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Ramé
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Capítulo 21
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15 de Abril de 1869
Sougo:
Después de que te disculparas, las tardes en la mansión han sido bastante extrañas. Ya no siento tu presencia como una molestia, pero si como una incomodidad.
Sueles cambiar tus tácticas a diario, pero tienes una metodología muy singular a la hora de entablar una conversación. Sea del tema que sea, solo te acercas a mí para iniciar una absurda y poco elocuente charla. Por inercia, suelo caer en tus redes tan pronto sueltas una pregunta. Aun si no tardó mucho en darme cuenta que tratas de involucrarte más en mi vida.
No sé cómo haces para transformar un tema tan absurdo en una verdadera plática. La insostenible charla de´´ ¿Cómo está el día?´´ se vuelca en los inconclusos debates científicos de los que habla la sociedad londinense. A veces terminamos viendo nuestro interior y dejamos escapar unas bocanadas de nuestro pasado, de nuestro sentir e incluso, de nuestro pesar.
El pasado dejo mancha rastrera en nuestras espaldas, al caminar nos delata y podemos saber qué hace unos meses atrás esa misma mancha era más oscura y pesada.
Hace unos días me sorprendiste. Fue durante una de las tardes en las que llegaste temprano, te veías sumamente agotado y suspirabas con densidad. Sé que últimamente has estado fatigado, pero aun así te tomas un tiempo para háblame. Tu yo de ahora, es más dulce que el enamorado romeo del pasado.
Volviendo a tu sorpresiva revelación, me confesaste que Kondo Isao te propuso ir con él a su empresa. Toshi aún no regresa de sus vacaciones. No me sorprende que estés pensando seriamente en esa oferta, la presencia de él te permite aferrarte al recuerdo de Mitsuba, sé que iras en esa dirección.
Le debes mucho. Él cuido muy bien de tu hermana y no serias capaz de abandonarlo. No sé si es por el recuerdo de ella y tu eterna gratitud, o porque realmente le has tomado cariño, como si fuera un buen hermano mayor. No puedes mentirme, lo sé muy bien. Admiras tanto a Isao Kondo, así como a Hijikata.
´´― Es una decisión importante y creo que como mi esposa deberías ser partícipe de ella―´´ ¿Cuándo fue que nuestra relación cambio tanto? Aun me lo pregunto. Tus palabras siguen siendo un eco incomprensible para mis oídos, para mi razonamiento.
´´― No tienes que preguntarlo… solo hazlo―´´ ahora que lo pienso, pude haber sonado autoritaria y poco amigable, pero no sé cómo comportarme con el nuevo tú.
Ya no te desprecio, ni nada semejante, pero no puedo hablarte sin recordar a Soyo y la conflictiva relación que tuvimos. Eres ajeno a gran parte de los hechos, pero yo soy totalmente consiente de mis actos, de mis perdidas y de mis heridas.
Tratas de solucionar las cosas, pero esto no se arregla. Sougo, a veces me comparo con las flores de mami. Son tan poderosas, tan indestructibles por el clima y la tempestad, pero con un pequeño corte de una hormiga comienzo a desmoronarme. Una vez infestadas, ya no tienen retorno, no vuelven a lo que eran antes. Y el problema, es que ya me infecte.
A veces pienso que antes de escucharte hablar, preferiría darte el permiso para que salgas con Hongou Soyo. Escucharte me recuerda todos y cada uno de mis errores y ya tengo una pesada piedra en mi espalda, como para recibir la culpa de mis acciones.
Pero entre más lo pienso, más dudas tengo. Porque aún está el hecho de que te sigo amando.
Me rio de mi misma, porque seguramente habré sido un monstruo en mi vida pasada.
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13 de Mayo de 1869
Recordando el día anterior, donde sufrió de quemaduras por los rayos solares, el joven Shinpachi tomo la decisión de salir a regar las flores favoritas de su señora antes de que el sol sea más intenso.
En medio de su trabajo, aprovechando el silencio que brindaba el madrugar, Gintoki hizo su aparición soltando maldiciones a cada segundo, entre murmullos incomprensibles. Se lo notaba muy ensimismado con sus quejas y su bebida azucarada, prácticamente no lo noto.
Y es que el pobre Sakata seguía maldiciendo a ese idiota de su jefe. Cada día veía un pequeño avance en su relación, lo cual era muy alentador y favorable, Gin lo animaba a continuar y Kagura solía aceptar la amabilidad de su esposo con gratitud. Para el jardinero de la mansión era una grata noticia.
Pero no fue hasta hace algunos días que se percató de lo que realmente sucedía. Compartían conversaciones en el sofá, charlaban de temas comunes, él solía preguntar por lo que había hecho en el día, conversaciones tan comunes… para un par de amigos. Y es que Gin vio que las cosas no avanzaban como deberían. Ese idiota de Okita estaba guiando la relación a una ´´Amistad´´ y no a una relación romántica. ¿Qué mierda estaba haciendo? ¿Dónde estaba el ´´Conquistarla´´? Esto no era una conquista, era una amistad sin bases románticas.
No sentía el romanticismo en las acciones de uno y otro, solo un cariño mutuo silenciado y muchos actos de amistad. Ese mismo día hablaría muy seriamente con ese chico, ¿Por qué se había desviado tanto del plan central?
― Gin, ¿Estas bien?― Shinpachi ya sabía su miedo por los fantasmas y su estúpida mente supersticiosa, por eso lo había saludado desde lejos antes de preguntarle que ocurría. Pero sus acciones fueron totalmente ignoradas por su compañero, lo cual no impidió que el alma se le escape por la boca y caiga desmayado al césped.
Su frente humedecida fue la causa de su despertar. Shinpachi seguía humedeciendo su frente con un paño mientras que Kagura permanecía sentada a su lado y el causante de su insomnio, Okita Sougo, estaba parado delante de ellos.
― Por fin despiertas, me diste un susto cuando te desmayaste―comento preocupado Shinpachi.
Kagura asintió mientras Sougo sonrió de lado.
― No sabía que le temías a los fantasmas―respondió burlón. El castaño no se olvidaba de los retos que recibía por parte de Gin, ese era un buen momento para burlarse― Aunque nos despertaste a todos con tus gritos―
Gin no pasó desapercibido ese comentario mordaz por parte de su jefe.
― ¿Realmente estas bien?―Kagura estaba muy preocupada por la salud de su buen amigo, no había podido despegarse de su lado en toda la mañana. Incluso el medico aconsejo vigilarlo.
― Si―asintió apenado por ser vencido, una vez más, por sus miedos― Pero deberías de agradecer a ´´Shinpachi´´―con una sonrisa burlo miro a Sougo sabiendo que esas palabras lo perturbarían― él fue quien me ayudo―
El pobre de Shinpachi se encontraba entre medio de una disputa de esos dos. La sensación de estar a punto de ser asesinado no se iba. Aun si le estaba dando la espalda, sabía que Sougo lo quería ver muerto y no solo por las palabras de Gin. Kagura lo abrazo agradeciéndole el gesto, estrujando su cuerpo contra el de un aterrado Shinpachi.
Mofándose de la mala suerte de Sougo, Gin se levantó más animado de seguir con su trabajo. Aunque ni siquiera tuvo que dar un paso para volver a recordar cual era la causa por la que no había visto a Shinpachi en el jardín.
― No es necesario que te levantes, hoy descansaras―pidió Kagura antes de que este negara con gratitud.
Gin no estaba del todo mal, solo fue un susto. Estaba en óptimas condiciones. Además, no era como si siempre hiciera mucho en ese jardín. Shinpachi no notaria mucho la diferencia.
Levantándose de su cómodo lugar fue hasta un, aun, molesto Sougo para solicitar una charla de interés mutuo.
― ¿Podríamos hablar?― sus ojos se movieron insistentemente señalando a Kagura, dejando en claro la causa de su pedido.
El Okita acepto y sin mediar palabras partieron a la oficina. Shinpachi se encontraba preocupado, Gin tomo una acción demasiado reveladora delante de su señora. ¿Y si ella llegaba a sospechar? Ese pedido fue demasiado repentino y sin pensarlo mucho, hasta a él le genero demasiadas sospechas. Con una simple mirada a Kagura, se dio cuenta que no era el único que pensaba de igual forma.
Los ojos marinos de ella no se alejaban del pasillo por el que partieron. Algo dentro de Shinpachi decía que tendría que tener cuidado, en casos así no podía dejarla sola o descubriría lo que ese par planeaba.
― ¿Qui…Quiere ir a ver sus flores favoritas?―era un simple intento para alejarla de cualquier pensamiento extraño. Kagura le mantuvo la mirada unos segundos, dudando de aceptar o no. cada día, la relación entre su esposo y Gin era muy extraña.
Estando dentro de la oficina, escuchando la puerta cerrarse detrás de ellos comenzó a escuchar las innumerables quejas de Sakata Gintoki con respecto a su relación.
Sougo ya lo había notado, sabía muy bien que ellos no iban para la dirección deseada, pero no podía negar que le gustaba el avance que estaban teniendo.
Aun no podía concebir esa tarde en la que su amada le había contado acerca de su madre.
Durante la mañana se había encontrado con Hijikata en la mansión Okita. Hijikata arrastraba la melancolía de sus años felices con Mitsuba y Sougo no podía sacar de su memoria esos buenos recuerdos… cuando solo era un niño sin preocupaciones mayores.
Para la pelirroja fue todo muy repentino. Sentada en el césped mirando a la nada, escucho los pasos de Sougo cerca de ella. No necesito levantar su mirada para saber que era él.
Como esa mañana en la que se disculparon, el joven Okita se sentó a su lado en silencio. Retomo el aire, y comenzó a narrar una historia que ninguno de los espero oír.
― Cuando eres un niño, ajeno a lo que sucede a tu alrededor, tu vida es mucho más interesante y feliz. No le temes a perder tus días de paz con tu familia en el parque. No temes toparte con el sujeto que puede destruir toda tu vida, que tu hermana ya no respire más…―comento con la nostalgia cristalizando sus ojos― Solo esperas que la canastas de mimbre repleta de comida siga estando en la mesa los fines de semana―sonrió incredulidad.
Se sentía todo un anciano recordando sus años de juventud.
Aunque solo era esa añoranza por no despertar de una cruenta ilusión. En esos momentos, maldecía a Hijikata por recordarle que él pasado fue mucho más próspero para su familia.
― ¿Canastas de mimbre?― pregunto riendo. No se estaba burlando sino, más bien, que sintió una terrible similitud con su adorada infancia― Mamá hacia muchas canastas para vender―sus palabras salían sin pensar, dejando en evidencia que ella no venía de una familia de lord, al menos no en su totalidad― Siempre guardaba la más bonita para salir al río. Las mantas estaban más sucias que el suelo de los graneros, pero aun así era divertido― no parecía como si le estuviera hablando a él, ni siquiera parecía ser consciente de su presencia― Aunque la culpa de ello era de Kamui, no sabía lavar la ropa para nada―rio por unos segundos antes de volver a su rostro serio y sombrío― Mamá… no podía lavar la ropa, caminar mucho o salir a jugar… por eso todo lo preparábamos nosotros, por eso reíamos mucho, para que ella se sienta feliz de la vida que teníamos―
― ¿Cómo era ella?― pregunto absorto en la imagen llena de añoranza que ella le devolvía.
Su tristeza había sido captada por la percepción de su esposo sin mayor esfuerzo. Kagura no estaba en condiciones para darse cuenta de lo que su cuerpo hacía ¿Y a que se debía? Ese día se celebraba una fiesta muy importante, no solo para ella. Estaba segura que tanto Kamui como su padre estarían en estas mismas condiciones que ella, siendo vulnerables al pasado.
― Kamui dice que se parece mucho a mi― se tocó el cabello largo, lo peino con sus dedos recordándola con pesar ― Incluso dice que su voz es similar a la mía―esto le causo gracia, porque si bien era cierto, Kouka tenia una voz muy serena, pero al mismo tiempo imponente ― Pero sus ojos eran verdes y vivos, como la luz del sol al posarse en los jardines de Johnston―no podía sacar de su rostro la sonrisa gratificante que le traía el recuerdo de su mami― solía mirarnos con cariño, tenia mucha comprensión y paciencia… verla reírse era lo más gratificante del mundo―sus ojos volvieron a decaer ―Si tan solo tuviera una foto―
― ¿Y?―la voz de Gin lo alejo de ese pequeño recuerdo que tuvo con su esposa― ¿Qué piensas hacer?― pregunto impaciente. El hombre que lo estuvo regañando a penas la puerta de su despacho se cerrara, estaba más que impaciente por saber cómo arreglaría todo ese conflicto.
Sougo, por su parte, se veía dubitativo de si hablar o no. Tenía algo escondido bajo la manga, una sorpresa que alegraría a la propia Kagura pero, al mismo tiempo…
― ¿Puedo mostrarte algo?― sin necesidad de escuchar una afirmación, Sougo se levantó de su asiento y camino hasta la puerta de la oficina ―Sígueme―
La conversación que tuvo con Kagura, ese dieciocho de abril, fue tan importante que pensó demasiado en que podía darle para alegrarla. Pero esto ya no se trataba de conquistarla. Su gesto era un intento de darle un poco de paz y verla sonreír como una niña todos los días de su vida.
Caminando por el pasillo, Sougo guio a su acompañante por la escalinata. Tenían que ir al ala este, la parte de la mansión menos concurrida. Allí solían dormir todos y cada uno de los empleados. Kagura y Sougo solo se movían por la planta baja, su habitación y todo el espacio verde que su hogar les brindaba.
Pero, precisamente era en el ala este donde se encontraba la gran e inmensa bodega, otro sitio poco concurrido. Cuando se mudaron guardaron muchas cosas que no utilizarían de momento y, hasta la fecha, ninguno había vuelto a esa habitación.
Estatuas góticas, cofres con adornos en oro, pinturas apiladas y demás excentricidades típicas de una familia pudiente, Sougo se hizo paso entre los objetos de valor junto a una de sus antiguas y bien detalladas lámparas de aceite. El cuarto estaba enviciado de un aire añejo y poco respirable que Gin percibió como espíritus malignos. Tratando de aguantar los escalofríos, Sakata, se acercó al castaño para evitar tener un desmayo nuevamente y caer en la burla de ese castaño.
Parecía una especie de obra teatral lúgubre, donde sabias que uno de los protagonistas moriría trágicamente, solo para darle el buen sabor de boca a esos fanáticos de la tragedia gótica.
Con la brisa entrando por la ventana de vidrio grueso y madera fornida, Gin no pudo evitar chillar del espanto al percibir un recorrido helado en su espalda. Mirando aterrado, se dio cuenta que era simplemente su estúpido pavor el que le jugaba una broma… a menos que sea un fantasma que reclamara su alma.
Sougo estaba tan intrigado por su reacción al objeto que le entregaría a su esposa, que se perdía de ese deleite. El castaño no se daba cuenta del pánico que tenía su acompañante.
― Es acá― respondió parándose de golpe haciendo que Gin chocara contra él.
Afinando su vista al objeto frente a él, un polvoriento y arrugado trozo de tela. Se notaba que debajo de ese lienzo, se encontraba algo más, pero la insolente tela lo cubría evitando que captara la belleza del regalo.
De un movimiento fluido, Sougo saco la tela levantando el polvo estancado y causando que Sakata tosiera por el abrupto. Fregando sus ojos, distinguió una mirada verde en medio de las manchas oscuras del cuadro.
Una mujer de vestimenta sencilla, pero con el porte de una lady, miraba serena al frente. Sus ojos esmeraldas traspasaban la pintura y parecían observarte con tanta paz, que cambiaba el aire viciado de preocupaciones y temores, en uno más respirable y relajante.
Gin, indudablemente sonrió a su imagen. Esa mujer era igual a Kagura. La nostalgia rastrera de un viejo enamorado, lo llevo al pasado y al presente una y mil veces.
― Hace unas semanas… en medio de una conversación…―Sougo comenzó a hablar consiguiendo que los ojos rojizos de Gin se volvieran en su dirección― Kagura me dijo que no tenía imágenes de su madre―explico ― Fue un impulso, pero lo hice―reclinado y apoyando su mano en el cuadro, cerró los ojos buscando las palabras adecuadas― Pedí a Umibouzu que me diera una descripción de su esposa, quería que Kagura finalmente tenga la imagen de su madre colgada en la pared― sonrió de lado recordando la conversación con Umibouzu― Pero él tenía una fotografía de ella, le ahorro bastante trabajo al pintor― hincando su pie volvió a levantarse inseguro de sus palabras― No quiero darle esta pieza a Kagura, aun no―
― ¿Entonces para que pediste…?― Su pregunta quedo colgando en el aire.
Cerca de la puerta unas hebras pelirrojas ondearon armónicamente, su rostro estaba atento a lo que ese par decía. Estaba a punto de entrar para llamar a Gin, cuando la frase de Sougo: ´´No quiero darle esta pieza a Kagura´´ la mantuvo estática al lado de la puerta.
― Esto será un regalo para Kagura, de eso no hay duda― Sougo volvió a cubrir la pieza antes de proseguir― Pero no quiero que un obsequio modifique su decisión. Espero enamorarla por mis actos, sin ningún tipo de influencia― presiono sus labios― Aun si ella me rechaza o no, se lo daré como gratitud por su compañía―
Kagura cubrió su boca evitando que su grito ahogado escapara de su garganta. Antes de que salgan de la habitación, la chica se encerró unos segundos en la primera habitación que encontró. Con la puerta cerrada, libero sus manos de sus guantes. Toco su rostro y sintió el calor emanando por sus mejillas.
´´Espero enamorarla por mis actos´´, su pecho no paraba de dolerle. El palpitar fuerte dolía de pura euforia.
― Entonces, ¿Al final que harás?―la voz amortiguada de Gin la sobresalto ―Por qué te recuerdo que no estas actuando como enamorado, idiota, pareces su amigo― el reto volvía a llegar al castaño que maldecía una y otra vez el pedirle su ayuda.
― ¿No te lo dije? Una salida de pareja―respondió dudoso. Kagura escucho un nuevo reproche, inteligible, de su jardinero. Sougo contesto con calma seguido de la única frase que llego a oír― La idea es no presionarla, lo sé. Pero no sé qué más hacer para cortejarla―el resto de palabrería se vio interrumpida por el sonido de sus pasos bajando por las escaleras. Las suelas de sus zapatos chocando con el reluciente mármol de la escalinata, junto al tono de voz bajo que empleaban, impedían sacar un poco de elocuencia a su charla.
Presionaba sus labios con fuerza para evitar que cualquier sonido se escape. Sus intentos por permanecer tranquila se vieron entorpecidos por su veloz palpitar y su rostro sonrojado. ¿Cómo explicar que no le sucedía nada?
Kagura bajo las escaleras con cautela, verificando que esos dos no estuvieran por ningún lado. Para su suerte, se habían vuelto a encerrar en la oficina de su esposo, dejándole el camino libre para salir al jardín sin ser detectada.
Su garganta seguía reclamando, implorando porque los sonidos que se guardaba escapen. Quería liberar su felicidad, y su nerviosismo, pero también tenía que tener cuidado de no ser escuchada. Kagura deseaba amortiguar su grito con algo, ¿Pero con qué?
Tragando con mucho esfuerzo, se reclino inconscientemente frente a sus flores predilectas. Tenía deseos inmensos de dejar escapar una sonrisa de felicidad, pero siguió manteniendo la compostura al escuchar pasos cerca de ella.
Shinpachi se aproximaba con un costal de fertilizante.
― Disculpe, Kagura, pero tengo que…―hizo una seña al montículo que llevaba― abonar la tierra― explico de la manera más sutil posible.
Kagura se veía incapaz de hacer contacto con la realidad, solo recordaba las palabras que Sougo había dicho y lo seguro que este estaba.
― Shinpachi―llamo mientras le dejaba espacio para acuclillarse― ¿Te puedo contar una historia?―quería pedirle ayuda, pero no deseaba que sea de forma indirecta. Tomaría un ejemplo para buscar ese consejo que necesitaba― Es la historia de una Coneja y un pequeño Lobo enamorado…―Shinpachi se acomodó al lado de ella dejando un sutil asentimiento de cabeza para escuchar lo que tan urgentemente quería soltar.― Comienza en antaño, en una civilización poco agradable, regida por las apariencias y los modales―
» En aquellas construcciones de piedras preciosas y oro, donde la riqueza era exhibida como un gran logro, un conejo fue entregado a un lobo como parte de un trato milenario. ¿Qué harían con el pequeño conejo? No lo sabía. Pero, con su inocencia, vio con ojos brillosos a su futuro dueño. El lobo era tan pequeño como su nueva presa, más grande y atractivo que otro, pero de una mirada más amable. Era una criatura salida de ese mundo.
»El conejo se vio embargado en emociones tan fuertes, que sin dudarlo le entrego todos sus sentimientos. No escucho el susurro del viento, ni el rugir de los truenos. El pequeño conejo dejo sus sentimientos en bandeja a uno de los más grandes depredadores.
»Por otra parte ese Lobo tomo la ofrenda con cuestionamientos. ¿Cómo algo tan insólito como un conejo se dejaba al descubierto de un depredador?
»El tiempo paso, las voces feroces, y los aullidos hilarantes repletos de chismes se hicieron ecos sordos para el pequeño conejo. Solo fue cuestión de tiempo para que su compañero la dejara y para que ella pudiera oírlas tan fuerte y claro, tan dolorosas y desgarradoras como siempre fueron.
»El lobo rechazo su ofrenda desde el principio, lo que ese conejo pensó era una simple ilusión. Ese depredador tenía sus ojos rojizos en otra loba voraz como él, aunque más cínica y tramposa.
»Desde que el pequeño conejo lo descubrió todo, su pelaje –Blanco y suave- se convirtió en uno harapiento y oscuro, repleta de lágrimas. El conejo entrego esa misma ofrenda rechazada a la bruja del bosque. Creo el caos, transformándose en la verdadera villana de la historia
»Oscurecida con su camino, encontró la luz en un claro luminoso, etéreo y acogedor. En ese diminuto espacio encontró una pequeña flor que ahogo sus lágrimas y brindo paz a su desdichada alma.
»Gracias a ese atisbo de luz, hizo oídos sordos a las voces que hablaban de ese par de lobos, traicioneros y amantes. Vivió feliz, risueña por mucho tiempo. Pero la euforia se acabó abruptamente, cuando los papeles se invirtieron y el conejo dejo de ser el villano para convertirse en la victima.
»Esa loba ventajera tomo partido de un momento de distracción para arrebatarle la flor que más amaba, destrozándola en el proceso.
»El destino de su amado depredador y de esa loba no fue muy gratificante. A pesar de amarse mutuamente se vieron separados, la unión entre ellos no se podría concretar. Y el destino de la coneja siguió en desdicha al lado de su amado lobo. Ya había entregado su tesoro más preciado, no tenía más escapatoria.
Shinpachi la miro entristecido, porque comprendía que esa historia tenía que ver con Kagura y Sougo. Escuchar esas palabras de ella, con la mirada tan alejada de la realidad, le dio muchísima pena.
― Pero fue en esos momentos… ―musito llamando la atención de Shinpachi―donde surgió una cambio de ciento ochenta grados―
»Sin darse cuenta de que era lo que realmente había cambiado, el pequeño lobo comenzó a cambiar su actitud. Comenzó a ser más dócil con ella. Ya no tenía marcas dolorosas en su cuerpo y los rugidos que advertían desaparecieron. Una de las posibilidades a tremendo cambio era la muerte de su hermana, los conflictos con su camada, lo consiente que era al saber que jamás vería a su amada.
»La coneja se convirtió en el cazador. Desecho y desprecio su acercamiento. Las heridas que le había hecho no eran sangrantes, pero si dejaban una marca para siempre en ella.
»En su memoria solo existía su amada flor y su pobre familia.
»El tiempo siguió pasando, la coneja fue cediendo sus intentos, aunque de vez en cuando volvía con su muro de acero. La bruja que tomo su ofrenda fue perdiendo poder. Esa parte de ella volvió a sí. Aunque hay fragmentos que aún no recupera.
»Pero llego el día donde esa coneja escucho nuevamente sus palabras. Era una sonata romántica en la que confesaba quererla, ¡A ella! y no a su loba.
»Las heridas no se curan y a pesar que la coneja esta tentada en dejarse llevar por esa emoción y ese amor que verdaderamente nunca murió… sigue con miedo de ser una mera ilusión y volver a ser devorada por su amado lobo.
Termino de relatar mientras, con sus manos expuestas, ayudaba a Shinpachi a esparcir toda esa montaña de fertilizante. No quería verse triste o pensativa, ayudarlo serviría para distraerse. Pero fue la mano de Shinpachi sobre la suya la que detuvo su accionar.
― Creo que ese lobo cometió errores que tardaran en ser olvidados―le sonrió comprensivo tomando la decisión de seguirle la corriente― Pero muchas veces los provocamos, los humanos somos propensos a no cuidar lo importante. Lo bueno es cuando tratas de redimirte y tomas acción con las heridas que dejas en otros― aplano la tierra y dejo de trabajar para mirarla fijamente― Mi señora, hace muchos años perdí mi oportunidad con una chica. Ella espero mi respuesta pero yo no actué. No me percate de que era mi momento y la lastime más de lo que podría aceptar―sus ojos se tornaron tristes y pesados― Hace poco la volví a encontrar y estoy intentando arreglar mis errores, recuperar el tiempo y rogarle que me de otra oportunidad―se sinceró― Si ese lobo cometió tales acciones, quedan en esa pequeña coneja decidir si su comportamiento es suficiente para merecer el perdón. Con lo que a mí respecta, dudo que ese pequeño lobo mienta. Nadie se toma tantas molestias si no eres importante. Creo que… él está verdaderamente arrepentido―
Kagura se sonrojo al escucharlo. Le estaba dando posibilidades y esperanzas que tenía miedo de que existieran.
― Entonces… ¿Existe la posibilidad de que ese lobo la ame realmente?― pregunto atenta a sus expresiones. Quería saber que tan sincero era, que tan seguro estaba.
― Claro que si― Shinpachi no era tonto, esto los ayudaría, no era mucho pero si impulsaría a Kagura. Era un grano de arena, en comparación al trabajo que ellos debían ejercer.
Los ojos color café de Shinpachi se transformaron en dos sinceros espejos, sonriéndole con complicidad y calma, tanta como su mamá tenía cuando le daba una explicación o un consejo. Esa posibilidad que el chico le brindaba la hizo sonrojarse aún más. Bajo su mirada al piso mientras su amigo soltaba una risa sincera al verla tan apenada.
Era una linda conversación entre dos buenos amigos, lástima que no todos lo vieran de esa forma. Parado en la puerta que daba al patio, Sougo se sintió sumamente desanimado al ver esa imagen. Una hermosa postal que destruía todas sus esperanzas.
Suspiro con pesar y mucha impotencia. Si ella no lo aceptaba la dejaría en paz… y cada día pensaba en que el próximo ella le dijera nuevamente que no lo amaba. Prácticamente se preparaba para oírla nuevamente, tendría que dar su brazo a torcer y ver cómo era feliz al lado de otro hombre que no era él.
Gin llego unos segundos después percatándose del sombrío rostro de su jefe y sonrojada que estaba Kagura al lado de su compañero.
― Iré a la empresa―aviso antes de tomar sus cosas del sillón.
Aún era temprano para que partiera. Desde hace un tiempo no se iba sin saludar a Kagura. Se notaba que todo aquello lo afecto enormemente. Sin mediar más palabras que esas cerró la puerta de la entrada.
Al momento de sentarse en el carruaje, la pesadez y el desgano lo inundaron. Estaba temeroso por perderla, pero a pesar de que ella mostraba un progreso en sus pláticas también sentía que no avanzaban en la dirección que el quería. Como le había dicho Gintoki, no parecía un cortejo, sus charlas eran las típicas que un amigo tenia.
Estaba abatido por todas expresiones regaladas a Shinpachi, si tan solo él…
´´― No te rindas―´´ La voz de su mamá resonó en su cabeza.
Recordó que había prometido no hacerlo, solo si ella volvía a rechazarlo… y aun no sucedía nada de eso.
― ¿Qué raro que llegues antes de hora?― Takahiro recién llegaba. Hace un tiempo que no lo hacía, desde que sus intentos de cortejo con su esposa habían comenzado.
Sougo se bajó apresurado de su carruaje dispuesto a hablar con su progenitor. Quería pedirle un favor. Nunca lo había hecho, jamás se le hubiese ocurrido algo así… pero Kagura lo valía.
― Tenemos que hablar― sus palabras venían con un tono de imploración que sorprendió al mayor ― Hoy… quiero tomarme el día―
Subiendo las escaleras de la instalación, respirando el hollín y escuchando el ruido de los empleados mientras trabajaban, Sougo lo siguió en silencio hasta encerrarse en su cómoda y silenciosa oficina.
Parado, esperando la respuesta de Takahiro, Sougo observo mientras él se sentaba encendiendo una pipa. Se reclino en su mullido asiento y analizo de pies a cabeza a su hijo. Tal pedido no solía salir de su boca.
― ¿A qué se debe esto?, ¿Buscan el heredero?―se mofo irónico― Dudo que sea esa la causa―acertó sin mayor esfuerzo.
― Y es verdad―acepto sin dudas― Esto se trata de...―Takahiro lo detuvo cortando sus palabras con comentarios punzantes.
― Debes ser el único hombre en la faz del universo que no mire con deseo a tu esposa― rió divertido― Desde su juventud se notaba que sería muy atractiva, ¿Sabes lo que tuve que pelear para que Katsue no la de a otro hombre con más poder? Incluso me he tenido que aguantar por no consolarla durante tus desplantes, es toda una belleza―mientras él se sentía todo un héroe por controlar su bestia lujuriosa interna, Sougo estaba más que asqueado.
Takahiro era un hombre promiscuo que no dudaba en dar comentarios de ese tipo, las mujeres estaban para satisfacerlos y cuidar sus descendientes. Si Sougo no la usaba para lo que ella estaba, él sería el primero en tomar acción sobre su increíble y deslumbrante cuerpo.
Golpeando la mesa y aguantando la presión en sus puños, no le importó hablar fuerte y alto para que no solo él lo escuchara.
― ¡Te prohíbo que te vuelvas a acercar a mi esposa! ¡Que la mires, que le hables!, ¡Kagura no es un juguete, no está para satisfacer a nadie y menos a ti!―gritar no ayudaba, aun sentía el impulso de querer estampar su puño en la cara de esa mierda.
― ¡No me hables de esa forma y baja la voz!―dijo severo al levantarse ― Cada vez eres más similar a tu madre, solo se quejan de la posición en la que están―chisto molesto ―Deberías de estar agradecido que alguien vea a tu esposa con buenos ojos, Kin no llegaba a ese nivel…―
Harto de escucharlo lo tomo del cuello de la camisa y lo estampo contra la pared. Sougo tenía una gran acumulación de comentarios despectivos de parte de ese hombre hacia a sus seres amados. Su madre era una gran mujer a la que él ataco hasta marchitarla. Escuchar como hablaba de Kagura lo alteraba muchísimo más, saber que era material para las fantasías de ese viejo asqueroso lo irritaba tanto que…
Sougo alzo su puño al aire y trato de atinarle a su rostro, pero la pronto intromisión de un tercero detuvo su accionar. Era el suplente de Hijikata quien evito que encestara su puño en su decrepita cara.
― ¡Señor Okita, joven Sougo!― su voz y el movimiento de Takahiro, causaron que su puño fuera de lleno contra la pared ―Por favor, le pediré que se retire, de lo contrario llamare a la guardia― era un inútil para completar el trabajo de Hijikata, pero muy serio y responsable con las cuestiones morales y de ética. Una pelea era de animales, y eso iba en contra de su educación.
Maldiciendo a su exabrupto, tomo sus cosas decidido a partir.
― Tendrás horas extras Sougo, tu comportamiento es intolerante. No puedo dejar pasar esta falta de respeto― ¿Falta de respeto? Y que le quedaba a su madre y a Kagura.
Su hijo no le prestó atención y siguió su rumbo.
― No acatare más tus ordenes―sentencio seguro― Renuncio―
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Kagura estaba confundida al no encontrarse con Sougo. Aún faltaba para que se fuera a la empresa. Ni siquiera se había despedido de ella. No pudo evitar entristecerse. Pensar que tal vez se apresuró a sacar conclusiones la ponían muy mal.
― Tenia una urgencia― Gin trato de excusarse por él. Estaba intentando que todo ese avance no se vaya a la basura por culpa de malos entendidos.
Kagura no emitió sonido alguno, pero no estaba conforme con su respuesta, sus ojos eran más claros que sus acciones. Estaba triste y un tanto decepcionada.
― Kagura― fue la voz de Sougo la cual llamo su atención.
Después de esa discusión, el castaño marco rumbo a su hogar. Seguiría con su plan, a pesar de todo. Mañana mismo se encargaría de firmar un contrato con Kondo Isao, de momento tendría una agradable salida con Kagura, si es que ella lo permitía.
Aun en el recibidor, sus ojos azulados brillaron al verlo. La magia de la escena le dio la indicación a Gin para salir silenciosamente de la sala. Lo que faltaba para unirlos, él no podría hacerlo. Esa parte era cosa de ellos.
― ¿Quieres salir?―se tomó el atrevimiento de rozar sus dedos la palma de su amada. Aun se sorprendía de la calidez de su piel.
No estaba para nada seguro si aceptaría o no, solo imploraba que en algún momento ella acepte darle una oportunidad.
― Tomare mi sombrilla―dio como respuesta afirmativa antes de partir en su búsqueda.
Su mano se sintió fría, el estar lejos de ella lo volvía más consiente de cuán importante era ella para él.
― Te espero― elevo la voz para que ella llegara a escucharlo― Siempre lo hare―musito para sí mismo antes de sonreír agradecido.
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Notas de Ficker:
Gracias por aguardar la espera.
Realmente lo agradezco.
Siempre trato de subir el capítulo lo más rápido que pueda, pero mi problema principal (ahora) es el tamaño de los capítulos. Serán largos, tal vez escriba otro más de 8k de palabras y así estoy sumando número de palabras. Se suponía que en este capítulo empezaba la cita, pero no se pudo XD próximamente será la cita y dura un capitulo y medio o dos, no sé.
Aviso importante:
De acá en adelante las cartas del inicio (fíjense la fecha) no serán de la Kagura actual, sino de la pequeña Kagura que se enamoró de Sougo. Ahí se irán viendo escenas narradas por ella que serán muy importantes, además porque falta poco para que el otro personaje que vivió todo desde otra perspectiva aparezca.
