Verano II

La suave brisa matutina acariciaba el rostro de Alphard quien con suavidad vagaba por el nuevo pueblo mágico cuyas calles vacías se abrían a sus ojos curiosos pero sobretodo enfocado a los listones espirituales casi invisibles por la interferencia mágica… resoplo al soltar el listón deseado.

Para el antiguo Shinigami con paciencia de un santo, admitía que estaba un poco oxidado en sus habilidades de rastreo… una de las tantas desventajas de haber pasado su larga existencia en un lecho enfermo.

Se había provocado un dolor de cabeza como consecuencia del uso excesivo del reiryoku, ya no podría usar la técnica del reiraku hasta otro día… solo esperaba que su padre no hiciera nada imprudente en lo que lo encontraba.

Por lo menos había visitado tantos lugares lindos en este periodo de cacería.

Miro de nuevo el pueblo con una sonrisa divertida ¿podría comprar algo para llevar a casa? -no- dijo en voz alta en castigo, pero su mirada anhelante a los dulces de un escaparate eran tan tentadores pero se obligó a caminar de regreso a las afueras de la comunidad… quizás la sociedad mágica no pensaba mucho de un niño de trece años tan temprano en verano, pero seguro sospecharían si lo atrapaban tan lejos de casa.

Una desventaja de ser un niño maldito es que todas las cabezas mágicas volteaban a verlo, en poco tiempo tardarían en identificarlo y preguntas incomodas estarían a la vanguardia… habida mucho que Ichimaru podía despistar con su nuevo poder.

Aunque admitía que la nueva libertad otorgada por su adorado Onii-san era tan agradable, era extraño como su Obaa-san no sospecha sus faltas constantes… seguro no piensa que está tratando contactar con un padre del que nunca le conto.

O como el resto, no pensaba que estaba haciendo algo indebido… una gran reputación impune causaba tantas oportunidades que podía aprovechar.

Con esto en mente, el joven Black canturreo libremente hasta llegar al borde del pueblo mágico, soltó un grave suspiro -Sagitario- llamo al elfo que le ayudaba a moverse que apareció en un chasquido -vamos a casa- indico con amabilidad al ofrecer su mano para desaparecer en el acto.

XXXXX

Draco Malfoy era un niño consentido, un tanto arrogante y algo narcisista que hubiera continuado con ese camino si no fuera por el primer año de Hogwarts donde Alphard Black limo sus asperezas con paciencia.

Algo que obviamente el heredero Malfoy no se percató, solo su madre pero no estaba por admitirlo menos enfrente de su padre.

El segundo año tampoco alimento esta parte de crianza de sus padres, aun con el distanciamiento obligado con los Black… todavía se mantuvo cortes con ciertas facciones en Hogwarts bajo la vigilancia de Ariana Dumbledore, niña que aparecía convenientemente para detener alguna de sus rabietas infantiles contra otros socialmente menos agraciados.

Draco Malfoy era un niño influenciable sin su comprensión.

Ahora en la actualidad, en este verano y después de su fiesta de cumpleaños… el pequeño rubio estaba castigado en un encierro en su habitación con deberes no solo escolares sino de sus futuras obligaciones como heredero Malfoy.

Sentado en su escritorio con pergaminos dispersos, Draco miraba infeliz el exterior donde los pavorreales albinos desfilaban orgullosos en sus jardines… suspiro anhelante, pero negó cualquier intento para convencer a su padre de su movimiento político al invitar a una sangre sucia a su mansión.

Lucius Malfoy era infeliz cuando la detecto en el grupo de los Black.

Fue tonto para Draco pensar que su padre no la reconocería en las presentaciones sabiendo que su madre lo cubriría, pero Hermione Granger había sido un nombre usado mucho en sus berrinches en donde se quejaba de ser superado por una nacida muggles.

Tampoco ayudo que su padre hubiera sido firme en acercarse a los Black para aconsejar no volver a traer a Granger en las siguientes invitaciones… algo que Alphard negó con educación y desaprobación… mientras Dafira aseguro que era su asunto y el patriarca Malfoy tenía poco que opinar.

-Seguro ya no vendrán en un futuro- murmuro decepcionado, Granger no era del todo desagradable y seria poco educado no enviarle invitación el siguiente año… suspiro, quizás podría convencer a su madre de estar a su lado y verle el lado positivo de ensuciar su mansión con tal amistad.

También podía arrastrar a este complot a Blaise y Theo de esa manera ablandaría la ira que vendría de Lucius cuando se enterara que no se ha distanciado de unos traidores a la sangre (según sus propias palabras después de la fiesta "esos niños ya no tienen salvación").

Le enseñaron a acercarse a amistades convenientes, Dafira no era su aliado pero era obvio por lo dicho en el periódico que aspiraba a un puesto alto en el ministerio si tenía a Amelia Bones como tutora… también que en un periodo de tiempo estaría aprendiendo sus deberes como Wizengamot… Alphard era su debilidad y él era su amigo.

Los Black aun con toda su mala reputación, eran un camino seguro para Malfoy (no era por esa vocecita que le decía que no podía cortar esa amistad).

Su padre obviamente no estaba logrando mucho de un acercamiento con Black, sobre todo con el incidente en Flourish y Blotts que involucraba muggles (se enteró que era el padre de Granger) junto con las fricciones en la fiesta de cumpleaños… por lo que le tocaba a Draco construir esa alianza.

Además según tenía entendido eran familia ¿primos? Y eso era importante para los Malfoy ¿no?

XXXXX

Albus medita en su oficina solitaria con ojos atentos en una lectura matutina, suspira al bajar el nuevo número del Profeta sin mejoras en encontrar al prófugo Sirius Black… aunque un consuelo que dejaran el escándalo de Hogwarts muy distante.

Se recargo en su escritorio prediciendo un dolor de cabeza al mirar la carta de citación del ministerio.

El prófugo había sido visto en Little Whinging poniendo en alerta máxima a la comunidad de magos, así que fácilmente podía adivinar el motivo de la invitación del ministro a una discusión… después de los dos años anteriores, pareciera que otra vez la seguridad de su preciado colegio estaría en tela de juicio.

Sería un milagro si Lucius no aprovechara la oportunidad de convencer a la junta escolar de echarlo.

-Pero Black no ha buscado a la familia- Phineas Nigellus Black, director hasta 1925 se asomó desde su retrato sacando agraciadamente a Albus del camino de pensamientos pesimistas sobre la seguridad de Hogwarts.

Dumbledore volteo su silla a encarar al retrato -¿es eso cierto?- pregunto recibiendo una mirada ofendida -lamento mis claras dudas… querido Phineas, pero ves que según tengo entendido Sirius estuvo muy involucrado con los jóvenes Black en su infancia y actualmente Dafira es el más joven titulado como jefe de casa-

El retrato arrugo la nariz -bueno, tienes razón director… sin embargo estoy seguro que Black no ha contactado nuestra casa- espeto al retirarse en su silla pintada -mira el periódico… nuestro actual Lord ha dejado en claro su distanciamiento del asunto- atronó con finalidad, obviamente la irritación gobernando.

Albus negó divertido, el temperamento de Nigellus era uno de los motivos por el cual era el director más impopular de la historia de la escuela… también era un buen precursor de información para monitorear a los Black (aunque era difícil con la lealtad a la familia).

Tomo nuevamente el Profeta para ahora buscar lo que el director pintado le había sugerido, en efecto había una pequeña publicación donde los Black acababan de dar una conferencia con el recién titulado Lord de que no ha había contacto alguno con el prófugo y que tampoco tenían nada que ver con su escape de la prisión.

Fue muy hábil el movimiento.

Que decir con la ligera explicación de sus responsabilidades bajo el ala de Madame Bones.

Miro la foto en movimiento donde Dafira Black sonreía a la cámara con su espeluznante gesto, sabía que su extraño comportamiento y apariencia atraería muchos rumores entre los civiles los siguientes meses… sobre todo aquellos que no lo conocían en persona.

Era un milagro que con todas sus responsabilidades aun continuaría el plazo de Hogwarts de manera normal… una oportunidad para Albus de medir al prodigio y sus intenciones.

También tenía planes de verificar a Harry Potter esta semana, había descuidado sus deberes con el niño por obvias razones catastróficas… pero aun su profecía era vigente y una tanta de sus preocupaciones para el futuro aterrador que predecía al tener en cuenta como la profecía de Slytherin estaba tan ligada.

Los misterios de la magia, una profecía que menciona otra que no se ha profetizado.

Para Albus Dumbledore sobreviviente de dos guerras mágicas, era un escalofrió pensar en esta antigüedad durmiente en el castillo tantos años y casualmente lo encuentras justo en el tiempo en que los engranes de cualquier destino comienzan a moverse.

Había tanto de Hogwarts que al parecer desconocía si encontraban esas insinuaciones en la cámara secreta, si tan solo los retratos de los fundadores se negaran a activarse… quizás explicarían tanto de la profecía o porque no la registraron para futuras referencias.

Suspiro agotado, prefiriendo buscar en su cajón unas gotas de limón para degustar… tratando de sofocar el pensamiento inminente que el retorno de Voldemort como asumía no sería el mayor de sus problemas.

Inicio con un año donde la piedra filosofal desapareció bajo su cuidado, algo que ha mantenido fuera del oído público para finalizar con el asesinato de Quirinus a quien tampoco se han molestado en informar… eso sin contar el troll y la rebeldía de sus fantasmas.

-Estoy pensando en la petición del ministerio- murmuro para sí mismo en el último punto, sabía que la señorita Warren huyo tan pronto escucho la profecía quizás para pasarla a esa otra presencia que lo ha estado molestando.

El grimm reaper.

Desde que supo de este, leyó incontables libros de criaturas oscuras y no había nada actualizado desde la época de los fundadores… solo el típico conocimiento folclórico de la muerte o las reliquias pero nada que pudiera usarse.

Había otra cosa que lo molestaba de la misma manera que el diario maldito que encontró y no rebelo al ministro.

Y esto era sobre el incidente con la señorita Weasley y los señores Black… no es que no estuviera feliz de que no terminara en tragedia, pero el basilisco no fue apodado como asesino de magos por nada.

¿Por qué sobrevivieron a tan poderoso veneno capaz de matar a un adulto? Será que alguien lo hizo apropósito, diluir la intensidad de la sustancia para asegurarse que encontraran a los niños a tiempo para ser salvados.

O era una apuesta.

Una carta nueva apareció en el montón de correspondencia, Albus la tomo agradecido de ser sacado de sus malísimos pensamientos para mirar el remitente con cejas alzadas y romper el sello para iniciar con la lectura breve -Por lo menos tengo un pendiente menos- se trató de consolar al soltar un suspiro.

Había cosas que aun podía guiar en buena dirección, el puesto de profesor ya estaba asegurado para Remus Lupin desde el momento en que lo contacto, pero debía hacer los trámites para calmar las sospechas de su gente o el ministerio… después de todo era contraproducente y hasta cierto punto alarmante contratar a un ex amigo del prófugo o licántropo.

Pero era necesario, Severus obtuvo resultados de la búsqueda que había iniciado tiempo atrás del padrino de Alphard Black y decir que era una sorpresa era poco.

Considerando todos los límites que tenían los licántropos sobre el acercamiento a los niños mágicos.

Ahora esto era un beneficio a largo tiempo, aun con la amargura de Snape… Albus conocía el compromiso del antiguo mortifago con los niños bajo su cuidado, esa lealtad era favorable para sus planes y quizás tendrían una influencia con la ancestral casa Black a través de Remus Lupin.

Quizás no todo pintaba tan bien con las variables nuevas, pero tenía el don de la prevención y con esto Albus era optimista con asegurar a tantas piezas para el futuro.

Todo por un bien mayor.

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Aberfoth Dumbledore era una persona reservada de su pasado, aun con su hija no le cuenta más de lo estrictamente necesario de sus familiares sin pasar a explicar el distanciamiento con su hermano o lo referente a Grindelwald.

Ariana no necesitaba saber nada de eso.

Ella era su sol.

Así que cuando su adorable hija le pidió alojamiento unas semanas después que la estableció con ese niño Potter no lo dudo… aun cuando sabía seguramente estaría yendo en contra de Albus, poco le importaba.

Un poco de recriminación paternal por permitir tales libertades a esa edad, pero reino en toda su sabiduría en que su hija era digna de confianza y seguro como el infierno muggle que el chico Potter era muy consciente de lo aterradora que era su adorada Ariana cuando quería… en efecto, no tenía mucho que preocuparse sobre el asunto.

Vacío sus pensamientos al ponerse de pie de esa cama en esa adorable mañana de verano, mirar por la ventana con ese mismo gesto amargo y se ajustó sus túnicas con la intención de salir para recoger a su hija y al mocoso Potter al que le dará asilo en contra de la voluntad de Albus.

Había algo digno de provocar a su hermano.

Miro su cuarto humilde para dirigirse a la puerta, vivía como siempre en la segunda planta del cabeza de puerco, sin embargo ya no era la misma casa maltratada en el interior… lo amplio por magia con sus pisos pulidos de madera, respetuosos muebles antiguos con su respectiva sala, comedor y recibidor visibles… al fondo estaba otra puerta la habitación de Ariana y más allá la que sería para el invitado.

Aún tenía el bar vigente, pero ya no era el que estaba en mal estado cuando bajo a la primera planta… su hija era muy exigente en las apariencias al igual que su sentido de limpieza que Aberfoth se esforzó por favorecer.

Salió al exterior para aparecerse con un chasquido tropezando ante la banqueta muggle del callejón donde siempre harían la magia oculta de ojos indiscretos.

El mago resoplo al salir al exterior de esa pequeña calle sin un gramo de magia en el ambiente, la luz del sol sobre las casas similares eran una cosa que le agradaban a los muggles de esta región… casi podía generalizar que todos podían entrar en esa categoría, pero su hija fue firme en aclararle que había variedad de personas dispersas en el mundo.

Ignoro sus pensamientos para abrirse camino por la banqueta sin importarle las miradas alucinadas de los muggles a su paso, sabía a ciencia cierta que su presencia seria notada por Arabella Fing.

La squid seguro le avisara a su hermano que se está llevando al preciado niño que vivió, seguro con Black suelto y los rumores de buscar venganza sería mejor que estuviera a su lado ¿no? Sino pues tampoco era como si le importara su hermano y lo que pensara con el bien mayor.

Llego al jardín lustroso del número 4 de Privet Drive al que ingreso para postularse en la puerta que golpeo con firmeza… sabía que tenían un timbre, pero le agradaba la idea de romper la tranquilidad de tan horrible familia.

Su hija lo perdonaría.

Cuando la puerta se abrió fue recibido por la señora de la casa quien le hizo un gesto apretado, obviamente se desagradaban mutuamente pero se toleraban por la diplomacia que su primogénita firmemente tejió o forzo.

Uno nunca se acostumbraba a lo aterrador que podía ser una niña de trece años.

-Pase- ladro Petunia con un carraspear de garganta, podía escuchar platicas en la cocina junto con los ladridos de un perro pero solo lo dirigieron torpemente a la sala -los niños ya bajan- espeto al dar la vuelta y marcharse con toda la gracia que pudo reunir.

-Buena anfitriona- gruño Aberfoth al dejarse caer en el sillón con aburrimiento escaneando las preferencias decorativas de los muggles tan curiosas como típicas.

El mago comenzó a perder la paciencia cuando no escucho nada más que la risa histérica de alguna mujer molesta en la cocina, hasta que Ariana se asomó al final de las escaleras -¿padre?- llamo curiosa.

-En serio, esa mujer- Aberfoth lanzo su mejor mirada de muerte a la cocina con la esperanza que su ofensa llegara a la mala anfitriona que le mintió ¡pudo dejarlo ahí toda la noche sin anunciar!

Una risa de su hija nada ofendida por la broma infantil de Petunia -creo que sigue molesta por nuestra plática- advirtió con una chispa divertida en sus sabios ojos

Aberfoth se guardó una mueca y sofoco cualquier compasión por la anfitriona para acercarse a la escalera, recibiendo un caluroso abrazo de bienvenida que no dudo en regresar -aun esa mujer es de lo peor- gruño al apartarla para mirarla.

Crecían tan rápido.

Ariana le regreso la sonrisa, para mirar por encima de su hombro en dirección a la escalera -Harry, Padre está aquí- llamo con calma pero la fuerza para ser escuchada.

Un golpeteo, el niño asomándose con ojos abiertos y nerviosos… Aberfoth se aseguró de expresar una penetrante e imponente mirada, tenía una fama de amargado que defender y ver al mocoso retorcerse inseguro fue beneficioso.

-Padre- su hija lo castigo, pero el ofreció un seco encogimiento de hombros -tenemos todo empacado- dijo con un suspiro rendida, eso fue tomado como una orden para que el mocoso Potter se retirara corriendo con el sonido de una puerta y el inicio de un arrastrar de baúles o quejas de una lechuza.

El anciano agito la varita con cuidado sin molestarse en moverse del final de las escaleras e ignorando el vistazo agudo de su primogénita, los baúles se escucharon moverse junto con el grito de sorpresa de Potter… las pertenencias se asomaron con cuidado para acomodarse en la sala de estar sin mucho esfuerzo.

Harry surge temeroso bajando las escaleras como si esperara algún tipo de conmoción a la muestra infraganti de magia.

-No te preocupes, mocoso… tu tía y sus invitados ni siquiera se asomaran- espeto Aberfoth sin voltear a ver la cara alucinada del niño.

XXXXX

Correr, esconderse y buscar era una línea de fáciles mandatos en sus días de huida.

Aun la mente le zumbaba, había cosas inconexas en sus memorias y podía jurar que el habla se le podría olvidar si seguía en esa forma… doce años entre dementores no hacían bien a la cordura de un hombre con la carga de la culpa en sus hombros.

Pero era más fácil huir como canuto, Black al menos no sentía al frio de las noches o la suave llovizna de las costas lejanas… el hambre era lo de menos cuando hay criaturas capaces de alimentarlo sin estar atado a la consciencia humana de lo que normalmente seria asqueroso.

Restregó la nariz un poco en uno de los arbustos, asomándose con cuidado entre los callejones oscuros de ese pueblo que encontró de paso… era cuestión de tiempo, lo sabía y una parte elocuente de su mente lo castigaba por haberse dejado ver por unos civiles que lo reconocieron.

Fue imprudente de su parte, pero no lo pudo evitar… en verdad olvidaría andar como humano si seguía como canuto.

Continuo en su vagancia con un objetivo, estaba ansioso por lograr llegar al castillo… ahí estaba, casi podía imaginar miles de maneras de matarlo por su traición, saboreándolo con una sonrisa maliciosa muy aterradora viniendo del rostro de un perro negro.

Llego a uno de los pueblos mágicos que quedan de camino a Hogwarts, con la cabeza gacha en su personalidad perruna se percataba de los carteles pegados en las paredes en alerta de su presencia… no evito gruñir al esconderse en uno de los callejones con deseos de encontrar algo de comer y un escondite para la noche.

Arrastrando las patas escarbo la tierra para ablandarla y echarse a dormir, olfateo el entorno pestilente con lamentación, resignado a ser otra noche sin cena.

Sirius Black estaba tan cansado.

-Lugar interesante para correr- una voz jovial resonó asustando a canuto que salto de su escondite para mirar con horror lo cerca que estaba su invasor -Me gusta este pueblo- continuo el pequeño que estaba recargado en la sucia pared examinando el entorno con curiosidad ajena al animal.

Cabello blanco lacio hasta los hombros brillando ante las sombras crecientes de la noche que caía, túnicas ricas pero sencillas en color negro con zapatos a juego… rasgos regios pero a la vez delicados con cálidos ojos marrones enmarcados con cejas oscuras, una sonrisa gentil en sus labios delgados… aspiraba a ser tan alto, pero por el momento no podía tener más 14.

¿Lo conocía? Algo en el interior de Canuto se endureció por esta cuestión, había pedazos de memorias arrancadas por los dementores imposibles de salvar, no podía ponerle nombre a este niño maldito que lo analizaba con una profundidad impropia de alguien de su edad.

Dolía no reconocerlo pero tampoco podía perder tiempo… era un prófugo con un objetivo se aferraría a su acto de perro aun cuando un instinto interno le decía que no funcionaria.

-Este pueblo es maravilloso, hay tantos dulces- suspiro el niño mirando al final de la calle oscura, para caer de nuevo en el perro -pero no puedo comprar sin delatarme- hizo un puchero.

Sirius se concentró en el posible delator asumiendo que el tutor estaba cercas, era un niño por lo que sería fácil asustarlo ¿no? Así que actuando como el perro callejero salvaje que era desnudo sus dientes y dio un bajo gruñido de advertencia que haría correr a cualquiera.

Pero el delicado niño no se movió.

Una sonrisa triste ilumino el rostro gentil del pequeño, esos ojos se oscurecieron en compasión como si supiera su identidad y a la vez lo hubiera decepcionado… Sirius aguanto su gruñido decidiendo que era sabio una retirada cuando un susurro le quito el aliento… un mote que juro no escucharía nunca en su vida.

-¿padre?-

El tiempo se detuvo.

La sangre del prófugo se helo, su postura defensiva se tensó hasta ser dolorosa rememorando el mote y quien tenía el derecho de llamarlo de esa manera, sus ojos picaron en amenazantes lágrimas de vergüenza y dolor por ni siquiera conocer a su propia sangre.

Cálidos ojos cafés los recordaba.

Su hijo.

Sirius se tambaleo en sus cuatro patas por la revelación mirando al pequeño con nuevos ojos en un intento desesperado por identificarlo olfateo patéticamente en el aire haciendo un sonido lamentable con amenazas de llorar… como pudo olvidar a su adorable hijo.

Los dementores fue lo primero que se alimentaron, con las alegrías recientes de sus hijos a los que abandono por venganza.

Se transformó sin temor a consecuencias empujado por la desesperación, sin importar lo ilógico de este encuentro en medio de un pueblo desconocido con un menor de edad, ni la sospecha de ser una trampa programada por algún cazador de recompensas.

Con ropa roída y cabello revuelto… barba de años mal cuidada y mirada enloquecida… olor nauseabundo con la delgadez de un cadáver… el aspecto que podía aterrorizar a cualquiera que leyera la noticia oficial de su crimen adornada por reporteros amarillistas.

Pero el pequeño no se movió, como un roble extendió sus brazos recibiendo el peso de un Sirius tembloroso que se aferraba como si temiera que desaparecería… que lo repudiaría… apretó el agarre con lágrimas en sus ojos del dolor de la dependencia de sentirse bienvenido.

Siempre había sido social, orillado a huir no veía ningún peligro en ceder a la imagen de su pequeño Alphard.

Era un lio de lamentaciones al apretar firmemente entre sus flacos brazos el cuerpo de su hijo, tembloroso como estaba trataba de formar alguna palabra que no saliera como un gemido y solo apretó la mandíbula saboreando la calidez que le ofrecían al regresarle el gesto.

Sirius se apartó para ofrecer una amarillenta sonrisa, su mano vaga a la mejilla levantando el rostro del infante con la intención de gravarlo en su mente lastimada, se parecía tanto a él cuándo tenía esa edad junto con muchas variables de lo que asumía su madre

-vas a ser todo un galán- afirma con esfuerzo demostrar un tono divertido.

El niño rio melodioso al tomar su mano huesuda que había estado jugueteando con el cabello, levanto la vista para coincidir -Padre…- llamo animando al prófugo desesperado por calidez -vamos…- guio más al fondo, en el estado en el que estaba Sirius no mostro resistencia sintiendo esa lealtad y esa emoción de seguridad que lo atontaron.

No desconfió, no pregunto, ni siquiera reflexiono nada… se dejó guiar entre el callejón con el eco de las personas empezando la rutina matutina, caminaron en silencio sin contratiempos pero Sirius no tenía otro lugar que observar que la mano entrelazada con la de su hijo.

No pensó lo impropio que su niño fuera su consuelo.

Justo cuando saldrían a la carretera un elfo los esperaba ansioso, los miro con ojos adoradores para ofrecer ambas manos -amo Sirius, Bienvenido-

XXXXX

Amelia Bones era muy conocida en el ministerio a causa de su personalidad fuerte pero justa, ser la jefa del departamento de seguridad mágica hacia tanto por su popularidad que no había muchos que pudieran retarla abiertamente sin terminar en su lugar.

Ni siquiera el ministro.

El departamento de aplicación de la ley mágica es posiblemente el más grande en el ministerio de magia con una gran influencia ya que controla básicamente todo lo relacionado con la justicia… cuenta con divisiones como el departamento de aurores, el uso incorrecto de la magia entre otros.

Así que no era extraño que tuviera una carga impensable de trabajo administrativo junto con una agenda saturada.

Entonces ¿Por qué tomaba otra responsabilidad al tomar al nuevo Lord bajo su ala?

Muchos desconocen la forma de pensar de Amelia, tan complicada y fría en sus relaciones profesionales que no ven más allá de una intensión meramente comercial… son pocos los que piensan mal sobre este movimiento y son solo los sangre puras… esos que esperaban tener influencia en la joven mente que ven después de días la verdadera intención.

Era temprano en la mañana cuando dicha bruja se abrió paso con túnicas formales y su monóculo a través del segundo nivel del ministerio de magia rumbo a su oficina… ignorando fácilmente las miradas siguiéndola o los susurros inciertos.

Amelia Bones le importaba muy poco las sospechas del entorno, tenía un objetivo para adjuntarse una carga tan importante como instruir a un adolescente a sus responsabilidades con el ministerio y eso era corregir, amoldar e instruir un sustituto.

Muy impropio de ella ser algo egoísta o elegir a alguien nuevo en vez de ascender a cualquiera con experiencia o calificado para auxiliarla en esta planificación para los años venideros.

Pero Amelia, al caminar firmemente entre ese corredor de piedra pulida no estaba por arrepentirse en su elección, el niño puede hacerse a su imagen sin ningún tipo de influencia externa… por esa razón eligió a Black, no solo para guiarlo en el mundo de la política como Lord sino como su suplente.

El motivante de sus acciones era porque estaba por casarse, un asunto que todos desconocen y contra todo pronóstico deseaba recortar sus horas laborales con la intención de formar una familia ¡a su edad! Y como su consciencia no le permite retirarse por completo sin tener confianza plena en su sustituto.

Tarareo al continuar con su caminata, mandando miradas duras al entorno para mantener su reputación intacta, suspiro un poco quejumbrosa bajo su porte estricto… tenía conocimiento del historial de Dafira Black en hogwarts, también lo delicado que fue el incidente con los jugadores de quidditch de Slytherin pero su mente fue imparcial y contaba con muchas cualidades que serían beneficiosas en su departamento.

Además no había nada que una mano dura no pudiera corregir.

Era optimista, Amelia abre la puerta de su oficina con un chasquido de varita, no le extraña que al pasar saludara a su secretaria aturdida como siempre, sin la fortaleza para enfrentar a su protegido -Te he dicho que no molestes a Nora, Black- trono planamente al cruzar el marco de su puerta.

Un sonido de una risa que se arrastra por su piel, pero Bones era obstinada en dejarse intimidar y solo lanzo su bolso y abrigo al perchero para arquear una elegante ceja en acusación.

-Pero Amelia-sensei… ella lo hace tan fácil- Dafira Black le dio una de sus sonrisas misteriosas desde su lugar en aquel escritorio que forzó en su oficina, en ese rincón rodeado de estantes modestos e iluminado por una ventana mágica donde libros del wizengamot estaban abiertos para su estudio.

Bones suspiro paciente -Esto se trata de relaciones, Black… trata de ser menos obvio en tus manías- regaño al sentarse en el escritorio pulcramente arreglado, era obvio que Dafira había hecho la documentación con una envidiable rapidez.

Era una de esas cualidades que habían caído como el propio Merlín para alguien con un caos de archivos pendientes de acomodar por nivel de importancia, no evito el sentimiento de orgullo… junto con la sospecha que ese adolescente era muy versado en esas cosas como para ser un novato.

-También te recuerdo que está estrictamente prohibido que le quites tiempo a los aurores en entrenamiento- Amelia prosiguió mirando los pergaminos organizados sin molestarse en levantar la vista, conocía la sensación de ser observada pero lo ignoro.

-Pero Amelia-sensei ¡juro que no le quito el tiempo a Nym-chan!-arrastrando las palabras el joven replico con inocencia.

-Eso no convence a Moody- Amelia le lanzo una mirada severa al peliblanco -no le agradas mucho- replico.

Un puchero de Dafira sin tener defensa en esa área, en su poco tiempo ya había desarrollado cierta rivalidad con el afamado auror Alastor Moody también mentor de Nymphadora Tonks y muchos no querían estar en medio de ese enfrentamiento.

-No es mi culpa- se defendió después de un rato Black, mirando sus propios documentos con un suspiro agitado… su varita haciendo ademanes en el aire al ser ya alguien autorizado con la magia fuera de Hogwarts.

Bones prefirió no continuar esta conversación percibiendo el asunto como algo perdido, concentrándose en plasmar su firma cuando su agenda voló a su escritorio con las citas marcadas por Dafira en una planeación anticipada muy bien organizada.

La mañana continuo, no paso más de dos horas en labores administrativas que Dafira se puso de pie mostrando sus túnicas oscuras, agito la varita para finalizar los encantamientos diversos que flotaban en su entorno para la toma de notas y acortar la distancia al escritorio de su jefe -Amelia-sensei me temo que hoy tengo que salir temprano- inicio cantado -deberes con gringotts- agrego doliente.

Amelia levanto la vista de unos documentos -No hay problema, Black- aseguro al recargarse en su silla para encararlo-soy consciente que todavía estas en transición- afirmo -Y tu actual progreso y deberes conmigo son extraoficiales- explico con soltura.

Era un acuerdo que se llegó a los pocos días en que se estableció una rutina, pues quedo en evidencia que Amelia no tenía mucho que enseñarle al nuevo Lord por lo que hizo lo prudente en informarle su plan para el retiro parcial en un futuro próximo.

Bones fue prudente en decirle a Black que debía de ser prudente, pues nadie debía saberlo hasta que fue un hecho su corte de horas laborales… una parte de su instinto precavido, esa que la llevo a sobrevivir en la guerra contra Voldemort y salvar a su sobrina de una muerte horrorosa se activó cuando hizo la propuesta.

Dafira Black en ese día la hizo sentir como si le hubiera quitado un peso de encima.

Volviendo a la actualidad, Amelia miro atenta a su practicante -Mantente fuera de problemas y no des ninguna entrevista fuera de la que ya diste- advirtió seriamente, sabiendo que había sido la primera vista al público del Lord.

Dafira inclino su cabeza con ese cabello blanco en mechones enmarcando su rostro afilado -prometo no dar entrevistas molestas, Amelia-sensei- aseguro con una palma extendida mientras la otra descansaba en su pecho en ademan de compromiso dramático.

No tenían que decirlo en voz alta, pero también entre los consejos estaba el mantenerse distante ante cualquier solicitud que Sirius Black hiciera.

Bones le lanzo una mirada moribunda por la burla del mocoso, pero se negó a discutir -Haz tus trámites pendientes… asegura el presupuesto del departamento de investigación y dile a Arthur Weasley que no estaremos aprobando la compra de patitos de hule para fines académicos- finalizo.

-Por supuesto, Amelia-sensei- Black se inclinó en despedida para dirigirse a su escritorio y reactivar la magia en los archivos a su entorno.

Amelia miro al niño, preguntándose inquietantemente si estaba haciendo lo correcto en hacerlo su mano derecha con el departamento.

XXXX

Sentado en modo seiza, con una ceremonia del té iniciada… Alphard Black en túnicas oscuras estaba delante de la mesa baja con la ventana iluminando su día, el piso privado que habían ambientado en Grimmauld Place era el lugar ideal sin miradas de los retratos, sus elfos y su obaa-san.

Las vacaciones habían tomado un cause tranquilo, solo con el ocasional sentimiento de aurores al entorno de la mansión obviamente en vigilia por si su oto-san se acercara a contactarlos.

Un gesto divertido al verter su tetera en la taza sencilla de cerámica, pues aun con los aurores acechando y su obaa-san en los pisos inferiores… su oto-san ya estaba dentro de sus salas sin impedimento.

Se escucharon pies arrastrando interrumpiendo su broma interna.

No es necesario voltear para saber quién era su única compañía -Padre, te he dicho que sin zapatos- regaño ligeramente con su taza acomodada entre sus manos olfateando el dulce aroma.

No había usado el honorifico natural japonés en su progenitor a su discreción, pues el hombre casi había implorado escucharlo llamar "padre" desde que despertó.

Una maldición airada, el sonido de zapatos caer al suelo sin cuidado para escuchar el acercamiento amortiguado, Sirius Black era un hombre británico poco cómodo con la cultura que Alphard le gusta practicar… aunque es algo que pronto se acostumbraría.

El hombre sigue sin creer que están en Grimmauld Place.

Para Jushiro Ukitake desde que tomo bajo jurisdicción a su oto-san se había aplicado una rutina simple donde el objetivo iniciar había sido llevarlo a una salud estable… en las pocas semanas se podía ver sus avances haciéndolo orgulloso.

Aunque todavía había una delgadez pegada en el cuerpo del adulto, pero eso es cuestión de tiempo e ingesta diaria de alimentos equilibrados.

-Espero hayas descansado bien, padre- Alphard indico con una discreta sonrisa, tomando la tetera para verter el preciado líquido en una segunda taza que había sacado de entre sus túnicas.

Su padre se veía incomodo sentado de piernas cruzadas, mirando en su dirección para aterrizar en la bebida cálida que tomo con cuidado para beber.

-No tienes que ser tan formal conmigo, Alph- concluyo el avejentado criminal, su cabello estaba acomodado y su barba tenía forma cuidadosa… pero esos ojos eran atormentados por sus vivencias y doloridos por la forma en que se comportaba su hijo.

Sirius era alguien jovial por naturaleza, bullicioso y falta de madurez que solo se acentuó a la prolongada exposición a los dementores… pero ahora tenía esta repentina necesidad de mostrar respetos a alguien de alta jerarquía, desde que lo vio tomando el té ¡Y era su hijo!

En otro tiempo hubiera saltado a abrazar cálidamente a su hijo, pero ahora… de alguna forma, su instinto le decía que no era lo correcto.

La risa gentil de Alphard llego a los oídos del convicto que levanto su vista para ofrecer un suspiro cansado… desde que Canuto despertó en la comodidad de una cama días atrás pensó que había sido un sueño, con su mente menos caótica razono lo ilógico de un niño de trece de haberlo encontrado y traído a alguna casa al azar (seguía sin creer que era Grimmauld place).

Su hijo… su sobrino habían cambiado, todo aquello que juro corregiría al salir del aislamiento provocado por la guerra se fue por la ventana… una parte de sí mismo se arrepintió y quizás estas personalidades tan maduras o espeluznantes (esto es sobretodo Daf) hubieran sido corregidas si no hubiera salido a buscar venganza.

-No tienes que verte de esa manera, Padre- la voz de Alphard lo saco de sus tortuosos pensamientos -sigo aquí… para ti- ofreció dando una palmada a su dorso de la mano a su alcance.

Una sonrisa brillo en el adulto -por supuesto hijo- hizo una mueca, tratando de tomar el lado casual de su personalidad para convivir con su descendiente -es solo que… ¿Por qué eres Slytherin?- gimió infantilmente.

Alphard bufo con soltura, era una de las más recurrentes preguntas junto con el "¿Por qué no eres amigo del hijo de James?" o "¿Qué paso con los merodeadores nueva generación?" -¿tendremos esta discusión?- arqueo una ceja mirándolo en reprimenda -padre no son importantes las casas- despidió.

Un gesto herido dramático -que mi hijo me diga eso- se puso una mano en la frente -¿Qué hice para merecer esto?- hizo un sonido pensativo -oh creo que ya me acorde… hice tanto- rio divertido sintiéndose más en sintonía con la diversión de la sala.

Alphard le dio un brillo divertido, era relajante cuando su padre olvidaba sus instintos de canuto y se comportaba casualmente en su entorno.

-Asi que cuéntame hijo ¿alguna afortunada?- pregunto pícaro, moviendo las cejas sugerente -escuche de alguna Granger por ahí… - señalo descaradamente la pila de cartas -una conocida de ambos- pregunto curioso.

Alphard se negó a voltear los ojos, para ofrecer una sonrisa condescendiente pues en toda su existencia había pensado en nadie de esa forma… aunque era normal para los mortales al tener una vida tan corta pero los shinigamis más los de su jerarquía tenían prioridades que formar una familia -somos muy jóvenes para eso, Padre- castigo.

-Tienes razón, mi adorable hijo- canturreo Sirius al remover el cabello largo y blanco como juego casi tirando las tazas de té en el proceso -aunque debo tener una plática de hombre a hombre con Daf ¡seguro ya está en esa edad!-

-Cuando lo hagas… asegúrate que este muy lejos- dijo secamente Alphard.

Sirius rio a carcajadas por la ocurrencia, sería una plática muy entretenida -Hijo… feliz cumpleaños- aseguro con tristeza.

Ukitake tenía problemas para recordar su cumpleaños, con Ichimaru ocupado en trámites y transiciones no había salido el tema -gracias- índico anotando mentalmente checar la correspondencia, seguro por eso su padre vio el nombre de Mione-chan.

Ignoro la falta de jovialidad ante una fecha importante de su hijo, miro su te frio -desearía poder regalarte tanto- rio Black amargo -¡muchos años atrasados! Pero no tengo los recursos para eso- admitió, su cuenta personal había sido separada de los Black pero fueron unidas cuando termino en azkaban y con un nuevo señor no tenía acceso a las bóvedas familiares.

Alphard negó -no necesito nada material, padre- expreso con sinceridad -aquí estas con nosotros nuevamente- aseguro -estaría más que feliz con tenerte con salud y también agradecería que te mantuvieras ajeno al alcohol que almacenamos- acuso.

Sirius abrió la boca recordando dicho almacén, no le sorprendió del todo pues con la edad de Dafira era justo como el inicio a beber… pero ¿Alphard?-no pueden ser tan tacaños además… eres menor de edad ¡donde está tu consciencia!- incrimino de regreso.

-Mientras no caiga borracho ¿Dónde está el crimen?- arqueo la ceja con convicción Jushiro, divertido del gesto en shock de su padre.

-Debiste estar en gryffindor- se desinflo Sirius con un ceño fruncido ante la diversión de su heredero, entonces pensó en el tema principal que quería tratar ese día -hijo, necesito salir- lanzo sin contemplaciones ni vacilación.

Un suspiro de paciencia de Alphard mirando el líquido de su te removiéndose bajo su mentón -eres un prófugo, Padre- le dijo en un tono de finalidad, dando un sorbo a su bebida -No veo la prudencia de dejarte salir- concluyo sin soltar su taza.

Fue una bofetada para Sirius, su hijo lo había dicho con tanta calma digno de un noble escuchando una difícil petición de un campesino ¡y él era el campesino!... se aclaró la garganta enfocándose -Pero ¡no me vengare si sigo aquí!- espeto tratando de sofocar su mal genio.

Había estado encerrado, bajo el cuidado de sagitario y su hijo en una condición de vida mejor que en las calles… no es que no estuviera feliz de ver a su familia o de estar más saludable, pero tenía un asunto importante para aplacar esta emoción de venganza que sentía le debía a los Potter.

-Además, no quiero meterlos en problemas- aseguro cono impotencia Sirius, había leído cada periódico desde que huyo de azkaban y aunque le hirió un poco la primera entrevista de Dafira donde declaraba su inconexión… era obvio que muchos seguían mirando en su dirección.

Alphard bajo su taza con cuidado, mirando seriamente a su padre con esa paciencia que daba a alguien que necesita entender sus razonamientos -Padre, estaremos bien… no hay nadie en el ministerio que piense mucho de un niño de mi edad- aseguro sueltamente casi en broma -Y Onii-san tiene controlado el asunto de su lado- finalizo al dar un desplante casual.

No toco el tema de la venganza, era un asunto que Jushiro procura no meditar al sentir que puede o no ser el motivante para enojarse (después de todo, os abandono a las faldas de su abuela por ese motivo).

Sirius ignoro ese sentimiento de orgullo por la astucia de sus hijos, no se distraería -¡Lo sé!- paso su mano por su cabello rizado, dejando caer su cabeza en la mesa -sé que ustedes tienen todo controlado…- afirmo amargamente -pero no puedo dejar que se manchen de sangre por mi culpa ¡es mi responsabilidad ver a esa rata muerta!-

No eran libres de pecado… tanto Ukitake como Ichimaru tenían su justa cantidad de sangre en sus manos (sobretodo el ultimo) pero no estaba por agregarle más misterios a su relación… solo negó con paciencia -sabes que Onii-san tiene a la rata ubicada- aseguro con cuidado, volviendo su atención al te de hierbas.

Se desinflo, el adulto entendió a quien se refería aun con esos honoríficos integrados en el habla de los pequeños que juro criar -¡Soy el adulto aquí!- se quejó a los aires tirándose de espaldas con un plop, provocando una carcajada de su hijo -no te burles Alph ¡no deberías de ser tan maduro!- señalo acusador.

La simpatía en los ojos del chico, siguiendo a su progenitor en el suelo recostándose sobre su estómago a su costado con sumo cuidado -vamos… Padre ¡se paciente!- recargo su barbilla en sus manos mirándolo con gracia.

-Eres Slytherin… no entiendes la gracia de un gryffindor- se quejó Sirius con otro nuevo puchero de decepción volviendo al tema de las casas.

Alphard bufo negando a seguir ese argumento recostándose sobre su espalda, miro el techado con una pereza impropia para alguien tan antiguo… culpaba las pocas secuelas del veneno de basilisco, eran mínimas pero aún tenía que tomar pociones cierto tiempo.

Sirius miro a su hijo de reojo, para moverse a su costado con un gesto abatido -¿no me dejaras irme?- pregunto a la nada.

Con ojos cálidos negó -No estamos haciendo nada imprudente, padre- dijo con suavidad -Onii-san debe afirmar su puesto antes de reabrir tu caso… -

Un bufido de Sirius interrumpió, recordando la urgencia que tuvieron en encerrarlo y su propia estupidez por dejarse ver enloquecido de rabia -Seguro Fudge se lo dejara fácil-

-Y no podemos darle motivos para no tomarnos en serio, Padre- continuo el peliblanco con calculo brillando en sus ojos, trazando lo más lógico a seguir sin romper leyes -necesitamos obtener la rata y asegurar tu libertad ¿no preferirías eso?- regreso su vista al techo.

Removiendo su bigote, Sirius se dejó caer de nuevo en el suelo -en serio, son unos pequeños muy inteligentes- gimió en protesta por ser contenido, no es que sea alguien obediente… las salas entorno a este piso eran imposibles de burlar sin varita.

-Somos Prodigios ¿esperabas menos Oji-san?- una voz canturreo desde el marco de la puerta haciendo que el prófugo se sentara de golpe para mirar a Dafira Black en toda su gloria formal -hola- saludo con un arco amplio de su mano.

Sirius carraspeo tratando de abandonar el susto de ser tomado por sorpresa, también trata de no seguir el instinto de peligro que reina en la atmosfera del recién llegado -un día de estos me mataras- acuso con su dedo al hacer pucheros en el suelo.

-Sigues vivo, Oji-san- se encogió de hombros Dafira ignorando el gesto ofendido del adulto, para pasar sus ojos entrecerrados a su primo -ototo-san ¿listo?- pregunto con un arqueo de ceja.

-¿Van a salir?- pregunto Sirius tratando de no sonar abatido, algo que no pudo por la mirada de su hijo de gentileza y el bufido de su sobrino.

Le dio un gesto sucio al recién llegado, Sirius no sabía dónde quedo su adorable aunque algo molesto sobrino ahora un adolescente de humor negro, espeluznante sonrisa y habilidad de aparecerse en momentos inoportunos.

Eso sin contar que era alto… tanto que cuando miraba a Sirius se alzaba por encima.

-Tenemos negocios en gringotts- aseguro Alphard con una palmada en el hombro de su padre al ponerse de pie con un estirar.

El convicto no se ahorró la mueca de desagrado por la mera idea.

Una risa confabuladora, Dafira no compartía el amor por los duendes del banco mágico.

-No sean duros en juzgar a los goblins, simplemente no han tenido la mejor historia con los magos- Alphard miro tanto a su padre en el suelo como a su primo todavía en el marco de la puerta con el mejor gesto de impaciencia.

-Solo porque te aman todos-canturreo Dafira con desinterés.

-El carisma de tu padre…-Guiño un ojo Sirius en dirección a su hijo -no me pierdo los negocios, pero lo demás- trato de hacer su mejor gesto de cachorro apaleado -puedo ser canuto… quedarme con las sobras ¡es tu cumpleaños!- trato de negociar.

Dafira lo miro con burla en sus ojos entrecerrados, recargándose en la madera del marco para cruzar sus brazos -¿Y dejarte en libertad de hacer cualquier estúpido impulso?- arqueo la ceja juicioso -no me estoy arriesgando contigo… Oji-san-

-Me ofende tu falta de confianza, Daf- dijo airado el prófugo, aunque una voz interna le decía que en efecto… en cualquier oportunidad estaría rastreando a la rata así ahorrarles trabajo a sus hijos.

Ukitake no pudo alegar nada en defensa de su padre, aun en este corto convivio y los recuerdos del encierro antes de terminar en azkaban… Sirius era alguien impulsivo por naturaleza que les podría dificultad sus planes (más de lo que ya hizo con su última aparición cercas de Hogwarts).

-Sabes que tengo razón, Oji-san-contradijo sin humor el adolescente, leyendo muy bien la mueca de su tío.

Sirius se negó a mirarlo hasta que una mano se posó en su hombro -solo serán negocios, vendremos tan pronto como Griphook nos atienda-

-Traeremos pastel para endulzar tu humor- canturreo Dafira extendiendo sus manos en alto como símbolo de inocente consejo -es tu cumpleaños- se defendió como si fuera una verdad universal.

-Supongo que está bien- Alphard retrocedió ante la idea de pastel

Dafira se dirigió a su tío todavía sentado en el suelo que levanto la vista curioso-¡te abriré una cuenta secundaria con el porcentaje equivalente para alguien de la familia!- reclamo optimista -Ototo-san también otorgara un mínimo de la indemnización que Hogwarts nos dio- suspiro -esto te facilitara algunos ingresos independientes de la bóveda Black-

Sirius amplio sus ojos, sus cejas se alzaron -¿estás seguro?- pregunto sorprendido -¿no te meterás en problemas?- dijo sospechoso, después de todo si alguien versado en la investigación se diera cuenta que misteriosamente Daf hiciera una bóveda secundaria e independiente lo señalarían.

-No lo creo- se encogió de hombros -tengo mis métodos, Oji-san- concluyo con una misteriosa sonrisa que trajo escalofríos por la espalda de Sirius.

Jushiro soltó un suspiro resignado.

-Por cierto ¡programe una cita con los Granger!- espeto Dafira de repente mirando a su primo con una delgada sonrisa -Estaremos haciendo nuestras compras juntos- ronroneo jovial, después de todo le deben mucho a la pareja muggle por proporcionarle tantos libros útiles -claro, si gustas puedo invitar a Nev-kun al grupo- aseguro sinceramente.

Alphard sonrió -eso sería grandioso ¿obaa-san?-

-Sabes que moriría antes de pasar tiempo con Muggles- Dafira aseguro con un encogimiento de hombros -así que eso nos deja solos- finalizo sin importancia.

-Supongo que le hará bien descansar- hizo una sonrisa fantasma Alphard, recordando la extraña tensión entre ellos y su obaa-san que creció mas después de la fiesta de Draco… seguro Lucius le advirtió de sus preferencias otra vez.

Fue una discusión en toda la regla, parece que se volvió aun mas sensible con la huida de Sirius Black de prisión... pero no estaban tocando ese tema delante de su padre.

Sirius solo se preguntaba si su madre se había ablandado, porque estaba seguro que por menos motivos lo borraron del árbol familiar.

XXXX

Nymphadora saltaba de alegría en el callejón diagon ignorando las miradas molestas de los adultos amargados y aun cuando tropezó unas cuantas veces nada arruinaría el maravilloso día que le esperaba, había salido de su horario de entrenamiento vibrando de emoción como un niño con un kilo de azúcar en la sangre.

Con su cabello rosa chicle hasta los hombros, pantalón de cuero con botas de combate y un chaleco oscuro cubiertos con una túnica negra… escaneo la acera con agudos ojos de halcón con el objetivo de ubicar a sus parientes.

¡Por fin conocería al adorable Alphard! Ahora que su abuela no podía controlar a sus primos como antes.

Cuando los detecto… porque Daf lo había sorprendido con su altura en el rencuentro ese verano en el ministerio (donde Moody aún le lanzaba miradas sucias por presentarle a un aspirante a mago oscuro)… resaltaban como un pulgar adolorido, ambos blancos con túnicas negras en un lúgubre ambiente del siglo pasado.

Ella corrió a su encuentro con entusiasmo atropellando a algunos peatones que no dudaron en gritarle insultos que pasaron por encima de su cabeza.

No dudo, aun cuando fue imprudente que un auror en entrenamiento se entregara a una muestra tan descarada de emoción… o asustara a su pequeño primo por ser abordado repentinamente… amplio sus brazos y brinco para envolver al niño más adorable que había visto en su vida sin ningún tipo de advertencia.

Esperaba haberlo tirado al suelo por el impulso, pero extrañamente no estaban en el piso sin gracia.

-Estas tan grande, seguro me dejaran abajo todos ustedes- dijo de manera alegre sin soltar al pequeño bulto entre sus brazos, zarandeándolo al mero estilo abuela Tonks -tan lindo… todo guapo… digno pariente-

-Nym-chan lo estas asfixiando- canturreo su primo forzando el abrazo a romperse sin mucho éxito -me pondré celoso… Nym-chan- espeto divertido.

-Ow no te preocupes, también puedo abrazarte Daf- Nymphadora soltó al niño que respiro una bocanada de aire puro para lanzarse a Dafira en una tacleada digna de algún deporte muggle.

Cuando la emoción se anivelo, Tonks dio un paso hacia atrás con una radiante sonrisa -sé que el orden del proceso no afecta al producto…- parafraseo -pero es un gusto Alphard, soy tu encantadora prima Nymphadora Tonks… puedes decirme Nym-chan- permitió, aunque era algo que ya hacían en cartas todavía era más gratificante consentir en persona.

El niño que era casi igual a Dafira, solo que un aire más gentil con otros rasgos menos delgados le dio un vistazo con esos asombrosos ojos cafés junto con una discreta sonrisa -es un gusto, Nym-chan-

Chillo literalmente pero antes de que Nymphadora volviera a abrazar hasta la muerte al pequeño primo, Dafira se atravesó divertido -vamos a comprar algo para comer Nym-chan, los negocios con los goblin cansan- advirtió.

Alphard envolvió su brazo entorno al de su prima, con ojos amigables en su dirección -sería un placer que nos acompañaras ¡hay tanto para ponerse al corriente!- rio divertido -seguro hay muchas cosas que Onii-san no me dice- acuso.

Tonks se derritió ante la gentileza del menor -por cierto, te traje esto- aseguro al buscar en su túnica para sacar un libro pesado de runas antiguas en hebreo -feliz cumpleaños, Alph- canturreo absteniéndose de abrazos.

-No tenemos mucho tiempo- mintió Dafira con facilidad, después de todo Sirius seguro estaría contando el tiempo al pie del reloj de pared que tienen en el piso privado -pero seguro quieres contarle todo a Ototo-san- arqueo la ceja.

Nymphadora enrojeció, había algunas cosas que no saldrían de entre ellos… le dio un gesto de "cállate" para pasar a modo sonrisa inocente -bueno… supongo que empezare con mi amargado y paranoico maestro… quien piensa que Daf es un aspirante a mago oscuro-

-Solo porque no aprecia que lo haya tomado por sorpresa- canto Dafira divertido desde su lugar.

Tonks se encogió de hombros, afirmando el agarre en Alphard para continuar con Dafira rumbo a algún lugar para comer comenzando a balbucear.

XXXXX

En una tienda de aspecto rustico con un letrero de "Urahara Shop" en pulcra letra japonesa encima de la entrada, llegaba una lechuza color negro a picotear la ventana del segundo piso con insistencia y cizaña.

Un hombre de cabello rubio cenizo se asomó al abrir bruscamente la ventana con una mueca de desprecio al pájaro que le lanzo un gesto malicioso como si supiera que lo acababa de levantar -estas lechuzas mágicas- gruño al tomar la nota de la pata de la manera más agresiva posible.

Recibir un mordisco fue bien merecido.

-Vete… no eres bienvenida cosa- acuso el rubio cenizo cuando el pájaro entro soberbio a su habitación e instalarse en una de las vigas más altas -pájaro inmundo- insulto para mirar el remitente con ausencia aunque podía adivinar quién era.

Solo había un contacto con dicha sociedad aunque no enteramente confiable.

La comunidad mágica nunca fue de su interés… al igual que Aizen, no pensaba mucho de un grupo mínimo de personas que no es ninguna amenaza para la sociedad de almas… si, quizás sean interesantes como material de estudio pero no digno de su entera atención.

Menos con un traidor involucrado.

No había escuchado de ellos desde aquella primera vez, hasta el punto de casi olvidarlo algo bueno considerando que muy bien podía estar buscando venganza como muchos otros que sabían discutían sin el conocimiento de Kyoraku-soutaicho… pero él no estaba inspirado para eso, era una pérdida de tiempo.

Pero ahora, después de años volvieron a presentarse con una propuesta de negocio que no admitiría ante Yoruichi que le tentó… siempre fue una persona que le gustaban los retos.

Sabía que fue descortés no contestar esa carta pero eso en cualquier cultura se traduciría como una negativa ¿no? Lo lamentaba por Ukitake-taicho, él siempre fue su capitán favorito (después de Yoruichi obviamente) pero de nuevo Ichimaru tenía bien merecido su desaire.

Dudo en abrir este nuevo sobre, una parte de sí mismo negaba querer involucrarse con una persona como Ichimaru que tanto mal ha traído a su existencia… pero la parte comerciante de sí mismo, esa que fue su asilo cuando Aizen le quito todo sin esperanza, le exigía que considerara no tirar la carta a la basura.

Tampoco ayudaba que la curiosidad siempre fue su debilidad.

Tarareo al sentarse en el sillón al lado de la ventana, ignoro a la lechuza arrogante para apretar los labios con el pensamiento que una lectura no le haría daño -no hay mucho que perder- admitió al romper el lujoso sello familiar.

XXXXX

Fin del capitulo

Uno largo pero parece que el verano no acaba a pesar que me esforcé por concluirlo pero falta Albus dándose cuenta que su niño que vivió está con su hermano… la visita al callejón diagon con los Granger a quien quizás ya les ponga nombre oficialmente (no hay nombres en el canon)… Ron enterándose que su mejor amigo fue a una fiesta sangre pura…. Harry y su punto de vista del fugado… Remus y su integración como profesor además de su encuentro con el padrino de Dafira… si muchas cosas que faltan por tocar que no quería forzar.

Otro punto a aclarar es que la sociedad de almas todavía no saben que Retsu es parte del grupo reencarnado… recuerden que el basilisco literalmente se comió dicha carta donde actualizaban este dato para Urahara, por lo cual nadie sabe y hasta que haya otro motivo importante… no estarán informando al seireitei.

El esperado encuentro con Nymphadora… los planes egoístas de Amelia Bones… Albus y sus meditaciones manipuladoras… Aberfoth siendo Aberfoth… Sirius en su rencuentro cayendo a una rutina forzada por la gentileza de su hijo para concluir con Urahara ¿aceptara el trato?

Pasando a otros asuntos:

Dafira Black dio el estirón (termino que usamos en México cuando un niño crece de golpe)… ya alcanzó los 1.80 mts (la versión original mide 1.85 ósea que le falta crecer otro tanto) mientras Sirius apenas alcanza los 1.74 (del actor).

Por su parte Alphard sigue en su versión modesta, pero también crecerá para ser aún más alto que su onii-san (alcanzara el 1.87)

Bueno, terminare esta sección de verano el siguiente capítulo.

Neah20 fuera...