Los personajes del manga/anime Inuyasha no me pertenecen, además, esta historia está basada en el manga de Yayoi Ogawa y sus versiones. Una adaptación libre.

En fin, aquí les dejo el capítulo.


Capítulo 21. Bajo la lluvia.

—Rin, no tienes que hacer esto. —dijo Sesshomaru, mirando de soslayo a Inuyasha. —Ni siquiera por ese cretino.

—¡Oye! Este cretino ayudo con la comida, ¡tú no hiciste nada, su alteza! —grito Inuyasha mordazmente, para luego tomar con los palillos una porción de tamagoyaki y metérselo a la boca abruptamente.

—Comes como un cerdo. —murmuro su hermanastro.

—¡Caiate desglaciado! —grito Inuyasha con comida en la boca.

—Traga antes de hablar. —gruño el mayor.

Inuyasha lo ignoró y volvió a zamparse una gran cantidad de arroz en la boca.

Debido a que Inuyasha no quería ser una molestia para la muchacha, se había esmerado en ayudarle con el desayuno. Sesshomaru varias veces había sentido ganas de ayudar al observarlos, pero debido a la presencia de "su estúpido hermanastro menor" en la cocina, no se había permitido ser visto cortando los pimientos o algo parecido, sería absurdo, jamás había puesto un dedo en la cocina en toda su vida y seguramente el imbécil de Inuyasha no lo dejaría en paz si empezaba a hacerlo ahora.

—Para mí está bien —respondió Rin con alegría—, además, me gusta que haya gente en esta mesa a la hora de la comida, me hace sentir feliz.

Sesshomaru se sereno al escucharla.

—Como quieras. —respondió.

-o-

—Sobre eso, como le estaba diciendo… —Kagome hablaba por el teléfono de la oficina, trataba de resolver un malentendido, pero de pronto se quedó callada al escuchar que le habían colgado la llamada. —Mal educado… —murmuro con molestia.

—¿Es el tipo del artículo otra vez? —pregunto un compañero.

Ella asintió.

—La próxima vez, permite que conteste yo. —aconsejo otro compañero. —Seguro deja de molestar en cuanto un hombre le hable fuertemente.

Todos asintieron.

—Está bien, puedo solucionarlo. —dijo Kagome, sonriéndoles en agradecimiento.

—No dudes en contar con nosotros, Higurashi. —dijo uno de ellos.

Ella asintió y se levantó para llevar unos papeles.

Últimamente todo le salía mal y se sentía muy estresada, para colmo, Sango estaba muy ocupada y Rin parecía evitarla a toda costa, lo que la hacía sentir más sola.

¿Cómo estaría Rin? ¿Habría podido adaptarse a vivir en casa del hermano de Inuyasha?

"Inuyasha", pensó suspirando.

¿Estaría bien? ¿Dónde estaría viviendo?

"Con esta apariencia podría conseguir que cualquier mujer me reciba…" escucho la voz de Inuyasha resonar en su cabeza. Inmediatamente, su mente dibujo una molesta escena, en la cual se encontraban Inuyasha y Kikyo abrazados y durmiendo en una cama.

Rápidamente, sacudió su cabeza, en un intento por olvidar lo que acababa de imaginar.

"¡Olvídalo!", se ordenó a sí misma, se sentía tan estresada que le apetecía tomar una cerveza.

Sin perder tiempo, camino por el pasillo, cuando…

—¡Momo! —escuchó vociferar a alguien.

Aquello provoco que ella reaccionara, girando su cuerpo con esperanzas de verlo, pero tropezó y cayó de bruces al suelo.

—¡Maldición! —gruño al darse cuenta de que la voz que oyó provenía de una conversación entre dos chicas, las cuales la miraron sorprendidas por su caída.

Durante los últimos días se le había derramado un café en la falda, había confundido unos artículos, había regado agua en unos documentos importantes, no dejaba de recibir quejas constantes por teléfono y, por último, acababa de tropezarse, desorganizando los papeles que llevaba.

—¿Acaso las cosas pueden empeorar? —se preguntó fastidiada.

-o-

El inútil de su hermanastro acababa de marcharse, y había actuado un poco extraño, estaba ansioso, nervioso y apresurado, ni siquiera espero a que llegara el auto con chofer personal.

"Seguro tiene que ver con aquella llamada importante que recibió", dedujo en sus pensamientos.

—Señor Sesshomaru. —lo llamo Rin, quien traía puesto su uniforme, el cual era al estilo sailor fuku y consistía en una falda verde y una blusa con un pañuelo rojo al cuello. —Nos están esperando. —dijo al ver el vehículo estacionado.

Sesshomaru salió de sus pensamientos y empezó a caminar, pero, justo antes de ingresar al vehículo vislumbro algo muy peculiar.

¿Era su imaginación o acaba de ver a alguien esconderse tras estarlos espiando?

—¿Señor Sesshomaru? —pregunto Rin extrañada de su actuar.

Sin decir una sola palabra, el peliplata ingreso al vehículo, mientras hacia una nota mental de aquello…

Alguien los estaba vigilando.

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Observó el gran edificio en el cual se leía con letras grandes y elegantes "Tessaiga Studios", uno de los estudios de grabación más famosos que existían.

Había llegado muy temprano y se había asegurado de dejar a Sesshomaru atrás.

¡No podía creer que ellos decidieran llamarlo para hacer una audición!

Sintió un horrible escalofrío que lo obligo a respirar pausadamente, necesitaba ganar esa audición, lo ansiaba. Después de tanto trabajo y de haber fallado la audición en Takasaki, no podía dar marcha atrás, solo esperaba que lo aprendido en Hakone con los instructores extranjeros le ayudara.

Ahora se encontraba frente a una gran puerta de cristal que indicaba la entrada, estiró su mano para abrirla, y…

—¿Inuyasha Taisho? —pregunto una mujer acercándose, impidiendo que ingresara al edificio.

Inmediatamente, él fijo su vista en ella.

—Soy Ayame, la compañera de trabajo de Kagome. —se presentó la mujer de gran belleza. —¿Me recuerdas?

Inuyasha simplemente la observo con curiosidad y desconfianza.

—Necesito hablarte de algo importante. —dijo la chica.

Inuyasha alzo una ceja como única respuesta y la pelirroja sonrió.

Ambos caminaron hacia una cafetería cercana y Ayame se ofreció a pagar la cuenta en agradecimiento por aceptar la conversación.

—¿Qué es lo que te propones? —pregunto sin rodeos el peliplata.

—Seré directa. —respondió sonriendo y dejando a un lado su taza de té. —¿Realmente eres la mascota de ella?

Inuyasha hizo una expresión de sorpresa, ya que creía que nadie lo sabía.

—Kagome es muy descuidada al hablar con su amiga, la fotógrafa. —comento Ayame con suma tranquilidad. —Debería asegurarse de que ninguna persona pueda estar accidentalmente escuchando… —dijo mientras tomaba otro sorbo de té. —Lo he sabido desde hace mucho, pero quiero que tú lo certifiques.

Inuyasha frunció el ceño.

—Si, lo soy. —respondió, y esperó que el siguiente comentario fuese un chantaje.

—Pero tú ya no quieres ser su mascota, ¿verdad? —continuo la pelirroja hablando astutamente y dando en el blanco.

Inuyasha comenzaba a fastidiarse, por lo que decidió levantarse y salir de allí.

—¡Feh! —bufó. —Escucha, tengo cosas que hacer y…

—Koga le ha propuesto irse con él. —lo interrumpió.

Lentamente, el peliplata volvió a sentarse al oír aquello.

—No estoy mintiendo —continuó Ayame—, me lo ha contado esta mañana, solo está esperando la respuesta de ella.

Inuyasha notó como la mano de la pelirroja apretó fuertemente una servilleta de la mesa y sus ojos se entristecieron. Pero, entonces, ella rápidamente cambio de expresión y con su mano movió su cabello rojo con elegancia para sonreír falsamente.

—Si eso sucediera, ya no podrías estar al lado de Kagome —continuo la chica—, ni como mascota, ni como hombre.

—Mmm… —contesto el peliplata muy serio. —Y, ¿qué quieres que haga?

—Nos entendemos bien. —comento sonriendo al ver la disposición del muchacho. —Quiero a Koga, y tú quieres a Kagome.

—Quieres que seduzca a Kagome. —concluyo el peliplata al comprenderla.

—Piénsalo. —dijo la pelirroja. —A ambos nos conviene.

Inuyasha dirigió su mirada al cielo nublado de aquel día.

—Si no sabes cómo hacerlo, yo podría darte algunos consejos de seducción. —dijo Ayame con una sonrisa burlesca, al percatarse del silencio de Inuyasha.

¿Acaso creía que él era un niño?

Él sonrió y de inmediato se acercó a ella, tomando la mano con la que hace un momento ella había arrugado la servilleta, entonces, la atrajo y…

—Esta debe ser la última carta en tu jugada... —murmuro peligrosamente cerca del rostro de la chica, casi rozando sus narices.

Sonrojada, Ayame se separó bruscamente.

—¡Ya entendí! —dijo molesta e incómoda por aquel movimiento del peliplata. —No necesitas ayuda, eres capaz de seducirla por tu cuenta.

Inuyasha sonrió triunfante.

—Entonces, ¿lo harás?

—No.

Ella lo miro perpleja.

—Estos días he pensado mucho en ello, y decidí que no haré nada que ella no desee. —dijo Inuyasha al recordar el último beso que le había dado a Kagome.

Ayame frunció los labios.

—¿Porque te niegas? —pregunto con molestia. —Ella ha estado contigo y traicionando a Koga al mismo tiempo. —opinó. —Ha jugado con ambos, y ahora que podrías quedarte con ella, simplemente tú…

—Ella jamás ha traicionado a Koga. —la interrumpió el peliplata. —He sido yo quien se ha metido en su relación, igual que tú lo estas intentando ahora.

Ayame lo miro con sorpresa.

—Ambos nos parecemos en eso. —dijo Inuyasha.

—¿No lo ha traicionado? —se preguntó la pelirrosa confundida. —Pero tú y ella viven juntos y…

—Lo único a lo que he llegado… ha sido a besarla, y fui yo quien lo inició, ella jamás tuvo intenciones de traicionarlo. —confesó. —Odia las traiciones entre parejas.

Ayame permaneció en silencio, totalmente confundida.

—No creo que seas una mala persona. —opino Inuyasha al verla tan angustiada.

—Te equivocas. —dijo ella. —Planeaba arruinar su relación.

—Entonces… —dijo Inuyasha. —Si conocías mi situación con Kagome… ¿Por qué nunca se lo contaste a él?

—¿Y ser yo quien le rompa el corazón? —dijo ella entristecida. —No podría...

Inuyasha permaneció en silencio.

—Entonces, ¿ella en verdad ama a Koga? —pregunto Ayame suavemente.

—¿Qué ganaría yo mintiéndote? —dijo Inuyasha un poco triste.

Ayame sonrió con tristeza e Inuyasha le devolvió el gesto.

Ambos lo comprendieron, estaban derrotados.

—¿Qué harás ahora? —pregunto el peliplata.

Ella suspiró.

—Rendirme. —contestó. —¿Y tú?

—Si ella escoge a Koga, yo no lo evitaré. —hablo el peliplata, levantándose del asiento.

—Gracias. —dijo Ayame con una sonrisa tristona.

Inuyasha asintió. —Gracias por el té. —dijo marchándose con dirección a la audición.

Esa conversación le había dado una sensación de valor que no esperaba sentir.

Sonrió.

La presentación de la audición ya no significaba algo imposible para él.

-o-

¿Cómo podía Ayame pedir permiso para marcharse por un asunto personal en un momento así?

El teléfono de su escritorio volvió a sonar y ella bufó.

—Te ayudo Higurashi. —dijo un compañero contestando la llamada.

Kagome le agradeció y decidió salir para beber algo, estaba sedienta. Se acercó a la máquina expendedora de bebidas y observo las latas a través del cristal.

"Necesito una cerveza", pensó, y luego sacudió su cabeza. "No puedo beber en el trabajo".

Decidió elegir una gaseosa, pero al abrirla… el líquido prácticamente le exploto en un baño de espuma que dejo manchada su blusa.

—Hoy no fue mi falda, pero si mi blusa… —murmuro frustrada. —¡El universo me odia!

-o-

Tres personas se encontraban reunidas mientras charlaban.

—La vi salir otra vez de ese edificio. —dijo Manten. —Estaba junto a ese tal Taisho.

—Así que ahora… Rin es el juguetito sexual de los hermanos Taisho. —dijo Hiten burlonamente. —Salió más astuta de lo que pensaste, Abi.

Abi hizo una mueca. —Pequeña puta. —dijo entre dientes.

—He visto también a Kuroro con ella. —dijo Manten, al recordar a la cachorra.

—Mmm… —Hiten sonrió con malicia. —Esto mejora las cosas. —dijo mientras su mente empezaba a maquinar un gran y astuto plan.

—¿Qué estas planeando? —pregunto Abi confundida.

—Capturaremos a tu linda hija. —dijo Hiten mofándose. —Lo haremos parecer un secuestro.

Abi sonrió al comprenderlo. —Al fin ganare algo de dinero por esa malnacida.

—Mucho dinero. —la corrigió Hiten.

—¿Y cómo lo haremos? —pregunto Manten sonriendo.

—Tú —dijo Hiten—, tú lo harás.

—¿Cómo? —pregunto el grandulón confundido.

Abi puso los ojos en blanco. —¡Síguela! —gritó.

—Pero ella nunca suele estar sola… —dijo Manten intimidado por los gritos de la mujer.

—Vigílala. —propuso Hiten con un espeluznante brillo en sus ojos. —En algún momento, ella estará sola.

-o-

—¡Eso fue excelente muchacho! —le palmeó la espalda Totosai. Un anciano delgaducho, de ojos enormes, calvo en la coronilla de su cabeza, llevaba bigote y barba muy finas. Era uno de los jueces del evento.

—Gracias. —respondió Inuyasha.

—Creo que eres uno de los favoritos, deberás conseguir un representante.

Inuyasha asintió.

—Bien, me despido… Seguramente hay alguien esperándote con ansias por saber cómo te ha ido en la audición. —dijo el viejo marchándose. —Debes celebrar con esa persona.

La mirada de Inuyasha se ensombreció, Kagome había llegado a sus pensamientos.

Sin más, el peliplata salió por aquella gran puerta de cristal y se percató de que había empezado a llover, en silencio abrió su paraguas. La hora en su celular marcaba las siete de la noche. Se presentaron tantos participantes que la audición había tardado demasiado y debido a la lluvia todo se veía mucho mas oscuro de lo usual.

Mientras caminaba no pudo evitar escuchar un montón de voces en su cabeza.

"Seguramente hay alguien esperándote…" escuchó en su cabeza la voz del viejo Totosai.

"Tal vez sea bueno que hables con ella" la voz de Rin le siguió.

"Te quierooo Momooo" escucho la voz borracha de Kagome.

"Koga le ha propuesto irse con él" aquella frase de la pelirroja hizo eco en su cabeza.

Una inmensa ansiedad se apoderó de él.

—Necesito verla, aunque sea una vez más. —murmuro con franqueza y hecho a correr por la acera encharcada.

-o-

¡Las cosas si podían empeorar!

—Maldición. —murmuro abrazándose a sí misma mientras caminaba.

Había olvidado el maldito paraguas.

Koga trabajaría hasta muy tarde y ella últimamente lo había estado evitando, ya que aún no tenia una respuesta para la propuesta de él.

Así que, se dirigía sola al departamento cuando la lluvia la sorprendió. Ningún miserable taxi había estado libre esa noche lluviosa, era de esperarse, con un clima así los taxis llegaban a escasear.

Las calles estaban vacías, solo la acompañaba el ruido del agua al caer de forma acelerada.

Kagome miro al cielo, la lluvia no parecía querer detenerse.

—Que fiasco. —gruñó.

Sin percatarse, dio un paso en falso y el tacón de su zapato se rompió, provocando que se tambaleara.

Cayó al suelo de rodillas, apoyándose con las manos en el piso y sintió gran dolor. Al instante, observó como un charco de agua se tornaba de un color rojizo debajo de su rodilla derecha. Acababa de lastimarse.

Permaneció inmóvil, arrodillada, mirando fijamente el agua carmesí.

—Inuyasha. —murmuro, y sus ojos se llenaron de lágrimas. —¡A quien engaño! —vociferó cerrando fuertemente los ojos. —Lo extraño tanto, ¡estúpida mascota! —una lagrima resbalo de sus ojos hasta la punta de su nariz. —¿Por qué? —murmuro. —¿Es que acaso hice algo horrible en mi vida pasada para ser castigada de esta manera?

De pronto, escuchó pasos apresurados que se dirigían hasta ella y dejo de sentir la lluvia en su piel. Dirigió la vista al frente y observo unos zapatos deportivos oscuros. Lentamente subió su mirada hasta dar con unos intensos ojos dorados.

Inuyasha se encontraba frente a ella.

Él respiraba agitadamente y la observaba con sorpresa mientras le brindaba protección contra la lluvia con su paraguas.

Ninguno dijo palabra alguna.

Inuyasha se acuclilló para entregarle el paraguas y luego darle la espalda.

Ella entendió lo que él intentaba hacer.

Entonces, Kagome coloco su brazo izquierdo en el hombro de él, mientras con su mano derecha sujetaba el paraguas.

El peliplata paso sus manos por las piernas de ella y finalmente se levantó, llevándola en su espalda.

—¿Qué haces aquí? —pregunto ella débilmente.

Aún con el ruido de la lluvia, Inuyasha le entendió por la cercanía en la que se encontraban.

—Necesitaba verte. —contesto con sinceridad.

Kagome escondió su rostro en la espalda de él, percibiendo su aroma tan característico.

—Lo siento. —dijo ella con voz estrangulada.

Inuyasha sintió su corazón encogerse mientras caminaba.

—Soy yo quien debe disculparse.

Ella no respondió.

—Kagome. —la llamó. —Olvida lo que sucedió en las vacaciones, por favor.

Kagome abrió ampliamente los ojos. ¿Qué le estaba pidiendo?

—Perdóname, y olvídalo todo… Continuemos como antes, aún no quiero separarme de ti.

Kagome empezó a sollozar en silencio, no entendía porque lloraba, pero no podía detener sus lágrimas.

Inuyasha sabía que ella estaba llorando, debido al ligero movimiento de su cuerpo al sollozar. ¿Lloraba de alegría o de tristeza?

Sintió que ella lo abrazaba con fuerza.

—Está bien. —dijo ella con voz rota. —Todo volverá a ser como antes.

Continuará…


Tamagoyaki: es una especie de tortilla de huevo que se puede encontrar en la cocina japonesa. Se suele servir como parte del desayuno o en platos de sushi.

Sailor fuku: es un uniforme escolar japonés extensamente usado por las estudiantes japonesas que cursan la escuela secundaria y preparatoria.

¡Hola! ¿Cómo están?, acá llueve mucho jajaja (de hecho, escribí este capítulo con lluvia).

¡Por fin hubo reconciliación! ¿Creen que las cosas vuelvan a ser como antes? ¿Sera que Ayame finalmente se rindió? ¿Cómo acabaran los planes del padrastro de Rin?

Valkiria-San: ¡Feliz cumpleaños! Te dejo este capitulo como regalo atrasado jajaja... Me alegra siempre verte en los reviews.

¡Gracias por leer! (=^・^=)

02/02/2019