- No – dijo Sigyn – no he pasado la noche en vela.
- Pero pareciera que… - Löfn extendió la mano con tal de asegurarse de que todo estaba bien con su amiga – que no hubieras dormido en toda la noche.
- Me costó quedarme dormida. Qué va, estoy bien.
- Oye, pusiste de bastante mal humor a Theoric ayer. ¿Quién era esa mujer que salió a defenderte?
- Mi prima – siguió Sigyn – es mitad asgardiana y mitad… svartálfar – agregó ahora.
- Oh, entonces sí que Theoric no estaba hablando pavadas… - comentó Löfn casi con un aire de culpabilidad. La criada sólo guardó silencio ante la contestación, porque nunca le había dicho que era parte asgardiana.
Sólo se limitó a asentir.
- ¿Se emborrachó demasiado ayer?
- Sí, se bebió todo un barril de vino ayer… y seguro se fue a pasar un buen rato con alguna chica más a solas – respondió la castaña.
Sigyn permaneció atónita ante aquello que podría haberle pasado. Típico soldado que se buscaba un premio de consuelo al no tener el mayor. Suspiró del alivio y agradeció a la joven por la información dada. La rubia tomó la cubeta de agua. Ese día le tocaba irse al establo para dar aseo a los corceles que eran propiedad de la realeza comprobar que estuviesen en perfecto estado para que no se cansaran o se enfermaran ya fuese en una simple cabalgata o en una batalla futura. Debía ir con un anciano que era experto en el cuidado médico de los caballos
Se marchó hacia el río, llenando la cubeta y marchando hacia el establo para ver a los animales.
- ¡NO VOY A HACERLO! – vociferó Loki con la fuerza e ira de mil demonios del Muspellheim en su voz, dando un golpe de puño a la mesa, ocasionando que varios cubiertos y copas repletas de alcohol se vertieran por el piso y por la superficie de la mesa.
Frigga y Thor se quedaron mirándole sorprendidos. Odín frunció el ceño, entrecerrando su ojo. El dios del trueno ondeó las manos para apaciguar a Loki, el que despedía humo de furia por todo el cuerpo.
- Hermano, compórtate ya – lo reprendió Thor.
- ¡¿Cómo no voy a hacerlo si tengo yo que ir a Jötunheim por asuntos de paz por algo que Thor empezó con su rabieta y actitud de muchachito dándoselas de hombre?!
- ¡Porque es tu responsabilidad! - exclamó Odín, indignado ante lo recién dicho por el desquiciado Loki, el que en lugar de calmarse se enfureció aún más.
- ¡¿"Mi responsabilidad"?! – Rugió Loki poniéndose de pie con la ira estigmatizándole la cara - ¡Maldita sea, padre! ¡No es posible que sea yo quien tenga que cargar con todo lo que él empezó! – adujo chillando y apuntando a aquel sentimental a quien consideraba culpable de todo.
El acusado se levantó para acercarse a su hermano.
- Loki, no estoy diciendo que tú seas…
- ¡¿Qué no puedes dejarme en paz?! ¡Mientras que yo cargo todo lo que ocasionaste tú te bañas en la gloria de tu grandeza! Pueden irse al infierno tú y tu condenado desastre. Ya he hecho demasiado reparando el puente Bifrost soportando a los enanos con los cuales no me llevo bien…
Odín reverberó la mesa con su fuerte y longevo puño, que había dado muerte a cientos de gigantes de hielo y otros enemigos, como lo era el propio Loki, a quien hizo callar de una vez por todas.
- ¡SILENCIO! – Bramó el anciano, colérico – ¡Loki, tú has de arreglar este problema porque Thor tuvo que destruir ese puente por culpa tuya! ¡¿Acaso no fuiste tú, llevado por el deseo y sed de poder, quien dejó el puente abierto para que los jötunn entraran para llevar a cabo tu plan?!
Loki calló ante la verdad que por más que fuerte que gritara, no podía ocultar.
- ¡Eso lo hice para proteger a Asgard de su estúpido reinado por un tiempo más! ¡Te habrías imaginado qué habría pasado si la coronación se hubiese efectuado! ¡Estaríamos sumidos en la miseria y el horror de la guerra! – argumentó Loki, indignado al ver que Odín seguía defendiendo a su legítimo pero necio hijo.
- Si Thor no hubiese llevado bien el reino, ¿acaso tú lo hubieses hecho mejor?
- ¡Por supuesto que sí! – Vociferó un iracundo Loki - ¿es que lo dudas?
- No dudaría en que habrías tiranizado Asgard con tu personalidad y tu mente corroída de envidia y de odio – respondió el anciano, sin miedo a la ira de su hijo menor.
Loki dio un gruñido de rabia, dándole la espalda, cruzándose de brazos. Entonces Thor fue quien rompió el tenso ambiente con una solución.
- Yo acompañaré a Loki para su misión de embajador de Asgard en Jötunheim – determinó el dios rubio.
Frigga y Odín se miraron asombrados.
- ¿Qué has dicho?
- Que voy a acompañarlo a Jötunheim – replicó Thor – Loki tiene razón en parte. Yo también soy responsable en empeorar nuestra ya deteriorada relación con ellos.
- ¿Y qué sugieres, "genio"? – preguntó Loki con la ironía restregándole la voz.
- No lo sé. Ya se me ocurrirá una idea. Aun si me gano otro destierro – añadió de buen humor y con una sonrisa, con tal de alegrar a su hermano.
Pero el dios del engaño rechinó los dientes, irritado.
- ¿Y supongo que iré acompañado, o no? – inquirió ahora.
- Sí. Ordenaré a los halcones y al jefe de los einherjar que vayan preparándose como también que las costureras fabriquen ropa adecuada para esto. No quiero que nadie muera de frío.
Ambos hermanos y rivales asintieron. Y ante tal gesto Odín les ordenó que se fueran, haciendo notar sin intención su cansancio por todo lo que estaba pasando. El irritado Loki observó lleno de tirria a los hombres que se pondrían a custodiarlo durante su comisión. Y para su diversión se dio cuenta que entre los cinco o seis hombres charlando, estaba aquel soldado que le miraba las faldas a su Sigyn. Tenía un jueguito pendiente con ese imbécil.
Sonriendo caminó hacia un rincón apartado de aquel pasillo para proseguir su jugarreta. Mas, antes de seguir, escuchó un sonidillo; similar a un… ¿Cuchicheo?
- Ese tipo está loco – comentó Theoric, acercándose a Arko.
- ¿Qué? ¿Y qué te extraña?
- ¡Es una verdadera locura ser capaz de desafiar así al padre de todos! – comentó el rústico marcial.
- Cállate ya, hombre – dijo Arko – un poco más de respeto. No sabemos su motivo por el cual hizo lo que hizo. ¿Acaso quieres meternos en problemas?
Theoric se burló de su compañero.
- No, sólo me manifiesto en lo que pienso. Has visto lo despectivo que es con su propia familia, con los soldados… y eso bien lo sabes, si no te acuerdas, tonto.
Arko levantó una ceja como señal de desaprobación ante el epíteto.
- Pues… dejémoslo ya. Mi esposa Deilia me espera en mi hogar junto a mi hijo, ven a tomar algo de buen hidromiel con nosotros. Olvidémonos ya de todo este asunto – dijo el guerrero, sereno.
El pastoril soldado asintió luego de un largo rato de silencio. La idea parecía buena; una buena mujer esperándole, servicial como debía ser con las esposas. Se preguntaba si Sigyn sería una buena opción en ese sentido. Buena comida, buena esposa, fiel, leal, humilde… y complaciente.
Su silencio ante la oferta hospitalaria de Arko culminó con llamar la atención de Loki, el que cauteloso como una pantera esperando atacar a su presa, se deslizó por las paredes, y con su magia logró hacerse invisible e inaudible, lo cual no significaba que no podía tocar cuerpos o apoderarse del control de una mente.
Siguió al par de conscriptos hasta que llegaron a la parte que llevaba al Salón del Trono. Ahí continuaron con más calma la plática. Y fue el momento perfecto en que Loki se ocultó sin perderlos de vista, en especial a ese miserable y papanatas llamado Theoric.
- ¡Cómo no te daría otra paliza, maldito mentecato! ¡Ya sabrás quién es Loki Laufeyson! – Aulló él – Y no te gustará saber cómo el dios del engaño satisface sus deseos de venganza… - una sonrisa de pura malevolencia se delineó en sus fríos labios de jötunn.
Un copero de contextura rolliza se acercó tras oír el chasquido de dedos emitido por Theoric. El sirviente le ofreció una copa de vino, el que fue tomado para que el soldado lo bebiera. Loki estudió sus movimientos con absoluta atención, concentrándose después en la bribonada que deseaba llevar a cabo.
Arko se apartó un poco para retroceder en cuanto al sendero que los llevaba al salón del trono. En ese momento, Theoric iba a hacer lo mismo para acompañarlo cuando sintió un extraño pero oscuro empujón a sus espaldas, a la altura de los hombros. Echando uno que otro insulto, tropezó pero sin caerse. Le llamó la atención al sirviente, que le atisbaba desconcertado ante la injusta reprimenda.
Loki se echó a reír a carcajadas, devolviéndole por un momento al divertido instante en que Thor y él habían compartido un grato momento antes de la coronación. Lo dejó tranquilo para maquinar su siguiente movimiento en los próximos diez segundos.
- ¡Hombre, ese sirviente no te ha hecho nada! – lo reprendió Arko, molesto.
- ¡Pero si era el que estaba ahí era él! – y entrecerró los ojos, sospechoso - ¿Acaso no fuiste tú?
El soldado pelirrojo dio un respingo.
- ¡Imposible! ¡Desde esa distancia es imposible hacer eso! – exclamó él.
- ¿Entonces qué? – protestó Theoric, aún sin entender qué pasaba.
- Si me lo permite, señor Theoric – añadió el sirviente acusado – el señor Arko tiene toda la razón. Es imposible haber ejercido tal cosa desde esa distancia.
- Bien, quizá soy yo quien se está imaginando cosas – se dijo éste, para calmarse – ya iré a descansar.
- Sí, hombre. Mi esposa me espera – dijo Arko, aliviado.
El dios de las travesuras les siguió el paso. Durante largos segundos caminó tras ellos, hasta ver que ambos llegaban hasta al final del palacio y con la ayuda de algunos lacayos encargados de velar por los caballos. Ambos guerreros se preparaban para cabalgar por el sendero. Arko y Theoric seguían platicando cuando los lacayos proseguían con el trabajo que les correspondía.
Loki observó los artefactos que iban puestos a los animales, observando a los sirvientes que ahora ponían a los caballos los armatostes. Una vez que estaban distraídos, era que él aprovechaba para mover psíquicamente los objetos, dejándolos al otro lado.
Cuando uno de los sirvientes se giró para buscar los demás accesorios, se percató de que estaban al otro lado. Loki se cubrió la boca, oprimiendo las carcajadas estruendosas que se le querían escapar de la garganta. Apretó los labios y los párpados.
- ¿Qué pasa aquí? – masculló el hombre, agachándose a recoger el bulto - ¿No lo has movido? – preguntó ahora a su compañero.
El interrogado movió la cabeza en señal de negación. Arko se acercó para ver qué sucedía.
- Parece que alguien está haciéndose el gracioso con nosotros – comentó Theoric, mirando a sus alrededores.
- ¿Será otro gigante de hielo? – preguntó el sirviente más joven, temeroso.
- ¿Estás loco? – Le dijo el más viejo - ¡Es imposible que a Heimdall se le escape tal detalle!
- O quizá el pobre ya está viejo – comentó Theoric, pensativo.
Y luego de un rato teorizó:
- O quizá… - su tono de voz se oscureció. Loki se mordió el labio inferior. Oh, no… ¡Ya estaban sospechando! Debía inventarse un nuevo ardid para seguir divirtiéndose. Miró hacia los lados, reflexivo en su próximo movimiento.
Loki comenzó a levantar algunas ramas que sobresalían pequeños en el bosque al que estaban cercanos. Seguro le resultaría la broma nueva que se le había ocurrido esta vez.
Cuando los jinetes estaban listos para partir, montaron a caballo y partieron a sus correspondientes destinos. Loki se deslizó como un leopardo listo para atacar a su presa. Se ocultó tras el gran árbol, esperando a que la treta tomara su lugar.
Una vez que partieron a raudo galope, el caballo dio un brusco tropezón ante la solapada montaña de ramas surgida del suelo del bosque. Theoric cayó violentamente del caballo con un grito estremecedor.
- ¡Pero qué! ¡Theoric! – Arko detuvo al caballo para bajar a ayudarlo.
El guerrero se quejó, volviéndose a su compañero.
- ¡Eso ha dolido! – chirrió Theoric, dándose una vuelta sosteniéndose el brazo.
- Esas ramas… son peligrosas – dijo Arko, girándose a mirar a lo que él y Theoric creían que había sido la causante de aquel mal rato.
- ¡Hay que ordenarles a los jardineros que corten esas raíces! – exclamó el herido, levantándose con la ayuda de su colega.
- Les diré eso mañana – se colocó el brazo de su compañero en su espalda.
Pero el quejido de dolor del severamente lastimado no había radicado en la aparente sencillez de la caída. Arko se apartó de su lado con tal de hallar ayuda. Los mismos lacayos que habían estado con ellos no hace mucho prestaron su auxilio, acudiendo rápidamente y desaprobando lo sobresaliente de esas raíces.
El dios timador observó la escena; absolutamente pávido de lo que había hecho. No se esperaba lastimarlo, pero no le quebró ni el más mínimo resquicio de remordimiento. Le causaba bastante gracia que esta vez le había salido mejor. Lo intentaría en otra ocasión, pero por ahora se conformó con eso, ya le haría más en el futuro.
Triunfante, dio media vuelta y se transportó al palacio con tal de volver al lío de dar solución al problema de ser nombrado el embajador de Jötunheim.
Apenas el alba despuntaba, la horda de sirvientes se marchó a sus labores. Sigyn no estuvo exenta de ello, con lo cual los siguió. La muchacha se colocó su vestido celeste pálido, luego dirigiéndose al palacio real. Se quedó ejerciendo sus deberes en el dagveror, preparando la comida en la que esta estaba basada en una mezcla de cebada, cereal y centeno. Puso los cubiertos nuevamente en la mesa, cuidando que ninguno estuviese fuera de lugar. Una vez culminado el deber, los miembros de la familia real comenzaron a aparecer para la dar paso a la primera comida del día, incluyendo también a aquellos que eran amigos y cercanos de la familia real como los soldados personales de Odín y los halcones escarlata.
La horda de nobles y guerreros se sentó a merendar. Igual que hace unos días, Sigyn notó a Loki, el que no lucía serio solamente sino de mal humor. Seguramente alguien había tomado una decisión que no había sido de su agrado… quizá qué cosa habían dicho para enfadarlo así. Sin embargo, continuó con su deber. Esta vez escuchó a Odín hablando sobre el plan para aquel día y para un largo tiempo, hasta que las relaciones con Jötunheim se tornaran menos tensas y más llevaderas. Sí, había oído algo como eso entre los comentarios de los soldados.
- Recuerden ir lo suficientemente abrigados – dijo Odín – el frío puede matarlos allá en Jötunheim.
- ¿Cómo sabremos que cualquiera de esos monstruos no nos atacará durante este deber? – preguntó Loki, revolviendo la comida con la cuchara.
- No lo harán. Ya he hablado con el sucesor de Laufey en el entretiempo en que discutía esto con Freyr y Njördr cuando aún pertenecían al Consejo – comentó el padre de todos.
- Ya veo – masculló el hechicero, pensando ahora: – ¿No podía ser en otra ocasión que no fuese durante mi aislamiento, no?
- Además, no irás solo…
- Sí, padre – se adelantó Loki, cansado – sé que Thor me acompañará con varios soldados.
Ahora Odín agregó que uno de los soldados de los halcones escarlata no iría debido a una lesión en el brazo. Loki al darse cuenta de que había sido el odioso Theoric tuvo que beber algo de vino para no reírse a carcajadas estruendosas. Sólo tosió brevemente, añadiendo que había sido una mala situación y que era una lástima.
Pese a estar centrada en su deber, Sigyn no dejaba de prestar atención a las palabras de su amante, pero atendió al lejano llamado de Hlin, la que parecía no estar molesta. Rauda como una sombra, se arrimó para acatar a la orden.
- ¿Sucede algo? – preguntó Hlin.
- Te necesitan allá – dijo él – tenemos un soldado herido… no ha dormido del dolor. Y dice que quiere que lo sanes.
- ¿Quién?
- Theoric – le respondió Hlin – la reina ya te ha dado el permiso para que hagas tu milagro ¡Vete ya, rápido!
La joven partió fugaz, sin darse cuenta de que Loki la observaba. La muchacha tomó su capa celeste, su cubeta de agua y su sifón una vez que llegó a la cocina. Sjöfn se tomó en su camino, acompañándola a la salida del palacio, comentándole lo que había charlado con Theoric.
- ¿Adónde está?
- Estaba con Eir, pero por insistencia de él…
Sigyn dio un vuelco.
- ¡¿Eir está aquí?! – exclamó, atónita.
- Si, Sigyn – repitió Sjöfn, serena – está bastante ocupada, además. Y dice que también quiere que la visites. Parece que son grandes amigas.
- No tienes idea. Gracias a ella, aprendí las artes de curación – dijo ella.
- Lo imaginaba. Eres digna heredera de ella – halagó la cobriza.
- Quizá con aprender sus artes lo sea, pero ser como ella – y movió la cabeza en señal de negación – no lo seré.
- Pero imagínate que alguna vez haya una emergencia en la casa de Odín o que estuviésemos en época de batalla – propuso Sjöfn – y si Eir no está aquí, ¿Quién lo haría?
- Hay sanadores mejor que yo, Sjöfn – comentó Sigyn.
- Pero dudo que se necesite un puñado para sanar a lo que podría ser una horda de soldados – dijo la cobriza.
- Amiga mía, dejémoslo así – dijo la criada, moviendo las manos – yo iré a ver qué pasará.
- Sí, mándale mis saludos a Theoric – agregó Sjöfn riendo.
- Sí… claro – asintió Sigyn, poniendo los ojos en blanco una vez que la joven se había marchado. "Típico, ¿Ahora me pedirá que lo sane por él?", pensó ella.
Caminó por el sendero rodeado de verdosos árboles, llenándose del aire natural. Devolvía la mirada solo para ver que el puente Bifrost se veía invadido por Loki, Thor y sus correspondientes escoltas.
- Que el destino esté de su parte, mi señor – dijo Sigyn en mente.
El observatorio comenzó a imponer su giro, y como antes, disparó su potente rayo blanco hacia el espacio, llevándolos a todos al lugar tan temido y prohibido por Odín durante tanto tiempo. La muchacha se dirigió hacia el río que poseía el agua más limpia en Asgard. Se inclinó y recogió bastante agua como para aplacar la sed de todo un ejército. Iba a llegar a su hogar cuando Hermod la intervino.
- ¿Sucede algo, señor? – preguntó ella.
- Es Theoric, dice que por favor te apresures… ya no aguanta el dolor.
- ¿Qué le pasó?
- Arko me dijo que se cayó del caballo. Había una serie de ramas levantadas ahí – explicó el guerrero de fornida figura, apuntando al frente del camino ante ellos – las quitamos de ahí para evitar más accidentes como este.
- ¿Y Theoric?
- No ha dormido en toda la noche, Eir está demasiado ocupada como para seguir cuidándolo. Estaba en Svartálfaheimr cuidando de algunos enanos que estaban muy cansados y lesionados producto del trabajo de reconstrucción del Bifrost.
- Esperaría que nadie haya muerto.
- No, no. Hubo heridos pero no bajas. Más que nada fue por el cargar el uru y por el observatorio con sus otros componentes – recordó Hermod.
- Pobrecillos – susurró Sigyn, lastimosamente.
- Pero hay que alegrarse de todas formas.
- Sí.
Hermod le ofreció una mano.
- Te demorarás mucho si vas a pie. Te llevo.
- Perderé el agua que he recogido si vas rápido.
- ¿No la has puesto en el sifón? – preguntó él.
- No.
- Entonces iré despacio.
Sin más opción, Sigyn accedió. De buena gana, el soldado cabalgó lento por el atajo que los llevaría al lugar indicado. Tras minutos de andar, Hermod la ayudó con sus utensilios y a bajarse. Ella le agradeció todo, Hermod sonrió y continuó su parada por la senda.
Una vez que el simpático soldado se marchó, Sigyn entró al hogar en donde el soldado que le había dado bastantes problemas le esperaba. El joven soldado casi dio un salto ante la entrada de la chica.
- ¡Sigyn! – exclamó él.
- Theoric – dijo ella, sonriendo – siento la demora.
- No, está bien – la calmó él.
El guerrero intentó levantarse pero Sigyn del indicó sin decir palabra que no se incorporara. Theoric hizo caso. Sigyn dejó el sifón y la cubeta con agua en la mesa para luego hacer hervir el agua.
- ¿Qué haces? – le preguntó Theoric al ver el vapor saliendo de la gran olla.
- Infusión de lavanda – dijo ella, buscando ahora en el estante.
- ¿Puedo ayudarte?
- No, quédate ahí. Te sentirás peor si te mueves. Eso sí, puedes ir a la cama. No es lo mejor quedarte ahí en esa silla tan incómoda – le sugirió Sigyn apuntando al sitio indicado.
La joven tomó un frasco con hojas secas de lavanda. Theoric se quedó mirando cada movimiento ejercido por la criada, quien puso una cucharada de hojas deshidratadas en una taza, derramando sobre estas el agua recién hervida, tapando el recipiente por diez minutos para que no se evaporaran los aceites que poseían en su mayoría los beneficios de la infusión.
Lo dejó sobre una mesa. Y tal como había hecho con Loki, le ofreció un pequeño poco de miel de romero.
- ¿Prefieres que endulce la bebida?
Pero Theoric no había atendido a la llamada, estaba embelesado por el delicioso sabor de la miel de romero. Se giró para mirar a Sigyn, quien esperaba pacientemente su respuesta.
- ¿Qué?
- Que si lo quieres endulzado con miel.
- Nunca lo he probado, a ver qué tal – dijo él, moviéndose un poco.
La joven entonces esperó a que se cumpliera el lapso de tiempo. E hizo lo prometido y tras elaborar la dulce tisana. Lo sopló para aminorar el calor, posteriormente ofreciéndola al herido.
- Gracias, querida – dijo él.
- No hay que agradecer. Déjame buscar otra cosa – se devolvió al estante para buscar ahora el aceite de lavanda.
- ¿Ah no? – Repitió Theoric – ¿por qué no agradecértelo? No sé qué hacer para demostrarte mi gratitud.
- Sólo cuídate para la próxima ocasión – respondió ella, templada.
El soldado asintió.
- ¿Duele mucho? – preguntó ella, acercándose a él con el objeto enfrascado en mano, palpando con cuidado su hombro.
- Muchísimo, pero agradezco en no haberme partido el cuello – comentó él, intentando alegrar el ambiente.
- Es cierto, supongo que a Odín no le gustaría perder a un soldado de su guardia – dijo Sigyn, incorporándose y dirigiéndose a donde había se encontraba la olla con agua hirviendo. Tomó un gran recipiente y colocó nuevamente agua caliente pero esta vez la mezcló con agua para aplacar el hervor. A continuación tomó un paño recién limpio, empapándolo en la fuente de madera. Llevó ésta cerca de la ubicación de Theoric, el que no dejaba de observar a Sigyn.
La criada sacó el paño del recipiente, lo estrujó un poco con tal de no inundar la cama en donde el guerrero se hallaba, a quien le pidió que se levantara con tal de poner el paño mojado sobre el hombro lastimado para calmar el dolor muscular.
El soldado sonrió ante la destreza curativa de la sirvienta. Y fue que mientras la repasaba con sus ojos pardos recordó lo que había conversado con su colega y amigo Arko. Encontrar una esposa, así como su compañero, que fuese leal y complaciente… como toda mujer, debía ser servicial. Y Sigyn… encajaba perfectamente con aquellos adjetivos propios de una fémina. Bella y atenta.
¿Aceptaría ella esa adelantada proposición? De todos modos, los guerreros podían desposar a quienes estimaran convenientes. Gozaban del mismo poder que los príncipes y princesas, claro que él escogería a una mujer que consideraba una sanadora y no una sirvienta. Se llevarían bien seguro con el tiempo.
Y así ella olvidaría de una vez por todas al oscuro príncipe Loki.
Sin embargo, antes de que pudiese continuar pensando en un posible futuro, la infusión de lavanda comenzó a surtir su efecto en él: poco a poco, Theoric fue quedándose dormido y que Sigyn le quitó la toalla, pidiéndole que se quitara las botas para evitar cualquier incomodidad durante el sueño.
- Gracias, amor – dijo Theoric, sonriente.
- Intenta conciliar el sueño – susurró Sigyn.
- Lo haré – añadió él, antes de cerrar los ojos y darse al sueño.
La joven entonces tomó la ropa de la cama, cuidando de no despertar al recién dormido. Cuando se hubo asegurado de que su sueño era profundo, cogió su cesta de mimbre, se marchó del hogar para recoger sus acostumbrados frutos silvestres.
Sigyn caminó por el andel dejado por carretas y caballos, plasmado en la tierra de sinuosa forma. Se trepó a un árbol, casi se pinchó con las espinas de la mata que poseía moras y arándanos. Llenó la cubeta con los frutos para hacer algún bizcocho durante la tarde. Se encontró en su caminata de vuelta al palacio con Eir, la que felizmente la saludó.
- Eir, es todo un gusto verte – dijo la criada, sonriendo.
- El gusto es mío, pequeña – dijo la mujer - ¿Vas a algún lugar?
- Sí, me devolvía al palacio para trabajar.
- ¿De veras? – Dijo la mujer, sonriente – supongo que ya has curado a Theoric, ¿o no?
- He aliviado su dolor… pero no sé si curé su mal.
Eir puso los ojos en blanco.
- Sigyn, si salvaste a Loki de la muerte con un veneno tal fatal no dudo que puedas sanar el hombro dislocado al pobre de Theoric.
- ¿Y no te has quedado con él?
- No, no sé si sea necesario. ¿Qué haré mientras está dormido? Quizá pueda darle algo de comer cuando despierte, ya que no se veía como si hubiese comido.
La diosa de la salud sonrió.
- ¿Y qué me dices del príncipe Loki? ¿Ha estado mejor?
Sigyn echó una risa. Pero se calló al notar la extrañeza de Eir.
- ¿Pasa algo? – preguntó ella, viéndose contagiada de aquella tierna sonrisa, cuya dueña intentaba mitigar.
- No, no – se apresuró Sigyn, aclarando su garganta – todo está bien.
- Ah… ya veo.
- Y sí Eir, está bien. Está todo en orden. Tanto él como su familia me lo agradecieron bastante.
La mujer asintió sabiamente.
- Te dije que eras del agrado de la familia real.
- Sí.
- Y seguro que el príncipe ha sido considerado contigo.
- Bastante – dijo ella, intentando mitigar la risa nerviosa.
La mujer entonces añadió que había escrito unos libros nuevos de medicina, enviando cuidadosamente a que hicieran un par de copias, incluyendo nuevas técnicas de sanación.
- Encuéntrame al atardecer – dijo ella – quiero saberlo todo acerca de la sanación al príncipe Loki. Quiero saber cómo lo hiciste, porque a todos los berserker que intenté salvar se mataron. Eres mi digna heredera, niña Sigyn. Algún día quisiera llevarte conmigo alrededor de los Nueve Reinos.
- Me encantaría…
- Sí. Después de todo, no tengo hijos, no estoy casada. Quisiera pasarlo con alguien, y creo que tú, dentro de todos mis alumnos, eres la más indicada.
- Oh, Eir – dijo Sigyn emocionada – gracias. Me siento honrada solo sabiendo que puedo saber y aprender de tus artes. Y que gracias a ellas pude salvar a alguien.
- No, pequeña. Soy yo ahora quien te admira porque sanaste a un hombre estuvo parcialmente con una mentalidad de bestia – dijo Eir – yo jamás podría haberlo hecho.
- Oí incluso que algunos sanadores se quejaban porque una mujer haría el trabajo – comentó Sigyn, poniéndose un mechón de su ondulado pelo.
- Los mejores sanadores en todo el Yggdrassil somos mujeres, mi niña – dijo Eir con dulzura – no pienses lo contrario.
- ¿Por qué será?
- Quizá porque las mujeres somos más pacientes y más cuidadosas.
La criada suspiró al recordar los momentos en que día y noche se había sacrificado para poder salvar a su ahora amante.
- Sí…
- Así es, entonces – agregó Eir.
En aquel instante, Sigyn volvió la mirada hacia su lado izquierdo, y vio que habían muchas plantas de una viva y alegre tonalidad verdosa siempre le habían llamado la atención a Sigyn. Se alejó por un momento de Eir, quien la siguió curiosa con el pasar de largos segundos.
La muchacha retiró la larga floresta de apio, poniéndolas en su canasta sobre las frutas recién recogidas.
- ¿Qué haces? ¿Para qué recoges tanta planta de apio?
- Para añadirla como condimento a algunas comidas. Y la semilla de apio la como para mantenerme en forma – respondió ella.
Eir se quedó mirándola fijamente.
- ¿Pasa algo, Eir? – preguntó Sigyn, preocupada por la expresión de su amiga.
- ¿Desde cuándo que consumes la semilla de apio? – la interrogó ella, con un aire de consternación tras enterarse de esto.
- Desde los catorce años – dijo Sigyn – hago tilo con las semillas luego de disecarlas.
La diosa tomó la planta recién arrancada de la tierra.
- ¡Por los dioses, háblame Eir! – exclamó la criada. La mujer tomó aire antes de dar su respuesta.
- Y qué edad tienes… ¿actualmente?
- Diecisiete.
- Es que… si alguna vez deseas casarte, y darle hijos a tu marido será prácticamente imposible.
- ¿Por qué?
- Porque esta planta inhibe embarazos.
Sigyn enmudeció. ¿Cómo había dicho Eir?
- ¿Qué? – susurró ella, completamente asombrada ante el otro efecto de esa planta.
- Que te va a dejar tan seca como una nuez. Si, tendrás un cuerpo bastante bello pero no creo que a tu marido le guste que seas infértil… a menos que él no quiera hijos. Y con el tiempo en que llevas consumiéndola, dudo que puedas darle un hijo de primeras.
La mudez le cortó las cuerdas vocales a Sigyn, la que ahora tuvo que hacer un esfuerzo realmente grande para no echar un grito de pura felicidad ante lo recién aseverado por su amiga de toda la vida. Sin embargo, echó una risa boba, agradeciéndole lo dicho y sugerido a Eir, a quien prometió ver uno de esos días.
- ¡Avísame cuando Theoric despierte! – dijo la criada.
- Sí, querida. Ya te aviso, por mientras yo cuidaré de él.
La mujer se despidió como la feliz criada pensaba en la solución a su problema: ahora sí podría entregarse a Loki sin temer un hijo tras su unión.
Suspiró y regresó al palacio, quizá lo haría esa misma noche. Sacar a Loki de su estrés como embajador de paz de Jötunheim. Durante el resto del día hasta el anochecer permaneció en el palacio de Odín, ayudando a preparar el nattveror. Y con apuro, porque ya llegarían los enviados de Jötunheim de regreso a Asgard. Sigyn pedía en su mente, mientras preparaba los aperitivos y platos, porque Loki llegara bien. Arregló los cubiertos, platos, adornos y demás artefactos.
Los esperados al fin llegaron al cabo de un rato. Sigyn pudo notar desde el inmenso balcón el rayo que los traía de vuelta, igual que la rotación rauda del esférico observatorio. Ahí se veía a la gran comitiva, retornando y siendo atendidos por los lacayos encargados de llevarles caballos para aminorar el evidente cansancio que venía acompañándolos de igual forma.
Esperanzada con hacer feliz a Loki luego de tan desapacible estadía - algo le decía que así había sido -, decirle que deseaba entregarse a él.
- Sus Altezas, el Príncipe Thor y el Príncipe Loki – anunció el vocero a la llegada de ambos próceres. Los nobles y guerreros hicieron una reverencia, mientras los príncipes pasaban.
Se sentaron como era costumbre. Y como siempre, las sirvientas se acercaron a los llamados de la realeza.
Sigyn no dejaba de mirar a Loki, el que parecía tener mucho frío, incluso con aquel abrigo arrogante que se había puesto por decisión propia. Se quitó los guantes de cuero marrón oscuro para comenzar a merendar el delicioso pescado.
- Seguro que han arreglado algo – pensó la rubia.
Fulla se quedó mirando a Sigyn, cuyos ojos denotaban un profundo sentido de absentismo de su deber, pese a que no fuese físico.
- ¡Sigyn! ¡Ve a la cocina a preparar el skyr! – susurró la mujer, dándole un empujón.
- Ya voy – dijo ella, llevándose unos cuantos paños a la cocina.
- ¡Y no olvides la leche agria!
- Sí, Fulla. Ya iré por ello – contestó Sigyn sin mostrarse descortés.
Se iba a dirigir al deber para preparar el römme, el nombre de la leche agria y el skyr, que asimilaba a un queso fresco muy blando. Sigyn trabajaba con los utensilios competentes a su elaboración cuando Löfn se le acercó.
- ¿Sucede algo?
- Eir te llama, dice que Theoric ya despertó.
- Cielos, ya voy allá – dijo ella, nuevamente recogiendo la cubeta repleta de frutos – toma mi lugar por hoy, te lo agradeceré.
- No hay problema. Ya lo hago – y tomó los utensilios para proseguir con el reanudado deber.
- Ya las veo – y se marchó.
Sigyn regresó con un poco de dificultad debido a la oscuridad propinada por la generosidad de la noche. Miró la luna creciente y sus estrellas, cuyo brillo ayudaba a la criada a continuar su travesía. La noche estaba fresca, ideal como para estar acompañada.
Pero no podía dejar de pensar en lo que Loki podía haber visto y pasado durante aquel primer día en Jötunheim. Y quizá por eso, era que sentía una presencia extraña a sus alrededores. Se volvió: no había nadie.
Prosiguió el trayecto con tranquilidad hasta llegar a la acogedora cabaña en donde le esperaba otra vez Theoric. Sin embargo, el joven no estaba. La cama estaba desecha como la olla aún conservaba agua hirviendo.
- ¿Theoric? – dijo ella, adentrándose en la casa. Entonces fue que pensó si se había ido. No lo vio en parte alguna, así que se adentró en su habitación. Sobre su cama se encontraba un gran libro de técnicas de sanación. La criada sonrió al ver que Eir había cumplido su promesa de pasarle un libro. Al índice del libro había una nota, venida de su amiga que decía que por favor le dijera cómo había sido el proceso de curación al príncipe Loki. Había algunas hojas en blanco para que Sigyn pudiese completar con su letra más técnicas con sus respectivas plantas medicinales.
Contenta y riendo, Sigyn hojeó el libro saliendo de su habitación. Pero pronto lo dejó sobre la mesa de madera para servirse la milagrosa semilla de apio con algo de agua tibia. Desató el cinto de cuero como soltaba su cabello. Nuevamente se sumergió en la lectura cuando la puerta que llevaba afuera se vio golpeada.
Sigyn se levantó de la silla, sin dejar el libro. Apenas abrió la puerta, el soldado que creía ido se había mostrado ante ella: Theoric le sonreía de manera seductora y con una que otra bribonada en mente.
- Hola, Sigyn.
- ¡Theoric! Qué hacías afuera… deberías descansar – le dijo ella, retrocediendo a medida que él la cercaba avanzando hacia ella.
- Esa infusión de lavanda fue… increíble. Ahora tengo buenas razones para saber que… Loki también tendría razón en quererte.
La hiel no tardó en quemarle el estómago a Sigyn por el nerviosismo de tal asertivo.
- ¿Qué estás insinuando?
- Sigyn… - pero antes de que pudiese añadir algo más, observó el objeto que Sigyn traía en sus manos. Le quitó éste de un tirón rápido.
- ¡Oye! – exclamó la joven muchacha, estirando las manos con tal de alcanzar su objeto - ¿Quieres darme mi libro?
Pero Theoric empezó a hojearlo.
- ¡No está completo ni bien ilustrado! Qué aburrido – se quejó el soldado.
- Ni siquiera lo estás leyendo.
- Los guerreros no necesitamos libros. Ni las sirvientas tampoco.
- ¿Acaso sabes leer?
- ¿Sabes tú?
- Sí. Eir me enseñó cuando era yo más pequeña – respondió Sigyn, encogiéndose de hombros.
- ¿Y con esto has sabido cómo curar a soldados y otras personas?
- Sí.
Theoric permaneció mirándola. Pero decidió articular una frase sexista.
- No es bueno que la mujer lea. Eso le dará ideas… le puede hacer pensar…
Aquel machismo le hizo enojar. Al fin recobró su libro para dejarlo en el estante.
- El hecho de que sea sirvienta no tiene por qué significar que soy analfabeta – aseveró Sigyn, intentando no caer en la vulgaridad.
- No, no. Sólo digo que con mujeres inteligentes podríamos…
- Con todo respeto, Theoric. No quiero que sigas hablando. Se ve que estás mejor, así que por favor vete a descansar.
El soldado se echó a reír.
- Te ves tan linda cuando te alteras, preciosa. No era mi intención hacerte enojar.
La tomó de la cintura suavemente, pero Sigyn le tomó de las manos.
- ¿Por qué haces eso?
- No confundamos las cosas, Theoric. Seré una sirvienta pero eso no te da derecho sobre mí o mi cuerpo.
- No me malinterpretes, amor. Sólo quiero… - empezó a inclinarse a su cara.
- ¡Theoric! ¡No!
- ¿Por qué no? Eres tan bella… ¿Tan pequeña y tan sola? – Susurró él – Mujeres como tú merecen hombres fuertes como yo.
- No, Theoric. Gracias, pero no.
- ¡Pero Sigyn! – Exclamó el guerrero - ¿Acaso no te gusto?
- ¡No!
- ¿Qué es? ¿Qué es de mí lo que no te agrada?
- No empieces…
- Puedo cambiarlo…
Sigyn se deshizo del apretón.
- ¡Ah! ¿Qué puede tener el príncipe Loki que no pueda tener yo? ¿Qué tiene él que te fascina tanto?
- ¡No hables más! – vociferó Sigyn.
- ¡Mírame Sigyn! ¡Yo estoy a tu alcance! ¡Por favor, deja ya de suspirar por él! Yo comprendería si fuese Thor con quien fantaseas, él es fuerte, noble... apuesto.
- Ante mis ojos no lo es.
- ¿Y te crees que el bastardo de Loki tiene lugar para ti en el corazón que tú crees que tiene?
- ¡Tú no lo conoces!
- ¿Ah no? ¡No necesito conocer a ese engendro! – Exclamó Theoric, tomándola de los brazos - ¡Odín le dio hogar luego de que Laufey le dio la espalda!
Aquello cavó un agujero de incertidumbre en el corazón de Sigyn.
- Así es, Sigyn. ¿No sabías acaso que Loki no es asgardiano?
Ella negó.
- ¡No es cierto!
- ¡Ja! Y dudo que siendo el repugnante jötunn que es en verdad pueda hacerte feliz si fueses su amante - siguió él – como también dudo que pueda hacer esto.
Los pulmones de Sigyn se cortaron de aire. Antes de que pudiese reaccionar, Theoric la asió fuertemente de los brazos para aplastar sus labios contra los de ella. La acorraló contra la pared, casi con violencia, la barba rasurada raspándole la suave piel de su cara.
- ¿No te das cuenta de que te amo? ¿Qué eres la mujer perfecta para mí? ¿Por qué admirarle a él cuando no te quiere ni te apreciará como lo hago yo? ¿Piensas acaso que puede pensar en desposarte? – Le hizo razonar él, vanamente - ¡Yo soy quien desea desposarte!
- No te conozco lo suficiente – se defendió Sigyn.
- ¡Pero podrás conocerme! Tenemos todo una vida para conocernos – e intentó besarla de nuevo.
- ¡Suéltame! – protestó ella. Reunió la fuerza suficiente para concentrarla en la mano y descargar un solo puñetazo a la barbuda cara del soldado.
El joven retrocedió varios pasos.
- ¡Maldita sea!
Sigyn se repuso respirando el aire negado por aquel beso forzoso, mirando la gran ventana que dejaba a la vista el bosque…
Cuando se dio cuenta de que Loki, frente a la ventana, había observado todo. Su rostro revelaba dolor. Sufrimiento. La criada entonces salió arrancando, al ver que él se daba en rauda carrera con tal mermar el dolor que sentía.
- ¡Loki! – exclamó ella, corriendo veloz tras él.
Pero él no atendía.
- ¡Loki, no! – siguió.
Lo siguió hasta el palacio. Nuevamente a la parte más oscura, similar a la bóveda de armas. Sin aliento, se detuvo mientras que el vituperado príncipe continuaba dándole la espalda. Él también se hallaba sin respiración.
- Loki…
Él se volvió lentamente tras ignorarla por un largo rato.
- ¿Por qué? ¿Cómo pudiste?
"¡No!", pensó Sigyn, dolida.
- Por favor, Loki.
- ¿Por qué? – Repitió él – sólo dime por qué…
Ahora Sigyn tenía los ojos colmados de lágrimas.
- No es lo que piensas…
Loki se acercó un par de pasos hacia ella.
- Te acercaste a mí… solo para lastimarme… - dijo con los labios temblorosos.
- ¡NO! – Aulló Sigyn rompiendo la helada distancia - ¡Eso nunca!
- Me engañaste…
- ¡No, no, no! – lloró Sigyn, dejando que un caudal de lágrimas fluyera por sus mejillas.
Loki volvió a darle la espalda.
- Yo que te amaba tanto…
- ¡Y yo también te amo! – le irrumpió ella, destrozada.
- Quería una vida contigo… - susurró dolido, con la mirada perdida.
- ¡Loki, escúchame! – le suplicó Sigyn, desesperada de dolor, tomándole del rostro - ¡No me interesa Theoric! Ni sus patéticas muestras de afecto hacia mí… tú eres a quien quiero, ¡No tendré a otro!
- No comprendes… un monstruo no puede unirse a una doncella.
- ¡No eres un monstruo! ¿Por qué me dices esto? ¿Acaso no significo nada para ti?
- Como no puedes permitirle la vida a un bastardo… la inocencia no desposa a la aberración. Está bien si quieres dejarme… no está bien que te ate a mí.
La criada hizo inútil intento de abrazarlo para decirle que aquello no era verdad. Pero todo lo que obtuvo fue un empujón, repleto de rabia, odio, ira… hacia él mismo y su verdadero origen.
- Precisamente es por esta apariencia que todo el mundo me odiaba… yo nunca lo entendí… hasta que Odín me lo confesó. Creía que estaba maldito… pero era algo peor que eso… nunca seré tan fuerte ni apuesto como Thor, y sólo me quedó mi deseo de venganza. Mi resentimiento era más fuerte que cualquier tormenta que Thor pudiese desatar.
- No digas eso. Es absurdo.
- ¡¿Y qué quieres que haga?! ¡¿Por qué crees que todo el mundo me trató así?! ¡No fue por pecado durante mi infancia, sino por la atrocidad de mi real origen! – chilló el dios, rabioso.
Otra vez Sigyn posó sus manos en sus mejillas, logrando retenerle esta vez.
- Enterarte de que no eres más que el monstruo al que se enseña a odiar y a matar a sangre fría, un botín de guerra, un trofeo… ser cazado y odiado sin comprender por qué… ser tratado sin ninguna compasión – dijo ahora, con la voz quebrada. Cuando vio que Sigyn estaba distraída, la asedió contra el pilar, acallando su grito con el llamarada verde sublimando de sus ojos – Sigyn…
Ella le miró, pávida ante el yugo esmeralda.
- Es… esto… es absurdo, Loki – dijo ella, apenas el terror le dejaba por un segundo articular débiles y vidriosas palabras.
Fue entonces que Loki se echó a reír, triste.
- Es más extraño de lo que pensaba. Imaginaba que no te atrevías a mirar o soportar…a esta criatura, este monstruo…me temía que era mi fachada de asgardiano lo que te atraía y mantenía adherida a mí. Pero… creo que no.
Sollozando y llorando a mares, la muchacha cerró los ojos, negando lo que Loki decía, argumentando que no tenía sentido para ella lo que estaba diciendo. Él suspiró dolorosamente. Se temía esto. Se alejó de ella, jadeante. Sigyn se encogió
- ¿Te parece que ahora no tiene sentido? – le preguntó el príncipe, dejando que el haz de luz lunar iluminara de mejor manera su figura, en especial su piel. Se desató un poco la chaquetilla con tal de que ella reaccionara.
La muchacha permaneció prisionera de la inmovilidad mientras veía que la piel de marfil de Loki se tornaba azul. Se cubrió la boca, muda de sorpresa. El dolido príncipe apretó los párpados. Esperó a que gritara al ver que esos ojos verdes tan fascinantes tomaban otro tinte: carmesí, como la sangre cruelmente derramada de inocentes por la mano de esos repugnantes seres a los que él pertenecía. Ojos malignos. Perversos. Diabólicos.
- Querido… - dijo ella, extendiendo la mano.
- Para cuando me preguntaste qué era lo que yo soñaba, no podía decirte ni hallaba palabras para confesarte... que entrabas a mi habitación como si nada, empezabas a tocarme, hasta que… nos íbamos a la cama y me hacías el amor apasionadamente.
Aquel descubrimiento hizo a Sigyn dejar de cubrirse la boca para continuar mirándole. Había dejado de llorar sólo para prestarle atención
- Y luego de que lo hacíamos... te confesaba que te amaba. Pero tú me abandonabas de la forma más cruel y fría que no creía que existiera. No entendía por qué era en ese momento. Sin embargo, al final de mi sueño me convertía en esto – se miró las manos y al espejo que se encontraba cerca - ¡En esta bestia horrible y asquerosa! – aulló lleno de rabia.
Caminó hacia ella otra vez.
- Pero… en la realidad te acercaste, y me dejabas saber que congeniabas con mis ideas – dijo él – me robaste un beso… y me dijiste que me amabas también. Sí, Sigyn. Sufrí bastante pero… - respiró hondo – no es tu culpa, acepta eso. ¿A quién culpo yo de mi maldición?
- No es una maldición, Loki.
- Comprenderé si quieres irte… no puedo forzarte a que te quedes conmigo. Sólo… vete – cerró los ojos, batallando el llanto – No puedes tener una eternidad de… esto – señaló su rostro con desprecio con su mano, enfático en el color de su cutis – ante tus ojos.
- No es verdad…
Esta vez Loki estalló.
- ¡Por el infierno, vete! ¡Sólo…vete! – chilló destrozando ante el pensamiento de que perdería su amor, que jamás la haría feliz, que gritara de pavor, que le chillara o le agrediera diciéndole que era un monstruo…
… y lo peor: compartir todo lo que habían vivido con otro hombre.
Pese a que no quería tocarla por miedo a lastimarla, caminó hacia ella, acercando su rostro y besándola, tal siendo su último beso.
Sigyn no le correspondió. Se quedó paralizada, pero asiéndole de los brazos.
- Loki…
- Vete… amor mío – se separó de ella, profundamente decepcionado al sentir que no le correspondía – te dejaré ir, puedes irte… pero no sé si pueda olvidarte – marchó, dándole la espalda. Adolorido, apenado, herido. No pudo más y cayó de rodillas, llorando.
Fue lo último que toleraría. Justo lo que más temía, se hacía realidad. Hubiera preferido morir antes que vivir para verse transido de dolor ante su asco. Nunca más vería amor ni afecto en esos ojos azules. Desde ahora en adelante sólo vería repugnancia, odio, terror al saber que ella se enteraba de su origen auténtico.
Si su mayor miedo era ése, había otro miedo más. Loki estaba absolutamente aterrorizado de pensar que Sigyn, en el entretiempo que se limitaba a poseerla con la mirada, podría temerlo como un rey y adorarlo como un dios más bien que amarlo como un igual. El solo hecho de pensarlo lo mataba.
Alterada, la criada corrió hacia él, inclinándose.
"¿Pobre criatura en tinieblas?", pensó Sigyn, afligida al acercarse, "¿Qué clase de mentiras y vida había conocido y vivido?" Sin embargo, sentíase impulsada por una fuerza y una valentía para decirle que no estaba solo. Que ahí estaba ella para protegerlo de cualquier daga para lastimarlo.
Ella le abrazó mientras Loki, ya sin fuerzas, se dejaba vencer.
- Tu origen no me causa horror – musitó la muchacha, acariciando el cabello del entristecido príncipe – te pido que no saques de mi boca palabras que no he dicho. Theoric me besó sin que yo lo quisiera, ¿No viste cómo reaccioné?
- No… - dijo él con un hilillo de voz.
- Crees que me da miedo tu herencia de gigante de hielo – afirmó ella – pero no. Había oído esas cosas de parte de las sirvientas y de Odín al conversar en una ocasión con Thor. Me negué al principio a darle crédito pero después pensé que no hacía diferencia si eras asgardiano o jötunn. Lo que a mí me importa es esto – dejó de abrazarlo para posar su mano cerca de la región donde se encontraba su corazón. Sin mirarla, Loki puso su mano sobre la de ella, para presionarla.
- ¿No entiendes acaso que lo de afuera no es importante? – musitó ella, ayudándole a ponerse de pie.
- Es distinto, Sigyn… no puedo hacer que te quedes conmigo.
- ¿Y quién dijo que quería irme?
- ¡Sigyn, mírame! Soy un gigante de hielo.
- Sí lo eres – dijo ella, clavando sus ojos azul verdoso que le habían robado el corazón a Loki – puedo notarlo – besó su frente.
El joven príncipe echó un suspiro de alivio.
- Supongo que eso… significa que no te marcharás.
Ella aprobó lo dicho.
- Y si me permites decírtelo, para ser un jötunn, eres muy hermoso – aseveró ella, mirándole más detenidamente.
Loki se encogió de hombros.
- Soy un jötunn, y no se supone que seamos seres dotados de belleza – susurró él, incómodo – sólo lo dices porque quieres hacerme sentir mejor.
- Loki, sabes que no miento. Yo siempre hablo con la verdad, lo sabes. Y he decidido que eres un jötunn muy hermoso a decir verdad.
Se encogió aún más.
- Juro que jamás voy a dejarte, ni en mil años – lo presionó más contra ella – prefiero la muerte antes de traicionarte.
Loki entendía, y sonrió al notar que no sólo no le hacía daño, sino que su piel retornaba a su nívea tonalidad.
- No merezco a alguien como tú.
- Sí, sí me mereces. Entiendo cómo te sientes, no te dejaré solo. No pienses eso nunca – volvió a besarle en la frente.
Era increíble, pensó Loki. No creía posible que tal bondad y amor existiera. Él no tenía derecho a hacerle eso, merecía algo mejor. Poniéndose de pie, la estrechó en sus brazos.
- No es justo para ti. Dime que él… no significa nada para ti.
- Shhh…- susurró ella rodeando su cintura con los brazos – estás en lo correcto. No es nada para mí. Sólo pierde cuidado y disfruta el momento – le besó en la frente.
Loki miró la noche al descubierto, sus ojos se cerraron mientras Sigyn se acurrucaba en sus brazos buscando calor y el completo convencimiento de que Loki no era un monstruo.
O así trató de hacerlo ella durante las noches que siguieron.
Pasó el tiempo. Sigyn continuaba negándose cortésmente esta vez a las peticiones de Theoric de que se casara con él. Loki continuaba divirtiéndose jugándole bromas y riéndose de él. Seguían con los asuntos de embajador de Jötunheim, pero el amor y el constante apoyo de la bondadosa criada que tanto quería lo hacían querer seguir adelante.
Y fue precisamente una noche en que decidió escaparse con Sigyn, deseando dedicarse un merecido respiro con ella. Para camuflarse, utilizó la forma femenina con la cual su amada se había encariñado bastante.
Aquella noche estaba muy fresca. Incluso calurosa. Un cielo cuajado de estrellas era el único testigo de aquellos morosos y locos momentos que compartían siendo él una mujer. No obstante, el príncipe acordó un encuentro en la laguna el muy miserable de Theoric había visto desnuda a Sigyn.
Una vez que se aseguró que el lugar era seguro y no había nadie que pudiese descubrirles, hizo una seña antes de salir al prado repleto de pasto. Para la complacencia de Sigyn, la forma de mujer de Loki sólo traía un taparrabos que traían hermosas y pequeñas cadenas que iban rodeando sus caderas con tal de cubrir el sexo propio de una fémina. El largo cabello negro que caía hasta más debajo de la cintura cubría sus senos, dándole un aspecto simplemente irresistible a los ojos de cualquier hombre que desconociera la verdad de su naturaleza. Y aquello era una suerte, porque Sigyn devoraba ya a su amante con los ojos, demostrando su agrado por él (o más bien ella) con una sonrisa.
Las indumentarias de la criada no estaban muy distantes de las de Loki. Sólo traía un pequeño vestido un tanto transparente, de un color blanco, con mangas hasta el codo. La muchacha corrió hacia ella, abrazándola y tomando su mano para destinarse al lugar establecido. Sigyn se dio una zambullida mientras él la seguía. Hundiéndose completamente en las frescas aguas ofrecidas por ese rinconcito tan íntimo en toda la grandeza de Asgard, Loki asomó la cabeza, respirando hondo y haciendo a un lado su larguísimo cabello negro como la noche más oscura. Sigyn se arrinconó contra la piedra de gran tamaño, aguardando a que Loki se acercara.
Cuando estaba cerca, admiró su hermosura, tocando suavemente las curvas de mujer de su cintura. Presionó su cuerpo contra el de ella, depositando un sonoro beso a los labios suaves y rosados de su amada, la que respondió con ternura deslizando sus manos por el pelo mojado y brilloso de la hermosísima mujer ante ella.
- No cambias, pequeña – comentó contra su boca y la joven enramó un poco sus muslos contra su cintura. Loki sonrió.
Sigyn recogió un poco de agua con su mano para verterla sobre la maraña azabache mojada.
- ¿Sabes que eres lo único que amo?
- Sí. Conmigo es igual – deslizó el dorso de su mano por el blanco rostro, disfrutando de esas únicas e irrepetibles facciones.
- Me alegra mucho que lo sepas – susurró confidencialmente – como también que no te molesta mi forma de mujer.
- Es preciosa – comentó ella.
Ambas mujeres rieron contentas, volviendo a plantar un beso en los labios del otro. Se separaron para retozar durante un buen rato como dos cachorros por el agua, chapoteando y echándose bromas para luego hundirse juntas en el agua, explorando el fondo que era iluminado por la luna llena.
Las manos de las mujeres se entretejieron, saliendo juntas del agua para tomar aire. Loki le obsequió una sonrisita maliciosa, echándole una pequeña ola de agua en la cara para distraerla, tiempo que él aprovechó para salirse del agua con tal de corretear en el césped.
- ¡Oye! – discutió Sigyn, saliendo del agua - ¡Regresa aquí!
Pero Loki sólo se rió de ella, burlesco. Mas la mujer logró alcanzar a la morosa que se había escapado.
- ¡Te tengo! – pió la muchacha, acorralándola bajo su cuerpo.
Loki la sostuvo de las caderas.
- No es una desazón, de todas formas – murmuró con los ojos cerrados.
La muchacha le sonrió dulcemente, resbalando su mano por la perfecta línea de su cuello. Pero antes de inclinarse sobre él, notó una serie de heridas en sus hombros y su cintura, que no se veían al estar sumergida en el agua.
- ¡Estás herido!
Loki abrió los ojos ante la exclamación de Sigyn.
- ¿Qué?
- ¡Que estás herido! – dijo ella, poniendo su mano en la zona herida.
El hechicero puso los ojos en blanco. Ciertamente no había funcionado el hechizo de cambia forma en lo que refería a sus heridas. Quizá eran demasiado profundas como para que el efecto mágico las absorbiera con esa apariencia nueva. Se sentó, estrujándose el pelo. Sigyn le abrazó por la espalda, mimándole a él y a su extenso y fino pelo negro azulado, le fascinaba su cabellera oscura; insuperable e incomparable.
Todo parecía tranquilo. Loki quería hacerse un poco más hacia atrás con tal de que ella aumentara sus caricias para embellecer el ambiente perfectamente inalterable cuando escucharon algunos galopes que iban aumentando de volumen a medida de que los segundos volaban.
- ¿Loki?
- Guarda silencio – le ordenó él, ondeando la mano.
Ambas mujeres permanecieron estáticas. Observando el sendero que traía a los jinetes que patrullaban por la seguridad de la ciudad, Loki se puso de pie para marcharse con Sigyn a cualquier otro lado, y fue entonces que ella pudo comprobar que la espalda de Loki aún poseía las espantosas cicatrices de los latigazos y arañazos de hace tiempo atrás.
- Rayos, ¿adónde vamos ahora? La guardia nocturna aparecerá aquí y si nos ven así nos irá muy mal – musitó él.
Sigyn miró hacia los lados y tomó al joven de la mano.
- Sígueme.
El príncipe disfrazado obedeció y caminó prudente junto a ella a una cabaña.
- ¿Estás segura de esto?
- Sí, sólo dame un segundo – cuchicheó la sirvienta, mirando por la ventana:
No había nada que temer.
Abrió la puerta que llevaba al hogar, indicándole a su amante sin decir palabra que se aventurara. Él hizo como tal sin abandonar la mano de Sigyn.
- Ven, iremos a mi habitación. Nadie nos molestará ahí.
El rostro de Loki se tornó tan rojo como una cereza.
- ¿Cómo?
- Que nos vamos a mi habitación.
Oh sí… esto tenía que ser una buena señal. Pese a que quería abandonar la forma de mujer para volver a su hombría, se conformó con estar semidesnudo con ella.
Palpando las paredes con una mano, Sigyn halló tras un rato de tantearla su recámara. Abrió la puerta cuidadosamente para permitirle el paso a su amante. Una vez con los dos adentro, Sigyn aseguró su habitación con todos los pestillos y candado que tenía. Estaban en completa oscuridad. Con un solo chasquido de sus dedos, prendió las velas que Sigyn tenía por costumbre dejar prendidas. Dejó que su largo cabello negro cayera nuevamente por su pecho.
Sigyn se quitó la delgadísima prenda que tapaba su cuerpo de adolescente, estrujándola arriba de la cubeta de agua para no inundar su habitación. La dejó sobre una silla para que se secara. Apartando el velo dorado que cubría su cara, se acercó lentamente a Loki, arrojándole los brazos al cuello. Se bebió sus labios.
La bella y amatoria penumbra provocaba a ambas mujeres un deseo especial. Loki deslizó sus refinados dedos por las curvas jóvenes. Sigyn fue bajando con suavidad por su cuello, su pecho, su cintura… cubriéndole con sus besos. Sus manos se afirmaron cuidadosamente a la lastimada y magullada cintura, estampando sus labios en el vientre pulcro. Dando una sacudida, Loki echó la cabeza hacia atrás de puro placer al sentir su pequeña boca besando su abdomen con los ojos cerrados.
- Sigyn… ¿Qué…qué estás haciéndome? – a lo cual ella arrojó una risita.
- Shhh… yo sé qué es lo que te gusta… y lo que quieres – musitó ella gatunamente mirándolo con incitación, y volviendo a besarlo para extasiarlo – Por favor, relájate. Me encanta esta forma tuya… y quiero disfrutarla. ¿O quieres negármelo?
- Nunca.
- ¿Entonces?
- Vuelve a lo que estabas haciendo.
- Como tú quieras – dijo ella, sonriente.
Loki dejó una suave risa fugarse de su boca, poniéndose ahora a revolverle la melena rubia. Ya que ahora al poseer una figura femenina, Sigyn tenía una idea clave de qué era lo que podía gustarle, dónde besar, dónde tocar para dejarlo débil y con los sentidos aturdidos. Lo sabía bien, como dejó en claro frotando y recorriendo sus voluptuosos distintivos. Trepó hasta sus pechos, que poseían rasguños también. Los besó y acarició con suma delicadeza para sanarlo. Loki jadeó asombradísimo, articulando suaves gemidos de excitación, susurrando su nombre, como una plegaria.
- Sigyn…
Jamás imaginó que ella podría hacerle tales cosas. Lo más agradable era que no se mostraba agresiva con él, sin lastimarlo, siendo considerada con él. Tan dulce, tan caritativa incluso al momento de darle placer. Era algo que no perdía jamás. Amaba esa inocencia, esa fragilidad, pero por sobre todo lo enloquecía esa confianza. Si hubiese adoptado esa forma con una de sus incontables y efímeras amantes, ellas lo habrían rechazado de primeras pero ella, su Sigyn, no dudaba en demostrar su adoración y amor hacia él con sus besos.
Ella ascendió tras depositar, por unos largos minutos pequeños besos a los ondulantes y rizosos vientre y torso, retornando a su rostro. El joven ataviado de hembra, la hizo tocar esas suaves concavidades puestas en su torso. La criada se impresionó ante el tacto inicialmente pero comenzó a familiarizarse a la exquisitez y suavidad de esos pechos fastuosos.
Aunque no fueran de una auténtica mujer.
- Vamos, querida… tócame… Me gusta.
- Sí… - musitó ella anhelante, haciéndole retroceder.
- Échate sobre la cama – pidió la criada.
Loki automáticamente obedeció. Recostó su cabeza sobre las blancas almohadas, entrecerrando los ojos con tal de atraerla a él. Extendió su mano hacia la de ella, mientras que el otro brazo lo ponía sobre su cabeza puesta a su vez sobre el blanco cojín que otorgaba más comodidad. Sigyn se relamió los labios al ver a su amante en esa sugerente posición… y además solamente con ese taparrabos… no podría vencer la tentación como tampoco quería resistirse. Parecía una ninfa, una diosa.
- Ven aquí, mi pequeña – clamó Loki. La llamada accedió afanosa, tomando afable la mano de él para continuar su prueba de su ferviente devoción.
- Me encantas – siseó ella, jugueteando con su nariz. Loki sonrió como un tonto.
- Sigyn… no vamos a…
- No, Loki. Quiero tocarte, eso es todo – aclaró ella, hincándose sobre él – ¿O no quieres?
- Por supuesto que lo quiero.
La sirvienta entonces volvió a besarle. Y Loki la apretó contra él, resbalando sus manos por la curvatura desnuda de su amada, sin dejarla ir.
- Qué bella eres, amor mío – suspiró Sigyn, olvidándose por un momento que era un hombre en realidad, arrojándole los brazos al cuello otra vez.
- Tú también lo eres, reina mía – apartó su pelo para besarla en el cuello y en la mejilla.
Por supuesto que lo era, definitivamente lo era. La mujer más bella que existía en los Nueve Reinos.
- Hace frío, vamos a abrigarnos – dijo ella, haciendo rodar su cuerpo sobre las sábanas.
Atada a ella, Loki abrió la cama tanteando una mano, y con la otra sujetando la espalda de Sigyn, para meterse con ella a ésta, sin deshacer el beso. Ardían de deseo por el otro, pese a que él no deseaba tomarla en esa forma. Pero como ella le dijo, sólo quería tocarla en esa forma. Y seguramente esto era una pequeña muestra de la sensualidad que ella le demostraría en su primera noche estando juntos.
Ocultos ahora bajo las frazadas de piel de oso y las tenues sábanas, la muchacha separó sus labios despacio para mirar a la mujer a la que amaba. Los besos lentos tomaron control del ambiente. Y más ahora que Sigyn le sujetaba tiernamente del rostro como las manos de ambas hallaban las sinuosas curvas de la otra, perdiéndose en ellas y lo que muchos considerarían una obscenidad, para Sigyn (y para él mismo) era un asombroso descubrimiento sobre ella misma.
Incluso con la oscuridad ahuyentada parcialmente con las velas, sumado a que la pareja estaba cubierta completamente por esas sábanas, Sigyn no perdía esa percepción perfecta de que aquel cuerpo enloquecedor y tan hermoso, ocultaba la esencia del hombre que tanto amaba. No estaban haciendo nada que tuviera que ver con relaciones íntimas, sólo se tocaban, se acariciaban pero nunca pasaba a otro nivel. Pero eso resultaba difícil de creer porque muy a pesar de la diminuta prenda que mantenía a raya el límite de la desnudez, las dos mujeres se hallaban sin ropa, prácticamente hablando. Enzarzaban sus lenguas, reclamándola mutuamente, luego se quedaban mirando sonriéndose… transmitiéndose confianza y cariño, diciendo sin hacer uso de palabras que todo estaba bien. Sigyn cerró los ojos, al tener la certeza de que era Loki quien le infundía y hacía sentir todas esas sensaciones y emociones encontradas la volvía loca de felicidad, haciendo que deseara llorar y gritar de alegría, expresando ese afecto y sentimiento con un fuerte abrazo, escurriendo sus manos en su espalda, como un aceite balsámico que podría curar esas marcas tan funestamente dejadas por completo.
Pero Loki se encogió de hombros ante el gesto.
- Ay – se quejó de dolor, dando un breve espasmo.
- Perdona – se disculpó la criada, alejando sus manos de la zona aún doliente – no quería…
- No te culpo, aún me duelen muchísimo – la interrumpió él para calmarla.
Sigyn asintió.
- Haré lo posible para hacer que desaparezcan.
- Amada mía – la tomó del rostro para continuar besándola, esta vez con más suavidad - ya has hecho que cierren. No tienes deber de hacer más. Sólo tienen que desaparecer.
Sigyn presionó suavemente sus muñecas que terminaban en delgadas manos.
- No digas más… - chistó ella, la atrajo para abrazarla – estoy aquí…
Se hizo un ovillo. Y Sigyn colocó su mano en su melena de abenuz. Loki suspiró desahogado de la tensión mientras se echaba sobre ella totalmente, sin temor alguno de que le importunara. Rodeó dulcemente su cuello con los brazos, hundiendo su cara en la manta dorada que coronaba su cabeza, la besó en la mejilla, haciéndola echar una risita. Las curvas ya durmientes de los cuerpos de las dos emparejadas apaciblemente se acompasaron en su respiración, gradualmente disminuyendo el ritmo cardiaco de las mujeres apasionadamente abrazadas sobre el agraciado desorden de las sábanas.
Parecían dos ninfas. Los cabellos tan diferentes de las dos hembras se mezclaron. Ébano y oro trenzándose gloriosamente. Ondas y lisura, piel de porcelana y marfil juntas. La bondadosa muchacha comenzó a desenredar el océano negro que Loki poseía por cabello, tarareando una que otra canción con tal de hacerlo dormir. Pero cruzó, sin romper el mágico halo que los tenía resguardados, sabidos de que aquello no duraría para siempre, las piernas en la parte dorsal de su cuerpo con tal de adherirse a ella aún más y no deshacerse jamás de ese vínculo, ese enlace tan íntimo.
- ¿Ya ves?– Decía Sigyn a su oído – Ahora no sólo tengo a un amo… tengo a un rey, tengo a un precioso jötunn ya una preciosa mujer a la cual amar todos los días de mi vida. Y ése eres tú – dijo ahora, acariciando su espalda.
Despertaron antes del amanecer y fue entonces que volvió a ver esos ojos francos, sinceros de su amada. Levantó su torso para elogiarla con su ojeada. Retozó su nariz con la suya, consiguiendo sacarla de su sueño definitivamente. La muchacha bostezó perezosamente, para después sonreír a los tiernos pero sensuales ojos verdes. Había dormido bien.
Creyó que este era el momento perfecto para comunicarle lo que quería decirle hace un rato. Pero ella le importunó con su inacabable ternura.
- Buenos días, mi señor – farfulló ella, cerrando los ojos otra vez, distrayéndole de su intención.
Él entretejió sus dedos con los de Sigyn.
- Buenos días, querida mía – le respondió él, inclinándose para obsequiar a sus labios un beso.
- ¿Estás mejor?
- Sí.
Se levantó de la cama para sentarse y estirar los entumecidos músculos. Sigyn le abrazó por la espalda, palpando sus hombros para envolver sus brazos en su cintura. Loki echó un suspiro.
- ¿Hay algo que quieras decirme, Loki?
El se dio vuelta a mirarla.
- ¿Qué?
- Que si hay algo que quieras decirme. Te noto algo inquieto.
- Lo estoy. Bastante.
- ¿Te sientes bien? – Preguntó ella, haciéndole mirarla, posando la palma de su mano en su frente.
- Sí, querida – dijo él, intentando no dar lugar a la agitación en su respiración.
Pero al descender su mano hacia su pecho, Sigyn comprobó lo contrario.
- ¡Loki! ¡Tú corazón late muy rápido! – exclamó ella horrorizada.
El joven inspiró hondo, indicándole que no se preocupara, logrando sólo que Sigyn aumentara su preocupación.
- Por favor, relájate… no sé por qué estás tan exaltado, pero por favor… cálmate.
Loki apoyó la frente en su hombro, buscando la tranquilidad que estaba haciéndosele ausente. Tras unos minutos de procurar la serenidad al fin logró reunir la fuerza suficiente para volver a hundir sus ojos verdes en los azul verdoso de ella.
- ¿Y bien? – le palpó en el rostro, echando su larguísima mata nocturna hacia atrás.
Él inspiró aire, hondamente esta vez.
- Sigyn… quiero que seas mi esposa…
Dándole la bienvenida al querídisimo mes de Marzo es como actualizo nuevamente el fic :D
Esperaría sinceramente y desde el fondo de mi corazón que les haya gustado esta nueva escena entre Lady Loki y Sigyn. Pero no querría que se la tomaran como una escena lemon. Que el lemon real ya se viene, se viene, eh? Sólo tómenlo como una escena plenamente yuri (pero más intensa y más hot que la del capítulo 20). Como han leído, Loki se sorprende pero disfruta de la "fogosidad" de su amada, dejándole con todo gusto de que Sigyn explore y acaricie su cuerpo, como queriendo sanarlo (Y encima diciéndole que tiene a tres personas que amar...) Esta metáfora implícita sobre las cicatrices que Loki tiene serán explicadas en el próximo capítulo... que se viene movidito... (¡Y con él terminando el capítulo pidiéndole la mano a Sigyn).
Sí, quizá a más de alguna la angustié con el beso que Theoric le ha dado a Sigyn y con la posterior confesión de Loki sobre su origen. A ella, como es obvio, le da igual si es asgardiano, jötunn... lo que a Sigyn le importa es su corazón. Loki al principio no se convence pero a ella le toma su tiempo convencerle de que no es así y de que no hay nada de qué avergonzarse :)
También se dieron cuenta de que Sigyn halló la solución a su problema: la semilla de apio es una planta (de muchísimas) que sirve para impedir el embarazo, según mi investigación algo le hace al útero que impide que sea fecundado... en fin, algo por el estilo. Todo esto debo agradecérselo a Anon89 por su comentario sobre el "Odinismo" y sus formas de impedir embarazos. ¡Gracias! ;)
Pues, hasta aquí las dejo mis hermosas lectoras! *0* Como siempre, les pido que me dejen un review, una crítica constructiva diciéndome qué les ha parecido :D
Y como no puedo faltar a mis promesas, agradezco enormemente a mi queridísima amiga Angie por hacerme unos preciosos cómics adaptados de este fic. Para ver sus trabajos dejo su página:
animax1990 . deviantart
Y me tomo el tiempo de agradecer a mis lectoras:
Angelinda, Anon89, Animax19900-DA, Mrs Moonlight26, Hachi06, Satiashade, Ma. Elena González (por facebook, gracias por tus PRECIOSOS y alentadores comentarios y críticas constructivas) y a mi maestraza y gurú que me introdujo al mundo de Loki/Sigyn... Valdemar (POR FAVOOOOR VUELVEEEEEEEE! *O*)
Bye, ;)
