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Lo siento! Realmente no pude resistirme y tuve que editar esta historia. De hecho, quizás no lo hayan notado, pero he vuelto a subir todos los capítulos hasta acá, todos de nuevo. Pero, ¡no desesperen! No he modificado nada importante, sólo corregí algunos errores de tipeo, algunos diálogos que no me gustaron, corregí algunas cosas que quedaron colgadas, o que escribí en su momento como un hilo para alguna historia que después no desarrolle, nada del otro mundo, la esencia de la historia es la misma. Pero la modificación de este capítulo si es un poco más importante, y que podría tener relevancia en una posible continuación que tengo en mente. No es nada el otro mundo, no cambia demasiado el resto de la historia, pero verán, esa conversación de Clef con Esmeralda, sobre el porque las Guerreras Mágicas serían obligadas a volver a su mundo era lo que menos me convencía de esta historia. La verdad no me convencía desde el momento en que la escribí, pero me pareció mucho menos coherente con cada releída. Y aunque, por respeto a ustedes, mis lectores, mantuve cada detalle y adapté la continuación a ella, esa parte de la historia quedó ahí colgada y sin sentido. Por eso la modifiqué. No les pido que vuelvan a leer la historia, eso queda en ustedes. Y, después de todo, después de tanto tiempo desde que escribí este capítulo, quizás ni siquiera noten donde está la diferencia. Pero ahí está, ahora me gusta más, creo que es una buena modificación para los nuevos lectores (si es que hay alguno)


Capítulo XXI

Amor Rebelde

"Todo lo que hago lo hago por ti"

Los rayos del sol se filtraban por las finas cortinas. Aun seguía allí, enredada entre las sábanas de seda blanca del máximo mago, abrazándolo como si fura a escaparse y recostada sobre su fuerte pecho lampiño. Conversaban pacíficamente, era increíble como en la intimidad de ese cuarto podían tener la relación perfecta, mientras que el resto del día peleaban como niños pequeños.

-Las mazmorras del palacio se están llenando de rebeldes.- dijo el mago con tono de procuración. Umi suspiró.

-Ráfaga está haciendo un buen trabajo... No hay víctimas en sus batallas, sólo algunos heridos leves.

-Esto no está funcionando, el hechizo es demasiado fuerte, Caldina lo ha intentado de mil maneras, pero ni siquiera yo tengo idea de cómo romperlo.

-Tendremos que esperar a encontrar a Kasumi, sé que Latis lo hará... Mientras tanto es mejor tenerlos aquí a que estén libres provocando revueltas. Al menos disminuimos sus fuerzas. Aunque en relación sea una baja insignificante, vale la pena.

-¿Desde cuándo eres tan optimista?

-Debes confiar en Ferio y en quienes te rodean.

-Confío, pero no estoy acostumbrado a ser un parásito que sólo se dedica a descansar.

No eres un parásito.- Umi levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.- Has hecho mucho por Céfiro, incluso entrenar a un maravilloso rey. Ahora le toca a él, Céfiro está en buenas manos... Además... no te la estas pasando mal en tu recuperación.- Umi besó sus labios.- ¿O si?- el mago sonrió y volvió a besarla, mientras abrazaba su cintura. Umi intensificó el beso, como queriendo llegar a más, pero él la detuvo separando sus labios de los de ella.- ¿Qué ocurre?

-Es demasiado tarde, ya ha amanecido.

-Mi sueño de amanecer contigo se ha cumplido.

-En serio Umi, deberías irte, antes de que alguien note tu ausencia.- Umi suspiró. Ese jueguito de la relación secreta estaba aburriéndola un poco, aunque lo entendía. En esos días juntos había aprendido a conocerlo mejor, había llegado hasta su corazón. Había entendido que, detrás de esa fría y seca personalidad, había un corazón roto, una infancia y adolescencia difíciles, una vida llena de responsabilidades y unos padres que, desde su más tierna infancia, le habían repetido una y otra vez que su vida no le pertenecía sino que era de Céfiro, que no debía enamorarse nunca, que no debía amar a nadie más que a Céfiro. Esa era la razón por la que había aceptado guardar el secreto.

-De acuerdo. - dijo bajando de la cama y dándole la espalda. El mago observó su cuerpo desnudo, su figura perfecta. ¡Por Seres! Claro que quería tenerla el día entero y no sólo por las noches. Claro que quería volver a hacerla suya en ese mismo momento. Pero aun sus preocupaciones y el qué dirán eran muy importantes, aun le preocupaba que su gente sepa que había abandonado el celibato, le preocupada que eso pudiera opacar su imagen y credibilidad.

-Umi se vistió rápidamente sin mencionar palabra, no quería molestarse con él, pero era tarea difícil, sobre todo para una persona con su temperamento y a la que poco le importaba el qué dirán. Y más allá de que entendía que sus prejuicios tenían que ver con la forma en que fue criado, su actitud no dejaba de dolerle.

-No te enojes, sirena. - dijo notando su molestia. Pero ella se dirigió a la puerta sin hablar. - ¡Umi!- levantando el tono de voz y sentándose en la cama.

-No me enojo. - contestó sin voltear, tratando de contener sus lágrimas.- Pero me duele saber que te importa más lo que piensen los demás.- Sin decir más se retiró del cuarto, dejando al mago sin palabras. ¿Qué podía decir? Ella tenía razón, una vez más había lastimado a la persona que más amaba en el universo.

o0o…

Llamó a la puerta y esperó impaciente a que la abriera. La pelirroja entreabrió la puerta y, al ver a su amiga allí parada, salió rápidamente y volvió a cerrar.

-¿Qué haces aquí? - preguntó en voz baja.

-Quiero verla.

-Esta dormida.

-Hikaru, ya me cansé de este juego.

-He hablado con ella, pero aún está muy dolida y... no quisiera verte sufrir, podría hacerte daño.

-¡Lleva una semana contigo! ¿Crees que podría estar peor?

-Podría... créeme.

-¿Y qué propones que haga? ¿Qué la deje contigo? ¿Qué cuándo volvamos a la Tierra se vaya a vivir contigo?

-Claro que no... Pero necesita tiempo...

-Me odia.

-Eres su madre, jamás podría odiarte, sólo está molesta.

-¿Cuánto tiempo más?

-No lo sé, pero debes entenderla. Dime, Fuu... ¿Cómo te sentirías tú si te enteraras de que tus padres te mintieron toda tu vida?

-No fue mi intención mentirle. - dijo derramando las lágrimas que había estado conteniendo.- Pero, ¿qué podía decirle? ¿Qué su padre es el rey de un mundo mágico y lejano, que misteriosamente se apareció en la Tierra una mañana y desapareció a la mañana siguiente dejándome sola?

-Sé que no fue tu intención, hiciste lo que creíste mejor. Ser madre no es fácil y los bebés no vienen con un manual de instrucciones. Después de diez años de olvido ninguna pensó que regresaríamos... Trata de tranquilizarte, todo estará bien. Ella sabrá entenderte, es una niña muy lista, dale tiempo. - Fuu secó sus lágrimas.- Decirle la verdad fue lo correcto, pase lo que pase...- la conversación se vio interrumpida cuando una joven de cabellos celestes apareció por los pasillos, rumbo a su alcoba.

-¡Umi!- dijo Hikaru emocionada.- Hasta que te vemos, amiga. ¿Por qué tengo la sensación de qué nos evades? Por cierto, ¿qué haces levantada tan temprano?

-¿En qué andas, Umi?- preguntó Fuu al ver su aspecto no muy bueno.

-Ahora no, chicas...- contestó y se dedicó a abrir el cerrojo de su puerta. Hikaru y Fuu se miraron entre si, sorprendidas por la acritud de su amiga. Pero no tardaron un minuto en meterse en su cuarto, detrás de ella.

-¡Oigan! ¿Qué parte no entendieron?

-No nos vamos hasta que no nos digas que ocurre. - dijo Hikaru, cerrando la puerta, Umi se sentó en la cama molesta.

-¿Dónde pasaste la noche? - preguntó la rubia, al notar que su cama estaba armada.

-¿Eh? - sólo atinó a decir Umi, entre una mezcla de sorpresa por la pregunta y nervios por no saber que decir.

-Umi, acabas de llegar y no te hemos visto salir. Es demasiado temprano para ti, aún lo es para mí, y tu cama está armada.

-Fuu... no estoy de humor para tus conjeturas.

-Umi-chan, me preocupas, hace días que no te vemos... ¿Has estado llorando?

-Estoy bien Hikaru.

-¿Sabes los rumores que han estado corriendo por el palacio?

-¿Rumores? ¿Qué rumores? - preguntó haciéndose la desentendida. Claro que había escuchado los rumores, pero lo único que quería era hablar de ellos, para acabar confesando todo.

-Fuu... no deberíamos...

-Pues todo el palacio comenta que hay algo entre tú y Gurú Clef. Caldina jura haberte visto merodear por el ala norte, donde se encuentra su habitación. Además, dice que se te ha visto muy amistosa con él cuando no hay nadie a la vista. Esto, obviamente, cortesía del personal del palacio. - Umi suspiró, sabía acerca de los rumores, pero aun así le incomodaba escucharlos.- Dime, Umi ¿hay algo que debas decirnos?

-Fuu... ¿cómo crees? ¿Umi y Gurú Clef? Imposible... ¿Acaso los has visto pelear?

-Es cierto...- interrumpió Umi.

-¿Qué?

-Los rumores son ciertos... Clef y yo...- Umi mantuvo el silencio, realmente no sabía por dónde empezar o, más bien, no sabía ni cómo empezó.

-Ustedes están teniendo... algo...

-Si Fuu... Y si Caldina me ha visto en el ala norte, es porque cada noche voy a su cuarto y dormimos juntos. Antes del amanecer regreso a mi cuarto y hago como que nada pasó, durante el día hacemos de cuenta que nada pasa entre nosotros.

-¡No lo puedo creer! ¿A qué hora pasó todo esto?

-Pues... con todo lo que pasó con Takahashi, me di cuenta de que todos esos sentimientos que creía ya enterrados, en realidad estaban ocultos dentro de mi corazón. Le confesé lo que hace diez años no me atreví y descubrí que él también me amaba.

-Eso sí que no me lo esperaba. - dijo Hikaru

-Pero si tanto se aman, ¿por qué tienen que verse a escondidas? ¿Es qué tienen algo que ocultar? ¿Están haciendo algo malo?

-Claro que no Fuu y tampoco me importa lo que digan, pero a Clef sí.

-Ahora entiendo porque estas mal, Umi. Ocultarlo es lo mismo que decir que le avergüenza.

-Yo lo entiendo, Hikaru. Él ha tenido una vida muy difícil y desde pequeño se lo ha convencido de que su vida le pertenece a Céfiro.

-Pero ocultar algo que te hace bien duele, y más cuándo el silencio provoca que estés en boca de todos.

-¿Qué puedo hacer? Si fuera por mí lo gritaría al mundo, pero respeto su decisión. Me basta saber que el me ama y tenerlo sólo por las noches.

-Entiendo lo que dices

-Pues a mí me parece una estupidez de su parte. Demasiado inmaduro para ser el mago supremo.

-Pero lo único que podemos hacer por ti mientras tanto es... ¡cubrirte! - dijo Hikaru

-¿Cubrirla?

¿Cubrirme?

-Si, Umi... tú sólo quieres estar con él y nunca tendrás más tiempo que ahora que se está reponiendo, si no mírame a mí. Desde que Latis empezó con esta misión apenas si tengo tiempo de darle las buenas noches. Así que... ¿qué tal un día a solas con el mago supremo? Podemos inventar algo...

-No lo creo Karu-chan, agradezco tu intención, pero seguir escondiéndome no es lo que deseo. Clef tiene que resolver esto.

o0o…

Silencio. Era lo único que había. Silencio. Era una noche oscura, como todas en Céfiro, ya que no había luna que iluminara el camino de los viajeros. Por fortuna, las tenues luces de la aldea a sus espaldas aun podían divisarse. Aunque no ayudaban mucho. Salir a esas horas era una auténtica locura. Más aun lo era adentrarse en el bosque. Pero salir de día no era una alternativa, todos se preguntarían que razones la llevaban a abandonar la aldea y a sus hijos. Y si los demás conocían o sospechaban sus intenciones la tildarían de traidora y estaría perdida.

El caballo galopaba a paso constante. Estaba apurada pero no quería agotarlo, era su único boleto a su destino. Le indicó que se detuviera cuando el camino la puso en una encrucijada, un doble camino. ¿Y ahora? ¿Por dónde ir? Miró al cielo y tocó su abultado vientre, mientras este se ponía duro como una piedra, faltaba muy poco.

- Por favor, quédate un poco más. - susurró. Por suerte el cielo estaba totalmente despejado.

...

- La cruz del norte... ella siempre será tu guía. - El anciano sonrió.

- Pero ¿cómo? No lo entiendo.

- Mírala, ¿ves dónde está? Allí es el norte, por defecto sabrás los otros puntos cardinales. Por ejemplo, el palacio de Esmeralda se encuentra al sur, así que si quieres ir allá tendrás que ir en sentido contrario a la cruz.

...

Suspiró. Buscó el conjunto de estrellas en el cielo. Allí estaba, justo como la recordaba. Justo como su abuelo le había enseñado.

- Sólo espero que funcione. - dijo mirando su vientre.- Te prometo que llegaré a tiempo.- tomó las riendas del caballo y avanzó por el camino que iba en sentido contrario a las estrellas. Pronto las luces de su aldea comenzaron a desaparecer quedando sólo ella, la oscuridad y el silencio. Trató de no pensar en lo que estaba haciendo. Siguió firme en su camino, sabía que parar allí no era muy buena idea, lo mejor era llegar lo antes posible a la próxima aldea. Su mente comenzó a divagar por los acontecimientos de los últimos días.

...

-Yonicua, Tairon...- dijo saliendo de su casa. - ¡Vengan que el almuerzo está listo!- observó a su alrededor pero no los vio. En cambio, pudo ver a sus vecinas hablando en la calle. Chusmas de barrio. En todos los pueblos, en todas las ciudades, en todos los mundos era igual. A ella nunca le había gustado el chisme. Qué si la joven de enfrente salía con un joven de otra aldea, que tal o cual estaba embarazada... Por eso se dispuso a caminar hasta la plaza en la que sus hijos solían jugar.

-¡Renania! ¡Ven acá! - dijo una de sus vecinas antes de que llegara a huir.

-¿Qué ocurre Takira?

-Por lo visto no te has enterado de las nuevas, ¿verdad?

-Mira, a mí no me importa el chisme…

-¡Es que no es chisme! Se trata de tu esposo.

-¿Mi esposo?

-¡Qué fue capturado por la guardia real!

-¡¿Capturado?!

-Si, bueno... ya te habrás enterado de que la guardia real persigue a los rebeldes... Pues, en la última treta a la aldea Sharpie, unos cuantos cayeron en las manos de las tropas del rey, entre ellos tu esposo y otros tres jóvenes de aquí. ¡El esposo de Maylin también fue capturado!

-¡No puede ser! ¡Pobre Maylin! ¡Si lleva apenas unos meses casada!

-No puede ser...- dijo en voz baja, mientras tocaba su vientre y unas lágrimas caían de sus ojos.

-Meneó su cabeza, intentando alejar la tristeza. No era momento de flaquear, debía seguir adelante, aún faltaba largo camino.

o0o…

Caminaba por los pasillos de las mazmorras, observando a los prisioneros en sus celdas.

Hombres comunes, hombres de familia, hombres que, incluso, alguna vez había visto caminando por los pueblos o visitando el palacio. Lo que esa mujer hacía no tenía nombre.

-¡Si tan sólo la tuviera frente a mí la ahorcaría con mis propias manos! - pensaba. Se detuvo ante la celda que él compartía con otro rebelde. Dormía, pero parecía inquieto. - Pesadillas.- pensó. Como buena ilusionista sabía que las pesadillas en un hechizado era signo de que el hechizo era débil. Su intuición no le había fallado, no en vano había pasado las tardes buscando la forma de deshechizarlo. Permaneció observándolo.

-Renania... No... ¡Renania!... ¡Niños! - gritaba entre sueños. Y en uno de esos gritos despertó de un salto y se sentó en la cama.

-¿Quién es Renania? - preguntó la morena, el hombre la miró fijamente. El silencio perduró unos cuantos segundos. La miraba como no entendiendo. - Renania... la nombrabas entre sueños. - Siguió mirándola con sorpresa. No recordaba nada.

-Es... mi mujer...

-Entonces si recuerda cosas de su vida. - pensó.- ¿Estas preocupado por ella?

-¿Por qué a mí captora le interesa saber ese tipo de cosas?

-Nuestra intención no es hacerles daño, ni que pasen mal rato. Lo único que pretendemos es evitar que sigan creando caos, sólo defendemos lo nuestro. - El hombre permaneció en silencio.- No tienen porque hacer esto. En este momento podrías estar con ella, ¿por qué decidiste abandonarle para irte con los rebeldes? - la mirada del hombre cambio durante unos segundos, fue como si le volviera el brillo perdido, pero luego volvió a tener esa mirada sombría.

-Eso no es asunto tuyo. - contestó fríamente. Caldina estaba a punto de contestar, cuando escuchó la voz de su esposo en el recinto. La guardia imperial llegaba con -más rebeldes. Observó en silencio como los soldados de Ráfaga empujaban a los hombres hacia las celdas vacías del fondo.

-¡Oigan! ¡Con cuidado! ¡No olviden las órdenes del rey Ferio! - gritó molesta.

-Tranquila, amor, ellos no les han hecho daño y tampoco se lo harán. - dijo el rubio, abrazándola por la espalda.

-El daño psicológico cuenta, mi querido Ráfaga.

-Estarán bien, recuerda que están hechizados...

-Los hechizados aún tienen sentimientos.

-Ya olvídalo ¿sí? Tengo algún tiempo libre y a estas horas los niños duermen, ¿qué te parece si disfrutamos un tiempito a solas?

-¡Vaya! Si que debes estar muy necesitado para pedírmelo y delante de los rebeldes. - rió Caldina, provocando el sonrojo de su esposo. Y se abrazó a él. - Deberías salir al campo de batalla más seguido. ¡Me encanta cuando soy yo la seducida! - volteó a ver al rebelde, él la observaba con cierta melancolía. Después de todo, quizás si había una esperanza, quizás podría encontrar el escondite de la tropa rebelde. Y él era la clave.

-¿Y bien? Sabes que volveré a salir pronto. - Caldina suspiró, ¿cómo resistirse a una noche de pasión con su amado cefiriano? Su misión debería esperar, pero volvería con ese rebelde más tarde, estaba convencida de que lograría deshacer el hechizo, sólo necesitaba un poco de tiempo y mucha paciencia...

o0o…

Caminaba de un lado a otro de la sala, mientras ella lo miraba ir y venir, sentada en su trono.

-Ya cálmate Ferio...- dijo con dulzura, pero él la miró como si lo hubiese insultado.

-¿Cómo quieres que me calme? Latis y Ráfaga están allá afuera, ejecutando mi primera orden como rey sin el respaldo de Gurú Clef, ¡y yo aquí! Debería estar dónde más se me necesita, ¡en los pueblos! Resistiendo el ataque rebelde con Ráfaga o buscando a esa mal nacida con Latis.

-Eres el rey, tu deber es ordenar. Debes permanecer aquí, este es tu lugar. Los rebeldes no te perdonarían la vida si te encontraran en los pueblos- Ferio agachó su cabeza. Quizás ella tenía razón, muerto sería aún más inútil. Sin embargo… ese comentario jamás hubiera salido de boca de Fuu. Tabaris podría ser un dulce, muy bonita, una excelente amante… podía cuidarlo mejor que nadie, pero no le llegaba ni a los tobillos a su reina.

-Tú no entiendes, Tabaris. Toda mi vida he luchado por este mundo. No está en mi naturaleza quedarme de brazos cruzados.

-Claro que lo entiendo. Pero jamás perdonaría que salieras a poner en riesgo tu vida por un absurdo capricho, hay personas entrenadas para hacerlo. - la (poca) paciencia del rey había llegado a su límite y estaba a punto de perder los estribos cuando llamaron a la puerta.

-¡Adelante! - gritó, descargando la ira que en realidad iba dirigida a su prometida. La puerta se abrió para dar paso a una de las secretarias reales.

-Disculpe, su majestad, ¿interrumpo? - preguntó amablemente.

-Sabes que tú nunca interrumpes, Gaelle.- dijo usando sus viejos dones galanes que Tabaris tanto detestaba.- Disculpa por el grito. ¿Qué ocurre?

-Una joven lo busca, dice que quiere hablar con usted

-¿Una joven?

-Dice que viene de la aldea Balbin, la verdad no pensaba dejarla pasar, pero insiste en que es urgente...

-El rey no está para atender a cada uno de los aldeanos en persona, para eso están los representantes. - interrumpió Tabaris

-Lo sé, señorita Tabaris, pero ella a cabalgado toda la noche para llegar hasta aquí, se ve agotada y alterada y... esta encinta...

-¿Encinta?

-Si ella es una irresponsable no es culpa de—

-¡Déjala pasar!

-Ferio...

-Si ella vino hasta aquí, de noche, sola y estando embarazada, debe de ser muy urgente.

-Bien, su majestad, le diré que pase.

-Ferio, ¿no crees que puede ser una trampa?

-Actuar como si fuéramos superiores es una de las cosas que provocan descontento en nuestra gente. Quiero ser un rey al que la gente recuerde por su bondad y por un gobierno ejemplar, no por su tiranía. Qué lástima que no lo entiendas

-Pero…

-Recuerda que tú también pertenecías al pueblo cuando te conocí. - ella guardó silencio, no sabía que contestar.

Volvieron a llamar a la puerta, esta vez era la joven de la que Gaelle le había hablado. Ferio indicó que pasara. Se sorprendió al ver su abultado vientre, al parecer estaba en las últimas. Y no pudo evitar imaginar a su princesa en ese estado. La culpa y la nostalgia lo invadieron, sin dudas debía de haberse visto muy hermosa. Pero fue otro el que la disfruto.

Ella lucía agotada, se notaba que no había dormido y que estaba sintiendo el peso de los últimos meses de la "dulce espera." Ella tenía el cabello castaño oscuro y lo llevaba atado en un rodete alto, adornado con una hebilla en forma de flor. Sus ojos púrpuras denotaban cierta tristeza. Llevaba un vestido suelto en tonos pasteles, de mangas largas, que se hacían más anchas al llegar a sus muñecas. Era claro que no llegaba a los 30 años. Lo observó con algo de temor y luego hizo una reverencia en señal de respeto.

-¡Oh! No es necesario. - dijo Ferio, algo incómodo. Y luego miró a Gaelle, quien permanecía en la entrada. - Rápido, tráele una silla y… ¿Quieres algo de beber?- preguntó a la joven, mirándola a los ojos.

-No… No, no es necesario… Yo- -

-¡Vamos! Debes de estar agotada y hambrienta… ¿Un café? - la joven no contestó.- Por el niño…

-De acuerdo.

-Gaelle, trae dos cafés rápido y algo para comer

-No tiene que…

-Descuida… Tabaris, déjanos a solas. - Tabaris frunció el ceño, pero no se atrevió a decir nada. Molesta se levantó del trono y salió de la sala sin saludar. - Discúlpala, tiene un mal día.

-Usted no tiene que darme explicaciones, su majestad.

-Por favor, deja el formalismo, me siento un viejo cuando me hablan de usted. -dijo sonriendo, mientras se sentaba en el trono. Enseguida volvió Gaelle con una silla para la dama y con ella, una de las jóvenes de la cocina. Traía una bandeja con dos tazas de café con algunas masas que colocó en una mesa que se encontraba junto al trono. La joven se sintió avergonzada. Realmente estaba hambrienta, pero le daba mucha pena la atención, jamás hubiera imaginado semejante hospitalidad y calidez de parte del rey. Hospitalidad que, suponía, se acabaría cuando supiera a que había ido.

-Adelante, no tengas vergüenza. - dijo una vez que sus empleados se macharan.- ¿Cómo es tu nombre?

-Me llamo Renania.

-Bien, Renania, descuida… no tiene nada. - dijo tomando un poco de su taza.- ¿Ves?

-Es que… me apena su hospitalidad y más con lo que vengo a pedirle…

-¿A pedirme? Continua. Sin miedo. - la mujer bebió un poco de café. Luego volvió a dejar la taza sobre la mesa y comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos. - ¿Cabalgaste toda la noche, sola, arriesgándote a ser atrapada por los rebeldes o por algún monstruo y estando embarazada, pero no te atreves a decirme eso tan importante que viniste a decirme?

-Bueno… yo… yo… quería pedir… por mi esposo.

-¿Tu esposo? ¿Qué ocurre con él

-Hace unos meses, mi esposo se unió a la tropa rebelde. - dijo sin mirar a Ferio a los ojos, por miedo al ver su reacción.

-¿Rebelde?

-No sé qué fue lo que le pasó, en que estaba pensando, ambos siempre creímos en usted, creímos en que era un buen rey y que nos sacaría adelante. Además, sólo por ser el hermano de la princesa Esmeralda, merece una oportunidad. Pero ella lo convenció, no sé cómo…

-¿Ella?

-Kasumi Takahashi… la líder de los rebeldes. Un día llegó a la aldea con los suyos. Hicieron un acto en la plaza central. Mi esposo trabajaba por allí, así que escuchó la charla por curiosidad y de allí vino convencido de que usted era un mal monarca y que había que destituirlo. Llegó diciéndome que se ausentaría un tiempo porque se uniría a los rebeldes. Jamás estuve de acuerdo, pero él no me escuchó, se fue al día siguiente…- dijo tratando contener las lágrimas. Ferio no se animada a interrumpir el relato, escuchaba atentamente. - Y ahora… Él fue capturado por la guardia real.- los ojos del rey se abrieron de par de par.

-¿Capturado?

-¡Su majestad! - la joven se levantó de su silla y se arrodilló frente a él, mientras tomaba su mano.- Yo quiero pedirle que lo libere, él no es un mal hombre. Me hace mucha falta. Muy pronto mi bebé nacerá y no quisiera estar sola en ese momento. Además, mis otros hijos también lo necesitan…

-Oye… espera… No hace falta que hagas eso. Levántate. - la joven negó con la cabeza.- ¡Levántate! Es una orden. - Al escuchar esto, Renania volvió a sentarse en la silla.- Entiendo tus suplicas, pero yo no puedo liberarlo a sabiendas que es uno de los rebeldes que infunden el pánico y el desorden. Lo único que pretendo es asegurar la paz y ellos atentan contra ella. Quisiera puedas entenderlo, puesto que dijiste que no estabas de acuerdo con su actitud.

-Sigo pensando que lo que hace es incorrecto, realmente no puedo entenderlo. Él ha cambiado mucho. Y lo entiendo a usted, su majestad, después de todo ellos quieren su cabeza. ¡Pero le ruego piedad! ¡No le hagan daño! Yo no sé qué sería de mi vida sin él.

-Descuida, mi guardia no tiene órdenes de atacar ni de hacerles daño a ninguno. Ellos se encuentran en las mazmorras del palacio porque allí tienen barreras físicas y mágicas, tal vez no sea el lugar más cómodo, pero son demasiados para darles asilo en nuestras habitaciones y Gurú Clef no está en condiciones de crear un escudo para el palacio entero. Pero puedo asegurarte que no les falta comida ni agua, tampoco pasan frío, ni calor y no se les ha maltratado.

-¿Puede jurármelo?

-Te lo juro por mi pequeña princesa, que es lo que más amo en este mundo.

-Gracias. Eso me deja más tranquila.

-Renania, creo que deberías saber que la razón por la que tu esposo cambio tanto de parecer. Él está hechizado

-¿Hechizado?

-Esa mujer, Kasumi, ha puesto un hechizo en todos esos hombres que quieren mi cabeza. Esa es la razón por la que los mantenemos cautivos. Luchar en una batalla a muerte no sería la solución sabiendo que todos ellos son inocentes, como tu esposo.

-¿Un hechizo? Realmente no sabe cuánto me alivia escuchar eso. ¡Me preocupaba mucho su extraña actitud! Pero, ¿por qué no lo han deshechizado?

-No es tan fácil, es un hechizo muy poderoso, pero estamos intentándolo.

-Quiero verlo.

-No sé si él vaya a reconocerte.

-De todos modos, quiero verlo.

-Bien, quizás el verte ayude a romper el hechizo. Yo mismo te llevaré hasta allí. - Ferio se puso de pie y le indicó que lo siguiera. Ella acató la orden. Salieron del salón del trono y se dirigieron a los sótanos del palacio. Una vez allí, Ferio se acercó a los centinelas para que le den pasó a las mazmorras.

-¡Rey Ferio! ¿Qué hace aquí? Usted no debería- -

-Yo decido lo que debería y lo que no… ¡Déjanos entrar! - el centinela frunció el ceño y luego desvió los ojos. Ya todos conocían la necedad del rey y que era imposible decirle que no. Tomó sus llaves y abrió la reja que los separaban de los pasillos de las mazmorras. – No temas por la barrera mágica, como estás conmigo no te hará daño. - explicó a Renania, y ambos entraron en las mazmorras. Ella ingresó un poco temerosa, el lugar era bastante lúgubre. Como las mazmorras eran subterráneas, no entraba más luz solar que la que podía filtrarse por unos pequeños respiraderos en la parte superior. Le preocupaba saber que encontraría allí, pero confiaba plenamente en su rey. Sólo quería verlo y saber si la reconocía.

Caminó con la cabeza al frente, pero mirando de reojo a los apresados. Se sorprendió un poco, eran demasiados y, sin embargo, no eran ni la décima parte de los que en realidad eran. Vio al rey detenerse de repente. Lucía sorprendido. Se detuvo también. Observó a la mujer que había bloqueado el camino del rey.

-¿Qué haces aquí Caldina?

-Mi trabajo, tal como quedamos…

-Pero, es muy temprano…

-Tomo muy en serio mi trabajo, aunque sea a donorem.

-Él es… su majestad… Él es mi esposo…- interrumpió Renania, tomándose de la reja con ambas manos. Caldina la observó sorprendida y luego observó al hombre al que había tratado de deshechizar desde el día anterior. Él parecía reconocer su voz, puesto que volteó a verla, pero no hubo reacción, sus ojos permanecieron fríos y sin expresión. - ¡Kangoo! ¡Kangoo! ¿Puedes escucharme? - preguntó con cierto desespero.

-¿Renania? - la joven volteó a ver a la ilusionista con asombro.

-¿Cómo… sabe mi nombre?

-Él te ha nombrado varias veces, entre sueños.

-Parece que no me recuerda.

-Está hechizado, no te reconoce…Pero el hechizo es débil en él… Posee una gran fuerza de voluntad. He intentado hacerlo reaccionar, pero, por más que parece que vence el hechizo, segundos después vuelve a caer en él… Tal vez verte le haga bien… quizás tú logres lo que yo no he podido logra… ¡Háblale! Aunque no logre reaccionar, él puede escucharte. Háblale y tal vez puedas ayudarlo a despertar...-

-Kangoo, ¿me reconoces? ¿Puedes reconocerme? Soy yo, Renania, tu princesa, tu reina ¿recuerdas? Así solías llamarme. - algunas lágrimas escaparon de sus ojos. - Mi amor, los niños te necesitan, yo te necesito… ¡Por favor dime que me recuerdas! - el hombre se puso de pie y la miró de frente. La expresión en sus ojos cambió de repente y sus pupilas reaparecieron.

-Renania…- dijo en voz baja, ante la sorpresa de los presentes. Estaba a punto de acercarse a las rejas cuando sintió una punzada en su cabeza, como si la estuviesen atravesando con un cuchillo. Agachó la cabeza tomándola con ambas manos, mientras gritaba desaforadamente.

-¡¿Qué le ocurre?!

-Tranquila Él está bien… es sólo un dolor de cabeza. Él está luchando contra un hechizo muy fuerte, es por eso que le ocurren ese tipo de cosas.

-Pero… ¡Hagan algo! - Caldina miró de reojo al hombre, el brillo de sus ojos había desaparecido nuevamente. Había sido un buen intento, pero no había resultado. Y estaba furioso. Se apresuró a alejarla de las rejas, adivinando la intención del hombre. Él se lanzó con todas sus fuerzas, impactando sus grandes manos contra las rejas. Tenía un físico impresionante, casi al nivel de Ráfaga y Latis.

-¡Largo de aquí! ¡Largo! - gritó furioso.

-Será mejor que salgamos de aquí…

-¡No! ¡No quiero dejarlo! ¡No quiero… ¡AH!- Renania llevó sus manos a su vientre y se retorció de dolor. Una fuerte contracción.

-¿Te encuentras bien? - preguntó Caldina.

-Estoy bien, esto ya me ha pasado antes… ya pasará…

-Renania, será mejor que salgamos de aquí… el bebé está por llegar. - dijo Caldina, mirándola a los ojos. Ella no respondió, sólo afirmó con la cabeza. - Ferio… ya vámonos…

o0o…

-Entonces, ella llegó hasta aquí cabalgando… ¡Qué valiente! No sé si yo podría hacer algo así.

-Lo harías si estaría en juego la vida de la persona a la que más amas, mi querida Umi…- la joven de cabellos celestes se sonrojó por el comentario. ¡Sí! Por Clef era capaz de hacer eso y más, pero en este caso era la vida de alguien más la que estaba en juego. ¿Y entonces?

-Pero creo que fue una imprudencia llevarla a las mazmorras. - interrumpió Fuu, para salvar a su amiga de la incómoda situación y aprovechando la oportunidad para atentar (verbalmente) contra Ferio. Él sólo frunció el ceño, lo último que quería era seguir peleando con ella.

-Puede que así sea, Fuu, pero yo realmente creí que ella lo lograría…

-Aun así, no es riesgo al que hay que poner a una mujer a punto de parir.

-Ya, Fuu… Ferio sólo quiso cumplir con su deseo. Además, ella está en buenas manos. Hikaru no dejará que nada le ocurra ni a ella ni al bebé.

-Pues no dudo que ella hará lo mejor, pero las cosas se complican sin la tecnología de nuestro mundo.

-¿Desde cuándo eres tan pesimista? - todos saltaron al oír que se abría la puerta de la habitación de huéspedes a la que habían llevado a Renania.- Hikaru ¿cómo está ella?

-Está bien, está en trabajo de parto, pero aún le falta mucho por dilatar… Ferio, ella no quiere permanecer aquí, está preocupada por sus hijos. Le explique que sería un riesgo salir al bosque en su estado, que el bebé podría llegar en cualquier momento y no tendría a nadie que la auxilie. Así que me atreví a prometerle que mandarías a buscar a sus hijos y los traerías aquí.

-Está bien, Hikaru… No hay problema. Mandaré por los niños hoy mismo. Es mejor que ella permanezca aquí, no sea cosa que los aldeanos de Balbin sepan que ella vino conmigo y quieran tomar represalias.

-Bien, volveré con ella, es mejor tenerla controlada.

-¿Seguro Hikaru? Te ves un poso agotada, tal vez debas descansar pequeña. - dijo Caldina.

-Bueno, es que no he dormido muy bien últimamente, pero estoy bien…

-Hikaru, no sabemos cuánto tiempo dure su trabajo de parto, y tú eres la única aquí que puede asistirla. Lo mejor será que descanses. Fuu, Caldina y yo nos turnaremos para cuidarla. ¿Verdad chicas?

-Por mí no hay problema, Umi.

-Pero...

-Nada de peros… ¡Es en serio! Yo no tengo dotes de partera y estoy segura de que Fuu y Caldina tampoco.

-¡Claro que no! Me da pánico de sólo recordar lo que sufrí al traer al mundo a mis mellizos

-Está bien, tal vez tengan razón.

-Bien, yo me quedaré con ella ahora. - dijo Umi.- Ustedes pueden seguir con sus asuntos.

-Bien, ¡nos vemos luego! - dijo Hikaru, siendo la primera en salir. La siguieron los demás. Umi suspiró. Tomó valor y se dispuso a entrar al cuarto. Sabía que estar con Renania le traería recuerdos de su deseo frustrado de ser madre, pero tenía que enfrentarse a ellos, algún día los tenía que superar.

o0o…

Había pasado el día encerrado en su despacho, desde que despertó esa madrugada con la sensación de soledad que lo había acompañado toda su vida. Segunda noche que ella no pasaba por su cuarto, sin dudas si se había enojado. Estuvo leyendo todo el día, tratando de alejar de su mente esos pensamientos negativos, esa sensación de que la estaba perdiendo. La excusa era averiguar más sobre las luchas pasadas con los Takahashi, aquellas en las que él no había participado, pero había terminado con el libro que hablaba de la leyenda de las guardianas de Céfiro, como si ya no se lo supiese de memoria, como buscando alguna alternativa para que ellas no sean devueltas a su mundo. Se sentía muy egoísta, pero no quería perderla, no ahora que estaba tan mentida en su corazón, ahora que ya no podía vivir son ella. Pero si, era muy egoísta de su parte, ¿por qué pretender que ella deje toda su vida para quedarse allí con él? ¿Por qué lo haría? Después de todo, ese no era su mundo, esa no era su vida. Suspiró y cerró el libro. ¿Qué haría? ¿Qué haría si ella volviera a su mundo? No podría resistirlo, ya no podía vivir sin ella.

-Se sobresaltó con un "Puruuuu" que vino desde la ventana. Se puso de pie y observó a la criatura.

-¡Mokona! ¡Me asustaste! - Mokona saltó sobre el grueso libro y comenzó a hablar en su peculiar idioma. - ¿Qué dices?

-Puruuu puuuu puuuu. - Gurú Clef abrió los ojos con sorpresa.

-¿Fuiste tú... quién cerró el portal? - Mokona afirmó con la cabeza. - ¡¿Por qué lo hiciste?!

-Céfiro necesita a sus salvadoras. - interrumpió una voz femenina. El mago levantó la cabeza, sobresaltado. Hasta donde sabía, sólo estaba con Mokona. Y así era. Se sorprendió, aunque no demasiado, al ver a la imagen de la princesa Esmeralda. - ¿Has notado como hasta las flores crecen más hermosas cuándo ellas están aquí? Fuego, aire, agua… ellas son nuestro equilibrio…

-¿A qué te refieres? - preguntó el mago, molestándose un poco con su comentario.

-Lo mejor que puede pasarle a Céfiro es que ellas permanezcan aquí.

-¡Ellas pertenecen a Mundo Místico! ¡Allí tienen su vida, su familia y sus amigos!

-Tú deseas tanto como Céfiro que ellas se queden…

-Pero sería muy egoísta de mi parte pretender que ellas abandonen su vida por nosotros.

-El destino ya está escrito, Gurú Clef... Céfiro no quiere que se vayan, no está vez. Y el deber de Mokona es velar por el futuro de Céfiro. El portal está disponible para ser abierto gracias a un amuleto que se encuentra en Mundo Místico. Sin él, la única en todo el universo que puede abrirlo en Mokona.

-Puruuuuuu puruuuuuu...

-En aquella oportunidad, Mokona volvió a abrir el portal vuelva a abrirse porque ellas eran sólo unas niñas, y necesitaban de sus familias en Mundo Místico. Pero ya no lo son, ellas ya están listas...

-¿¡Qué demonios estás diciendo?!- gritó Gurú Clef, aun no daba crédito a lo que Esmeralda estaba diciendo.

-¡Clef! ¿Ocurre algo malo? - se sintió del otro lado de la puerta y, entonces, Mokona salió saltando por la ventana, tal como había entrado.- ¡Clef! ¡Abre la puerta por favor! - el mago se acercó a la puerta y le abrió a la mujer que estaba fuera. La rubia ingresó con algo de preocupación. - ¿Qué ocurre? ¿Por qué estabas encerrado?

-Sólo quería un poco de tranquilidad Sierra.

-¿Con quién hablabas?

-¿Hablar? Eh… ¡No! Sólo estaba… leyendo en voz alta.

-¿Seguro que todo está bien?

-¿A qué viniste Sierra?

-Bueno… Sólo venía a buscarte para que comencemos con el ritual

-¿Ritual?

-¿Acaso no querías recuperar tus armas?

-¡Ah! Si, si… pues… ¡empecemos ya!

o0o…

No puedo precisar cuánto tiempo había pasado cuando Caldina fue a su cuarto a buscarla. Había estado durmiendo toda la tarde, desde que había dejado a Umi con Renania y aprovechando que Himeko había decidido pasar el día con los mellizos de la morena de cabellos rosas, cuidaba de ellos una de las empleadas del palacio. Despertó sobresaltada cuando la ilusionista golpeó (más bien, casi tiró abajo) su puerta. Aun se sentía algo débil y muy mareada, sin mencionar esas terribles náuseas que le impedían probar bocado.

-¿Te sientes bien? - preguntó de repente Caldina al notar que le había tomado bastante ventaja en el recorrido hacia el cuarto de Renania.- Luces pálida.

-Sólo una ligera indigestión, debió ser algo que comí. ¡Creo que aún no me acostumbro a la comida de Céfiro! Pero no te preocupes, luego iré con Gurú Clef para que me de alguna poción.

-Mmmm… ¿La comida de Céfiro te cayó mal? ¡Pero si es comida para bebés! Deberías de probar entonces la comida de Cizeta, esa sí que te caería como una bomba…

-Emm… bueno… siempre he sido de estómago delicado.

-Si, claro… ¡pero los dulces no te hacen nada! ¿Verdad? A otros con esos cuentos, eres muy mala para poner excusas.

-Dime Caldina… ¿Crees que Renania ya está lista para dar a luz? - preguntó intentando cambiar el tema.

-Pues... según mi experiencia, si... ella está que se trepa por las paredes. Créeme, no hubiera venido de no ser realmente importante. Ahora Fuu y Umi están con ella... bueno, ¡aunque Umi no es realmente de mucha ayuda! - comentó chistosamente, y ambas rieron.

Llegaron al cuarto en que se hospedaba la joven y entraron de inmediato. Ella permanecía en su cama, bañada en sudor. Tomaba la mano de Fuu con cierta impaciencia, mientras intentaba suspirar adecuadamente.

-¿Cómo te sientes? - preguntó Hikaru.

-¡¿Y cómo quieres que se sienta?!- interrumpió Umi.- ¿Qué no está claro?

-Umi...

-Creo que ya viene... puedo sentirlo...

-Bien, es lo que vamos a ver...- Hikaru se acercó al lavado del baño y lavó bien sus manos para luego volver a revisarla. Levantó sus largos vestidos para hacerle tacto. - Mmm... Pues... ni hace falta que vea tu dilatación, puedo ver la cabeza del bebé. ¿Éstas lista? - dijo mirándola a la cara, ella afirmó con la cabeza.- ¡Umi, Caldina! Necesito que me traigan una fuente con agua tibia y toallas limpias... ¡Ah! Y también un cuchillo o algo similar y, por favor, que este bien desinfectado... lo necesitaremos para cortar el cordón.

-Descuida...- dijo Caldina y salió dispuesta a cumplir la orden. Umi hizo lo mismo, aunque no muy convencida.

-¿Cuchillo? Esto es demasiado precario. ¡Qué horror! - pensaba mientras se alejaba

-Fuu, tú me ayudaras con esto, ¿de acuerdo?

-Solo dígame que hacer doctora. - Hikaru levantó el vestido de Renania hasta dejar su vientre al descubierto y empujó sus piernas para abrirlas lo más posible.

-Coloca unas almohadas a su espalda, que esté lo más sentada posible. Y asegúrate de que ella esté bien, yo sólo me encargaré del bebé. Cualquier cosa, sólo avísame.

-Hikaru… ¡ya viene! - dijo Renania en medio de un grito ahogado de dolor, y mientras Fuu cumplía con la indicación de Hikaru

-Bien, ya puedes empezar a pujar…- Hikaru suspiró. No era la primera vez que estaba en un parto, pero si la primera vez que debía llevarlo a cabo sola, sin el apoyo de algún profesional con cientos de partos exitosos en su haber. Muchas veces había soñado con ese momento. Pero ¿por qué ahora? ¿Por qué en ese momento en que su sensibilidad estaba a flor de piel?

-Vamos Hikaru, ¿qué pasaría si estuvieras en la Tierra y trabajaras de esto? Deberías soportarlo a diario, aun en estas circunstancias. - se decía mentalmente, mientras la joven pujaba con todas sus fuerzas.

-Caldina y Umi llegaron cargando una fuente con agua tibia, unas cuantas toallas, un cuchillo y algo de alcohol. A estas alturas Hikaru sostenía la cabeza del bebé para ayudarlo a salir

-Parece que llegamos a tiempo después de todo, Umi…- dijo la morena, pero la guerrera de Ceres no contestó. - ¿Umi?- preguntó volteando al verla.- ¿Estas bien? Estas pálida…

-Si… si… sólo… creo que es mejor que vaya al tocador…- dijo corriendo hacia el baño de la habitación.

-¡Esta niña! Pelea contra monstruos y contra demonios como Debonel pero no puede presenciar un parto. - comentó la morena justo antes de oír el llanto del bebé que acababa de nacer.

-Es un niño…- dijo Hikaru, mientras Fuu se asomaba para observar. - ¡Caldina! Pásame el cuchillo. - Caldina acató la orden y le entregó el cuchillo a Hikaru. Con cuidado cortó el cordón y le hizo un nudo. Rápidamente Fuu tomó las toallas y envolvió al niño, para llevárselo a su madre. Renania lo tomó en brazos y lo miró con dulzura, mientras algunas lágrimas caían de sus ojos.

-Muchas gracias…- dijo con las pocas fuerzas que le quedaban. - Muchas gracias a todas.

-¡Es muy hermoso! - exclamó Caldina.- ¡Hasta me dan ganas de tener otro!- Luego miró a Hikaru.- ¿Y tú te encuentras bien? También estás pálida.

-Estoy bien, no te preocupes. - Hikaru observó a Renania y al niño. Era el primer bebé que había ayudado a llegar al mundo. ¿En qué momento pudo haber imaginado que sería en Céfiro y con tan precarios utensilios? Pero el parto aún no había terminado, ella tenía que ayudar a Renania a expulsar la placenta.

-Caldina, encárgate de lavar al niño… Fuu, necesito que me ayudes presionando su vientre…- Caldina tomó al bebé y lo llevó hasta donde estaba la fuente que había traído. Pasaron algunos minutos más para que esto ocurra, y fue todo lo que Hikaru pudo soportar.

-Con su estómago revuelto, corrió hasta el baño y abrió la puerta sin importarle que Umi estuviera adentro. (Por suerte sólo estaba en el lavado). Se abalanzó sobre el inodoro sacando de su organismo todo lo que no había comido.

-¿Hikaru? - preguntó Umi sorprendida. - ¿Una obstetra no debería estar acostumbrada a estas cosas? ¡Eso déjalo para mí! ¿Cómo te las has arreglado hasta ahora?

-He presenciado decenas de partos y jamás me había pasado… Aunque esta es la primera vez que yo llevo adelante un parto sola.

-Entonces… quizás sean los nervios.

-Si… ¡Si! Eso debe ser.

-Esa noche, Hikaru, Umi y Fuu se encargaron de llevar al flamante padre al cuarto de Renania, por supuesto, tomando todos los recaudos necesarios para evitar que escapara. Lo llevaron encadenado y envuelto en un escudo de viento creado por Fuu. Era un hombre muy fuerte y de cuerpo imponente, sabían que al menor descuido podría escapárseles. Llegaron hasta la entrada, con cuidado de que nadie las viera y abrieron la puerta. Estaban convencidas de que ella lograría romper el hechizo.

-Si Gurú Clef nos viera ahora, ¿crees que nos mataría, Umi?

-Seguro que sí, Karu-Cham

-Pero de seguro tendrás tus trucos para evitar que eso suceda. - comentó Fuu, y ella y Hikaru rieron.

-Sabía que no debí haberles contado. - reprochó Umi.

Al ingresar al cuarto, Renania, de pie, acunaba a su bebé, mientras sus otros dos hijos dormían plácidamente en su cama. Las mujeres empujaron al hombre hacia adentro y Renania lo recibió con una gran sonrisa. Sabía que seguía hechizado y que tal vez no la reconocería, pero poco le importaba. Se acercó a él lentamente. Llevaba un camisón de los que solía usar Fuu y su largo cabello atado en una trenza.

-¿No quieres conocer al último miembro de la familia? - El hombre permaneció en silencio, con la mirada perdida.- Míralo, es un niño, cómo tú decías, Kangoo… He pensado ponerle el nombre de tu padre…- de repente el hombre pareció reaccionar y miró a la mujer a los ojos. - Kangoo, mira nada más la familia hermosa que tenemos… Tus hijos y yo te amamos y tú nos amas también, ¿qué no lo recuerdas?- Una lágrima rodó por la mejilla del hombre y sus ojos recuperaron el brillo perdido.

-Renania…- susurró ante la sorpresa de su mujer y las guerreras. Ella había conseguido romper el hechizo.


Hola a todos!

Bueno, este capítulo me quedó un poco largo, pero quería contar la historia y no sabía donde cortarla. ¡Espero no se aburran de leer! jeje

Una vez más, gracias, gracias y más gracias a todos los que siguen esta historia, y más a los que me dejan sus reviews, (he recibido muchos el ultimo mes y no he tenido tiempo de contestarlos) espero que este capítulo sea de su agrado.

Saludos y gracias por pasarse por aqui!

***Magic Knight Rayearth y todos sus personajes no me pertenecen, yo sólo tengo autoría sobre esta humilde historia***