese tiempo ahora era historia ya que su adorado sobrino William había tomado la las riendas de todo.

Sorprendentemente Leonor Britter encontró más que interesante los consejos de Pietro con respecto a la jardinería. Archie en cambio se mantenía al marjen de todas las conversaciones, no hacía más que enroscar y desenroscar una servilleta, con la misma sonrisa desde que se había sentado en la mesa.

- Archie… - susurro Annie quien estaba junto a él – Qué te sucede?

- Nada, solo estoy un poco distraído.

- Si es así, podrías de dejar de hacer eso con la servilleta, me pone nerviosa.

- Annie… - la miró a los ojos – Annie… - metió la mano en su bolsillo y sintió la pequeña caja, para después sonreírle.

- Qué?

- Te amo…lo sabias verdad?

- Sucede algo Archie? – pregunto la tía abuela y éste sacó la mano de la prenda para volver a agarrar la servilleta.

- Nada tía…

Quienes no se sentían a gusto eran Anthony y Candy que estaba sentado uno enfrente del otro sin mirarse, sin dirigirse la palabra. Por un momento Candy pensó en retirarse a su habitación. Y fue cuando sus mejillas se encendieron al recordar los besos y las caricias de Anthony en la privacidad de su cuarto, pero ese sentimiento se vio desmoronado por el antónimo de este. Jugo por última vez con un trozo de fruta, parte de la decoración del postre dejando la cuchara de lado, levantó la vista y se topó con la mirada de él. Se quedaron por unos segundos sin apartar la vista hasta que Anthony le regaló una de sus tan especiales sonrisas haciendo que el corazón de la rubia quisiera salirse del pecho.

- Pasemos a la sala a brindar – escucharon hablar a la tía abuela y ambos despertaron de su sueño.

Anthony se acercó educadamente para ayudar a Candy a levantarse, apartando su silla – Estas enfadad? – le susurró al oído y ella sintió un escalofrió.

Con su mejor cara de póker le contestó tranquilamente – No, no sé porque lo dices.

- Hace días que me ignoras – le ofreció su brazo para acompañarla a la sala.

- Tú también lo has hecho.

- Entonces si estas enojada…

Ella se detuvo en seco – Mas que enfadada, estoy preocupada y tú sabes por qué.

- Candy, no debes de estarlo, no sucederá nada malo, además necesito superar mi accidente, aun temo cada vez que subo a un caballo.

- Pero te he visto montar, creí que estabas bien, que te sentías cómodo al hacerlo.

- Aun me cuesta…

- Pero porque un rodeo, acaso no sabes lo peligroso que puede ser – Candy esperó una respuesta pero no halló nada de parte del rubio – De acuerdo…si esa es tu decisión la respetaré - soltó su brazo y se sentó al lado de Pietro

Anthony suspiró resignado y tomó asiento al lado de la tía abuela.

- Bien, como falta aún un poco para las doce, Annie… - dijo la tia Elroy.

- Si señora.

- Podrías tocar algo para nosotros? – señaló el piano de cola.

- Claro, será un placer – Annie se levantó y se dirigió al hermoso instrumento, posos sus delicadas manos en las bella teclas de marfil y comenzaron a salir melodiosas notas.

Comenzó con un vals y Pietro se atrevió a sacar a bailar a la tía abuela, quien rio ante tal petición pero no se negó, todos sin excepción se sorprendieron, luego le siguieron los señores Britter,

Archie se quedó al lado de Annie. Candy miró a la pareja que hacia su primo y su querida amiga, no podía estar más feliz por ellos, de repente sintió una mano tomando la suya, desvió la vista hacia arriba y los bellos ojos azul cielo la observaban ansiosos, Candy aceptó, nunca le negaría nada, y lo supo la misma noche en la que casi se entrega a él.

Anthony acarició su espalda hasta llegar a su cintura y la acercó a él más de lo que el baile ameritaba, comenzaron a bailar y el mundo dejó de existir a su alrededor.

Annie los miró y sonrió con tristeza – Que sucede amor? – preguntó Archie notando que algo extraño en su mirar.

- Míralos Archie, porque es tan difícil que sean felices? – Annie suspiró pesadamente y volvió su atención a sus notas.

- No lo se… - contestó él casi susurrando esas palabras.

Archie admiró una vez más a la dama que tenía al lado. Su Annie, al principio no fue fácil cumplir con la promesa que le había hecho a Candy de cuidar de su amiga, pero Annie se desvivía con detalles hacia él, desde las cosas más simple como bordarle un pañuelo hasta lograr conseguir, después de varios intentos, cocinar las galletas que tanto le gustaban, aquellas que le recordaban su infancia junto a su hermano y su madre. Annie estaba en todo lo que él necesitara, acaso podía existir tal devoción de una mujer a un hombre.

De apoco Archie comenzó a sentir que sus domingos sin Annie no eran divertidos, la música le parecía aburrida si no era aquella que la morocha le dedicaba con su azul mirada. Annie era callada es verdad, pero sus ojos decían todo por ella.

Al joven Cornwell le costó sincerarse consigo mismo y reconocer que se estaba enamorando, pero se rindió cuando supo que la señorita Britter se tendría que ir una temporada a Seattle con sus padres.

Flashback

Ellos estaban cursando el tercer año en el colegio San Pablo y los jóvenes amigos, que incluían a Candy, Archie, Stear y Annie volvían a América para las vacaciones de verano. En el puerto de Nueva York los padres de Annie la esperaban para comunicarle que deberían viajar a Washington y lo más seguro era que se volverían a ver cuando emprendieran de nuevo el viaje al viejo continente. La despedida fue como siempre, "correcta" sin muchas demostraciones de cariño, un simple beso en el dorso de su mano y eso a Annie el destrozaba el corazón, ya no sabía que hacer para conquistar el corazón de Archie, lo había intentado todo – "Es que acaso sigue enamorado de Candy" – pensó la joven.

Él la vio partir y sintió un nudo en la garganta tan doloroso que no pudo evitar contener aquella lagrima traicionera que se escapó sin permiso alguno, pero Annie eso no lo vio.

Pasó casi un mes y por fin recibió noticias de ella, una carta sencilla, con una caligrafía preciosa - "tal como ella" - se dijo para si mismo.

En ella le contaba que los días le parecían larguísimos, sin mucho que hacer, el clima era agradable aunque no tenía con quien disfrutarlo, su padre en plenas negociaciones y su madre en reuniones de sociedad. Annie prefería quedarse en el hotel con alguna que otra excusa para no asistir.

La segunda carta llego dos semanas después. Cuando la tuvo en sus manos la besó, la espera resultó ser tortuosa. En esta ocasión Annie sonaba más animada, pudo conocer a unos socios de su padre, que tenía una hija de su misma edad, estaba fascinada porque habían congeniado desde el primer momento, algo muy difícil para ella, por su carácter tímido. Su nueva amiga era una joven llamada Katherine.

A ella le encanta pintar, ha hecho unos paisajes maravillosos es más me ha dicho que me llevara a conocer el puerto de Townsend

Archie encontró en esas líneas mucha felicidad plasmada. Siguió leyendo pero ya no estaba cómodo con el resto de las noticias.

Katherine tiene un primo que ha venido a pasar una temporada, es de New York. Su nombre es Mathew y toca el chelo, Archie que instrumento tan maravilloso, juntos hicimos un dueto, yo en el piano claro, fue algo difícil seguirlo, creo que aún me falta practicar más, aunque me dijo que toco encantadoramente.

- "Encantadoramente" – pensó Archie – Podría haber dicho que toca bien ó excelente pero no Annie…mi Annie – dijo enfatizando su nombre – Según él toca encantadoramente – siguió en vos alta, obviamente disgustado.

Archie le contestaba cada una de sus cartas, aunque sin duda los celos comenzaron a florecer, él se limitaba a sonar lo más tranquilo posible, sus cartas no eran muy largas solo le contaba lo necesario y al final de ellas firmaba "…con cariño Archie".

La tercera carta llego y después de leerla explotó

Math me está enseñando a tocar el chelo es bastante difícil pero creo que voy por buen camino, él y Katherine se han portado tan bien conmigo, han hecho mi estancia en Seattle muy divertida…

Archie hizo un bollo con la carta y la apretó con fuerza, aspiró y exhaló varias veces intentando calmarse, ya no era Mathew ahora es Math – "Desde cuando tanta confianza". Una vez hecho esto quiso terminar de leer la carta tratando de alisarla lo que más pudo.

El lunes partiremos hacia el puerto de Townsend, mentiría si no digiera que no me emociona la idea, quizás tarde en escribirte, pero lo haré al volver a Seattle. Salúdame a Candy y a Stear… con cariño Annie.

Y alli estaba lo que hizo detonar la bomba…con cariño Annie? Buscó desesperadamente en su escritorio las cartas anteriores y leyó el pie de ambas…con amor Annie.

Contó hasta 10 y no consiguió nada, siguió con el conteo mientras preparaba una maleta.

…34, 35,36, 37… - cuatro camisas, cuatro pantalones –…55, 56, 57… - dos chalecos, ropa interior –…79, 81, 82…

Archie siguió contando hasta que tuvo todo listo, salió de su habitación y le informó a la tía abuela que debía hacer un viaje. Ella al principio se mostró apática con la idea, pero Archie se encargó de convencerla.

El viaje en tren se le hizo eterno, creyó que jamás terminaría. No sabía que era exactamente lo que le diría al verla, pero si le dejaría en claro a ese tal Math y a cualquier otro que Annie era su novia.

Cuando llegó al hotel donde Annie y sus padres se hospedaban, pidió una habitación para él, la más cercana a la familia Britter. Al encontrarse con los padres de Annie le informaron que ella y unos amigos habían partido hacia Puerto Townsend.

- Si lo sé, ella me escribió para contarme todo.

- Entonces que harás? – le preguntó el señor Britter mientras tomaba asiento con una copa de brandy en la mano.

- Hacer? Bueno no creo que tarden demasiado o si? – Dudo Archie en ese momento.

- Annie te contó de sus nuevas amistades?

- Si, se le notaba bastante emocionada…muy emocionada… - contesto el joven

- Mas que emocionada, se la ve feliz, hacía mucho que mi pequeña no demostraba tanto entusiasmo – le comentó mientras dejaba la copa en una pequeña mesa – Katherine en una muchacha encantadora con un gran talento para la pintura y Mathew…

- Si, toca el chelo… – dijo Archie despectivamente, sin darse cuenta del tono del comentario, algo que el padre de su novia no dejó pasar por alto.

- Bien entonces creo que necesitaras esto – el hombre se puso de pie buscó un papel y anotó algo en el, haciéndole entrega a Archie – Esta es la dirección de la casa donde se están hospedando, es la casa de los tios de Katherine, no hay tren que vaya a Puerto Townsend, tendrás que ir en coche – el señor Britter lo miró con comprensión – Archivald, no se cómo eres respecto a las tan esperadas demostraciones de cariño que por lo general tienen los novios, pero si no comienzas a demostrarle a Annie tu amor creo que no llegaran muy lejos – después de decir esto le entregó el papel.

Archie tomó y sonrió por primera vez desde que había llegado a Seattle – Gracias señor – el joven Cornwell hizo una reverencia y se marchó, dejando al padre de Annie satisfecho.

Archie bajó a la recepción y pidió al gerente del hotel que le consiga un coche. Su corazón latía con fuerza estaba ansioso de verla otra vez.

Varias horas pasaron hasta que por fin llegaron a la mansión de la familia Cambridge, al tocar la puerta fue atendido por la misma señora, Violeta Cambridge, lo hizo pasar después de su presentación.

- Puedo ofrecerle algo de beber? – pregunto muy atenta la mujer.

- No gracias, pero si pudiera decirme en donde se encuentra Annie, sería fantástico – dijo esbozando una amplia sonrisa.

- Ellos están en el lago, Katherine estaba ansiosa de pintar los paisajes de la zona, y Mathew quería mostrarle a Annie los alrededores. Esta época del años es perfecta para realizar paseos.

- Si me imagino, bien…- dijo poniéndose de pie – Creo que iré a buscarla, necesito decirle algo muy importante.

- Veo que tiene prisa.

Archie sonrió algo avergonzado - Si fuera tan amable de indicarme donde está el lago.

- Claro…Abel! – llamo la mujer.

- Si señora... – contesto el mayordomo.

El joven Cornwell le urge encontrarse con la señorita Britter, podrías decirle a Marcos que lo acompañe al lago.

- Si señora ahora mismo, con permiso.

El coche se estacionó a una distancia bastante apartada, Archie pudo verlos a lo lejos, una joven estaba sentada sobre una manta, pintando sobre un lienzo y luego otros dos mas tirando piedras al lago tratando de que estas rebotaran en el agua. Annie reía, nunca la había visto reír así con él, tan abierta, tan natural, su belleza resaltaba por demás. Archie no pudo negar que el joven era apuesto, un poco más alto que él con el cabello tan negro como el de su novia, rasgos marcados, y de contextura más fornida. El joven Mathew tomó la mano de Annie ayudándola a caminar por unas piedras adentrándose al lago, él se agacho y corto una pequeña flor blanca y se la colocó en el cabello. Archie sentía que la sangre le quemaba.

- Annie! – la llamó casi gritando su nombre.

Ella volteó a ver quién la llamaba y allí se lo encontró, parado con su porte tan característico, vestido con un traje azul que le quedaba perfecto, haciendo juego con su cabello perfecto, rostro perfecto y su mirada…su mirada "Esta enojado?" – pensó enseguida al verlo con el ceño fruncido – Archie… - consiguió decir.

Archie se acercó hasta donde ella se encontraba, tanto la joven Katherine y el Mathew lo miraron extrañados.

- Buenas tardes – saludo Archie en general, siendo este saludo contestado por ellos.

- Archie que haces aquí? – le preguntó Annie desconcertada por la visita.

- Necesitaba hablar contigo – ella bajo la vista temiendo lo que hacía mucho venía dándole vuelta en la cabeza.

- "Archie se cansó de mí y viene a terminar nuestra relación" - ella le regalo una sonrisa forzada pero para la ocasión servía – Claro…perdón no los he presentado, él es Archivald Cornwell y ellos son Katherin Cambridge y Mathew Nobley.

- Mucho gusto… - dijo Archie

- Es un placer poder concerté, Annie nos ha hablado mucho de ti – dijo la Katherine poniéndose de pie para saludarlo.

- Annie? – volvió a pronunciar Archie.

- Si, gustas caminar?

- Claro – Archie como todo un caballero le ofreció su brazo, gesto que ella aceptó.

Una vez que encontraron la privacidad necesaria en esa caminata, comenzaron a charlar – Que sorpresa que hayas venido.

- Disculpa por no avisar pero…no podía esperar, no sabía cuando iba a poder verte.

- No debes de disculparte, pero dime… - dijo tratando de ocultar sus temores.

- Así que ahora soy solamente Archivald Cornwell …

Annie se sorprendió por tal comentario – Si, creo que ese es tu nombre – rio por debajo.

- Antes me presentabas como tu novio Annie… – él se detuvo para verla de frente.

- Ellos saben que eres mi novio, es mas no escuchaste a Katherine decir que he hablado mucho de ti.

- Veo que te llevas bien con tus nuevos amigos.

- Si, son muy agradables – Annie tomó valor para lo que le iba a decir – Archie no creo que tu inesperada visita sea para saber cómo me llevo con ellos o porque me hayas extrañado.

- Acaso dudas de eso, claro que te he extrañado Annie.

- Ya veo… seguramente Stear no ha querido salir contigo – dijo desviando la mirada hacia otro punto que no fuera el rostro de Archie.

- Annie como puedes decir eso! – le contestó enfadado – En que lugar has puesto nuestra relación?

- En el mismo que lo has puesto tú desde que comenzamos nuetra relación – Annie tomó ambas manos de Archie y lo vio directamente a los ojos – Crees que vale la pena seguir intentando? Porque ya estoy cansada…

- Que? – Archie no la dejo terminar – Estas insinuando que terminemos?

- Y acaso no has venido para eso?

- No, claro que no! Vine porque realmente te extraño.

Annie iba a decir algo pero las palabras simplemente no salían – Annie…me estoy muriendo de celos, conmigo nunca reíste como lo hiciste con él – dijo apuntando a Mathew – Crees que me agrado verte tan amigable con el tal Math?

- Archie…

- Pues no… quiero ser yo él único a quien le regales tu mirada y sonrisa tan pura, el único que coloque flores en tu cabello – le dijo sacando la pequeña flor blanca que aún tenía en su cabellera – Quiero que me sigas presentando como tu novio, que tus cartas esten firmadas con amor y no con un simple cariño…

Annie lo observó emocionada, aguantando las lágrimas para no verse tan débil como siempre.

- Annie Britter…te amo – los ojos azules de la joven se cerraron como queriendo grabar en su memoria aquellas palabras que deseo tanto escuchar – Annie mírame y di algo, me amas verdad?

- Mas que a mi vida Archie, te amo desde el momento en el que te conocí…

Archie sonrió satisfecho – Annie, mi preciosa damita… - él acaricio su rostro con ternura y le dio un casto beso en la comisura izquierda de la boca, tomándose su tiempo, lo hizo despacio, aspiró el perfume de Annie que tanto había extrañado, se separó lentamente y la miró de frente. Pero los ojos azules de Annie mostraban algo que no pudo descifrar.

- Lo siento, fue inapropiado de mi parte…

Annie frunció el ceño y coloco sus mano en sus caderas – Archivald Cornwell, has venido hasta aquí a decirme que me amas, que te mueres de celos y me das ese beso, tan…tan… - después de decir eso se dio cuenta que lo que le estaba reprochando.

- Soso? – pregunto él.

Annie le sonrió con alegría, abandonó su pose molesta y tomó el rostro de su amado con ambas manos para darle un beso, su primer beso en los labios, su primer beso de amor. Annie era inexperta solo se guio por lo que su boca demandaba, y eran los labios de Archie. Movió su boca suave y tentadoramente para el joven, se separó apenas de él para regalarle pequeños besos y coronarlo con un "te amo".

Archie la observó hechizado, era como si todo estuviera controlado para que fuera el momento perfecto, no solo el beso que para él fue la experiencia más deliciosa que experimentó en su joven vida, Annie se veía hermosa con un leve carmín en las mejillas, el viento movía suavemente su cabello color ébano, el paisaje era bellísimo, todo estaba dispuesto para ser el mejor recuerdo que su memoria podría guardar. Tomó a Annie por la cintura acercándola a él con fuerza y peligrosamente, sus ojos ambarinos ardían de deseo, esa muchacha le había hecho perder el control en un, dos por tres.

- Archie… - fue lo único que dijo antes que su boca fuera presa de la desesperada pasión guardada por Archie, sus labios se movían expertos a un ritmo rápido y embriagador, él la encerró entre sus brazos y Annie soltó un pequeño gemido que le permitió a Archie invadir su boca por completa, el sabor cálido y húmedo de Annie era exquisito, cuando la respiración comenzó a faltar él la liberó de su boca pero no de sus labios.

- Annie…Dios! Como pude perderme de tus besos por tanto tiempo mi amor?

- No se… - dijo ella divertida – Tendría que haberme alejado antes no crees?

Archie la miró embelesado – Nunca mas te permitiré que te alejes de mi Annie Britter, nunca! Eres mía mi amor! MIA! – Archie la levantó por el aire y giro con ella, feliz por su recién descubierto amor.

Fin del flashback

La música seguía sonando y las parejas disfrutaban de tan agradable ambiente. La tia abuela se disculpó con Pietro pues se sentía un poco cansada, este la acompaño hasta su asiento e hizo una reverencia, la matriarca estaba sorprendida con los modales del joven, era todo un caballero quien podía creer que era un sencillo jardinero, ya que su porte decía otra cosa.

La joven que tocaba el piano absorta de todo y compenetrada en la música no notó cuando su novio se sentó al lado de ella para susurrarle algo al oído – Te casarás conmigo? – le preguntó seductoramente.

- Claro Archie – le contestó como otras veces cuando el joven le hacia la misma pregunta, ya se había vuelto algo de ellos, era su juego.

- Entonces… - Archie saco del bolsillo una pequeña caja que apenas fue percibida por Annie, ella apoyó con fuerza las manos sobres las teclas del piano produciendo un ruido molesto, haciendo que los presentes se pararan en seco.

Annie completamente sorprendida observó cómo Archie se arrodillaba frente a ella, extendiendo la preciada cajita abierta mostrando su contenido, una hermosa sortija en forma de flor, siete pétalos la conformaban y siete mas detrás de los primeros un gran diamante en el medio y pequeños engarzados en cada uno de los pétalo, sin duda una joya impresionante.

- Annie me harías el honor de casarte conmigo, de hacerte feliz cada día de nuestra existencia, de colmarte de este amor que es solamente tuyo – trago en seco para poder continuar – Hazme el honor de ser el hombre que cuide de tu corazón y tu la única en cuidar el mío.

- Si Archie… – Dijo con lágrimas en los ojos mientras Archie colocaba el anillo en el delicado dedo de su ahora prometida y futura esposa.

- Te amo damita, más que a nada en el mundo.

- Yo también – le contestó abrazándose a él con fuerza – Te amo y lo haré siempre.

Los presentes se quedaron encantados por aquellas palabras de amor, esperando a que los novios dieran una señal, parecía que habían dejado de existir para la pareja. Archie se puso de pie invitando a Annie a que hiciera lo mismo.

- Bien familia – Archie los miró – No nos van a felicitar?

Chikis, muchisimas gracias por los reviews que me han dejado, la verdad que me pone mas que feliz que les guste mi historia ya que es para ustedes. Les dejo un beso y un abrazo enormes.

Lala