Harry Potter y todos sus personajes le pertenecen a J.K. Rowling. Incluso Ron y Hermione, a mi parecer, de las mejores parejas jamás creadas.


21.- Un Final Feliz.

Todo era un completo caos.

En la planta alta se escuchaba claramente como dos personas discutían. En las escaleras, una niña llamaba a gritos a su madre. En el corredor, un niño iba y venía, depositando todos los dulces que pudiera encontrar en una pequeña mochila.

Harry Potter, sentado en el sofá de la sala, bufó.

Hermione bajó las relucientes escaleras de la casa resoplando de indignación. En una mano llevaba una chaqueta rosada y en la otra un peine.

−… se lo dije… ya es tarde… ¡Nunca me hace caso!− murmuraba Hermione con enojo, luego se fijo en su amigo y dibujo una mueca de culpabilidad en el rostro. –Lo lamento, ya casi estamos listos, Harry.

− ¡Mamá!− la llamó la niña que había estado sentada en las escaleras. Tenía unos nueve años y era idéntica a Hermione, salvo por su color de cabello pelirrojo y brillante. − ¡Mamá!

− ¿Qué, Rose?− preguntó su madre con exasperación y pasó la mirada por la sala, en busca de su otro hijo.− ¡Hugo, ven aquí!

−Te llamaba para decirte que no quiero esa chaqueta− dijo la niña con una mueca. –No me gusta.

−Es la que te dio tu tía Fleur, está casi nueva… ¡Hugo!

− ¡Pero no la quiero!

−Entonces ve y busca otra− dijo Hermione rodando los ojos. –Pero, rápido. Y dile a tu padre que baje de una vez, por favor.

Rose subió las escaleras mascullando cosas sobre los gustos estrafalarios de su tía Fleur (Que Vicky se vista como muñequita, no quiere decir que yo tenga que hacer lo mismo). Hermione pasó la vista una vez más por el vestíbulo y gruño.

− ¡HUGO!

El niño que había estado escondiendo dulces en su mochila, salió de la cocina con la cara llena de chocolate. Él también tenía el cabello pelirrojo, como su hermana, pero era más bajito, tenía más larga la nariz y estaba lleno de pecas.

−Te dije que no tocaras los chocolates− lo regaño Hermione y sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiarlo. –No debes comer golosinas antes de la comida.

−Papá dijo que podía− objetó el chico y refunfuño cuando su madre comenzó a pasarle el peine por el desordenado cabello.

−Tu padre…− murmuró Hermione enojada. –En un momento arreglare cuentas con él. ¡Rose! ¡Baja ya!... Ya casi, Harry… ¡Rose!

− ¿Por qué no estás con Lily, Albus y James, tío?− preguntó Hugo sentándose junto a Harry. Las piernas le colgaban del sofá y con sus manos abrazó la mochila que contenía sus tan preciados dulces (Mamá no me deja llevarlos, pero James dice que podemos esconderlos).

−Tu tío y tu padre tenían mucho trabajo y decidieron llegar juntos al cumpleaños del abuelo Arthur− contestó Hermione mientras arreglaba su bolso. Harry asintió. –Claro que tu tío no contaba con que nos íbamos a tardar tanto en estar listos… ¡Rose!

Unos segundos después, la niña bajó con una chaqueta que consideraba más decente, seguida Ron, que cargaba una pesada caja entre las manos.

−Yo no sé qué diantres va a hacer mi papá con un microondas− dijo y dejó caer la caja en la mesita de centro. –Mamá ni siquiera va a dejar meta la comida ahí dentro.

−La próxima vez, entonces, tú te encargas del regalo− dijo Hermione ásperamente, mientras le hacía a Rose una coleta en el cabello.

−Estaba trabajando− gruño Ron.

− ¡Yo también trabajo!− chilló Hermione y le dirigió una mirada glaciar. –Te dije que debías ir más temprano al Cuartel de Aurores, porque si no íbamos a tardar en estar listos, pero…

− ¡Harry dijo que podía llegar más tarde!

−Y tú, como siempre, te aprovechas de lo que Harry te dice…

− ¡Quiero irme!− exclamo Hugo haciendo un puchero. A su lado, Rose miraba a sus padres con los brazos cruzados.

−Harry, ¿podrías encargarte?− preguntó Hermione cambiando repentinamente el tono de su voz a uno más dulce.

Harry asintió y se levantó del sofá. Con una seña le indicó a sus sobrinos que se acercaran y luego los encamino a la chimenea que estaba en el corredor. Ambos niños parecían, más que nada, aburridos de oír las discusiones de sus padres (No te preocupes, tío Harry. Así es cada sábado).

−Es muy tarde− gruño Hermione cuando sus hijos salieron de la sala.

−Es el cumpleaños de mi papá, no una cita con el Ministro− dijo Ron con los ojos en blanco. –No sé porque te pones así.

− ¿"Así"? ¿Y cómo quieres que me ponga? ¡Harry lleva esperándonos quien sabe cuánto tiempo! Los niños no estaban arreglados, tú tardaste años envolviendo el regalo...

− ¿Cómo iban a estar arreglados los niños? ¡Tú querías que Rose se pusiera la ridícula chaqueta que le dio Fleur!

− ¡Dejaste que Hugo comiera chocolates antes de la comida! ¡Sabes que eso no me gusta!

Harry había regresado ya y estaba recargado en la pared, con los brazos cruzados y una mueca de terrible aburrimiento en la cara. Tal vez debió acompañar por la red flú a sus sobrinos…

− ¡No tiene nada de malo! ¡Deja al niño comer lo que quiera!

− ¡Si, claro! ¡Para que le salgan cientos de caries!

− ¿Y? De todos modos, esos dientes se le van a caer pronto, ¿no?

Hermione entrecerró los ojos y luego vio la enorme caja que Ron había llevado. El papel azul, completamente arrugado, se salía por las orillas y el moño dorado estaba puesto al revés.

− ¿Y por esto te tardaste tanto?− exclamo, señalando el regalo.

−Bueno… Es que… − Ron bajó el tono de su voz y se rascó la nuca. –No encontraba mi varita, así que lo envolví a mano…

− ¿Y tu varita?− pregunto ella, repentinamente preocupada.

−No, ya la encontré…

− ¿Y dónde estaba?

Las orejas de Ron se pusieron rojas y él bajo la cabeza, avergonzado. Luego suspiro con resignación y se mordió el labio.

−La traía en mi bolsillo, solo que no me había dado cuenta…

Lo único que se escucho en ese momento fue una risita burlona. Harry, mirándolos desde la esquina, tosió un poco para disimular. Sin embargo, el ambiente tenso pareció desaparecer con ese comentario.

Hermione miró a su esposo aun con los ojos entrecerrados. Ron estaba completamente rojo y miraba el suelo. Una sonrisa fue extendiéndose por los labios de Hermione sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. Igual que siempre, Ron la hacía olvidar sus fríos y lógicos pensamientos, sin siquiera esforzarse.

Soltó una risita que poco a poco se convirtió en carcajada. Ron alzó las cejas sorprendido, pero también comenzó a reír. Se acercaron poco a poco, consientes de que el completo caos ya había desaparecido de su casa. Se abrazaron, aun riendo.

−Lo lamento− dijo Ron y la estrecho más contra sí.

−Yo también, no debí decirte…

−Está bien. De ahora en adelante, llegare temprano al Cuartel para que no pasen estas cosas…

−No lo harás− dijo Hermione arqueando las cejas.

−Tienes razón− dijo Ron torciendo una sonrisa.

Hermione volvió a soltar una risita y luego ambos se miraron a los ojos.

Había pasado muchísimo tiempo y a pesar de eso, las cosas no parecían cambiar. Seguían siendo ellos mismos, seguían peleando por tonterías, seguían llevándole la contraria al otro, seguían siendo tercos y obstinados… Y seguían amándose con la misma intensidad de siempre.

Tal vez más.

Se besaron. Solo como ellos sabían hacerlo. Encontrando un punto medio entre la desesperación y la calma, entre la determinación y la mesura. El mundo desaparecía porque solo ellos dos podían entender ese maravilloso y raro juego que tanto amaban.

Y que nunca querían dejar.

Alguien tosió fuertemente fuera de su realidad, obligándolos a separarse. Harry, aun en la esquina de la sala, los miraba con las cejas levantadas y los brazos cruzados.

−Lo siento− se disculpo Hermione y sonrió al notar que la habilidad de su amigo para interrumpir esos momentos seguía siendo inquebrantable.

− ¿Por qué no te adelantas a la Madriguera, eh?− preguntó Ron mirándolo con seño. –Diles que llegaremos más tarde…− luego Ron estrecho a Hermione aun más contra sí y le dirigió una mirada traviesa.

−Oh, no. De ninguna manera− replico Hermione al notar las intenciones de su marido y sonrió. –Tu madre nos va a matar si nos retrasamos más.

Ron soltó un quejido cuando ella se soltó de su abrazo y comenzó a caminar hasta la chimenea, tirando de su brazo para que él hiciera lo mismo.

−De todos modos, mamá no va a dejar que papá use el microondas…

−Ya te dije, la próxima vez, tú te encargas del regalo.

− ¡No! Sigue el cumpleaños de Percy, ¿Qué diantres le voy a comprar?

−Estoy segura que te las ingeniaras.

−No podré, la brillante eres tú.

−Di lo que quieras, tu vas a comprar ese regalo.

Harry escucho claramente como sus dos amigos eran tragados por las llamas verdes de la chimenea. Soltó un suspiro de resignación y tomó el regalo mal envuelto que habían olvidado en la mesita.

−Típico− se quejó y con el regalo entre sus brazos, se encamino a la chimenea.

FIN.


¡Hola! ¿Les gusto? La verdad es que el final fue pensado desde el comienzo, pero le di como mil vueltas para que me gustara el resultado. Un "Final Feliz" es muuuuuy típico, ¿no creen? Y ese es el final feliz que me imagino para ellos. Enamorados hasta el fin pero sin dejar de ser Ron y Hermione, despues de todo :)

¿Se fijaron que Harry solo hablo en el primer y último capitulo? ¡Y solo una frase! XD Pero quería que fuera él el que dijera el "típico" final porque... Bueno, es el testigo de su historia de amor, ¿no? nadie mejor que él.

Y así termina mi primer fic de momentos perdidos entre estos dos. Espero lo hayan disfrutado, porque a mi me encanto escribirlo.

Talvez pronto suba algo de estos dos :) Pero aun son varias ideas sueltas en la cabeza.

¡Reviews plis! (Por última vez...)

¡Los quiero! Gracias por leer mis ocurrencias.