Los rayos cálidos del sol, iluminaban el rostro de Twilight. Ella se despertó lentamente, permaneciendo acostada y mirando la ventana abierta, mientras las cortinas ondeaban lentamente hacia el interior. Permaneció petrificada en el lugar, viendo el hermoso horizonte. Las nubes se deslizaban tranquilamente, escondiendo los rayos del sol y dejando una débil iluminación en el ambiente. Las pequeñas casas que se veían más allá, en una isla con un gran puerto donde se veían las embarcaciones, los transeúntes y los pequeños botes pesqueros que salían tímidamente al mar. Las aguas cristalinas refulgían debajo de los botes, mientras que gaviotas bajaban cerca de la superficie del agua para cazar las oportunidades que los hombres o el mar les ofrecía. Sobre la isla, una gran cantidad de pequeñas casas pintadas de blanco, con techos de lozas rojas y una gran vegetación a su alrededor, demostraba las pequeñas alegrías y vicisitudes del nuevo día.
A pesar de que el paisaje era hermoso, no causo la mínima reacción en Twilight. No pudo dormir bien esa noche, las preguntas acosaron sus sueños y la incertidumbre se transfiguro en pesadillas abstractas. El miedo que le produjo esos sueños, eran un reflejo de sentimientos abstractos que nunca había sentido antes en Equestria. Lentamente se incorporó en la cama, recostándose sobre la cabecera de la misma. Miro su ropa, era un pijama de dos piezas de color blanco y en su pecho izquierdo el símbolo de su Cutie Mark. Desvió la mirada hacia el paisaje, no porque admirara la belleza de esa imagen, era más bien para tener un lugar fijo donde dejar la mirada y dejar que las divagaciones de su interior se dispusieran a matar el tiempo.
Existían preguntas que dejaban un sentimiento extraño en su ser. ¿Por qué no se había ido de ese lugar cuando tuvo la más mínima oportunidad? ¿Podía confiar en alguien que la había amenazado para que cumpliera su promesa de devolverla a su hogar? ¿Qué había sentido exactamente en el momento de quedarse? Las palabras de Virgilio resonaban en su memoria y hacia un eco a las preguntas de su mente. Si Virgilio podía crear la realidad que los rodeaba, junto con todos los habitantes y seres que pueblan esa realidad ¿Qué le garantizaba que ella no era más que otra de sus creaciones? ¿Qué le garantizaba que sus recuerdos, su carácter contrastable con esa realidad, no eran más que una creación de Virgilio? Tenía miedo a la incertidumbre de esa pregunta, como si solo fuera una marioneta de un universo indiferente a sus sufrimientos como individuo. Se sentía atrapada, pero ¿Estaba atrapada verdaderamente en un universo ajeno al suyo o era solo un producto de una idea obsesiva? Miro sus manos, lentamente toco su rostro y el recuerdo de que sus manos fueron cascos y su rostro no era humano se hizo patente, pero difuso en el mar de incertidumbre. Cerró sus ojos, viajando a unos recuerdos de una realidad más fácil, más feliz y menos compleja que esa. Escucho el sonido de sus amigas, el de sus padres y hermano, el de las princesas y el de Spike. Las voces parecían lejanas, como la luz de un faro que alumbraba en la tormenta de un mar inmisericorde. Volvió a abrir los ojos, viendo que un espejo estaba frente a ella, reflejando una imagen que le parecía surrealista.
Se levantó de la cama, acercándose lentamente al espejo y viendo esa extraña imagen. Roso con las puntas de sus dedos la superficie del espejo, sintiendo el frio del cristal. El reflejo era de ella misma, que la reflejaba en un cuerpo que no era suyo, en una habitación indiferente y en un lugar que ella solo había negado.
-La negación de la realidad en virtud de una esperanza-susurro.
-¿Despierta?- escucho la voz de Virgilio, desde la puerta.
Volteo rápidamente, descubriendo que estaba de pie en el umbral, con las manos detrás de la espalda, vestido con unos pantalones militares, una remera con un diseño en grafiti en el pecho que decía "Nike" y un chaleco carmesí con capucha. La figura idílica de ese ser que vestía elegantemente, se desvaneció y por un minuto dudo de la existencia de esa imagen. Fue la pregunta que abrió las puertas a un sentimiento de indiferencia, de divagación sobre el significado del perdón y sobre un extraño sentimiento de separación de su propio cuerpo la que la obligo a contestar.
-Sí.
Lo dijo sin convicción, sintiendo que no era parte de ese momento. Se había disociado de su cuerpo, como si estuviera contemplando la imagen detrás de un cristal, o presenciara una obra de teatro desde la comodidad de un asiento de la primera fila. La realidad le parecía una ficción, un cuento del que solo ella era ajena a ese cuento. Miro hacia abajo, como evitando mirar a un ser que no estaba verdaderamente en la habitación.
-Virgilio, tú estás… ¿Tú estás bien?
Virgilio solo la contemplo en aire meditativa, como si le pregunta que le hiciera ocultara una pregunta más profunda debajo. Dejo que el silencio pasara unos segundos, como meditando la respuesta que debía darle.
-Estoy bien Twilight ¿Por qué?
Twilight levanto la vista, como si buscara en un rostro hermético la más mínima señal de una mentira que ella descubriera. Pero ese rostro no reflejaba más que la apesadumbrada mirada de un hombre indiferente que miraba a un ser separado por un profundo abismo. Pensó un momento si debía preguntarle lo que paso ayer. Como ella lo había visto, él había estado muy alterado y daba la impresión de estar con un ser inestable. Alguien que podía cambiar de la más pasiva tranquilidad a la destrucción de todo un paisaje lleno de seres vivos sin parpadear siquiera. Lo que le daba un miedo y una inseguridad casi divina. Twilight nunca había tratado con un alguien inestable, alguien a quien no podía brindar su amistad como lo había hecho con Discord. Eso era lo que más la separaba de él, de ese mundo, de todos los habitantes que estaban en esa realidad. La posibilidad de que ella le brindara a alguien su amistad, era sinónimo de que ella quería estar con ese ser, que ese ser le interesaba, que reconocía su realidad y la posibilidad de vivir pequeños momentos de felicidad con ese ser. A pesar de que había encontrado las representaciones de sus amigas en esa realidad, que sabía que ellas siempre estarían predestinadas en la mayoría de los universos a ser amigas, las sentía como extrañas. No podía fingir que ese lugar, esas representaciones y esos paisajes eran una realidad en la que ella quería vivir. Pero ¿Por qué se había quedado entonces?
Había dejado un largo silencio, quería preguntar o por lo menos mencionar el comportamiento de Virgilio de ayer, pero temía como podía reaccionar a esa pregunta.
-No, solo preguntaba. No es nada-mintió, ocultando toda la incertidumbre en las profundidades de su ser, junto con un mar de preguntas que trataba de acallar y unos sentimientos que nunca había sentido hasta ahora.
Virgilio solo advirtió la preocupación de esa respuesta, pero no quiso profundizar más en una llaga abierta que intentaba proteger.
-Entiendo-dijo en un tono consolador, a pesar de que solo aparentara la empatía.
Se acercó hasta el balcón, se recostó en el respaldo de la balaustrada y miro el pequeño pueblo pesquero. Ella solo lo miro unos momentos antes de acercarse y permanecer en el portal.
-La mansión de los puntos cardinales. Estamos en el ala sur, que nos deja ver el pequeño pueblo de Chayne-stock. El ala norte tiene un portal que conduce a una pequeña casa en ese pueblo. Al este, un ala te deja en el tren que tomamos al bajar del crucero. Al oeste, un ala que te lleva a un lugar diferente del planeta que cambia cada día y que, según dicen, también a épocas diferentes. La mansión, es una estructura laberíntica que toma la forma del alma de su huésped. El alma, como concepto abstracto de esta mansión, es algo que representa los sueños, los sentimientos, las metas y los deseos del huésped. En el tiempo que estuviste durmiendo, la mansión fue perdiendo tamaño hasta convertirse en una casa mediana que mantiene sus 4 alas.
Twilight no respondió, solo miro el paisaje. Virgilio dejo de mirar el paisaje y miro a Twilight.
-¿Quieres desayunar? Tenemos todavía tiempo antes de llegar. Vamos a tomar un poco de café al pueblo.
-Yo-pensó un poco si era conveniente hacer una pregunta, pero incluso esa pregunta le pareció absurda- está bien.
Dejo que Virgilio saliera primero de la habitación. Ella lo seguía de cerca, se detuvo unos segundos frente al espejo, viendo como su pijama de 2 piezas se transformaba en un vestido de verano blanco, con un sombrero elegante del mismo color y el símbolo de su Cutie Mark se dibujaba y tomaba forma en el dorso de su mano izquierda. Twilight se sacó el sombrero, viendo que su cabello conservaba los mismos colores que su melena, con sus franjas en el flequillo. Vio que Virgilio la observaba desde el umbral de la habitación que conducía al pasillo.
-La representación de la existencia de una persona, según Jean-Paul Sartre, pasa a través de su consciencia. La consciencia, para este filósofo, estaba determinada por una consciencia externa. Es decir, la consciencia de un individuo solo puede existir si este se proyecta en sus acciones en la realidad.
-¿A qué viene eso?
-Te lo contestare mientras vamos al café.
Virgilio camino por el pasillo, marchando hacia el interior del pasillo. Twilight lo siguió, descubriendo que todas las pinturas, la gran cantidad de pasillos y las habitaciones decoradas por lujo, se habían desvanecido quedando una pequeña casa elegante. A Twilight le gustaba esa pequeña casa de dos plantas, que estaba decorada con libreros, pisos de madera, decoración humilde y una gran cantidad de ventanas abiertas.
Se dirigieron hasta el ala norte, donde el portal los llevo a na calle inclinada hacia la derecha. Una multitud de trabajadores, pescadores, damas y niños caminaban de un lado al otro. Virgilio se dirigió hacia la cuesta debajo de la calle. Twilight miro desde donde estaban, una gran mansión, con un puerto marítimo propio en una isla cerca al pueblo. Tardo un poco para encontrar a Virgilio en la multitud, debido a que su traje había cambiado por unos pantalones grises con tirantes rojos y una camisa blanca con una boina negra en su cabeza. Se acercó y permaneció a su lado.
-Sartre definía a la existencia como la libertad en el hombre. A su vez, solo cuando el hombre ejerce su libertad es conocida su existencia. La consciencia, se construye a partir de lo que el sujeto es capaz de expresar en el mundo. Su comportamiento, su elección de la ropa que puede ponerse durante el transcurso de la semana, los objetos de su habitación que ha juntado a lo largo de su vida, si ha creado una escultura, una escultura o una obra literaria es lo que definirá la existencia de la consciencia del sujeto. La mansión de los puntos cardinales, es un buen ejemplo de ese concepto abstracto. Pero lo pensé cuando te quedaste mirando la transformación de tu ropa en el espejo.
-Virgilio-contesto Twilight-este día no estoy de humor para la filosofía. Solo quiero tomar un poco de café y tratar de volver a mi hogar.
Virgilio quedo mirando a Twilight unos segundos mientras caminaban. Caminaron en silencio mientras los sonidos del pueblo orquestaban la melodía de la mañana.
-¿Dormiste bien?-pregunto el guardián, tratando de guiar la conversación para matar el tiempo.
-Supongo-respondió Twilight, evitando profundizar la conversación.
-¿Por qué?
-Nada importante.
Mientras se abrían paso por las calles, podían ver a perros que escapaban con un trozo de carne entre la multitud, gatos que dormían en los techos de las casas o corrían de los perros de la calle hasta una ventana abierta. Algunos niños jugaban corriendo unos detrás de otros y recibiendo las maldiciones de algunos ancianos al pasar corriendo cerca de ellos.
-Y tú ¿Qué tal dormiste?-cuestiono Twilight.
-Imagino que bien.
Algunos vendedores ambulantes vendían sus mercancías, sus pescados, sus pequeños botes en botellas a los extranjeros que usaban ropa mucho más elegante, que hacía fácil reconocerlos entre la multitud. Algunos niños mendigos se quedaban mirando pasar a los transeúntes, mientras sostenían una pequeña lata de conservas de aluminio frente a ellos. Twilight se detuvo y quedo mirando a la niña entre la multitud. Su cabello era negro, su pequeño cuerpo delgado tiritaba con el viento fresco de la mañana. Vestía con una un vestido blanco y sucio, con un collar de cuentas y un relicario un poco oxidado.
-¿Puedes darme algunas monedas?-dijo la niña.
Twilight miro a Virgilio.
-¿Tienes algunas monedas?
Virgilio busco en sus pantalones y saco un billete. Se lo dio a Twilight y ella se lo dio a la niña.
-Muchas gracias señorita-dijo la niña que miraba el billete en la lata.
La niña se levantó y corrió por un callejón cercano. Twilight sonrió al ver correr a la niña, por unos momentos, esa buena acción le había hecho olvidar sus dudas e inquietudes. Continuaron su camino, yendo por un callejón contrario del lado opuesto.
En el callejón, se podían ver algunos perros infestados de pulgas que eran espantados por comerciantes de sus negocios. En la próxima calle, algunos grupos de mujeres se reían cerca de una florería mientras hablaban un idioma que Twilight no conocía.
-Fue un lindo gesto de caridad.
-De donde vengo, eso es lo que hubiera hecho cualquier poni.
-Debes extrañar mucho tu hogar. Siempre estás hablando de ello.
-Me aferro al pasado, me hace saber que soy una extranjera en este lugar.
Llegaron a una cafetería cerca del puerto. Dentro, un gran salón de madera, con mesas redondas y sillas pequeñas les daba la bienvenida. Las mesas eran de un color negro, con un mantel verde que hacía resaltar la gran alfombra central del mismo color. Las sillas eran del mismo color negro que las mesas. Había grandes ventanas en cada pared, con cortinas blancas y azules que se movían por el viento que provenía del mar. A la derecha, una pequeña cocina con meseras vestidas de blanco y gris, servían candorosamente a los clientes. Una multitud de hombres y mujeres, dejaba escuchar el murmullo, algunas risas y el ruido de una reunión donde todos los integrantes del pueblo se conocían.
-Alex, ¿Cómo has estado?-saludo una camarera al guardián.
-Buenas días Mary ¿Qué tal ha estado tu día?
-Muy bien, hoy se reunieron todos los escritores del pueblo y algunos escritores que vinieron del norte. Por eso el caos general-sonrió y rio un poco, antes de mirar a Twilight- ¿Quién es esta niña?
-Una amiga-respondió Virgilio.
-Soy Mary Ann-se dirigió a Twilight- un placer conocerte.
-Soy Twilight, el placer se mío.
-¿Tienes lista nuestra mesa?-interrumpió Virgilio.
-Claro, te la guarde cerca de la ventana que da al mar.
Mary los dirigió hacia la multitud, llevándolos hasta una mesa vacía, donde estaban servidas dos tazas de café, con crema y panecillos.
-Gracias Mary.
-Cuando quieras.
Se sentaron, dejando que el viento salado y gélido les despertara el apetito.
-¿La conoces Alex?-pregunto Twilight, denotando el nombre al final.
-En este lugar, solo soy un amante más de Mary. Buena chica, trabaja mucho y nunca se queja del exceso de trabajo.
-¿Sabe que eres…?
-No, en absoluto. Algunos días solo me gusta ser uno más en la multitud.
-Sabes, me gusta pasar el tiempo de esta manera.
-¿Cómo?
-En la tranquilidad, hablando de temas comunes y haciendo cosas comunes. Porque pensar todo el tiempo en filosofía te impide vivir esas pequeñas alegrías de todos los días: Pasear por la ciudad, tomar un café con un amigo, mirar el océano o simplemente vivir y respirar el aire fresco de un buen día.
-Dicen que la razón puede ayudarte a discernir entre los pros y contras de un estilo de vida, pero son los deseos y pasiones los que al final definirán el estilo de vida de un individuo, algo que la razón nunca entenderá del todo.
-Eres desesperante a veces.
Quedaron un tiempo callados, escuchando el sonido del mar y el murmullo general de la multitud. Twilight miraba las demás mesas mientras tomaba su café, quedo con la tasa levantada y notando que todos los comensales llevaban un cuaderno negro en frente.
-¿Te molesta algo Twilight?-pregunto Virgilio.
-No, nada. Solo note que todos lo que están en las demás mesas tienen un cuaderno negro.
-Eso es normal, son escritores. Personas que están todo el tiempo anotando en su cuaderno alguna que otra idea para un cuento, algún capitulo o una conversación entre sus personajes. Hoy tendrán una conferencia.
-¿Cuándo empezara esa conferencia?
Un hombre de traje en una mesa cercana se levantó en ese momento y golpeo con la cuchara su tasa haciendo que todos lo miraran. Tenía un traje formal y una bata de doctor.
-Señoras y señores, quisiera que me den un minuto de atención. Quisiera compartir con ustedes mis últimos pensamientos y descubrimientos.
El café se tornó en un silencio académico.
-Ese es el doctor Psique-susurro el guardián a Twilight-un escritor de novelas de aquí. La conferencia empezara ahora, suelen reunirse una vez a la semana y hablar sobre sus trabajos a cualquiera que quiera escucharlo. No te preocupes, tardara poco.
-En las creaciones de los escritores hallamos- comenzó el doctor Pisque, hablando con un tono de profesor universitario- un rasgo singular: tienen un protagonista el cual es el foco de interés, el cual intenta el escritor, que sea el centro de simpatía del lector, y al que parece de ellos proteger una especial providencia. Cuando al final de un capitulo o de una historia, dejamos al héroe desvanecido y con grabes heridas, podemos estar seguros de que en el principio del siguiente capítulo o en una historia posterior, lo encontraremos solísitadamente atendido y en vías de recuperación. Y así el personaje es milagrosamente salvado para poder continuar la aventura. Ese sentimiento de seguridad con el que acompañamos al protagonista a través de sus peligrosos destinos, es al mismo que lo hace salvar a alguien que se ahoga o saltar al fuego para salir con otra persona salvándola de las llamas. Esa expresión de: no puede pasarme nada. Que a mí juicio, en este signo delator de la invulnerabilidad se nos rebela, su majestad del "YO" del autor.
Estas narraciones egocéntricas, tienen rasgos típicos. Por ejemplo: el hecho de que todas las mujeres de la historia se enamoren del protagonista no puede interpretarse como una posible realidad, pero si comprenderse como elemento necesario del ensueño del autor. Y lo mismo cuando las demás personas se dividen en 2 grupos, "Los buenos" y "los malos", con evidente renuncia a todos los demás caracteres humanos, observable en la realidad. Los "buenos" son siempre amigos y los "malos" son siempre enemigos del YO, convertido en protagonista.
Lo mismo en las novela psicológicas, en qué una sola persona, el protagonista nuevamente, es descrito por dentro, el escritor está en el alma del protagonista y contempla por fuera a los demás personajes. Es qué la novela psicológica, debe, en general, su auto-observación en "YOES" parciales, y personificar en consecuencia en varios héroes o personajes las corrientes contradictorias de su vida anímica o su propia vida en general.
Esto, amigos míos, son los caracteres del fantasear. Yo puedo afirmar que el hombre feliz jamás fantasea, y sí lo hacen solo los insatisfechos de sus vidas. Los instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de la fantasías, y cada fantasías es una satisfacción de deseos, una rectificación de la realidad insatisfactoria. Los deseos impulsores son distintos, según el sexo, el carácter y las circunstancias de la personalidad que fantasea; pero no es difícil clasificarlos en dos direcciones principales.
Uno de ellos es el ambicioso: tienden a la elevación de la personalidad, o bien el deseos eróticos. En las mujeres jóvenes dominan casi exclusivamente los deseos eróticos, pues su ambición es consumida casi siempre por la aspiración al amor. Solo para tomar un ejemplo: las mujeres, en sus primeras escrituras amateurs, tienden a escribir historias de amor, con momentos perfectos, por ejemplo, en la que la heroína es llevada por su amado en un corcel hacia el atardecer, o que un rey o persona de gran importancia se enamora de nuestra protagonista que es humilde, y justamente la historia concluyen en el nacimiento de su primer hijo.
En los hombres jóvenes, actúan intensamente, al lado de los deseos eróticos, los deseos egoístas y ambiciosos. Pero no quiero acentuar la contraposición de las 2 direcciones, sino más bien su frecuente coincidencia; lo mismo que en muchos cuadros de pintores donantes, aparece en la mayor parte de la fantasías ambiciosas, nos es dado a descubrir la dama por la que el sujeto que fantasea lleva a cabo todas aquellas heroicidades y a cuyos pies rinde todos sus éxitos. Como veréis hay aquí motivos suficientes de ocultamiento del yo.
Pero esto es lo contrario de lo que pasa en realidad pues; a las mujer bien educada no se le reconoce, en general, más que un mínimo de necesidad erótica, y al hombre joven debe aprender a reprimir el exceso de egoísmo que en la infancia ha desarrollado, pues que niño pequeño no quiere todos los juguetes que ve por la calle y no llora para conseguirlo. Pero al crecer, debe aprender a reprimir el exceso de egoísmo para lograr su inclusión en la sociedad.
Estos ensueños, que pasaran al papel, se van transformando a medida que el tiempo pasa. Esta fantasía es "el sello del momento". Un ejemplo de esto es este libro-muestra un libro de tapa roja- un pobre huérfano que le dicen que un patrón puede brindarle trabajo. De camino a la casa del mismo, este huérfano tejera un ensueño correspondiente. La historia será que el huérfano consiga el trabajo, complace tanto al jefe que es indispensable para él. Luego es recibido por la familia del patrón, se casa con su bella hija y pasa a ser socio de su suegro (el mismo que lo contrato), y luego su sucesor en el negocio. Y con esta pequeña historia, el soñador se ha creado una sustitución de lo que antes poseyó en su dichosa infancia: un hogar protector, los padres amantes y los primeros objetos de su inclinación cariñosa.
Y que es todo esto, pues que el autor y los acores del drama le posibilitan todo esto al ofrecer la oportunidad de identificarse con el protagonista. Pero de este modo también le evita ciertas experiencias, pues si el espectador asumiera el papel del protagonista, debería sufrir todos los pesares y espantosos terrores que lo destruirían por completo. De ahí, que el placer de leer depende de una ilusión, pues el que padece los sufrimientos es otro, y no el lector, y al ser solo una ficción que no puede amenazar su seguridad. Me es fácil afirmar que, en tales circunstancias, lector se da el lujo de ser identificado con el protagonista, cuando puede abandonar sin vergüenza a sus deseos e impulsos que están ocultos. Como las demandas de libertad en cuestiones religiosas, políticas, sexuales o sociales, y cuando puede dejarse llevar por sus pasiones y arrebatos por dondequiera estos puedan llevarlos, en cuanta gran escena de la vida se representa en la historia.
Todos aplaudieron, mientras el doctor se sentaba. Se escuchaban conversaciones y alboroto en el café. Se levantó otra persona de la sala. Era un hombre alto de un aspecto ordinario con gabardina, una barba de pescador y una pipa de madera en sus labios.
-Yo, mis amigos y colegas-saco su pipa y la deposito en la mesa- quisiera también hacer pública una pequeña crítica.
-Ese es Arthur, un escritor de novelas y poeta ya retirado- comento el Guardián- ahora es crítico de editorial.
