.
.
.
Fin de la noche
…
-¿Alguna vez pensaste que moriríamos así?
Lincoln y Lola se habían sentado contra la puerta del sótano. Lynn seguía golpeando la puerta sin control con todo el peso de su cuerpo, era cuestión de tiempo para que la puerta cediera, o quizás Lynn recordaría que tenía un bate y golpearía la puerta hacia hacerla astillas. En cualquier caso los dos estaban definitivamente muertos.
Lincoln se encogió de hombros –. A veces me iba a dormir con la idea de que una de ustedes acabaría matándome, pero no creí que de forma tan directa –otro golpe casi los lanzó hacia las escaleras –. Bueno, con Lynn el pensamiento si era más directo.
-Yo creí que moriría después de tener varios romances con algunos de los hombres más atractivos del mundo del modelaje, quizás algunos actores –. Lola colocó un dedo en su barbilla y comenzó a fantasear –. Algo como: ¡Sino es mía no será de nadie más! En medio de un restaurante donde por alguna razón estarían reunidos todos mis antiguos amantes –sus ojos brillaron como dos enormes estrellas –. Y cuando vieran mi cuerpo inmóvil en el piso todos llorarían y dirían algo como: incluso muerta sigue siendo la más hermosa.
A Lincoln eso le sonaba grotesco. Demasiado impactante para una niña de seis años de edad, Lincoln podría considerar hablar con una persona mayor sobre ese tipo de fantasías, pero como estaban a pocos minutos de morir ya no tenía importancia. Que Lola disfrutara de sus últimos momentos como quisiera.
-Me hubiera gustado poder disfrutar de un interés amoroso que no durara un capítulo o se mudara de ciudad –se lamentó. Sus últimos intereses amorosos no habían durado más de diez minutos antes de desaparecer en el olvido.
-A mí me hubiera gustado intercambiar lugares con Lana, pero no iba a dejarla a solas en nuestra habitación con todas sus mascotas dando vueltas por allí –. La última vez que la perdió de vista su armario para la ropa se convirtió en un invernadero de serpientes –.
-¡Submarinos! ¡SUBMARINOS! –
Los golpes de Lynn se hacían cada vez más fuertes y desesperados. Estaba a pocos golpes de poder entrar y usar sus cabezas como reemplazo de balones. Lincoln se preguntó qué cara pondría su padre cuando llegara a casa y viera a su hija favorita practicando rebote con las cabezas de su hijo de en medio y una de sus hijas menores. "Lynn, ¿Qué te he dicho sobre jugar dentro de la casa? Saca esas cabezas al patio ahora mismo" La simple idea le dio demasiada gracia para aguantar la risa.
Lola aprovechó el tiempo antes del siguiente golpe para apartarse unos centímetros de Lincoln, no quería tener a otro demente atrapado junto a ella. Le hubiera gustado tener tiempo de recoger la navaja que solía guardar bajo el pijama en caso de ataque del coco.
-¡Aquí traigo tu submarino! –El ermitaño entró de golpe a la casa. No intentó tocar la puerta o buscar el timbre, no tenía tiempo para preocuparse por ser civilizado cuando dos niños estaban en peligro mortal. Pateó la puerta con todas sus fuerzas y solo entró sujetando firmemente su hacha. Su pijama estaba empapado y había pedido su gorrito de siestas favorito, pero era un sacrificio que estaba dispuesto a realizar para salvar dos vidas inocentes –¡Muy bien, loca! ¡Ven por un pedazo de Wil-
Lynn había sido rápida, demasiado rápida para una niña de su edad. No por nada era conocida por ser una de las mejores deportistas junior de Royal Woods. Su locura no le impidió reaccionar al golpe de la puerta siendo tirada abajo, tampoco le dio tiempo al ermitaño a decir nada más cuando cayó sobre él con su bate de metal.
El ermitaño terminó en el piso sin tener idea de que ocurrió. La sangre no tardó en escurrir desde la herida en la frente, y toda la fuerza que había puesto sobre el hacha se perdió. Lynn sonrió al ver filo del hacha. Soltó el bate abollado en sus manos y aceptó el cambio con gusto.
-Yo… Tendré… ¡Mi submarino! –levantó el hacha sobre su cabeza como si se tratara de una espada sagrada. Era su arma, la herramienta escogida por el mundo de los espíritus deportivos para cumplir la tarea que se le había encomendado –¡Debo matar! ¡Hermanos menores! –Gritó antes de dejar caer el filo del hacha sobre la puerta con todas sus fueras.
-¿Sabes? Cuando digo que ojala no hubiera tenido un hermano, no es como si no quisiera tener un hermano… -Lola se acercaba cada vez más al rostro de Lincoln –. Hay algo más en esas palabras, Lincoln. Algo que me daba mucho miedo aceptar…
-Lola… Yo… También hay algo que tengo que confesar –Lincoln se acercó al rostro de su hermanita a su vez.
El hacha se interpuso entre los dos. Las pupilas de ambos se contrajeron al ver el peligroso filo que había estado a centímetros de acabar con cualquiera de ellos. Los dos se levantaron sin cuidado y corrieron hacia las escaleras.
-¡Hazte a un lado, idiota! ¡Las damas vamos primero!
-¡Eso es discriminación de género! ¡Los hombres tenemos tanto derecho a ir primero como las chicas, así que hazte a un lado!
Lincoln y Lola se empujaron el uno al otro buscando bajar las escaleras en primer lugar. Escuchaban los golpes de la nueva herramienta de Lynn, no les interesaba de donde la había sacado, solo no querían estar frente a ella. Cualquiera de los dos hubiera preferido varias veces estar frente a un bate a tener una herramienta afilada y peligrosa contra sus rostros.
-¡¿Por qué no puedes hace nada bien Lincoln?! –Lola gritó al llegar al final de las escaleras –Me retracto, es mejor no tener un hermano a tener un hermano cobarde que solo sabe leer comics en ropa interior.
-Al menos no fantaseo de cómo me matan todos los hombres a los que engañé.
El hacha de Lynn ya había abierto una agujero lo bastante grande como para meter su cabeza entera. La chica los vio con los ojos rojos de furia y espuma chorreando por cada parte de su boca. Había puesto los ojos en la meta, como solía decir todo el tiempo, y no iba a apartarlos.
Los golpes se volvieron más fuertes.
Lola y Lincoln se abrazaron con fuerza cerrando sus ojos esperando el inminente final.
-¡¿Qué rayos ocurre aquí?! –Sr. Lynn entró por la puerta de enfrente. Miró al hombre con la cabeza abierta en la entrada y a su hija golpeando la puerta del sótano con un hacha –¡Junior! ¡Quiero una explicación ahora mismo! ¡Y suelta esa hacha!
-¿Papá?
Sr. Lynn estaba cubierto con un impermeable verde que cubría su cuerpo y parte de su cabeza. Miraba a Lynn verdaderamente enfadado, quizás un poco confundido, pero sobre todo enfadado. Lynn tendría que salir con una buena explicación si quería librarse de problemas.
-Papá… Yo solo estaba… Polly fantasma me dijo que… Esto… ¿Submarinos?
-Junior, el hacha.
-Pero…
-¡No te lo estoy pidiendo Junior, te lo estoy ordenando!
Lynn bajó la mirada desanimada y soltó el hacha.
-Ahora, ¿Dónde están tus hermanos? Todos a la sala. Quiero una explicación de lo que a ocurrido aquí –miró la sangre todavía escurriendo de la herida del ermitaño –. ¡Y espero que sea buena!
-Así que… -Sr. Lynn presionó sus ojos con ambos dedos intentando entender lo que acababa de escuchar –. Su hermana enloqueció por la falta de submarinos, pelotas y el canal deportivo. ¿Entonces intentó matarlos a ambos porque una alucinación de su mejor amiga se los pidió? ¡¿Y usted no hizo nada para impedirlo?! –miró al señor Grouse sentado en el sillón comiendo lo último que quedaba de lasaña en su plato.
-O, claro, todo culpa de Grouse. Me pediste que les diera una mirada, Loud. No que impidiera un asesinato –dejó el plato sobre la mesa, tomó su paraguas y se dirigió a la puerta – ¡De nada!
-Papá, ¿Por qué volviste a casa ahora? –esa pregunta había estado dando vueltas en la cabeza de Lincoln desde que escuchó el grito de su padre en la primera planta.
-Su madre estaba preocupada de que pudiera pasarles algo en medio de la tormenta, así que me mandó a buscarlos –gruñó. Todavía le costaba aceptar la explicación que acababa de escuchar –. Creyó que ya habían tenido un castigo más que suficiente.
-¿Eso significa que podremos ir de vacaciones? –Lola saltó del sofá. Tenía toda una maleta que preparar en el segundo cuarto, y un bikini de dos piezas rosado que estaba ansiosa por estrenar.
-Sí, niños. Empaquen y a la Van.
Lincoln y Lola corrieron hacia el segundo piso. Unas vacaciones era lo que necesitaban después de sobrevivir a un intento de fratricidio.
-Tu no Junior –Sr. Lynn tomó el brazo de su hija antes de que pudiera seguir a sus hermanos –. Por intentar asesinar a tus hermanos… Dos semanas castigada sin salir de casa. ¡Y no quiero escuchar quejas señorita! –Interrumpió a Lynn antes de que pudiera defenderse –. Ahora ve por tus cosas, tendremos una larga charla en el camino.
-Sí, papá –Lynn caminó hacia su habitación muy desanimada.
Sr. Lynn suspiró y se levantó del sofá. A veces ser padre era sumamente complicado, especialmente cuando se tenía tantos hijos particulares. Tendría que pensar en nuevas formas de castigo para impedir que cosas como esta volvieran a ocurrir.
-Bueno, hora de hacer un poco de esfuerzo –tomó el cuerpo del ermitaño por las piernas y comenzó a arrastrarlo –. Lincoln, ¿Sabes dónde dejé mi pala?
-En la cochera, papá –Lincoln gritó desde su habitación.
