Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. Esta historia está inspirada en el segundo OVA de la serie y en algunas imágenes que circulan por la Red, sobre todo, en las pequeñas obras de arte que nos deja la gran artista Rusky Boz.

Instituto Fairy Tail: un nuevo comienzo

Capítulo 21

Las siguientes dos semanas fueron muy ajetreadas para Gajeel y Levy. Gajeel se las pasó dedicando prácticamente todo su tiempo libre al taller de coches y motos de su padre. Se había gastado mucho dinero con los regalos de las Navidades (no solamente con el de Levy, sino también con los presentes de su familia) y necesitaba ahorrar urgentemente un poco dinero para el viaje de fin de curso. Este año se irían a Kyoto durante una semana. Le apetecía pasárselo en grande con Levy y sus amigos y no quería estar pendiente del dinero.

Levy, por su parte, aprovechó la ausencia de Gajeel para preparar San Valentín. Aunque estaba acostumbrada a cocinar, eso no significaba que fuera una experta repostera o pastelera; de hecho, no había hecho un postre de chocolate en toda su vida y la sola idea de hacer un pastel para Gajeel para celebrar el Día del Amor era francamente aterradora. Tendría que aprender y practicar lo suficiente para hacer un pastel en condiciones. Por eso, solicitó la ayuda y el consejo de una versada cocinera: su compañera de clase Mirajane Strauss. Así, quedaron en varias ocasiones para seleccionar y comprar los ingredientes y hacer unos cuantos pasteles de prueba hasta llegar a elaborar uno perfecto – o decente, según se mire – para Gajeel.

La verdad, Levy estaba encantada con la ayuda de Mira. Se conocían desde hacía tiempo, pero no habían quedado lo suficiente para considerarse buenas amigas. Mirajane era una persona estupenda: amable, dulce y cariñosa aunque, a veces, sacaba a relucir su fuerte carácter… No en vano Gajeel la llamaba "la mujer demonio". Mira no solía quedar con sus amigas, porque estaba muy ocupada ayudando a sus padres con el restaurante familiar y, ni ella ni sus hermanos, tenían mucho tiempo para interactuar y quedar. Ella se encargaba de ayudar en la cocina, Elfman en la barra y Lissana echaba una mano como camarera. No obstante, Mira hizo un esfuerzo por quedar y ayudó a Levy, lo cual ésta le agradeció echándole una mano con unas tareas escolares.

Durante una de las tardes que quedaron, Levy sintió que ya tenían la suficiente confianza para hablar tranquilamente, por lo que empezó a preguntarle sobre cosas de su vida y, casualmente, salió el tema de los chicos.

–Oye Mira… ¿y tú no le vas a regalar chocolate a nadie este año? – le preguntó de la forma más natural posible. Como buena japonesa, le parecía una descortesía preguntar directamente por Laxus, así que prefirió ser más sutil.

–Sí. A mis hermanos y puede que alguna que otra amiga.– sonrió y le guiñó un ojo. Levy se rio.

–¡Pero eso son regalos de cortesía! ¡Por compromiso! Yo me refería a un chico…

–¿A un chico? No, nada de chicos.– Mira contestó sonrojándose y desviando su mirada.

–¿No hay ninguno que te guste? – lo dejó caer.

–Levy… – Mira no era ingenua y sabía a qué se estaba refiriendo exactamente su amiga.

–Ya sabes por donde voy, ¿verdad?

–Sí, pero…

–Perdona, no quería incomodarte. Es sólo que… nada, olvídalo.

–¿Qué? – preguntó Mira con curiosidad.

–Lo siento, sólo es que me gusta entender a las personas y lo que ocurre a mi alrededor… Sé que soy una entrometida por preguntar, pero es que no entiendo qué es lo que pasa entre Laxus y tú… Y, la verdad, siento curiosidad.

–Eres muy directa… – confesó Mira.

–Lo siento.– se disculpó de nuevo.

–No te preocupes. La verdad, me viene bien hablar de ello. No puedo desahogarme mucho con Lissana porque ella está coladita por Bickslow y se lleva muy bien con Laxus. Así, no siento que pueda hablar sobre él sin que termine afectando a su relación… Es… complicado.

–Creo que lo entiendo. Yo no quería hablar sobre Gajeel con mis amigas, sobre todo con Juvia, por si le contaban algo… Tampoco quería influenciarlas… ¡Dios! En esos momentos me aterraba tanto que pudiera conocer mis sentimientos… Ahora que lo pienso, hice bien en declararme, aunque él me rechazara… – Mira se le quedó mirando: ¿La rechazó? Levy notó su cara de sorpresa y añadió: Bueno… pasaron muchas cosas, pero ahora estamos juntos… Perdona… he empezado a divagar. Lo siento.– se rio Levy avergonzada por ensimismarse.– Puedes hablar conmigo. Si quieres. Prometo no decir nada. Soy una tumba.

–Gracias Levy. Sé que eres de confianza. – Mirajane suspiró con pesar. – Supongo que ya sabes lo que pasó entre Cana y Laxus, ¿no?

–Sí. Lo sé.

–Es difícil para mí. Saber que el chico que te gusta se acostó con una amiga… es… muy duro. Sé que yo no estaba saliendo con Laxus, sé que Cana no sabía que a mí me gustaba él, sé que no me traicionaron, pero…

–Pero sientes como si lo hubieran hecho…

–Eso es.– asintió.– Y no puedo perdonarles, ni tampoco olvidar… Sé que han pasado tres años de eso, pero para mí es muy reciente todavía.

–Estás anclada en el pasado, Mira. Eso no es bueno.

–Me gustaría ser más lógica, Levy, pero no puedo. Tengo una espinita en el corazón. ¿Cómo te sentirías tú si supieras que el chico que te gusta se ha acostado con una amiga tuya? ¿Cómo te sentirías si Gajeel se hubiera acostado con Juvia? ¿Lo perdonarías?

–Francamente, no me puedo imaginar tu dolor, Mira. No puedo saber exactamente cómo es estar en tu piel, pero lo que sí te puedo asegurar es que no me importa el pasado de las personas y menos el de Gajeel… Una vez vi a una de sus ex tonteando con él y me invadieron los celos… – recordó cuando Flare apareció en la discoteca y quería seducir a Gajeel cuando todavía no eran pareja.– Ella se veía tan sexy y yo tan poca cosa comparada con ella… Ahora, aunque la viera, sé que no tendría que estar para nada celosa; Gajeel me quiere a mí, me desea a mí… – enrojeció al recordar los besos y las caricias que le brindó el último sábado de enero.– Ella es el pasado. Ya no siente nada por ella, si es que alguna vez lo sintió. Ahora está conmigo. Y, la verdad Mira, no puedo ser más feliz.

–Levy…

–Sé que Gajeel ha cometido errores en el pasado, pero también sé que ha aprendido de ellos y eso le ha hecho ser como es actualmente y yo me he enamorado del Gajeel actual. Sé que no es exactamente lo mismo con Laxus, porque a ti te gustaba de antes y, además, está lo de Cana, pero… hay ciertas semejanzas… Así que… supongo que, si fuera tú, terminaría olvidando todo lo malo y me centraría en el ahora. – Eso es lo que hice después de todo… pensó para sí reflexionando sobre sus palabras.

–¿Lo perdonarías? ¿En serio?

–No se trata de perdonar, porque, a fin de cuentas, a mí no me ha hecho nada… se lo ha hecho a él mismo. Yo le ayudaría más bien a perdonarse a sí mismo… Creo que, en ocasiones, Gajeel se siente mal por su pasado y se arrepiente de muchas cosas… Me gustaría tanto ayudarle… que dejara el pasado atrás… – Mira se le quedó mirando con cara de asombro.– Bueno, salvando las distancias, creo que Gajeel y Laxus tienen muchas cosas en común… ¿no crees?

–Sí.– Mira sonrió.– y se llevan estupendamente. Elfman me ha comentado que en las clases del club no paran de reír y charlar… aunque también se lían a golpes.– ambas se rieron.

–Sí… Me alegro por ellos. Han cambiado y se merecen ser felices.

–Sí, supongo que sí…

–Tú también te mereces ser feliz, Mira. Llevas tres años sufriendo, ¿por qué seguir así? ¿Para qué? Yo no soy nadie para decirte lo que tienes que hacer, pero, por favor, piensa bien las cosas.

–¿Y si sale mal, Levy? ¿Y si me arrepiento? ¿Y si termino haciéndonos más daño a los dos?

–Al menos lo habrás intentado, ¿no? – Mira se quedó pensando en las palabras de Levy. Tenía la cabeza y el corazón hechos un auténtico lío. Necesitaba pensar y aclararse.

En Japón era costumbre que el día 14 de febrero, San Valentín, las chicas les regalaran chocolate al chico que les gustaba. Éste podía ser comprado, por ejemplo, una caja de bombones de marca (Godiva, Pierre Marcolini y Jean–Paul Hevin eran las más conocidas y demandadas), o bien podía ser elaborado por la chica, cosa que tenía más valor, al menos, sentimentalmente hablando. Era el momento perfecto para confesarse o, si era una pareja ya establecida, celebrar su amor.

Este año, San Valentín cayó martes, en principio, los tortolitos del instituto celebrarían este día el siguiente sábado, pero, como el sábado 18 se iban de viaje de fin de curso, Levy le propuso a Gajeel celebrarlo por la tarde en su casa. Evidentemente él aceptó, sobre todo, después de lo que ocurrió la última vez que estuvo allí… Se moría de ganas por tenerla a solas, solamente para él.

Como todos los días, Levy salió de su casa y fue directa a los brazos de su chico.

–¡Buenos días, Gajeel! ¡Feliz San Valentín! – le sonrió y le entregó una pequeña bolsita llena de bombones de chocolate. Gajeel se sorprendió, ¿para eso había estado dos semanas practicando con Mira? Francamente esperaba mucho más.

–Es… pequeño. – dijo aceptando el regalo. Se notaba claramente la decepción en su rostro. Levy lo percibió perfectamente y, sonriéndole, le respondió:

–Claro, porque esto es lo que me ha sobrado del chocolate para el pastel.

–¿Pastel? – el humor de Gajeel acababa de mejorar.

–Sí.– asintió.– Te he preparado pastel de chocolate. Y para que no fuera tan dulce, le he añadido un poco de café.

–¿Ah sí? – él abrió la bolsa y probó el dulce. Efectivamente, el pastel era de chocolate puro, no soportaba el dulzor del chocolate con leche o el chocolate blanco, y, además, tenía ese punto de café que tanto le gustaba… Levy lo conocía muy bien.

–¿De verdad pensabas que esto – señaló la bolsita.– iba a ser todo? – le preguntó en un tono orgulloso. – Sólo es el principio del plan.

–¿Tienes un plan? – se rio. Le encantaba verla tan segura de sí misma. Tan confiada. Su pequeña dama tenía muchas facetas, muchas caras y le encantaba descubrir y disfrutar de cada una de ellas.

–Pues sí… Esta tarde te preparé la cena. He comprado carne de Kobe, ¿te parece bien? – le preguntó mientras le rodeaba con sus brazos a la altura de la nuca. Ella sabía que esa carne (de tan alta calidad) era uno de sus platos favoritos. –Y, después, de postre, te serviré un buen trozo del pastel que tanto me ha costado hacer… ¿Qué te parece mi idea? – le sonrió coqueta.

–No está mal.– se rio.

–¿Qué no está mal? – ella fingió enfadarse. Gajeel se rio de nuevo y, abrazándola por la cintura, la apretó contra él.

–Nada mal.– ella se rio y empezaron a besarse. El día no pudo empezar de mejor manera.

Este año Levy quería centrarse sólo en el honmei–choko, el chocolate que se le daba a la persona que te gustaba o de la que estabas enamorada. Otros años ya había dado el tomo–choko, el chocolate para los amigos, o el giri–choko, el de compromiso, de obligación (éste se daba para no quedar mal y carecía de cualquier sentimiento romántico). El concepto de "giri" es una idea que sólo se entiende dentro de la cultura japonesa; es un tipo de obligación mutua que los japoneses se dan entre ellos. Si alguien te hace un favor, entonces se sienten con la obligación de devolverlo, de hacer algo por aquella persona. A eso, se le denomina giri–giri, y de ahí deriva el nombre de giri–choko.

Así, el día transcurrió alegremente en el Fairy Tail. La mayoría de los chicos de la clase 2–1 recibieron algún que otro chocolate. Gray no sabía qué hacer con tantos dulces. Juvia se había pasado… Por otro lado, Jet y Droy miraban apenados a Levy; era la primera vez desde que se conocían que ella no les daba tomo–choko. No obstante, entendían perfectamente la nueva situación y, por eso, no protestaron ni insistieron en recibir un dulce. Gajeel era un buen tipo y se merecía toda la atención de su chica en este día.

Por fin las clases habían terminado. Gajeel estaba esperando a Levy, la cual estaba terminando de recoger sus libros para meterlos en su mochila. De pronto, vieron cómo Mirajane se acercó al pupitre de Laxus y le dejó un pequeño cupcake de chocolate encima de la mesa.

–Que no se te suba a la cabeza.– le dijo en voz baja. Después, se marchó rápidamente del aula. Laxus se quedó paralizado y comenzó a sonreír como un tonto.

–¿Tú sabes algo de eso? – le preguntó Gajeel a Levy al oído.

–No…– Levy dudaba. ¿Habría reconsiderado Mira su relación con Laxus por la charla que tuvieron el otro día?

–¿Segura? – Gajeel insistió. Ella lo pensó un poco.

–Sea como sea, parece un buen comienzo, ¿no? – ambos sonrieron mientras Laxus seguía soñando despierto.

Nada más llegar a su casa, Levy se puso a preparar la cena. Ya tenía todos los ingredientes dispuestos, pero, evidentemente, todavía quedaba hacerla: aún debía lavar y cortar las verduras, preparar el arroz y freír la carne. Aunque Gajeel se ofreció a ayudarla, ella no lo consintió de ninguna manera, después de todo era el día de San Valentín, el día para los chicos. Él ya se lo recompensaría en el White Day.

Así, Levy se quitó el jersey amarillo y el lazo rojo de su uniforme, y se quedó con la camisa blanca de manga larga puesta. Encima, se puso un delantal de color amarillo también para poder cocinar sin estropearse la ropa. Sacó una cerveza fría de la nevera y se la sirvió a Gajeel para que se la tomara en la cocina junto a ella. Él también se había quitado el jersey y la corbata para estar más cómodo. Mientras Levy cocinaba, estuvieron charlando sobre un montón de temas diferentes, por supuesto, el tema favorito fue sobre Mira y Laxus. Ambos se alegraban de sus avances, aunque fueran lentos.

Luego de cocinar, Levy preparó la mesa y se pusieron a cenar. Gajeel ya había avisado a su padre de que llegaría tarde, así que pudo disfrutar de su cena sin ninguna limitación por el tiempo. Le gustó todo lo que había preparado Levy, se notaba que se había esforzado, sobre todo, con el pastel. Gajeel no era una persona muy de dulces, por lo que le agradeció que el postre tuviera el toque amargo del café.

Después de cenar, fueron a la habitación de Levy a escuchar música y relajarse, bueno, esa, al menos, era la excusa; lo que buscaban era intimidad y comodidad para estar juntos. Se tumbaron en la cama y, mientras escuchaban las canciones favoritas de Levy, empezaron a hacerse carantoñas y arrumacos. A Gajeel le encantaba cuando Levy tonteaba así con él, le gustaba tener sólo para él su lado más cariñoso. Así, comenzaron a besarse, al principio, lentamente, sin embargo, después el ambiente no tardó en caldearse.

Aunque Gajeel quería ir despacio con Levy, había veces que le resultaba extremadamente difícil. Ella le excitaba demasiado; el tacto de sus manos, la suavidad de su piel, la delicia de sus labios… todo en ella le enloquecía. Empezó a besar a Levy cada vez más y más intensamente; sus besos se volvían a cada segundo más profundos y urgentes. Ella le correspondía a cada uno de sus dulces besos con total devoción. Se empezaba a notar la desesperación y la ansiedad en sus cuerpos.

Gajeel se colocó suavemente encima de Levy y empezó a tocarla mientras se movía sobre ella. Primero, empezó por acariciar su mejilla, después siguió por el cuello, bajó por la espalda hasta llegar a su trasero... ¡Cómo le gustaba palpárselo! Levy también deseaba tocarle, así que comenzó a acariciar, con la yema de sus dedos, el torso de Gajeel. ¡Era simplemente perfecto! ¡Tan caliente! ¡Tan duro! Se moría por pasar su lengua por todos sus abdominales… Se sonrojó por este pensamiento tan lascivo, pero no podía evitarlo. Ella, cada vez que estaban juntos así, sentía que quería más y más de él.

Ambos estaban excitados por el salvaje ritmo que estaban llevando, apenas podían respirar. Gajeel no tardó en empezar a masajear los pechos de Levy, pero quería más. Adentró su mano por debajo de su camisa y llegó hasta su sujetador. Notó cómo se le endurecían sus pezones y se agitaba, todavía más, su respiración. Los gemidos y suspiros de ella entraban tan profundamente en su piel que su pene no tardó en endurecerse por ellos.

Levy estaba obnubilada por el tacto y las caricias de Gajeel. Parecía que él tenía un efecto hipnótico sobre ella. Le encantaba su cercanía, sus besos, su calor… Le encantaban sus caricias. De pronto, estaba tan excitada que sintió la urgente necesidad de tocarle. Sí, sentía algo de pudor, algo lógico en este tipo de situaciones, pero la necesidad iba creciendo por momentos, por lo que la vergüenza iba menguando paulatinamente.

Gajeel no podía más. Necesitaba urgentemente besar y lamer los pechos de Levy. Así, empezó a desabrocharle los botones de su camisa. Ella no opuso resistencia alguna, es más, deseaba que le arrancara y se desprendiera de la prenda cuanto antes mejor. Cuando la camisa de Levy quedó abierta, Gajeel le vio el sujetador: esta vez era uno de color rosa pálido, de aro, con apertura por la zona de delante. ¿Se lo habría comprado ella para que a él le resultara más fácil quitarle el sujetador? Al verla tan nerviosa y avergonzada, obtuvo de inmediato su respuesta. Sí, lo había hecho por eso. Cuando lo entendió, su miembro vibró de ansiedad. La deseaba mucho… la deseaba tanto que no estaba seguro de poder contenerse… Tragó saliva y se calmó ligeramente. Seguiría con besos y caricias. Nada más por el momento…

Con sus dedos, abrió el cierre del sujetador y apartó cada copa de la prenda a un lado. Ahora, Levy tenía sus pechos completamente expuestos. Gajeel se quedó embelesado mirándola; le encantaba la forma, el tamaño y el tacto de sus senos, y se moría por lamer y morder sus pequeños pezones rosados. A Levy le reconfortaba por dentro ver la expresión tan erótica de Gajeel; le hacía sentir más segura de sí misma, incluso más valiente e intrépida, más confiada.

Gajeel comenzó a besar los pechos de Levy, mientras seguía frotándose con ella. Ella se dejaba besar y acariciar, pero también necesitaba tocarle. Así, en uno de los movimientos de Gajeel sobre ella, Levy bajó su mano hasta la entrepierna de éste y comenzó a acariciarle el pene por encima de la ropa. Gajeel dio un respingo, no se esperaba para nada que ella le tocara de esa manera tan lujuriosa. La mano de Levy subía y bajaba… podía sentir perfectamente cómo cada vez que le tocaba, su miembro viril se endurecía. Conforme más lo tocaba, más se excitaba. No quería detenerse, no quería parar de tocarle, pero, de pronto…

–Levy… – le susurró Gajeel mientras le apartaba su mano.– Tienes que parar…

–¿Parar? ¿Por qué? – su respiración sonaba agitada. Estaba muy excitada, ambos lo estaban.

–Me resulta difícil controlarme si me tocas así… – confesó.– No quiero forzarte a nada…

–No lo estás haciendo. ¿Te parezco alguien que está siendo forzada? – él se rio. No, no lo parecía.

–Tampoco quiero hacerte daño. – añadió queriendo explicarse.– Quiero que estés muy segura de lo que haces, antes de continuar… Yo… yo no puedo simplemente dejarme llevar… Tú no te mereces un polvo rápido, Lev. Quiero que tengas toda la experiencia completa y que lo disfrutes.

–Entiendo. – ella se sonrojó por la sinceridad de sus palabras. Era la primera vez que hablaban tan abiertamente sobre el tema del sexo.

–Además, no quiero asustarte...

–Bueno…– se intentó tranquilizar antes de hablar. La comunicación era un factor fundamental, sobre todo, antes del sexo. Se debían dejar claros los límites y las expectativas. Una conversación previa, sería lo más maduro, sin embargo, su falta de experiencia, su edad y su timidez, le impedían a Levy ser más comunicativa en este aspecto. No obstante, sabía que debía hablar y se esforzó por explicarse y hacerse entender. – Estamos yendo poco a poco, ¿no? Yo te agradezco tu paciencia, Gajeel, pero creo que podemos avanzar un poco más… – ¿En serio? Él se le quedó mirando. Su pene comenzó a vibrar. Contente, joder… se dijo a sí mismo.

–Ehem… – se aclaró la garganta.– Cuando me refería a no querer asustarte, no lo decía por el… ritmo que llevábamos; eso más bien lo marcas tú. Ahora estaba hablando de mi tamaño.

–¿Tu tamaño? – ella se sorprendió.

–Sí. No es por fardar, pero… la tengo bastante grande.

–¿Estás bromeando, no? – aquella declaración casi la dejó en shock.

–No. Te digo que no es por presumir. Hablo muy en serio.

–¿Me estás diciendo, en serio, de verdad, que si te veo la… bueno… si te veo, me voy a asustar por tu gran tamaño?

–Yo hubiera dicho "descomunal" tamaño, pero sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo.

–¡Anda ya! – ella empezó a reírse, pero en cuanto vio la seriedad en su rostro supo que iba en serio, muy en serio.– ¿De qué tamaño estamos hablando exactamente? – él no sabía cuántos centímetros tenía. La última vez que se la midió tenía unos 13 años y, desde entonces, había crecido considerablemente… así que hizo un gesto de aproximación con ambas manos para escenificar el tamaño. Levy se asustó. – ¡No puede ser! ¡No me tomes el pelo! – ella la había tocado por fuera del pantalón y se sintió grande, pero ¿tanto?

–Yo ya te he advertido. – se encogió de hombros apartándose ligeramente de ella.– Allá tú, si decides seguir adelante…– se hizo el despreocupado tumbándose totalmente en la cama. Levy dudó por un momento, pero después, se inclinó sobre él y siguió con las caricias. Necesitaba salir de dudas, ver… entender… Al menos, tenía que intentarlo… No era que quisiera llegar hasta el final ahora mismo, pero sí que deseaba avanzar, dar un paso más en su relación. Quería tocarle y que él disfrutara por ella, a causa de su toque… No sería de esas, como se decía en Japón, "mujeres atún" (maguro–onna) que se quedaban quietas en la cama esperando que el hombre hiciera todo el trabajo. Ella quería ser copartícipe del placer. Gajeel se sorprendió por su determinación. Por dentro, deseó que ella no se arrepintiera.

Así, reanudaron sus besos y caricias. Él suspiró más fuerte cuando sintió que ella le desabrochaba y le quitaba el cinturón. Después, Levy comenzó a desabotonarle el botón del pantalón y a bajarle, lentamente, la bragueta. Aquel sonido, por un lado, la llenó de excitación y, por otro lado, de coraje. Se sentía más atrevida que nunca. Gajeel siempre la tocaba a ella y ella quería devolverle el placer que él le brindaba. Bajó y apartó el pantalón de manera que, ahora, se podía ver perfectamente el calzoncillo estilo bóxer de color negro que llevaba. El miembro de Gajeel vibraba con fuerza adelantándose a las caricias de Levy. Ella sintió la excitación más abajo de su estómago; se moría de ganas por tocarle. Acercó su mano al calzoncillo y empezó a acariciarle el pene por encima de la prenda. En seguida, notó la humedad en la punta de su pene y supo que a Gajeel le gustó aquella caricia. Siguió tocando, de abajo a arriba, de arriba abajo, hasta que le escuchó suspirar con fuerza. Entonces Levy supo que él necesitaba más (ella necesitaba más) y subió su mano hasta la goma elástica del calzoncillo introduciendo lentamente sus dedos por dentro de la prenda. Levy sintió perfectamente el contacto de la piel caliente de Gajeel. Su miembro estaba muy duro y algo húmedo. Nunca antes había tocado pero un pene, pero sabía lo que tenía que hacer.

Así, empezó a acariciarle con la yema de sus dedos. Aunque el pene estaba duro por la erección, la piel se sentía suave. Le gustó ese tacto, se sintió cómoda y segura tocándole y se aventuró todavía más y cubrió con sus dedos el miembro de Gajeel. Una vez que empezó a subir y bajar la mano por su pene, notó algo extraño…

–¿Qué? ¿Qué es eso? – preguntó en voz alta mientras pasaba sus dedos por una zona concreta de su miembro. Intentaba averiguar qué era aquel tacto tan extraño que estaba tocando. – ¡No! ¡No puede ser! – se sorprendió.– No me digas que… ¡No puedo creerlo! ¿Llevas piercings ahí también?– sacó su mano de los calzoncillos de Gajeel mientras él resoplaba con resignación.

–Bueno… aparte de mi gran tamaño pensaba que eso también te asustaría.

–¡Quiero verlos!

–¿Qué?

–Que quiero verlos, Gajeel. He notado tres.

–Sí, son tres. – se rio por lo absurdo de la situación. Levy le había tocado el pene y ahora quería vérselo…

–Déjame verlos, por favor. – le rogó muy animada.– Tengo mucha curiosidad. – Gajeel se rio. No se esperaba esa reacción tan buena. Sabía que a ella no le molestaban los piercings, es más, alguna vez, en la más estricta intimidad, le confesó que le quedaban tan bien que se vería muy raro sin ellos.

–Tú misma. – le respondió dejándole acceder a su entrepierna. El ver la cara de Levy acercarse hasta su pene de esa manera, hizo que se excitara todavía más. Inconscientemente, se subió la camisa hasta más arriba de su ombligo… No sabía lo que pasaría a continuación, pero ¡Dios! Se moría de ganas por averiguarlo.

Levy estaba expectante. No podía esperar más para ver cómo era el miembro de Gajeel y cómo eran sus piercings. Así, cogió la goma del calzoncillo y lo bajó hasta que el pene de Gajeel quedó totalmente expuesto. El miembro estaba duro, durísimo, completamente erecto y con la punta del glande algo húmeda. Se notaba que estaba excitado. Levy nunca había visto un falo así de cerca, pero le pareció hermoso, erótico y, por supuesto, muy grande. Sonrojada a más no poder, comentó:

–Ahora veo que no bromeabas con lo de tu tamaño…

–Te lo advertí. Gihi. – Levy se rio. ¿Cómo podía Gajeel mantener su bravuconería en una situación así? Ella estaba casi temblando por la emoción y los nervios. No obstante, si él podía estar tan tranquilo, tan normal, entonces ella también debería comportarse con naturalidad, incluso, podría ser un poco más atrevida, ¿no?

–Creo… creo que podré lidiar con ello… – se avergonzó ante sus palabras. ¿Cuándo se había vuelto tan pervertida? Gajeel estaba alucinado. ¿Dónde se había ido su vergonzosa Levy? No lo sabía, pero este lado tan sensual de ella también le gustaba. Levy comenzó a tocarle el pene y a observarlo más detenidamente. Gajeel empezó a avergonzarse un poco ante la mirada inquisitiva de ella. Levy no paraba de mirar fijamente sus pendientes. –Sé que es una pregunta tonta, pero… ¿te dolió? – preguntó mientras acariciaba los tres piercings. Gajeel estaba más excitado que nunca. Sentía que con un par de sacudidas podría correrse.

–Un poco… – intentó tranquilizarse, pero con Levy tan cerca, le costaba mucho trabajo hacerlo.– Al principio, tiraba mucho, pero después de unas semanas se curó completamente. Cicatrizo bien.

–Puedo entender lo de los piercings de la cara y los brazos pero… ¿Ahí? ¿Por qué?

–Por placer sexual.

–Es evidente. Pero… ¿por qué? Quiero decir… ¿Qué es lo que cambia con eso? ¿Cambia algo? ¿Se siente distinto? ¿Cuándo te los pusiste?

–Eso son muchas preguntas…

–Ya te he dicho que sentía curiosidad.

–Me los puse el año pasado. Se supone que mejoran las relaciones sexuales. Da más placer tanto a la chica como al chico.

–¿Se supone?

–No lo he probado. Todavía… – ella se le quedó mirando y él le sonrió lascivamente.

–¿Todavía, eh? – ella le miró coqueta y empezó a tocarle de nuevo.

–Levy…

–Gajeel… – se acercó a su boca y le besó en los labios sin dejar de acariciar su miembro.– Tú me has hecho sentir bien y ahora quiero hacer lo mismo por ti. Nunca he hecho antes, así que dime si lo estoy haciendo mal para… ya sabes… – mientras hablaba, ella le estaba tocando.

–Así… – sentía la mano de ella sobre su miembro moverse.– Esta bien así…

–Guíame, por favor. – él asintió y puso su mano sobre la de ella indicándole el ritmo que más le gustaba. Le encantaba sentir el tacto de los dedos de Levy rodeando su miembro. Arriba y abajo, a veces, suave, otras, más intenso. Una vez que ella cogió el ritmo adecuado, Gajeel retiró su mano…

Levy no podía creerlo. ¡Estaba masturbando a Gajeel! La sensación era maravillosa. Sentía que tenía todo el poder sobre él, que, ahora, su placer dependía totalmente de ella. La joven le miró un momento: él estaba con los ojos cerrados disfrutando de su toque, se mordía los labios mientras contenía sus gemidos… De vez en cuando, Levy le oía maldecir: ¡joder!, ¡sí!, ¡ahí!, lo cual significaba que ella lo estaba haciendo bien, lo estaba llevando al máximo. De pronto, notó cómo Gajeel empezó a mover sus caderas más intensamente. Escuchaba su respiración más y más agitada.

–Dios… Estoy a punto, Lev…– le dijo mientras colocaba su mano sobre la de ella para aumentar el ritmo de sus caricias. Ella siguió sus instrucciones y continuó masturbándole hasta que él no pudo más y eyaculó sobre su propia barriga. Levy vio salir todo el semen de su interior y se sintió maravillada con aquella erótica visión. Los abdominales de Gajeel estaban cubiertos por el líquido blanco, incluso ella tenía manchados sus dedos… El ver a Gajeel jadeando por su toque, la encendió tanto que empezó a hacérsele la boca agua… Tenía la urgente necesidad de probarle, así que, sin pensarlo, se acercó el jugo blanco de sus dedos a su boca y lo lamió. Saboreó su semen y lo sintió salado y un poquito amargo. ¡Cómo había podido ser tan pervertida! En seguida, buscó la mirada de Gajeel, pero él seguía con los ojos cerrados. No había visto su pequeña travesura.

Poco a poco, la respiración de Gajeel iba volviendo a la normalidad. Levy le acababa de hacer una paja y se sentía totalmente descansado y aliviado. No obstante, el pudor llegó a él cuando la vio allí, junto a su corrida con los pechos al aire. Se veía algo nerviosa e inquieta, algo normal después de ver la explosión de su cuerpo. Afortunadamente se masturbaba varias veces a diario, por lo que no salió demasiado semen, de lo contrario, hubiera sido capaz de armar un verdadero estropicio en la cama.

–Necesito limpiarme.– fue lo primero que dijo.

–¡Oh! ¡Claro! – Levy se fue hasta el cajón de la mesita de noche y cogió una caja de pañuelos. Primero, cogió un pañuelo para ella y, después, le pasó el resto a Gajeel.

–Gracias.– le dijo mientras empezaba a limpiarse. Levy le acercó la papelera para que tirara los restos de su momento de pasión. Gajeel tiró los pañuelos y ella devolvió a su lugar el objeto.

La joven no sabía qué decir. Estaba totalmente cortada por el momento. Mientras pensaba qué decir, Gajeel, repentinamente, la cogió por la cintura y, abrazándola por detrás, la llevó con él a la cama de nuevo.

–Para ser tu primera paja, no ha estado nada mal, Enana.– le sonrió pícaramente y la besó en la mejilla.

–¿Te ha gustado? – le preguntó sonrojada. Todavía no podía mirarle a la cara.

–Mucho, pero ahora me toca a mí devolverte el favor. Gihi.– respondió tumbándose sobre ella.

–¿Cómo que "devolverme el favor"? – por fin le miró a los ojos.

–Ahora es mi turno de hacerte sentir bien, Lev.– Y los besos y las caricias volvieron una vez más. Aún tendrían un tiempo para ellos hasta bien entrada la noche. Gajeel no se iría de su casa hasta que ella estuviera tan saciada y satisfecha como él se había sentido con ella.

Tal y como se había planeado, el sábado 18 de febrero el curso de 2º año del Instituto Fairy Tail salió de viaje de estudios. Habían quedado a las 8:00 am en el centro y saldrían en autobús hacia su destino, Kyoto.

El viaje duraría aproximadamente unas siete horas desde Tokyo, por lo que el conductor y los profesores determinaron que lo mejor sería parar cada dos horas para hacer un descanso. Por supuesto, harían una parada para comer a las 12:30 pm, pero calculaban que, de este modo, llegarían sobre las 17:00 pm a Kyoto, la antigua capital del país.

El viaje en bus transcurrió con total normalidad. Natsu y Gajeel cogieron sitio para todos sus amigos en la parte trasera del vehículo. Querían poder estar hablando y divirtiéndose sin la atenta mirada del profesorado (el cual, como siempre, iba en los primeros asientos). Así, tenían más libertad para ir cambiando de lugar entre ellos. El trayecto era muy largo y, de esta manera, evitarían aburrirse.

Finalmente, llegaron a la hora establecida al ryokan donde habían reservado para pasar la primera noche del viaje. Los ryokan son un tipo de alojamiento tradicional japonés en el que las habitaciones son de tatami (y, por supuesto, se duerme en futon), hay baños termales colectivos (los llamados onsen) y se sirven los platos típicos de Japón. El lugar está en pleno contacto por la naturaleza, por lo que está rodeado por hermosos y verdes jardines. Levy ya estaba acostumbrada a ver esos paisajes tan frondosos, pues los de su pueblo eran muy similares, sin embargo, debía reconocer que era un lugar muy bello.

Cuando bajaron del bus, los profesores dieron a los alumnos una serie de instrucciones para que se comportaran; aunque eran japoneses sabían que los adolescentes tendían a descontrolarse en este tipo de viajes… Así, después del sermón, los alumnos cogieron sus maletas y demás pertenencias, y se fueron para las habitaciones del ryokan. Las habitaciones eran lo suficientemente grandes para colocar a cuatro personas, por lo que los profesores pidieron que se hicieran grupos de cuatro. Después, ellos, los profesores, decidirían el orden de las habitaciones. De esta manera, Gildarts, que era el profesor encargado de la clase 2–1, comenzó a ubicar a sus estudiantes por el siguiente orden: en la primera estancia estaban Laxus, Freed, Bickslow y Elfman; en la segunda ubicó a Cana, Mira, Lissana y Evergreen; en la tercera a Levy, Lucy, Erza y Juvia; y en la cuarta a Gajeel, Natsu, Jellal y Gray. El resto de alumnos estarían en las siguientes habitaciones bajo la atenta mirada y supervisión de otros dos profesores: Macao–sensei, el docente de Lengua japonesa y Wolfheim–sensei, el profesor de Ciencias Sociales, que, además, les haría una ruta guiada por los lugares más emblemáticos de la ciudad (Kyoto estaba repleto de templos budistas y santuarios sintoístas, además de castillos y edificios del período Tokugawa).

Cuando llegaron a las habitaciones vieron que éstas eran las típicas salas multiusos donde se cenaba y se dormía en el mismo lugar. Los futones estaban colocados en una esquina de la habitación y, encima de ellos, estaban ya preparados los yukatas (de color azul marino), prenda que debían ponerse para permanecer en el local. Cada habitación tenía un ofuro propio, de modo que se podían duchar antes de la cena que se serviría exactamente a las 19:00 pm.

El personal del ryokan, las nakai–san (también llamadas jochu–san) fueron sirviendo la cena en las estancias privadas de cada habitación. La cena consistió en un kaiseki (comida ligera de vegetales y pescado) de más de veinte platos. Todos disfrutaron de las exquisiteces del local. Después de la cena, se fueron al onsen.

En las aguas termales no se podía meter ningún tipo de toalla o prenda de vestir, por lo que tenías que estar totalmente desnudo (y limpio) para meterte en el baño. Como la mayoría de éstos, el onsen del ryokan no era mixto, sino que estaba dividido en dos: el de la izquierda para mujeres, y, el de la derecha, para hombres. Cada baño estaba separado por una serie de cañas de bambú, de manera que no se podía ver lo que había al otro lado, pero sí se podía escuchar lo que ocurría.

Nada más entrar en el agua, Cana les contó a las chicas que había conseguido de la okami (dueña) del local algunas botellas de sake, y que quería organizar una pequeña fiesta en su habitación. Todas estaban encantadas con la idea. Desde el otro lado, Natsu aceptó contento: "¡Estoy encendido!" se escuchó detrás de los bambús. A todos les apetecía divertirse.

Mientras las chicas se bañaban tranquilamente, algunos chicos de otras clases estaban planeando espiarlas, sin embargo, su plan se vino abajo al ver cómo Gajeel, Natsu y Jellal custodiaban la zona con cara de muy pocos amigos. En cuanto uno de los chavales explicó que no quería ver a sus novias, sino que estaba interesado en Mirajane, Laxus y Elfman saltaron de su sitio para empezar una pelea, la cual acabó por involucrar a todos y cada uno de los chicos que estaba en el onsen. Gildarts, que evidentemente se enteró del alboroto, los castigó a todos a que dieran diez vueltas enteras alrededor del ryokan, a ver si así se dejaban de hacer tonterías.

Al volver a sus habitaciones, el grupo de chicos fue directamente a la habitación de Cana para empezar la fiesta. Abrieron la puerta y se encontraron con ocho chicas totalmente borrachas: Lissana y Mira estaban sentadas en una esquina y apoyadas en la pared semiinconscientes por el abuso del alcohol. No parecían estar tan mal, quizá algo perjudicadas, pero el resto… eso era otra historia. Juvia, mientras abrazaba a una almohada, lloraba desconsolada por la ausencia de su Gray–sama; Erza y Ever discutían por ver quién era mejor en kendo; Lucy no hacía más que llamar a Natsu y buscarle por la habitación, obviamente sin resultado; y Cana y Levy se reían a lágrima viva al ver tan absurda escena.

–¡Lo siento, chicos! ¡El sake se ha acabado! – Cana explicó sosteniendo la última botella que quedaba. Los ocho chicos que estaban viendo la escena se quedaron a cuadros.

–¿Os lo habéis tomado todo? – preguntó Gray totalmente alucinado.

–¡No lo puedo creer! – añadió Natsu.

–Gildarts está a punto de llegar…– comentó Elfman preocupado.

–Si ve este follón, nos mandará de nuevo a recorrer el ryokan…– intervino Laxus mirando a Gajeel.

–¡Joder! – se quejó Gajeel entendiendo que Laxus tenía razón.– Yo me llevo a la Enana a su cuarto.– respondió cogiendo a Levy de la cintura y poniéndosela en el hombro.

–¡Qué alto eres Gajeel! – decía entre risas la joven peliazul. – ¡Qué divertido!

–Que cada uno se ocupe de su chica.– terminó de decir el moreno antes de irse de la habitación con Levy.

Jellal se quedó contemplando la escena, ¿cómo harían para detener a Ever y a Erza? ¡Aquello era una misión imposible! Elfman le puso una mano en el hombro y le dijo:

–Te entiendo, tío… Pero… ¡es cosa de hombres detener esto! – lo animó un poco. Freed se quedó mirando a Cana: ¿y ésta se supone que es "mi chica"? suspiró resignado.

Así, cada uno de ellos fue a prestar su atención a las distintas chicas que había en la sala. Evitarían el desastre sí o sí. Por su parte, tal y como había dicho que haría, Gajeel llevó a Levy a la habitación de ésta.

Los cuatro futones ya estaban extendidos sobre el tatami, de manera que él tumbó a Levy sobre uno de ellos, concretamente sobre el que estaba más pegado a la pared izquierda. La joven cayó sobre la colcha sin dejar de reír.

–Más bajito, Enana. No debemos hacer ruido.– Si los profesores descubrían a un chico y una chica en la misma habitación podría haber problemas. Ella asintió.

–Me portaré bien…– se reía en voz baja.

–Seguro… – a Gajeel le resultaba algo divertido ver borracha a Levy. – Sé buena chica y métete en el futon.

–Soy buena chica.– le contestó sonriéndole.– y me meteré en el futon… – le obedeció. – ¿Te metes conmigo? – empezó a reír de nuevo.

–Enana…

–¿Qué? ¿No quieres? – ella hizo pucheros. ¡Joder si quería! Estaba deseando meterse en la cama con ella, pero aquel no era el momento ni el lugar para hacer cosas pervertidas. ¡Estaban en un viaje con sus compañeros! ¡Por el amor de Dios! ¡Podría entrar cualquiera en cualquier momento!

–Sólo un rato, ¿vale? – Gajeel aceptó la propuesta. Apagó la luz y se metió con Levy en su futon.

–¿Por qué sólo un rato? – le preguntó ella abrazándole. – Yo quiero que te quedes conmigo toda la noche…

–¡Joder, Camarón! – se quejó notando cómo empezaba a excitarse por las insinuaciones de su chica.– Me encantaría quedarme, pero… no me gusta tener público y, en nada, vendrán la Coneja, Titania y la Mujer de la lluvia para echarme de aquí…

–Yo no dejaré que te echen…– le dijo suavemente en el oído.

–Lev… – empezó a decir, pero ella ya había capturado sus labios con su boca. Gajeel no podía protestar, tampoco deseaba hacerlo.

Empezaron a besarse y acariciarse en el acto. Gajeel imaginó que era por el alcohol la causa de que Levy estuviera tan desinhibida esta noche. Le parecía un error aprovecharse de ella en ese estado de embriaguez, por lo que no podía permitir que pasasen a un nivel mayor que los besos y caricias. Sin embargo, en momentos así, parecía que su pene cobraba vida propia y hacía su santa voluntad. Estaba empezando a emocionarse cuando, de repente, alguien abrió la puerta corredera de la habitación y entró al cuarto.

–¡Quiero que me hagas mimitos, Natsu! – protestó Lucy mientras estaba en la espalda de su novio.

–¡Luce! ¡Me das miedo cuando bebes! ¡En serio! – la colocó en un futon.

–¡Mimitos! ¡Aquí! – se señaló el cuello.

–¡Para ya! – la tapó con la colcha.– ¡Menos mal que Jellal y Gray se están ocupando de Erza y de Juvia! Se irán a dormir a nuestro cuarto, Gajeel. – explicó Natsu mientras caía agotado en otro futon.

–Eso significa que dormiremos juntos… – le susurró Levy a su chico.

–Sí, pero no solos… – le aclaró dejándole ver que no pasaría nada, ni esta noche, ni el resto.

–Vaaaleee.– ella aceptó.– Pero… me dejarás, al menos, abrazarte, ¿no?

–Eso sí.

–Estrecho…– le dijo en voz baja de broma. Él se rio y la envolvió en un abrazo.– Estás tan calentito… – añadió quedándose profundamente dormida.

–¿Levy? – quiso corroborar que se había dormido.

Los ronquidos de Natsu y el silencio de las protestas de Lucy, le confirmaron que los otros dos también se habían quedado dormidos. No era de extrañar, el viaje había sido largo y, además estaba por un lado, el cansancio del castigo, y, por otro lado, el alcohol… Gajeel volvió a abrazar a Levy pero, esta vez, con más fuerza. ¡Dios! ¡Cuánta la quería! Metió su cabeza en el cuello de ella para aspirar su aroma. Le encantaba cómo olía. Aquello no era sexo, pero debía reconocer que no estaba nada mal dormir en los brazos de su Enana. Podría acostumbrarse fácilmente a eso. Aunque no pudieran hacer nada pervertido, eso no significaba que no disfrutara estando simplemente a su lado. Con ella todo era fantástico. En ese momento se puso a pensar y cayó en la cuenta de que ésta era la primera vez en su vida que hacía un viaje con sus amigos y con su chica. Empezó a sonreír tontamente. Su vida había cambiado tanto… Este viaje, sin lugar a dudas, valdría la pena.

Fin capítulo 21

Agradecimientos a: BianWW, lusegovia89, stefi, Wendy Dragneel, Saknicte, Giuly DG, Shonenevolution, AquaDragon9119, Carito Uchiha, Asia12, ZERO2822, Crayolu y Giogia por sus reviews. Sin vuestros comentarios, dejaría de escribir. Vosotr s me dais la fuerza y el ánimo para seguir con este trabajo. Sí, me encanta investigar sobre Japón y aprender sobre su cultura, pero para publicar un fanfic hace falta estar motivado y vosotr s me llenáis a tope de energía. Arigatou! Ja ne!