Cap. XXI: "De cupos y abrazos"

No estaba saliendo con Berry literalmente. Y con el temblor en su garganta no podía recordar el nombre de la porrista frente a ellas para responderle ¿Era Maggie? ¿Sara? ¿O Kitty? La chica que siempre la desafiaba a correr más rápido porque aseguraba que algún día alcanzaría su meta y la superaría. Kitty siempre hacía cosas con intenciones de quedarse con su puesto, como ser más cruel que ella con los junior u odiar a Rachel más que todo el escuadrón junto.

Posiblemente se trataba de ella y lo confirmó tras parpadear varias veces. Fue en ese momento que notó la manera apresurada en la qué había actuado. Pero no se arrepentía. Le gustaba Rachel, estaba enamorada de ella y el cariño de a poco crecía, si continuaba así, estaba segura que la querría en tan solo unos días. A ese grado de importancia se había colado la diva en su vida y no iba a regresarlo todo atrás para terminar como antes, arrodillada luego de tratarla mal y disculpándose por sus actos.

Kitty alzó una ceja, esperando su respuesta y luego le dió un empujón a Rachel con su hombro. Gesticuló con molestia y de un salto llegó a ella justo cuando Sylvester aparecía para calmar la situación. Recibió un brazo a lo largo de su pecho y la arrastraron hacia atrás, alejándola de la chica y la entrenadora se colocó en medio:

- Creo que…no, no creo. Te exijo una explicación de lo que acabo de ver, Fabray- le ordenó la mujer y ella la miró. Podía decírselo si quería pero no con todas sus compañeras presentes y esperando porque abriera la boca para largar sus comentarios hirientes y burlarse. Sin embargo la mujer volvió a gritarle y ladeó la cabeza, molesta antes de responderle- ¿estabas besándote con Rachel Berry?-

- Señora Sylvester, si me disculpa y puedo…-

- Señorita- corrigió su entrenadora a Rachel y ella la observó. La morena estaba nerviosa, lo veía en el temblor de sus manos y el titubeo de sus labios, pero así mismo esperaba su turno para que ella no tuviera que enfrentarlo todo. Quinn miró de reojo a Santana y su amiga asintió, avanzando hasta la diva y jalándola de la cintura unos metros al costado- ¿Fabray? Estoy esperando-

La rubia dejó ambas manos en su cadera y alzó su mentón, con sus ojos solo en la mujer y comenzando a hablarle a ella:

- ¿Me echará de su escuadrón dependiendo de mi respuesta?- Sylvester agudizó la mirada y la observó al punto de crisparle los vellos y chocar sus dientes, con el frío recorriendo la espalda. Pasaron segundos, en que los hombros de la mujer se aflojaron y luego los alzó, chistando como si la situación no le importara-

- No me interesa con quiénes se acuestan si tendré otro trofeo en mi vitrina. Ahora ¡a trabajar, vamos!- Quinn la vió alejarse, ordenando con megáfono en mano y ella se acercó a Kitty. Incluso pudo ver el bulto en medio de su garganta antes de ser tragado, temeroso de que lo fuera a decirle-

- Si tienes algún problema con lo que viste, ve dejando el uniforme y tu lugar a alguien que no los tenga. Te lo está ordenando tu capitana- la miró de arriba abajo y luego a quienes la acompañaban- Y a ustedes…creo que queda claro que no quiero comentarios fuera del Instituto porque dentro la pasarán peor- Las amenazó y ,tras chistar los dedos, el resto de sus compañeras corrió tras la entrenadora y desaparecieron de su vista.

Con ambas manos firmes en su cintura, Quinn siguió los pasos de Santana y llegó a Rachel, que la esperaba ansiosa y exaltada por lo que acababa de pasar.

- Ve a tu clase, Rachel. Nos vemos en el almuerzo ¿de acuerdo?-

- Pero Quinn ¿está todo bien? No debiste hacerlo, besarme así no….-

- Hablaremos de eso luego- le dijo estirando su brazo y acariciando el de la diva- te buscaré en el comedor después. Nos vemos- con rapidez, se atrevió a besarle la mejilla y luego le dió un golpe suave a la cadera de Santana, para alejarse finalmente de allí-

- Estás loca, Quinn- le dijo su mejor amiga mientras bajaban las gradas. Ella sonrió-

- Sí…por Rachel-


Rachel terminó de acomodarse el cabello frente al tocador del baño y le sonrió con altanería a su propio reflejo. Quinn le había enviado un mensaje cinco minutos atrás, asegurándole que estaba esperándola en la misma mesa que el resto del club glee. Al parecer, la rubia se las había ingeniado para reunir a todos y así ser más fácil sentarse juntas y nos las vieran de rara manera o acusarlas con las miradas.

Le sopló un beso al espejo y caminó a la puerta, cuando alguien ingresó y no le permitió salir. La morena observó cómo Marley estorbaba en el camino y se detuvo cruzada de brazos sobre el picaporte, impidiéndole si quiera poder llegar a el:

- Lo de afuera, en las gradas…no creí que Quinn cometiera semejante locura Porque estamos de acuerdo en que fue una locura ¿cierto, Rachel?-

- Me sorprendió tanto como a ti. O como a todos los que estábamos allí, en realidad-

- Pero fue una locura. O una estupidez, ustedes no están juntas ¿por qué lo hizo? ¿quería demostrarle a Sam lo que dejó ir o solo por qué yo estaba cerca?- la diva alzó ambas cejas y ahogó un chillido de sorpresa. Por mucho cariño que le tuviese a Marley, ella no era el centro de sus vidas con Quinn ni mucho menos Sam. Ninguno intervenía de alguna manera en la relación que componían y, al menos por su parte, si Sam lograba comportarse como un respetuoso ex novio, nunca tendría algo que reclamarle. Pero la chica frente a ella acababa de cruzar su propio límite y, con la mandíbula tensa, caminó hasta detenerse tan cerca para que oyera con claridad lo que iba a decirle-

- Si quieres que continuemos siendo amigas, Marley, no vuelvas a meterte en lo mío con Quinn ni con ella. No es de tu incumbencia lo que hagamos ni lo que decidamos, no quiero discutir contigo ahora o en un futuro por lo que en realidad pretendo pedírtelo solo esta vez. Por favor, no vuelvas con tus reclamos- quiso pasar a su lado, luego de dedicarle unos segundos con su mirada furiosa pero la chica retuvo su brazo, regresándola a su lugar nuevamente-

- No puedo creer que no veas las cosas con claridad. Detrás de todo esto, Quinn oculta sus verdaderas razones-

- Pues las descubriré yo misma, no quiero tu ayuda ni la de nadie. Esto se acabó Marley, suficiente de tus palabras contra ella. No quiero volver a escucharlas-

- Bien- alzó la voz la chica. Rachel dió un paso atrás porque parecía enojada, con sus labios apretados y sus brazos alzados sin cuidado- me tocará verte sufrir entonces. Estás escogiendo ese camino con ella- La morena infló su pecho y, armada completamente de valor, la empujó con un dedo en su hombro hasta hacerla tambalear-

- Dije suficiente. Basta ya, ni tú ni nadie tiene derecho a hablar de Quinn como quieren-

- ¿Y ella tiene el derecho a tratarnos como se le dé la gana? ¿solo porque es la chica más popular y la líder de un escuadrón de imbéciles? Te has enamorado de quien hizo tu vida un infierno y en vez de devolverle el mismo pago le entregas tu amor- murmuró Marley con burla. Avanzó hasta ella y se inclinó hasta su rostro. Rachel permaneció inmóvil con la mirada a un lado- Vete al diablo-

- No, tú vete al diablo- Marley giró con rapidez y ella ladeó la cabeza, descubriendo a Quinn bajo el marco de la puerta y cruzada de brazos. Con aquella sonrisa superior y gestos ególatras, como si estuviese disfrutando de lo qué oía- y no regreses. Quédate allí que nos harías un favor a muchos. Rach, vamos-

- No estaré aquí, Rachel cuando ella te lastime- insistió Marley mientras ella llegaba a la rubia-

- Por supuesto que no lo estarás…porque no voy a lastimarla. No te darás el lujo de llevarte mi felicidad- la diva bajó su vista y escondió una sonrisa. La rubia tomó su muñeca y la jaló con suavidad, alejándola de allí y rumbo al pasillo- ¿quieres almorzar con los demás?-

- ¿Crees que nos mirarán raro o nos harán preguntas?-

- No si Santana está cerca- bromeó Quinn doblando una esquina y escondiéndose entre medio de ambas paredes. Con las manos en la cintura de Rachel, la jaló y besó al instante, aprovechando la ausencia de alumnos o algún profesor-

Sorprendida pero con la adrenalina corriendo en sus venas, ella pasó los brazos tras su cuello y se echó contra su cuerpo, respondiéndole con las mismas ansias que se le exigía. Quinn bajó las manos por su espalda y la apretó contra su cadera, una y otra vez hasta hacer crecer aquella palpitación que nacía por ella.

A Rachel no le gustaban los espectáculos de ese tipo y estaba segura que si alguien las veía, la vergüenza la acompañaría por cada vez que besara a Quinn. Con total frustración, decidió frenar el momento y, al sentir las manos de la rubia hurgar bajo su falda, rompió el beso y se alejó, regresando al medio del pasillo con sus mejillas rozadas.

Notó la misma expresión en la porrista: aún con sus ojos cerrados y sus brazos rodeando a nadie, en una posición divertida pero que llamaría la atención si alguien pasaba. Se aclaró la garganta, regresándola a la realidad y con lentitud Quinn abrió sus ojos.

- Teníamos que ir a comer-

- Juro que estábamos haciéndolo- jadeó la rubia y ella rió, tapándose el rostro avergonzada hasta que sintió sus brazos nuevamente rodearla- ven, vamos con los demás. No quiero levantar más sospechas-

- Sospechas son cuando nada se confirma, Quinn- la corrigió ella caminando hacia el comedor- básicamente, en realidad no querrías recibir comentarios-

- Sí, eso Berry. Hoy sirvieron carne asique…te aparté una manzana y traje cereal de casa pero sin azúcar ¿te gusta?... ¿qué?- preguntó sorprendida cuando ella se detuvo y la rubia debió hacerlo también-

- Eso es un gesto muy dulce- se mordió el labio, cuando Quinn se sonrojó levemente y, aprovechando que le gustaba verla de esa manera, dejó una mano al costado de su mentón y la acarició- y sí, creo que ese cereal me gustará- alzándose en puntas de pie para dejarle un beso en la mejilla, la sorpresa en la rubia hizo que moviera su cabeza y rozaran sus labios. Se mordió los de ella, pasando a su lado para no juntarlos en un nuevo beso y continuó su camino.

Le pareció raro que tras abrir las puertas del salón, todas las miradas se fueran a ella y luego la esquivaran cuando Quinn se pegó a su espalda.

- Continúa caminando- le susurró la rubia- esto apenas comienza- pero apenas dieron un paso. Sam se interpuso y el momento incómodo que Quinn no quería generar entre ellos, estaba ocurriendo. El chico solo las miró, un momento a cada una y luego a ella. Él alzó su dedo índice hasta la altura de su rostro y lo sacudió varias veces, cual gesto para ordenar-

- Me agradabas mucho, Rachel- le dijo en un susurro pesado, un reclamo que le generó algo de temor- Para mí eras la persona más respetuosa del Instituto. Quiero que sepas que ahora te odio-

- Sam, no digas tonterías y…-

- No son tonterías, Quinn- calló él a la rubia dedicándola una veloz mirada- solo no anden refregándome su…amor. No lo voy a soportar y voy a olvidar que eres una chica, Rachel-

- Sam, por favor ¡madura por Dios!- exclamó Quinn avanzando con la morena y finalmente rodeando la mesa.

Rachel ocupó su lugar al lado de la rubia pero miró a Sam por sobre su hombro, aún de pie a lo lejos y mirándola con molestia. Fue cuando la rubia acarició con discreción su cadera que ella la miró y observó su perfil:

- Tranquila- le dijo mientras llevaba una botella de agua a su boca- pagará muy caro si te hace algo- Rachel asintió lentamente y estiró su brazo para tomar la manzana o el cereal. Al verla dudar, Quinn garró la manzana y se la entregó- no está envenenada- bromeó y ella la sujetó, rodeando los dedos de la rubia con los suyos antes de darle la primera mordida- de verdad, Rachel- susurró solo para ellas- ni siquiera yo misma voy a volver a lastimarte-


- ¿Quieres tomar algo?- le preguntó mientras ingresaban a su casa. Rachel negó con una sonrisa y ella arrojó las llaves en la mesa ratona- ¿de verdad? No debes… ¿preparar tu voz y eso?-

- Así es, estás en lo correcto, Quinn pero la preparo y cuido con té de miel y hierbas. El agua solo es para los profesionales, cuando están sobre un escenario y esas cosas-

- Pues ve preparándote, no te falta mucho para eso- la incentivó sonriéndole- yo sí tomaré una limonada ¿segura que no quieres algo?- insistió rumbo a la cocina-

- No te preocupes, estoy bien. Mejor voy yendo a tu cuarto –

- Claro, es el último al final del pasillo. Del lado izquierdo. Y lo siento si hay algún desorden- la diva le sonrió, antes de girar sobre sus talones y caminar hacia el lado contrario.

Quinn la vió desaparecer al abrir la puerta y se mordió el labio. Era jueves, apenas las cuatro de la tarde y los jueves por la tarde sus padres no llegaban hasta las ocho. Iba a pasarse demasiado tiempo con la morena y le encantaba la idea. Una laguna mental de sus responsabilidades inundó su cabeza y no se inmutó por ello.

Tomó con rapidez una jarra de la heladera y luego de servirse un vaso casi lleno, lo bebió y lo dejó vacío. Estaba algo nerviosa y saber que Rachel posiblemente estaba en su cama, esperándola, solo lo aumentaba todo.

Y allí estaba, la vió tras cruzar el pasillo y empujar la puerta. La diva estaba en la punta de la cama sosteniendo algo que la hizo sonrojar. Avanzó hasta ella y se aclaró la garganta, inventando una excusa para la situación:

- Es…bastante grande y solo cabe en la cama- le dijo señalando la gran estrella de felpa que la diva acariciaba porque la había descubierto sobre su cama, aquella que le había regalado con total entusiasmo días atrás, antes de pasar el fin de semana en la cabaña- asique…siempre está ahí-

- Tranquila. En ningún momento pensé que dormías con ella- estaba burlándose, lo sabía y su timidez se intensificó. Era bastante cómodo abrazarla y tibia, además conservaba algo del perfume de Rachel, seguramente mientras la retenía camino a su auto. Asique sí dormía con ella pero ¿quién iba a juzgarla si nadie se enteraba?- ¿tiene nombre?- ella pestañeó varias veces. Sonaba ridículo pero sí y no estaba en sus planes que la diva lo supiera. Sería la situación más vergonzosa vivida con ella-

- ¿Nombre un peluche, Berry, en serio?… ¿podemos comenzar?-

- Pero su cinta dice Mi Estrella- murmuró la morena, leyendo la cinta color azul que ella misma rodeó en una de las puntas y con el nombre inscripto- y es tu letra, supongo porque es bolígrafo-

- Sí, bueno…Rachel no tenemos mucho tiempo y pagué por dos cupos ¿puedes empezar?

La morena asintió, dejando a su estrella a un lado y ella la observó, dudando si tomarla o dejarla allí. Quinn ocupó los pies de la cama, en medio y se dispuso a esperar. Quizá había sido demasiado demandante al solo sentarse y esperar por lo que habían ido a su casa, pero quería pasar tiempo con Rachel luego y los cupos solo era excusas para llegar hasta allí.

- ¿Elegiste una canción?- inquirió la diva acomodándose metros en frente de ella-

- No- musitó- lo que tú quieras estará bien por mí…no Barbra- agregó y apagó la felicidad momentánea de Rachel- comienza-

La vió quitarse el suéter y se removió, cuando solo quedó en una camiseta sin mangas, blanca y pegada al cuerpo. Rachel sacudió su cabello y luego los hombros antes de comenzar a entonar. Más de cinco minutos después, la diva finalmente lo hizo.

No conocía esa canción, no tenía idea que ritmo originalmente la constituía pero se preguntó si la música era tan sensual cómo el cuerpo de Rachel bailaba. Sus caderas se meneaban y la falda corta voleaba sin vergüenza, obligándola a desviar la mirada cuando la diva la observaba. No podía permitirse que la descubriera averiguando el color de su ropa interior o lo bien torneadas que sabía eran sus piernas.

Estaba volviéndose loca. Parecía que aquellas cuatro paredes iban a oprimirla o del piso iba a brotar lava cual volcán, como estaba sintiéndose su cuerpo también ¿o de allí salía en realidad el calor que estaba consumiéndola? Le gustaba cómo bailoteaba, la miraba y cantaba tan lento a su alrededor. Le gustaba todo de Rachel y que estuvieran viéndose con deseo bajo la manía de un servicio, le agregaba un toque al juego que habían iniciado y no quería perder.

Con las manos en sus muslos y su mirada penetrante hacia el frente, Quinn apretó sus piernas y se mordió el labio. Olvidó cuánto hacía había comenzado pero ya quería que terminara. De un salto llegaría a ella y la atraparía cual criatura indefensa, antes de devorarla sin compasión alguna. No le importaba cómo sonaba eso pero en su mente se veía fantástico, ella besándola con las ganas que estaba acumulando y la diva respondiendo, juntando sus lenguas en una batalla que las lanzaría a la cama.

Eso estaba produciendo Rachel en ella y se preguntó si era normal. Apenas estaban acomodando sus asuntos y dejándolo todo claro ¿qué pasaría cuándo la relación avanzara a un nivel más serio? ¿La desearía aún más que ahora?

- ¿Te perdiste o te aburrí? Creo que te aburriste- Quinn parpadeó, saliendo del trance que sus divagaciones generaban y negó al instante-

- Nada de eso. Creo que debes dedicarte a esto. Lo haces genial, Rachel-

- ¿Tú crees?- rió la diva, sacudiendo las manos en sus muslos y ella notó lo cerca que estaban. Los dedos de Rachel en sus piernas, acariciándolas sin notarlo y sus rostros enfrentados, tan cerca que si se estiraba podría besarla al fin- cantarle a los demás es un trabajo…quizá agotador-

- ¿Rachel Berry agotada por algo? Lo dudo. Amas esto, Berry. Estás en tu mundo cuando abres la boca y cantas y no hay nadie mejor que tú para hacerlo. Eres increíble- quizá estaba avanzando muy rápido o saltando obstáculos muy fácil pero no podía evitar halagarla, decirle en realidad lo talentosa que era y que no lo dudara, que había nacido para eso-

- Una vez, cuando era pequeña, papá me escuchó cantar y me dijo que no debía soñar con esto. En aquel entonces, quizá lo había hecho muy mal y cada vez que lo recordamos, él dice que nunca estuvo tan equivocado en algo que dijo-

- Debió haber sido la única vez que no lo hiciste bien. O tu padre estaba borracho- rieron por lo alto, sin vergüenza y que apagaron de a poco. Terminaron en una dulce mirada a la otra y ella se estiró apenas, hasta dejar sus bocas juntas y sorprender a Rachel. Sus labios regordetes, llamándola a estar siempre pegadas la descontrolaban. Era como si una vez que los observara, simplemente debía tocarlos o algo de frustración viajaba en su interior.

La diva dejó una mano en su mejilla y ella le rodeó la cintura mientras volvían a besarse en otro arrebato. Sus bocas rozándose era sin duda de sus deseos mejores cumplidos. Rachel lo hacía de una manera que le jalaba el aire y necesitaba de sus besos para que se lo regresara, un camino de ida y vuelta solo entra las dos. Sonrió contra sus dientes y la apretó aún más, hasta sentarla a horcajadas sobre ella.

Como le ocurría cuando de la diva se trataba, sus hormonas adolescentes se disparaban y solo necesitaba tocarla para siquiera bajar un nivel, no podía más por la misma razón: porque de Rachel se trataba. Vagó sus manos bajo la falda y la morena mordió con fuerzas su labio inferior. Jadeó, separándose unos segundos y se miraron. Sus pechos alzándose y sus bocas entreabiertas, agitadas de tal reencuentro voraz.

Ella le acomodó el cabello a un lado y la diva le sonrió, devolviéndole algo de tranquilidad al momento.

- Me gusta tu cabello- le dijo - cuando lo sueltas para cantar y te mueves de un lado a otro es…sexy- agregó alzando una ceja y Rachel rió por lo bajo-

- Con que eso te generó mi canción hace un instante ¿no?-

- ¿Qué sería "eso"?- le preguntó con burla y enfatizándose en la última palabra-

- Tú sabes…cuando ves algo que te gusta demasiado… pero no como puede gustarte un par de zapatos en una tienda- aclaró la morena rápidamente- Gustarte de gustarte mucho, una persona…cuando enciende algo en ti y no puedes dejar de mirarla. Cuando todo tu cuerpo se invade de un cosquilleo que solo esa persona puede calmar-

- ¿Estás hablando de sexo, Berry?-

- ¿Qué? ¡No! Yo… ¡Quinn, no es justo! No me refería a eso- verla cruzarse de brazos, en un gesto molesto e infantil, produjeron más hormonas en ella. De esas que el amor revuelve y te obliga a tomar, si es que eso existe, se reprochó y la abrazó otra vez. Rió contra su cuello y la calma que aferrarse a su cuerpo le entregaba volvió. Solo era cuestión de retenerla entre sus brazos y aquello que la molestaba simplemente desaparecía-

- Era una broma-

- ¿Bromeas sobre sexo? Pensé que lo hacías- se separó y volvió a verla enseguida. El rostro sin vergüenza de Rachel se suprimía en un gesto juguetón: sus dientes pasando una y otra vez por sus labios-

- Si quieres retrocedemos en el tiempo y evito la broma- propuso casi con desesperación y seriedad- y te demuestro que sí sé hacerlo-

- No tengo dudas de eso- aseguró la diva y ella sintió sus manos en la espalda. Rachel bajó el cierre de su uniforme y Quinn observó su boca, a un lado de la suya y entreabierta- pero no hace falta retroceder. Puedes demostrármelo ahora-

Quería hacerlo en ese momento y con la rudeza que la caracterizaba. La manera sensual en que la diva estaba hablándole se lo permitía también pero estudió su rostro, recordando que era la persona de la que estaba enamorada y debía comenzar a controlarse. Rachel era una persona aparte a las demás en su vida y no quería arruinarlo como tantas otras veces.

La jaló por la cintura y juntó sus caderas, liberándole un suspiro que hizo estremecerla. Imposible de alejar los ojos de su boca, ambas continuaron mirando sus labios mientras avanzaban.

Quinn las volteó, con delicadeza y la arrastró hasta el centro de la cama. Allí la besó y dejó que Rachel acariciara bajo su falda de porrista, era de las pocas veces que lo hacía y siempre tenía que incentivarla. Los besos comenzaron a ser ruidosos, acompañando al de sus manos tocando la piel de la otra y aquella sensación de cuando la vió cantar minutos atrás reapareció.

Se meció contra ella, jadeando al calmarla un poco y lo repitió, en un vaivén de regresar la sensación y calmarla a la vez. Se quitó la parte de arriba de su uniforme con velocidad y luego la falda, mirando de reojo a Rachel hacer lo mismo.

Semidesnudas, regresó sobre ella y reinició el beso. Todo era piel ahora y, las manos de la morena tocando cada parte sin timidez se lo confirmaban. Era su piel la que se helaba a su tacto y su cuerpo el que necesitaba de la morena piel de Rachel.

Entrelazó sus manos y las alzó. Con una pierna a cada lado de las de la diva, continuó moviéndose y los gemidos de ambas comenzaron a ocupar la habitación. Se sentía satisfactoria esa fricción y no podía detenerse, no quería y tampoco iba a hacerlo.

Con la boca de la morena en su cuello, succionándolo y posiblemente dejando una marca, se mordió los labios para no pedirle más. Su punto palpitante contra el de Rachel y su vena sobresaliente entre los dientes de la diva, eran sus puntos máximos de placer y faltaba nada para explotar gritando su nombre.

Aceleró el ritmo y una pierna de Rachel rodeó su cadera, juntándolas más y exigiéndole a que no se detuviera. Concentrada en ella, en ellas cómo estaba, en el deseo de continuar al recuperarse tras el primer orgasmo en unos segundos, le pareció ridículo cuando la morena la detuvo por los hombros y esquivó su beso.

- Están golpeando la puerta…¿lo oyes?- gesticuló molesta y ladeó la cabeza, esperando porque fuese una broma-

- ¿Qué?-

- La puerta de tu habitación, están….-

- Quinn, soy yo. Sal un momento, necesito pedirte un favor- abrió los ojos con violencia y de un salto regresó al piso. De pie a un costado, buscó su ropa mientras Rachel se cubría con la sábana-

- Es Frannie- le susurró y la diva se tapó el rostro con ambas manos- enseguida voy ¿qué necesitas?- le preguntó a su hermana mientras tomaba su bata y se la colocaba-

- ¿Estás ocupada?-

- Eh…con unas tareas-

- Tengo una entrevista de trabajo- le informó desde el otro lado de la puerta aún- ¿puedes quedarte con Oliver?- le preguntó cuando finalmente abrió-

- Eh…Frannie, tengo muchas cosas que…- se detuvo, cuando oyó un "sí" desde el interior en orden de que cediera y recibiera a Oliver sin chistar. Suspiró, asintiendo y estirando sus brazos para tomar a su sobrino- está bien-

- Solo será una hora, quizá menos. Regreso enseguida. Acabo de traerlo del parque, asique no le des dulces ni esas cosas… ¿quién está adentro?- agregó estirándose para hablarle por lo bajo- ¿Rachel?- ella sonrió y asintió- está bien, estén presentables para cuando regrese. Me gustaría mucho hablar con ella. Te quiero, nos vemos luego-

- Adiós y suerte-

- ¡Gracias!- Quinn sacudió la cabeza mientras sonreía y volvió a cerrar. Apenas tuvo tiempo de girar cuando la diva pidió cargar a Oliver de pie y pegada a ella-

Se lo entregó al instante y la vió regresar a la cama. La morena llevaba ya nuevamente su camiseta y se acostó con el pequeño en medio, dejándole cosquillas en su abdomen y haciéndole gestos para que riera.

Quinn se sumó a ellos y se acostó, dejándolo en medio y disfrutando mirarla a ambas. Oliver veía a Rachel y sus ojos se achicaban, mientras reía desaforadamente y sus balbuceos salían uno tras otro. Era un hecho, pensó la rubia, el poder de la morena iba más allá de solo ella.

- Le gustas mucho-

- Como a ti- dijo Rachel sin vergüenza y ella abrió la boca. La morena volteó a verla y la cerró, asintiendo lentamente- lo de las gradas fue…especial. Loco pero especial, Quinn-

- No puede pasar lo mismo aquí dentro pero podemos ir de a poco… ¿te parece?- la diva se estiró hasta ella y la besó. Fue algo rápido y corto porque Oliver en medio lo exigía. Pero lo rememoró pasando su lengua en todo le contorno de su boca una y otra vez-

- Oh, no ¿también estoy aburriéndote a ti?- preguntó la morena apenada al pequeño, que bostezaba y cerraba sus ojos cuando ella quería cargarlo y hacerlo jugar-

- No, Rach, no es tu culpa. Siempre duerme su siesta a estas horas. Tiene sueño, solo es eso- rió al verla suspirar aliviada-

- ¿Puedo llevarlo a su cuna?- Quinn le dió un vistazo a su alrededor y luego volvió a Rachel. Sonrió, no, no quería que saliera de su habitación-

- ¿Por qué no lo dejamos aquí?- propuso acostándose bajo las sábanas y tapándose hasta más arriba de la cintura- podemos acompañarlo en una siesta ¿Qué dices?-

Cuando la morena lo acomodó a su lado y se tapó también, ella se removió hasta abrazarlos. Con sus ojos en ella y los de Rachel mirándola, recordó que aún había un cupo más que cumplir.

Sonrió, deseando que Frannie regresara cuánto antes y hacerlo valer. Quizá podían retomar dónde habían dejado el otro.


Otro caps queridisimas lectoras, muchas gracias por leer y comentar son todas un amor. Disculpen si hay errores ortográficos pero el sueño es el sueño y algunos se pueden pasar..

Ni Glee ni sus personajes me pertenecen. Que estén bien, saludos!