Esta historia fue escrita y subida a Fanfiction entre febrero del 2012 y agosto del 2013, con otro nombre de usuario. Obra registrada en Safe Creative el 6 de julio del 2013, código 1307065389071. -OBRA EN EDICIÓN 2017-


Capítulo 21

POV Edward

Cuando cierra la puerta tiro lo que había encima del escritorio, el pequeño bar. Las botellas salieron disparadas por el aire, rompiéndose en las paredes. Tiro cuadros y un espejo. La cólera me carcome. ¡Ella debe volver! ¡Ella me ama! Ella no puede dejarme, no puede.

En el caos de papeles y vidrio roto me siento. Estoy atado de manos, nada puedo hacer para cambiar el pasado, por más que quisiese repararlo.

Escucho alboroto, me tenso cuando Alice abre la puerta.

—Edward —dice horrorizada—. ¿Qué ha pasado? Está hecho un desastre.

—Vete —gruño.

—Oh. —Esa es Angela, ¿qué mierda hacía aquí? Alice le abraza.

—Edward, por Dios, ¡estás sangrando!

Si no es por su observación, ni me hubiese percatado que mi mano tenía un corte que parece ser profundo.

— ¡Váyanse! —grito enfurecido.

—Pero amor. —Mi esposa profiere confundida y asustada. Un rechazo profundo me produce su apelativo, creo que dos veces antes me llamó de tal manera a lo que yo era indiferente. ¿Por qué ella me quería? No podía entenderlo, sí jamás le di alas para que sintiese algo, todo era mero formalismo. Debía tratarla con respeto, pero nada más que eso.

— ¡Ahora! —Ambas desaparecieron, Alice mueve la cabeza, y su expresión no me agrada.

Bien reza el dicho de que todo lo que hagas en esta vida se paga. Mis actos tuvieron consecuencias, pero jamás pensé que serían tan devastadoras, lo digo por Bella.

He intentado recordar aquella noche maldita, pero estaba tan drogado que ni sabía qué mierda hacía. Elizabeth me mantuvo en el límite, desaparecer toda evidencia. Yo no dejaría de ser un asesino, nunca sentí cargo de conciencia por esto, pues era lo que se debía hacer. Sin embargo, todo era diferente con Isabella. Aquel acto de tortura me aplasta. ¡Yo ordené que le hiriesen, yo mismo lo hice! No podía cambiarlo, a pesar de que daría todo para hacerlo.

¡Qué estoy haciendo sentado como imbécil! ¡Debo ir tras ella! Es mía, no puede marcharse, así como así. Me paro como puedo y salgo en su búsqueda. Aún debe rondar por aquí, supuse. Encuentro a Carlisle en las escaleras.

— ¿Qué ocurre, Edward?

—Nada. —Espeto.

—Tu hermana está alterada, dice que destruiste mi oficina. ¿Por qué sangras?

Rasgué mi camisa y la enrollé en el corte como torniquete. Obvio su pregunta.

— ¿Dónde está?

— ¿Quién?

—Isabella.

—Se acaba de ir, Edward.

… ¿Tan pronto? El miedo se hace presente y corro haciendo caso omiso a las llamadas de mi padre. El camino está despejado, no hay ningún rastro de ella.

En la salida, el portón está abierto, a lo lejos se ve una pequeña caravana de automóviles.

— ¡Un vehículo! ¡Necesito un vehículo ahora! —ordeno energético.

—Enseguida, señor.

— ¡Edward! —Carlisle agarra mi hombro y me da vuelta hacía él—. Vamos adentro.

— ¡Debo ir por ella! ¡Suélteme!

—Estás borracho y haciendo un escándalo. Vamos. —Está enojado, pero lo mantenía a raya. Me empuja hacia el estacionamiento—. Puedes tener amantes, las que quieras, pero debes ser discreto y, por sobre todo, ¡no enamorarte! ¿Qué dirá Angela de esto? ¿Su familia? ¿Siquiera lo has pensado?

—Ella no es mi amante. Me importa un puto rábano lo que digan.

—Pues es lo parece. ¿Por qué te fijaste en ella habiendo tantas otras? Debe hacerlo, tenemos negocios con sus padres, son nuestros socios, aliados. No podemos perderlo.

—Usted se casó con una Masen. Tuvo una relación en secreto, ya que nuestras familias son enemigas. Teniendo a tantas, ¿no?

—No me faltes el respeto, muchacho, yo no te inculqué eso. La sangre es lo primero.

—Por la sangre es porque estoy así. Por salvar a mi madre, ¡por resguardar el honor de la familia! ¡De una puta familia!

Sentí el golpe en mi cara.

—Ve a la ducha, quítate la borrachera y luego hablamos.

— ¿Hablar de qué?

—De tus actitudes de pendejo. ¡Eres un hombre de treinta años, y estás así por un coño!

— ¿Para usted esto se resume en un coño?

— ¿Qué más? La calentura pasa y cuando lo haga, te darás cuenta de lo que has perdido. Tienes una linda esposa, te quiere, ¿qué más necesitas?

—Quiero follar…

—Eso lo tienes con putas. —Me interrumpe, yo lo hice también y continuo.

—Con alguien que acepte mis demonios.

Quiero sentir que cada vez que la penetro, me olvido de mí mismo, sólo soy en ella. Quiero sus gemidos, sus orgasmos, quiero sentir que muero con ella y, sin embargo, estar más vivo que nunca. Necesito el fuego que trae consigo el placer, y en Bella lo encontré. En su sexo se aplacaron todos mis errores. Me permitió ser sin camuflaje. La entrega absoluta y total ha sido en su cuerpo…

—Bella fue capaz de sostenerme. Cosa que tampoco ha hecho una puta, que no puede hacer Angela. La quiero a ella, porque al follarla sentía que no era yo, sino que éramos nosotros. Claramente, no es un simple coño.

Entorna sus ojos, escéptico.

—Ya es tarde para eso, tienes que regir el negocio familiar, una empresa. Además ella se ha ido.

—Como si no pudiese ir por ella. —Agrego obvio.

—Yo haré que no la encuentres. —Sentencia severo.

Cuando alguien ha encontrado donde refugiar sus tormentos, todo lo demás es imprescindible.

— ¡No dejaré que estropees los negocios por una mujer! Piensa en tu madre, no puedes hacerle esto.

— ¿Tan bajo ha caído para chantajearme con mi madre? Por ella he hecho mucho, lo haría. Pero separe las cosas.

— ¿Separar? Si arruinas los negocios nos quedaremos sin dinero. Ella necesita lo mejor, su salud es delicada, espero no lo olvides.

—Lo tengo bastante claro. Usted mejor que nadie sabe lo que hice por ella.

—No lo tienes. He invertido casi todo nuestro capital en armas árabes con los Webber. Si te separas de Angela, se disuelve el acuerdo, ese fue el trato.

— ¿Nos iremos a la quiebra? —Aventuro.

—Exacto. Puedes follarte a esa mocosa donde quieras, pero evita escándalos, que Angela o algún pariente se entere, necesitamos mantener el negocio.

Ya estaba cansado de hacer todo para los demás, y me refería al resto, la sangre y el honor. Por eso estuve torturándome los últimos años, estoy harto. Mi única razón para luchar fue mi madre, los negocios no me importaron. Ahora tengo algo que le da sentido a mi existencia de mierda. No lo perderé, no otra vez.

—Pues tendrá que buscarse a otro monigote para sus acuerdos.

—Edward —dice enojado—. No puedes.

—Puedo, quiero. Mi matrimonio con Angela se disolverá —declaro seguro.

— ¡Lo haces hombre estúpido y te olvidas que existimos! —Su rabia se expandió por su rostro, tornándose rojo.

—A mí no me amenaza, debería conocer tácticas mejores. Me extraña viniendo de usted. —Le rebatí con socarronería.

—Entra en razón, hazlo por tu madre —suplica.

—Nunca dejaré que algo le falte, eso téngalo por seguro. No obstante, si a usted le interesa más su bienestar económico que la felicidad de su "familia", puede irse a la mierda.

— ¿Cuándo iba yo a pensar que tener a esa muchachita aquí me enviaría a la ruina?

— ¿Ya lo da por hecho? Bella no tiene la culpa de sus negociaciones, debió preguntar a Black.

—Lo hice, por recomendación suya es que estamos aliados a ellos. Además pinta a tener éxito.

— ¿En cuánto tiempo se verá? —En una de esas puedo esperar un par de meses y luego disolver el trato.

—Un par de años. —Era de esperarse, el karma se está cobrando.

—Entonces se irá a la quiebra señor Cullen.

—Primero te mato, Edward. —Amenaza tomándome de los hombros.

— ¿Le desea la muerte a su hijo? —Me sorprende su actitud.

—No, pero separarte de Angela, olvídalo. Seré tu enemigo número uno, no tendrás el respaldo de abogados, ella tendrá mi apoyo. Inventaré cualquier cosa para que no puedas concretarlo.

¡Viejo traidor!

—Pero si ella da su consentimiento será más expedito.

—Ella te ama, no lo hará.

—No estaría tan seguro.

— ¿Qué estás tratando de decirme?

—Lástima que no se pueda abogar a la causa de no consumación, como antaño. De seguro aquello me libraría.

— ¿No la has tocado? —Él y sus eufemismos.

—No la he follado, no como me gusta. Debería haber aprendido en el colegio de señoritas a hacer una mamada. ¿No se supone que ahí enseñan a las mujeres a ser buenas esposas? No me salgas ahora con las putas, los primeros años son los buenos, según dicen. Yo tenía pensado en requerir de putas después.

Yo quería a Isabella. Ella no es una ramera, es la mujer que yo amo. Eso me basta.

—Puedes enseñarle, ¿por qué te complicas tanto?

—No me interesa. Esto se terminará, lo he decidido.

—Si logras conseguirlo. Ten mucho cuidado, Edward, dejarás más de un nuevo enemigo en el camino. Quedaremos en la ruina, obviamente no contarás conmigo.

—Es evidente, tampoco cuento con su apoyo ahora ni cuando maté a Charlie. Si no es por Black…

—Yo le ordené que te ayudara, no pude por la situación de Esme. No seas mal hablado, he hecho todo por mi familia. Eres tú quien quiere tirar por la borda lo que hemos conseguido generaciones.

—Por una mala asociación suya, ¿por qué utilizó todo el capital?

—No teníamos más alternativa. Nuestras peleas con Vulturi nos dejaron muchas bajas, necesitamos un repunte para mantener a nuestros socios.

—Entonces sabrá solucionarlo.

—Pero tú estás a cargo ahora. ¿Abandonarás a la familia también?

—Ya nada me importa.

Sólo Isabella. Por primera vez en mi vida dejo hablando solo a mi padre. Doy media vuelta y me monto en el primer vehículo que encuentro. Iré por ella.

.

.


El corte de la mano ha dejado de sangrar, pero arde. Detengo el vehículo luego de rondar varias horas ¿Dónde está? ¿se la había tragado la tierra? ¿O yo no sé dónde buscarla?

Cuando el efecto del alcohol merma, pienso con más calma. Estoy jodido, demasiado para llegar a esto. Soy un hombre adulto de casi treinta y tres años, y estaba comportándome como un niño. Deseo tanto estar con Bella que perdí la cordura. Nunca había desafiado a mi padre, el respeto que profesaba hacia él era inmenso. Ahora que recuerdo nuestra discusión me doy cuenta de mis palabras. ¿Tendría el valor suficiente para hacerlo? Dejar a Angela sería más que anular un matrimonio. Ella me es totalmente indiferente, pues no quería formar lazos afectivos con ella, me es difícil y a la vez molesto, pero dejar en la ruina a mi gente… esto es lo que me detiene. Pienso que es una exageración por parte de Carlisle. Quizá tiene otros propósitos.

—Isabella, ¿por qué me turbas? —murmuro en mi soledad. Le imagino reposada sobre un sillón entregada por completo a mí, entregada a la tentativa de mis palabras. Ella me inspira sentimientos demasiado intensos, estoy atado a ella de forma irrevocable.

—Isabella, me turbas —pronuncio apretando el puño herido, volviendo a sangrar. Esto roza lo masoquista. Entonces enciendo el motor, regresaré a la rutina, a intentar seguir con los negocios para mantener el dinero.

Sin duda el amor es un dolor en el culo. Lo era para mí, me hacía voluble y endemoniadamente estúpido. Amar te hace miserable, te arruina. Ya no me importo ni siquiera yo, sin Bella no sirvo.

En el transcurso, cambio mil veces de parecer, decido seguir buscándola, quedarme y ver si prospera el negocio. Ir tras ella, seguir con Angela…

—Tu madre quiere verte. —Un Carlisle bastante preocupado me recibe, su furia parece extinta, aunque me mira con recelo.

— ¿Le ha sucedido algo? —Inmediatamente me altero.

—Está debilitándose considerablemente.

— ¿Y eso a qué se debe?

—El corazón no resiste. Se está deteriorando.

¡Lo único que falta! ¡Por los mil demonios!

Prosigo hacía la habitación de Esme, pero la voz de mi padre me detiene.

—Edward, antes de verla será mejor que te cambies y cures esa herida.

Asiento. Él tiene razón. Soy un desastre, no le daré preocupaciones innecesarias.

Cuando me hube cambiado y vendado corro hacia su dormitorio.

—Madre —saludo cuando entro. Ella parece dormir. Un ademán cansado me señala que me acerque.

— ¿Cómo estás hijo?

—Madre, no se esfuerce, he venido a acompañarle.

—Yo estoy estupendo, es tu padre el que hace una hecatombe ante cualquier cosa. —Sonrío.

—Estoy bien —respondo corriendo una silla a la cama.

—Tonta no soy, Edward. La casa ha sido un alboroto, las noticias corren rápido. — Hace una pausa, se nota agitada—. Sé que Bella se marchó hoy, me alegra que haya regresado con sus padres. —Otra pausa—. Por eso te pregunto, ¿cómo te sientes?

No hacía falta negarlo, Esme lo sabe.

—Soy un caos absoluto. Yo, yo, no sé exactamente lo que siento.

—Te ama.

—No tengo total seguridad…

—Es una afirmación, hijo. Te ama.

Me siento extraño hablando de mis sentimientos con mi madre. Esto es para las mujeres.

— ¿Dudas? Yo sé que tú tienes certeza de que el sentimiento es mutuo. —Su voz se va apagando. Mientras que su respiración se hace más pesada—. Independiente de lo que te haya dicho.

—Será mejor que descanse, le dejaré sola.

—No huyas —susurra, aprontando su mano a mi brazo.

— Ella lo ha hecho. —Casi gruño ante este hecho.

—No. Tampoco lo hagas tú. Lo que sucedió entre ustedes es muy fuerte, las circunstancias han sido crueles. Tiempo, solo es eso, querido.

Quizás ella tenga razón, tal vez es cuestión de tiempo. Yo y mis insulsas esperanzas.

—Perdónate querido. Siempre he sabido que el corazón que llevo es de Elizabeth. Ella lo prometió…

Esto es algo diferente. Quedé estupefacto ante su declaración.

—Usted, ¿cómo sabe eso? —Bella no pudo haber hablado ¿o fue el traidor de mi padre? Antes de continuar rebanándome los sesos, Esme prosigue.

—Elizabeth habló conmigo antes, prometió ayudarme. No pensé que fuese algo tan extremo, pero noté algo distinto en ella. Luego de lo que sucedió… Era cosa de unir las piezas.

En la casa subestimábamos a Esme, era tan maternal, dedicada al hogar, que pensábamos que pasaban inadvertidos los hechos. Es muy inteligente e intuitiva.

—Yo no tengo palabras, no me mal interprete, pero lo siento tanto. —Mal que mal era su sangre, y la mía también.

—No lo haré, pero los hechos forzaron decisiones. Acepta tu pasado, es lo único que puedes hacer para construir un futuro.

—Madre… —No sé qué decir. Ciertamente es lo que debí hacer hace mucho, lo que Isabella me dijo más de una vez. Aceptar, reconciliar, para poder avanzar. Yo mismo lo quise, pero me acobardé.

—Shh, haz lo que tengas que hacer. No importa qué decidas, mientras sea lo que libere tu culpa. Y, por sobre todo, te haga feliz. Nada me importa más que eso. —Sus ojos se anegaron en lágrimas, y, al cerrarlos, resbalaron por sus mejillas—. Que yo no sea quién te retenga. —Me acerqué para besar su frente. Y el toque de su palma en mi cara me llena de valor.

—Gracias, mamá.

—Mi pequeño.

—Soy un hombre hecho y derecho. —Bromeé.

—Eso lo serás para Carlisle, para mí siempre serás mi pequeño. —Me otorga una sonrisa cansada, pero auténtica. Pese a darse cuenta de la vida que llevamos, parece tan ajena a la mierda que enfrentamos. Es un ser puro, siento que no nos la merecemos.

— ¿Qué piensas?

—La amo. —Suelto sin más.

—Siempre supe que algún día lo dirías. —Tose un poco—. Lo sé, has hecho mucho por esta vieja.

—Y lo seguiré haciendo.

Se duerme con una sonrisa. Velo sus sueños largo rato, hasta que Carlisle viene con el médico a chequear su estado. Salgo de la habitación para que hagan su trabajo.

.

.


No soy un hombre religioso, ni apegado a ninguna creencia, pero en la capilla rodeada por enredaderas paso la noche. El silencio en ese diminuto lugar me trae el sosiego. Y yo que pensaba que tenía el futuro resuelto, y sin más, la vida me pone a prueba, dándome varias opciones. Cada una requería un sacrificio. Nada es fácil, ni gratis. Aunque me mortificase el resto de mi puta vida, ahora sé lo que debo hacer. Renunciar a mi familia, a mi madre, a los negocios, a mi matrimonio, a mi remordimiento, a mí mismo.

A pesar del dolor que me traerá intentar dejarle, pues ha dejado una huella indeleble. Tendría que hacerlo por Bella. Podría renunciar a ella, dejarle en paz como me lo pidió, pero de mí no se irá, puesto que se ha unido a mi alma y de allí no podría apartarla jamás.

.

.


Gracias por leer y comentar (: