EN PEDAZOS

(Broken Pieces)

Por Linay

Traducido por Inuhanya

Disclaimers: Yo no creé a Kenshin & Kaoru! O a Megumi, Aoshi, Katsura o Takasugi. Pero los distorsioné para los propósitos de mi historia.

Nuevos personajes:

Tomomi: La compañera de clases de Kaoru.

Ieyasu Tokugawa: Líder del grupo político Bakufu.

Kazuma Ishigawa: La mano derecha de Ieyasu.

Genji: Otra sombra asesina como Kenshin - acosó a Kaoru en capítulos anteriores.

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Capítulo 21: Pequeño Espía

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La esperanza, con una suave brisa,

Mueve nuestros corazones como hojas.

"La primavera termina, las aves lloran. Los ojos de los peces están llenos de lágrimas."

"Bien recitado, Kamiya!" exclamó el profesor de literatura, juntando sus manos.

Kaoru sonrió tontamente mientras se inclinaba levemente y se sentaba de nuevo en su silla.

"Kamiya eligió recitar un Haikou de Matsuo Basho," continuó el profesor, dirigiéndose al resto de la clase, "Él fue uno de los poetas más famosos que vivió durante el período del shogunato de Japón. Kamiya," le sonrió a Kaoru, "Para alguien que se ausenta con frecuencia, ciertamente estás bien informada en literatura!"

"No es maravillosa," murmuró una compañera, girando sus ojos.

"Qué fue eso, Fukuoka?" preguntó el profesor, "También tienes un poema para compartir?"

La estudiante tosió y sacudió su cabeza.

"Estás segura?"

"No, señor."

"Bueno, entonces," anunció en voz alta, "La clase termina para almorzar."

Cuando el profesor dejó el salón, los estudiantes llenando el salón se levantaron y estiraron de sus escritorios, aliviados de que finalmente fuera hora de almuerzo. Kaoru se ocupó guardando sus notas en un folder.

"Bien recitado, perra," espetó un joven en su dirección mientras se rozaba por su escritorio.

"Sí," siseó otro, haciéndolo como si sonara en su oído, "Estoy seguro que lo dijiste mientras fornicabas con tu monstruoso amigo de allá."

Kaoru presionó sus labios y se levantó abruptamente, mirando las espaldas de sus compañeros en retirada.

"No les prestes atención," un suave susurro desde atrás llenó sus oídos, "Lo has hecho bien."

Kaoru suspiró y recogió sus libros. "Dónde quieres comer, Kenshin?" preguntó ella, girándose para mirar al hombre vestido oscuro que permanecía tras ella.

"En donde el aire sea fresco," dijo él, su voz baja y plana.

"Conozco el lugar."

"Kaoru-chan!" Chilló una aguda voz.

Los dos levantaron la mirada para ver a Tomomi asomada por la puerta del salón. La chica botó por el salón y tomó a Kaoru por los hombros. Kenshin retrocedió levemente.

"Te he extrañado!" exclamó, "Dónde has estado?"

"En casa, por supuesto." Dijo Kaoru, sonriendo levemente.

Tomomi la golpeó juguetona en el hombro. "Quiero decir," rió brillantemente, "Qué has estado haciendo toda la semana?"

"No mucho," respondió Kaoru, retrocediendo.

"Cielos," suspiró la otra joven, lanzando sus brazos en el aire, "Por qué estás tan distante? Sólo trato de ser amigable."

"Por supuesto que sí." Sonrió de nuevo.

"Bueno," dijo Tomomi, mirando a Kenshin, "Dónde quieres comer?"

"En realidad," Kaoru se encogió, "Estaba pensando en almorzar con mi amigo." Ella gesturizó hacia Kenshin, quien estaba mirando a Tomomi dudosamente con fruncidos ojos ámbar.

"Kaoru-chan," chilló Tomomi decepcionada, "Si pasas tiempo a solas con él entonces todos comenzarán a creer en los rumores. No quieres eso, verdad?"

"No me preocupo por ellos," respondió Kaoru, su voz goteando calidez.

"Oh, está bien," dijo Tomomi, sacudiendo su cabeza, "Pero te alcanzaré después." Luego, la joven de cabello corto salió, lanzándole un guiño en su dirección.

Kenshin avanzó para detenerse al lado de Kaoru. "Por qué no quieres comer con ella?" preguntó curioso.

Kaoru suspiró dramáticamente. "Porque quiero comer contigo! Recuerdas?"

Él le levantó una ceja. "Sí?"

"Sí," dijo Kaoru, caminando hacia la puerta, "Así es."

"Pero esa chica no es tu amiga?" preguntó Kenshin, alargando sus zancadas.

"Mi amiga?" Kaoru consideró a Kenshin incrédula por el rabillo de su ojo mientras se escabullía para mantener su paso con él, "Crees que esa chica es mi amiga?"

"Entonces qué es ella para ti?"

"Ya lo verás."

Ellos se sentaron en el patio de la escuela, en una banca que estaba ensombrecida por un gran árbol. Kaoru comía lentamente, saboreando pensativa cada bocado de su bento, sus ojos arriba. Kenshin no comía nada. En vez, estaba sentado a su lado con sus piernas cruzadas y un brazo envuelto casualmente tras los hombros de Kaoru. Ocasionalmente, los ojos de Kaoru se iluminaban y miraba excitada su almuerzo. Codeando a Kenshin, señaló algo con sus palitos. Kenshin giraba sus ojos hacia el cielo - sólo para encontrarse con un trozo de comida ofrecido por los palitos de Kaoru. Refunfuñando, aceptaría el bocado, de nuevo girando sus ojos ante su jubilosa reacción.

Cualquiera observando supondría que eran un par de tortolitos de secundaria. Nunca pensarían que el hombre casi era diez años mayor ni que era un asesino entrenado y que ella era su cautiva.

Sin embargo, no sólo cualquiera estaba observando.

"Es ella," siseó la joven.

"Y el anciano con ella?"

"Anciano?" miró la chica, "Ese no es un anciano."

El chico recostado en la pared a su lado giró sus ojos. "Debes estar ciega."

"No," lo miró enojada, "Tú estás ciego. Esa ricura no puede ser mayor de dieciocho años."

"Dieciocho?" frunció el chico, "Al menos tiene veinticinco, veintiocho a lo sumo."

"Estás loco."

"Y tú eres estúpida." Él estudió al par mientras discutían amigablemente, "Cuál es el nombre de la bruja?"

"Qué bruja?"

"Esa, tonta." Señaló a Kaoru.

"Oh, Kaoru-chan." Sonrió ella, "Esa es Kaoru Kamiya."

"Y el nombre del hombre?" preguntó él, pasando una mano por su puntiagudo cabello.

"Ni idea," se encogió ella, "Sólo viene con ella a la escuela todo el tiempo."

"Debe ser Himura," pensó el chico en voz alta.

"Quién?"

"No importa, Tomomi," la despidió, "No es tu asunto."

"Cielos," gruñó Tomomi, "Sólo tengo curiosidad."

"Bueno, no la tengas," dijo secamente, "No está en tu trabajo descriptivo."

"Mira, pequeño espía," ella le movió un dedo, "Si el dinero no fuera tan bueno no estaría haciéndolo. Y no eres un poco joven para estar dándole órdenes a una estudiante de secundaria como yo?"

El chico le sonrió, sus dientes brillaban, "No tienes idea de lo que dices."

"Como sea," Tomomi sacudió su cabeza, "He hecho mi parte. El nombre de la chica es Kamiya y ese es su tan llamado guardaespaldas."

"Sí, sí. Entendí."

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"El momento es el oportuno." Anunció Kogoro Katsura, dirigiéndose hacia los otros dos hombres en su oficina.

Uno de los hombres, Shinsaku Takasugi, escuchaba con su lánguido cuerpo esparramado en una silla de cuero al otro lado del amplio escritorio en el que estaba sentado Katsura. El otro, Hiko Seijuro, permanecía con su espalda hacia el salón y sus ojos estudiando la ciudad de Kyoto desde las ventanas panorámicas. Suspiró mientras se giraba hacia los otros dos.

"Este plan funcionará?"

"Tiene," respondió Katsura, "Hemos sacrificado y sufrido demasiado. Debemos tener éxito. Dentro de los próximos días, habremos eliminado todas las máquinas de hacer dinero ilegales de Tokugawa."

Shinsaku sonrió desde su asiento. "Y todos sabemos de dónde obtiene la mayoría de su dinero."

"Sin duda," respondió Katsura sobriamente, "Ocupados de eso, debemos prepararnos para nuestro propio ascenso al poder."

"Qué se necesita hacer?" preguntó Hiko.

"Debes filtrar todos los sórdidos detalles de los negocios de Tokugawa a la prensa, Hiko," instruyó Katsura.

Hiko anunció en acuerdo. "El hombre y su organización política serán humillados y desacreditados."

"Y," intervino Shinsaku, "Ninguno de sus seguidores estarán vivos para defenderlo en público. Himura acabó con Takamatsu, Amemiya y Kiyosato."

"La organización Bakufu caerá," dijo Katsura, "Y nosotros, el Choshu, subiremos al poder."

"Y luego bang! Llega el paraíso a Kyoto!" gritó Shinsaku, juntando sus manos.

Katsura sacudió su cabeza ante su ligereza. "No el paraíso, pero tampoco el infierno que tenemos ahora." Pausó. "Pero en orden para no caer en una debilidad como la del Bakufu, ciertos pasos deben darse."

Un embarazoso silencio cayó en la habitación hasta que Katsura vociferó lo que todos ya sabían.

"También debemos eliminar a nuestras propias raíces oscuras," dijo él, su voz pesada, "Shinsaku, todos nuestros lazos con el bajo mundo deben ser cortados en un mes."

"Sí, señor."

"Entiendes mis intenciones?"

"Por supuesto," dijo Shinsaku mientras se levantaba, "Cortar todas las conexiones con criminales de afuera. Matar a nuestros propios criminales."

Katsura asintió. "Lamentablemente, ese es nuestro curso de acción."

"Y mi estudiante?" interrumpió Hiko de repente.

Katsura se giró hacia él lentamente. "Nuestro acuerdo aún está en pie. Igual nuestro plan de reparación."

"Qué planeas hacer?" demandó el fornido hombre.

"A Kamiya-san y a Himura-san les serán dados tres días más juntos."

"Y luego?"

"Y luego nos la llevaremos. Será puesta bajo tu cuidado una vez más."

"Lo enloquecerá." Se infló Hiko, girándose para vigilar la ciudad de nuevo, "Aunque el obstinado idiota no lo admita."

"Pero será salvado," dijo Katsura tranquilamente, "Esa fue mi promesa contigo."

"No podría evitarse todo este desastre si ese idiota hubiese mantenido su tonto trasero donde le dije ponerlo." Gruñó Hiko, "Pero no, tenía que perseguir una revolución."

Katsura sonrió tristemente.

"Entonces," dijo Shinsaku, "Aquí vamos."

"El momento ha llegado," ordenó Katsura, "La purga comenzará."

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Kenshin guió a Kaoru por el parqueadero de la escuela, dirigiéndose hacia su auto. De repente, una pequeña forma llegó corriendo desde atrás, estrellándose directo en la espalda de Kenshin.

"Oye!" Le gritó Kenshin enojado al pequeño cuerpo. Alcanzó tras él, arrastrando al niño por el cuello y girándolo en frente. "Quién demonios eres?"

"Qué demonios te importa?" replicó el niño. Rápidamente se inclinó, su voz cayó, "Sólo déjame en paz, sí? Tengo prisa."

Kenshin miró al niño, rabia se acumulaba lentamente en su pecho.

"Y qué tienes ahí?" preguntó Kaoru con una sonrisa mientras se agachaba por la cintura y miraba las manos del niño, las cuales estaban cerradas en su espalda.

"Mi billetera, eso es," resopló Kenshin, su mano extendida expectante, "Ahora entrégala, novato."

El chico sonrió malvadamente mientras se enderezaba. "No eres tan tonto como pensé, verdad?"

"Perdón?" siseó Kenshin, su mano automáticamente fue hacia la escondida empuñadura de su corta espada oculta en su abrigo.

"Espera, Kenshin," intervino Kaoru, "Sólo es un niño."

"No lo creo," dijo Kenshin sospechoso.

"No soy un niño," gruñó el niño, tirando la billetera en el pecho de Kenshin.

"Oh. Lo siento," dijo Kaoru, levantando sus palmas mientras se giraba hacia el chico, "Cuál es tu nombre entonces?"

"No es tu asunto, bruja fea." Le espetó él, girándose para correr.

"Bruja fea?"

La calma en su voz lo sorprendió, incluso mientras sus pies lo alejaban.

Kaoru observó correr al niño, sus ojos pensativos. "Por favor, no lo hagas," dijo suavemente, sin darse la vuelta.

"Hacer qué?" resopló Kenshin, su mano abriendo la puerta del auto.

"No lo persigas en tu auto," respondió Kaoru, girándose para mirarlo.

"Por qué demonios no?"

"Porque no es importante." Dijo ella, las comisuras de su boca subiendo en una sonrisa.

"Si no es importante," dijo impaciente, "Entonces por qué te preocupas?"

"Porque," se encogió, "sólo es un niño."

"Sí. Un niño con una orden."

"Déjalo en paz." Su voz se tornó autoritaria.

Kenshin cerró la puerta y caminó hacia ella, una mano estirándose para tomar su mentón. "No me des órdenes, entendido?"

"Por qué estás tan enojado?" demandó Kaoru, sus ojos chispeando con vida, "Te devolvió tu billetera."

Kenshin permaneció en silencio, su agarre apretándose casi imperceptiblemente.

"Es porque me llamó una bruja fea, verdad?" presionó ella conocedora.

"No te halagues," espetó Kenshin, retrocediendo.

Kaoru sonrió y alcanzó por su mano, entrelazando sus callosos dedos entre los suyos. Sus ojos ámbar se desviaron hacia su suave expresión.

"Podemos caminar hacia la heladería, Kenshin?" preguntó ella.

"Por qué?"

"Por qué no?"

"No hubiese podido comprarte un helado si ese mocoso se hubiese llevado mi billetera." Dijo seriamente, cerrando sus dedos en los suyos.

"Que bueno que la devolvió," Kaoru sonrió mientras comenzaban a caminar hacia las tiendas a unos bloques de ahí.

El niño, quien había dejado de correr y ahora los miraba desde la esquina de un edificio, frunció. Casi parecía como si quisieran ser seguidos. Y así, mientras comenzaban su caminata, él se obligó.

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Sombrilla rosa con marco púrpura. Mesa de plástico verde pastel. Sillas de plástico azul bebé.

Kenshin, en sus pantalones negros, camisa negra y abrigo negro, se movía incómodamente en su silla. Era como si esta heladería hubiese sido construida para torturarlo. Kaoru, por otro lado, estaba inclinada y lamiendo felizmente su cono de helado.

"Mmm," suspiró ella, "No hay nada como el helado de chocolate en un día cálido."

"Realmente creo que debimos haber llevado el helado a casa." Gruñó Kenshin, sus ojos dorados se desplazaban sobre la multitud en el patio exterior, "Está muy concurrido."

"A casa?" preguntó Kaoru quisquillosa, "Oh, quieres decir esa jaula estéril que llamas apartamento. No, gracias. Voy a disfrutar el aire libre mientras puedo."

"Libre? Quién está libre?" Kenshin le sonrió.

Kaoru le sacó su lengua al hombre. De alguna forma, su cautividad se había vuelto una broma entre ellos.

"Oh," Kaoru exclamó de repente, "Regresaste."

Kenshin se giró y quedó ojo con ojo con el mocoso de cabello en punta.

"Tú," gruñó él.

"Qué?"

"Por qué estás aquí?"

"Apuesto que quiere helado. Kenshin, puedes comprar otro cono de chocolate?"

Los peligrosos ojos del asesino regresaron a Kaoru. "No soy tu mesero."

Ella se encogió, poniéndose de pie. "Yo podría ir."

"Siéntate." Ordenó él. "Y quédate ahí." De nuevo, sus ojos se desplazaron sobre los ocupantes del patio.

"Tienes miedo de que vaya a huir?" preguntó el niño, sus ojos perspicaces.

"Cállate, mocoso," espetó Kenshin. Le lanzó a Kaoru una fulminante mirada antes de dirigirse hacia el vendedor.

Kaoru le sonrió a la espalda de Kenshin y luego se giró hacia el chico. Estaba estudiándola seriamente.

"No quiero helado." Su voz era baja, muy baja para un chico de su edad.

"Sí, quieres." Kaoru lo midió y luego sonrió inconscientemente ante su sombría expresión.

"Escucha, vieja bruja-"

"Mi nombre," dijo ella enfática, "es Kaoru."

"De acuerdo, Kaoru," comenzó el niño, "No-"

"Usualmente se considera cortés dar tu propio nombre cuando alguien más te da el suyo," interrumpió Kaoru.

"No soy cortés-"

"Deberías."

"Bueno-"

"Escucha, a menos que quieras que te llame 'niño'," dijo Kaoru con una leve sonrisa, "Debes decirme tu nombre. Niño." Añadió después de una pausa.

"Bien," gruñó el chico, "Mi nombre es Yahiko. Contenta, fea?"

"Kaoru," corrigió.

"Como sea."

"Y, Yahiko," comenzó Kaoru tranquilamente, su mirada en la espalda de Kenshin, "Por qué estás aquí?"

"Por helado gratis," gruñó, desviando la mirada.

"De lo que recuerdo, no quieres helado." Su voz de repente cayó en volumen.

"Como sea."

Kaoru bajó su cono en la mesa y se inclinó después de dirigirle otra cuidadosa mirada a Kenshin. "Escucha, Yahiko,' dijo ella, su voz baja, "Sé que eres como Tomomi."

"Quién?" Yahiko volvió sus ojos chocolate hacia su rostro.

"La otra pequeña espía."

Estupefacto, Yahiko miró a la joven. Ella no había sido su sujeto primario y sólo había sido mencionada como la escolta de Himura en la fiesta de Tokugawa. Qué secreto escondía que la hacía tan sospechosa?

"Yo no-"

"Yahiko," lo interrumpió de nuevo, "Kenshin regresará en unos segundos." Por énfasis, Kaoru ladeó su cabeza en dirección del asesino. Los ojos de Yahiko siguieron su gesto para ver a Kenshin terminar de pagarle al vendedor y girar hacia ellos. "Ahora, no sé quién te envió o por qué estás aquí-"

"Y no te lo diré."

"Entonces vete antes de que lo averigüe." Terminó ella rápidamente, levantando su rostro para sonreírle ampliamente al pelirrojo acercándose.

"Parecen íntimos." Acusó Kenshin, deteniéndose sobre Kaoru.

"Y?"

Los labios de Kenshin se bajaron, sus brillantes ojos fijos en los suyos. Ella le sonrió en silencio. Resoplando, miró a Yahiko, colocando el cono en frente de él no muy gentilmente.

"Vaya," dijo Yahiko sarcástico, "Que servicio."

Toda calidez se drenó del rostro del hombre como agua, sus pupilas doradas hundidas. "Escucha, niño." La voz de Kenshin era una líquida amenaza, "Si eres un espía o incluso si tienes malas intenciones, te cortaré la garganta sin vacilar."

Yahiko contuvo la urgencia de tragar nerviosamente. En vez, se forzó a mirar las heladas profundidades de los ojos del hombre. Supo entonces el por qué la mujer había sido tan amable, tan inclinada a aceptarlo. Lo había engañado en admitir sus verdaderos propósitos y ahora lo pagaría con su vida. Sus ojos chocolate se movieron a la mujer, esperando totalmente ver la malvada mirada de su traidora. Parpadeó sorprendido cuando, en vez, se encontró con un guiño conspirador y una sonrisa. Sus confundidos ojos regresaron al enojado rostro de su compañero.

Respirando profundamente, Yahiko reunió todo el valor que pudo y exclamó, "Qué demonios? Eres su guardaespaldas privado? Es tu rehén o algo?"

Los dedos de Kenshin se escabulleron con la velocidad de la luz, atrapando a Yahiko por el cuello y levantándolo de su asiento.

"Kenshin!" la exclamación de Kaoru fue desatendida.

Ahora totalmente encendido, el asesino haló al chico, sus penetrantes ojos llenos de iracunda concentración. Yahiko no podía desviar sus ojos de las órbitas doradas. Su respiración hipó en su garganta mientras era llevado a nivel con la aterradora vista. En ese instante, Yahiko entendió por qué la organización Bakufu tenía razón para temerle a este hombre. No tenía duda que este Kenshin Himura le cortaría la garganta por el leve insulto. Tembló, de repente sintiendo como si el clima se hubiese enfriado, sus ojos atrapados en la endurecida mirada de Battousai. No había duda: este hombre era un asesino.

"Qué sabes?" siseó Battousai, sus palabras pasaron entre sus dientes como el más bajo de los susurros.

"Nada," las palabras salieron de labios del chico casi involuntariamente, "No sé nada."

"Mientes."

De repente, Yahiko se sintió ser arrebatado del agarre del hombre. En un latido, se encontró atrapado en un cálido abrazo. Aún cuando sus ojos chocolate permanecían en los vívidos rasgos de Kenshin, era consciente de que alguien estaba agachado tras él, manteniendo su cuerpo fuertemente contra el suyo.

"Sólo es un niño!"

Los humeantes ojos de Battousai se deslizaron de Yahiko hacia la mujer que lo mantenía lejos. Liberado de la mortal mirada, Yahiko también se giró para mirar el delicado perfil de Kaoru. Su mentón estaba salido y sus ojos azules desafiantes.

"Sólo es un niño," le gritó al hombre, "Déjalo en paz."

Un recuerdo se registró en la mente de Yahiko. Una escena distante salió a la superficie, desarrollándose en el presente como lo había hecho en el pasado. Alguien más había dicho esas palabras. Alguien más lo había protegido de esta manera. Esa persona, esa preciada persona no había sido perdonada. Se zafó de sus brazos violentamente, girándose para mirar a la mujer.

"No soy un niño," dijo él, "No tienes que protegerme de él." Lágrimas estaban formándose en las esquinas de sus ojos.

Kaoru lo miró, su expresión compasiva. Ella extendió una lechosa mano hacia él. "Pero quiero," susurró tranquilamente. Yahiko parpadeó las lágrimas que amenazaban dominarlo. Aunque sabía que no podía ser real, vio los dulces ojos y escuchó la tranquila voz de su hermana muerta.

Yahiko rechazó su mano y se giró para encarar al hombre. "No te dejaré lastimarla!" Gritó, su voz temblaba, "Déjanos en paz!"

Los ojos de Kenshin se fruncieron peligrosamente. "Recuerda a quien le hablas, niño," amenazó él, avanzando.

"Yahiko," llamó Kaoru tranquilamente, colocando una mano en su hombro tembloroso.

El chico retiró su mano, girándose para encararla. "No! No lo dejaré tocarte otra vez. Nunca más!" Casi estaba histérico, los recuerdos de los últimos momentos de su hermana mayor regresaron en olas.

Sin avisar, Kaoru haló al niño, envolviéndolo en sus brazos. "Él no me lastimará," le aseguró ella, mientras acariciaba su espalda. Yahiko luchó con las lágrimas pero se derramaron sobre sus mejillas mientras lanzaba sus brazos alrededor del cuello de Kaoru, apretándolos como si nunca quisiera dejarla ir. Sabía que no era la hermana que había dado su vida por él. Pero, por alguna razón, también sabía que esta mujer era como su hermana y estaba igual de dispuesta a protegerlo.

Los tensos músculos de Battousai se relajaron mientras el chico colapsaba en sollozos en brazos de Kaoru. Retrocediendo, miró la multitud a su alrededor.

"Kaoru," ordenó tranquilamente, "Debemos irnos."

Yahiko retiró su mejilla del cuello de Kaoru, forcejeando por girarse y confrontar al hombre de nuevo. Pero Kaoru atrapó su rostro entre sus dedos. Sonrió ante su enrojecida expresión.

"Debo irme."

El chico sacudió su cabeza vehemente. "Ese hombre," protestó, "Es fuerte. Puedo sentirlo."

"Lo es." Reconoció Kaoru seriamente.

"Te lastimará. Lo sé."

A esto, Kaoru sacudió su cabeza. "No me lastimará." Ella presionó su fría frente en la suya, sonriendo. "Pero tú lo harás."

"Qué?" demandó Yahiko, sorprendido.

"Lo harás," continuó ella, "Si te dejas meter en problemas. De acuerdo?"

"Feh," resopló el chico, "Eso es tonto." Desvió la mirada, molesto.

"Bien." Kaoru presionó sus labios en su frente y se levantó, mirándolo afectuosamente. "Esta fea y vieja bruja ahora se irá." Comenzó a caminar hacia Kenshin, cuya mano estaba extendida expectantemente. La tomó por el brazo y comenzó a llevársela.

"No eres fea."

Ella apenas escuchó el susurro pero sonrió.

"O una bruja."

Kaoru le dirigió una mirada al niño, quien no se había girado para verla ir. Sus hombros estaban temblando y supo que estaba llorando y no quería mostrarlo.

"Te veo luego, Yahiko-chan!" llamó ella mientras era alejada.

"No me llames así!" gritó él, aunque sin rabia. Se giró sólo por un momento y captó una mirada de su humedecido perfil, sus labios subieron en una retorcida sonrisa. Ella sonrió ampliamente y se despidió antes de que ella y Kenshin desaparecieran tras una esquina.

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"Otra vez aquí." Suspiró Kaoru, girando su pajilla en el hielo de su bebida.

"Cómo está esa soda, pollita?"

"No me llames así," dijo Kaoru, frunciéndole al hombre.

"Qué?" se burló Takasugi, "Pollita?"

"Oh, cállate." Kaoru se recostó en la banca, cruzando sus brazos sobre su pecho. "Por qué no pueden tener sus reuniones ultra-secretas en restaurantes o parques o en otro lugar diferente a este?"

"Porque," explicó Takasugi puntual, "Son reuniones ultra-secretas. Y los restaurantes y parques realmente no proveen privacidad."

"Y este lugar sí?" Kaoru extendió su brazo, indicando la masa de personas bebiendo, riendo y bailando metidas en la famosa Casa de Te Sakura.

Takasugi se encogió. "Pensé que estabas acostumbrada a aquí. Ahora te mezclas."

Kaoru arrugó su nariz. "Mi trasero."

"Está muy bien, sin duda."

Kaoru exhaló un exasperado suspiro. "Eres tan predecible." Tomó un sorbo de su Ginger ale. "Por qué estoy aquí?"

"Porque," dijo Takasugi, sus ojos en la multitud, "Por alguna razón, Himura no quiere dejarte fuera de su vista."

"Bueno, ahora estoy fuera de su vista, no?" La voz de Kaoru se tornó cáustica.

"Y eso, querida," Takasugi se giró para guiñarle, "es por qué estoy cuidándote."

"Cuidando!" se infló Kaoru.

"Deberías estar contenta, Kaoru-nena," dijo él, recostándose y apuntando un pulgar en dirección del bar. "Soy lo único que se interpone entre tú y ese Neanderthal que ha estado mirándote por un cuarto de hora."

Kaoru se estremeció antes de reasumir su argumentativo comportamiento. "Bien, trataré de recordar agradecerte cuando tenga cáncer de todo este humo."

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"Han sido reunidos para completar las siguientes misiones."

Tres pares de ojos estaban fijos en su líder, Katsura.

"Primero que nada," dijo él, dándole a cada una de sus sombras asesinas una larga mirada, "Deben saber que Choshu está cerca a su meta. Pronto, el Bakufu caerá. Pero," pausó por énfasis, "Hay unos cuantos detalles más que necesitan atención." Deslizó tres sobres negros por la mesa. "Cada uno contiene una lista de nombres. Todos saben qué hacer."

"Eliminarlos." Genji sonrió, sus ojos azules iluminándose con deleite.

"Sí," afirmó Katsura, "Pero a diferencia de las veces anteriores, pueden completar los asesinatos a su medida. Sólo asegúrense de que se completen en dos semanas. Entendido?"

Kenshin, junto con los otros dos asesinos, asintió.

"Y otra cosa," anotó Katsura, "Pueden reconocer algunas de esas personas."

"Eso ha importado?" sonrió el tercer asesino.

"Entonces eso es todo caballeros," los despidió Katsura, "Espero un reporte en dos semanas. Himura-san," levantó una mano, "Por favor, quédate un momento."

Los otros dos asesinos salieron de la habitación mientras Kenshin se reacomodaba.

"Cómo está Kamiya-san?" inquirió Katsura, casi conversador.

"Está bien," respondió Battousai.

"Disfrutó la escuela?"

"En ciertas cosas."

"Está comiendo apropiadamente?"

"Sí."

"Tiene suficiente ropa?"

"Sí."

"Has tenido sexo con ella?"

"No, señor." Kenshin apretó sus dientes, puntualizando sus palabras.

"Por qué no?"

"Estás ordenándomelo?" Kenshin niveló una furiosa mirada con su empleador.

"No," sonrió Katsura levemente, "Sólo quería saber por qué no has tomado ventaja de la situación."

"Es irrelevante." Kenshin desvió su rostro. "Ejecuto bien mi trabajo."

"Bueno, entonces," dijo Katsura, "Puedes ir y reclamarla de Takasugi."

Kenshin se levantó e inclinó rígidamente, saliendo de la habitación. Se movió en silencio a través de la pulsante multitud, ubicando fácilmente a Kaoru sentada en la banca donde la había dejado.

"He terminado la reunión," anunció tranquilamente.

Kaoru lo miró casi agradecida. "Podemos irnos entonces?" preguntó suplicante, "Este lugar me enferma."

En su mente, estuvo de acuerdo con ella. Aún así, sólo asintió levemente.

"Bien!" exclamó la joven, levantándose para estirarse. "Puedo ir al baño de las señoritas antes de salir?"

De nuevo, el único reconocimiento de Kenshin fue un discreto movimiento de cabeza. Mientras Kaoru se movía por la multitud hacia el baño, la siguió con ojos de halcón hasta que desapareció tras la puerta del baño de mujeres.

"Habría pensado que demandarías ir con ella," rió Takasugi.

"Ella no huirá ahora." Kenshin aún observaba expectante la puerta.

"Y cómo lo sabrías?"

"Lo sé." Kenshin se giró para mirar a Takasugi por un momento.

"Bien, como sea," exclamó Takasugi, mientras se dirigía hacia la barra, "Voy a embriagarme."

Kenshin suspiró inaudible y se giró para buscar a Kaoru. Observó mientras, una por una, otras tres mujeres entraban al baño. Y mientras pasaban los minutos, observó a esas mismas tres mujeres dejar el baño. Gruñó bajo en su garganta mientras veía a una cuarta mujer entrar y salir del baño aún sin señales de Kaoru. En silencio, comenzó a empujar entre la multitud.

Kaoru rotaba sus hombros mientras se detenía en los espejos del baño. Inclinándose, estudió su rostro.

"Vaya!" Una repentina exclamación a su lado interrumpió sus pensamientos.

Kaoru se giró para observar a la mujer a su lado. Estaba de pie con una mano en su cadera, mirando descaradamente.

"No te ves mayor de diecisiete años! Eres una adolescente."

"En realidad, yo-" comenzó Kaoru.

"No sabía que Battousai apreciaba ese tipo de cosas."

"Perdón?" demandó Kaoru, irritación elevándose en su tono.

"Si lo hubiese sabido!" lamentó la mujer, "Habría intentado ese tipo de imagen."

"Qué?" Kaoru claramente estaba confundida pero la mujer no lo notó.

"Debe ser grandioso ser la ramera de Battousai!" la mujer suspiró fuertemente mientras se giraba y dejaba el baño.

Los ojos de Kaoru se ampliaron y se giró para mirar su reflejo. Su respiración se tornó difícil.

"La ramera de Battousai?" le preguntó a su imagen.

Kenshin, empujando las puertas al baño de mujeres, la encontró mirando al espacio, o más bien, mirando ausente un espejo.

Llegando tras ella, escabulló su brazo alrededor de su cintura y la haló hacia él.

"Qué pasa?" respiró en su oído.

Atípicamente asustada, Kaoru saltó un poco y permaneció callada. El ceño de Kenshin se frunció mientras también se giraba para mirar su reflejo. Sus brazos colgaban a sus costados y sus ojos estaban nublados.

"Alguien te tocó?" demandó Battousai, su voz bordeando con rabia.

Kaoru sacudió su cabeza malhumorada y miró hacia un lado. "Estás en el baño de las damas, sabes?" Su voz era pequeña.

"Aquí hago lo que quiera," gruñó él, "Qué pasó?"

"Nada," protestó Kaoru suavemente, bajando la mirada.

Kenshin apretó su agarre alrededor de su cintura, presionándola más cerca. Dejó caer sus labios en su hombro, inhalando. Su calmada pregunta lo asustó.

"Soy tu ramera?"

Su cabeza se levantó de golpe y miró su imagen en el espejo. Ella aún estaba mirando gacho, sus mejillas enrojecidas.

"Por qué preguntas?" Inquirió él, sus ojos ámbar buscaban en su expresión.

"Una mujer dijo-"

"Una mujer? Quién?"

"Eso no importa. Ella sólo…" La voz de Kaoru se desvaneció. "Soy tu ramera?" repitió ella.

Kenshin le levantó una ceja, entretenido.

"Qué?" demandó Kaoru, de repente molesta y acusadora, "No sabes lo que la gente está diciendo?"

"No me importa lo que diga la gente."

"Pero podrían estar diciendo que soy una ramera. Una ramera!" Estaba mirándolo furiosamente a través del reflejo.

Él sacudió su cabeza, claramente divertido. "No sólo cualquier ramera. Mi ramera," corrigió él.

"Tú-" Kaoru se zafó de su agarre y lo enfrentó. "No soy una ramera. No te atrevas-"

"Ven," repitió él, envolviendo un fuerte brazo alrededor de su cintura. La sacó del baño, ignorando las miradas curiosas. Sus dedos encontraron los suyos y la llevó de la mano por unas escaleras. Se tambaleó en el piso y miró alrededor con un frunce.

"Este lugar está lleno de sorpresas," comentó ella secamente, asimilando el largo corredor de puertas cerradas.

Battousai le dio una paca de billetes a la mujer detrás del escritorio y llevó a Kaoru por el corredor. Se detuvo en frente de una puerta cerrada.

"Escucha," dijo él.

Un furioso sonrojo se extendió por las mejillas de Kaoru mientras comenzaba a distinguir los sonidos de placer desde adentro. Ella comenzó a alejarse, avergonzada.

"Espera," ordenó Kenshin, acercándola a la puerta.

Kaoru se coloreó de un brillante tono rojo mientras escuchaba a una mujer y un hombre gritar de pasión. De repente, gritó otra distintiva voz masculina. Mientras la mujer gritaba, dos hombres jadeaban y gritaban su placer.

"Ahora, eso," susurró Kenshin, "Es una ramera - fornica hombres indiscriminadamente."

Kaoru se sonrojó profundamente y se alejó de la puerta, retrocediendo en el pecho de Kenshin. Kenshin rodeó su cintura con un brazo y la condujo por el corredor y a una habitación vacía, cerrando la puerta y asegurándola tras él.

"Por qué estamos aquí?" Kaoru se giró para encararlo, sus brazos cruzados, "Pensé que íbamos a casa."

Kenshin no le respondió. En vez, envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo, sujetando sus brazos a sus costados.

"Ahora, por qué preguntas si eres mi ramera?" preguntó él, rozando la punta de su nariz con la suya.

Kaoru se encogió, avergonzada.

"Es porque soy un criminal y te hago el amor cuando me place?"

Kaoru tartamudeó y se retorció en sus brazos. "No me has hecho el amor!"

"No todavía," respondió él, su voz grave, "Pero lo haré."

El cuerpo de Kaoru se tensó y trató desesperadamente de romper contacto visual, un escalofrío subió por su cuerpo. Kenshin la giró y envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo, halándola hacia él. Cubrió su mentón en su mano y echó hacia atrás su cabeza, bajando hacia su cuello.

"Dejarías que otro hombre te toque?"

Kaoru sacudió su cabeza.

"Ni yo permitiría que cualquier otro hombre además de mi te toque."

La mano que estaba tomando su mentón se deslizó a su cuello y luego sobre un seno, sus dedos moldeaban la animada forma. Kaoru ahogó un respiro. Su mano bajó por su forma, hasta que ambas palmas descansaban en sus caderas.

"Pero eso no te hace una ramera," susurró él roncamente, "Te hace mi mujer."

Las manos de Kenshin se deslizaron bajo el borde de la camisa de Kaoru, sus callosos dedos trazaban la levantada piel de las cicatrices en su estómago. Luego, rápidamente, levantó el material sobre su pecho, ambas manos cubrieron sus senos.

"Kenshin, sólo soy una adolescente."

"Kaoru," gruñó él, "Eres mi mujer." Deslizó su mano hacia la base de su estómago y la empujó contra él, dejándola sentir su excitación. "Sólo mi mujer puede hacerme esto."

Kaoru mordió el interior de su mejilla, el sonrojo extendiéndose.

"No te avergüences."

Kenshin levantó su camisa sobre su cabeza y la retiró de sus brazos, tirándola a un lado. Con diestros dedos, empujó su falda y ropa interior sobre sus caderas y por sus muslos hasta que cayeron a sus pies. Él retrocedió, girándola por los hombros. Lentamente, alcanzó tras ella y desabrochó su brassier, lo retiró debajo de sus brazos y lo lanzó lejos. Retrocedió y se sentó en el borde de la cama. Con una maliciosa sonrisa, se recostó.

"Ahora ven," ordenó, "Muéstrame."

Kaoru dejó caer sus mechones sobre sus ojos y sacudió su cabeza. "No, yo-"

"No, no lo eres." Su voz era cortante.

"Pero fui-"

"Eso no importa para mi."

"Pero me hace-"

"Sucia?" Él se inclinó con sus codos en sus rodillas, sus intensos ojos estudiaban su ligera forma. "Eso es lo que piensas que eres?"

Lágrimas bordeaban sus pestañas mientras asentía lentamente.

"Estás equivocada," reprimió Kenshin seriamente, "Eres la mujer más pura que he conocido. Ahora, muéstrame."

Sus brazos cayeron a sus costados mientras Kaoru levantaba su mentón para encontrar sus ojos. Y sus ojos estaban en los suyos y en ningún otro lugar, su examinadora mirada examinaba sus rasgos faciales. Sonrió. Luego, comenzó a trazar su cuerpo con su mirada, sus ojos moviéndose sobre cada curva, cada cicatriz. Levantó la mirada para encontrar sus cuestionadores ojos azules por un momento.

"Eres hermosa."

Ella se sonrojó, levantando sus brazos instintivamente para cubrirse.

"No lo hagas!" gritó él.

Ella se paralizó, y luego bajó sus brazos una vez más.

"Ven," invitó mientras levantaba una mano abierta en su dirección.

Kaoru caminó hacia él hasta que estuvo entre sus rodillas. Battousai presionó sus labios en las cicatrices en su sección media mientras sus manos subían por la parte trasera de sus muslos. Kaoru lo miraba, su respiración lenta y lánguida. Moviéndose gentil y lentamente, Kenshin levantó su cabeza para atrapar su mirada. Luego, comenzó a trabajar su cuerpo: su lengua moviéndose sobre el trocito de su seno y sus dedos entraban lentamente en ella. Jadeó, luchando con los gemidos mientras continuaba. Pero Kaoru no pudo luchar contra el temblor mientras alcanzaba el clímax, su cuerpo dominado por sus delicados suministros.

Ella colapsó en su regazo y él envolvió sus brazos alrededor de su sensible piel, presionando tiernos besos en su quijada. Siguió su mirada mientras caía en el tiro de sus pantalones.

Sacudiendo su cabeza, levantó su mentón para que sus tímidos ojos encontraran los suyos. Una leve sonrisa se extendió cálida sobre sus rasgos usualmente inexpresivos. "Hoy no, mi hermosa."

"Pero-" objetó ella.

"Hoy es sobre ti," interrumpió él tranquilamente, "Tu cuerpo. Tu placer."

Espontáneamente, lágrimas se reunían en sus ojos. Hundió su rostro en la curva de su cuello.

"Nunca antes ha sido sobre mi," susurró ella en su piel.

"Lo sé," respondió en su oído, "Pero siempre será sobre ti de ahora en adelante. Aún cuando llegue el día en que satisfaga mis propios deseos dentro de ti, también será para tu placer."

Kaoru levantó sus ojos humedecidos hacia los suyos y plantó un beso en su mejilla.

"Pero no te equivoques," añadió con burlona seriedad, "Cuando el día llegue no me detendré de hacerte el amor hasta que esté completamente exhausto."

Kaoru echó hacia atrás su cabeza y rió, los tonos melodiosos se adentraban en la memoria de Kenshin.

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Ieyasu Tokugawa y su mano derecha, Kazuma Ishigawa, permanecían esperando en el callejón detrás de un edificio.

"Aquí está, señor!" Una gruesa voz llamó desde la oscuridad mientras tres figuras aparecían en la luz.

Una forma pequeña y golpeada cayó del agarre del hombre al concreto.

"Se supone que nos encontrarías hace una hora, idiota!" gritó furioso Ishigawa. Cuando el pequeño cuerpo no hizo reverencia, Ishigawa lo pateó despreciativamente. "Dónde estaba el mocoso?" demandó de los hombres que lo habían traído.

"Lo encontramos en el río," se encogió el hombre, "parece que no tenía intención de venir a nosotros."

"Pequeño…" Ishigawa hizo como si fuera a patear de nuevo al chico.

"Deja al chico," ordenó Tokugawa. Se detuvo para inspeccionar al niño. "Por qué huiste?" Preguntó tranquilamente.

"No tengo nada para ti," espetó Yahiko, aún doblado después de su golpiza.

Tokugawa se detuvo y dio la vuelta, cerrando sus ojos. Ishigawa, enfurecido, agarró al niño por el cabello.

"Nos dirás lo que viste," gritó él, "Ahora!"

Yahiko se retorció, pateando violentamente las espinillas del hombre.

"Maldito!" gritó él, dejando caer al chico en el frío suelo y le entregó una brutal patada en su costado.

"El hombre," continuó Tokugawa, rehusándose a observar el interrogatorio, "Himura - quién es?"

"No lo sé." Yahiko estaba sujetando su costado, tosiendo.

"Quién era su acompañante?"

"Sólo una chica."

"Eso no es suficiente."

Una sesión de patadas del otro hombre envió a Yahiko a rodar de dolor.

"Cuál era su nombre?"

"Kaoru," tartamudeó él tosiendo.

"Su apellido."

"Kamiya," gruñó Yahiko.

"Kamiya?" Tokugawa se giró y miró al chico, "Estás seguro?"

"Por supuesto," tosió Yahiko, su mente buscando frenética una forma para hacerlos olvidarla, "Para eso me pagaste, cierto? De cualquier manera, sólo es una estudiante de secundaria. Nada importante."

"Qué es tan importante sobre ese nombre?" preguntó Ishigawa, girándose hacia su amo.

"No recuerdas?" dijo Tokugawa, excitación despertaba en su voz, "Es el nombre del experimento - Kaoru Kamiya. La chica que le dimos a Kanryu para practicar pruebas."

"Quise decir Kirima, no Kamiya," dijo Yahiko, luchando por levantarse, "Kaoru Kirima!"

"No creo que cometieras un error, jovencito," Tokugawa le dirigió unos ojos serios al chico, "Ahora, dónde está?"

"No lo sé."

Yahiko fue pateado de nuevo.

"Dije que no sé!"

"Te liberaré de tu deuda con nosotros," anunció Tokugawa suavemente, "Si nos dices dónde encontrar a esta chica."

"Feh," espetó Yahiko, levantándose, "No lo creo. Termino con ustedes."

"Mocoso!" Ishigawa agarró a Yahiko por los hombros y lo sacudió salvajemente. "Nos lo dirás!"

Yahiko se zafó del agarre del hombre y lo apuntó con un dedo acusador. "Bastardo," gritó él, "No te dejaré lastimarla como lastimaste a mi hermana. Esta vez, yo la protegeré."

"Lo siento chico," dijo Tokugawa, "No necesitamos que nos ayudes voluntariamente. Es obvio para mí el cómo podemos encontrarla. Himura, después de todo, es hombre de Katsura - debe estar en la Casa de Te Sakura." Le asintió a los hombres, "Tráiganlo."

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Kaoru salió de la Casa de Te Sakura y dio vueltas en la acera, sus brazos extendidos hacia la brillante luna arriba. Kenshin salió del edificio un momento después, sus ojos sonriéndole a la joven ante él. Atrapó una de sus manos y la haló hacia su pecho, presionando sus labios en su frente.

"Estás sonriéndome?" preguntó Kaoru, asombrados ojos azules en su rostro.

"Qué?"

"Esa expresión," dijo Kaoru, sorprendida, "Es una sonrisa!"

Sin duda, las usualmente duras y severas líneas de la boca de Kenshin estaban, en vez, elevadas en una genuina sonrisa. Él rió, sus labios separados para mostrar sus dientes y las esquinas de sus ojos elevadas en una risa. Kaoru comenzó a reír con él, maravillada y divertida ante esta desconocida vista de él.

"Eres preciosa, mi hermosa," susurró él, su aliento calentaba su rostro en el frío aire nocturno.

"Ah, qué pintoresco." Una paralizante voz irrumpió en la noche.

Kaoru y Kenshin se giraron para encarar un grupo de tres hombres de pie en la calle.

"Qué quieren?" El tono de Kenshin cayó un octavo.

"Ver si saben quién es este." El hombre empujó un pequeño cuerpo en el suelo a sus pies, entregando una fuerte patada en su estómago.

Las manos de Kaoru volaron a su boca. "Yahiko," respiró ella.

En cuanto las palabras dejaron sus labios los tres hombres comenzaron a golpear al chico: pateando, golpeando y tirando.

"No," lloró Kaoru.

"Kaoru," Yahiko trató de gritar pero sólo salió como un gruñido, "Aléjate, Kaoru."

Pero Kaoru ya se había lanzado hacia ellos, su rabia llameando. Entregó una rápida patada a un hombre y se giró para golpear a otro. Kenshin comenzó tras ella pero los hombres de repente se lanzaron hacia él. Los rechazó fácilmente pero luego se paralizó en seco.

Un cuarto y desapercibido hombre atrapó a Kaoru por el cuello, un arma en su cabeza.

"Muévete, y la mato."

"Yahiko?" Kaoru trató de mirar al chico, quien yacía en el suelo, luchando por levantarse.

"Bastardos," murmuró él tosiendo.

"Bueno, gracias Yahiko," dijo Ishigawa congenial, "No necesitamos más de tus servicios. Eres liberado de tu labor."

"Maldición," juró Yahiko amargamente, levantándose de rodillas.

"No es esto como lo fue con Mayumi-"

"No digas el nombre de mi hermana," rugió Yahiko, "Maldito bastardo!"

"Excepto que en realidad maté a esa perra," continuó Ishigawa.

"Devuelve a Kaoru!" gritó Yahiko, apretando su adolorido costado.

"Lo siento, niño," respondió el hombre, "Pero gracias por tu ayuda para atraparla."

Mientras el niño maldecía de nuevo, los puños de Kenshin se tensaron y aflojaron mientras miraba. "Qué quieren?" demandó él.

"Nada de ti," respondió Ishigawa, presionando el cañón del arma en la sien de Kaoru, "Pero nos llevaremos a Kaoru Kamiya."

"Te conozco," el rostro de Kaoru se nubló de repente. "Estabas ahí cuando…" Su voz se desvaneció mientras sus ojos se llenaban con temor. "Ishigawa." El nombre fue un susurro. "Estabas con Kanryu." De repente, comenzó a forcejear salvajemente en sus brazos. Kenshin avanzó pero Ishigawa movió el arma en Kaoru.

"Te perseguiré," amenazó Battousai, sus pupilas llenándose de rabia, "Y te mataré lentamente."

"Que te diviertas intentándolo." Ishigawa retrocedió mientras un auto negro frenaba para detenerse tras él. Las puertas se abrieron desde adentro y comenzó a meter a Kaoru en el asiento trasero.

"No," gritó Kaoru desesperadamente, una palma abierta, "Kenshin!"

"Nada de movimientos repentinos," advirtió Ishigawa mientras trataba de meter las forcejeantes extremidades de Kaoru en el auto.

"Kenshin!" Ahora lágrimas bajaban libremente por sus mejillas. "Por favor, no los dejes-" Su grito fue interrumpido mientras la puerta se cerraba y el auto se alejaba.

Battousai cerró sus ojos, luchando por controlar su respiración y la llama en sus ojos. Apretó sus dientes, sus uñas se clavaban en sus palmas. Escuchando un movimiento ante él, sus enrojecidos ojos se abrieron. El niño, Yahiko, estaba frente a él, lágrimas bajaban por sus infantiles rasgos. Sin miramientos, el niño cayó de rodillas ante Kenshin, inclinándose y presionando su frente en el suelo.

"Por favor, hazlo rápido," dijo Yahiko en el asfalto.

"Qué?" le espetó Kenshin a la postrada figura.

"Por favor, has que mi muerte sea rápida!" La voz de Yahiko creció en volumen y desesperación.

El niño levantó su cabeza y miró a Kenshin a través de sus lágrimas. "Sé que estás enojado. Y es mi culpa que se la llevaran. Así que por favor…"

Kenshin levantó una ceja. "Matarte?" Se giró. "No te halagues."

"Pero antes, dijiste que-"

"Además," interrumpió el legendario destajador, dirigiéndole una mirada al chico, "No creo que tu muerte la hiciera feliz. Entiendes?"

Yahiko miró al suelo por un momento. Luego, rápidamente, se puso de pie. "Entonces, puedo ayudarte a encontrarla."

Kenshin pausó y, girándose levemente, asintió. "Entonces ven."

Sin otra palabra, Yahiko caminó tras Kenshin en la Casa de Te Sakura para encontrar a Katsura.

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Fin del capítulo 21, continuará!

Próximo capítulo: Separación.