N/A: ¡HOOOOLAAAAAAAA!

No sabéis lo bien que sienta volver a escribir. Y, sobre todo, sienta de maravilla el hecho de ser LIBRE por fin y tener TIEMPO. Ya no sé lo que es eso, se me hace raro :')

Bueno, nunca podré agradeceros lo suficiente el haber sido tan pacientes conmigo. Os lo compensaré en verano, tengo muchísimas ideas para fics que no he tenido tiempo de escribir durante el curso, pero que espero poder ir sacando poco a poco a lo largo del verano. También he pensado utilizar mi Twitter para ir subiendo pequeños sneak peeks de las cosas en las que vaya trabajando, dejadme saber qué os parece la idea para hacerlo o abortar misión ya mismo :D

En este capítulo he probado algo diferente, a ver si queda tan bien como quedaba en mi cabeza. Yyyyyy ¿creo que eso es todo? Probablemente tuviera más cosas que deciros pero me parece que ya os he hecho esperar suficiente así que, ¡a leer!


Capítulo 21 – Operación La Charla

Yes, all we're looking for is love from someone else

A rush, a glance, a touch, a dance,

A look in somebody's eyes to light up the skies

To open the world and send it reeling

La La Land, City of Stars.


Beca está llenando de café una taza cuando escucha el quedo golpeteo de pies descalzos sobre las baldosas del suelo de la cocina. De espaldas a la intrusa, siente sus labios curvarse en una sonrisa traviesa.

- Te dije que yo no iba a ser suficiente desayuno – comenta, y su satisfacción por haber ganado la discusión permea a su voz, dándole un retintín de superioridad que sabe que vuelve loca a Chloe.

Pero cuando gira sobre los talones de sus pies no es Chloe quien está paralizada en la entrada de la cocina, sino Aubrey, la boca entreabierta como si hubiera tenido intención de decir algo pero se hubiera dado cuenta de que no tenía ni idea de qué. Beca siente sus mejillas teñirse de rojo y la temperatura de su cuerpo aumenta diez grados solo por la ola de vergüenza que se enrosca alrededor de ella como una manta.

- Oh. Mierda. Erm… Pensé que eras Chloe – carraspea, tropezando con las palabras en su prisa por disipar la espesa nube de incomodidad que flota sobre ambas.

El rostro de Aubrey se transforma en una máscara de repulsión, su piel pálida y de aspecto enfermizo hace que la morena tema que vaya a vomitar ahí mismo, pero la rubia parece controlarse y traga saliva, aunque el asco todavía está presente en sus ojos verdes y en la forma en que parece incapaz de mirar por más de dos segundos seguidos a Beca.

Cosa que la DJ agradece porque el sentimiento de querer que el suelo se abra bajo sus pies y la trague es muy fuerte. Ver el desagrado en la cara de Aubrey solo lo haría más fuerte aún.

- ¿Por qué tengo que tener tan mala puntería cuando llego a los sitios? – musita la rubia, probablemente recordando la escena que se encontró ese fatídico día en el que intentó sorprenderlas y la sorprendida al final fue ella –. Por mi sanidad mental – se frota la frente y sus ojos revolotean por el aire cercano a la cabeza de la DJ, todavía sin aterrizar en un punto fijo –, voy a olvidar ese comentario. Nunca te he escuchado decir eso.

Beca asiente vigorosamente, totalmente de acuerdo con ese plan. Su excapitana se sacude como si se estuviera deshaciendo del recuerdo y, con pasos un poco rígidos, reanuda su camino hasta dejarse caer sobre uno de los taburetes que rodean la isla de la cocina. Su espalda está recta como si tuviera un corsé puesto, pero sus codos doblados contra el granito soportan el peso de su cabeza que descansa entre sus manos.

El silencio se estira sobre ellas y llena a Beca de una corriente eléctrica que hace que sea incapaz de estar quieta sin hacer nada.

- ¿Café? – ofrece.

- Sí, por favor – gruñe Aubrey sin levantar la cabeza, su voz suena casi dolorida.

Lo cual, teniendo en cuenta cuánto bebió anoche, y el hecho de que fue una víctima más de los brownies especiales de los High Notes, a Beca no le sorprende que el dolor de cabeza le esté matando. Así que, cuando desliza la taza de café por la encimera hasta donde está Bree sentada, también deja un plato con las tostadas que se estaba preparando para ella y un ibuprofeno.

La rubia alza la cabeza, sorprendida, y esta vez que cruza miradas con la DJ.

- Gracias – murmura, poco acostumbrada a dirigir esa palabra a Beca.

La morena lo acepta con un gesto de la cabeza y sus labios curvados en una sonrisa tan suave que apenas es visible. Le da la espalda a su excapitana para prepararse otras tostadas, el rugido de su estómago se hace más fuerte con cada segundo que pasa.

Es el único motivo de que haya salido de la cama tan pronto. Porque ella, al contrario que otra persona cuyo nombre no va a mencionar – ejem, Chloe, ejem –, sabe que tiene que meter comida de verdad en su estómago para calmarlo, o empezará a devorarse a sí mismo de dentro hacia fuera.

La tostadora deja escapar un chasquido cuando el botón salta hacia arriba y los muelles internos hacen que las tostadas suban hacia arriba. Tienen el perfecto color dorado, tal y como a Beca le gustan, y siente su boca llenarse de saliva solo por el olor a pan recién hecho que le llega hasta la nariz. Con las puntas de los dedos, las agarra por una esquina y las tira sobre un plato antes de quemarse.

Metódicamente, empieza a embadurnar uno de los lados con mantequilla con un cuchillo de untar.

- ¿Sabes? – dice Aubrey de repente. Beca estira la espalda para señalizar que está escuchando, pero no se gira –. Solía pensar que no había nadie en el mundo suficientemente bueno para Chloe. Y todavía lo pienso.

El cuchillo se queda parado en la mitad de la tostada, y el pegote de mantequilla pegado a la hoja empieza a deshacerse lentamente por el calor que desprende el pan recién sacado de la tostadora. Beca ni se da cuenta. Deja el cuchillo, todavía encima de la tostada, sobre el borde del plato y se gira hacia Aubrey con los brazos cruzados en su pecho y expresión neutra.

- Sinceramente, tú – el pronombre sale disparado de la boca de la rubia y Beca cuadra la espalda a la espera de lo siguiente, preparándose para saltar –, con tu pasotismo, cabezonería, rebeldía, excesivo sarcasmo, mala actitud, tendencia a huir de tus problemas en vez de encararlos, tu…

- Ha quedado claro – corta Beca, tono seco y brusco, azul medianoche lanzando rayos mortales.

- Nunca entendí qué fue lo que Chloe vio en ti – continúa Aubrey, haciendo caso omiso de la interrupción de la morena –, me parecía que nunca, ni un millón de años, ibas a ser suficientemente buena para ella.

El tono de la excapitana de las Bellas da la impresión de que viene un "pero" detrás, y ese es el único motivo por el que Beca se muerde la lengua y espera lo más pacientemente que puede a que la rubia termine lo que sea que esté intentando decirle.

- Nadie es suficientemente bueno para ella, pero tú por lo menos lo intentas. Sí, a veces la jodes como nunca, pero luego te desvives por compensárselo. Y eso es suficiente para .

La mandíbula de Beca casi se le desencaja de la sorpresa, y necesita al menos medio segundo para controlar su cuerpo y cerrar la boca con un chasquido de las muelas.

- No voy a oponerme a algo que hace a mi mejor amiga tan feliz – y porque no serían Aubrey y Beca si no se picasen mutuamente, la rubia añade un "por mucho que no lo entienda" que arranca unos ojos en blanco a la DJ –. Eso sí – advierte la exBella, recuperando la seriedad mortal –, hazle daño y te juro que seré yo misma quien se encargue de arrancarte las cuerdas vocales y ponerte los intestinos de collar. Te encontraré y te mataré.

- Woah, vale, Liam Neeson. Calma – le tranquiliza Beca con las palmas de las manos extendidas en son de paz –. No voy a decirte que jamás le haría daño, porque soy yo y estoy destinada a meter la pata mil veces antes de aprender, pero créeme cuando te digo que no tengo intención alguna de hacerle daño conscientemente.

Eso parece placar al lado sobreprotector de Aubrey, porque asiente y sigue comiendo sus tostadas, dejando que Beca vuelva a terminar de preparar las suyas.


Chloe llega con diez minutos de adelanto. Deja su fiel Beetle aparcado en la calle y entra en el hotel. Atraviesa la recepción, guiándose por los carteles que indican el camino hacia el restaurante del hotel donde ha quedado con su madre para comer antes de que esta coja el avión de las cinco para volver a Miami.

Avisa a su madre de que ya está ahí y recibe un mensaje de vuelta diciendo que se está vistiendo y tardará cinco minutos en bajar. Chloe se acerca al camarero que está en la entrada asegurándose de que nadie que no esté hospedado en el hotel entre en el restaurante y le dice el número de la habitación de su madre. El hombre, de unos cuarenta y pocos años y cuya placa identificativa enganchada en el chaleco de su uniforme informa de que su nombre es "Robin", sonríe amablemente y dirige a la pelirroja a una mesa pegada a la ventana.

Chloe cuelga su bolso del respaldo de la silla y se sienta, inmediatamente colocándose la servilleta en el regazo. Agradece a Robin cuando le llena la copa de agua y el camarero desaparece sigilosamente. Aprovechando ese momento de soledad, la pelirroja saca su móvil del bolsillo y hace la pregunta que lleva toda la mañana rondándole por la cabeza.

Becs :3

últ. conexión 12:57

Qué pasó con Aubrey esta mañana?

(13:03) No sé a qué te refieres O_O

Beeeecaaaaaa :/

Estabais súper raras en el desayuno

Si no me lo dices tú, me lo dirá Bree

(13:05) Ugh

(13:05) Puede, y solo puede, que escuchara algo que no debía escuchar

? ? ? ?

(1306) Pensé que eras tú

(13:06) He hice un comentario sobre nuestra discusión y que yo no era suficiente desayuno

(13:07) Y también puede que luego me diera la charla de mejor amiga

:O

No se pasó, no?

(13:07) Bueno, empezó diciéndome que no era (y jamás sería) suficiente para ti

(13:07) Pero luego no sé cómo, terminó dándonos su bendición

(13:08) Que no se iba a oponer a algo que te hacía tan feliz

(13:08) Aunque no lo entendiera

Mmm

Eso suena muy a Bree

Pero

Que sepas que eres suficiente para mí, Beca Mitchell

Y no dejes que nadie te diga lo contrario

Beca apenas tiene tiempo a hacerse consciente de la sonrisa tonta que se ha abierto paso por su cara sin permiso antes de que la puerta azul de la casa de su padre se abra de par en par y sea atacada por una bola peluda. El grito de susto se queda atascado en su garganta y sus manos suben automáticamente para defenderse de los ataques babosos de Dickens.

- Para. Para. ¡Dickens, quieto! – se queja, retorciéndose bajo las pesadas patas que, de nuevo, reposan sobre sus hombros.

Da un empujón al perro para que regrese al suelo y deje de chuparle la cara, entonces ve a su padre parado en el umbral observando la escena con clara diversión y sin intención alguna de echarle una mano.

- Gracias por tu ayuda – dice a modo de saludo.

- Le habrías visto venir si no hubieras estado tan distraída – devuelve Darren sin dejarse apabullar por el sarcasmo de su hija.

Beca se muerde la lengua y acepta la pulla sin protestar para evitar que su padre presione más sobre el tema y se vea forzada a admitir que era culpa de Chloe que estuviera distraída. Lo cual solo sería darle más material para que se meta con ella, y, quizá, llamar la atención sobre un tema del que no está segura de estar preparada para hablar con su padre.

Entra en el fresco interior de la casa y se dirige a la cocina, donde le extraña no encontrar a Sheila. Puede escuchar los pasos de su padre tras ella así que no se gira a mirarle cuando pregunta:

- ¿Y la brujastra?

Darren chasquea la lengua con una mirada reprobatoria hacia la morena y abre el armario para sacar una copa y llenarla del vino tinto que está abierto en la isla de la cocina.

- Ha salido un momento a comprar pan rallado – explica, ofreciendo la copa a Beca.

La morena acepta el vino y da un sorbo tentativo ya que no siempre le gusta. Probablemente es de haber bebido tanto vino del malo y barato en fiestas de la universidad, o cuando las Bellas quieren sentirse un poco sofisticadas y en vez emborracharse a base de vodka, beben vino. Del malo y barato. Sobra decir que las resacas del día siguiente nunca han sido muy agradables.

Sentada en un taburete, observa cómo su padre se rehace el nudo del delantal de flores que lleva puesto para no mancharse la camisa. Abre la nevera, saca una bandeja blanca de carne picada y la vuelca en un bol.

- Así que… – empieza, cogiendo del armario botes de especias –. Te has graduado.

- Sí, papá – replica Beca con unos ojos en blanco –. No hace falta que suenes tan sorprendido cada vez que lo dices.

Eso le arranca una grave risa a su padre, que sacude la cabeza mientras esparce pimienta sobre la carne picada.

- ¿Cuál es el plan ahora? ¿Sigues empeñada en irte a Los Ángeles?

La morena se tensa en su asiento y da un sorbo a su copa solo para ganar un poco de tiempo antes de contestar.

- En realidad, ya no – prácticamente musita.

Ve cómo su padre se inclina hacia ella para escuchar mejor, todo su rostro una máscara de sorpresa. Siente un pequeño mordisco de remordimiento, debería hablar con él más a menudo, tenerle un poco al corriente de lo que está pasando en su vida para no tener que soltarle todas las noticias gordas de golpe.

El único motivo por el que no le tiene que decir también que lo suyo con Jesse se terminó fue porque su padre de alguna forma se enteró por su cuenta y la llamó para corroborarlo, una de las conversaciones más incómodas que Beca jamás ha tenido y, sinceramente, nunca se molestó en preguntar cómo lo sabía.

- ¿Sabes las prácticas que estoy haciendo en Residual Heat? – pregunta, a lo que Darren asiente –, pues hice una colaboración con Emily, la nueva Bella, y a mi jefe le gustó mucho así que me ofreció que me quedara y fuera su aprendiz.

- Bec, ¡eso es genial! – exclama él –. ¿Significa eso que te vendrás a vivir con nosotros?

De nuevo, bebe solo para ganar tiempo y pensar en la forma más correcta de decir lo siguiente. Cómo dejarlo caer sin que cause mucho revuelo.

- Estaba pensando… – empieza, haciendo girar la copa con los dedos en su tallo bajo su atenta vigilancia –. He estado mirando pisos por la ciudad.

- ¿Para ti sola? – Darren arquea una ceja, no muy contento con la idea.

- Erm… No. Con… Viviría con Chloe – se rasca la nuca y lanza una mirada fugaz a su padre para juzgar su reacción, pero él se ha girado hacia el bol de carne picada en el que tiene las manos hundidas para mezclar todos los ingredientes –. Es mucho más asequible si compartimos el alquiler, y ya que las dos nos vamos a quedar en Atlanta, nos pareció la solución más lógica.

Se fuerza a cerrar la boca cuando se da cuenta de que está ofreciendo explicaciones que nadie le ha pedido, señal de que está a punto de empezar a hablar sin sentido solo por miedo a lo que el silencio pueda traer.

- Me parece una buena idea – asiente Darren.

La mano de Beca convulsiona sobre el tallo de la copa, haciendo que esta se tambalee peligrosamente sobre uno de sus bordes hasta que la DJ rápidamente la recoloca sobre su base. Unas gotas de vino salpican su mano, pero apenas se da cuenta, su atención fijada en su padre.

- ¿En serio?

No puede evitar que la inmensa sorpresa que siente traspase a su voz, pero de verdad que estaba preparada para tener que pelear por ello con él. Esperaba que insistiese en que se quedase con ellos y ya tenía una lista de inconvenientes preparada en la punta de la lengua, esperando la luz verde.

- Sois dos chicas responsables y mayorcitas, sabéis lo que estáis haciendo.

Su padre se encoge de hombros y sigue trabajando la carne. La DJ le mira fijamente un rato, porque no puede sacudirse la sensación de que hay algo más en el comentario de su padre. De que va más allá que compartir un simple piso.

- Eeeeh – se le escapa, y cierra la boca bruscamente para evitar emitir cualquier otro sonido –. Sí. Guay. Gracias – responde de forma algo inconexa.

Con el ceño fruncido, saca el móvil del bolsillo y el chat con Chloe salta en su pantalla nada más desbloquearlo ya que, por culpa de Dickens, nunca llegó a contestar el último mensaje.

Chlo ;)

últ. conexión 13.10

(13:08) Y no dejes que nadie te diga lo contrario

Gracias Chlo

Aunque estoy un poco de acuerdo con Bree

De todos modos

Creo que mi padre nos acaba de dar su bendición para vivir juntas?

Hoy está siendo un día lleno de sorpresas

La pelirroja siente la vibración de su móvil en el bolsillo trasero de sus pantalones cuando se está lavando las manos en el baño del restaurante. Coge dos hojas de papel del dispensador colgado en la pared y se seca las manos, haciendo una pelota con el papel que encesta en la basura en la esquina contraria del pequeño baño.

Saca su móvil del bolsillo y ve las notificaciones de los mensajes de Beca, así que remolonea por la puerta del baño para contestarlos.

Becs :3

en línea

(13: 27) Hoy está siendo un día lleno de sorpresas

Ya hablaremos de eso

Crees que tenemos su bendición o la tenemos de verdad?

(13:30) La tenemos de verdad

(13:30) Ni siquiera ha intentado convencerme de que me mude con ellos

En serio?

(13:30) Lo sé, sorprendente

(13:30) Dice que somos mayorcitas y sabemos lo que hacemos

Eso…. suena sospechoso

(13:31) Verdad?

(13:31) Como si estuviera hablando de algo más que compartir piso

(13:31) A mí también me dio esa impresión

Exacto

Crees que lo sabe?

(13:32) Lo nuestro?

(13:32) No sé

(13:32) No creo

(13:32) Me habría dicho algo no?

O quizá está esperando a que seas tú la que lo saque a relucir

(13:32) Mmmm

(13:33) No sé yo…

(13:33) O quizá se refiera a otra cosa

(13:33) Él sabe lo que sientes por mí, tú misma se lo dijiste

(13:33) A lo mejor es su forma de advertirme

Jajajajaja

Lo haces sonar como si fuera a atacarte mientras duermes o algo así

(13:34) Jajajajaja capaz eres

Touché

Pero sería tu culpa por ser tan irresistible ;)

Bloquea el móvil, lo guarda de nuevo en el bolsillo trasero de sus shorts y sale del baño con una ancha sonrisa que no llevaba puesta cuando entró. Ese es el efecto que tiene Beca sobre ella.

Se muerde el labio inferior en un intento de contenerla antes de llegar a la mesa en la que le espera su madre, porque sabe que es algo de lo que se va a dar cuenta en cuanto la mire. Se sienta en la silla vacía, al otro lado de la mesa, e inmediatamente coge su copa de vino para dar un sorbo y ocultar su sonrisa de la atenta mirada de su madre.

Cindy se limpia los labios con la servilleta, la devuelve a su regazo y observa a su hija con cejas arqueadas.

- Ya estaba a punto de ir al baño a ver si estabas bien – comenta.

- Me entretuve con el móvil – se disculpa Chloe con un encogimiento de hombros.

La posibilidad de mentir ni se le pasa por la cabeza. Si en general es una mala mentirosa, porque lleva sus emociones escritas en la frente y se cubre con ellas como si fueran una manta; con su madre es mil veces peor. Mentir le hace sentir mal, no entiende la necesidad de andarse con engaños – a no ser que sean mentiras piadosas y sirvan para ahorrarle a alguien dolor innecesario. Y su madre, después de haberla criado, conoce hasta su más pequeño gesto, sabe leerla mejor que nadie. La descubriría en cuestión de milésimas de segundo.

- Los jóvenes y los móviles, no sois capaz de dejarlos ni siquiera para mear – suspira Cindy, sacudiendo la cabeza –. Dile a Beca que ahora es mi momento, ya volverás a ser toda suya dentro de unas horas.

Chloe se detiene, el tenedor a medio camino entre el plato y su boca, dos raviolis humeantes suspendidos en el aire que empiezan a gotear salsa de tomate sobre el plato. Baja el tenedor e intenta poner su mejor cara de indiferencia.

- ¿Quién te ha dicho que fuera Beca con quien estaba hablando?

- Tu cara – replica Cindy rápidamente, como si estuviera esperando exactamente esa pregunta.

Lo dicho, es imposible engañar cuando tienes a un perro sabueso como madre.

- Solo me estaba contando que su padre aprueba que vayamos a compartir piso – intenta mantener un tono neutro que no desvele la emoción que siente ante la noticia.

- ¿Así que vais en serio? – pregunta su madre.

- Es compartir piso, mamá, no casarnos – responde Chloe con unos ojos en blanco.

Cindy tiene que contener una sonrisa al ver un gesto y una respuesta tan de Beca en su hija, y mastica lo que acaba de llevarse a la boca antes de continuar con la conversación, aprovechando el momento de silencio para observar a la pelirroja: su rostro está demasiado neutro, señal de que está haciendo un esfuerzo consciente por contener sus emociones para intentar parecer normal sin darse cuenta de que su estado normal es feliz.

- Ya lo sé, pero vivir juntas tampoco es nada. – Cuando Chloe simplemente se limita a encogerse de hombros y seguir comiendo con la mirada gacha, bufa una risa. Alarga la mano por la mesa hasta que reposa sobre la de su hija, haciendo que ojos azul bebé salten del plato de pasta a ella cuando le da un suave apretón –. Cielo, puedes fingir toda la indiferencia que quieras, pero llevo cuatro años escuchándote hablar incesantemente sobre Beca. Sé lo que sientes.

Chloe se desinfla con un profundo suspiro y sacude la cabeza.

- Eres lo peor como madre, no se te puede ocultar nada – se queja, aunque sin fuerza alguna.

- Oh, venga – Cindy sacude una mano en el aire para desestimar las palabras de su hija –, como si no te estuvieras muriendo de ganas de contármelo todo.

Madre e hija comparten una risa antes de que la mayor de ambas presione por los detalles.

- Es muy reciente. Fue la misma noche que cuando acompañé a Beca al entierro de su tío.

- Ya era hora, cielo. Llevabas casi cuatro años con esos sentimientos ocultos, y conociendo cómo eres tú con tus emociones, es sorprendente que tardases tanto en contárselo.

- No… En realidad, fue Beca – confiesa Chloe, para la obvia sorpresa de su madre –. Me escuchó hablar con su padre, creíamos que estaba dormida y él me preguntó si la quería y yo… – encoge un hombro –. Bueno, no me vi capaz de mentirle así que le dije que sí.

- ¿Fue Beca? Vaya… – Cindy sacude la cabeza, incrédula –. Eso sí que no lo veía venir.

- Ni tú ni nadie – admite la pelirroja con una risita –. También fue ella la que me pidió hacerlo oficial, y la que propuso que nos fuéramos a vivir juntas después de que hubiéramos quedado en que lo íbamos a pensar un poco.

La expresión de su madre es tan de asombro que Chloe no puede evitar reírse de ella. Le hace preguntarse si su cara fue igual cuando Beca hizo cada una de las cosas que acaba de mencionar, si sus silencios estuvieron tan cargados de absoluto shock. Supone que sí, porque todavía recuerda a la perfección el miedo de la DJ, cómo empezó a escupir frases en un intento de rellenar el silencio y cómo Chloe tuvo que acallarla con un beso para frenar su verborrea nerviosa.

- No hay duda alguna de que esa chica te quiere – comenta su madre tras una larga pausa.

Su voz es suave, casi como si temiera asustar a un animal salvaje, o la que usaría una persona que está punto de darle una noticia grave a alguien inestable, y sus ojos azules están cargados de intensidad. Chloe siente su estómago revolverse con cientos de mariposas y se muerde el labio para contener una sonrisa tonta.

- No, no la hay – asiente. Su certeza permea a su voz, le da seguridad e impide que tiemble a pesar de que escuchar eso, que Beca la quiere, convierte su cuerpo en gelatina.

- Al final va a merecer la pena haber repetido tres años – deja caer Cindy. Chloe frunce el ceño en absoluta confusión –. ¿Estás segura de que tus sentimientos por Beca no influenciaron ni siquiera un poco en tu decisión? – presiona.

- No… – su ceño se acentúa, lo que delata que no está completamente segura de lo que va a decir a continuación –. Sabes que no fue por eso. No quería dejar a las Bellas, todavía no quiero tener que dejarlas – niega.

- Mmmhh, lo que tú digas, cielo – musita, recogiéndose un mechón canoso detrás de la oreja.

Su madre le regala una amplia y dulce sonrisa que hace que las esquinas de los ojos se le llenen de diminutas arrugas. Es la sonrisa favorita de Chloe, la misma que ha visto dirigida hacia ella infinitas veces a lo largo de su vida, la misma que solía ir seguida de un cálido abrazo que le hacía sentir segura y como si nada malo pudiera pasarle, o de unas palabras llenas de ánimo y fe ciega en ella.

Sin darse cuenta, se encuentra a sí misma devolviéndosela a su madre. Igual de grande, igual de sincera en su sentimiento.

- De todos modos, ¿cómo demonios supiste que estábamos juntas? – inquiere la pelirroja al cabo de un rato, cuando ya habían pasado a otro tema.

- Cariño – Cindy ríe y fija a su hija con una mirada divertida –, no sois tan sutiles como creéis. Vuestros ojos son casi corazones cuando os miráis. Empecé a sospechar durante la ceremonia porque escuché cómo Emily le comentaba algo al respecto a Aubrey – frunce el ceño al recordar las palabras que había captado por encima del rugir de los aplausos –. No tenía sentido alguno, algo sobre haberos encerrado en una despensa, pero entonces Beca y tú os abrazasteis en medio del pasillo y lo vi claro.

- Oh, créeme, tiene sentido – asegura Chloe con una risita –. Es… una larga historia.

- Además, vuestras caras cuando te dije que fueras más amable con tu novia, eran toda la confirmación que necesitaba – se burla, una sincera carcajada abriéndose paso por sus labios.

- ¡Nos pillaste desprevenidas! – intenta justificarse la pelirroja –. Además, el padre de Beca estaba justo ahí y no le habíamos visto y... Fueron muchas cosas juntas en muy poco tiempo.

- Por el padre de Beca no tenéis que preocuparos – tranquiliza Cindy con una sacudida de la mano –, él ya lo sabe.

Chloe se atraganta con el vino que estaba bebiendo en ese momento y tose tan fuerte que se hace daño en la garganta. Lucha por recuperar la respiración, sintiendo una incómoda opresión en el pecho por la violenta reacción de su cuerpo. Una vez está segura de que puede beber agua sin escupírsela a su madre en la cara, da un largo trago que calma la irritación de su garganta y carraspea, secándose las lágrimas que le habían salido en los ojos por la tos.

- ¿Qué? – su voz suena estrangulada, pero en ese momento no le importa, está más preocupada por lo que le ha dicho su madre.

- De verdad, qué poco crédito nos dais a los padres – responde Cindy con un chasquido de la lengua y una sacudida de cabeza –. Os conocemos mejor de lo que creéis. Lo sabemos todo.

Antes de que Chloe pueda presionar más sobre el tema, el teléfono de su madre empieza a sonar desde el interior de su bolso. Ella se disculpa y con el ceño fruncido, claramente no estaba esperando interrupción alguna, saca el móvil y mira el identificador.

- Es del trabajo, tengo que contestar – informa, dejando la servilleta que tenía en el regazo sobre la mesa y levantándose para salir del restaurante.

La pelirroja aprovecha el momento para sacar su móvil y avisar a Beca.

Becs :3

últ. conexión 13.37

BECS

TU PADRE LO SABE

! ! ! !

La DJ se está balanceando sobre dos patas del taburete cuando siente su móvil vibrar sobre la encimera. Sin cambiar su postura, se inclina un poco hacia delante para poder ver la notificación en la pantalla iluminada de su iPhone.

Chlo ;) (13:50): BECS

Chlo ;) (13:50): TU PADRE LO SABE

Chlo ;) (ahora): ! ! ! !

Su mano resbala del borde de la encimera y pierde su único punto de equilibrio con un grito ahogado. El taburete tiembla sobre las dos patas hasta que la gravedad hace efecto y Beca se ve a sí misma caer hacia atrás en lo que parece cámara lenta, pero que en realidad es cuestión de un par de segundos.

Haciendo uso de una agilidad que no sabe dónde la ha tenido guardada el resto de su vida, de alguna forma se las apaña para apoyar un pie en el suelo y evitar el golpe, saltando sobre ese pie hasta que recupera el equilibrio. El taburete continúa su caída libre y golpea el suelo con un ruido seco.

Temblorosa, se le escapa una risa incrédula que es más bien una exhalación. Cuando se incorpora, se encuentra con su padre y Sheila – que acaba de llegar de comprar hace un rato – mirándole desde la encimera con una mezcla de preocupación y expresiones de "era de esperar" en sus rostros.

Esboza una mueca de disculpa y recoloca el taburete, pero se mantiene alejada de las alturas de momento. Con el mensaje de Chloe dándole vueltas en la cabeza, rueda su labio inferior entre índice y pulgar mientras piensa. ¿Debería sacar ella el tema o esperar a que sean ellos quienes lo saquen y arriesgarse a morir atragantada con una albóndiga cuando lo hagan? ¿Y si ellos nunca sacan el tema, qué hace entonces?

Pone la mesa cuando su padre se lo pide, agradeciendo el momento a solas en el comedor para tratar de organizar sus pensamientos.

Chlo ;)

en línea

(13:51) ! ! ! !

Cómo lo sabes?

(13:51) Me lo acaba de decir mi madre

Mierda

Qué hago Chlo?

(13:52) No sé Becs

(13:52) Es decisión tuya

(13:52) Ya lo saben, pero más pronto o más tarde van a empezar a hacer preguntas

Lo sé

Ugh odio esto

Ojalá estuvieras aquí

(13:53) Para que se lo dijera yo, no? ;)

Por supuesto :P

Se sobresalta cuando escucha un ruido y el mismo bol que estaba usando su padre antes aparece en su desenfocado campo de visión. Parpadea un par de veces para centrarse y ve a su padre dejando otro bol con puré de patatas sobre la mesa.

- No pretendía asustarte – se disculpa –. ¿Estás bien, Becs? Andas muy distraída hoy…

- ¿Mmhh? Ah, sí, sí – asegura una vez procesa lo que le ha preguntado –. Estoy bien. De maravilla.

Le da la espalda para terminar de colocar los últimos cubiertos y hace una mueca exasperada para sí misma, porque nadie en su sano juicio se creería lo que ha dicho. No cuando suena tan al borde de sufrir una crisis nerviosa.

Y es que está al borde de sufrir una crisis nerviosa. Vale, sí, su relación con su padre ha mejorado muchísimo en comparación a como era antes de que viniera a Barden, e incluso a como era durante su primer año en Barden. Acudir a él después de dejar a las Bellas en los regionales hizo que algo cambiara en la forma de interactuar el uno con el otro y Beca ya no tenía ganas de reprocharle todos los errores que cometió en el pasado.

Fue como hacer borrón y cuenta nueva.

Ambos lo están intentando, pero todavía es un trabajo en progreso. Es su padre, le mantiene medianamente informado de lo que pasa en su vida y él intenta mostrar interés en cosas que, en el pasado, siempre le arrancaban un bufido despectivo.

Eso no significa que esté totalmente preparada para que actúe como un padre con ella.

Especialmente en lo que respecta sus relaciones amorosas. Lo de Jesse no se lo tuvo que contar porque su padre estaba en el Lincoln Center la noche que le besó y vio la actuación que Beca le dedicó al Treble. Pero ahora tiene que contarle su relación con Chloe, lo cual trae dos grandes problemas: uno, no tiene ni puñetera idea de cómo empezar esa conversación; y dos, nunca en su vida ha tenido que discutir con él el tema de su sexualidad.

¿Y ahora se supone que debe informarle de que se va a vivir con su novia y, además, "salir del armario"? ¿Acaso se puede salir del armario si nunca has estado dentro porque nunca lo has ocultado, solo que es algo que nunca ha salido a relucir en vuestras conversaciones porque nunca van más allá de lo puramente casual?

Lo dicho, a puntito de sufrir una crisis nerviosa.

Respira hondo justo antes de que su padre y Sheila entren en el comedor con los últimos platos y se sienten en la mesa con ella. Su brujastra comienza a repartir las albóndigas entre los tres platos, y le pasa el bol de puré de patata a Beca para que se eche todo lo que quiera.

La morena vuelca dos cucharadas generosas, aunque tiene el estómago hecho un nudo y no cree que vaya a ser capaz de meter nada de comida dentro.

- Erm… La verdad es que – empieza, carraspeando y dejando que su mirada revolotee por todas las esquinas del comedor –, quería, um, contaros algo – su voz se alza hacia el final de forma que suena como una pregunta más que como una afirmación –. No sé muy bien cómo… – guiña los ojos y descubre los dientes en una mueca –. Es, um, bueno – se rasca la nariz –, sobre lo que estábamos hablando antes. De Chloe.

Su padre y brujastra permanecen callados, limitándose a mirarla, así que Beca expulsa el aire por la nariz al ver que no tienen intención alguna de echarle una mano y acabar con su miseria. Empuja un trozo de albóndiga de un lado al otro del plato mientras piensa cómo continuar.

- Chloe y yo… En realidad, eh, estamos, um, juntas – no sabe siquiera si está siendo coherente, pero está demasiado preocupada por seguir forzando palabras a través de su anudada garganta –. Estamos saliendo juntas – aclara, innecesariamente, entre dientes.

Entonces su padre estalla en carcajadas y Beca solo puede mirarle con la boca entreabierta, confundida. Comparte una mirada con Sheila, quien le regala una extraña sonrisa compasiva a la que la DJ no sabe cómo reaccionar.

- Perdona, es que… – intenta disculparse Darren, todavía entre risas y sin aliento –. Tendrías que verte la cara, parece que te estemos torturando – explica. Se seca una lágrima que estaba a punto de caer de su ojo izquierdo y respira hondo para calmar sus carcajadas –. Ya sabemos que tú y Chloe estáis juntas.

- Lo sé, Chloe me avisó – admite Beca –. Pero, aun así, pensé que debería decir algo, que era lo correcto – de nuevo, se las apaña para hacerlo sonar como una pregunta –. Al fin y al cabo, vamos a vivir juntas.

- Mi opinión sigue siendo la misma – su padre se encoge de hombros despreocupadamente.

- Pero apreciamos que hayas hecho el esfuerzo de contárnoslo – interviene Sheila, apoyando una mano sobre el antebrazo de su marido, y su voz dulce por primera vez no suena venenosa, sino sincera.

Beca siente como que su cerebro está experimentando un cortocircuito y parpadea varias veces, casi esperando despertarse en la cama de Chloe y descubrir que todo ha sido un sueño muy raro causado por la resaca de la fiesta de los Trebles.

- Entonces… ¿Estáis de acuerdo con esto? ¿Con todo? – pregunta sin molestarse por ocultar su incredulidad.

- Claro que sí, cariño – le asegura su padre –. ¿Por qué no deberíamos? No nos ha pillado por sorpresa precisamente – ante la clara confusión de Beca, procede a explicarse –. Llevamos años esperando el momento en el que sacaras el tema.

- ¿C-Cómo?

- Cuando entraste en las Bellas, cambiaste. Cada vez que te veía, tenías un brillo en la mirada – rememora él con tono suave –. Al principio pensé que era por la música, porque estabas haciendo algo que te apasionaba. Pero cuando me presentaste a Chloe… Me di cuenta de por qué era realmente.

- Pero parecías súper satisfecho cuando salía con Jesse – murmulla la DJ.

- Porque Jesse es buen chico – admite Darren con otro encogimiento de hombros –, pero no es el chico adecuado para ti.

Dan el tema por zanjado cuando Beca no dice nada a modo de respuesta, y Sheila se lanza a relatar lo que le ha pasado esa mañana en el supermercado con una señora mayor que estaba empeñada en llevarse el mismo paquete de pan rallado que ella a pesar de que había más en la estantería.

La morena apenas escucha la conversación, dejando que se convierta en un murmullo de fondo. Oculta bajo la mesa, saca el móvil y lo apoya sobre su pierna para escribir un mensaje.

Chlo ;)

últ. conexión 13.55

Pues

Le gustas más que Jesse

Porque él no era adecuado para mí

(14:02) :O :O :O :O :O

(14:02) No puede ser.

(14:02) Más que Jesse?

(14:03) Mi vida está completa ahora

(14:03) :* :* :* :*

Jajajajajaja qué tonta eres

(14:04) Pero soy tu tonta

(14:04) Porque me quieres

(14:04) :* :* :* :*

Eso….

Es cierto

(14:05) ^_^