Nota Orientadora:

Heather Mason – Silent Hill 3 / Final Possessed

James Sunderland – Silent Hill 2 / Final In Water

Travis Grady – Silent Hill Origins o Zero / Bad Ending.

Alex Sheperd – Silent Hill Homecoming / Final Drowning


Silent Hill: De puño y letra, con alma y corazón.

Chapter XXI – Memento Moro – Segunda Parte y Final.

To: Heather, James, Travis and Alex.


"Expresión latina. Recuerda que vas a morir. El tiempo pasa y la muerte espera"

Heather Mason.

Sentía su cuerpo quemar desde adentro, como el calor después de una carrera por la ciudad, atravesando y empujando a las personas. Debajo de la lluvia o el sol, contra el viento o los monstruos.

La neblina o el tráfico.

Cerró levemente los ojos dejando que sus pies la guiaran, sin ver al camino, como si se lo supiera de memoria. El falso Dios que profesaba Claudia, yacía muerto sobre el suelo de la parte subterránea de la iglesia. La cabeza le martilleaba más fuerte ahora, más que antes. Y ardía, tal vez tenía fiebre, la fiebre después del cansancio, de la ira y del dolor.

Su boca sabía extraña, a metal, cobre o hierro, quizás aquella cosa de antes había logrado herirla y ahora estaba sangrando internamente y la sangre fluía por la cavidad de su boca. No sabía que sucedía con ella, sólo atinaba a caminar con los ojos cerrados, como un muerto viviente que se desliza en busca de su presa.

Estiró el pie derecho y este topó con algo, algo hueco. La puerta está allí, burlándose de su estado catatónico. La abrió y pudo sentir el intenso hedor de antaño. La sangre y el óxido.

Suspiró brevemente y abrió sus parpados, aunque ocultó sus pupilas debajo de las largas pestañas color negro. Sólo miró el suelo enrejado y el sonido de un juego funcionando a lo lejos. Sabe que esto aún no ha acabado, aún había algo que hacer.

Arrastró las botas por las rejas, llevándose todo a su paso, incluso algunos trozos de piel que decoraban la tétrica escena. El parque de diversiones no tenía nada de entretenido que digamos, pero ya no importaba mucho.

Prosiguió por los pasillos malolientes del parque, los recovecos sin sentido y los juegos de mirada siniestra. Las mascotas del parque, aquellos conejos rosas ensangrentados en la boca eran los únicos testigos de su enlentecido y abrumador paso.

La niebla, incluso, parecía alejarse de ella, abriéndose a medida que avanzaba. Claro que no podía darse cuenta de eso, estaba más bien concentrada en la reja que estaba cerca del Cohete Columpio que estaba allí, el cual había sido de utilidad para poder ingresar hasta su objetivo final.

Atravesó el improvisado umbral encontrándose con el pequeño decorado de luces giratorias. El juego de las tazas seguía funcionando a pesar de todo.

El hombre desaliñado sobre la banca le miró extrañado, aunque con una sonrisa afable en los labios. Heather siguió su marcha hasta estar más cerca de él, su rostro no mostraba ninguna expresión. Douglas parpadeó con rareza, mirándola de lado.

El hombre intentó ponerse de pie, pero su pierna, lastimada anteriormente, se lo impedía, Heather levantó el cuchillo que siempre portaba y Douglas quiso defenderse, pero fue atravesado por el filo sin piedad debajo de las costillas, directo en el estómago.

Quiso articular alguna palabra, alguna pregunta, un "por qué lo hiciste", pero la segunda estocada vino casi de inmediato atravesando un espacio sensible entre sus costillas, luego otra, y otra y otra y otra.

Nunca sabría cuál de todas las estocadas había sido la mortal, quizás todas y había muerto desangrado, allí tirado en el suelo del parque, perdiéndose con la música mientras los brazos de Heather se llenaron de sangre. Las piernas y casi toda ella formaban parte de un mosaico que debía armarse para entablar un mensaje claro.

Dios seguía estando dentro de ella.

"Cuando pensamos que el día de mañana nunca llegará, ya se ha convertido en el ayer"

From: El empresario norteamericano, Henry Ford.


James Sunderland.

La luz blanca que ingresaba por la ventana pulcra en la cima de la cama, iluminaba el rostro de Mary, bañándola de una pureza indecible. El pijama color rosa hacía resaltar la pálida piel de su esposa. La silla, vieja por los años de abandono, rechinaba cada vez que se inclinaba para poder apreciar el rostro que, por años, había dejado de ver, hasta ahora.

—Mary…

—James… —Murmuró ella, cuando nuevamente esa maldita tos se apoderaba de ella.

—Perdóname —Suplicó, su voz parecía que se quebraría en cualquier momento y las lágrimas amenazaban con viajar por sus mejillas.

—Te dije que quería morir, James… —Comenzó, James recordaba esas palabras, pero no las quería tener en su memoria en este momento—. Quiero acabar con mi dolor.

—Es por eso que lo hice, cariño, no soportaba verte sufrir —Y la toz regresa, acompasando los recuerdos tortuosos y el dolor, y las lágrimas, la desazón y con ellos, la verdad—. No… esa no es toda la verdad. Tú también decías que no querías morir, la verdad es que una parte de mi te odiaba, por alejarte de mi vida.

El aire poco a poco fue tornándose más fino, James sintió que un nudo apretado en la garganta iba a matarlo de dolor.

—Tú me mataste y estás sufriendo por ello —Mary estiró la mano cogiendo entre los dedos un sobre blanco y se lo extendió a su marido—. Ya es suficiente, James.

Él estiró la mano tomando el sobre. Mary tosió, esta vez más fuerte, la vida se le escapaba detrás se esa terrible acción y James no tenía como evitarlo.

—Mary…

—James…

Gimió mientras trata de controlarse, alza su mano y James la tomó, la mano de Mary era tal como la recordaba, suave y delicada, tal vez sólo estaba más fría, pero no importaba, debajo de la piel su sangre ardía, Mary era la única que tenía ese don en él. Las yemas de ella tocaron su mejilla y se desvanecieron en el acto, dejando que cayese sobre la nada. Ella, ella se había ido nuevamente. Él lloró, dejó que las lágrimas, sinceras y sin remordimientos, surcaran su cara sin temor, la miró, pero ella no tenía los ojos abiertos, ella ya no sonreía y James sintió que le habían arrebatado más que a su alma gemela, sino también su alma misma.

Se levantó con decisión y tomó con sutileza el brazo de su amada mientras que lo cruzaba por su cuello, enseguida tomó sus piernas y la cargó fuera de la estancia, a su auto. Subió el cuerpo de Mary al asiento del copiloto y él en del conductor, miró el hermoso paraje que tiene en frente. El lago Toluca al fondo mientras que la niebla parecía disiparse y de entre las nubes apareció el sol, tímido, como la primera vez que le habló a Mary en la tienda donde trabajaba de empleado.

«Ahora entiendo… la razón por la cual vine a este pueblo». Tomó la llave y la giró, de inmediato el motor rujió con fuerza «Me pregunto… de qué tenía tanto miedo». Apretó el acelerador hasta el fondo y fijó la mirada sobre la ruta «Sin ti, Mary… no tengo nada».

Aceleró, pudo escuchar el sonido agudo de las ruedas derrapando sobre el pavimento. Las piedrecillas sueltas golpeaban la parte inferior del vehículo, pero no le interesó, el lago, el lago cada vez estaba más cerca. Miró el cuerpo de su amada Mary, apretó las manos sobre el manubrio, miró hacia delante y cerró los ojos.

La valla de seguridad sonó escandalosamente y luego el agua del lago se abrió ante el monstruo metálico. Se fundió con ella, como una madre que abraza a su hijo, o dos amantes que se amparan en la oscuridad de una esquina. Sintió el agua, pero no importaba ya, estático mientras el auto se hundía en el fangoso lodo del final.

«Ahora podremos estar juntos…»

En mis sueños más inquietos, veo esa ciudad.

Silent Hill.

Me prometiste que me llevarías allí de nuevo algún día, pero nunca lo hiciste.

Bueno, ahora estoy ahí sola … En nuestro "lugar especial" … esperándote…

Esperando por ti a que vengas a verme.

Pero nunca lo haces.

Y entonces te espero, envuelta en mi capullo de dolor y soledad.

Ahora sé que te he hecho algo terrible, algo por lo que nunca me perdonaras.

Me gustaría cambiar eso, pero no puedo.

Me siento tan patética y horrorosa tendida aquí, esperándote…

Todo el día me la paso viendo las grietas del techo y en todo lo que puedo pensar es cuán injusto es todo esto.

El doctor vino hoy, me dijo que podría ir a casa por algún tiempo…

No es que me esté mejorando, es sólo que ésta sea quizás mi última oportunidad…

creo que sabes a que me refiero…

Aun así, me siento feliz de volver a casa.

Te he extrañado muchísimo.

Pero tengo miedo, James, tengo miedo de que tú no quieras que vuelva a casa.

Cada vez que vienes puedo darme cuenta de cuan duro es para ti.

No sé si me odias o si me tengas lastima o… tal vez… te sea… desagradable. Lamento tanto eso.

Cuando por primera vez comprendí que yo iba a morir, simplemente no pude aceptarlo. Estaba enojada todo el tiempo y alejé a todos los que me amaban de mí. Especialmente tú James.

Es por eso que entiendo si me odias…

Pero quiero que sepas esto James.

Siempre te amaré.

Aun cuando nuestra vida juntos haya tenido que terminar así, aun así no lo cambiaría por nada en el mundo.

Nosotros tuvimos unos años maravillosos juntos.

Bueno, esta carta se ha extendido demasiado, así que… diré adiós.

Le pedí a la enfermera que te diera esto cuando yo ya estuviera aquí…

Lo que significa que si estás leyendo esto, yo ya estaré muerta. No puedo pedirte que me recuerdes, pero no puedo soportar que olvides…

Estos últimos años desde que me enfermé…

Lamento tanto todo lo que te hice, lo que nos hice. Me has dado tanto y yo no he sido capaz de retribuirte.

Es por eso que quiero que vivas, para ti ahora. Haz lo que sea mejor para ti, James.

James…

Tú me hiciste feliz.

"Las lágrimas más amargas que se derraman sobre nuestras tumbas son por las palabras nunca dichas y las obras inacabadas"

From: La abolicionista y autora, Harriet Beecher Stowe.


Travis Grady.

Cuando pudo al final recuperar algo de sentido lo único que vino a su mente fue un desagradable sentimiento de miedo. Algo chirriaba a sus alrededores interrumpiendo el apabullante silencio que embargaba el lugar. Lentamente abrió los parpados, acostumbrando sus pupilas a la luminiscencia esporádica del foco sobre su cabeza. El ruido provenía de allí.

Una ampolleta mal colocada que parpadeaba a ratos haciendo aquel desagradable y poco alentador sonido. Los cables mal colocados de la instalación eléctrica le hacían sospechar que en cualquier momento la ampolleta reventaría sobre sus ojos.

Poco a poco y a medida que sus otros sentidos se adaptaban a la vuelta al mundo real se fue percatando de la presión que había sobre sus muñecas. Levantó la cabeza, contagiado por la curiosidad, encontrándose con grandes y fuertes cuerdas de cuero amarradas a sus manos y a sus pies. El corazón pateó fuerte contra su pecho cuando intentó zafarse y éstas no cedieron en lo más mínimo.

Tiró de la mano derecha, pero sólo consiguió que la cuerda que cubría a la izquierda se apretara un poco más. Luego sus pies, las manos, el cuerpo alzado, levantando la cadera para poder tirar más de las cuerdas, estaba consiente, muy dentro de él, que éstas no se moverían nunca. Las personas que le pusieron allí sabían cómo hacer bien su trabajo, al pasar la huincha de cuero oscuro dejado de su espalda baja ésta sería una trampa a prueba de idiotas.

Se sintió mal, un malestar general, todo le daba vueltas, la luz parpadeante le mareaba, no sabía si estaba soñando, si eran recuerdos vagos, si realmente había sucedido o sólo lo estaba imaginando, pero imágenes de una aguja penetrando la carne de su brazo era cada vez más real. Los frascos de medicamentos polarizados, con rótulos médicos y poco entendibles se le venía a la mente.

Un grito ¿Él estaba gritando? No, no podía ser él, él sólo gemía molesto al no poder salir de allí, entonces ¿Quién era? ¿Quién estaba allí? ¿O era él? ¿Quizás alguien más?

Nuevamente tiró de él hacia arriba y los recuerdos volvieron, frascos y agujas goteantes sobre la mesa insalubre de su costado, oxidada y corroída por el tiempo y el aire cargado de humedad. Olía extraño, a sangre, como si ésta realmente oliese a algo cuando está fresca. Ladeó la cabeza y parpadeó más rápido, sintió el corazón a mil por hora, no sabe quién es.

El espejo del lado derecho reflejó sus intentos vanos por salir. Los gritos y el cuchillo cocinero rectangular clavado en lo que parecía ser un cubo de material duro, chorreó sangre, sangre que se deslizó por el filo sucio hasta fundirse en la superficie de la mesa o lo que sea.

«¿De qué estás hablando? No soy tu madre».

Abrió los ojos ¿Quién dijo eso? El desgarro de la piel de alguien más resonó en sus tímpanos, la voz de la mujer había sido lejana, pero la recordaba, él había matado a una mujer ¿La había matado?

«Disculpe señor, el hotel está cerrado ¿Señor? ¡No!».

Y el encargado del hotel ¿También le había asesinado? Sus brazos, sus brazos tenían sangre, la sangre de un hombre inocente, pero estaba libre, como si las cuerdas de cuero hubiesen desaparecido de la nada. Cerró los ojos y estaba allí, nuevamente, recostado sobre la camilla y el cuero le arañó la piel. Estaba delirando, otra vez.

«Tranquilo hijo… pero… ¡Padre!».

No, él no había asesinado a esas personas, había sido el carnicero, el carnicero, él había entrado y había asesinado a todos ¿Y si el carnicero, esa bestia sin corazón era el reflejo fidedigno de él mismo? Entonces él sí había matado a esas personas y aunque no lo recordara, había sido su voluntad, su deseo, su gusto.

Agresivo, pendenciero, ligero y fantasmal, así había sucedido todo. Sus actos no tenían ningún perdón conocido. Inhumano como la peor de las bestias, si es que clasificarlo en ese tipo de categoría era válido, pero lo dudaba.

Echó un vistazo nuevamente para luego tirar una vez más de las ataduras. Un preso envuelto en cuero a punto de morir, eso sentía, un animal esperando la aguja con veneno. Suplicando en silencio la eutanasia.

Por el momento seguiría tirando.

"La muerte, temida como el más horrible de los males, no es en realidad nada, pues mientras nosotros somos, la muerte no es, y cuando ésta llega, nosotros no somos"

From: El filósofo griego, Epicuro.


Alex Sheperd.

Su instinto le gritó, de pronto y sin más, que debía abrir los ojos. Algo estaba pasando a su alrededor y él debía ver qué era. De inmediato se sintió mojado, la espalda fría y los zapatos llenos de algún líquido.

El brillo oscuro y lóbrego de la ventana no hacía presagiar nada bueno, afuera estaba oscuro y la imagen de nubes negras adornando el cielo se le vino a la mente. Giró la cabeza, tan rápido como su, aparente estado de somnolencia se lo permitía. Al instante el agua de la bañera sonó tranquilamente.

Al fin podía distinguir, después de ese trance de oscuridad, que todo lo que lo rodeaba era agua. La bañera estaba repleta, pero ésta no alcanzaba a derramarse por los costados y él estaba allí.

Su respiración se aceleró junto con su corazón al notar que no podía moverse, que aquella fría y escurrida agua se le metía por la ropa, rosando su cuerpo, enfriándolo. El músculo cardiaco contraído y dilatado, marcando la diástole y la sístole con cada respiración, los capilares dilatados y el congelante ambiente le hacía sentirse represivo, encerrado en esa trampa de pareces lisas y resbaladizas fabricadas con fibra de vidrio.

Miró a su costado derecho y entre las sombras le pareció ver algo. Un hombre que se ocultaba detrás de la oscuridad amparado por aquel lugar donde la luz fue desterrada por momentos.

Los pasos acercándose le aterraron y a la vez le tranquilizaron cuando la figura robusta de su padre se asomó a la fantasmal luz de la ventana. Quizás no se había percatado de ese detalle, pero la luna estaba afuera como la única testigo de que iba a acaecer esa noche.

Adam se acercó más, Alex sintió, aún más que cuando pequeño, como el terror recorrió desde su cerebro hasta lo más recóndito de su cuerpo. Los ojos de su padre tenían un brillo especial, algo que jamás había visto cuando le miraba. Una mirada meliflua, casi servicial y querendona. Como si su padre realmente le apreciara, aquella mirada que quiso que le dedicase cuando tenía apenas diez años. Había amor en sus ojos. Pero, por arte de magia, la realidad le azotó sin piedad contra la piel de la espalda.

Su padre no le amaba.

Se agachó a su lado y él sólo podía ver, desde su incómoda posición, las acciones decididas de su progenitor.

No tengas miedo, hijo, tu sacrificio nos salvará a todos. Joshua estará seguro llevando el nombre de la familia.

Sintió la mano, callosa y pesada sobre su pecho, estaba seguro que él podía sentir los acelerados latidos bajo la ropa húmeda. De pronto y sin que pudiera evitarlo, su padre lo hundió en el agua.

¡No…!

Había intentado gritar, pero sus gemidos y sus intentos estúpidos por salir quedaban opacados por la fuerza descomunal de su padre. Se negaba a morir, a respirar el líquido claro que le rodeaba tapándole los oídos mientras que la imagen de Adam se distorsionaba en la superficie.

Las burbujas subieron y se preguntó de dónde provenían tantas, cayó en cuenta que había sido él quien en uno de sus intentos había expulsado todo el aire que quedaba en sus pulmones. La falta de oxígeno tardó dos segundos en hacerse presente.

Esta vez se removió más, intentando sacar las manos con la intención de aferrarse a los fornidos brazos de su padre, pero le fue imposible. Sólo bastaron un par de segundos más y el agua entró por sus vías nasales perdiéndose en sus pulmones. Hubo un dolor intenso en su pecho, una punzaba que le caló desde el esternón hasta la columna como si le enterrasen una espada filosa.

Sus ojos se perdieron en la solemne agua de la bañera y él dejó de luchar. Podía estar tranquilo, ahora.

"La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente."

From: El periodista y escritor francés, François Mauriac.


N/A: ¡Es el final, mi amigo es el final! So, vamos por partes, algo así como la anécdota de la semana ¿O semanas? D: Okay primero que nada o que todo, está Heather, decidí hacer el final Possessed porque es el único final malo que hay y creo que se da a entender que Heather va a morir de todos modos XD.

En segundo lugar, está James, Dios ¡JAMES! Tuve que terminar el juego por cuadragésima segunda vez sólo para sacar el final In Water y luego ver el video en YouTube como chorropocientas veces y lloré, lo siento es que la lectura de la carta de Mary me pone mal y sobre todo si luego viene Promise, por cierto, el dialogo lo traduje yo, porque consideré que en inglés (Aunque muchos saben el idioma) no se entendería ni jota de lo que decía y todos con cara de ¿Qué mierda?

En tercer lugar, está Travis, es el que más me complicó, aunque no se vea, es difícil ponerse en el lugar de él en el Bad Ending… es tan sofocante ese final que me altera XD, pero me gusta porque es el más intenso de todos XD. Y, por último, pero no menos importante, tenemos a Alex, el sufrido de Alex intentó luchar contra su destino en el final Drowning, ese final me causa un poco de animadversión contra Adam ¡ADAM, COMO TE ODIO! XD

Vale, eso es por el momento

Próximo Capítulo: ¿Cómo? ¿No se había acabado? LOL Capítulo sorpresa, con personaje sorpresa y pastel sorpresa XD

Vale, si se pasan por el siguiente capítulo, nos vemos allí.

¡Un beso para todos!