15 de mayo de 2012
Capítulo 20
Estaba lloviendo a cántaros cuando por fin llegaron al restaurante. El valet parking del establecimiento le saludó con un ademán de la cabeza mientras le entregaba las llaves y cubría a su novia con un paraguas.
-Buenas noches, señor Black.
La voz le sorprendió, pero después sonrió con tristeza. Esa mujer que estaba frente a él parecía un cadáver viviente, y lo que le producía mayor escalofrío era el extremo parecido al de su novia.
-Evelina –hizo una reverencia, saludando con un beso en la mano a su cuñada-, es un gusto ver que estás un poco más compuesta.
-Pesaba cuarenta y dos kilos y ahora peso cuarenta y siete, gracias –sonrió, señalando el interior.
-¿Qué haces aquí, Eve? –Beata tomó el brazo a su hermana gemela menor y la arrastró al interior del restaurante.
Sin embargo, Teutates se detuvo al ver una extraña silueta dibujándose lentamente en el piso cerca de él. Eso era una sombra, quizá alguien se estaba acercando. Hizo caso omiso, aún y cuando había sentido una extraña presencia.
Fue por esa razón que no vio la silueta materializarse, ni aquella hilera de blancos y filosos dientes que se desvanecieron de pronto.
"Necromante"
Harry se encontraba confundido, Hermione se veía realmente consternada mientras parecía querer decirle algo. Hacía unos instantes había ido a su celda y lo había instado a que la acompañara al ministerio.
-Tuve qué decir la verdad –Hermione se detuvo en la chimenea custodiada de Azkaban-. Tuve qué decir que quien ha estado cometiendo todos estos atropellos es Teutates Black, el tataranieto de Lord Voldemort. Todo el mundo está sumido en caos –sus ojos arrasaron en lágrimas-, ya no puedo más. Es demasiada presión. Y después de todo no he podido proteger a tus seres más apreciados.
Hermione lanzó los polvos flú, pero no pronunció palabra alguna.
-¿Soy libre entonces? –Harry recibió la afirmativa de la bruja- Si es así... –apretó los puños-... Teutates Black deberá prepararse para la guerra.
-Hay algo más que no te he dicho, Harry...
La bruja le pasó el periódico, ocasionando que el moreno diera un paso atrás y negara con la cabeza, respirando agitadamente.
-Es una broma, ¿verdad?
Ella negó.
-¡Por qué! ¡Por qué está haciendo todo esto Teutates! ¡Por qué! –Harry desgarró el periódico por la mitad, moviéndose por toda la habitación como un león enjaulado- ¡Primero lo arrebató de mis manos y ahora...! ¡Qué fue lo que pasó! ¡Cómo pudo entrar a la mansión si estaba tan custodiada! ¡Por qué no lo cuidaron lo suficiente!
Hermione le miró con reproche, pero también con comprensión.
-Está en San Mungo, parece que lo peor ha pasado.
Ella le sonrió, colocando una mano sobre su hombro.
-¡Maldita sea, Draco! –el moreno golpeó la pared, sacando sangre de sus nudillos- ¡Siempre te las ingenias para dejarme atrás! ¡Maldito bastardo! ¡Imbécil!
Cuando llegó a la habitación de Draco, Astoria le miró con enfado, pero le permitió pasar. Se sentó a un lado del rubio, quien tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad.
-Todo esto es tu culpa, Potter.
Ella escupió las palabras, mirándole con resentimiento.
-Desde que tú llegaste a su vida él dejó de sonreír.
Harry parpadeó, sorprendido por las palabras. ¿Se refería a que le había dejado de sonreír a ella?
-Tú deberías estar muerto.
Astoria pronunció, molestándole. Pero contrario a lo que pensaba, decidió callarse, tratando de comprender el dolor que también ella estaba sintiendo.
Desde que Draco había quedado postrado, se sintió culpable por no haberle dado una respuesta. Quizá si hubiera detenido al rubio en aquella ocasión, Teutates Black no lo habría dejado en estado catatónico, y sin embargo, ahora ya no estaba seguro.
-Perdóname por no confiar en ti.
Susurró, en el oído del rubio, quien sonrió.
-Nunca lo haces, Potter.
El rubio también susurró, sorprendiendo a su esposa y al moreno.
-¿Estabas despierto? –Astoria le reprochó.
-Acabo de despertar –el rubio dejó escapar un suspiro-, y no fue un agradable despertar.
Volteó a ver a Harry, afianzando con poca fuerza su mano derecha.
-No te vayas de mi lado, no desaparezcas.
Astoria les miró con dolor y después se levantó.
-Ojalá te mejores pronto, Draco.
Ella salió, dejándolos solos.
-Pensé que morirías –Harry sintió el llanto pugnando por derramarse, pero lo contuvo.
El rubio sonrió con dolor, mirándole detenidamente.
-Yo soy quien tiene más miedo de que te vayas.
Ambos se quedaron mirando a los ojos, hasta que alguien llamó a la puerta. El moreno susurró un: "adelante" y James Potter entró a la habitación, mirando a su padre y después a Malfoy.
-¿Puedo hablar a solas con el señor Malfoy, padre?
Potter asintió, levantándose de su asiento.
-Esperaré en la cafetería.
El mayor de los Potter salió, dejando al rubio y al castaño en un profundo silencio.
-Señor Malfoy, ¿ha descubierto ya cuál es la razón por la cual Teutates Black ha estado asesinando?
El rubio palideció más de lo que ya estaba.
-La ministra duda de usted e incluso pienso que podía dar su brazo derecho tan sólo por apostar que usted es quien está detrás de todo esto.
Draco sonrió después, mirándole con un poco de tristeza.
-¿Quieres saber la razón por la que me quiere, James? –el chico asintió- ¿De verdad quieres saberlo?
-¡Por supuesto!
Malfoy le miró detenidamente, constatando la confianza que pudiera tenerle.
-Debes guardar el secreto hasta la tumba, pequeño –Draco levantó un poco la mano, apuntándole-. Las palabras vienen y van, pero éste secreto hasta la tumba has de guardar, porque si llegases una vez a fallar, nunca más en la vida volverás a hablar.
James parpadeó, seriamente confundido al escucharle conjurar aquello.
-Había olvidado algo importante –Draco miró por la ventana-, supongo que fue por el duro golpe que me llevé cuando él intentó arrebatarme mi alma, o quizá fui yo mismo quien me prohibió revivir aquel momento. Teutates se siente culpable por una muerte y a juzgar por todas sus acciones, ha intentado revivir a su novia fallecida, en vano.
James tragó saliva en seco.
-Él me quiere a mí, no sólo por mis conocimientos –Draco sonrió, mientras se llevaba ambas manos al rostro-, sino porque yo tengo lo que él necesita para revivir a los muertos, las artes oscuras ancestrales.
-¿Pero por qué está matando a tantas personas?
-Es muy simple, niño –sonrió-, no importa cuántas almas ofrezcas para traer de vuelta a una persona, siempre tienes qué dar algo a cambio del mismo valor y sin embargo, esas almas no tienen valor para ti. La piedra filosofal contiene muchas almas e incluso es capaz de convertir el plomo en oro, pero no es lo suficientemente poderosa como para traer a la vida a alguien. Un alma es mucho más valiosa de lo que imaginas. De hecho, algunos teólogos, afirman que el alma es una parte del Dios Supremo Omnipotente, la cual regresa y se une a él cuando el cuerpo muere y el espíritu suelta el alma, la energía que hemos acumulado a lo largo de nuestras vidas. Entonces, el ciclo vuelve a repetirse y esa alma, que ya fue purificada, se adentra en el universo, reencarnando para volver a regresar al padre. Pero, ¿qué pasaría si esa alma ya hubiera reencarnado? El tiempo del "Padre Supremo" no es el mismo que el nuestro, e incluso se dice que es contrario al infierno. En el "paraíso" el tiempo va más lento que el nuestro, pero en el infierno el tiempo transcurre mucho más rápido. Un día en el cielo son años en la tierra y unos minutos en la tierra serán decenas de años en el infierno. ¿Y qué pasaría si el alma que quieres traer se encuentra en el infierno? Hay muchos factores para ubicarla, e incluso pensar: ¿Está bien lo que estoy haciendo? ¿Y qué pasaría si él está descansando en paz y yo voy a perturbarle?
Draco sonrió con dolor.
-Pero no te importa, tu egoísmo es el que te mueve, la esperanza de poder decirle lo que no pudiste en vida, así que buscas la manera más grosera para los oídos de los humanos y de la demás vida en el universo, la forma más vil y atroz, y llamas a los únicos que pueden escucharte, a Los Dioses Mayores, para que hagan caso de tus súplicas. Y a pesar de todo el miedo, de todo el temor, la fuerza de tu alma, de tu espíritu, es la que te permite avanzar.
James se sentó en la cama, ocasionándole daño al rubio, pero Draco comprendió su sentir, así que no expresó su molestia en palabras.
-¿Entonces sí es posible revivir a los muertos?
Malfoy asintió con la cabeza.
-Aún y cuando traté de hacerle ver a Teutates que el pasado atrás quedó, él quizá sigue pensando que soy egoísta por no quererle decir el secreto de la puerta. No quisiera que él sufriera esa catastrófica experiencia, y a pesar de todo, él ha estado empeñado en traer de nuevo a la vida a Beata Hamilton. Anteriormente, me dijo que su cuñada quería traer a la vida a su novio fallecido, pero le dije que era imposible. No sé en qué circunstancias haya fallecido su novia, pero debió de ser algo muy traumático para que no descanse en su afán por revivirla. Aunque a veces... –volteó a ver al castaño, sonriéndole-... el sólo extrañar un abrazo es suficiente para intentar hacerlo.
Potter se negaba a asimilar aquellas palabras, debía de ser una broma lo que el rubio le decía, pero lo creía tan capaz de conseguir lo que le había platicado, estaba seguro de que con su magia podía revivir a los muertos.
-¿Usted ha tenido una razón para querer revivir a alguien?
El rubio sólo sonrió, mirando por la ventana el cielo.
-Hace tiempo, pequeño, pero ahora es sólo un triste recuerdo que desearía olvidar.
Su túnica blanca hondeó mientras caminaba. Una sanadora parpadeó al verle, quedando anonadada por su enorme atractivo, sin parar siquiera en el pensamiento de que no lo conocía como miembro de los trabajadores de aquel Hospital. Aquel sujeto abrió una puerta, la cual tenía grabado un número del que no se percató, tan sólo el nombre apuntado en una mica a un lado del marco: Draco Malfoy.
El rubio se encontraba apaciblemente durmiendo, así que se acercó a su cama, sonriendo al descubrir que no tenía ningún escudo de protección a su alrededor. Lo tomó con cuidado en sus brazos, tratando de no despertarle ni de lastimarlo.
-Hubiera mandado a mi sacerdote desde un principio si hubiera sabido que estarías tan indefenso, maestro.
Sin embargo, no esperaba que alguien abriera la puerta en ese instante ni que le atacaran por la espalda con una fuerza arrolladora.
Su cuerpo fue a dar contra la pared, pero antes de chocar, una sombra que parecía un dementor, detuvo su impacto. Volteó a ver con enfado a aquel que lo había atacado, asombrándose al ver a un muchacho de cabellos castaños que se parecía un poco a la pareja sentimental de su maestro.
-¿A dónde llevas al señor Malfoy?
El chico lanzó un memorándum color morado en forma de paloma, el cual se fue volando en alguna dirección.
-¿Osas enfrentarte a mí, mago inútil?
Teutates sonrió, mientras un símbolo dentro de un círculo se formó frente a su cuerpo. El suelo tembló y James tuvo qué sujetarse del marco de la puerta.
Aquella sombra que parecía un dementor cubrió el cuerpo del moreno, al igual que el del rubio; sin embargo, antes de que ambos desaparecieran, James Potter alcanzó a entrar en la bruma, quedándose vacía la habitación de aquel sanatorio.
