Los Personajes de este fic no me pertenecen. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.

Las escenas están separadas por una rayita_ y puede haber alteraciones cronológicas entre cada una de estas, los pensamientos están entre "comillas", las notas de la Autora, están puestas en N.A. al final del cada capítulo e indicadas con un *en el intertexto. Finalmente las referencias a frases u otras cosas estarán en "cursiva y comillas", Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos. Las cursivas en el texto también indican escenas de recuerdos, Flash backs que son muy momentáneos.

/voces de los personajes en altavoces y televisión/

AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay) al final del capítulo.


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Capítulo 20: El origen del Lobo y de la Diosa (Tercera parte)

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...

"Sentimientos Afines"

..

El Amanecer en Las calles de Hyrule City, hace 6 años…

Había seguido al chico sin siquiera darse cuenta, no sabía cómo pero se había obligado a si misma defenderlo, caminó de manera lenta hasta su casa escuchando que tras de ella caminaba a paso lento.

-"¡Cielos!, me está siguiendo ¿¡ahora que hago!?"- suspiró de manera temerosa y algo cansada, no podía haberle pasado algo más extraño.

Las calles desérticas se iluminaron a la luz del día, sentía nervios pero tampoco se arrepentía por nada, era sabido que al caer la noche nadie abría las puertas por temor a las creaturas, así te estuvieran comiendo o matando enfrente de alguna casa, estaba seguro que ninguna puerta se abriría, de no haberlo seguido, seguro que se lo habrían devorado.

Miro de reojo a sus espaldas, el chico caminaba de manera coja a unos cuantos metros de distancia como si estuviera herido.

-"¿Lo habrán mordido?"- la pregunta se quedó rondando en su cabeza, si eso era cierto era mejor que ni se le acercara, la esencia maligna de las creaturas de Twili podía llegar a ser muy corrosiva.

Aun así… miro hacia atrás y vio sus ojos tristes.

-Lo siento- susurro al tiempo que entraba a su casa por la puerta trasera, cerró las rejas y le dio la espalda.

Rinku se movió como pudo hasta los barrotes, se aferró a ellos con la poca fuerza que tenía.

-No te vayas… no me dejes- clamo de forma triste, estaba asustado y confundido, la había seguido instintivamente, cegado con la esperanza de encontrar protección a su lado.

Las lágrimas le nublaron la vista y su respiración se volvió tortuosa al tiempo que la veía entrar a su casa dejándolo abandonado. Estiro su mano a través de la rejilla como esperando a que lo viera y regresara para cuidarlo.

Pero ella no se viro en ningún instante…

Después de cerrar la puerta Zelda suspiró con tristeza, no sabía por qué le había dolido tanto dejarlo en la calle, lo había salvado pero ¿acaso no era suficiente?, entro en los elevadores sintiendo que se ahogaba. Balanceo hacia atrás la cabeza hasta que golpeo contra la pared del ascensor, en menos de lo que pensaba había llegado al piso treinta, entro a su alcoba y miro un desastre tremendo, al parecer su padre lo había saqueado todo.

Suspiró con mucho cansancio.

-Idiota… y no pudiste buscar simplemente bajo la cama- clamó sabiendo que su bate se había salvado.

Sorteo los obstáculos hasta llegar al balcón de su ventana, corrió la cortina y miro hacia afuera de forma triste, la vista del pequeño chico aferrado al cancel de su casa le partió el alma, se llevó las manos a los ojos intentando virase y llegar a ciegas a la cama, pero no avanzo demasiado antes de tropezarse con algo en el piso.

-Lobito… mira cómo te han dejado- susurró aferrándose a lo que quedaba del peluche de su madre, por alguna extraña razón en su mente visualizo la imagen de los stalwolfs, ¿Así habría quedado ese pobre chico? Cerro los ojos y cuando volvió a abrirlos un sentimiento extraño le había nacido desde el alma.

Afuera el frío comenzaba a sentirse de forma calante, Rinku permanecía aferrado a los barrotes.

-Regresa -susurraba de forma suplicante

Gimoteo un poco al entender que no volvería, se había quedado solo… completamente solo en ese mundo, la única familia que conocía acabada de desaparecer hacia pocas horas, y el ángel que había aparecido para salvarlo también parecía haber volado lejos.

Lloro en forma silenciosa, tratando de mantener la respiración calmada, no se había dado cuenta de lo helado que se ponía el clima hasta que la temperatura de sus lágrimas contrato alarmantemente con la piel de su rostro.

Sentía que ya no tenía fuerza.

"vete y cuida tu vida, no dejes que nunca nadie sepa lo que has visto esta noche", las últimas palabras de su padre rondaban su cabeza.

-Que nadie lo sepa- repitió por inercia mientras se le cerraban los ojos y su cabeza se estampaba contra las rejillas- que nadie lo sepa… nadie… saber….¿saber qué?

Se le había olvidado. Era como si su propia cordura lo defendiera, cómo si no le permitiera entrar en la locura del infierno de esa noche.

Comenzó a resbalarse de manera lenta y después de manera extraña abrió los ojos al sentir que la rejilla se abría, el cuerpo se le fue hacia adelante debido al peso muerto de sus fatigadas extremidades, pero unos brazos protectores lo recibieron con cariño.

Enfoco la vista tratando de volver al mundo externo y entonces irguió una sonrisa al volver a ver a su ángel.

-No tengas miedo- dijo ella mientras lo cubría con una manta.

Cerró los ojos y dejó que se le salieran las lágrimas mientras se aferraba a su cuerpo con vehemencia.

-Tranquilo… yo voy a cuidarte…lo prometo- le dijo al tiempo que lo abrazaba para tratar de ponerlo de pie.

A pesar de que seguía consiente se había vuelto pesado igual que una roca, y Zelda tuvo que hacer un sobreesfuerzo para llevarlo a los elevadores, entro de forma furtiva cubriéndolo completamente con la manta.

Menos mal que apenas si daban las siete y los guardias todavía no empezaban su recorrido, el centinela que montaba vigilancia en la noche siempre se quedaba en la entrada principal, en parte porque era medio flojo, pero también porque era listo y sabía que estaría más seguro en aquel sitio.

Cuando llegaron al piso treinta, la pobre Zelda ya se había quedado sin aire, tiro al pobre chico en el sillón más cercano y después se desplomo en el suelo sintiendo que se asfixiaba.

-Ay ¡Diosa Hylia!, te juro que nunca más vuelvo a hacerlo- clamo de forma un poco graciosa.

No sabía que de verdad nunca más volvería a hacerlo, que ese pequeño apoyo se revertiría para toda su vida, que ese pequeño chico la cargaría en brazos para siempre y que la defendería con toda su alma por sobre todas las cosas.

Suspiró tomando nuevamente el aire, su rescatado se había desmayado de forma inevitable, su cuerpo estaba frío y su respiración sumamente descompensada, ella lo miro con cierta ternura y después de cobijarlo y prestarle su almohada se puso a reacomodar sus cosas.

Era preocupante que no despertara y por algún tiempo sintió cierto miedo, aunque poco a poco había comenzado a adquirir color nuevamente.

Cerca del medio día escucho que una sirvienta le tocaba la puerta, contesto desde adentro pero no la dejo pasar en ningún instante.

-Su padre la busca.

-Enseguida voy.

Esperó a que se fuera y después salió cuidadosamente cerrando la puerta con llave, adentro había dejado una nota en caso de que él despertara y se sintiera confundido.

"Por favor no hagas escándalo, regresare en cuanto pueda. Hazme un favor, nadie puede verte, sé discreto"

Bajó unos cuantos pisos y después tomó valor al entrar en las oficinas, su padre la esperaba sentado en silencio.

-Dime- clamo con nervios al tiempo que se sentaba frente él.

-¿Por qué intentaste suicidarte anoche?

Ella inhaló profundo. Y esperó una respuesta, él encendió una pantalla que tenía cerca.

-¿Tienes idea de lo blanco que se puso el guardia de este turno al enseñarme esto?.

Zelda trago saliva, "Genial" pensó, había olvidado por completo el sistema de vigilancia del edificio, la cámara que daba a la parte trasera mostraba parte del pasillo externo y también un extremo de la reja, una pequeña barda en el resto del pasillo cubría la vista pero aun así, la cámara la había captado salir durante la noche y sin protección alguna.

Él mascullo por lo bajo con un sonido tenue que casi casi parecía un rugido en una voz gutural llena de desprecio.

De extraña forma Zelda logro notar que semejante agravio no iba dirigido contra ella.

-¿Por qué?- volvió a preguntar con voz firme.

-¿Por qué…?- repitió ella- ¿A caso te importa?... no pensaba volver, pero no tengo a donde ir y además… anoche vi cosas horribles.

-¿Qué cosas horribles? ¿Te topaste con las creaturas?

-Si…

-Tienes suerte de haber vuelto con vida. ¿Por qué crees que no me importa?

-Anoche me trataste como basura…- dijo sintiendo que la voz se le quebraba.

Él bajó la vista, tenía poco claras las cosas que habían ocurrido, la rabia lo había cegado pero no iba a admitir que se había equivocado enfrente de su hija. Adelanto la grabación sin prestar demasiada atención a los detalles.

Ella se levantó lentamente porque no deseaba estar a su lado, en el último año había desarrollado una intolerancia tortuosa a su presencia que ni ella misma se explicaba, era cómo si su cuerpo entero lo rechazara de forma inherente.

Nuevamente los ojos de él se clavaron en la pantalla cuando la vio entrar a la casa, no le había puesto demasiada atención a esa parte la primera vez que había visto el video pero ahora erguía una ceja al observar que ella volvía y cubría algo con una manta, no alcanzaba distinguir exactamente lo que era porque la barda que daba a ese preciso sitio le tapaba la mayor parte de la vista.

-"¿Qué es eso?... ¿Sera un perro?... demonios, bien sabe que odio a los animales"- la miro con cierto recelo mientras ella salía, pero en ese mismo instante algo ablando su frío corazón de piedra, en el momento en el que Zelda abrió la puerta la vio limpiarse las lágrimas, había estado llorando en silencio sin que siquiera él se diera cuanta.

Suspiró de manera pesada, era tan probable que en ese momento tuviera a un "callejero" en el piso treinta de su edificio, porque ella le había insistido tanto pero él siempre se había negado a darle uno.

-Zelda- la llamo de forma firme antes de que ella abandonara la estancia.

Se detuvo pero no se viro a mirarlo, ni tampoco le contesto de forma sonora.

-Voy a cómprate uno nuevo… ya sabes, de raza. Por favor tira esa cosa que tienes arriba.

Parpadeo un par de veces de forma confundida "¿de raza?", tal vez se estaba disculpando por casi haber hecho pedacitos al gran lobo.

-Nuevo- susurró- ¿Así es como lo arreglas todo?- clamo en voz bajita- No gracias… no quiero y no te preocupes… yo… voy a coserlo de nuevo, lo voy a arreglar para que vuelva a sonreír cómo siempre.- le dijo aún creyendo que hablaba del peluche.

Él volvió a suspirar de forma pesada, no había entendido mucho de aquello, solamente el hecho de que ella había dicho "NO" de forma casi tajante. La miro marcharse directo al comedor y la siguió de manera lenta.

El desayuno transcurrió en silencio, el abuelo Gustaf no se presentó ese día lo cual hacia que la comida fuera más incómoda de lo que solía serlo siempre, aunque de alguna forma se sentía realmente hambrienta y no tomó demasiado en cuenta ese detalle, tal vez por toda la adrenalina de la noche pasada y el hecho de que tampoco había dormido mucho.

-Hatoru- llamo a la sirvienta de forma amable- ¿me traes otro plato?

-Por supuesto señorita, hoy tiene mucho apetito.- contesto de forma graciosa, era una chica alegre con curioso pelo color albino y unos grandes ojos azules que parecían reflejar el mismísimo cielo. Dentro de la servidumbre era quizás la única que no trataba a Zelda con indiferencia y por eso a ella le gustaba pedirle favores un tanto personales, al inicio no atinaba el ¿por qué? aunque después de todo ambas eran Hylians y parecían compartir la curiosa cualidad de ser demasiado soñadoras y también de que las restringieran constantemente a causa de eso.

-Ah, sí, tráemelo en una bandeja, también con agua.

La sirvienta irguió una ceja de forma confundida pero atendió la orden de forma inmediata, su padre la miro con cierto fastidio, a esas alturas ella suponía que él sabía lo que pasaba porque la cámara de video lo había captado todo, lo extraño era que todavía no le hubiera reclamado, pero tampoco deseaba hablar con él acerca de ese tema.

Cuando Hatoru volvió ella se levantó enseguida y tomó la bandeja para llevársela a su cuarto.

-Sería mejor que le dieras comida para perro.

Se crispo ante el comentario y por alguna razón sintió rabia desmedida.

-Eres un grosero. ¡Y no sabes nada!- gruño mientras se marchaba.

¿Por qué le había dicho eso? ¿A caso tan poco valor le otorgaba a las otras personas?, suspiró de manera cansada y al llegar a su cuarto abrió la puerta con algo de nervios.

Adentro su invitado seguía dormido.


El viento gélido era lo último que recordaba, después a un ángel que había caído del cielo y ahora una tierna caricia sobre su cabeza.

Abrió los ojos con un poco de desgana y lo primero que vio fueron esos tiernos ojos azules y esa bonita mano acariciándole la cabeza.

-Despierta- susurró ella.

Se levantó bastante confundido y miro a su alrededor con algo de miedo.

-Perdona.. es que ya paso mucho tiempo y seguro que tienes el estómago vacío, puede hacerte daño ¿sabes?, anda ven y come algo- le dijo tendiéndole la mano e invitándolo a una pequeña mesita que había en el centro de la estancia.

Nuevamente su mirada se llenó con cierto miedo y una solitaria lagrima resbalo por su rostro, ella daba por hecho que no sería nada fácil, quien sabe que rayos le habría pasado, ¿Por qué había estado él en plena noche? ¿Solo?

-Anoche- susurró él, pero la voz se le fue en ese mismo instante.

-Casi te comen- musito ella

-Casi- repitió cómo por instinto.

Las imágenes volvieron poco a poco a su cabeza susurró "fuego" varias veces a modo de trance, ella lo miro con tristeza, no sabía porque le dolía tanto verlo de esa forma, era como si sintiera su propio dolor aun sin conocerlo.

No logro hacer que probara bocado y simplemente lo miro moverse hasta la ventana más cercana para quedarse viendo el firmamento, era cómo si su mirada se hubiera perdido en otro mundo, en uno muy, muy lejano. Durante la mayor parte de día lo observo llorar en silencio sin decir ni una sola palabra.

Hatoru volvió a llamar a la puerta y Zelda le dio el "pase" sin preocuparse demasiado. La sirvienta se sorprendió al ver al chico sentado tristemente en el balcón de la ventana.

-¿Puedes traerme otra cosa?, no sé... tal vez eso no le ha gustado- dijo apuntando a la bandeja de esa mañana.

-¡Su padre sabe de esto!

-Sí, ¿No lo escuchaste?- le dijo bajando la voz lo más posible- me dijo que le diera comida de perro, ¡Es un grosero!

-¡Vaya!- clamo en el mismo tono de manera baja.

-¿Serás mi cómplice Hatoru? Dile que ya me he desecho de él, porque de lo contrario estoy segura que viene él mismo a echarlo.

La sirvienta asintió con la mirada y después sacó la bandeja para tráele algo nuevo.

Por primera vez en mucho tiempo Zelda se sentó en balcón junto a su protegido, le acaricio el rostro de forma tierna y le limpio las lágrimas, Rinku parpadeo de forma sorprendida saliendo del trance en el que se encontraba.

-¿Qué te paso?- pregunto sin rodeos

-Se quemó todo- respondió con tono triste.

-¿Y tu familia?

-Las creaturas de Twili…se los comieron a todos… soy el único que queda.- contesto con la voz quebrada.

La sangre de Zelda se puso helada, por muchos escenarios horribles que había pensado nunca se imaginó que se enfrentaría a uno como ese, había intuido que estaba asustado, que tal vez se había perdido y que se había terminado por llevar un buen susto anoche, creía que lloraba porque tenía miedo, pero ahora sabía que lloraba porque en su corazón tenía un dolor demasiado profundo, recordó como había llorado ella cuando su madre había desaparecido pero por lo menos tenía la esperanza de volver un día a encontrarla, no creía que de verdad estuviera muerta hasta que alguna evidencia le mostrara lo contrario.

-¿A todos?- pregunto sintiendo que la voz también se le quebraba.

-Todos- musito él bajando la mirada.

De pronto de la nada sintió que ella se aferraba a su cuello abrazándolo tiernamente, abrió los ojos de forma confundida porque nunca en su vida una chica lo había tratado con tanto cariño, la sensación se volvió cálida y acogedora, y el dolor de su corazón desapareció por unos instantes.

Y Zelda tenía tantas ganas de llorar, la noche pasada había arriesgado su vida por una pelea con su padre, sentía que no tenía nada, aunque la verdad era que eso solo eran hechos concretos a medias, todavía tenía una casa y una familia, amaba a su nana Impa cómo a una hermana y su abuelo Gustaf siempre le había dado cariño, era cierto que el último año había sido horrible, pero no se imaginaba que hubiera otra persona sufriendo tanto, tanto. Él lo había perdido todo y no sabía porque pero en ese preciso instante sintió su soledad como si fuera suya.

Lo escucho suspirar de manera acompensada y entonces se separó para mirarlo un poco, parecía cómo si hubiera recobrado el aliento.

La puerta de la habitación se abrió de forma queda y Hatoru entro para dejar la nueva bandeja.

-Aquí tiene señorita, le he dado a su padre su recado.

-¿Te ha creído?

-Creo que sí, aunque parecía tener una cara incrédula, cómo si no creyera que usted le había hecho caso.

-En fin- susurró- Gracias- le dijo y ella hizo una reverencia la marcharse.

Por primera vez Rinku pareció notar el ambiente, miro acomplejado la enorme habitación en la que se encontraba y también lo lujosas que parecían las cosas. ¿En dónde rayos estaba?, ¿En qué lugar tan extraño había quedado varado? Miro de manera tonta hacia el exterior del balconcillo y termino por darse cuenta de que estaba más alto que cualquier sitio que hubiera pisado jamás en la vida

Recordó vagamente haber escuchado la anterior conversación entre la sirvienta y Zelda y comenzó a ponerse un poco preocupado.

-¿Te estoy metiendo en problemas?

-¿Qué?

-¿Tu padre se ha enojado por mi culpa?, tal vez sea mejor que me vaya.

-Mi padre se ha enojado, pero no por tu culpa, él vive enojado con el mundo.- clamo de forma un poco dolida- Por favor no te vayas, no tienes a donde ir ¿o sí?

-No- susurró bajando la mirada- pero no quiero causarte problemas… perdóname yo… no sé ni que fue lo que hice, tenía miedo y mi cuerpo reacciono solo, no sé porque pero seguirte me dio algo de consuelo… estuvo mal…yo...

Nuevamente lo abrazo de forma tierna.

-No te vayas. Está bien que me hayas seguido, todos tenemos miedo, eso es normal, no sientas culpa por algo que no es malo. Además- le dijo mientras lo soltaba- te dije que te cuidaría, no debería de romper una promesa.

-Está bien, no tienes por qué cumplir eso, ya… has hecho demasiado. Gracias por salvarme- irguió una ceja de forma curiosa y después la observo de manera atenta.

Zelda sudo casi en frío porque él no dejaba de retenerle la mirada.

-¿Qué?- pregunto finalmente completamente atolondrada.

-Es que… pensé que eras un ángel*.

-¡Un Ángel!

-Una diosa- susurró él con admiración desmedida.

-¿Qué?

-Es que, apareciste en medio de la noche, de la nada, y con un sólo golpe mandaste a volar a esa creatura.. fue… increíble.

-Sí, tampoco sé cómo hice eso, supongo que el amanecer ayuda.

-Pero…- clamo poniéndose pensativo, volvió a verla de reojo y se puso un poco nervioso al estirarle la mano.

Ella la tomó por inercia y él sonrió de manera cálida.

-Eres una persona.

-Si- musito ella entre una pequeña risita.

-Entonces, ¿Qué hacías allá afuera?... eso, no tiene sentido.

Dejo que se le saliera el aire como si la hubieran desinflado.

-Es una historia triste… aunque no tan triste como la tuya.

Rinku se quedó sumamente pensativo, de pronto había surgido un silencio incomodo que quedó relegado por un curioso sonido, el pobre chico enrojeció de buena manera.

-Vaya fiera que llevas dentro- clamo ella riendo al escuchar lo fuerte que le rugía el estómago.

-Lo siento.

-Es que no has desayunado nada.- asintió ella de forma triste.

-Ni tampoco había cenado.

-¿No?

Negó con la cabeza de forma vehemente. Zelda supuso que había sido culpa de aquellas creaturas, aunque por seguridad no se arriesgó a tocar el tema, el pobre chico apenas si comenzaba a reaccionar de nuevo como para que ella le recordara eventos dolorosos.

Lo tomó de la mano y lo obligo a que comiera, y mientras tanto le conto su rara historia.

-El Lobo- susurro él virando la vista hacia el peluche mientras volvía a masticar un trozo de panecillo- pues sí que quedo mal, pero, ¿es que él no tiene sentimientos?

-No sé… a veces creo que los ha perdido, desde que desapareció mi madre ya nada le importa.

-Lo siento.

-Yo también lo siento, pero no creo que este muerta.

Nuevamente él desvió la mirada hacia el balconcillo, el cielo era cálido y hermoso muy diferente al de la noche pasada e incluso al de esa mañana. Era difícil creer que alguien mantuviera la esperanza durante tanto tiempo, pero los ojos de ella parecían no tener confusión alguna cómo si en lugar de una esperanza aquello representara un hecho concreto.

-Seguro que si- dijo con la mirada perdida- seguro que ella vuelve.

-Verdad.

-No cabe duda.

De pronto alguien había tocado la puerta, la voz del otro lado sonaba preocupada, pero cuando Zelda la escucho le dio un terrible escalofrió.

-Zelda. Abre.

-¡Impa!- mascullo desde lo bajo- ¡Diosas!, ¡seguro que ella si me mata!- clamo levantándose como un resorte.

Tomó a Rinku de la mano y el pobre chico abrió los ojos como platos cuando ella lo paseo por toda habitación de forma desesperada.

-Seguro que va a decir que esto algo indecente o cosas por el estilo- mascullaba arrastrándolo a todos lados- debajo de la cama ¡No! Es muy obvio, ¡En el armario!, no, no, no, ¡hay muy poco espacio!, ¡En el baño! ¿Diablos acaso estoy loca? Es el primer lugar en el que buscaría.

-¿Zelda?- la voz volvió a escucharse desde el otro lado de la puerta.

"¡kyyaaa!" musito desde lo bajo tratando de ahogar el grito, el pobre Rinku ya estaba completamente mareado cuando Zelda dejo de girar como loca y de repente enfoco su vista en el gran Lobo.

-¡Tengo una idea!- clamo triunfante.

-¿Qué?- preguntó el pobre chico con los sentidos completamente confundidos.

.

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Continuara...

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N.A.:* "Un Ángel", ya saben, cómo la representación de la diosa Hylia que se encuentra en la isla de Neburia (Altarea).

"Dato curioso": El otro día encontré a Hylia jajaja ¡En serio!, a ver si después me dicen que ya estoy alucinando pero… en mi clase de religiones prehispánicas, cierto tema se desvió hasta las primeras religiones del mundo, en Sumeria (o Sumer como muchos le llaman) hay una diosa que se llama Inana, el maestro nos puso una diapositiva con su imagen y ¡Vaya! Es realmente la representación de la Diosa jajaja. Es como el Neburi que según eso está basado en un ave real llamada Balaeniceps Rex x3


Comentarios del Capitulo:

¡Al fin!

jajaja, no en serio, ¡Al fin!

De veras perdón por eso, y me disculpo cómo después de dos semana jeje xD, pero bueno el pobre capitulo tuvo la mala suerte de quedarse atrapado en mi computadora la cual estaba completamente muerta, la buena noticia fue que a pesar de que trono, nada le paso al disco duro ;)

...

Y bueno pues estaba medio llorando, saben, este tipo de capítulos nacen de una inspiración concreta, me gusta escuchar la música de Yasuharu Takanashi mientras escribo esta clase de cosas... woohh que triste TT_TT, pero no se preocupen, incluso si Link perdió muchas cosas esa noche también encontró a la razón de su vida, claro que por aquí Zelda es un poquito mas abierta con sus sentimientos, pero recordemos que a esta edad ni siquiera pensaba en los dilemas del compromiso jajaja por eso no vivía tan acomplejada xD.

Espero no volver a pausar este fic tanto tiempo y bueno en el siguiente episodio si que van a entender porque al final de cuantas Link se convirtió en El Lobo del Crepúsculo.