Capítulo 21: La infame escena donde la princesa desenmascara al príncipe azul

Abril. 21 de Abril. El sol se alzaba sin ninguna nube, pero aún así hacía un poco de frío y la mayoría usaban guantes y bufandas para salir del castillo. Abril. 21 de Abril. Los exámenes se acercaban, y Rose y Kate prácticamente vivían en la biblioteca. Abril. 21 de Abril. El partido contra Gryffindor se acercaba.

Abril. 21 de Abril. Esta fecha no sería olvidada por nadie durante un largo tiempo…

-Así que… -la voz de Kate se escuchaba lejana. Levantó la mirada y vio que su amiga transcribía en un pergamino el borrador que había estado haciendo desde hacía horas. Oh, cómo odiaba a Binns. Habían estado toda la mañana encerradas en la biblioteca, relatando los hechos importantes de la Edad Media para los magos. Y en idioma Binns, eso significa contar todos los detalles-. ¿Qué hay entre Lyssander y tú?

Sintió que su boca se abría, pero no decía palabra alguna. El proceso mental de borrar las ganas que tenía de buscar alguna manera para deshacerse del fantasma de Binns, para darse cuenta que la pregunta de su amiga iba muy en serio, la hizo sentir descolocada.

-Nada –dijo, haciendo el intento de volver a concentrarse en la maldita redacción de Historia de la Magia.

-Oh, no sabía que eso se llama nada hoy en día… No hagas el acto de "soy una Ravenclaw ejemplar y estoy estudiando". No sirve conmigo, Rose.

-No ocurre nada entre nosotros –respondió, dejando la pluma con demasiado ímpetu sobre el pergamino-. Somos simplemente amigos.

-¿Y desde cuándo son amigos? Que yo recuerde, apenas le hablabas en la escuela y solo lo mencionaste una vez desde que te conozco.

-Amigos de niñez…

-¿Acaso los "simplemente amigos" te acompañan todas las tardes a pasear por los jardines y te acompañan a los entrenamientos? –arqueó una ceja.

-Hey, tú hacías todo eso antes de… Bueno, ya sabes. ¿Eso quiere decir que estabas enamorada de mí o qué?

Aunque había tratado de arreglar la situación, no funcionó. La mirada de Kate y todo su cuerpo dañaba señales que se sentía enormemente incómoda por haber hecho vaga referencia a Albus y ella.

Desde que su gran bocota había arruinado lo que podría ser la pareja del año, Kate ya no la acompañaba a los entrenamientos. Luego que Rose descubriera lo que su amiga sentía por Albus, notó que insistía en ir con ella argumentando en que siempre podía mantener vigilado el estadio y alejar a los estudiantes de otras casas. Y casualmente, siempre Albus aparecía y Kate se iba durante un buen rato del entrenamiento. Ahora la pelirroja se preguntaba si Albus de verdad iba con la intención de espiar o para estar con Kate.

-Vale, no haré ninguna broma lesbiana o de ese tipo –murmuró.

La mirada de la chica se ablandó, mientras asentía con la cabeza.

-Pero, Rose… Quiero saber. Realmente quiero que me digas la verdad. ¿Qué sientes respecto a Lyssander?

Rose buscó por alguna especie de botón en Kate. Uno que al presionarlo, cambiara su humor. Porque, vamos, segundos atrás había metido la pata –como siempre- y presentía que volverían a caer en una discusión; y de la nada, Kate volvía a estar tan entusiasmada en cotillear sobre su –no- vida amorosa.

-Me cae bien. Es tranquilo, inteligente… Y a juzgar por tu mirada, supongo que no quieres saber eso –dijo, sonriendo. Todo Hogwarts sabía que Lyssander Scamander era así. Del tipo reservado, pero simpático y buena persona-. Me siento bien cuando estoy con él. No sé, supongo que me hace sentir feliz.

-¿Tan feliz como para olvidar que es un año menor que tú? –arqueó una ceja-. ¿Acaso mi amiga Rose no era la que insistía que siempre hay que estar con chicos mayores?

Ambas preguntas apuntaban a una convicción que Rose tenía desde que le empezaron a gustar los chicos; y probando toda esa teoría que las mujeres maduran antes que los hombres, tenía mucho sentido lo que predicaba cuando veía a alguna de sus compañeras saliendo con alguien menor.

Sin embargo, ya no estaba tan convencida de eso. O tal vez sí, pero mientras Kate terminaba de pronunciar "mayores" en entonación de pregunta, una cabeza rubia apareció en su campo visual y sinceramente, los engranajes en su cerebro que trabajaban para generar una respuesta decente, se detuvieron. Sin aviso ni ninguna alarma que le advirtiera que su razonamiento se disipaba hasta que lo único que podía pensar era en lo bien que se veía Lyssander con el pelo desordenado.

-Vale… -la mirada de Kate estaba puesta sobre Lyssander también-. Tomaré eso como un gran sí rotundo –dijo, al mismo tiempo que el chico llegaba hasta la mesa donde se encontraban.

-Hola, chicas –saludó Lyssander, pero mirando fijamente a Rose.

-Hola. ¿Qué tal Pociones? –preguntó la pelirroja, sonriendo.

Mientras ambos conversaban sobre trivialidades, Kate los observaba con detenimiento. No solo porque no tenía ganas de participar en un diálogo en el que evidentemente nadie más estaba invitado, sino que en su cara se podía leer a la perfección las palabras: "ROSE ESTÁ LIGANDO CON UN CHICO EN MI CARA".

Y al parecer, los pocos que estaban en la biblioteca forzados por alguien más a estudiar y se distraían con el aleteo de una mosca, veían de la misma forma la escena.

¿Rose Weasley ligando el público? ¿La chica de acero, que nunca tenía interacción de manera romántica o lujuriosa con alguien? Pero, ¿qué le estaba ocurriendo al mundo, por Merlín?

Bueno, la historia es mucho más interesante vista desde el punto de Rose. Luego que Kate se levantara a buscar otro libro para seguir con la redacción para Binns, Lyssander se sentó junto a Rose:

-Te estoy distrayendo, ¿no? –inquirió luego de un largo tiempo en silencio.

-No, solo te miró por el rabillo del ojo mientras escribo porque me es muy cómodo –contestó sin poder disimular una risita nerviosa-. Bueno, no estoy acostumbrada a tu compañía en mis momentos Ravenclaw.

-Podría decirte algún cumplido sobre lo atractivo que es verte estudiar… -propuso, chasqueando la lengua.

-¿Acaso no me veo sexy con los dedos llenos de tinta y los ojos rojos de tanto leer? –preguntó, colocando el codo izquierdo sobre la mesa y apoyando el mentón sobre la mano, y así quedó más cerca del rostro de Lyssander.

-Tal vez establezcas un nuevo estándar de lo que es sexy en una mujer –Rose volvió a reír. Simplemente adoraba como le seguía el juego con todo lo que decía-. Aunque me corregiré: lo atractivo es verte a ti. Eres atractiva, Rosie.

Un chico de quince años estaba logrando acelerarle el pulso y sonrojarla.

-Lyssander…

Pronunciar su nombre solo significó que él imitara su movimiento apoyando el codo sobre la mesa, y que se volteara para quedar cara a cara.

Lo conocía desde que tenía uso de razón. Lyssander siempre estaba junto a Lorcan, siendo víctimas de las estupideces de James y Dominique. Un niño de cabello rubio como el sol y ojos azules saltones, siempre a la sombra de los demás. Así lo recordaba. Era el único que se abstenía de jugar quidditch cuando los domingos se hacían aquellos monumentales partidos entre la familia Weasley y amigos; y también, solo él se sentaba a su lado y escuchaba con atención todo lo que tenía que decir sobre lo que aprendía en la escuela muggle.

A pesar de viajar durante casi toda su niñez a los distintos países exóticos donde sus adres hacían estudios de criaturas sobrenaturales y extrañas, Lyssander no había cambiado casi en nada. Físicamente, constató Rose observando sin reparos su semblante, el pelo lo seguía teniendo de un rubio intenso, casi amarillo; y ojos azules oscuros, aunque ya no los tenía saltones como un pez. Seguía delgado, era alto. Y en personalidad, era el mismo: tímido, callado, le gustaba escuchar y hablaba solo cuando sentía que era lo correcto.

Fue entonces cuando alguien chasqueó los dedos y una luz iluminó la biblioteca. Todo tenía sentido.

Una rabia que no había sentido desde hacía muchísimo tiempo tocó una puerta en su cerebro. "Hola, ya que te has dado cuenta de todo, ¿puedo entrar y apoderarme de la situación para hacerlo todo bien desde ahora en adelante?".

Y sí, tan enojada estaba por haber unido las piezas de todo el rompecabezas, que imaginaba que su cerebro era como una casa, con puertas y ventanas y todo eso. Eso es lo que produce la rabia en la psique humana (aunque deberíamos decir en la psique de Rose únicamente).

-Lyssander… -inspiró una gran bocanada de aire, para tratar de tranquilizarse-. ¿Desde cuándo?

Si en un principio el chico no había entendido el cambio de actitud de la pelirroja, pronto lo comprendió. Vamos, no era estúpido.

La máscara de príncipe azul, se cayó por fin.

-Oh, rayos –murmuró, alejando la silla y por ende, colocándose a una distancia más segura de un posible ataque de Rose-. La idea era que no te dieras cuenta conmigo a tu lado… ¿Me vas a matar, cierto?

Había sido una idiota. ¿Cómo no lo descifró antes? Con lo que había sabido gracias a Lily semanas atrás, podía haber estado atenta a las señales. Pero no, tan enfrascada se encontraba en lograr que la nueva Rose fuera su nueva actitud ante el mundo, que la antigua Rose quedó rezagada en el olvido, y con ella, los métodos de manipulación y guerra.

Lyssander jamás había sido el conquistador, el valiente que lanza aquellas frases a las chicas. Lo sabía porque ni siquiera era capaz de hablar sin que se le quebrara la voz frente a la familia Weasley en las reuniones familiares. Era ella la que debía pedir la sal por él.

-Debería –dijo después de un prolongado silencio. Lyssander la miró confundido por la serenidad que demostraba, y Kate, que recién llegaba cargando dos enormes libros, preguntó un tanto asustada "¿Qué ocurre?"-. Pero no es tu culpa. Apuesto a que el muy maldito te ofreció algo muy bueno como para poder negarte, ¿no?

-No fue así, Rosie –negó con la cabeza, preocupado-. ¿De verdad no te das cuenta, cierto? Esto lo hice por tu bien… o el bien de ambos, mejor dicho.

-Rose, ¿qué está pasando? –Kate rodeó la mesa y se plantó en medio de ambos-. ¿Alguien me puede decir qué rayos ocurre? Hace tres minutos eran la misma imagen cliché de una película romántica y ahora… Ahora Rose tiene esa mirada que solo quiere decir que…

Una imbécil. Sí. Maldita Taft que la trataba de cambiar. Gracias a ella, estaba siendo la mayor perdedora de una guerra de la que ni siquiera tenía idea que formaba parte de ella.

-Tenemos cacería, Kate -anunció Rose, tronando los dedos.

-¿Qué? –la miró, desconcertada-. ¿Acaso volvimos en el tiempo y no me enteré? Rose, eres distinta.

-Pues a la mierda con la nueva Rose –se levantó de su asiento y le sonrió-. Dale la bienvenida a la antigua.

Salió de la biblioteca como un huracán. Su mente apenas podía pensar con claridad. Lo único que venía a su cabeza eran las características físicas de lo que era y lo que no de Lyssander: pelo rubio intenso, no platinado; ojos azules oscuros, no claros que podían confundirse con grises; piel blanca, pero no pálida.

Las señales estaban allí, todo el tiempo estuvieron frente a sus ojos, burlándose de ella. ¿Cómo había sido tan ciega?

Primero que nada, necesitaba encontrar su ubicación. No podía hacer un gran contraataque si no sabía dónde se encontraba el cuerpo de la mente más perversa y detestable que podría conocer en su vida.

-¡Radulf! –chilló en algo más bien parecido al potente grito de guerra de un espartano. El chico salía del aula de Transformaciones y saltó casi tres metros del susto-. ¡Tú lo sabes todo! –lo tomó por los hombros y lo zarandeó marcando las sílabas de su pregunta:- ¿Dón-de es-tá Mal-foy?

-Er… Según los nuevos resultados de la mayoría de redacciones y pequeños exámenes en cada asignatura, Malfoy se encontraría en el segundo lugar. Ha obtenido tres Extraordinario, y un-

-¡No! –lo zarandeó tan fuerte, que Radulf parpadeó como si fuera una oveja a momentos de ver el final de sus días ante el malvado lobo feroz-. Dime dónde está físicamente. ¿En la asquerosa sala común de su asquerosa casa? ¿En algún aula ligando con la chica de turno? ¿Dónde está su humanidad? –mientras preguntaba, lo movía por los hombros-. ¡Dímelo, dímelo!

-¿Y qué voy a saber yo? –Radulf se apartó de ella, retrocediendo. La miró, frunciendo el ceño en un gesto que denotaba molestia y confusión-. Sé todo sobre datos que ayudan a mis estadísticas sobre cada persona y criatura en Hogwarts. Pero no soy un mapa que muestre la posición de los estudiantes, Weasley.

-¡Rose, deja de atacar a ese chico! –la voz de Kate se escuchaba muy lejana, y Rose ni se molestó en comprobar si su amiga la seguía.

-No sirves para nada –terminó de zarandearlo por última vez, empujándolo hasta que su espalda chocó contra la pared-. Necesito alguien que sepa dónde se encuentra… Un Slytherin, sí, sí. Un Slytherin lo sabrá…

No era necesario tener algún estudio de psicología para darse cuenta que nuestra protagonista estaba entrando en una fase un poco psicótica.

Abandonó a Radulf hecho un mar de nervios y extrañeza, para buscar cualquier corbata o bufanda o insignia en una túnica, que tuviera color verde.

-No vales la pena…

Las iba a pagar. Las iba a pagar tan caro, que nunca más se atrevería a mirarla a los ojos.

¿Dónde rayos estaban los Slytherin cuando los necesitaba? ¿Y desde cuándo había tantos Hufflepuff? Hogwarts estaba infestado de ellos. Solo veía amarillo plagando los uniformes de los estudiantes… Nada de verde, nada de verde.

-¡Verde! –Jessica Chambers estaba sentada en el suelo, junto a la horrible escultura de un brujo haciendo una poción en su caldero-. Chambers, me alegro mucho de verte. Te estaba buscando.

Los ojos de la chica se fijaron en ella, entornándolos con dificultad, mientras Rose se ponía de cuclillas para quedar a su altura.

-Hay mucho sol hoy día, Weasley. Me duelen los ojos, por lo que me estoy escondiendo aquí hasta que Filch deje de merodear las aulas abandonadas del segundo nivel –dijo a modo de explicación por el lugar donde se encontraba. Si Rose pensara con claridad, se lo habría preguntado, pero la verdad es que no le interesaba-. ¿Qué ocurre?

-Malfoy.

-¿Malfoy? ¿Scorpius Malfoy? –preguntó, abriendo la boca y dejando a la vista sus dientes-. Siempre he creído que él debe ser vampiro. O al menos, en su familia debe haber vampiros… Es tan pálido… ¿No has notado que se le ven las venas en su garganta? Es muy sexy…

-¿Sexy? –hizo una arcada-. Ubicación. Malfoy. A-H-O-R-A –exigió, impaciente.

-Uh, qué humor es ése. ¿Por qué-

-No tengo tiempo de escuchar tus estupideces de vampiros y de demostrar el profundo asco que me produce pensar que te atrae Malfoy con esa palidez que lo hace lucir como si tuviera anemia. ¿Sabes dónde está o no, Chambers?

-Pues, sí –no se inmutó ante la ofensa de Weasley al decirle que los vampiros eran estúpidos-. Lo vi salir con su grupo de amigos hace un rato a los jardines. Creo que se encuentran en el lago, haciendo una guerra o algo así. Es algo clásico en el primer día de primavera para los Slytherin… Bueno, para los Slytherin que no mueren producto del sol… ¿Weasley?

Rose ya estaba saltando de manera casi increíble las escaleras movedizas, atrayendo todas las miradas a sus acrobacias para llegar hasta el primer nivel sin tener que esperar a ninguna escalera.

No le importó empujar a un grupo de niños de primer año para salir del castillo. Y tampoco sintió ninguna especie de escalofrío al sentir la brisa fría del primer día de primavera. Su razonamiento y sentidos se encontraban adormecidos, todo su cuerpo solo enfocaba en algo: confrontación, venganza, guerra.

Vio varias personas en el lago, jugando a lanzarse agua. Divisó rápidamente a Malfoy por su inconfundible cabellera rubia casi albina. Y ciertamente ver cómo coqueteaba con esa Slytherin de pelo corto y muy sedoso de quinto año, no ayudó en nada a la pequeña voz que le decía que se detuviera antes de cometer una imprudencia que agregaría otro vergonzoso escándalo en su vida escolar.

Sus pies comenzaron a bajar el terreno, con los ojos fijos en su víctima.

-¡Rose! ¡Rose! –escuchó a Kate gritar muy atrás.

-Rose, ¿qué haces? –preguntó otra voz.

Le costó darse cuenta que el grupo de chicos sentados formando un círculo que recién había pasado se trataba de Albus y sus amigos.

Cuando el pasto comenzó a cambiar por tierra y arena bajo sus pies, se quitó la túnica y dejó que cayera al suelo. En una situación normal, casi lloraría por ensuciar su perfecta pulcra ropa, pero ahora no le podía importar menos.

Remangándose las mangas de la blusa y deshaciéndose de los zapatos por los talones con ayuda de la punta de los pies, empezó a acelerar la marcha hasta introducirse el en lago.

El agua estaba heladísima. Brillante deducción, pensó, hace dos días era solo hielo.

Un segundo, el agua le llegaba a los tobillos y peleaba para seguir adentrándose, y de repente, al siguiente momento estaba nadando con un dolor de brazos insoportable.

-¡Hey, tú!

El primero en voltear fue Zabini. El chico estaba detrás de una rubia y tomándola por la cintura, no permitía que se moviera mientras ella reía.

Luego, las demás cabezas giraron en su dirección, pero Rose miraba fijamente la nuca de alguien en particular.

-¿Eh? –Malfoy la miró, abriendo la boca sin emitir sonido alguno y frunciendo el ceño-. ¿Weasley? –preguntó, evidentemente sorprendido-. ¿Qué rayos haces aquí?

-Tomando un baño –respondió, mordazmente. Nadó hasta llegar a la roca donde se encontraba sentado, como si estuviera analizando la pequeña guerra de chicos vs. chicas y quisiera usar una buena estrategia (para ligar)-. Vine a hablar contigo.

Si antes estaba sorprendido, el chico ahora lucía como si pudiera tener un ataque cardíaco en aquel instante.

-¿Conmigo?

-¿Acaso conoces a otro Malfoy? -apoyó la punta de los pies en el fondo, para no tener que seguir esforzándose en permanecer flotando.

El chico se movió, para quedar mirarla de frente y se inclinó un poco.

Este movimiento y el hecho de darse cuenta que él por fin le prestaba atención desde hacía más de un mes, hicieron que su corazón comenzará a latirle más rápido. Y esa sensación de tener algo volando en su estómago, queriendo volar, apareció para recordarle que antes ya habían estado más cerca de lo que ahora se encontraban.

-Yo… necesito decirte algo… -dijo, con la voz débil y un poco ronca debido a las arcadas que producían esas odiosas mariposas revoloteando en su interior.

No, no. Tenía que hacer las cosas bien. Imponerse como una mujer fuerte y plantarle en la cara unas cuantas verdades, para terminar con todo esta competencia de una vez por todas.

Sin embargo, al ver que la mirada de Malfoy se tornaba más calmada y su expresión adquiría ese brillo que los escritores denominaban como de esperanza, tomó una estrategia distinta para llegar al mismo resultado.

Le iba a dar una cucharada de su propia medicina.

-No sé cómo empezar… Todo este tiempo he estado obsesionada con ganarte, con restregar en tu cara la victoria. Y te odio… te odiaba –dijo, bajando la mirada y suspirando-. Ahora me siento confundida, ¿sabes? Ésa es la verdad. Cuando pienso en ti, cuando te veo… -pausadamente levantó los ojos para encontrarse con los de él. Sintió sus mejillas arder y pensó que era ilógico, porque el agua estaba prácticamente congelada y su cuerpo estaba sufriendo una hipotermia severa-. Me está matando tu indiferencia… Ya no puedo más, tengo que decirlo porque siento que voy a explotar con lo que siento en mi corazón…

Se tragó el asco que sentía al pronunciar aquellas palabras de un parlamento de una telenovela barata muggle, al ver que tenían el efecto deseado: una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Malfoy y se inclinó aún más, casi hasta caerse desde su trono encima de la roca.

-¿Y qué sería eso?

Rose estaba segura que si se acercaba tan solo un poquito más, podía hacer que sus pestañas se tocaran.

-Que… -sacó su mano del agua y la llevó hasta la corbata de Malfoy, que colgaba desde su cuello y la punta rozaba la superficie del lago-, ¡que ya sé tu maldito plan!

Tomó la corbata y la tiró con tanta fuerza, que Malfoy perdió el equilibrio y en un segundo que se hizo eterno, el chico cayó en cámara lenta en el lago.

Los Slytherins en el lago, lanzaron gritos ahogados de sorpresa, mientras la chica de pelo corto y sedoso nadaba, llamando a chillidos exagerados a Malfoy.

-¡Scorpius, contéstame! –exigió, y tomó una gran bocanada de aire para continuar-. ¡Scooooooorpius!

-¿Podrías dejar de gritar? –más que pregunta, su voz demandaba obediencia-. Estamos a un metro sesenta de profundidad, no hagas un escándalo, Cindy.

Malfoy con hojas y el pelo hecho un asco, producto que con la caída, llegó hasta el fondo del lago, y quitándose el agua desde los oídos; fue una imagen que a Rose le supo a victoria.

-Ciertamente no era la reacción que esperaba cuando vinieras a hablar conmigo –dijo, restregándose los ojos y quitándose un par de ramitas del pelo.

Todos se encontraban expectantes a lo que podría ocurrir en un nuevo episodio de "Rose Weasley actuando como una lunática y haciendo el ridículo para vencer en una incomprensible competencia Scorpius Malfoy".

Pero aunque los planetas tenían una alineación normal y Filch seguía siendo un viejo gruñón que se moría de ganas de dar latigazos a los estudiantes en castigo, Rose solo se quedó observándolo en un silencio tan profundo e intenso, que los presentes se miraron extrañados. ¿Era una broma o qué? ¿Y los gritos de banshee rabiosa de la pelirroja o sus ataques compulsivos de ira? ¿Por qué estaba tan calmada y silenciosa?

-¿Y bien? –preguntó el rubio, cruzándose de brazos. Desbordaba esa arrogancia que tanto la enloquecía-. ¿No vas a tratar de asesinarme, de maldecir, manipularme para humillarme?

-Eres igual a Mark –comentó, levemente sorprendida por la similitud en aquel cuestionario de posibles consecuencias que tendrían por haberse metido con ella-. ¿No estás sorprendido, verdad? Sabías que tarde o temprano iba a enterarme… -pero en las palabras de Rose no tenían ese tono acusatorio ni obsesivo, que normalmente usaría ante otra de los ataques de su enemigo. Malfoy no dijo nada, solo la miraba fijamente-. Debo darte crédito, ¿sabes? –el corazón se le encogió, gritando de dolor-. Lo de ignorarme y lo que me dijiste cuando volvimos de vacaciones fue muy hábil. Sabías que tus palabras calarían en mí y tu ley del hielo me afectaría…

Si el resto estaba descolocado por la pacífica reacción de Rose, Malfoy también. Su expresión simplemente tenía la palabra "sorpresa" en su frente y la miraba como si en cualquier momento ella fuera a saltar riendo diciéndole que todo esto era una pesadilla.

-Para ser un Slytherin, no estuvo nada mal tu plan –continuó, alzándose de hombros-. Lástima que Mark te traicionará –las pupilas de Malfoy se dilataron. Rose: 1, Malfoy: 1-. En su preocupación por haber jugado con mis sentimientos por lo que él planeó con Lily, cometió dos graves errores: decirme que no solo iba a esas clases para ganarse mi simpatía y llevó a Lily consigo para revelarme todo el complot… -dio un paso hacia él. He aquí lo que la narradora convenientemente omitió sobre la conversación entre Rose, Mark y Lily capítulos atrás:-. Lily tiene un tic en los ojos cuando miente o alguien lo hace. Se le cierran y una vena aparece en los párpados. Así que, tu "reciente amnesia" por mí, quedó al descubierto –hizo comillas con los dedos, remarcando la evidente ironía en su voz. Rose: 2, Malfoy: 1-. ¿Quieres que continúe o me detengo aquí?

El chico dejó caer las últimas hojas en su mano sobre el agua, y acortó la distancia entre ellos con lentitud. Como si casa paso oprimiera las teclas necesarias para que sus cuerdas vocales funcionaran:

-¿No obtengo puntos por intentarlo?

-Básicamente mentiste, confabulaste en mi contra, me hundiste aún más en un periodo de depresión y soledad; algo que yo misma habría hecho porque es muy ingenioso e inteligente para mi propio beneficio… -enumeró, calmadamente-. Todo porque… porque…

-Porque me gustas, Rose.

Algo había cambiado, y no era tan solo que las nubes se abrieron para dar paso al sol y desatar varias sonrisas alegres por el primer día soleado del año, sino que, en ellos.

Casi seis años de competencia. Seis años donde Rose se había obsesionado con ser mejor que él en los estudios, y sobrepasarlo en todo lo demás. Era la reina del quidditch, pero solo en eso lo superaba. Malfoy tenía puramente Extraordinarios, mientras que ella tenía un asqueroso Supera las Expectativas en Pociones que la sumergía con el resto de los brillantes Ravenclaws. Seis años en donde ella lo desafiaba y él la ignoraba, a veces se reía por su persistencia y aires de superioridad de la chica; pero nunca la tomaba en serio. Y eso hacía que Rose se tirara los cabellos, enojada porque sus tácticas no daban resultado. Seguía siendo la segunda de la generación.

-Es raro que escucharlo de ti. No puedo creerlo… -dijo, descolocada.

-Si quieres lo repito: me gus-

-¡No! –se llevó las manos a los oídos-. No, no, no. Ya, lo creo; pero no lo digas de nuevo.

-¿Por qué? –preguntó, dando un paso final para dejarlos frente a frente, a un palmo de distancia. Poniendo las manos en sus muñecas, empezó a quitárselas de los oídos-. ¿Por qué eres tan testaruda? ¿Por qué no puedes aceptar la realidad? –Rose empezó forcejear, moviéndose para apartarlo-. ¿Y por qué rayos tienes tanta fuerza para ser una chica?

-¡Porque no soy una de esas idiotas que su dieta se basa en agua y lechuga!

-¡Para de gritar! ¡Me estás volviendo loco con tu histeria!

-¡¿Y cómo quieres que me comporte cuando la persona que más detesto en este planeta me dice que le gusto?!

Si estuviéramos en una película o algún medio audiovisual, el sonido de un disco deteniéndose de golpe y con un sonido de chirrido sonaría. Y todos los espectadores se mirarían con caras de: "¿A Malfoy le gusta Weasley? ¿En qué parte nos perdimos de la historia?".

Lo primero no ocurrió. Lo segundo, sí.

Malfoy retrocedió, concluyendo el forcejeo (en el que no tenía posibilidades de ganar, Rose tenía más fuerza en los brazos que él), y observaba a Rose tan pálido que en cualquier momento su rostro podía adquirir un tono verdoso que indicaba que el chico iba a vomitar hasta sus intestinos.

-¿Cómo puedo… gustarte? –escupió Rose, dejando caer sus manos.

El silencio que se cernió sobre ellos fue tan poderoso, que Rose sintió que éste llenaba el espacio entre ellos alejándolos aún más.

-Porque sí –dijo el rubio, como si fuera obvio-. Porque eres sincera, directa, divertida, enérgica, fuerte… Por las mismas cosas que muchos chicos adoran de ti.

-Sí, claro. He estado soltera durante meses, ¿por qué no vienen esos imbéciles a pedirme salir? El único interesado en mí era, era… Era mi amigo de infancia que fingía que estaba interesado en mí para que yo me sintiera mal por estar con él y pensara en ti constantemente –bajó la mirada, encontrándose con la punta de sus dedos estaban sumergidas en el agua. Sus manos estaban adquiriendo un color morado preocupante-. El punto es… es que nunca he hecho nada para gustarte, Malfoy. Jamás he sido amable, divertida de manera positiva contigo. Nunca vine un día y te dije: "hey, Malfoy, enamórate de mí a pesar que me comporto contigo peor que un troll con la menopausia".

La energía del rubio comenzó a mitigar, hasta transformarse en una resignación amarga que emanaban sus ojos grises.

-¿Nunca tuve la mínima posibilidad que me vieras como algo más que un rival? –preguntó, con urgencia en su voz.

El corazón de Rose se encogió y tuvo ganas de llorar.

-¿Te das cuenta? Ni siquiera me pides disculpas por lo que me hiciste pasar deliberadamente. Convenciste a mi amigo de infancia para que me conquistara y me hiciera creer que de verdad estaba interesado en mí, me dijiste palabras que me persiguieron por semanas. ¿Acaso crees que es muy placentero tener que escuchar tu asquerosa voz en mi cabeza todo el día? –golpeó el agua, enojada-. ¿Y de verdad creíste que iba a correr a tus brazos y nos besaríamos y empezaríamos dar vueltas como en esas cursis películas muggles?

-Tuve que seguir tus reglas, Rose –dijo, usando un tono más duro de lo usual. Su mirada era fría, tanto como aquel día en que dio por terminada su guerra y la dejó en medio de un pasillo sola-. Tú empezaste esto de las mentiras, de las confabulaciones… Debía causarte una impresión a tu manera, y no tuve más remedio que hacer cosas de las que no me siento para nada orgulloso… Bueno, mi orgullo Slytherin sí; pero mi moral de persona, no.

La pelirroja miró al cielo y entonces maldijo al clima, porque perfectamente podría llorar si estuviera lloviendo para que sus lágrimas se camuflaran con la lluvia. Pero no, tendría que sentir que su corazón quedaba disminuido al tamaño de un maní y que sus ojos le ardían por las lágrimas no derramadas.

-Ciertamente causaste una impresión en mí –dijo, y lo miró. Ya no sabía si era con odio, resolución, aceptación o tristeza. Señoras y señores, les presentamos la fase emo de Rose-. Tan enorme impresión, que me hiciste darme cuenta que hemos caído muy bajo… Engaños, mentiras, complots, sobornos, planes. ¡Míranos! Somos un ciclo interminable de la decadencia juvenil –con los dedos índice de cada mano, los giró formando un círculo-. Así que, oficialmente, doy por terminada nuestra guerra –respiró hondamente y se llevó la mano al pecho-. Si tuviera mi varita aquí, haría un Juramento Inquebrantable; pero juro por mi vida que nunca más participaré en alguna manera de acabar con Malfoy y doy mis días de confabulación, en el pasado.

Mantuvo la mirada puesta en el chico todo el tiempo. Su voz rebalsaba de ironía por la formalidad de su discurso, como si estuviera divirtiéndose, pero los ojos de Rose demostraban todo lo contrario.

-No importa si me gustas o no, o si yo te gusto o me odias… -suspiró-. Estoy harta de esto. Harta de cómo esta rivalidad se transformó en algo que nos destroza como personas. Y como buena Ravenclaw, lo más inteligente que se me ocurre, es concluirlo y no pensar más en todo esto –ladeó la cabeza levemente, con una lágrima rebelde cayéndole por la mejilla-. Adiós, Malfoy.

El marcador mental de Rose, que tantas veces había borrado los puntajes de Malfoy y ella, desapareció para siempre.

De una manera poco agraciada, la chica se giró y empezó a caminar hacia la orilla del lago donde se había quitado parte de su vestimenta.

-Er, ¿entonces te rechazó, amigo? –escuchó a Zabini exclamar a sus espaldas antes de concentrarse exclusivamente en mover un pie y luego el otro, para salir del agua.

Llegó hasta donde se encontraba Kate, quien estaba bajo la sombra de un árbol, mirándola en estado catártico. Al igual que todos los que las rodeaban.

-No me digas nada –dijo, temblando involuntariamente. Empezó a estrujarse el pelo-. Sé que estamos en una especie de empate porque no he sido precisamente Blanca Nieves con ese tarado, y estoy conciente que me dejé llevar únicamente por un impulso vengativo… Pero creo que el mundo y sus reglas sociales pueden disculparme esto.

Un pequeño charco empezó a formarse con toda el agua que Rose había estrujado de su pelo.

-Er… ¿Te das cuenta que te quitaste la túnica y la blusa del uniforme es blanca? –preguntó, extendiéndole la túnica-. Lindo corpiño, por cierto. ¿Es nuevo?

Le quitó la túnica, pero no se le puso.

-Bueno, si alguien se atrevió a comentar que tenía pechos pequeños, ahora lo lamentará –dijo, comenzando a caminar hacia el castillo bajo la atenta mirada de todos los presentes.

Kate vio a su amiga erguirse, conservando su orgullo intacto. Y no pudo evitar reírse. Al menos todo Hogwarts iba a saber que Rose Weasley tenía pechos.

Abril. 21 de Abril. La fecha donde la eterna guerra de Scorpius Malfoy y Rose Weasley, había llegado de una vez por todas a su fin.


N/A: Veamos, por orden, que si no esta nota además de larga, se hará incomprensible…

El capítulo lo tenía casi listo desde hace mucho tiempo. Pero llegó el 27 de febrero. Vivo en Chile. Así que entenderán que luego del terremoto, mi mente no podía pensar en fics hasta… bueno, hasta hoy. Solo me faltaba escribir el principio, lo que viene antes de la escena del lago. Muchas gracias a las personas que me enviaron PMs por aquí y por Twitter preguntando por mí y mi familia. Gracias a Dios nos encontramos bien y pues, mi vida poco a poco vuelve a la normalidad. Ya entré a la universidad y todo eso.

Acerca del mismo capítulo, tengo muchas cosas que decir, y no sé cómo empezar. Supongo que lo primero es decir que aunque me gusta el Lyssander/Rose, siempre he preferido el Scorpius/Rose y desde un principio nunca vi a Lyssander siendo realmente interés romántico de Rose durante varios capítulos. Me apena que muchas hayan querido verlos juntos en plan romántico, pero… Bueno, para eso traje a Lyssander al fic: para hacer estallar a Rose. Y hacer estallar a Rose, significa llegar al clímax de verdad. La escena del lago es para demostrar que Scorpius está tan retorcido como Rose y… Vamos, es Slytherin. ¿De verdad creyeron que el chico era un ángel todo este tiempo?

Creo que se han respondido todas las preguntas, pero si aún algo no les queda claro de lo mucho que Rose se enteró y la narradora nunca reveló para añadirle misterio hasta ahora, pues pregunten. Que no me gustaría que se queden con la duda.

Ahora, me pregunto qué he hecho yo para merecer tan geniales lectores. Sí, aún no puedo creer lo mucho que apoyan este fic. ¡Muchísimas gracias! Incluso a las personas que me acosaban en reviews suplicándome para que actualizara.

Si alguien se pregunta cuántos capítulos quedan, deberían quedar tres. Pero mientras releo mi esquema del siguiente capítulo, creo que el número se cambiará cuatro.

¿La posibilidad de Scorpius/Rose ha terminado? Oh, no. Todavía tienen mucho que decir, en especial cuando ambos se creen las víctimas de la historia. Prepárense para un final realmente inesperado en el siguiente capítulo.

¡Besotes y muchas piruletas de colores, chau!