"Despiertas cada día para pelear contra los mismos demonios
Que te dejaron exhausta la noche anterior
Y eso, querida, es valentía."
-Desconocido
Capítulo Doce – Presas Rotas
"Cómo pudiste?"
Sus palabras aunque tranquilas, estaban llenas de furia. Caryssa estaba furiosa, completamente lívida. De hecho, no podía recordar un momento en que hubiera estado más furiosa con su madre y su hermano. Ambos la miraron preocupados desde el otro lado de la mesa, al ver el fuego en sus ojos y sus manos hechas puños sabían que les esperaba una gran pelea.
"Teníamos que cruzar los Gemelos. Sabes que Walder Frey siempre demanda un pago." Respondió Robb antes de darse cuenta de lo mal que había enunciado esa frase. Tenía suerte de estar usando su armadura porque dudaba que su amor por él fuera suficiente para evitar que lo apuñalara.
"Así que… en lugar de oro o alguna tierra en el norte le diste a nuestra hermana?" La voz de Caryssa subió de tono al final, al punto en que casi les gritó las últimas palabras.
Catelyn cerró los ojos con fuerza y contó hasta diez, sabiendo que a su hija le disgustaba mucho la situación y necesitaban discutirlo con calma para no enfurecerla aún más.
"Era la única forma. Se han intercambiado hijas por alianzas por siglos. Así es como funciona el mundo." Declaró Catelyn manteniendo un tono de voz calmado y regular, incluso después de ver la expresión de su hija ensombrecerse.
"Es lo que te dices para calmar tu culpa madre? 'Así es como funciona el mundo'. Eso te consuelo cuando sabes que Sansa está atrapada en Desembarco del Rey, prometida con un chico que destripa las mascotas de su hermano y piensa que el dolor de la gente es algo muy divertido. Eso calmará tu mente cuando esta guerra termine y Arya te reproche el haberla casado con un chico Frey cuando ella no quería esa vida?" Preguntó Caryssa con un tono de voz extrañamente más relajado que antes, aunque su rostro reflejaba todo el disgusto que sentía. El mundo estaba mal y algún día, si Caryssa llegaba a tener hijos propios, no los forzaría a casarse a menos que fuera por amor. Del modo en que debería de funcionar el mundo. "Te trajo consuelo cuando cabalgabas para alejarte de Desembarco del Rey, saber que en un par de días me casaría con el Matarreyes, que mi virtud la tomaría un hombre que no amaba?"
"Eso no es justo-" Espetó Catelyn pero su hija la interrumpió.
"No me hables de lo que es justo. Vendiste a tu hija como una esclava por un puente! Un puente, madre. Arya ni siquiera está presente para defenderse. Eso es injusto."
Antes de que Robb o Catelyn pudieran defenderse, Theon entró en la tienda con una carta sellada en las manos, y los tres Stark lo miraron con miradas asesinas, furiosos de que hubiera interrumpido lo que era, claramente, una discusión familiar privada.
"Qué es lo que quieres, Theon?" Demandó Caryssa y Theon la miró con sorpresa. No lo había llamado por su nombre en años. Estaba demasiado enojada con su familia presente para preocuparse por su odio usual hacia el Kraken.
"Un cuervo de Desembarco del Rey." Theon entregó el papel a Robb quien lo abrió rápidamente, preguntándose si sería otra carta de Sansa. Tal vez habían surgido noticias del paradero de Arya.
Caryssa observó a su hermano leer la carta y pudo identificar el momento exacto en que lo vio palidecer y reaccionar ante cualquier fuera la noticia que acababa de recibir. Se mantuvo en silencio mientras dejaba la carta sobre la mesa y salía de la tienda con Theon tras él preguntándole qué sucedía. Caryssa tomó la carta rápidamente y la leyó.
Eddard Stark,
antiguo Lord de Invernalia y Guardián del Norte,
ha sido ejecutado por su traición bajo la orden de Joffrey Baratheon,
el primero de su Nombre,
Rey de los Siete Reinos.
Larga vida al Rey.
Caryssa leyó la breve nota una y otra vez hasta que su visión se volvió demasiado borrosa para poder leer.
Una nota de solo treinta y seis palabras le había roto el corazón y destruido su mundo. La joven loba sintió que no podía respirar. La mano que tenía libre la colocó sobre su pecho, arañando la piel sin darse cuenta como si pudiera sacar el dolor con dedos ensangrentados.
"Qué es lo que dice? Por qué salió Robb de ese modo?" Preguntó Catelyn, sorprendida del dolor que se reflejaba en los ojos de su hija.
La furia de Caryssa se había disuelto y la había remplazado dolor puro. La única persona que era tan cercana a ella además de Robb, que era su padre ahora se había ido y Caryssa no podía encontrar las palabras para decírselo a su madre.
Así que no lo hizo.
Le entregó la nota a su madre sin molestarse siquiera en esconder las lágrimas que caían por sus mejillas. Este no era momento para la vanidad o el orgullo.
Catelyn la leyó una vez, dos veces, tres veces antes de arrugar el papel y aventarlo lejos, sintiendo que el dolor entraba hasta su alma.
"Lo asesinaron," Catelyn miró a su hija, quien miraba fijamente la mesa y sabía que, a pesar de las lágrimas que caían por sus pálidas mejillas, Caryssa estaba conteniendo el dolor que sentía. "Lo asesinaron. Padre está muerto."
Caryssa repitió esas palabras una y otra vez, en voz alta y en su mente, y aun así no parecían reales. No podía imaginar un mundo en el que Ned Stark no existiera. Cuando eres un niño siempre crees que tus padres son seres inmortales que nunca te dejarán solo, y aunque Caryssa tenía suficiente edad para ya no creer en ese cuento de hadas, no podía creer que su padre estaba muerto.
Había peleado en guerras contra hombres más corpulentos y fuertes que él y había salido victorioso. Había peleado con salvajes y cazado jabalíes y leones de montaña sin sufrir daño alguno. Cómo podía ser que había sido ejecutado por orden de un niño que nunca ha peleado en su vida?
Catelyn caminó hacia la mesa, se sentó junto a su hija y la rodeó con sus brazos.
Y ahí fue cuando la presa dentro de Caryssa se desbordó y comenzó la inundación.
Lloró sobre el hombro de su madre con tanto sentimiento que no le importaba si Robb o los hombres fuera de la tienda la escuchaban. Su padre estaba muerto y ya nada importaba. Ni su orgullo ni su vanidad.
Simplemente estaba destrozada, era una chica que lloraba desconsolada la pérdida de su padre, buscando consuelo de su madre.
"Lo asesinaron!"
"Lo vengaremos, mi amor," la voz de Catelyn era severa, más de lo que su hija había escuchado nunca y tan firme como hierro. "Les mostraremos lo que los Lobos de Invierno hacen cuando se les hiere."
Caryssa asintió contra el hombro de su madre, aun con problemas para respirar.
Ella les mostraría.
Los lobos irán tras ellos.
Y los leones morirán gritando.
Una vez que su madre salió de la tienda para buscar a Robb, Caryssa se puso su capa, aseguró su espada contra su cintura y salió de la tienda de Robb, cuando sus lágrimas ya se habían secado, con Rhaenyra siguiéndola de cerca.
Estaba oscuro y se habían encendido varias fogatas pero Caryssa no puso atención a la hora, decidiendo esforzarse en evitar tantos hombres de Robb como fuera posible.
No tuvo éxito.
Todo al que se encontraba le daba sus condolencias, habiendo escuchado la noticia por parte de Robb o Theon o tal vez Catelyn misma, y ella asentía en forma de agradecimiento a cualquiera que lo hiciera aunque no les sonreía. Por fuera Caryssa imaginaba que lucía como la dama de hielo que todos pensaban que era, pero por dentro estaba perdida, frágil y destrozada.
Algunos de los Lores debieron esperar que se detuviera a hablar con ellos, que escuchara sus condolencias y les agradeciera por su lealtad a su padre, pero no lo hizo.
Caryssa tenía que hablar con alguien más y no gastaría sus palabras con nadie más.
Pasó junto a todos hasta que estaba en lo profundo del campamento y cerca de donde tenían a los prisioneros. Su andar se ralentizó conforme se acercaba a él, sus pasos eran silenciosos excepto por el sonido de las hojas crujiendo bajo sus botas. Eso emparejado con los suaves gruñidos que salían de la garganta de Rhaenyra alertaron al hombre que había ido a ver.
"Me preguntaba cuándo te dejarían venir a visitarme. No creí que fuera tan pronto-" Jaime se interrumpió a si mismo cuando vio los enrojecidos ojos de su esposa y porque él ya había escuchado las noticias del fallecimiento de Ned Stark. Ella era la más cercana a su padre de todos sus hermanos y Jaime sabía que su muerte sería un golpe devastador para ella. "Lamento mucho lo de-"
"Voy a matarlos," lo interrumpió Caryssa, con la misma seriedad que había hablado su madre hacía algunos minutos. Severa, fría, distante e insensible. "Voy a matarlos a todos. A Cersei, a Joffrey, a Tywin… Van a morir por mi mano y me aseguraré de que mueran gritando."
Jaime la miró fijamente, con los ojos muy abiertos y lleno de incredulidad y sorpresa.
Sabía que su esposa disfrutaba de ocupaciones masculinas como cazar y la política, pero siempre había odiado la muerte. Jaime lo supo cuando vio la culpa en sus ojos después de contar la historia del primer hombre que había asesinado y cuando apenas habló después de la muerte de Jory y de apuñalar al hombre que hirió a su padre. Matar no era algo que le produjera placer, a diferencia de él. Ella no deseaba ser un soldado o una guerrera como Arya. Esa no era la razón de que aprendiera tiro con arco o a empuñar una daga. Caryssa solo deseaba saber y poder protegerse como pensaba que todas las mujeres deberían poder.
La mujer de pie frente a él sonaba demasiado ansiosa de terminar las vidas de su familia. Esta nueva Caryssa tenía sed de sangre y ansiaba ver a Joffrey, a Cersei y a Tywin muertos pero lo que era más extraño, ella quería ser la que lo hiciera.
Jaime conocía mejor que muchos el dolor de perder a un padre y como puede cambiar a una persona si no están preparados para ello. Él no lo había estado y Caryssa definitivamente no lo estaba. Lady Joanna había muerto antes de tiempo al igual que Ned Stark y él sabía cuán cercanos eran. Él sabía que Caryssa idolatraba a su padre, que lo respetaba y lo adoraba, tal vez más de lo que amaba al hermano que lo tenía encadenado a ese poste.
Pero jamás creyó que la muerte de Lord Stark la pudiera llevar a un lugar tan oscuro.
"No puedo dejarte hacer eso." Dijo Jaime finalmente. No solo por su familia sino por Caryssa también.
Sus sentimientos hacia su esposa habían crecido exponencialmente durante el curso de su corto matrimonio. Ya no era solamente una diversión para él, una distracción de su finalizada relación con Cersei. Caryssa significaba mucho más para él ahora. Solamente que no sabía que sentía por ella con exactitud. Era diferente a lo que sentía por su hermana, eso era seguro, pero era igual de intenso.
Caryssa lo miró, sus ojos azules que normalmente eran tan brillantes ahora parecían más oscuros, y su mirada lo dejó sintiendo frío. La Doncella de Hielo, pensó Jaime, más fría que las tierras más allá del muro.
Una extraña y débil sonrisa apareció en sus labios, aunque parecía incorrecto estar sonriendo debido a como se sentía por dentro y vio la confusión reflejarse en el rostro de su marido.
"Ellos asesinaron a mi padre. Tienen a mis hermanas," Caryssa se acercó a él y se arrodilló frente a él, sin importarle el lodo que seguramente se pegaría a su falda y tomó sus mejillas entre sus manos. "Qué esperas que haga, Jaime? Cuando pensaste que mi madre mataría a Tyrion inmediatamente buscaste venganza. Por qué debería yo actuar diferente?"
"Porque tú eres una buena mujer, no una asesina," Caryssa negó con la cabeza ante las palabras de su esposo, soltando su rostro y colocando sus manos a sus costados. Lo era. Había tomado más vidas de las que querría. El guardia de Invernalia, el guardia Lannister que atacó a su padre, el guardia que intentó asesinarla en su tienda y algunos más en batalla. Caryssa sabía que había sangre en sus manos que no podía lavar y culpa que jamás la abandonaría. Jaime pudo ver a dónde había viajado su mente y negó con la cabeza. "No lo eres. Las vidas que se toman en defensa propia no cuentan. No lo hiciste con malicia… Bueno, la mayoría. Lo que deberías buscar para tu padre es justicia, no venganza, justo como él hizo por su padre, su hermano y su hermana. Porque eso hacen los Stark, no es así? Pelean con honor y buscan justicia. Deja la venganza a personas más oscuras y enfermas como yo."
Caryssa lo miró con lágrimas en los ojos una vez más. Eso parecía ser todo lo que hacía últimamente. Llorar como una criatura. Apretando los dientes para detener el llanto pensó en las palabras de Jaime. Aunque creía que había acudido a él para enfurecerlo con sus planes para su familia, en realidad había ido en busca de consejos.
Como lo harían su madre y su padre, pensó descuidadamente.
Incluso aunque Jaime se hiciera el tonto a veces, en realidad no lo era y sus palabras llegaron a la parte de ella que pedía justicia a gritos, en lugar de la otra mitad que pedía venganza inmoral, desastrosa y dolorosa.
Ella era una Stark y muerto o vivo, aún era la hija de Eddard Stark. Sabía que su padre había sido recibido por los Dioses en los Siete Paraísos y la miraba desde allá, así que viviría tan honorablemente como pudiera.
Después de un largo rato Caryssa asintió y el cuerpo de Jaime se relajó.
Cuando la había mirado hacía un momento, había visto una versión castaña de Cersei, llena de venganza y odio.
Le sorprendió lo desconcertante que había sido.
"Lady Caryssa!" Ambos giraron la cabeza en dirección dela voz y vieron a Lord Umber de pie tras ella, con su hijo, el Pequeño Jon, a su lado. Caryssa se puso de pie, limpiado el lodo de su falda lo mejor que pudo antes de voltear a mirarlos. "No debería estar aquí sola. Intentará envenenar su mente con mentiras."
"Si creen que lo que yo diga puede influenciar a mi esposa a hacer o creer algo… es que no la conocen muy bien, no es así Umber?" Jaime forzó una sonrisita en su rostro mientras observaba a su esposa acercarse a sus enemigos y alejarse de él.
"Siempre he tomado todo lo que dice mi esposo con cuidado, Lord Umber. No soy una niña inocente." Respondió Caryssa con voz fría e inexpresiva de nuevo. "Ya ha regresado Robb al campamento con mi madre?"
"Sí, nos ha mandado a buscarla. Habrá una reunión del consejo de guerra en su tienda, miladi." Le informó el Pequeño Jon y ella le dirigió una sonrisa carente de afecto.
"Entonces no debemos hacerlo esperar," dijo Caryssa volteando a ver a Jaime una última vez. "Ya obtuve lo que necesitaba. Hasta pronto, Ser Jaime."
"Hasta la próxima, Lady Caryssa."
A/N:
Hey chicos!
Pues las cosillas comienzan a ponerse más intensas y complicadas. Ya se nos adelantó Ned y Jaime ya admitió que siente algo por Caryssa, así que a ver que nos depara el futuro.
Como siempre, muchas gracias a ti, sí, a ti que estás leyendo esto. Gracias por leer y comentar, o solo leer; en fin, gracias.
Por cierto, actualicé las fechas en que voy a subir capítulo y ahora será los viernes, si quieren ver las fechas están en mi perfil.
Pues eso es todo, nos leemos pronto.
Los quiero mucho!
Bren
