La historia pertenece a Boogum y los personajes a J. K. Rowling.

Capítulo 21: Complicaciones

- ¡Estúpida! ¡Estúpida! ¡Estúpida!

Ginny entró como una furia en la habitación de invitados y se arrojó sobre la cama de madera, en un mar de lágrimas. Se apoyó fuertemente contra la almohada, luchando contra el terrible nudo que sentía en la garganta e intentó controlar los gemidos que amenazaban con salir de su boca.

Había sido una idiota. Un auténtica imbécil.

- Estaba casi rogándole que se acostara conmigo...- murmuró la pelirroja para sí, totalmente avergonzada, desesperada por la imagen que había dado.

Nunca se imaginó capaz de desear a un hombre tanto como a él en aquel momento. Todo había sido extraño y maravilloso, hasta intoxicante. Jamás se le había despertado semejante pasión por nadie e incluso en aquel momento su cuerpo seguía temblando al recordar las sensaciones que su tacto le inspiraba.

Un rubor apareció en sus mejillas al instante. No había nada inocente en la manera en la que la había tocado; para un hombre tan modesto y casto, sabía perfectamente lo que estaba haciendo al tocarla. Naturalmente, aquello no le había importado, pero antes de saber que pararía y la dejaría de aquella manera tan terrible, en pleno despertar y excitación sexuales.

Ginny entendía porqué lo había hecho, claro estaba, pero aquello no significaba que le gustara. La realidad era que la había rechazado cuando estaba ofreciéndose de piernas abiertas, por muy embarazoso que resultara admitirlo. Era muy difícil apreciar el verdadero trasfondo de su rechazo sintiéndose tan ridícula.

Aún así, Ginny no era idiota y sabía que Draco tenía razón al decir que no estaba en su sano juicio en aquel momento. También había acertado al asumir que la chica ni siquiera sabía lo que le dijo cuando él se apartó, demasiado impaciente por que se lanzara sobre ella como para considerar las palabras que salieron de su boca. Aún así, el rubio se había equivocado al creer que sólo le quería por simple excitación e incluso resultaba insultante que pensara así. ¿Qué clase de mujer se pensaba que era? Tal vez él se hubiera dejado llevar por su calentura, pero ella no. Al menos, eso pensaba...

Sí, era cierto que él la atraía y también era cierto que lo había deseado fervientemente muchas veces, pero no lo era que hubiera actuado aquella noche por simple lujuria. Tenía que haber algo más. Ginny no podía admitir que se hubiera dejado llevar, después de tanto tiempo manteniendo la distancia, por un simple impulso hormonal. No obstante, tampoco podía negarse que su deseo no hubiese colaborado.

En cualquier caso, ya hubiera actuado movida por pura excitación o por algo más profundo, lo cierto era que, en aquel momento, se encontraba en una situación muy incómoda. Una vez llegada la mañana, tendría que encararlo; era su marido y eso no cambiaría. Incluso si el tema no volviese a salir nunca, Ginny siempre recordaría que, por una noche, se dejó llevar por los peligrosos terrenos de la pasión y el deseo, en los que habían acordado no adentrarse; no por voluntad de sus padres, aunque así lo quisiesen, sino por su propio acuerdo.

Fue un estúpido error y tal vez Draco hubiera hecho lo correcto al frenarse, aunque ella deseara que no hubiera actuado así, para no sentirse tan estúpida y avergonzaba como lo estaba. Sin embargo, lo peor era la sensación de curiosidad que sentía la pelirroja, acerca de cómo sería llegar hasta el final de aquel terreno prohibido, así como la excitación que sentía hacia su marido, suficiente como para volver loca a cualquier mujer.

No sabía cómo comportarse con él a partir de aquel momento. ¿Cómo iba a hacerlo si, cada vez que lo mirara, recordaría lo sucedido? Aunque se sintiera avergonzada por haber sido rechazada, Ginny sabía que lo superaría; sin embargo, aquello era imposible de olvidar.

Naturalmente, después de sufrir ese trato, la pelirroja lamentó la situación, aunque en el fondo seguía deseando que Draco no hubiese frenado. Se imaginó que aquello que más lamentaría de esa noche serían sus palabras, en lugar de aquel impulso tántrico que la culpabilizaba por haberse acercado tanto hacia él. Era muy duro olvidar lo que había sido, tanto como no admitir que deseaba más.

Ginny dejó escapar un gemido de frustración. ¿Por qué tendría que ser todo tan complicado? ¿Por qué un simple beso lo habría cambiado todo tanto? Aquello, aquel simple e inocente beso sin motivo lo había alterado todo. No había modo alguno de poder mirar a Draco como siempre; ya no podría ser su amigo ni su marido, pues se había transformado, ante sus ojos, en algo infinitamente más deseable y tentador.

Ginny deseaba que hubiera alguien a quien poder acudir en busca de apoyo. No había nadie de confianza que supiera la verdad de su matrimonio, pero en aquel momento la pelirroja sentía que necesitaba consejo de alguien cercano. Sin embargo, no se le ocurría nadie en quien verdaderamente pudiera confiar; todos creían que estaba casada felizmente con Draco, pero le hacía falta escuchar otro tipo de opinión. Sin embargo, no se le ocurría nadie.

Estaba Kitty pero, por mucho que le gustase, Ginny dudaba compartir aquella información con su amiga. Kitty había vivido toda su vida en la alta sociedad de los pura sangre, así que había ciertas cosas que no comprendería, además de que Ginny veía raro contarle aquello a una chica cuyo pretendiente era uno de los mejores amigos de su novio. Era demasiado raro.

No; Ginny necesitaba a alguien en quien pudiera confiar, alguien que realmente la entendiera. Alguien como...

- ¡Hermione!- gritó la pelirroja, antes de dirigirse a la chimenea y aparecerse en el apartamento de su amiga- ¡Hermione, necesito tu ayuda!

De pronto, la pareja que se encontraba inmersa en un apasionado beso se apartó y miró a Ginny fijamente, con unas indescriptibles expresiones de preocupación y vergüenza. La chica, una joven de melena castaña alborotada, inteligentes ojos de color marrón y expresión serena, se sonrojó nada más verla y se apartó rápidamente de su amante. Ginny no tuvo ningún problema reconociéndolo también, con su despeinado pelo negro, ojos verde esmeralda y la cicatriz de su frente.

- Eh... Siento haberos interrumpido- se disculpó ella, algo incómoda. No esperaba encontrarse a sus dos amigos besándose, así que la situación no pintaba muy bien.

- No, está bien...- dijo Harry, recuperándose de la impresión- Yo me iba ya, de todas formas.

- Ah...

El chico se inclinó y le susurró algo al oído a Hermione, se despidió amistosamente de Ginny y se marchó se allí volando, con la escoba entre las piernas. Estaba claro que no deseaba, bajo ningún concepto, someterse al interrogatorio de porqué estaba besando a su mejor amiga desde hacía cerca de nueve años.

Ginny alzó la ceja, mientras miraba a su amiga.

- Así que, ¿cuánto lleváis así, eh?

Hermione no pudo evitar sonrojarse.

- No mucho, la verdad... pero no has venido hasta aquí para preguntarme por mi relación con Harry, ¿no? ¿Qué ha pasado? No te veo demasiado bien.

- Pues no, la verdad- confesó la pelirroja, recordando el motivo que le había llevado a interrumpir la intimidad de su amiga. A continuación se sentó en la cama y clavó su mirada en la de la anfitriona- ¿Tú y Harry no habéis... ya sabes?

- ¿Qué? ¡Oh, no!- negó la castaña, sin poder evitar ruborizarse- Aún no hemos... Es que llevamos muy poco tiempo y...

- No hace falta que me cuentes los detalles. Confío en ti- dijo Ginny, sonriendo, sintiéndose a salvo.

Hermione se sentó en la cama, las manos sobre su regazo, mientras miraba a su amiga con su clásica expresión seria e inteligente.

- Bueno, ¿qué te ha pasado? Aunque, a juzgar por la cara que tienes, estoy segura que tiene algo que ver con tu «maravilloso» marido.

Ginny bajó la vista y descubrió que aún llevaba puesto el camisón. Sintió un profundo deseo de reírse pero, en su lugar, notó un nudo en la garganta, que dejó escapar un gemido y unas pocas lágrimas de sus ojos.

- Le... Le he besado, Hermione.

- Bueno, creo que eso no es motivo para echarse a llorar. Es tu marido, así que supongo que es natural querer besarlo.

- No, no lo es- replicó Ginny seriamente- porque nuestro matrimonio no es exactamente como la gente cree.

- ¿Qué quieres decir?

Ginny tomó aire.

- Verás, todo empezó cuando los padres de Draco le pidieron que se casara...

Durante casi media hora, Ginny se liberó de la carga que llevaba tanto tiempo teniendo, explicando cómo y porqué se había casado con Draco, las peleas que tenían día tras día hasta que llegaron a un acuerdo, cómo habían avanzado las cosas hasta el punto de verlo como algo más que un simple amigo y, finalmente, lo que había ocurrido la noche anterior.

- Y eso es todo- suspiró Ginny, al terminar su increíble relato.

- Entiendo lo difíciles que ha puesto las cosas entre vosotros dos todo esto- musitó Hermione, pensativa- pero, ¿no te alegra que parara? Si es cierto lo que dices, deberías agradecer que siga respetando la promesa de no hacerte nada hasta que estés lista y, tengo que admitirlo- añadió, algo dubitativa- jamás pensé que llegara a ser tan considerado.

- ¡Siempre es muy considerado!- se defendió la pelirroja- Sé que no es como todos esos hombres a los que les encanta restregar sus triunfos delante de todo el mundo. Además, aunque no sea el mejor del mundo, sé que es buena persona. Tal vez no sepa reconfortarme con las mejores palabras, ni sea la persona más indicada para pedirle muestras de afecto, ¡pero durante todo este tiempo me ha cuidado a su manera y sé que nadie podría haberlo hecho mejor que él!

Hermione cerró la boca, bastante impresionada por aquella apasionada defensa de un hombre al que siempre había visto como un imbécil sin corazón. Entonces, se acercó ligeramente hacia Ginny, buscando su mirada.

- Estás enamorada de él, ¿verdad?

Ginny estaba totalmente preparada para rebatir semejante sugerencia, pero de pronto se paró en seco, pensando en el rubio de ojos grises que era su marido.

- Creo... Creo que sí- respondió, algo confundida.

Aquella confesión resultó demasiado impactante, así que ambas chicas permanecieron en silencio durante algunos instantes, tratando de digerir lo que aquello significaba.

Ginny se sentía totalmente al borde de un precipicio, pues sabía que había dicho la verdad. De algún modo, en algún momento, se había enamorado del hombre del que menos se había imaginado hacerlo e incluso había necesitado que una tercera persona se lo preguntara para darse cuenta de la realidad. Las palabras se habían deslizado sin problemas por sus labios.

- ¿Estás segura?- Hermione no pudo hacer otra cosa más que preguntárselo, una vez recuperada la voz. Aunque, a juzgar por su turbada expresión, deseaba que su amiga estuviera mintiendo. A Ginny no le ofendió aquel descrédito; en cualquier caso, encontraría la situación graciosa, sabiendo que ella misma tendría la misma reacción que Hermione, de no estar tan segura de sus propias palabras.

Draco Malfoy no era el tipo de hombre del que una mujer se enamoraría. Era contestón, cínico, no sabía tratar a las mujeres y era demasiado arrogante para su propio bien. No había nada dulce en él e incluso su perfecto rostro era más adecuado para el apuesto villano que para el noble y romántico héroe. El rubio jamás sería el príncipe de cuento de hadas con el que Ginny siempre había soñado, y que se identificaba con Julian a la perfección. Sin embargo, a pesar de todos sus defectos, la pelirroja sabía que estaba enamorada. Lo que sentía era real e irremediable.

- Sé que parece una locura- dijo Ginny, con una tímida sonrisa- Yo misma pensaba así ayer mismo, pero de verdad creo que le quiero. Sé que no es perfecto y que nunca lo será, pero acabo de darme cuenta de que no necesito ni busco la perfección. Sólo le quiero a él... y todo de él, incluso lo más despreciable que pueda tener.

Hermione pestañeó, totalmente atónita.

- ¡Si supieras, Hermione- prosiguió Ginny, al tiempo que su sonrisa se ensanchaba mucho más- las veces que he querido darle una paliza en los últimos meses! Puede ser tan arrogante y frío que es capaz de volverme loca. Pero, entonces, recuerdo las veces que me ha tratado bien, aunque en muchas de ellas no tuviera motivo para hacerlo, las palabras que me decía para animarme, las veces que me protegió y defendió delante de sus amigos y su familia... Y, cuando recuerdo todo eso, siento que mi ira desaparece y me doy cuenta de la suerte que tengo de haber encontrado un marido como él- Ginny se giró hacia su amiga, mirándola con franqueza- Así que sí, Hermione, estoy segura de que le quiero. Aunque no tenga todo lo que siempre he querido, como todos esos estúpidos príncipes azules, sé que tiene lo suficiente para mí. Sé que puedo confiar en él y sé que lo quiero y supongo que, en el fondo, eso es lo que importa.

- ¿Cuándo ocurrió?- preguntó Hermione, algo más calmada después de haber escuchado la confesión de su amiga.

- No lo sé, la verdad- admitió Ginny- Todo ha pasado poco a poco, así que no creo que haya ningún momento puntual en el que me haya enamorado de Draco. Ha sido después de preguntármelo tú cuando me he dado cuenta, pero es posible que haya empezado a quererlo desde hace bastante tiempo. No me sorprendería que así fuera. Pero no creo que él me vea como algo más, después de todas las tonterías que he hecho y dicho.

- ¿No crees que él te quiera también?

Ginny se encogió de hombros con tristeza.

- No lo sé. Quiero creer que sí, pero nunca me ha dado a entender que esté enamorado de mí. Es muy reservado, por no hablar de lo mal que se le da expresar sus sentimientos. Pero al menos sé que se preocupa por mí; si no, no habría parado ayer por la noche ni habría hecho todo lo que ha hecho en los últimos meses.

Hermione frunció el ceño.

- Esto es más complicado de lo que parecía- dijo para sí.

- ¡Dímelo a mí!- contestó Ginny, algo animada.

- Aún así, no creo que debas seguir martirizándote por lo que pasó.

- Es un poco difícil no hacerlo. Me sentí como una completa idiota.

- Está claro que te rechazó- continuó su consejera- pero tal vez no sea tan malo como parece.

- ¿Y cómo es eso?

Hermione se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro, pensativa.

- ¿Cómo se puso cuando empezaste a besarlo?

Ginny se sonrojó al instante.

- Bueno... tardó un poco en besarme a mí...

- Lo que significa que tenía dudas desde el principio.

- ¿Y qué cambia eso?- gruñó Ginny, reprimiendo un suspiro- Se apartó de mí de todos modos.

Hermione se rió.

- Serás boba; eso lo cambia todo. Si tuviese dudas desde el principio, significaría que sabía perfectamente lo que hacía cuando decidió besarte.

- Pues no veo el cambio- se enfurruñó la pelirroja- Incluso parece peor de lo que ya es.

- ¿Es que no lo ves?- exclamó Hermione, muy impaciente- ¡Eso significa que quería hacerlo contigo, que te quería!

- Sigo sin...

- ¡Por Merlín, Ginny! Estás casada con Draco, le conoces mucho mejor que yo, ¿y eres incapaz de darte cuenta de esto?

- ¿De qué estás hablando?

- Malfoy no es el tipo de chico que se deja llevar por sus emociones. Aunque alguna vez haya perdido el control, estoy segura de que en este tipo de cosas es capaz de comportarse como un robot si se lo propone.

- ¿Qué es un robot?- preguntó Ginny, algo perdida.

- Es igual- repuso Hermione- olvidaba que estaba hablando con una bruja pura-sangre. El caso es que él quería besarte y no creo que fuera simplemente porque él es un hombre y le cuesta resistirse a una preciosidad que está deseando estar con él. De hecho, estoy segura de que no ha estado con ninguna mujer así antes.

Ginny sabía que aquello era cierto. Alexia, que tal vez fuera la mujer más guapa que jamás hubiera visto, había tratado de seducir a su primo cientos de veces, pero él no había perdido su auto-control.

- Vale, tienes razón- admitió la pelirroja- Pero, entonces, ¿por qué me rechazó?

- Eso es lo que no sé- se lamentó Hermione- Claramente deseaba estar contigo, así que tuvo que haber algo que le impidiera ir más lejos. A juzgar por lo que tú me has contado, tal vez se sintiera culpable de aprovecharse de ti en un momento de bajón. Aunque también puede que me equivoque.

- Aunque tuvieras razón y Draco quisiera estar conmigo, sigo sin saber qué tengo que hacer a partir de ahora.

¿Quieres un consejo?- Ginny asintió- Creo que no deberías hacer nada. Deja que él haga el próximo movimiento. Ya le has dado muchas pruebas de que quieres intimar con él, así que sólo si no hace nada, recurrirás al plan B.

- ¿Y cuál es?

- Ponerlo en una situación en la que no pueda resistirse. Estoy segura de que sus hormonas harán el resto.

Ginny se sonrojó.

- No creo que eso vaya a funcionar. No sé cómo seducir a alguien.

Hermione se sonrió. Si algo sabía acerca de su amiga era que, muy probablemente, hubiera estado calentando a Draco sin quererlo durante todo aquel tiempo. Era increíble que el rubio hubiese aguantado tanto.

- No creo que haga falta llegar a ese extremo- contestó la castaña, encogiéndose de hombros- Draco acabará cayendo y tú sabrás lo que verdaderamente siente por ti. Ten paciencia y ya verás que las cosas salen bien.

- Va a ser muy incómodo- suspiró Ginny- No sé ni cómo voy a hacerlo para hablar con él después de lo que pasado, eso sin tener en cuenta que me gusta.

- Dicho así suena mucho peor- murmuró Hermione, frunciendo el ceño- Bien, ¿por qué no te quedas aquí esta noche? Así tendrás un poco más de tiempo para enfriarte las ideas y mañana serás capaz de encararlo mejor.

- Tal vez sea lo mejor- asintió Ginny, agradecida por la propuesta- Ahora mismo no quiero verlo y me preocupa que me busque para pedirme disculpas otra vez. Así sólo me echaría a correr.

- Entonces ya está.

Ginny sonrió, aunque internamente deseaba despertarse al día siguiente y darse cuenta de que aquello no era más que un sueño. No esperaba que las cosas saliesen de aquella forma ni se imaginaba las incómodas situaciones que surgirían en adelante.

OOOO

Al día siguiente, Draco se despertó en una cama semi vacía. Por un momento, se fijó en el lado en el que Ginny solía dormir, sintiendo un pinchazo en su corazón. Ya lo sabía, desde luego, pero aquello no impedía que deseara encontrársela a su lado.

Después de que Ginny abandonara la casa, el rubio se había pasado los siguientes quince minutos debatiendo si debía de salir a buscarla y pedirle disculpas o no; finalmente lo había hecho, aunque no la había encontrado. Había mirado por todas las habitaciones e incluso preguntado a Tooky si había visto a su mujer, pero el elfo tenía tan poca idea de dónde podría encontrarse como él mismo.

Su mujer había simplemente desaparecido.

Draco era lo suficientemente listo como para adivinar que todo había sido por él. Aunque fuera un hombre algo insensible respecto a las emociones, no era ningún idiota; sabía que había hecho daño a Ginny, mucho más del que en un principio se había imaginado y estaba claro que su mujer no quería hablar con él. Así pues, era inevitable que se sintiera culpable, casi tanto como que se preocupase por ella.

Llevaban ya un tiempo casados, durante el cual Draco había visto normal protegerla y asegurarse de que fuera feliz. Saber que estaba lejos de él le enfurecía, pero sabía que no había nada que pudiera hacer al respecto; Ginny se había marchado por su culpa, así que tan sólo le quedaba desear que estuviera con alguien capaz de apoyarla cuanto lo necesitara.

Draco se fijó una vez más en el espacio que tenía a su lado. ¿Cuántas veces se había despertado durante la noche, pensando que Ginny había vuelto a su lado y descubriendo que no eran más que los habituales ruidos nocturnos? Todas ellas se había sentido muy decepcionado, casi tanto como en aquel momento, mirando hacia donde debería de encontrarse aquel rostro tan familiar.

No podía soportarlo más; no sabía dónde se encontraba, ni si estaba a salvo. Se estaba volviendo loco. Necesitaba saber si se encontraba bien, necesitaba verla de nuevo. La necesitaba a ella.

La pelirroja se había convertido en alguien tan importante en su vida que incluso una simple noche a solas era suficiente para hacerle sentirse perdido. Era demasiado preciada para él; como si fuera un pedazo de su corazón. No le gustaba despertarse y no encontrarse aquellos brillantes ojos marrones al otro lado de la cama, ni escuchar su somnoliento saludo matutino como cada mañana. No le parecía bien y, por mucho que tratara de negárselo, finalmente acabó admitiendo que la echaba de menos terriblemente.

Draco se sonrió dulcemente.

- Una noche sin ella y pierdo la cabeza. ¿Cuándo ha empezado a ser así?

Algo sonó en la casa. El rubio escuchó el ruido de una puerta abriéndose y pasos en la escalera. Sin siquiera pararse a pensar en lo que estaba haciendo, Draco apartó bruscamente las sábanas y salió de la habitación, lleno de esperanza, mientras su corazón latía rápidamente.

De pronto se paró en seco, aunque su corazón siguiera latiendo con furia. Sin embargo, en lugar de encontrarse con la sonrisa de su mujer, se encontró con la pequeña elfina doméstica, Tooky, cuyos enormes ojos lo miraban con cierta consternación.

- ¿El amo se encuentra bien?- preguntó Tooky, con su fina voz- El amo parece decepcionado.

Draco se pasó una mano por el pelo, mientras suspiraba de rabia. Se estaba volviendo loco. Lo estaba volviendo loco. ¿Cómo si no podía explicar su comportamiento?

- Es-Estoy bien, Tooky- musitó semi inconsciente, sabiendo lo ridículo que debía de parecer después de haber echado a correr por el pasillo, en pijama- Mi mujer no ha vuelto aún, ¿verdad?

- No, amo, pero acaba de llegar esta carta para usted- añadió el elfo, sacando un sobre de su pequeño bolsillo- Tooky ha venido para dárselo.

Con las manos temblorosas, Draco cogió la carta que Tooky le tendía. Tenía un presentimiento de quién la habría escrito y un simple vistazo a la letra corroboró sus sospechas.

Nada más despedirse del sirviente, Draco se dirigió a su habitación y se sentó en la cama, mientras abría el sobre. Entonces, empezó a leer.

Draco,

Siento haberme marchado así la otra noche. No podía quedarme allí después de lo que hicimos; espero que lo entiendas. Estoy en casa de un amigo, así que no hace falta que te preocupes. Volveré esta noche, tarde.

Ginny

Un suspiro escapó de sus labios, hasta que el rubio bajó la carta y se quedó mirando fijamente las paredes. Por un momento permaneció así, con los labios fruncidos, hasta que aplastó la carta con rabia y salió abruptamente de la habitación.

OOOO

- Espera un momento- le interrumpió Armande, mirando a su primo con incredulidad- ¿Estás diciéndome que Ginny estaba casi suplicándote que te acostaras con ella y tú le dijiste que no?

- Sí- admitió Draco, sin apartar la vista del vaso que tenía entre las manos.

- ¿Te acojonaste?

- ¡No! ¡No tiene nada que ver con eso! Es sólo que... que no podía hacerle algo así.

- ¿Hacerle el qué?

- Acostarme con ella sabiendo que al día siguiente lo lamentaría. Me importa demasiado como para ser así.

Armande dejó escapar un silbido.

- Lo tienes bastante difícil, ¿eh?- Draco tomó un largo trago a su bebida, respondiendo así a la pregunta- No será alcohol, ¿verdad?- preguntó el chico- Porque Ginny me matará con sus propias manos si se entera de que he dejado que te emborraches otra vez.

- Es cerveza de mantequilla- repuso Draco, girando la vista- así que no creo que acabe muy mal.

- Pues parece que quisieras hacerlo.

Draco se contentó con girar la vista y tomar otro sorbo.

- Vale; así que los dos os calentasteis anoche y tú estuviste a punto de perder la virginidad- resumió Armande, frunciendo el ceño- pero sigo sin entender qué tiene que ver eso con que te emborraches a cerveza de mantequilla.

- Creo que me equivoqué.

- ¿Qué?

Draco suspiró y se fijó en la jarra que tenía entre las manos.

- Creo que no debí haberme parado. Mis padres me han estado insistiendo durante semanas para dejarla embarazada y yo he perdido la única oportunidad que he tenido de conseguirlo- el rubio miró de nuevo a su primo, bastante frustrado- Ella no quería parar, Armande; estaba deseándolo. ¡Ya hora ni siquiera me habla! Lo he jodido todo, a pesar de que creyera que estaba haciendo lo mejor. Creía que estaba protegiéndola, pero al final sólo la he herido más que si hubiera seguido. Por no hablar de que he hecho añicos los sueños de mis padres. Ginny jamás me dejará volver a acercarme a ella.

- Eso tú no lo sabes. Si tenía tantas ganas como dices, estoy seguro de que conseguirás que vuelva a tenerlas. Ya ha demostrado que le atraes, así que sólo tienes que persuadirla.

- ¿Estás diciendo que seduzca a mi mujer?

- ¿Y por qué no?

Draco negó con la cabeza.

- Si supiera porqué me besó la otra noche, lo haría, pero no quiero aprovecharme de la situación. Estaría mal...

Entonces, Armande se echó a reír, consiguiendo que Draco lo fulminara con la mirada.

- ¿Qué tiene tanta gracia?

- ¡Que estás muerto de miedo!

- ¿Perdón?

- Ya me has oído. Jamás había escuchado una excusa tan mala. ¿Qué demonios te pasa, Draco? Una preciosidad se te ha lanzado al cuello y lo único que has hecho ha sido preguntarte porqué se sentiría así. La mayoría de los hombres no preguntaría eso, sino que la complacería y se preocuparía después.

- No lo entiendes.

- Claro que sí- replicó Armande, seriamente- Te estás comportando como un imbécil y si yo fuera tú dejaría de actuar como un caballero, que no te pega para nada, y me limitaría a darle a mi mujer lo que ambos queremos.

- No es tan sencillo.

- Yo creo que sí. Ya te ha demostrado que le gustas y estoy seguro de que el único motivo por el que no te habla es porque se avergüenza. Tienes que admitir que tu forma de rechazarla no fue la mejor.

- Bueno, supongamos que tienes razón y que quiere estar conmigo. ¿De verdad crees que puedo hablarle como si nada y esperar que quiera acostarse conmigo? La empujé, Armande, así que no creo que esté muy dispuesta a volver a lanzarse como la última vez.

- Como te he dicho- continuó su primo, sonriendo- si la persuadieras podrías conseguir que hiciera lo que quisieras.

Draco suspiró.

- Parece muy sencillo, pero no puedo hacerle eso. Tal vez, de haber sabido lo que ahora sé, hubiera sido sido capaz, pero ya no.

- No sé en qué se diferencia la otra noche de las demás.

- Bueno, para empezar tiendo a pensar con más objetividad cuando no tengo delante a una preciosidad en camisón suplicándome que me acueste con ella.

- Me lo imagino- admitió Armande- pero sigo sin ver dónde está el problema. Te preocupas por ella, ¿no?

- Claro que sí- contestó Draco, al instante.

- Pues entonces no sé porqué te parece tan complicado- añadió Armande, con franqueza- Si cuidas de ella no vas a aprovecharte. No vas a acostarte con ella y luego dejarla, ¿verdad? Estás casado con ella, por Merlín y vas a tener hijos con ella; ¿es que no lo ves, Draco? ¡Tienes todo el derecho del mundo para seducirla, si eso es lo que quieres!

- ¡No es lo mismo! Nuestro matrimonio no es como el de los demás. Si supiera lo que verdaderamente piensa de mí, las cosas cambiarían, pero por el momento ése no es el caso.

- ¿Puedo darte un consejo?

- ¿Cuál?- preguntó Draco, bajando la vista a su bebida.

- Deja de pensar en cómo se siente y empieza a escuchar al puto órgano que tienes en el pecho. Tu problema, Draco, es que piensas demasiado. Intenta escuchar a tu corazón un poco más; estoy seguro de así sabrás y entenderás lo que de verdad tienes que hacer.

- Es un poco cursi, ¿no crees?

- ¿Cursi? ¡Es el mejor consejo que puedo darte! No llegarás a ningún lado si lo único que haces es quedarte ahí sentado, lamentándote de ti mismo, ni creo que pueda soportar escucharte durante mucho tiempo más. Eres un cobarde, Draco. Deja de preocuparte de una vez por el problema y empieza a ponerle remedio.

- ¿De verdad te crees capacitado para darme consejos de ese tipo?- señaló Draco, secamente.

- Bueno. repuso Armande, con una mueca- sé mucho más que tú en lo que se refiere a asuntos del corazón y eso que soy más joven.

- Muy bien, sabio. Entonces, ¿qué sugieres que haga?

- Sugiero que dejes de pensar en cosas insignificantes y empieces a comportarte como un auténtico marido con tu mujer. Ginny ya ha dado el primer paso, aunque a ti se te haya caído el mundo encima, y serías un completo idiota si echaras a perder esta oportunidad.

- Pero...

Armande fulminó con la mirada a su primo.

- Escúchame, Draco. No volverás a tener una oportunidad como ésta. Tanto si te gusta como si no vas a tener que dejarla embarazada; a fin de cuentas, por eso te casate con ella, ¿no? Creo que es hora de dejar de pensar y empezar a hacer lo que tienes que hacer, mientras tu mujer aún lo desee. Ya te preocuparás por eso más delante; al fin y al cabo, vas a tener nueve meses para darle vueltas al tema.

- Tal vez tengas razón- admitió Draco, con un suspiro- Además también tengo que pensar en mi padre.

- Pues sí. Tú mismo has dicho que tu matrimonio es distinto de los demás, lo que significa, entre otras cosas, que no podéis tomaros las cosas con calma. No sabes si está enamorada de ti y ni siquiera estoy seguro de que tú sepas lo que sientes respecto a ella, pero os atraéis y eso debería bastar para acostarte con ella. Además, a tu padre no le queda mucho tiempo, así que vas a tener que decidir qué es lo más importante: esperar a saber si te quiere o dejar que tu padre conozca a su nieto antes de que muera.

- Eres un verdadero Malfoy, ¿lo sabías?- ironizó Draco, con una pérfida sonrisa.

- ¿Por qué?

- Porque eres tan manipulador como todos nosotros.

Armande se lo tomó como un cumplido y se contentó con sonreír a su primo.

- Muy bien- dijo Draco tranquilamente- Lo haré. Supongo que no me queda más remedio, después de lo que me has dicho.

- Bien- repuso su primo- Espero enterarme mañana de que has hecho grandes progresos con tu esposa.

Draco asintió en silencio, a pesar de sentirse algo reticente de seguir los consejos de su primo. No quería que Ginny se arrepintiera de nada, pero Armande tenía razón; no podía alargar eso durante mucho más tiempo. Tanto si ella quería como si no, tendría que dejarla embarazada.

Había llegado la hora de cumplir con su deber.

OOOO

Draco sabía que Ginny no volvería a casa hasta por la noche, así que decidió hacer tiempo paseándose por el Callejón Diagon y echando un vistazo a los escaparates de las tiendas. Tal vez no fuera lo más entretenido que pudiera hacer, pero se estaba volviendo loco en su casa; el apartamento estaba muy silencioso desde la marcha de Ginny, lo que le deprimía aún más.

El rubio vagabundeó por las calles más abarrotadas del Callejón, sin prestarle atención a nada en particular, hasta que una figura llamó su atención. Delante de él se encontraba su mujer, sosteniendo del brazo a Blaise Zabini. A juzgar por la sonrisa de la pelirroja, estaba claro que se lo estaba pasando francamente bien con él.

La mirada de Draco se oscureció. Lo primero que deseó fue cruzar la calle y gritarlos a los dos, pero por experiencia sabía que aquélla no era la mejor forma de solucionar las cosas y no tenía ganas de discutir con su mujer de nuevo; no estaba seguro de lo que podría hacerle si se enfadaba de nuevo, pues su carácter nunca había sido el mejor, ni quería herirla de nuevo, aunque en aquel momento fuese él quien lo estuviera.

Era mejor usar su razón y dejar de lado sus impulsos.

Utilizando toda su paciencia, esperó a que Ginny se despidiera de su acompañante y se mezclara entra la multitud. Al ver que se había alejado lo suficiente, Draco se dirigió hacia su compañero de clase, advirtiendo con rabia la sonrisa juguetona que éste tenía dibujada en su rostro.

Bastó ese gesto para sacar a Draco de sus casillas y llevarlo a un incontrolable estado de celos. Su mujer le había dicho que se había quedado con un amigo, pero él ni se había imaginado que dicho amigo fuera Blaise Zabini. A pesar de que, en un primer momento, le hubiera concedido el beneficio de la duda, aquella sonrisa fue suficiente para corroborar sus más oscuras sospechas.

- ¡Zabini!- gritó Draco, mientras cerraba los dedos en dos puños.

Blaise se giró al escuchar su nombre, sorprendiéndose y alarmándose por ver a Draco caminando cabreado hacia él.

- Draco, ¿qué haces tú por aquí?

El rubio no dudó; sin mediar palabra, el chico echó el brazo hacia atrás y dejó que sus nudillos se clavaran en la perfecta nariz de su interlocutor, con la mayor fuerza posible. Blaise dejó escapar un grito de dolor y se cayó al suelo, tapándose la cara mientras la sangra se deslizaba por sus manos, formando una piscina carmesí.

- ¿Estás mal de la cabeza, Malfoy?- preguntó Blaise con rabia, aunque sin dejar de sentirse asustado por el repentino ataque. Él no se metía en peleas, así que estaba muy aturdido por la violencia de Draco, por no mencionar el inevitable ataque al orgullo que había sufrido. Sin embargo, la comprensible rabia que sentía estaba logrando que olvidara su odio a la violencia; en su lugar, el joven estaba empezando a considerar la posibilidad de estamparle el puño a Draco, en la cara. Finalmente, el moreno recordó el puñetazo que acababa de recibir, así que optó por no imitarlo. ¿Quién sabe cómo reaccionaría Draco, después de todo?

- ¡Aléjate de mi mujer, Zabini!- aulló Draco- ¡Te conozco y sé que le has echado el ojo, pero si se te ocurre ponerle un dedo encima una sola vez más, me aseguraré personalmente de que no puedas volver a acostarte con ninguna otra!

Blaise estaba totalmente confundido. Draco estaba muy cabreado y, a pesar de lo absurdo que pareciera lo que acababa de decir, había algo en esos fieros ojos grises que le hicieron creer que el rubio no bromeaba. Sería mejor ir con cuidado.

- Sólo estaba hablando con ella- dijo Blaise, gimoteando- No puedes pegarme por eso. Somos amigos, Draco, y nunca te haría algo así.

- Tú no eres mi amigo- replicó Draco- y claro que serías capaz de hacer algo así. Eres un cobarde mentiroso y no quiero que vuelvas a dirigirle la palabra a mi mujer. ¡Ni siquiera quiero que te acerques a ella! No sé porqué acudió a ti la otra noche, aunque se lo preguntaré directamente, no te preocupes, pero si me entero de que has vuelto a tocarla, te...- Draco cerró las manos en dos puños, dejándose llevar de nuevo, antes de atravesarlo con la mirada- Digamos que será mejor, por tu bien, que no la hayas tocado a fondo.

Blaise pestañeó de la sorpresa. No estaba seguro de lo que habría podido pasar aquella noche, pero tampoco era el tipo de hombre que prefería evitar problemas de aquel calibre; si Draco creía que su mujer se había acostado con él, Blaise estaba encantado de seguir con la mentira. Además, aquello le serviría de venganza; estaba empezando a sentirse bastante humillado y cabreado, así que aquél sería el mejor modo de castigar al imprudente Malfoy.

- Creía que ya te habrías dado cuenta de porqué vino a mí- escupió Blaise, con cierto regocijo- Ella sabía que podría darle lo que tú no.

- Serás...- gritó Draco, agarrando al chico por el cuello de la camisa.

Blaise sonrió con malicia.

- Oh, ¿no te habré tocado la fibra sensible? Dime, Draco, ¿has conseguido llegar a domar a la tigresa? Tengo curiosidad; me pregunto cómo habría sido tirármela antes que tú.

Tres segundos después, el moreno estaba tendido en el suelo de nuevo, gimiendo de dolor, mientras uno de sus ojos empezaba a hincharse y a ponerse morado. Draco relajó sus dedos poco a poco, aunque parecía completamente satisfecho consigo mismo.

- Será mejor para ti que no volvamos a vernos, Zabini- dijo Draco fríamente, mirando fijamente al hombre tirado en el suelo- No te imaginas las ganas que tengo de matarte, ahora mismo.

- Habrá merecido la pena- musitó Blaise, en las últimas- Si ha cambio he podido escuchar a tu mujer gimiendo mi nombre una y otra vez.

Los ojos de Draco brillaron de nuevo, aunque aquella vez la multitud que rodeaba a ambos hombres se había agrandado, de manera que algunos hombres se habían acercado para coger y alejar a Draco, antes de que pudiera hacerle algo más al ensangrentado y malherido joven que yacía en el suelo.

- ¡Soltadme!- gritó Draco, intentando apartarse del hombre que lo retenía- ¡Voy a matarlo!

- Por eso no pienso soltarte, hijo. Es mejor que te calmes antes de que hagas alguna locura.

Draco observó con rabia cómo Blaise desaparecía, sintiéndose mucho más enfadado al descubrir que aquella rata había conseguido huir. De pronto, el hombre que lo sujetaba le soltó, pero el rubio no se lo agradeció. Se contentó con colocarse la ropa, lanzar una mirada de odio a quien lo había ayudado y desaparecer calle abajo, entre la multitud de gente.

¡No podía creerse que Ginny le hubiera hecho eso! ¡Era imposible! A pesar de todas sus sonrisas inocentes y sus tímidos sonrojos, en el fondo no era más que una zorra. Y pensar que se hubiera marchado de casa para acostarse con él... con ese mujeriego. Y él... él se había pasado media noche temiendo que le hubiera pasado algo y preguntándose si estaría bien, cuando en realidad estaba en brazos de Blaise Zabini, ¡el hombre a quien más detestaba!

Estaba cabreado con ella; cabreado y decepcionado, además de no estar dispuesto a perdonarla. ¿Cómo había podido hacerle eso? ¿Es que no significaba nada para ella? ¿Es que no le importaba haberle arrancado el corazón, destrozándolo con su actitud?

Había sido un imbécil por preocuparse por ella y se sentía aún más estúpido por pensar que, esa misma noche, estaba dispuesto a pedirle perdón y tratar de retomar las cosas justo donde las dejaron. Pero ya no había motivo para hacerlo; la sola idea de estar así con ella lo enfermaba.

Jamás se lo perdonaría, pero indudablemente quería una explicación. Al menos, Ginny le debía eso.

OOOO

Cuando Ginny volvió a casa por la noche, Draco ya se había tranquilizado, a pesar de que su temperamento estuviera igual de caliente. Se había prometido a sí mismo no volver a hacerle daño y estaba decidido a cumplir su promesa. Tampoco estaba tan mal como para causarle ningún daño físico, aunque no había duda de que lo había vuelto loco de celos y dolor.

Draco tembló cuando escuchó su voz murmurándole algo a Tooky, fuera de la habitación, y prestó mucha atención a sus dulces pasos mientras se acercaba a la puerta. Cuando se abrió, Ginny entró con calma en el dormitorio, mientras su cuerpo era incapaz de ocultar sus nervios, a juzgar por la manera en la que se frotaba los brazos.

- Hola- dijo en un susurro, incapaz de mirarle a los ojos.

Draco la miró en silencio. Sintiéndose muy incómoda, Ginny se acercó al cambiador y, justo cuando abrió la puerta, su marido habló.

- ¿De quién es esa ropa?

Ginny se paró, sin soltar el pomo de la puerta, antes de girarse hacia él y mirarlo sorprendida.

- Me lo han dejado. Supongo que no esperarías que me pasara todo el día en camisón.

- Estoy seguro de que no le habría importado- murmuró él, sin poder controlarse.

- ¿A quién?- preguntó Ginny, alzando las cejas de confusión- ¿De quién estás hablando?

Draco estampó el puño contra la cama, mientras sus ojos brillaban peligrosamente.

- ¡No te hagas la estúpida conmigo! Sé perfectamente lo que has hecho- ella se limitó a negar con la cabeza, con incredulidad- ¿Cómo has podido hacerlo, Ginny?- preguntó él, con la voz entrecortada- ¿Por qué con él?

- ¿Hacer el qué? ¿De qué me estás hablando?

- ¡Sé que estuviste con Zabini la otra noche!

- ¿Zabini?- se rió Ginny, aliviada de que simplemente fuera eso, mirando a su marido con diversión- ¿Qué tiene que ver él con todo esto? No me iría con él ni aunque me pagara un millón de galeones.

- ¿Ah, no? Entonces, ¿por qué te he visto con él esta misma tarde?

Ginny suspiró de exasperación.

- Otra vez no, por favor. ¡Por Merlín, Draco! ¿Cuántas veces tengo que decirte que Zabini no significa nada para mí? Me lo encontré por la calle y me preguntó, sí, me preguntó, si podría acompañarme. Sólo conseguí que me dejara sola cuando le dije que me marchaba a casa.

- Joder, Ginny, ¿es que me tomas por idiota?- explotó Draco, levantándose abruptamente de la cama- ¡Me ha confesado lo que hicisteis! ¡Me lo ha dicho todo!

- ¿Qué?

- No me digas que te sorprende- comentó Draco, secamente- Supongo que jamás hubieras pensado que acabaría descubriéndolo. La verdad, no lo hubiera hecho si Zabini no fardara tanto de sus conquistas. Deberías haber sabido que jamás se calla este tipo de cosas y más teniendo en cuenta que me odia. Tampoco habrá usado ningún tipo de protección, ¿no? Joder, al final tendré hasta que reconocer a su puto bastardo.

- ¿Qué?- exclamó Ginny, al tiempo que sus manos se convertían en dos puños- ¿Cómo ha sido capaz de ir diciendo eso de mí? En cuanto lo vea...

- Como acabo de decirte, deberías de haber sabido que le encanta regodearse de sus conquistas- cortó Draco fríamente- Le encanta follarse a las mujeres de los demás.

Ginny le clavó los ojos con furia.

- ¿Así que piensas que es cierto?

- ¿Qué iba a pensar, si no?

- ¿Que qué ibas a pensar si...? ¡Draco, me estás sacando de quicio! ¿Cómo puedes ser tan estúpido de creer que de verdad me acostaría con un cerdo como él?

- No sería la primera vez que Zabini seduce a una mujer casada y me he dado cuenta de que le gustas.

- No puedo creerme todo esto- repuso Ginny, desesperanzada- ¿Estás dispuesto a creer en él antes que en mí? ¿Vas a creerte todas esas mentiras aún sabiendo que te odia y quiere joderte? ¿Es que no lo ves, Draco? ¡Te ha mentido! ¡Jamás sería capaz de hacerte algo así! ¡Jamás!

- ¿Y con quién estuviste la otra noche si no estabas con él?

- ¡Con Hermione! ¡Puedes preguntárselo a ella si no me crees!

Draco la miró, totalmente confundido, sin saber qué o a quién creer. Quería creer en ella, casi lo había hecho, pero, al mismo tiempo, las pruebas estaban en su contra.

¿Por qué no le había puesto en la carta que estaba con Hermione? ¿Por qué había puesto «amigo» sin prestar atención al masculino de la palabra? Además, él mismo la había visto del brazo con aquel mentiroso y le estaba sonriendo muy amablemente. Blaise también había estado demasiado encantado describiéndole que se había acostado con Ginny como para que fuera mentira y Draco sabía que él era muy capaz de haberlo hecho.

Ella tenía que estar mintiendo.

- ¿Cómo puedo creerte, Ginny?- preguntó,más calmado, transformando su rabia en resignación- Podrías haber convencido a Hermione para que me mintiera.

Las lágrimas aparecieron por los castaños ojos de la chica y se deslizaron por sus mejillas.

- ¿De verdad confías tan poco en mí?- preguntó, en un hilo de voz- ¿Acaso he hecho algo para que desconfíes tanto de mí? ¿Lo he hecho?

Draco apartó la vista, ablandándose por sus lágrimas y su lastimosa voz. ¿Y si se equivocaba? No sería la primera vez.

Ginny se incorporó y le cogió la cara con las manos, obligándole a mirarla directamente a sus desesperados ojos.

- Por favor, Draco- suplicó- tienes que creerme si te digo que no me acosté con Blaise Zabini y que no pienso hacerlo con ningún hombre que no seas tú. Soy tu mujer y mi cuerpo te pertenece a ti y solo a ti. No voy a permitir que ningún hombre toque lo que es tuyo.

Draco unió las manos alrededor de las caderas de la pelirroja, mirándola a los ojos. La verdad se había presentado delante de él bajo la forma de lágrimas, atravesando las pálidas mejillas y, de pronto, un nuevo sentimiento de remordimientos se apoderó de él, rompiendo su corazón. Entonces, el rubio se apartó de ella, demasiado turbado por el cúmulo de sensaciones que estaba invadiéndolo.

- Soy un imbécil- gruñó, tapándose los ojos con la mano- Joder, Ginny, ¿cómo vas a perdonarme después de esto? Debería haber sabido desde el principio que tú no harías una cosa así y créeme si te digo que lo pensé. Estaba muy cabreado y cuando te vi con él no pude ni pensar; estaba...

El chico se giró rápidamente y volvió hacia ella, agarrándola fuertemente de los hombros y acercando sus ojos a los de ella, con la desesperación propia de un hombre que tenía una sola oportunidad de alcanzar el perdón.

- ¡Lo siento, Ginny! ¡Lo siento muchísimo! Por favor, dime cómo puedo arreglarlo.

En silencio, Ginny apoyó su cabeza contra su pecho y le rodeó la cintura con sus brazos.

- No tienes que hacer nada, Draco. Saber que confías en mí es más que suficiente, así que, por favor, no lo hagas otra vez. Me duele que pongas en duda mi fidelidad.

Draco cerró los ojos y enterró su cabeza entre su melena pelirroja, apretándola contra él.

- No volveré a dudar de ti. Te lo prometo.

Próximo capítulo: Descubriendo el arte de la seducción

¡Hola! Bueno, espero que el capítulo os haya gustado, porque ha estado muy movido! Siento el retraso, pero he estado muy ocupada y el cap ha sido largo de narices! Bueno, vayamos por partes. En primer lugar está Ginny, que ya se ha dado cuenta de que quiere a Draco! Qué bonito; la verdad, creía que sería él el primero en hacerlo, pero ha sido increíble verla tan triste e inocente al reconocerlo. Luego está Draco, que no sabe muy bien si la quiere o no (bueno, está claro que sí XD) y que no deja de lamentarse de lo que ha hecho. Y, finalmente, la guinda del pastel: la escenita de celos con Zabini. Espero que la hayáis disfrutado tanto como yo traduciéndola! Ya era hora de ver a Draco con la sangre hirviendo defendiendo a su mujer; la verdad, ha tenido que alterarle bastante escuchar a Blaise diciéndole todo eso. Pero bueno, le ha dado su merecido. Y la pobre Ginny sin enterarse de qué iba la historia... Al menos Draco ha recapacitado, menos mal! No creo que ella pudiera soportar que la odiase por algo que no ha hecho y más después de haber reconocido lo que siente. En fin, ya veremos qué pasa. Un beso!

PD: Sé que no tiene que ver absolutamente nada con el fic, pero qué tal estáis viviendo el mundial? Cómo van vuestros respectivos países?

Selenika91: hola! Pues sí, se ve que Kitty y Theodore aún tienen mucho que recorrer para gustarse, aunque al menos ya han empezado. Por ahora tenemos que esperar aunque Draco y Ginny acepten finalmente lo suyo, aunque a juzgar por el capítulo está claro que falta muy poco para que lo hagan. Un beso!

The darkness princess: Hola! Pues sí, y tanto que afectó a Ginny! La verdad es que, como chica, no me gustaría nada que me pasar algo así. Qué vergüenza! Bueno, por lo menos Draco ya se ha dado cuenta de su error; ahora sólo queda rectificarlo. Un beso!

: hola! Me alegra que el cap anterior te gustara, pero espero que éste mucho más. La verdad es que la escena de celos de Draco ha sido lo mejor! Un beso!

Astoria: hola! Pues sí, Draco y Ginny avanzan posiciones poco a poco, aunque no me extraña que ella se enfadase por dejarla así (tuvo que ser muy humillante XD). Pero bueno, al menos Draco ya ha reconocido su error y Ginny sus sentimientos... a ver qué pasa! Un beso!

Alyssa L. Malfoy: hola! A mí también me gusta mucho Kitty, así que espero que mejore su relación con Nott y que dejen de considerarla tan tonta. En cuanto a la pareja principal... qué más decir? Espero que te haya gustado la pelea-reconciliación que han tenido (como viene siendo habitual XD) y a ver si por fin se acuestan. Un beso!

Sorcieres de la Neige: hola! Jajaja, tienes razón; yo tampoco sé si odiar a Draco o quererlo, aunque en este capítulo ha demostrado que Ginny le importa mucho, mucho 8jamás me imaginé que realmente fuera capaz de pegar a Blaise...). Ahora sólo falta que se deje de bobadas y que haga lo que los dos quieren. Un beso!

wiccancat: hola! Bueno, parece ser que Draco no quiso aprovecharse de ella... pero vamos, en mi opinión tiene más miedo que otra cosa! Por lo menos ya ha recapacitado y ha dejado las cosas claras (sobre todo a Blaise), aunque a ver si finalmente es capaz de dejarse llevar con Ginny... Un beso!

Anii Hndz: hola! Pues siento mucho la tardanza, pero espero que el capítulo te haya gustado mucho, para compensar! A mí tampoco me extraña que Ginny se sintiera fatal, aunque estaba claro que no iba a hacer nada parecido a irse con Blaise (bastante tenía con reconocer que quiere a Draco). Ya me dirás qué te ha parecido! Un beso!

anahoj: hola! Jajaja, pues sí, ahora mismo estoy pegadita a la pantalla con el tema del mundial; a ver qué pasa! Bueno, al parecer sólo han estado distanciados en este capítulo (aunque haya sido tan largo que parecen dos juntos XD) y al fin han solucionado las cosas. Sin embargo, conociéndolos, seguro que en el próximo pasa un nuevo problema. En fin, a ver cómo resuelven sus diferencias. Un beso!

Adrikari: hola! Gracias por el review, espero que este cap también te haya gustado. Un beso!

Acmeldan: hola! Pues sí, creo que todos estamos de acuerdo en que Draco se comportó como un imbécil. Mira que tratar a Ginny así... Por lo menos ya se ha dado cuenta de las consecuencias (aunque hayan sido pura mentira de Blaise) y espero que eso haya servido para darle el empujón que necesitaba. En fin, ya sabemos que los hombres son así XD. Un beso!

: hola! Muchas gracias por los ánimos! Espero que lo que queda del fic te guste casi tanto como el principio! La verdad es que a mí también me llamó mucho la atención la personalidad de los dos; ése fue uno de los motivos por los que decidí traducirla. Ya me dirás qué te ha parecido este último cap. Un beso!

brinitonks: hola! Pues sí, Ginny se ha quedado bastante mal después de la respuesta de Draco (no es para menos) y el «caballeroso» Draco ha acabado perdiendo los modales... al fin! Empezaba a temer que no tuviera ni sangre ni nada. Bueno, a ver qué pasa más adelante. Un beso!