"Cinco citas"

Bella Pov

Finalmente había entendido a lo que debía ayudar a Edward, debía lograr que él saliera, quizás la separación con ella lo había dejado muy mal, y por eso se había cerrado a la idea de salir con alguien más.

Ahora todo parecía tomar sentido, Emmett ya no sabía cómo ayudar a Edward así que necesitaba ayuda y yo lo conocía de toda la vida, eso podía hacerlo, no era una experta en eso de coquetear, pero suponía que las citas que había tenido con Adam durante la Universidad, y las cientos de películas cursis que había visto viviendo con Rosalie, servirían de algo.

Ese fin de semana Edward pasaría por mí, para llevarme al apartamento de su amigo, no estaba segura si debía comprar muebles o no, ni siquiera sabía si mi estadía aquí iba a ser permanente, quizás solo una cama y algunos muebles para llenar espacio.

Había empacado todo la noche del viernes, así que el sábado en la mañana solo tome un baño, me cambie y salí de la habitación, tuve que entregar la tarjeta de seguridad y llenar la planilla de salida.

Mientras terminaba de llenarla, Edward apareció en el lobby, era lo más casual que lo había visto en los pocos días desde que nos habíamos vuelto a ver, traía un pantalón color camello y una camisa azul, se veía más joven que con los trajes que usaba en la oficina.

Una vez termine la planilla, me acerqué a él, apenas me vio me dedico una sonrisa, le sonreí de vuelta y me estire para besar su mejilla en forma de saludo.

―Gracias por venir. ―dije sonriente, él me miraba intensamente, era raro seguirle el paso a sus pensamientos.

―No es nada, déjame ayudarte con la maleta. ―respondió después de un rato, tomo el mango de la maleta y salimos del hotel, el auto estaba un poco lejos, en lo que llevaba en esta ciudad, sabía que encontrar un lugar para estacionar era todo un logro.

Subió la maleta a la cajuela de su auto, una vez ambos estuvimos en el auto, tomo el camino hacía el apartamento de Emmett. Llegamos a una calle llena de edificios enormes, según Edward la mayoría eran apartamentos, jamás había vivido en lugares tan altos así que sería una sorpresa, quizás le temía a las alturas y no los descubriría hasta hoy.

Por suerte el edificio tenía estacionamiento, así que no tuvimos que pasar horas buscando un lugar, subimos en ascensor hasta el piso 14, entramos a un pasillo en que parecía solo haber tres puertas más, estaba muy confundida respecto a cómo eran estos apartamentos.

Edward saco un juego de llaves y abrió una de las puertas, la que tenía el número 42, me sonrió y me dejo pasar primero.

Ahora entendía porque solo había tres apartamentos por piso, eran enormes apartamentos, una cuarta parte de esto era la habitación de hotel en la que me había estado quedando. Parecían apartamentos muy lujosos, ni en mis sueños más locos tendría para pagar un lugar así, tenía incluso una chimenea, aunque parecía ficticia, estaba ahí.

Tenía el espacio de una casa pequeña, y estaba completamente amueblado. Esto estaba lejos de lo que algún día podría ganar, tendría que pintar cada día por 3 años, vender todos los cuadros y rentar este lugar por un mes.

―Tu amigo debe ser un magnate de los negocios. ―estaba realmente sorprendida, él sonrió divertido.

―Emmett es un poco exagerado. ―sí eso lo tenía seguro, pero esto era demasiado. ―Te mostraré el resto.

Lo seguí, él llevaba la maleta aun. Entramos a una habitación que suponía era la de Emmett, era espaciosa y agradable, pero tenía ese toque de hombre soltero que necesitaba cambiar, no quería sentirme como si tuviera que salir de aquí antes de que mi ligue de la noche anterior despertará.

Ed dejo la maleta en la orilla de la cama y seguimos recorriendo el lugar. Había otra habitación, una más pequeña, que al parecer Emmett usaba para invitados. Tenía un pequeño armario y una cocina, aparte de la sala con televisión que era a dónde habíamos entrado.

―Creo que este lugar es demasiado para mí. ―comenté, él hizo una mueca, sabía que este apartamento no era mi estilo en absoluto.

―Solo debes darle tu toque. ―suspiré un poco abrumada, no quería remodelar el lugar, esto no era permanente, solo un par de meses y volvería a mi mundo.

―Creo que necesito comprar despensa. ―seguí, mientras abría un montón de puertas y el refrigerador, no tenía nada para comer y aunque yo no era una cocinera estrella, me gustaba tener algunas cosas, en su mayoría que pudiera hacer rápido, aunque quizás aquí era más fácil conseguir comida a domicilio. ―¿Conoces algún lugar para hacer las compras? ―pregunté, quizás iría en unos días.

―Ah, creo que hay un par de lugares, puedo llevarte si quieres. ―ahora él estaba en uno de los bancos de la cocina.

―Pensarás que te trato como chofer. Puedo ir sola, debo aprender a andar en esta ciudad, si planeo quedarme necesito familiarizarme con las calles y todo eso. ―respondí, encontré un par de botellas de agua en una de las gavetas, le tendí una y yo tome la otra.

―Me gusta pasar tiempo contigo. ―sonreí y asentí, a mí también me gustaba conocer a alguien en esta ciudad. ―Y puedes conocer las calles otro día, si quieres llenar tu despensa necesitaras una mano para traer todo hasta aquí.

Quizás tenía razón, de todas maneras ese día no tenía muchas ganas de hacer eso. Ahora mismo quizás arreglará mi ropa y vería alguna película, lo que sí compraría lo antes posible, serían nuevas sabanas, no quería ni pensar que había hecho Emmett en esa cama.

―Te tomaré la palabra, pero no será hoy. Debo arreglar mi ropa y limpiar un poco la habitación. ―él asintió.

―¿Quieres que me vaya? ―parecía un poco confundido, a decir verdad no quería eso.

―No, puedes quedarte si quieres. Después de limpiar la habitación, pediremos pizza y veremos una película. ―su sonrisa fue encantadora, no sé porque empezaba a creer que Edward se había vuelto tan cerrado que ni siquiera tenía más amigos que Emmett.

En la preparatoria, tampoco era muy social, pero sí tenía amigos, conocía a los chicos de diferentes clubs y esas cosas, no era una persona cerrada.

―Genial, pero deberíamos pedir la pizza ahora. Créeme tendremos suerte si llega cuando hayamos terminado. ―hice una mueca, ¿tanto tardaban en llegar? En definitiva necesitaba llenar la despensa, cuando tenía hambre era muy desesperada.

Edward ordeno la pizza mientras yo sacaba la ropa de mi maleta, había algunos ganchos en el closet, así que colgué los vestidos que Alice me había traído para la inauguración y el saco que había usado unos días antes.

Había enviado casi toda mi ropa a la tintorería del hotel antes de guardarla, debería pedirle a mi mamá que me enviará el resto de mi ropa, no podía sobrevivir con 3 pantalones, dos vestidos tan elegantes y un saco. Bueno también tenía pequeñas camisetas de diferentes colores, servían para hacer vueltas, algo muy casual. Y solo tenía dos pares de zapatos, así que necesitaba el resto de mi ropa.

Guarde la poca ropa que tenía y metí la maleta al fondo del closet. Edward estaba sentado en la cama mirándome curioso, mientras yo abría las cortinas de la habitación y arreglaba algunos muebles. Cuando terminé, fuimos a la sala, ahí había un televisor enorme, y por supuesto tenía cable.

En verdad este apartamento debió costarle una fortuna, con tantos servicios y con esa ubicación. La pizza llegó y tuvimos que cortar la caja para tener dos platos, y por suerte con la pizza traían un refresco, había dos vasos al fondo de una gaveta, así que logramos comer tranquilos.

Terminamos viendo "Son como niños", me gustaban las comedias de Adam Sandler.

―¿Ya pensaste como invitarás a la chica de la oficina a salir? ―pregunté, él hizo una mueca, no sabía si en verdad ella no le gustaba o solo se negaba a salir con cualquiera.

―Creí que practicaríamos antes. ―respondió en su defensa sonreí divertida.

―Bien, practicaremos antes. Lo dividiremos en 5 clases. ―había pensado muy bien esto. Él solo debía darse cuenta que salir con personas nuevas era algo divertido, y que no todas debían ser relaciones serias, podían ser solo citas.

―¿Cinco clases? ―preguntó con una sonrisa, asentí.

―Cinco citas. ―respondí, él me miro sorprendido.

―¿Quieres que conozca a otras 4 chicas? Creo que olvidaste lo que paso con la mesera. ―me reí divertida, en verdad había asustado a esa chica con esa sonrisa de loco.

―No. Nosotros tendremos cinco citas. ―levantó la mirada y me miró sorprendido, pero parecía conforme con eso. ―Te diré que debes hacer y luego tendrás una cita real con la chica de la oficina.

―Bien, pero sigo sin estar seguro de que la chica de la oficina sea para mí. ―respondió un poco enfurruñado.

―Porqué el ogro que vive en ti, no te deja verla bien. Es linda y se ve que se muere por que la mires. Podría caerte muy bien y sería maravilloso. ―debería aplicar mis consejos en mi vida, y empezar a tener citas.

Pero lo haría cuando volviera a Phoenix, no quería una relación a distancia.

―¿Cuándo tendremos nuestras citas? ―preguntó interesado, ahora estaban los créditos de la película, así que apague el televisor.

―Pues, podemos hacer una a la semana. ¿Qué días no trabajas? ―pregunté mirándolo fijamente.

―El fin de semana. ―respondió sonriente. ―¿Así que tendremos una cita cada fin de semana por un mes? ―parecía incrédulo, sonreí y asentí.

―Sí, la primera será la siguiente semana, iremos a cenar y mi primer consejo es que siempre en la primera cita lleves un ramo de flores, no tienen que ser rosas pero algo bonito. ―estábamos sentados en cada orilla del sillón, quedábamos frente a frente mientras hablábamos.

―Un ramo de flores, creí que eso ya no se hacía. ―puse los ojos en blanco.

―Por eso debes hacerlo, llegar con un ramo de flores hará todo especial desde que llegues. Y siempre debes abrirle la puerta del auto y esas cosas, es un lindo detalle.

―En nuestra primera cita te regale flores. ―respondió como si acabara de recordarlo.

―Sí, pero porque mi abuela te dijo que lo hicieras. ―él se sonrojo y yo me reí.

―No sabía que tú sabías eso. Se suponía que me guardaría el secreto. ―me reí aun más, confiar en que mi abuela le guardaría el secreto había sido un gran error. Guardaba solo los secretos importantes y algo sobre flores para ella no era tan importante.

―Me lo contó en cuanto llegué a casa. ―respondí divertida. ―No te preocupes, no le contaré a nadie que yo te dije que regalaras flores. ―puso los ojos en blanco y me reí aun más.

―Gracias. ―respondió sarcástico. No podía evitar reírme de su rostro enfadado, al parecer no quería que supiera que mi abuela estaba detrás de eso.

―De todas formas fue lindo que lo hicieras, pudiste ignorar su "consejo" y no llevarme nada. ―intente calmarlo, él suspiro y asintió. ―En serio y el resto de las flores que me regalaste fueron por tu cuenta. ―le sonreí intentando que viera que hablaba en serio, él sonrió un poco.

Estuvimos hasta tarde hablando de cosas triviales, era como tener a mi viejo amigo de vuelta, me gustaba ser su amiga. Porque quitábamos el drama del amor de nosotros y podía hablar con él sin entrar en temas sensibles.

―Creo que debería irme. ―comentó, ya debían ser las 8 de la noche y ahora estaba el lugar muy oscuro. Asentí y me levante para acompañarlo hasta la puerta. Nos despedimos y él me entregó el juego de llaves, había prometido ayudarme con mis compras mañana, así que nos veríamos en la tarde para ir a un supermercado.

Cuando regresé a la habitación, me sentía extraña durmiendo en esa cama, todo esto no me pertenecía, así que me sentía con miedo de mover las cosas de lugar, pero eso no me causaba tanto problema como esa cama, no podía dejar de pensar en cuantas mujeres habrían pasado por esa cama, temía volverme la loca que odia los gérmenes.

No era muy distinto a las camas de hotel, pero en esas camas hacían limpiezas y cambiaban las sabanas, y esas horribles sabanas de satín me molestaban bastante, mañana lo primero que compraría eran unas sabanas nuevas.

Cuando logre quedarme dormida, después de dar cientos de vueltas, eran alrededor de las 12 de la noche. Y a la mañana siguiente desperté a las 8, sentía que no había dormido nada.

Había una maquina contestadora en la sala, tenía 3 mensajes, el primero era de Edward en que decía que llegaría a las 2 de la tarde, otro era de Emmett en que me daba la bienvenida al apartamento y decía que no escuchará los mensajes y el tercero era la explicación de por qué no debía escucharlos, era una chica que al parecer quería volver a ver a Emmett, pero ella lo decía con palabras más intensas.

No volvería a escuchar esos mensajes, le daría mi número de celular a Edward, porque no quería volver a escuchar a una mujer prácticamente teniendo sexo por teléfono.

Ya que no tenía nada en las alacenas, después de tomar un baño y arreglarme, salí a buscar alguna cafetería o un restaurante pequeño, en que pudiera desayunar, pero no había mucho de donde escoger, era domingo por la mañana, los lugares estaban llenos de familias que venían a desayunar, así que termine comprando un café y unas galletas en un Starbucks.

Cuando regresé al apartamento, desayune y vi un par de canales al azar, después de un rato, me estaba muriendo de aburrimiento y no tenía mis pinturas, para encontrar algo que hacer, ni siquiera un cuaderno para dibujar.

Pero recordé que no había llamado a mis padres para avisarles que me quedaría, así que fui por mi celular y los llame, espere unos segundos hasta que contesto mi papá.

―Hola Bella. ―parecía feliz de escucharme. ―¿Cómo estás?

―Hola, papá. Bien, un poco aburrida pero bien. ―respondí. ―¿Mamá está ahí?

―Sí ¿quieres hablar con ella?

―Quisiera hablar con los dos, ponme en alta voz. ―escuche que pico unos botones y después dijo que estaba listo. ―Hola mamá.

―Hola, Bella. ¿Por qué querías hablar con los dos?

―Quería decirles algo importante.

―¿Qué pasa? ―suspiré, no estaba segura de cómo se tomarían esto, esperaba que bien.

―Decidí quedarme a vivir un tiempo en Nueva York. ―rápido, como cuando quitas una bandita.

―¿Por qué? ―preguntó mi mamá.

―Bella a ti nunca te gusto la ciudad. ―hice una mueca, ¿Cómo explicar algo así? mintiendo.

―Bueno nunca viví en una ciudad, y creo que me gusta un poco. Creo que lo intentaré por un par de meses.

―¿Dónde vas a quedarte? No puedes vivir en un hotel por unos meses.

―No, ya tengo un apartamento. ―bueno no era mío pero no podía decirles que estaba quedándome en el apartamento del mejor amigo de Edward.

―¿Estás segura de esto, Bella? ―preguntó mi padre.

―Sí. Será bueno para independizarme.

Después de un largo rato, en que mi mamá se despedía como si no fuera a verme de nuevo, finalmente me dejo ir. Esa mujer tenía un problema con los teléfonos. Y acepto enviarme todas mis cosas por paquetería, le dije que yo pagaría todo pero mi padre insistió en que no tenía que hacerlo.

Unas horas después Edward apareció en mi apartamento y salimos rumbo al supermercado, sería divertido, era la primera vez que llenaría la despensa yo sola, en Londres Alice lo hacía y luego Rosalie me llevaba más como acompañante, así que estaba emocionada con esto.

Llegamos a una tienda enorme, no se parecía en nada a las tiendas en Phoenix, me sentía como un niño en una dulcería, Edward tomo un carrito y entramos a la enorme tienda.

―¿Qué quieres comprar primero? ―preguntó sonriente, parecía tan emocionado como yo.

―No sé, vamos por aquí y después seguimos hacía allá. ―respondí sonriente.

―Esto es divertido, jamás hice las compras. ―dijo mirándome fijamente, sonreí y fuimos hasta el primer pasillo.

―Yo tampoco, creo que las chicas pensaban que llevaría solo dulces sí me dejaban hacerlo sola. ―tome un par de cajas con cereal, Zucaritas y Froot loops, él sonrió divertido.

―No me imagino porque pensarían eso.

Seguimos por los pasillos y sí quizás si llevaba demasiados dulces, también pasamos por el área de blancos, y tome unas nuevas sabanas y un par de almohadas. En el área de útiles, tome un cuaderno de dibujo y un juego de colores.

En carnes frías, pedí lo común, pero nos ofrecieron pruebas de algunos quesos raros, yo lo probé pero Edward no quería hacerlo, así que tome un cubito y me estire para hacer que lo comiera.

―Oh vamos, no sabe mal. ―no podía negarlo me estaba divirtiendo con todo esto, él hacía caras y se alejaba.

―En verdad no quiero, el queso de cabra no es rico. ―puse los ojos chiquitos y lo miré amenazante.

―¿Cuándo lo comiste? ―él hizo una mueca, jamás lo había hecho, así que me estire y puse el queso frente a él, finalmente suspiro y lo comió, yo sonreí y él hizo muecas. ―¿Rico?

―Eres mala Swan. ―sonreí divertida y pedí me dieran uno de esos quesos. Tome el carrito y Edward se puso detrás de mí, casi rodeándome con sus brazos, aun cuando habíamos pasado tanto tiempo juntos en los últimos días, no lo había tenido tan cerca, y era raro, pero no un raro malo, simplemente extraño.

―¿Qué haces? ―pregunté divertida, él se aferraba a mí.

―Si ese chico te pregunta si estamos juntos ¿le dirás que sí? ―parecía aterrado, me gire un poco para ver de quién hablaba y vi a un chico que intentaba llamar su atención, no pude evitar reírme.

―Oh por Dios, al menos sabes que tienes opciones abiertas. ―esto era muy divertido.

―No es gracioso. ―no sabía cuál era el problema con los hombres cuando un hombre intentaba coquetearles, solo era cosa de decir, no me gustan los hombres y punto. Aunque pensándolo bien si una chica me coqueteara sería muy raro e incomodo.

Nos dieron lo que pedí y lo puse en el carrito, el chico seguía haciéndole ojitos a Edward y él estaba pálido, mientras yo estaba a punto de romper en risas. Y mientras caminábamos por los pasillos, casi podía sentir como el chico nos seguía, estaba segura que debía tener su número ya anotado para meterlo en el bolsillo de Edward.

―Bella. ―la voz de Edward sonaba a que estaba realmente incomodo con esto.

―No sé que puedo hacer. ―respondí intentando no mirar al chico que nos seguía. ―Tengo una idea. ―dije girándome a mirarlo, él ni siquiera pudo preguntar que era, me estire y uní nuestros labios, no era un beso en serio, simplemente nuestros labios se rozaban, pero sirvió para que el chico que nos seguía lo viera.

Las manos de Edward ahora estaban en mi cintura y el chico hizo una mueca de drama, se llevo su carrito y se alejo de nosotros, me aleje de Edward y le sonreí.

―Listo. ―él aun parecía confundido, yo busque algún helado.

―¿Qué fue eso? ―tomé un helado de limón y lo puse en el carrito.

―Querías que se fuera. ―respondí con tranquilidad.

―Me besaste. ―sonreí, no contaba como un beso en serio, era como un favor entre amigos.

―Bueno, cuando alguna chica me coquetee tendrás que pagarme el favor. ―respondí divertida, aunque la cara de Edward seguía siendo un total poema.

Al regresar al apartamento me ayudo a acomodar las cosas y luego tuvo que irse pues tenía que estar mañana temprano en el trabajo. Me hice algo de comer y me quedé viendo la tele hasta tarde, en verdad necesitaba empezar a hacer algo, porque si no moriría de aburrimiento aquí.

Tome el cuaderno que había comprado y comencé a dibujar, ya que la vista desde la habitación era tan hermosa a su manera, decidí pintar eso, aunque con colores no era tan fácil, servía para perder el tiempo, puse algo de música en mi celular y me puse a pintar, no sé en qué momento sus ojos aparecieron frente a mí y los edificios abandonaron la pintura.

Pero a media noche tenía un dibujo perfecto de la mirada de sorpresa de Edward cuando lo había besado.


Espero les guste esta pequeña sorpresa, gracias por todos sus RR :3 con este capítulo ya solo nos quedan 9 *-*

Por favor dejen sus RR :3

Primer beso de Edward y Bella en un buen tiempo ¿qué creen que haya pasado por la cabeza de Edward?