Espero que estéis disfrutando de la lectura. Es mi primer fanfic y escribirlo me tiene absorbida. :-)

Después, en la laxitud tras el clímax, Sansa sacó el tema de Jorah.

"Qué pequeño es el mundo, ¿no?"

"Nadie lo diría después de haber recorrido miles de leguas," bromeó él, sonriendo sobre su cabello. "Pero tienes razón. La vida está llena de casualidades. Y de ponientis fugitivos."

"Nunca llegué a conocerlo en persona. Una vez escuché a mi padre hablar de él con mi madre. Me pregunté qué es lo que conduce a un hombre de honor a cometer un delito tan grave. Entonces no comprendía hasta dónde se puede perder la cordura por amor."

"Tu loco marido te ha hecho comprenderlo, ¿verdad?" Él le frotaba perezosamente la nariz contra la suave mejilla.

"Demasiado bien." Ella cerró los ojos y movió la cara para que él le besara el cuello.

Él gimió contra su piel y la vibración del sonido reverberó por el pecho de ella.

"Pero yo jamás te obligaría a infringir la ley. Nunca te forzaría a deshonrarte," declaró Sansa, con la voz dura. "Aquella mujer no amaba a Ser Jorah."

Tyrion se colocó encima de ella y fue dejando un rastro de besos sobre su pecho. A ella se le aceleró la respiración otra vez.

"La mayoría de los matrimonios no son por amor," murmuró él, sin interrumpir sus caricias. Sansa notó que el sonido de su voz grave aumentaba la sensación placentera.

"Pero él sí la quería." Ella empezaba a perder el hilo de sus pensamientos.

"Sí. Él la quería." Su boca ahora saboreaba el dulce vientre.

Sansa de repente se puso tensa. Él lo percibió y la miró a los ojos, inquisitivo.

"Tyrion... Si yo no tuviese derechos sobre Invernalia, si te dijeran que nunca serás el Guardián del Norte, ¿me querrías igual?," preguntó, con la inseguridad colocando una nube sobre el azul de sus iris.

Él se conmovió profundamente. Le tomó la cara con las manos. Sabía que ese gesto la tranquilizaba.

"Que se vayan al cuerno Invernalia y el Guardián del Norte. Eso no significa nada para mí sin ti. Sólo me importa en la medida en que a ti te importe y te afecte. Si algún día quisieras luchar para recuperar tu casa, yo te apoyaría. Si no, me da lo mismo. Con Invernalia o sin ella, sólo te amo a ti. Un castillo no puede darme lo que tú me das," dijo sonriente, para aligerar la intensidad de la emoción. Pero era importante que ella supiera la verdad ahora y para siempre. "Tú eres lo que siempre he soñado, Sansa. Lo demás sólo eran sucedáneos para hacerme la vida más soportable. Las putas, la bebida, las intrigas, joder a mi padre y a mi hermana... Me resigné a que eso sería todo lo que obtendría de la vida," dijo, con amargura.

"¿Y ahora?," preguntó ella, acariciándole el pelo.

"Sigo queriendo joder a mi padre y a mi hermana," confesó, mirándola con una fingida culpabilidad que la hizo reír. "Y me gusta el juego de tronos. Tengo bastante vanidad y una mente muy inquieta. Me atrae rebatir y vencer a otros en astucia." Calló durante unos momentos. "Pero ante todo, y con enorme diferencia, te quiero a ti."

"¿Tengo que resignarme a compartirte, entonces?," lo pinchó ella, divertida.

"Sólo de vez en cuando y fuera de la cama. Encima de este colchón soy enteramente tuyo."

"¿Sólo encima del colchón? ¿Y si quisiera que me follaras en otros sitios?"

"Te estás volviendo un poquito descarada, mi señora. Voy a tener que castigarte." Volvió a frotarse contra su vientre, mordisqueando juguetonamente.

"¿Cómo vas a hacerlo?," lo incitó ella.

Tyrion la penetró sin preámbulos. "¿Cómo crees tú?"

Ella lo rodeó con las piernas y lo apretó contra sí, como queriendo absorberlo de una vez y para siempre.


Se prepararon para partir y se reunieron con los demás en el corredor que comunicaba sus habitaciones. Jorah presentaba mejor aspecto esa mañana. Se había lavado, estaba sobrio y unas cuantas horas de sueño en una cama le habían sentado bien. Pod y Leena estaban frescos y rozagantes, y obviamente no se habían dedicado simplemente a dormir, al igual que Tyrion y Sansa. Ambas parejas se miraban sonrientes. Sus actividades nocturnas no pasaban muy desapercibidas.

Jorah los contempló con algo de desdén envidioso. Tyrion observó su expresión, divertido. Lo que este hombre necesita de verdad es tener a Daenerys Targaryen entre sus brazos. Sintió pena por él, precisamente por ser experto en amor no correspondido.

Tyrion se despidió de sus noches inolvidables en Tolos (por eso era por lo que recordaba vívidamente las ciudades en las que habían estado), y los cinco se dirigieron al puerto. El mercante del capitán Gilean se llamaba La estrella de la mañana (no había un solo barco que igualara en aspecto a la sonora belleza rimbombante de su nombre), era más pequeño que el Perla de Ghis y transportaba a escasos pasajeros. Ya eran pocos los que se aventuraban a ir a Meereen.

Gilean los invitó a bordo y Tyrion intercambió unas cuantas frases con él. Su temperamento era más comedido y menos tormentoso que el de su amigo Letho, pero imponía igualmente. Su mirada era cautelosa y la sonrisa no solía ascenderle hasta los ojos. Pero cuando se nombraba a Letho, se suavizaba.

"Es un tipo duro cuyo corazón no le cabe en el pecho." Tyrion pensó en que era extraño que ambas cualidades se conjugaran en una misma persona.

Todo quedó listo para la partida y cortaron el viento rumbo a la milenaria ciudad tomada por una muchacha a la que llamaban, entre otras cosas, Rompedora de Cadenas.