Disclaimer: No me pertenece nada que reconozcas. Todo le pertenece a J.K Rowling.
NdT: Gracias por el beteo Kristy, disfruten x3
Capítulo 21: El beso de una rosa
Torre de Gryffindor, Hogwarts...
Remus miró la puerta frente a él y respiró profundamente. Esto era todo. Estaba de vuelta en Hogwarts, de pie em frente de la habitaciones de los chicos. Era viernes en la noche y todos estaban probablemente en su respectiva habitación, James, Sirius, e incluso, Peter; y a juzgar por los ruidos que venían del otro lado de la puerta, estaban probablemente jugando Snap Explosivo.
Se preguntó si lo habían extrañado tanto como él a ellos. Agarró el mango de la puerta con fuerza, suspiró y finalmente lo movió. El silencio con el que se encontró fue casi ensordecedor. Los tres (que habían estado sentados en su cama, notó Remus), se congelaron en sus posiciones y lo miraron casi cómicamente como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
Remus trató de poner su mejor sonrisa.
—Hola, chicos —dijo con voz temblorosa, tratando de no sonrojarse ante las miradas llenas de sorpresa.
Apenas salieron las palabras de su boca, Remus se encontró envuelto en la calidez de unos brazos demasiado familiares... los mismos brazos que había extrañado y había tratado de evitar durante los últimos días. Instintivamente, las manos de Remus se movieron hacia arriba, una descansando en la base del cuello de Sirius, y la otra en la parte baja de su espalda.
—Regresaste —susurró Sirius en su cabello, sosteniéndolo con más fuerza.
Por encima del hombro de Sirius, Remus pudo ver a James y Peter tensarse, y sonrió para tranquilizarlos. Está bien, trató de decir, y el mensaje debió haberse entendido, porque James de repente se iluminó con una gran sonrisa y obligó a Peter a bajarse de la cama. Remus observó en silencio como caminaban a través de la habitación hasta donde él y Sirius estaban de pie.
—Te tomaste el tiempo suficiente, estúpido cabrón —dijo James, golpeando su hombro ligeramente—. Bienvenido —Sus ojos se volvieron a Sirius, quien aún estaba aferrado fuertemente a Remus, y negó con la cabeza. Su boca se abrió como si quisiera decir algo, pero la cerró nuevamente, casi al instante. Y en cambio, decidió poner su brazo alrededor del hombro de Peter y salir de la habitación
Cuando la puerta se cerró, Remus sintió a Sirius descansar su frente contra su hombro.
—Te extrañé —susurró contra la camisa de Remus—. Tanto, tanto...
La mano que Remus había mantenido en la espalda de Sirius aferró con un puño su camiseta.
—Me hiciste daño, Sirius.
Las palabras habían querido salir rencorosas, pero Remus había perdonado a su amigo hace tanto que tales acusaciones salieron con poca relevancia.
Las manos de Sirius vagaron por su espalda, acercándolo más.
—Lo siento... lo siento tanto.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Remus, ya sucumbiendo a los suaves besos mariposas que recorrían su cuello y hombro. Apenas había pasado un rato desde que había llegado y Sirius ya estaba dejándolo indefenso.
—No lo sé —respiró Sirius contra el cuello de Remus, empujando su camisa de su hombro, en busca de piel para besarla gentilmente.
Fue sólo cuando la parte delantera de sus rodillas golpeó la cama, que Remus se dio cuenta que Sirius había estado jalándolos más cerca a ella en todo este tiempo.
—No sé si puedo confiar nuevamente en ti, Sirius.
Sirius lentamente se acostó en las revueltas sábanas, atrayendo a Remus encima suyo.
—Lo sé —susurró mirando hacia abajo. Cogió las manos del hombre lobo y las atrajo a la base de su camiseta, guiándolas por encima de su cabeza—. Pero yo confío en ti —finalizó, descansando una mano en la mejilla de Remus, atrayéndolo más cerca para besarlo.
Remus titubeó, queriendo alejarse y someterse a esos insistentes labios al mismo tiempo. Finalmente, sus bocas chocaron con fiereza, sus lenguas instantáneamente se deslizaron juntas en un ritmo bien practicado, y Dioses, ¿cómo había estado tanto tiempo sin esto? No había tiempo para palabras, no había tiempo para...
Ahora... ahora todo era sólo sobre Remus encima del estómago de Sirius, y en los dedos temblorosos de Sirius enterrados en el cabello Remus, y en la forma en la que sus cuerpos se estremecían cada vez que se separaban de vez en cuando, sólo para profundizar más y sostenerse con más fuerza.
Las ropas fueron quitadas en frenesí, pura necesidad sin adulterar consumiéndolos, cuando Sirius recorrió sus manos sobre el pecho desnudo de Remus, deteniéndose para sentir el frenético latido de su corazón. Las caderas de Remus embistieron las de Sirius en respuesta y ambos jadearon, besándose con hambre. Remus sintió como las manos de Sirius bajaban y sostenían su trasero, embistiendo su cuerpo con más fuerza y envolviendo su pierna alrededor de su cintura.
—Lo siento —gimió Sirius, dejando que su cabeza cayera en las almohadas, mientras Remus lamía el cuello debajo de él, succionando y mordiéndolo suavemente.
Sus ojos se cerraron cuando los dientes de Remus rozaron suavemente contra su piel, poniéndose duro al minuto que la caliente boca viajó más hacia abajo... jugueteando con su lengua hasta que Sirius quedó gimiendo y gimoteando cada vez más fuerte.
Los dedos de Remus se enterraron dolorosamente en su piel, y las manos de Sirius se enterraron en el cabello castaño, instándole a volver arriba antes de que se moviera más. Por un segundo de felicidad, simplemente se miraron el uno al otro... Sirius con su oscura cabellera desordenada sobre la almohada y sus ojos vidriosos, mientras que un dominante placer recorría todo su cuerpo; Remus se inclinó sobre él, su largo cabello empapado de sudor, sus labios mojados y brillando bajo la luz mientras jadeaba de pura necesidad.
Y entonces, Sirius se volvió sobre su estómago y Remus sintió sus ojos abrirse.
—Sirius —susurró. Nunca habían hecho esto; nunca habían ido a más de besuqueos y algunas caricias. Estaban asustados, o quizás no estaban preparados, pero ahora Remus entendió el gesto. Sirius se estaba entregando a él; confiándole completamente cualquier cosa que quisiera hacer.
De repente, el dormitorio se sintió extrañamente frío.
—Por favor, Remus —jadeó Sirius—. Por favor... por favor...
Remus no estaba seguro de porqué suplicaba, pero había sólo un tanto de autocontrol que podía mantener, y suspiró contra el cabello de Sirius antes de besarlo y acariciarlo; viajando cada vez más hacia abajo, tratando de tocarlo por todas partes, mientras un calor abrumador los envolvía. La cama chirriaba y gemía al mismo tiempo que Sirius gemía guturalmente, sólo logrando que Remus aumentara sus movimientos, mientras sus sudorosas pieles se presionaban juntas.
Y entonces, Remus estaba dentro de él, a su alrededor, sobre él, y dolía, a pesar de la generosa preparación. Remus podía verlo por la forma en la que Sirius se aferraba a las sábanas. Pero pronto, el soportable dolor se disolvió en un placer intenso, y entonces, todo fue mierda y Remus y porfavorohporfavor. Hasta que finalmente, Remus se encontró cayendo en un abismo sin fin de luces brillantes y oscuridad absoluta. Estaba gritando, pero sin sonido; el silencio escribiendo el te amo que nunca tendría el valor de decir.
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Sirius suspiró contento ante la sensación de un peso cálido y cómodo en su espalda, y los suaves soplos de respiración contra su mejilla. Se dio cuenta de que Remus aún estaba tirado encima de él, y a juzgar por el ocasional baile de dedos sobre su piel, estaba bastante despierto.
—Te quedaste —susurró Sirius adormilado.
Las manos de Remus se deslizaron hacia arriba para descansarlas encima de la almohada.
—No habrás creído que iba a follarte y luego simplemente dejarte, ¿o sí?
Sirius no respondió y respiró pesadamente cuando sintió que Remus rodó fuera de su espalda para acostarse a su lado, de tal manera que se quedaron mirándose el uno al otro.
Remus acunó su mejilla suavemente.
—¿Creíste eso?
Sirius miró a los curiosos ojos ámbar... la ventana al corazón de Remus, esperando el desprecio y desdén para el que se había preparado, y no encontró ninguno.
—No te culparía si lo hubieras hecho —dijo suavemente—. Sólo necesito que sepas que nunca quise hacer nada de eso. Nunca quise herir a nadie, y menos a ti y...
Fue interrumpido por la mano de Remus deslizándose a su boca.
—Te perdoné, Canuto... hace mucho tiempo.
Sirius estiró una mano para entrelazarla con la de Remus, deleitándose en la sensación de estar juntos nuevamente.
—Dioses, Lunático, eres simplemente tan... —¿Hermoso? ¿Precioso? ¿Maravilloso? Todas esas palabras parecían tan insignificantes. Dejó que Remus lo acercará y se inclinó ante la acogedora calidez, enterrándose más profundamente en un intento de fundirse a ese cuerpo increíble—. No sé si podrás perdonarme después de todo lo que he hecho.
Remus cerró sus ojos cuando sintió los largos dedos de Sirius acariciar su rostro y cabello.
—No quería al principio —susurró—. Quería saber que es lo que te había hecho para que me odiaras tanto; para que me hirieras de esa forma...
Sirius alzó la mirada tan rápidamente que sus narices chocaron.
—No quise, Remus...
—Lo sé, Canuto —rió, frotándose la nariz—. Sólo necesitaba algo de tiempo para comprender eso, supongo...
Sirius besó la comisura de su boca.
—Te he extrañado tanto —Sirius le dio otro beso juguetón en su labio inferior—. Pensé que nunca volverías, y yo simplemente... no podía...
Incapaz de expresar lo que había estado sintiendo en estos últimos días, capturó los labios de Remus en un beso feroz que lentamente se convirtió en algo lento y hermoso, dejando a ambos preguntándose cómo habían podido permanecer separados durante tanto tiempo.
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Lily se detuvo en frente de la puerta del dormitorio de los chicos y golpeó con sus nudillos la madera. Había visto a Potter, Black y Pettigrew rondando por los pasillos, así que estaba confiada de que estaría a solas con Remus por un momento. Tal vez ahora podría conversar decentemente con ese estúpido menso.
—Remus, ¿estás lo suficientemente decente para que pueda entrar?
Hubo un bufido del otro lado de la puerta.
—Define decente.
Lily rodó los ojos.
—¡Remus!
La voz se echó a reír.
—Entra Lily, pero no me culpes si quedas traumada de por vida. Creo que James dejó su ropa interior tirada en alguna parte del suelo.
Lily suspiró con exasperación y abrió la puerta, manteniendo sus ojos fijos firmemente en la figura que estaba en la ventana, sólo en caso de que Remus estuviera en lo correcto de que la ropa interior de Potter estuviera a la vista de ojos curiosos. Remus estaba sentado en la cornisa, con su rostro apartado del de ella y sus pies colgando en el aire. Había una brisa ocasional que jugaba con su cabello, soplándolo a un lado y girándolo en una suave caricia, ¿y eso era un cigarrillo colgando de la comisura de su boca?
—No sabía que fumabas —dijo Lily, sentándose cuidadosamente al lado de Remus. Trató de no mirar hacia abajo y momentáneamente se preguntó cómo una persona en su sano juicio podía sentarse tan alto sin desarrollar un caso severo de vértigo.
—No lo hacía... hasta hace una semana o así —Remus la miró, con sus ojos ámbar arremolinándose en una danza misteriosa—. Mira esto.
Aspiró profundamente y entonces, exhaló en tres soplos distintos, los cuales, para sorpresa de Lily, parecieron tomar forma de... ¿perro, cierva y ratón? No pudo hacer más que reír. Confía en Remus para hacer algo como fumar una forma de arte.
—Me tomó años hacer correctamente al ciervo —dijo, inhalando nuevamente.
Lily frunció el ceño. Bueno, estaba cerca de ser un ciervo.
—Así que, ¿qué trae a nuestra querida Srta. Evans a la olorosa pero humilde morada de Remus Lupin?
Lily casi no oyó la pregunta. Estaba ocupada viendo a Remus, buscando algún cambio en su apariencia o comportamiento; cualquier cosa que pudiera mostrar algo de los eventos de esa fatídica mañana, pero no encontró nada. Se veía un poco más mayor, más maduro quizás, y había crecido un poco más, pero eso sólo mejoraba su apariencia. No había signo alguno de desesperación o necesidad de consuelo en ninguna forma. Se veía casi... feliz.
—Sólo quería saber cómo estaba mi buen amigo —respondió finalmente, preguntándose si la expresión en el rostro de Remus era simplemente otra fachada.
Remus alzó una ceja.
—Bueno, ¿por qué estás realmente aquí?
Lily fingió un bufido y cruzó los brazos sobre su pecho.
—¡No te lo puedo creer, Remus! Aquí estoy, preocupada por ti, y tienes el descaro de acusarme de tener una razón por la cual estoy preocupada.
Remus miró a las estrellas.
—Lo siento, Lily.
Ella sonrió.
—Está bien.
Remus exhaló.
—Así que, ¿por qué estás realmente aquí?
Lily suspiró. Será mejor que pregunte.
—Quería saber... ¿por qué? —dijo, mirando como remolinos de color gris subían por encima de la cabeza de Remus, dándole incluso un aire más misterioso—. ¿Por qué Sirius y tú están juntos nuevamente? ¿No solo como pareja, sino también como amigos? —terminó rápidamente.
Remus inhaló.
—No sabía que sabías de nosotros —dijo con calma.
Lily casi se atora con su propia saliva cuando se dio cuenta de su desliz.
—Ehm... sí. De alguna forma los vi besarse... antes de que te fueras —Un rubor se alzó por sus mejillas—. Era realmente tarde, y no creí que nadie estaría en la Sala Común y ehm, sí —terminó estúpidamente.
Si Remus estaba avergonzado por haber sido atrapado besuqueando a su mejor amigo en la Sala Común, no lo demostró, ni trató de negarlo. Simplemente apagó su último cigarrillo contra la pared y puso una mano gentilmente sobre la de ella.
—Agradecería que no se lo contaras a nadie.
Lily rodó sus ojos.
—¡Por supuesto que no! Pero eso aún no responde mi pregunta. ¿Por qué volviste con él, Remus?
No era que Lily aún estuviera enamorada de Remus. Era muy al contrario, lo había superado hace mucho tiempo, pero aún era su amigo y se preocupaba por él un montón.
Remus se encogió de hombros y una lenta y serena sonrisa se extendió en su rostro. Era una de esas sonrisas con las que muy pocos nacían... una de esas que se mostraba más en sus ojos que en sus labios y dejaba unos ligeros hoyuelos en cada mejilla; mostraba alegría y regocijo, y algo más que era completamente distinto y Lily aún no podía descifrar.
—Lo amo —dijo suavemente.
Por alguna razón, Lily no estuvo ni un poco sorprendida, y sintió que su agarre instintivamente se aferró alrededor de la mano de su amigo.
—Él no te ama, Remus.
La sonrisa de Remus nunca titubeó.
—No, no lo hace.
No se merecía esto. Remus necesitaba a alguien que lo amara.
—Mira, Remus, sé que no me vas a contar que es lo que realmente sucedió entre ustedes dos, pero nunca vi a Potter tan molesto. Si no lo hubiéramos detenido, estoy segura de que hubiera matado a Black, y si comprendo bien la situación, entonces él te está jodidamente usando.
La expresión de Remus se endureció y su sonrisa cayó.
—Entonces, siento decirte Lily, que no has comprendido la situación en absoluto.
—¿No lo he hecho? —Lily lo desafió y retrocedió un poco cuando vio cambiar el color de los ojos de Remus de un calmado ámbar a un ardiente oro—. Te está haciendo daño, Remus, y se lo estás permitiendo porque estás demasiado cegado por tus ridículas ideas del amor para ver más allá de eso.
Remus retiró la mano del agarre cada vez más fuerte de Lily.
—Creo que yo debería ser quien juzgue su carácter, especialmente porque realmente me he tomado el tiempo de conocerlo.
—¡Te está arruinando, Remus! Mírate... desde que has vuelto has empezado a fumar, has devuelto tu insignia de prefecto y...
—Esas han sido mis decisiones y no tienen nada que ver con él —interrumpió Remus—. Soy capaz de pensar libremente.
Lily negó la cabeza con desaliento.
—Estoy tratando de ayudarte, Remus. ¿Por qué no puedes comprender eso?
Hubo una repentina ráfaga de viento y el cabello de Remus voló a sus ojos, cubriendo cualquier emoción que estaba sintiendo.
—Las personas cometen errores, Lily, pero eso no te da derecho a juzgarlas.
Lily resopló con sorna.
—Es un Black, Remus, y rebelde o no, al final te tratará de la misma manera. Lo perdonaste, y ahora va ha hacerlo una y otra vez, hasta que finalmente te tenga roto y a sus pies.
Remus retiró el cabello de sus ojos y se inclinó peligrosamente cerca a ella. Había una pasión en esas orbes ámbar que bordeaban muy cerca con la locura.
—Te voy a decir algo que aprendí este verano, Lily, y quiero que lo escuches y pienses en ello, porque puede que tal vez cambie toda tu vida. No dejes que tu orgullo se interponga en el camino de tu mejor decisión.
Sus ojos se dirigieron a la cama de James y luego a ella, asegurándose de que entendiera el doble sentido de sus palabras.
—Puede que se sienta como que estás haciendo lo correcto ahora, pero te arrepentirás más tarde.
—Remus, yo...
Lily fue interrumpida a mitad de protesta cuando la puerta se abrió de golpe, y Sirius entró, prácticamente, rebotando a la habitación con entusiasmo apenas contenido.
—Lunático, no vas a creer lo que Cornamenta y yo... —Sirius se detuvo cuando vio a Lily sentada cerca de Remus, en lo que parecía una íntima discusión —. Hola, Evans —dijo secamente. Ni siquiera intentó disimular el odio que le tenía.
Lily no lo culpaba. Si alguien rechazara a su mejor amiga tanto como ella hacía con James, también le guardaría rencor. Además, el odio era bastante mútuo.
—Black —Lily se esforzó por mantener un tono civilizado, sólo por Remus.
Sirius se acercó al lado de Remus y puso un brazo alrededor de sus hombros. Para un observador normal, parecería un gesto casual, pero Lily podía ver que Sirius estaba presumiendo a Remus frente a ella.
—¿Qué estás haciendo, Lunático? —preguntó juguetonamente, ignorándola con mucho tacto.
Lily observó como la postura de Remus cambiaba por completo de furioso a enamorado. Esa lenta sonrisa había vuelto y la expresión en sus ojos cuando miraba a Sirius era indicador suficiente para saber exactamente cómo se sentía; y quizás era su imaginación, pero le pareció ver un reflejo de esa misma mirada en los ojos de Sirius.
—Sólo conversando —dijo Remus con simpleza.
Sirius le devolvió la sonrisa, y Lily notó su mano retorcerse ligeramente, queriendo hacer sus toques más íntimos, pero evitando hacerlos.
—Uhm... bueno, yo y los demás vamos a bajar al lago, y Cornamenta me pidió que te llevara, sin importar lo que dijeras —Sirius miró a Lily al mencionar a Cornamenta—. Así que, ¿voy a tener que cargarte hasta allá o vas a venir voluntariamente?
Remus miró a Lily.
—No te importa, ¿verdad? He estado fuera por dos semanas, y me gustaría pasar un rato con los chicos.
El pecho de Sirius se hinchó ante eso y miró a Lily con burla.
—No, está bien. Tengo trabajo que terminar de todas formas —Lily le dio un beso en la mejilla antes de levantarse—. Cuídate, eso es todo lo que estoy diciendo.
—Lo haré —susurró Remus.
Y cuando Lily salió del dormitorio, escuchó un grito enfurecido que sonaba mucho a Sirius diciendo: ¿Por qué carajos te besó? y No me interesa si es tu amiga. Lily sonrió pícaramente. Tal vez Remus tenía razón y era muy rápida al juzgar. Sin embargo, eso no significaba que no mantendría un ojo sobre él.
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Sirius yacía en su cama, mirando las pesadas cortinas y observando como la tela se doblaba al ritmo de la gentil brisa nocturna. Parecía etéreo como distintas sombras de la luz de la luna jugaban a través del suave terciopelo.
Estaba tranquilo, demasiado tranquilo, pensó Sirius. Había el ocasional silbido del viento y el incesante sonido de Peter dando vueltas, pero algo faltaba; había un silencio al que aún estaba acostumbrándose, a pesar de la ausencia de Remus por casi dos semanas.
Los Merodeadores habían estado tonteando toda el día, y en la noche, todos habían terminado exhaustos. James se había ofrecido a robar comida de las cocinas, mientras que el resto de ellos había colapsado en sus respectivas camas. Pero, allí estaba Sirius, bien despierto. James aún no había vuelto y Remus obviamente había desaparecido a algún lugar.
Lentamente estiró las piernas, gimiendo y frotándose el sueño de sus ojos con su mano derecha. Ya estaba recordando el rostro de Remus, cada línea, cada pliegue, aquellos expresivos ojos ámbar, sus suaves mejillas, y esos encantadores labios entreabiertos. Esto sucedía incluso más seguido desde que Remus regresó de la escuela. Sirius apenas se levantaba y su mente empezaba a suministrarle imágenes del hombre lobo, dejándolo con un deseo insano de sólo ver al objeto de sus visiones.
Con cuidado se levantó de su cama, se deslizó silenciosamente hacia la puerta y bajó por la escalera. Se apoyó contra la pared, escondiéndose bajo las sombras, queriendo atrapar al hombre lobo con la guardia baja. Encontró a Remus sentado en una de las mesas de estudio, vestido sólo con su pantalón pijama y con los ojos concentrados en el libro debajo de él. Remus había estado pasando las noches en vela ya por un largo tiempo, especialmente porque aún le quedaba un montón por ponerse al día. Después de todo, tenía una calificación perfecta que mantener.
Los pies descalzos de Sirius no hicieron ruido contra la alfombra roja de felpa, mientras caminaba para dirigirse detrás de Remus. Sabía que su amigo ya había sentido su presencia hace un largo rato por la forma en la que había dejado de respirar por un segundo.
—Oye —dijo suavemente Sirius, reuniendo lentamente la larga cabellera de Remus en su puño para hacer una pequeña cola de caballo—. ¿Aún no tienes sueño?
Remus negó con la cabeza.
—Aún tengo que terminar Pociones.
La mano de Sirius bajó a su hombro, tratando de calmar su ansiedad.
—Tomate un descanso. ¿Te sientas conmigo?
Remus frunció un poco el ceño, pero de todos modos asintió. Se levantó y siguió a Sirius al sofá, estirando las piernas en frente de él para que tomara su lugar habitual en su estómago.
—Trabajas demasiado, Lunático —dijo Sirius, acurrucándose a su lado.
—Uhm... —Remus enterró sus dedos dentro del grueso cabello negro.
—Aún no comprendo porqué tuviste que renunciar a ser prefecto... —continuó Sirius, intentando llenar el silencio entre ellos con algo al azar—. No tiene nada que ver con tus estudios, y yo y James no somos tan malos; quiero decir, realmente disfrutabas ese puesto.
—No, no lo disfrutaba, y necesitaba tiempo para ponerme al día con todo lo que me perdí —dijo Remus, cerrando sus ojos e inclinándose contra el brazo del sofá.
Sirius alzó la mirada con desconcierto.
—No es por mí, ¿verdad, Lunático? Porque no creo que eso haya sido una buena razón, en absoluto. Eres un prefecto brillante, y creo que deberías seguir siéndolo.
—No todo es sobre ti, Canuto.
Los brazos de Sirius se aferraron alrededor de la cintura de Remus.
—Está bien.
Se sentaron allí en silencio por un largo rato; la respiración de Remus eventualmente haciéndose más lenta y la mano que había estado acariciando el cabello de Sirius deteniéndose. Sirius no quería interrumpirlo, pero había algo que quería preguntarle al hombre lobo, algo que sólo tenía el coraje de preguntar ahora.
—Lunático —Sirius se mordió el labio—. ¿Confías en mí?
Remus, quien había estado ligeramente dormido, se las arregló para comprender la pregunta y pensar en ella, incluso a través de su confusión causada por el sueño.
—No estoy seguro, Canuto —Remus se movió para estar más cómodo—. Confío en tu intención... pero no en tus acciones... ¿tiene eso algún sentido?
Lo tenía, en cierta forma, y dolía un poco saber que Remus no confiaba en él por completo, incluso aunque sabía que se lo merecía.
—Arreglaré las cosas, Lunático. Te lo prometo —susurró, sentándose derecho—. Haré todo lo que pueda para que vuelvas a confiar en mí.
Si Remus había escuchado su declaración o no, Sirius no pudo saberlo, porque el agujero del retrato se abrió y reveló a James con un brazo lleno de aperitivos y una sonrisa tan amplia que amenazaba con salirse de su rostro.
—No vas a creer que ha sucedido —dijo emocionado, sentándose al lado de Sirius y pasándole un gran pastel de caldero. Estaba a punto de lanzarle uno a Remus cuando se dio cuenta que el hombre lobo ya estaba dormido.
Sirius le dio una mordida al pastel.
—¿Uno de los elfos domésticos te pidió que te casaras con él?
—Oh, ja, ja, que gracioso, pero no hay nada que pueda nublar mi ánimo hoy. ¿Sabes por qué, Canuto, viejo amigo? Porque Lily Evans, la chica más hermosa de la escuela, se acercó a mí, James Potter, mientras caminaba de regreso y me preguntó si podía ayudarla con Encantamientos —suspiró, deslizándose del sofá y descansando su cabeza en las piernas de Remus—. Está a punto de enamorarse de mí.
Bueno, eso ciertamente era una sorpresa. Quizás esa bruja finalmente volvió a sus cabales.
—Me pregunto como sucedió eso —dijo, deslizándose al lado de James e imitando su posición.
Remus soltó un largo ronquido y ambos se miraron el uno al otro, sonriendo.
—Me pregunto.
