-¿Qué ocurre, Canciller? Vine tan pronto como pude- dijo Anakin aún tratando de recuperar el aliento por lo realmente rápido que había acudido hasta su despacho.
Momentos antes, Anakin había estado de camino hacia una reunión en la que los Jedi que se encontraban en el templo serían informados de la situación de la guerra. Por una vez iba con el tiempo suficiente para llegar puntual, y mientras se dirigía hacia allí Anakin pensaba divertido en la cara de incredulidad que pondría Obi-Wan al ver que por una vez no llegaba tarde. Sin embargo, el destino al parecer no quería que Anakin rompiera su racha de impuntualidad, ya que finalmente el joven Jedi no pudo acudir a la reunión.
Esto se debía a que uno de los hombres de confianza del Canciller le había abordado por el camino para avisarle de que este necesitaba verlo con urgencia. Anakin era consciente de que al Consejo no le haría ninguna gracia que se ausentara de la reunión, pero por otro lado, también era cierto que le habían ordenado que se acercara tanto al Canciller como fuera posible para descubrir si tramaba algo… así que, ¿cómo negarse a acudir a su despacho cuando lo necesitaba con tanto apremio?
-No sé cómo decirte esto… Lo que menos desearía es causarte preocupaciones ahora que por fin estás en paz contigo mismo. Pero me veo obligado a contarte esto, para que estés prevenido y no ocurra algo peor.
Estupendo, todo esto no podría sonar mejor, se quejó Anakin irónicamente para sus adentros. Justo cuando todo iba tan bien... Si algo le había enseñado la vida a Anakin, era que los momentos felices duraban muy poco, por eso trataba de aprovecharlos al máximo. Bueno, sea lo que sea, por lo menos tengo a Obi-Wan a mi lado. Sí, con el apoyo de Obi-Wan Anakin sentía que no había nada que no pudiera afrontar.
-Por supuesto, Canciller, sea lo que sea no dude en contármelo. Huir de los problemas no hará que estos desaparezcan.
Obi-Wan habría estado orgulloso de esta frase… Después de todo, se la había repetido una y otra vez a lo largo de su vida.
El Canciller asintió con la cabeza y emitió un largo suspiro, como si estuviera armándose de determinación para contarle lo que fuera que le quería contar. No, definitivamente esto no pinta nada bien.
-Verás, Anakin, esta mañana me encontraba en el templo Jedi para reunirme con el Maestro Yoda y el Maestro Windu. Como bien sabes, me reúno con ellos por lo menos dos veces al mes para estar informado de los resultados de las distintas ofensivas que lideran los Jedi en terreno separatista, entre otras cosas- Sí, Anakin lo sabía, como también sabía lo poco que a dichos Maestros Jedi les gustaba que el Canciller se inmiscuyera en sus asuntos… Aunque por supuesto Anakin no dijo nada acerca de esto, así que se limitó a asentir con la cabeza. El Canciller continuó hablando- La cuestión es que cuando me encontraba en el templo, algunos de mis guardias de seguridad detectaron a un individuo que se comportaba de manera extraña. Miraba de un lado para otro como si temiera que se percataran de su presencia en cualquier momento, y parecía llevar un objeto de sumo valor en sus manos, que no paraba de comprobar nerviosamente. Creyendo que pudiera tratarse de uno de los múltiples atacantes que a veces tratan de atentar contra mi vida, mis guardias lo detuvieron para interrogarle al instante.
-Con todos mis respetos, Canciller, ¿pero qué tiene todo eso que ver conmigo?- interrumpió Anakin algo impaciente. Lo cierto es que no le gustaban nada los rodeos y prefería que la gente fuera al grano cuando querían contarle algo, por terrible que fuera; la razón de esto es que la espera le causaba una angustia probablemente incluso mayor. Paciencia, Anakin, es lo que le diría Obi-Wan en este momento. El simple pensamiento de su Maestro logró reconfortarle un poco. Ojalá estuviera aquí conmigo, se lamentó Anakin.
- Ahora llegamos a eso, Anakin- El Canciller le miró con un gesto compasivo, que lejos de tranquilizarlo, lo único que consiguió es ponerle más nervioso. Después de decir esto continuó hablando- Las preguntas que mis guardias de seguridad le hicieron le pusieron bastante nervioso, y al final acabó confesando que alguien le había contratado para entregar un paquete al Maestro Yoda sin que nadie más se percatara de su presencia, y que dicha persona le ayudó desde dentro del templo para que pudiera burlar así las medidas de seguridad.
Anakin se quedó perplejo, confuso ante el hecho de que alguien que tuviera acceso al templo se hubiera tomado tantas molestias para hacer llegar un paquete al Maestro Yoda contratando a un intruso, cuando podría haberlo hecho sin necesidad de intermediarios.
-¿Y qué es lo que había en el paquete? ¿Algo que pudiera poner en peligro la vida del Maestro Yoda?- preguntó Anakin preocupado.
-Temiendo eso mismo que comentas mis guardias se lo confiscaron, e imaginarás mi sorpresa cuando descubrimos que aquello por lo que alguien se había tomado tantas molestias para que le llegara al Maestro Yoda se trataba de una grabación.
-¿Una grabación?- Anakin cada vez entendía menos todo aquello. El Canciller asintió con una mirada enigmática.
-El holograma de una grabación en vídeo. Al comprobar que no se trataba de nada peligroso, decidí ver la grabación en la privacidad de mi despacho por simple precaución… y más vale que así lo hice- El Canciller Palpatine dijo estas palabras mientras sacaba el holograma del que presumiblemente estaba hablando. Ante el aparente gesto dubitativo del Canciller, Anakin le alentó con la mirada a que iniciara la reproducción del vídeo, deseando poner fin a semejante expectación cuanto antes.
Cuando el vídeo comenzó, Anakin se quedó helado. No porque el contenido de la grabación fuera algo nuevo que no supiera; al contrario, recordaba con total precisión todo cuanto aquellas imágenes le estaban mostrando. Después de todo, había tenido pesadillas con ese momento más veces de las que podía empezar a contar. Aún así, el volver a ver aquella masacre con sus propios ojos le hizo horrorizarse consigo mismo todavía más por haber caído tan bajo. Apenas podía reconocerse en el hombre lleno de ira y odio que podía ver en aquellas imágenes. Pues lo que aquel holograma contenía era nada más ni nada menos que el vídeo del momento en que Anakin aniquiló el campamento de los Tusken responsables de haber provocado la muerte de su pobre madre. Al parecer Anakin no acabó con todos ellos tal y como había creído, ya que alguno debió de haber conseguido huir y grabar todo aquello, asegurándose de que el pasado de Anakin volviera en un futuro para perseguirlo, como si sus pensamientos y remordimientos no hubieran sido suficientes.
La mente del joven Jedi era un hervidero de pensamientos y preguntas sin responder, alimentados por la terrible sensación de agobio que se apoderó de él en ese momento. Alguien había tratado de perjudicar a Anakin intentando mostrar al Maestro Yoda su más oscuro secreto, lo que podría haber acarreado consecuencias desastrosas para él. Dudaba mucho que el Consejo le comprendiera tan bien como Obi-Wan lo hizo en su día. Probablemente le habrían expulsado de la orden si se hubieran enterado. ¿Era eso lo que buscaba la persona que había tratado de hacerle llegar al Maestro Yoda aquel vídeo? ¿Pero cómo podía haberse enterado de lo que hizo? Tan solo el Canciller y Obi-Wan conocían su secreto, y cuando había hablado con ellos de ese tema se había asegurado de que no hubiera nadie alrededor escuchándolos. ¿Y por qué esta grabación salía ahora a luz, cuando había existido desde el momento en que ocurrió aquella masacre? Sentía que le iba a explotar la cabeza, y cuando empezó a hablar su escasa coherencia era un claro reflejo del caos que reinaba en su mente.
-¿Pero… cómo es posible? ¿Quién… quién ha podido enterarse? No tiene ningún sentido. Nada de esto lo tiene- Su intuición de Jedi trataba de advertirle de que había algo en toda aquella situación que no encajaba, pero su mente estaba tan nublada por sus sentimientos de angustia que no era capaz de pensar con claridad.
El Canciller le miró de una manera condescendiente, que no le alivió en absoluto. No necesitaba la lástima de nadie, tan solo quería la verdad.
-Siento mucho que tengas que pasar por todo esto, Anakin. Sé que reconocer esto va a ser duro para ti, y tal vez te cueste aceptar la verdad, pero a mi juicio lo más probable es que Obi-Wan esté detrás de esto…
-¡No!- Exclamó Anakin, saltando a defender a su Maestro inmediatamente. ¿Cómo puede el Canciller siquiera insinuar una cosa así?- Obi-Wan no tiene nada que ver con esto, eso es lo único que tengo claro de esta situación.
El Canciller le miró irritado por un momento, probablemente debido al tono elevado con que Anakin se había dirigido a él. Sin embargo, al instante volvió a adoptar un gesto compasivo, haciéndole creer a Anakin que tal vez se hubiera imaginado aquella mirada de absoluta frialdad.
-Sé lo mucho que le aprecias, muchacho, después de todo es tu Maestro y tu mejor amigo- Es mucho más que eso, pensó Anakin, deseando por un instante proclamar a los cuatro vientos lo importante que era Obi-Wan para él, y lo extremadamente cortos que se quedaban los términos que el Canciller había empleado para expresar todo el amor que albergaba hacia Obi-Wan- Probablemente por eso, tus sentimientos estén nublando tu juicio, impidiéndote ver algo que parece evidente. Ojalá me equivoque, Anakin, de verdad. Admiro profundamente al Maestro Kenobi, y me duele pensar que pueda traicionarte de esa manera. Entiendo que te cueste reconocerlo, es totalmente comprensible.
No puedes entenderlo, se dijo Anakin para sus adentros. ¿Cómo iba el Canciller a entender nada, cuando desconocía todo lo que Obi-Wan había hecho por él, a cuántos de los ideales que recoge el Código Jedi había renunciado dejándose llevar por sus sentimientos hacia Anakin? Pero como no podía decir en voz alta nada de eso, a menos que quisiera que otro secreto saliera a la luz, se tuvo que conformar con intentar expresar con argumentos lo que su corazón le decía a gritos: que Obi-Wan nunca le traicionaría.
-Canciller, eso no tiene sentido porque, para empezar, Obi-Wan lleva guardándome este secreto bastante tiempo, desde que volvimos de aquella misión en Tatooine en busca del metamorfo. ¿Por qué esperar hasta ahora para hacer algo así? Además, ¿qué sentido tiene contratar a alguien para entregarle la grabación al Maestro Yoda, pudiéndolo hacer él mismo en persona?
- Precisamente por lo que tú mismo has dicho, Anakin. Obi-Wan lleva guardándote este secreto bastante tiempo, y si se lo contara él mismo al Maestro Yoda, sería sin duda cuestionado por no haberlo contado antes.
-¡Obi-Wan no es un cobarde! No es propio de él actuar así- volvió a saltar Anakin a defenderlo. Sin embargo, el Canciller siguió hablando como si nada.
- Pero estás olvidando la evidencia más simple, y a la vez la que más claramente apunta a su culpabilidad: tan solo un Jedi podría haber permitido que un intruso entrara en el templo, informándole de cómo burlar todas las medidas de seguridad. Y, dado que no hay ningún otro Jedi que conozca tu secreto, todo apunta a Obi-Wan, lamentablemente.
Anakin se sintió como si le hubiese caído encima un jarro de agua helada.
- No, él nunca… No- El joven Jedi quería seguir explicando con argumentos que Obi-Wan no podía estar detrás de aquello, pero no había nada con lo que pudiera replicar la última afirmación del Canciller. Anakin cada vez se encontraba peor; su corazón y su cabeza se habían enzarzado en una guerra de la que ninguno salía vencedor, dejando a su paso un eterno sufrimiento. Su corazón seguía clamando que Obi-Wan jamás haría algo así, aferrándose a todos los momentos compartidos juntos; pero su cabeza se veía incapaz de pasar por alto el hecho de que efectivamente, todas las evidencias le apuntaban a él.
-Necesito interrogar al intruso. Hablando con él llegaré al fondo de este asunto- dijo Anakin con resolución.
-Me temo que eso no es posible, Anakin… Verás, el intruso se puso tan nervioso al verse acorralado y no haber podido cumplir su cometido, que intentó huir atacándome y tratando de tomarme como rehén. Mis guardias se vieron obligados a acabar con su vida.
Oh, no. Anakin asintió, lamentando profundamente para sus adentros su mala suerte.
-Sé que esto debe de ser muy duro para ti, Anakin. Es normal que te cueste creerlo, Obi-Wan y tú os habéis ayudado mutuamente en un sinfín de misiones. Pero por otra parte, tiene bastante sentido… Después de todo, siempre me ha parecido que el Maestro Kenobi pone por encima los intereses del Consejo a los tuyos.
Aquello no era cierto, pues el Canciller desconocía la manera en que Obi-Wan se había rebelado contra el Consejo, aunque fuera silenciosamente, empezando una relación secreta con él. Sin embargo, tenía algo de razón en que Obi-Wan confiaba mucho en el Consejo… ¿Y si trató de sacar a la luz lo que ocurrió en Tatooine creyendo que habría sido lo mejor para todos? Pero, ¿traicionar a Anakin? ¿Actuar a sus espadas aunque pensara que lo hacía por un bien mayor? ¿Cómo va a hacer algo así Obi-Wan, la persona más noble que conozco?, se recriminó Anakin para sus adentros por estar considerando aquella posibilidad. Mucho más noble que yo… Anakin tragó saliva. Quizás se trataba de eso: Obi-Wan, siendo mucho más altruista que Anakin en ese aspecto, tal vez hubiera podido anteponer su lealtad hacia el Consejo a sus sentimientos hacia Anakin, por mucho que le doliera, si es que creía que aquello era necesario. Después de todo, al principio fue capaz de mantenerse alejado de Anakin tras aquel primer beso en Tatooine, anteponiendo el Código Jedi a sus sentimientos. Pero al final acabó dejando de lado todo aquello para estar contigo, porque te quería, le dijo otra voz en su cabeza. O tal vez procediera de su corazón. Y prometió que te guardaría el secreto. Obi-Wan siempre cumple sus promesas.
Anakin se sintió culpable por estar siquiera considerando que Obi-Wan pudiera haber hecho algo así, pero otra parte de él no podía evitar pensar en las palabras del Canciller. Además, la manera en que este le hablaba y le miraba, con una compasión absoluta y como si le diera lástima que Anakin no fuera capaz de admitirse algo que para él era tan evidente, le estaba haciendo dudar hasta de su propio nombre. Se había creado una atmósfera excesivamente cargada de tensión en esa habitación, que estaba empezando a sofocar literalmente a Anakin.
-Tengo que irme- dijo abruptamente Anakin. El Canciller le miró sorprendido, como si no hubiera esperado aquella respuesta- Necesito… pensar en todo esto.
-Por supuesto, Anakin, tómate todo el tiempo que necesites. Y descuida, me aseguraré de que nadie pueda ver el contenido de este vídeo.
-Muchas gracias, Canciller. Por todo- Anakin se sintió algo culpable entonces por haber sido un poco brusco con el Canciller, cuando este había evitado que su secreto saliera a la luz y estaba dispuesto a ayudarlo para que nadie se enterase de ello.
-No es nada, Anakin. Para eso están los amigos- le sonrió amablemente el Canciller, aunque el estado interior de Anakin le impidió devolverle la sonrisa. Con un gesto cordial de la cabeza, se despidió y se dirigió al apartamento.
Obi-Wan ya estaba ahí, sentado en el sofá leyendo unos planos. Al percatarse de que Anakin ya había entrado en el apartamento, se levantó del sofá y le miró con un una sonrisa exasperada en su rostro.
-Te has perdido la reunión con el Consejo- le dijo en un leve tono reprobatorio.
-Bueno, seguro que no echarían mucho en falta mis aportaciones- le contestó Anakin sarcásticamente, siendo ahora mismo la reunión con el Consejo la menor de sus preocupaciones.
Obi-Wan frunció el ceño.
-Eso no es cierto, Anakin, el Consejo valora y respeta enormemente tus opiniones- Anakin rió irónicamente, y Obi-Wan continuó hablando con insistencia- Al Maestro Windu no le ha hecho ninguna gracia tu ausencia, no te sorprendas si te lo echa en cara la próxima vez que lo veas- le advirtió- ¿Por qué no has podido acudir?
- El Canciller requería de mi presencia- dijo Anakin mientras se cruzaba de brazos.
-¿Otra vez?- dijo Obi-Wan arqueando una ceja, pareciendo algo molesto al oír la respuesta de Anakin.
-Sí, Maestro, otra vez. ¿Qué querías que hiciera? ¿No hacerle caso y acudir a la reunión? Olvidas que el propio Consejo fue quien me ordenó acercarme a él para espiarle- le contestó Anakin algo alterado. Sus nervios ya estaban a flor de piel, y lo que menos necesitaba ahora era otra reprimenda por desobedecer supuestamente al Consejo. ¿Por qué tenía que estar Obi-Wan en el apartamento cuando llegó? Anakin había necesitado un tiempo a solas para tratar de ordenar sus pensamientos sobre lo que le había dicho el Canciller, y ahora, siendo consciente de su impulsividad, temía decir cosas de las que se arrepintiera luego.
Obi-Wan le miró extrañado, sin duda percatándose de lo alterado que estaba. Ablandándose con la mirada, acortó la distancia para acercarse hasta donde estaba él.
-Anakin, ¿qué te ocurre? Te noto bastante tenso- le dijo en un tono de voz suave y agradable, poniéndole la mano sobre su hombro. A pesar de lo mucho que Anakin anhelaba su cercanía se apartó, creyendo que una vez estuviera en los brazos de Obi-Wan ya no sería capaz de decirle lo que le inquietaba con tal de no ofenderle. Su Maestro pareció más preocupado todavía al ver que se apartaba de él, y Anakin se odió un poco a sí mismo cuando detectó una expresión dolida en aquellos ojos. Decidiendo que lo mejor sería dar el menor número de rodeos posibles, Anakin fue al grano de la cuestión. Le explicó que el Canciller y sus guardias habían interceptado a un intruso en el templo al que le habían encargado hacer llegar un paquete al Maestro Yoda, y que el contenido de aquel paquete era el holograma de una grabación. Obi-Wan abrió los ojos sorprendido, no habiendo esperado aquella respuesta.
-¿Y qué había en esa grabación?
Anakin inspiró profundamente, volviéndose a odiar un poco a sí mismo por estar observando atentamente las reacciones de Obi-Wan en caso de detectar algún atisbo de mentira o actuación en sus ojos.
-Era… el momento en que aniquilé el campamento de los Tusken la noche en que murió mi madre.
Obi-Wan pareció honestamente horrorizado, entendiendo al fin el estado de ansiedad de su antiguo Padawan.
-Oh, Anakin- Obi-Wan le envolvió en un reconfortante abrazo, y esta vez el joven Jedi no tuvo la fuerza de voluntad necesaria para apartarse, escondiendo su rostro en el cuello de su Maestro, mientras que este dibujaba círculos imaginarios en su espalda para intentar calmarlo- ¿Pero cómo es posible? ¿Quién ha podido enterarse de tu secreto? Y si realmente es alguien del templo… ¿por qué contratar a alguien para entregarle el holograma cuando podría haberlo hecho en persona?
A Anakin le conmovió que Obi-Wan pensara igual que él, haciéndose las mismas preguntas que él mismo se había hecho en el despacho del Canciller. Este hecho, sumado a sus cálidos brazos tratando de reconfortarlo, le hizo más difícil todavía tener que decir lo que se le pasaba por la cabeza, pero era necesario aclarar aquella cuestión.
-Solo… Solo el Canciller y tú conocíais mi secreto- Anakin trató de continuar, pero un nudo en la garganta le impidió expresar en voz alta lo que le quería decir. Sin embargo, Obi-Wan era muy perceptivo, y tan pronto como dijo esto los brazos que le sujetaban desaparecieron, dejando a Anakin sintiéndose frío y desamparado. Su Maestro le miró fijamente a los ojos. ¿Era acaso decepción lo que se podía atisbar en su mirada?
-No estarás insinuando que yo…
Sí, definitivamente era decepción la emoción que destilaban aquellos ojos. Anakin habría dado cualquier cosa por no ser él el destinatario de aquella mirada. Y, como no podía ser de otra manera, el joven Jedi reaccionó a la defensiva.
-¡No sé qué pensar, Obi-Wan! Sé que tú nunca me traicionarías, pero no puedo negar lo evidente. Solo un Jedi podría haber conseguido que un intruso se colara en el templo, y tú eres el único Jedi que conoce mi secreto… ¡así que perdóname por dudar, pero creo que es lógico que al menos me lo plantee!- ¿Por qué tenía que seguir Obi-Wan mirándole de esa manera? Su Maestro negaba levemente con la cabeza, como si no pudiera dar crédito a lo que estaba escuchando. El tono frío y calmado con el que habló le dolió más de lo que cualquier grito pudiera haberlo hecho.
-Si hubiera sido al revés, y todas las evidencias apuntaran a ti, seguiría sin creer que tuvieras nada que ver en este asunto. Me daría igual cuántas pruebas te señalaran, pues antes pensaría que todas ellas estarían equivocadas… Por nada de este mundo llegaría siquiera a plantearme el hecho de que tú podrías traicionarme- Anakin se quedó sin habla por un momento, hipnotizado por la manera en la que le hablaba Obi-Wan- ¿Pero en cambio tú, ante la mínima evidencia, eres tan rápido en dudar en mí? ¿Esa es la confianza que me tienes?- Anakin trató de contestar, pero sus cuerdas vocales no parecían ser todavía capaces de seguir las órdenes de sus pensamientos. En el lado opuesto, Obi-Wan cada vez iba subiendo más el tono de voz; una indicación de lo profundamente alterado que debía de estar por toda aquella situación- ¿Pero es que no se te ha ocurrido pensar que tal vez el Canciller esté de algún modo detrás de esto, Anakin? ¡El también conoce tu secreto, igual que yo! ¿Cómo puedes estar tan ciego?
Aquello hizo que Anakin recuperase la voz, volviendo a saltar a la defensiva ante el tono condescendiente con el que Obi-Wan le estaba hablando, como sí aún se tratase de un ignorante Padawan al que aún le quedaba mucho por aprender.
-¡Eso no tiene sentido, Obi-Wan! Él fue quien interceptó el mensaje. ¡De no ser por él, el Maestro Yoda sabría en estos momentos lo que hice!
-¡Tal vez te haya mentido, Anakin!
-¿Por qué iba a hacer eso? El Canciller siempre se preocupa por mí, Obi-Wan. ¿Sabías que propuso al Consejo mi nombramiento como Maestro pero estos se negaron?
A Obi-Wan no pareció sorprenderle en absoluto esto último. Permaneció callado y bajó levemente la cabeza. Anakin le miró con incredulidad.
-¡Lo sabías! ¿Lo sabías y no me lo dijiste?
- Pensé que te dolería menos no saberlo, Anakin- le dijo suavemente Obi-Wan- Sé lo mucho que te afecta cuando el Consejo no valora tus habilidades.
Anakin resopló irónicamente.
-¿Ah, sí? Entonces supongo que tengo que creerme que lo hiciste por mi bien… ¿Seguro que no lo hiciste para defender a tu querido Consejo y evitar que yo tenga una razón más para estar en su contra?- Anakin ya no estaba pensando lo que decía; comentaba todo cuanto se le pasaba por la mente sin pararse a reflexionar, y frustraciones que tenía guardadas desde hacía tiempo empezaron a salir de su boca- Tal vez fuiste otro de los miembros que se negaron a mi nombramiento… ¿Cómo iba a estar el impulsivo e irresponsable Anakin preparado para ser Maestro?
-¿Pero cómo puedes pensar eso? ¡Pues claro que no te dije nada para que no sufrieras en vano, Anakin!- exclamó Obi-Wan- Para tu información, fui el miembro del Consejo que más insistió en tu nombramiento, argumentando lo preparado que estabas para llevar ese título… Aunque con este comportamiento que muestras ahora, estás demostrando que me equivocaba y dándole la razón al Consejo- continuó con frialdad. Aquellas palabras sí le dolieron a Anakin, mucho más que cualquier negativa del Consejo.
-No me extraña nada que acabes dándoles la razón, Maestro- dijo Anakin poniendo especial énfasis a esta palabra y evitando llamarlo por su nombre deliberadamente- Después de todo, siempre que puedes pones al Consejo por delante de mí- comentó Anakin recordando las palabras del Canciller.
-Claro, Anakin. Porque empezar una relación sentimental con mi antiguo Padawan es indudablemente una de las tantas cosas que el Consejo Jedi promulga- dijo Obi-Wan irónicamente. Anakin hizo caso omiso a este comentario.
- La mayoría de veces das por hecho que el Consejo tiene razón en todo cuanto dicen. Pues te diré algo, Maestro, ¡también pueden equivocarse! Pero pocas veces contemplas esta posibilidad, y en vez de tratar de defenderme cuando son injustos conmigo, me convences para que cumpla sus órdenes, como cuando me encomendaron espiar al Canciller… Aunque aquella idea no proviniera de ti, y tal vez no la aprobaras, podrías haber hecho algo más para evitar ponerme en esa situación. Pero no lo hiciste… porque tú mismo eres también uno de ellos. ¡Después de todo, eres también parte del Consejo! Y cuando me planteé la posibilidad de que podrías haber sido tú quien había tratado de revelar mi secreto sobre la matanza de los Tusken, no fue porque pensara que serías capaz traicionarme, ya sé que nunca querrías hacer algo así en mi contra… Pero no pude evitar pensar por un momento que esta tal vez fuera una vez más en la que anteponías tu lealtad hacia el Consejo a tus sentimientos hacia mí, Maestro.
-¡Deja de llamarme así!
-¿Por qué, Maestro? ¿Acaso no es lo que eres?
Obi-Wan se acercó un poco más hacia él y le miró fijamente a los ojos.
-Espero ser muchas más cosas que eso, Anakin.
Anakin sintió cómo sus ojos se humedecían. Pues claro que era muchas más cosas que su Maestro. Lo eres todo para mí, pensó Anakin. Tal vez era eso lo que más le estaba molestando: que Anakin, a diferencia de Obi-Wan, se habría enfrentado al Consejo sin dudarlo para defenderlo en múltiples ocasiones. Porque para mí primero está él, y después están todos los demás.
-A veces no lo demuestras- contestó Anakin en un susurro.
Obi-Wan dio un resoplido de incredulidad, y la breve atmósfera de tranquilidad que había invadido el momento se esfumó tan pronto como había venido.
-Cómo puedes decirme esto, Anakin, precisamente tú... que sabes mejor que nadie que he roto la regla más importante de los Jedi dejándome llevar por mis sentimientos. ¿Crees que fue fácil para mí olvidar toda una vida de acatar a la perfección los dictados del Código? Pero lo cierto es que acabé dando la espalda a todos aquellos ideales porque no era capaz de ver nada más valioso en esta vida que estos sentimientos-¿Por qué tenía que decir Obi-Wan aquellas cosas? Anakin estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para que las lágrimas que asomaban en sus ojos no se derramaran todavía. Obi-Wan continuó hablando- Te he repetido mil veces que si llegara el momento en que tuviera que hacer una elección entre seguirte a ti o al Consejo, pero elegir de verdad, y no todas estas nimiedades que me estás echando en cara, te elegiría a ti con los ojos cerrados. Pero tú lo primero que haces ante la primera adversidad que se pone por delante es desconfiar de mi palabra, dejándote llevar por las palabras del Canciller en lugar de confiar en mí- Anakin nunca había visto a Obi-Wan tan enfadado como en ese momento. A pesar de que no gritaba, manteniendo la serenidad incluso en un momento tan complicado para él, el tono despectivo con el que hablaba sumado a la aflicción que se podía ver en sus ojos lo delataban- Yo jamás, Anakin, jamás sería capaz de traicionarte. Antes cargaría con la culpa de cualquier cosa de la que te pudiera acusar el Consejo. Pero como siempre, dejas que tus emociones, que tus miedos, se apoderen de ti y no te dejen ver la realidad, dando la razón al Consejo de que, efectivamente, aún te falta mucho que aprender para poder obtener el título de Maestro.
Obi-Wan se dio la vuelta sin decir ni una palabra más y se metió en su habitación dando un portazo. Anakin recibió aquellas palabras como si alguien le hubiera dado una puñalada, y solo cuando Obi-Wan desapareció por la puerta dejó que la expresión de enfado de su rostro fuera sustituida por otra de absoluta vulnerabilidad, liberando a sus lagrimas confinadas en sus ojos para que pudieran caer al fin por sus mejillas, y pensando que el universo parecía haberse propuesto acabar con su felicidad, que al parecer ya había durado demasiado, devolviendo las cosas a su estado natural, en el que no había cabida para la dicha de Anakin.
