Siempre supe que iba a pasar. Jamás he escrito nada donde no haya muerto gente, y los de esta historia aún no han terminado. No estoy muy segura de hasta qué grado es razonable que Balthier monte en cólera, así que agradeceré cualquier comentario =)

CAPÍTULO XXI:

Siguió el rastro de sangre a toda prisa, dominando la garra de ansiedad que comprimía su pecho y amenazaba con detener el latido de su corazón y matarle de angustia. Era mucha, oscura y densa, demasiada para que cualquier persona pudiera sobrevivir a su pérdida. En apenas unos segundos rodeó la nave, como en una secuencia a cámara lenta, y una vez estuvo allí se detuvo en seco. Inspiró aire muy profundamente para contener una arcada que le hizo doblarse y apoyar las manos en sus temblorosas rodillas.

Miró al soldado que yacía en el suelo. Rondaba los treinta años. Lo habían matado a golpes. Estaba sucio, maltratado y apaleado. Echo un ovillo entre los restos de sangre seca que lo salpicaban todo. De su cráneo abierto aún asomaba parte de la gelatinosa masa cerebral, ya ennegrecida. Había una saña y una crueldad sin límites en la dantesca escena. Balthier casi podía sentir los gritos de dolor vibrando aún en las frías paredes de piedra a donde le habían traído a rastras. Apretó los dientes con fuerza mientras la bilis ascendía desde su estómago. No lo habían enterrado, ni siquiera lo habían cubierto con una tela. Lo habían dejado allí desangrándose, a merced de las alimañas hambrientas de carne putrefacta. Una furia salvaje explotó inundando con una llama helada su pecho. Era tan atroz, tan endemoniadamente incontrolable que gritó de pura frustración hincándose de rodillas en la tierra y golpeando el suelo una y otra vez hasta que aquel sentimiento de rabia fue sustituido por un dolor punzante en los nudillos. Estaba sangrando. Colérico, se levantó sin atender al líquido caliente que goteaba de sus puños apretados dejando un rastro rojizo sobre la embarrada nieve. Volvió sobre sus pasos y encontró al soldado de antes arrastrándose miserablemente hacia la nave abandonando su compañero muerto atrás. Caminó hacia él con paso firme, deprisa, y de una fuerte patada en las costillas lo dejó tirado sobre la nieve boqueando sin aliento. El hombre palideció al ver la imagen del ensangrentado pirata apuntándole con una expresión de total ferocidad, manteniendo firmemente el pie presionando la boca de su estómago e impidiéndole respirar.

-¡Y-yo no he hecho nada!

-¡Y una mierda que no! ¡Habéis matado a un hombre!

-¡Yo no he sido! ¡No sabía nada!

-¡Mientes como un cobarde desesperado! ¿Crees que soy idiota, eh? ¿Te crees que soy un palurdo estúpido como tú? ¡Llevas la palabra sádico escrita en la frente, bastardo! ¡¿Quién os ha ordenado hacer esto?

-¡AHHH! – el hombre gritó de dolor cuando aplastó de nuevo el pie herido y las astillas del hueso roto comenzaron a asomar cortando su piel desgarrada -. ¡Dios, no! ¡Para!

-¡Respóndeme y pararé!

-¡E-el Consejo Imperial lo ha ordenado! ¡No sé nada más!

-¡Mientes! – un nuevo alarido -. ¡Dime el motivo real, no la sucia orden con la que justificáis vuestros actos!

-¡Quieren destronar a Larsa antes de que asuma todos los poderes de estado! – gimió -. ¡Nosotros sólo hacemos lo que nos han mandado!

-¿Y qué es exactamente?

-¡A-ahg…!

-¡Explícate! – ordenó -. ¡HAZLO O HARÉ QUE ESTO TE PAREZCA UNA CARICIA SI NO ME LO DICES!

-¡Qu-uieren justificarlo con un complot de su propio servicio personal o algo así! ¡Por eso nos han ordenado seguir a Gabranth!

-¿Por qué?

-¡Cedió documentos de estado! – gimió en un estado casi delirante -. ¡G-Gabranth tiene acceso antes que nadie a información confidencial con la autoridad de Lord Larsa! ¡Quieren usarlo como una permisión de que el monarca conceda información vital del estado a criminales o guerrilleros, desencadenando una revuelta que pudiera propiciar que abdicase!

-¿Qué clase de información es esa? – preguntó. No hacía falta decir que no le creía. A él no le importaba en absoluto la clase de asuntos turbios que Gabranth hubiera estado manejando cuando estaba al servicio de los Solidor, pero ahora era de Basch de quien estaban hablando. Simplemente era imposible de que lo hubiese tolerado. No con su conocimiento. Hundió el pie en la coraza, y el rostro del soldado se contrajo cuando la compresión en sus costillas amenazaba con romperle la caja torácica -. ¡Venga, que no tengo todo el día! – de repente, se detuvo al comprender cómo encajaba él allí. Dios, qué gran idiota era. Pero qué estúpido.

-Me habéis utilizado de excusa… Yo sólo soy la carnada – le empezó a hervir la sangre. Daba igual cuántas leguas de distancia interpusiese entre el Imperio y él. Primero renegado, después pirata y ahora traidor. El único consuelo era, si es que así podía llamarse, que por una vez él no era el objetivo. No, esta vez era peor. Era peor porque querían a otra persona y se estaba temiendo quién era. Alguien cercano. Alguien querido por él, y era por su culpa que así fuese -. ¿Dónde está? – bramó -. ¿Dónde está Gabranth?

-¡E-está allí! ¡Allí en la nave! ¡En la bodega! ¡Pero, por favor, no sigas! – Balthier se agachó y le agarró del cuello de la ropa, levantándole con asombrosa facilidad medio cuerpo del suelo. Clavó los ojos en él con la severidad de una amenaza velada.

- Yo puedo ser muy… persuasivo. No me deis motivos para hacerme enfadar o los que todavía conserváis vuestra miserable vida desearéis haber muerto. Tómatelo como un consejo amistoso.

No iba a perder más tiempo con él. De momento tenía todo lo que necesitaba saber y no se iba a ir a ninguna parte si le dejaba allí. Se marchó de nuevo, recorriendo la pequeña nave hasta la zona posterior. Empujó la escotilla abriéndola de golpe haciendo rechinar los goznes. Era una puerta pequeña, había que agacharse bastante para entrar y no le extrañó lo más mínimo que la altura del interior fuera exactamente la misma dado que el cubículo estaba en la cola de la aeronave. Un respiradero era la única ventilación, y entre sus rejillas se colaba el miserable reflejo de la difusa luz del exterior. Prácticamente estaba en tinieblas, o así parecía a simple vista al venir de fuera. Cuando sus ojos se adaptaron unos segundos después, fue cuando lo descubrió.

Estaba tirado en el piso, cubierto de barro y mugre. Unos pesados grilletes en manos y pies le obligaban a quedarse allí sin poder moverse. A las cicatrices de su espalda desnuda se habían sumado otras nuevas aún sangrantes, profundas. Y quemaduras. Muchas y muy pequeñas a lo largo de cada vértebra de su columna. Lo que quedaba de su ropa estaba mojada por agua helada, pegada a su piel, calando ese frío mortal a su cuerpo tembloroso. Cuando le tomó precipitadamente en brazos y le giró el rostro se sintió morir. Tenía la cara hinchada a golpes. Uno de sus ojos estaba muy inflamado, con un tono violáceo que evidenciaba un derrame importante que prácticamente le obligaba a tenerlo cerrado. La nariz también parecía rota a juzgar por los restos de sangre que todavía conservaba. Casi no podía reconocerle. Descubrió unos ríos resecos atravesando su rostro sucio y ensangrentado, y su corazón se encogió al darse cuenta de lo que eran. Había estado llorando. Mucho y amargamente. Lo habían destrozado tanto que no había podido contener las lágrimas en la soledad de su celda. El dolor tenía que haber sido verdaderamente inhumano para debilitar así una voluntad tan férrea como la suya. Sus dedos se crisparon en sus hombros y todo él temblaba ardiendo de ira mientras apretaba los dientes intentando contenerse. Balthier estaba a punto de volverse loco de rabia. ¿Cómo se habían atrevido? ¿Cómo demonios habían osado ponerle la mano encima siquiera? La furia empezaba a dominarlo de nuevo como un ácido corrosivo, susurrando a su oído palabras de crueldad desmesurada para los desventurados soldados que aún tenían la desgracia de seguir con vida. Estuvo a punto de perder verdaderamente el juicio y salir fuera fusil en mano para tomar la vida que hacía apenas unos minutos había perdonado, pero de repente, el extenuado hombre rubio que sostenía en brazos tosió con esfuerzo, entreabriendo el único ojo con el que podía ver para intentar ubicarse. Balthier le dio unos suaves cachetes en las mejillas para ayudarle a espabilarse, llamándole.

-Eh… – murmuró -. Eh, Basch, vamos…

-¿Bal… thier? – farfulló.

-Tranquilo, tranquilo…Sí, soy yo – respondió en seguida, fundiéndose en un abrazo sin importarle lo más mínimo lo frío y sucio que estaba todo aquello. Basch apenas era capaz de razonar. Ni siquiera podía preguntarse qué hacía el pirata allí o cómo le había encontrado. No se acordó de nada. Tan sólo se quedó inmóvil, sin energía, inspirando profundamente el tenue olor del castaño, agradeciendo el calor de su piel. Contuvo un gemido ante la fuerza con la que presionó su maltratado cuerpo, y Balthier se separó de inmediato con preocupación.

-Tengo que sacarte de aquí y curarte esto – murmuró consternado, examinando sus cadenas.

-Balthier, tienes que irte. Los soldados… ¿Dónde…? ¿Dónde est…?

-¡¿PERO QUÉ INFIERNO HA PASADO POR AQUÍ?

Ambos se callaron de golpe, escuchando las voces y gritos del exterior. Balthier chasqueó la lengua. Al parecer el tal Jalim había vuelto de ahuyentar carroñeras. Tomó su fusil.

-Espérame un momento, ¿quieres?

-Balthier, no… no vayas – fue como si pudiera leerle el pensamiento. O eso, o su cólera homicida era increíblemente palpable, y la cosa no era para menos. Fue inútil intentar retenerle. Estaba demasiado agotado. Le dolía absolutamente todo.

-No te preocupes. Te prometo que todo irá bien.

Besó su frente con cuidado, acariciándole el pelo revuelto antes de levantarse con determinación, decidido a acabar con todo aquello. La bestia dentro de él lo estaba deseando desde hacía un buen rato, supeditada a la escasa voluntad de ser clemente. Humanidad que, evidentemente, acababa de mandar al cuerno. Basch no volvió a pedírselo. Sólo inclinó la cabeza cuando le dio la espalda, ocultando la sombra que cruzó por su rostro al oírle nombrar la palabra "promesa".

Je… un poco violento este cap, aunque llevo una racha que no paro de repartir ostias a mansalva 0.0 . y pobre Basch, echo polvo… ains.

Weno! Todo mejorara! ^^ animarse y decirm algo! Que es la primera vz n mi corta vida que describo torturas y/o torturados y no tengo sentido de la medida! XD (m abre pasao 1 pelin? Sk nose… yo veo a Basch aguantando lo que sea, tampoco es que sea el hombre de hierro, pero está preparado para eso, no? Nose, estoy dudosa o.o

Cuidaos mucho! Hasta la semana que viene! Gracias x las reviews! BYE