Disclaimer: Los personajes de Sherlock Holmes no me pertenecen, sino a su autor Sir Arthur Conan Doyle. La serie "Sherlock" pertenece a la BBC; la serie "Grimm" pertenece a Stephen Carpenter y está inspirada en los cuentos de los hermanos Grimm. Este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Personajes: Sherlock, John Watson y otros.
Aclaraciones: Este fic es del fandom de Sherlock de la BBC, únicamente tomaré algunas características del universo de Grimm (y quizás menciones de los personajes), por lo que no es un crossover como tal.
Advertencia: Este fic contienes slash, mpreg (algo de omegaverse), y lo que se me vaya ocurriendo, kesesesese.
Resumen:Sherlock, uno de los mejores Grimm del clan Holmes, tuvo que dejar a su hijo al cuidado de su hermano Sherrinford, pues no se sentía apto de hacerlo después de la muerte de su pareja. Todo su mundo fue cuesta abajo desde que Víctor fue asesinado, pero un Wiender Blutbad llamado John Watson llega a la vida del detective.
¿Podrán ser felices a pesar de sus diferencias?
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Grimm
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Capítulo 18.- Larga vida a su Majestad
William tuvo que irse al poco tiempo de iniciada su investigación por una emergencia en el MI6. John recibió un mensaje de Mycroft para que buscara el móvil con cámara, la idea era sin que se enterara Sherlock, pero por supuesto, nada más entrar, Holmes se dio cuenta de todo.
―La próxima vez, dile a Will que haga el trabajo ―dijo Sherlock.
John trató de hacerse el desentendido.
― ¿Trabajo?, ¿de qué hablas? ―pero Holmes no le respondió, en su lugar, se encerró en su habitación. Sherlock pasó días sin hablar, únicamente concentrado en su violín; Will no había regresado a Baker Street ―John sospechaba que era cosa de Mycroft―, pero se comunicaba con el wesen, ya fuese por móvil (mensajes) o correo electrónico.
La señora Hudson recogió el plato con el emparedado intacto que le había servido a Sherlock por la mañana, miró a John a su lado; los ojos de Watson brillaban en una mezcla de preocupación, celos y dolor; ¿estaba perdiendo a Sherlock por esa… Mujer? Se mordió el labio inferior. Trataba inútilmente de aferrarse a las palabras de Will:
"La toxina de las Musai hace a los hombres perder la cabeza. Es como estar drogado, se le pasará con el tiempo o cuando Irene Adler muera".
Y lo estaba, entonces, ¿por qué Sherlock parecía tan interesado en aquella melodía que hasta ahora, no lo había escuchado tocar?
― ¿Es nueva? ―dijo John y el detective lo miró.
―Me ayuda a pensar ―hubo una pausa antes de que el wesen preguntara sobre el asunto que mantenía a su mente ocupada. Sherlock dejó de tocar de repente y miró la portátil ―El contador de tu blog, sigue marcando el mismo número.
El blutbad asintió.
―Sí. Se dañó y no puedo repararlo ―suspiró ―, tendré que pedirle a Will que lo haga cuando regrese de, donde-sea-que-se-encuentre.
― ¡Oh!, tal vez alguien lo hackeó ―dijo al tiempo que dejaba con cuidado el violín y el arco en el sofá. Sacó el móvil con cámara y procedió a teclear los números.
"Error. Quedan 3 intentos".
Sherlock se desilusionó por ello. Volvió a tomar el instrumento mientras murmuraba, "está dañado" y continuó tocando.
Seis meses. Seis malditos meses en los que Sherlock Holmes se había mantenido ensimismado. Will llevaba la misma cantidad de tiempo fuera de Londres; al parecer, había "asuntos Grimm que requerían de su atención y que Sherrinford no le tenía permitido dejar de lado", o al menos eso le había dicho en su último mail, siete semanas atrás.
John salió de casa, afuera se encontró con una mujer realmente atractiva con quien coqueteó sin pensar. Cierto que tenía a un hombre de pareja y que, definitivamente amaba (aunque fuese un dolor de cabeza en muchas ocasiones), pero eso no significaba que fuese gay, claro que no, ya había especificado con anterioridad que él, John Watson, simplemente era Sherlocksexual. Sin embargo, sus intenciones de flirtear se vieron interrumpidas cuando la dama se acercó a un lujoso auto negro y abrió la puerta. John se subió pero no dejó de quejarse sobre Mycroft y su complejo de Dios. Lo que sucedió, no se lo esperaba; no fue el político quien lo recibió.
Irene Adler estaba delante de él luciendo tan hermosa y elegante como siempre. Watson frunció el ceño, la furia tomando el control de su woge.
―Dile que estas viva ―dijo John, su voz ronca, oscura, aterradora.
―No lo haré ―Irene también mutó; de todos los wesen, definitivamente los blutbaden no eran sus favoritos, su sed de sangre y salvajismo era mayor a su lujuria, por tal caso ellos mataban primero y preguntaban después.
―Bien ―Watson volvió a retomar su apariencia humana, luchando por mantenerse controlado. ―Entonces yo se lo diré, y aun así no te ayudaré.
―Vaya, Sherlock es muy afortunado de tenerte como novio ―los ojos de John se volvieron rojos, esa… arpía se estaba burlando.
Irene dio un paso atrás, asustada.
― ¿Qué le digo?
―Lo que siempre le dices ―dijo molesto ―, le has estado enviando un montón de infernales mensajes ―Irene sonrió; el blutbad estaba celoso, pero prefirió no decir nada.
―Jamás contesta.
―Sherlock siempre contesta; es un maldito Grimm que derrotaría a Dios con tal de tener la razón ―Irene sacó su móvil y leyó algunos de los mensajes que le envió a Holmes, John tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no entrar en woge y arrancarle la tráquea a la musai de un mordisco.
Esa maldita zorra estaba filtreando con Sherlock. Finalmente, y luego un intercambio breve de palabras, Irene envío otro mensaje:
"No estoy muerta. Vamos a cenar".
Segundos después, ambos escucharon un gemido muy próximo a ellos.
Sherlock los había estado espiando.
…
Sherrinford y su esposa se encontraban en una cena de caridad que uno de los miembros del Parlamento había organizado. La cabeza de la familia Holmes odiaba ese tipo de eventos; eran una pérdida de su valioso tiempo, por eso enviaba a Rosela o a alguno de sus hijos en representación, pero esta vez, no pudo rehusar la invitación; uno de los príncipes del Reino Unido se encontraba ahí.
― ¿Quieres relajarte? ―dijo Rosela tomando a su esposo por el brazo. ―Las personas comenzaran a hablar de lo amargado que eres.
―Es un evento mundano, lleno de humanos ―respondió Sherrinford haciendo una mueca de asco.
―Y miembros de la realeza.
―Que no dejan de ser humanos ―Rosela negó con la cabeza, jamás entendería ese odio irracional que su esposo tenía.
―Es una lástima que Will esté tan ocupado con el MI6 y que Anastasia y tu madre no pueda salir de la mansión; les había encantado venir.
Sherrinford bufó; era preferible que Violet se mantuviera como estaba, ocupada con su nueva nieta, Anastasia era inútil en una pelea estando en silla de ruedas, sin mencionar el aspecto lastimoso que daba. Will, debía terminar los arreglos de su nuevo sistema: Babel.
…
Sherlock había regresado al 221B luego de descubrir que La Mujer no estaba muerta; se sentía como un idiota por haber caído en su trampa. El tren de pensamientos así como sus pasos, se detuvieron frente a la puerta que daba a la calle, algo andaba mal. Sus instintos no le fallaron, la señora Hudson había sido tomada como rehén. Simples humanos, a excepción de su líder: un Lowen que no tardó en vencer.
Mientras apuntaba al wesen con su arma, llamó a Gregson para informarle lo que había acontecido en el 221B de Baker Street y la necesidad de una ambulancia para auxiliar al criminal.
― ¿Cuántas veces fue que cayó? ―dijo Tobías, con fingida curiosidad, una vez llegado al lugar mientras tomaba los datos, mirando a Sherlock.
―No lo sé ―respondió el detective con inocencia. ―Fue todo tan confuso.
―Es una pena que no estuvieran en un piso más alto ―agregó el wesen antes de alejarse de Holmes.
Apenas unas horas después, mientras John trataba de "consolar" a la señora Hudson, la madre de Sherlock llegó; sus ojos enrojecidos por el llanto que había logrado correrle el exquisito maquillaje que siempre llevaba. Con la matriarca de los Holmes, venía una de sus damas de compañía, una Hexenbies.
―Oh, Sherlock… ―dijo la mujer escondiendo su rostro en el pecho del detective.
― ¿Madre?
―Sherrinford y Rósela… ―sollozó. Violet se vio de pronto sin voz; estaba en shock, no iba a poder proseguir.
―Será mejor que vea las noticias ―dijo la wesen y la señora Hudson se apresuró a encender el pequeño televisor que tenía en su piso.
En todos los canales, se anunciaba el atentado cometido en casa de Sir Arthur Mustang donde habían muerto Sir Sherrinford Holmes y su esposa Lady Rósela Holmes.
…
Sherlock observó el ataúd que contenía a su hermano; reconoció el buen trabajo que las Hexenbies habían hecho para hacer que se viera más… entero. Sherrinford había recibido un disparo que destruyó la parte posterior de la cabeza, el mismo proyectil había logrado impactar en el pecho de Rósela, causándoles la muerte instantánea a ambos.
Dos pájaros de un tiro.
El francotirador había hecho algo que los medios y aún, los más capacitados tiradores consideraron como una milagrosa puntería.
Sherrinford y Rósela se encontraban en la fiesta cuando se produjo el sonido de vidrios rotos, seguidos de los gritos asustados de los asistentes que interrumpieron el ambiente agradable. La bala entró por uno de los grandes ventanales que daban al exterior, alcanzando a sus víctimas. El edificio que se identificó como el lugar de donde se realizó el disparo, se encontraba a unos 500 metros de distancia.
El detective consultor guió sus pasos hasta encontrarse con su madre; su delgada figura cubierta por el luto. Ya no lloraba, su arraigada y estricta educación aristocrática y Grimm le impedía mostrarse débil ante los demás, sin importar que tan dañada estuviera, y esa noche, Violet nuevamente estaba destrozada.
―Madre… ―ella lo miró. Una lágrima caprichosa logró escaparse por el rabillo de su ojo y Violet se apresuró a apartarla. ―Todo estará bien, Mycroft y yo encontraremos al responsable. Violet asintió con la cabeza, pero ella ya había ordenado a sus damas dar con el asesino, quizás una Hexenbies no tenía las habilidades deductivas de los miembros principales de la familia Holmes, pero sus hechizos les daban cierta ventaja. Era cuestión de tiempo para que encontraran al culpable y pudiese vengar la muerte de su hijo y nuera.
William observaba a su padre consolar a su abuela. Suspiró. Muchas veces se imaginó siendo coronado rey Grimm, pero en sus fantasías, siempre era un hombre que rondaba los treinta, con la fortaleza para tomar dicho cargo, no un mocoso que ni siquiera tenía la edad legal para beber.
― ¿Te encuentras bien? ―Anastasia lo miraba preocupado y Will se sintió un idiota. Su prima había perdido demasiado en su vida: su amado hermano, el uso de sus piernas, hasta su belleza y la posibilidad de ser coronada reina Grimm (estúpidas leyes arcaicas), ahora se sumaba el hecho de que sus padres estaban muertos. Al menos él tenía a Sherlock y a John.
―Eso es lo que yo debería preguntarte.
Anastasia suspiró. No sabía cómo lidiar con sus sentimientos. ¿Qué es lo que debería sentir? Por una parte, su madre siempre fue una figura presente durante gran parte de su infancia, alguien a quien recurrir por asesoría, pero no por cariño; su padre, más ausente; a él siempre le consideró como un maestro estricto que busca amoldar a sus alumnos a sus estándares rígidos y hasta obtusos. Les extrañaría, sí, pero no con cariño, más bien, como la estatua que decoraba el jardín por años y que de un día para otro, ya no está más.
―Es… extraño. Siempre pensé en padre como una especie de súper Grimm… invulnerable. Sin errores. Algo más parecido a una máquina que a un humano ―las palabras de Anastasia carecían de sentimientos y Will sintió pena por ella. No les fue posible seguir con la conversación; el príncipe heredero del Reino Unido se acercaba a darles el pésame.
Los funerales fueron solemnes y con tanta pompa como se esperaría de alguien como Sherrinford Holmes.
…
William observó todo a su alrededor; acaba de ser nombrado rey y los miembros de las familias Grimm más importantes, así como representantes de las siete familias reales, estaban ahí para presentar sus respetos.
Cerró los ojos, tratando de desconectarse de la realidad, pero los vítores le resultaban imposibles de eludir:
¡Larga vida a su Majestad, el rey William Víctor Holmes!
Continuará…
