Capítulo veinte - Damon

A ella le tembló el labio inferior y se le llenaron los ojos de lágrimas. Damon sintió un absurdo deseo de abrazarla y perdonarle todo lo que había sucedido, pero ya estaba harto de gilipolleces.

Damon estaba harto de esperar, de ser el segundo plato. Quería a Elena sólo para él, y que ella no se avergonzara.

¿Y si no podía hacerlo?

Maldita fuera, le daría igual. Se arrastraría como un gusano como siempre.

Lo siento.

Damon sintió las emociones de ella como si fueran un torbellino. Tristeza, ira, confusión, deseo y algo más profundo que se empeñaba en esconder.

Que lo digas no cambia nada - se obligó a quejarse con voz de hielo.

Ya lo sé - ella suspiró y se sentó a su lado. Se pasó una mano por los ojos, con el oscuro cabello cayendo por sus hombros.

Damon alzó la mano para tocarla, pero se detuvo. A ver hasta dónde podía llegar sin forzar las cosas.

Damon, esto jamás debería haber pasado. Nada de esto.

Él frunció los labios con ira. Nada tenía que haber pasado, lo suyo era un error, bla bla. ¿Hasta cuándo debería escuchar toda esa mierda? Elena le quería, y punto. ¡Tenía que darse cuenta de una vez!

¿Tú crees? - contestó al final, con una falsa sonrisa burlona –. ¿Y si esto sólo ha pasado para que te dieras cuenta de la verdad?

Su corazón dio un vuelco. Elena bajó la cabeza y respiró hondo.

La verdad es que estoy con Stefan – murmuró al fin.

La verdad no es esa, y lo sabes perfectamente.

Elena levantó la cabeza, con esos ojos oscuros refulgiendo en la noche. Parecía tan desolada, tan desesperada. Damon no pudo contenerse más y acarició su mejilla con suavidad, haciéndola estremecer de placer y miedo.

¿Qué es lo que te asusta? - le preguntó él, frotando su mejilla con el pulgar. Ella cerró los ojos con fuerza.

No quiero sentir esto. No debo sentir esto.

Sí debes, Elena. Haz lo que te diga tu corazón.

¿Qué dice el tuyo?

Elena le miró con esperanza y miedo a la vez. Damon se permitió una sonrisilla expectante; por fin, por fin la tendría para él.

El mío me dice que esto es lo correcto.

Y sin más, la besó con levedad. Ella suspiró, con una lágrima deslizándose por su mejilla. Damon se la secó con cariño y volvió a besarla, casi sin poder creer que tuviera los labios de Elena sobre los suyos de nuevo.

Elena, confusa y desesperada, se agarró a su camisa abierta y se apretó contra él. Damon sintió una oleada de fuego correr por sus venas, y sin pensárselo la puso sobre su regazo.

Las cosas fueron tan rápido desde ahí. Elena se despojó de su camisa y sus pantalones en un abrir y cerrar de ojos... Damon no iba a ser menos.

Elena lo guió hacia su interior y comenzó a moverse a un ritmo rápido, casi frenético, que pronto les llevó a los dos al borde de la locura.

Damon, jadeante y excitado, se agarró a su cintura para guiar sus movimientos. Besó sus labios con anhelo, adorando en secreto la sensación de cosquilleo que el cabello de Elena le producía contra su pecho.

Ella gimió su nombre, apretando las uñas contra sus hombros y poniéndole a cien, loco y ciego de pasión.

Elena – gruñó él –. Elena, déjale por mí.

En el mismo segundo en el que cerró la boca se dio cuenta de su error. Elena se detuvo y le miró a los ojos con tristeza.

Y se echó a llorar contra su pecho. Damon la abrazó, sintiéndose extraño al saber que gran parte de lo que le pasaba a su Elena era culpa de él.

Dímelo – gimoteó ella, apretándose más contra él –. Damon, por favor, dímelo.

Damon los hizo girar hasta quedar sobre ella, procurando no separar sus cuerpos. La miró a los ojos profundamente, y ella sollozó en voz baja.

Te quiero, Elena.

Ella siguió llorando, acunada en su pecho. Damon se movió un poco en su interior, haciendo que ella se agarrara más a su cuerpo. Pidiendo más.

Damon siguió penetrándola despacio, profundamente, mientras le murmuraba su nombre con millones "te quieros".

Damon despertó con una enorme sonrisa en el rostro. Las cosas parecían comenzar a funcionar; con suerte, Elena pronto caería en sus brazos y Stefan dejaría de tocar las narices al ver que había perdido. El muy cobarde no lucharía por ella si veía que eso era lo que Elena quería.

Hola, Damon.

Con un jadeo sorprendido, Damon se incorporó, haciendo que las sábanas resbalaran por su cuerpo desnudo.

Katherine llevaba un conjunto de lencería negro y semi-transparente que dejaba ver todo su cuerpo. Sonreía maliciosamente desde los pies de su cama, mirándole con ardor en esos ojos que pese a ser iguales que los de Elena eran asquerosamente retorcidos.

Katherine, ¿qué quieres? - preguntó en tono aburrido él, negándose a centrarse en cómo ella se acariciaba los pechos para incitarle.

¿No es obvio? - rió ella, gateando por la cama hasta ponerse encima de él. Damon intentó apartarla, pero ella le retuvo sobre la cama.

Era más antigua y poderosa, y Damon quedó inmovilizado.

¿Me has echado de menos? - ronroneó ella, lamiéndole la garganta.

Vale, Damon quería a Elena, pero no era de piedra. Ese cuerpo frotándose contra el suyo, los colmillos rozándole el cuello... Se puso a cien, pero aun así se obligó a mantener la compostura.

Estaba claro que Katherine quería algo, y no se iría hasta que lo tuviera. Él sólo esperó que ese algo no fuera él.

¿Por qué has vuelto?

Para estar contigo, claro. He oído que me buscabas.

Sí, pero tú a mí no, así que lo superé – Damon hizo su característico gesto despreocupado y se rió –. No soy un perro, Katherine, no voy a quedarme parado esperándote como si no me importara que me abandonaras. Te fuiste, me perdiste. Fin de la historia.

Claro, ahora tienes a otra putilla para satisfacerte. Otra putilla que casualmente es idéntica a... ¡oh, a mí!

El cuerpo de Damon ardió de ira, y la rabia le dio fuerzas. Acorraló a Katherine contra el colchón y le mostró los colmillos. Supo que su cara se había transformado.

No te acerques a Elena – le advirtió con voz amenazante. Ella rió, como diciendo: "¿crees que puedes hacerme algo?" -. Si le haces algo te aseguro que no seré sólo yo quien vaya a por ti.

¿Tú crees? ¿Después de lo que lo habéis hecho sufrir?

Mierda. Katherine había aprovechado a que su hermano estuviera en un momento bajo para acercarse a él, y el muy idiota había caído en su trampa.

Damon se calló los as en la manga que aún le quedaban, Alaric y Bonnie, y le gruñó a la vampiresa.

Yo no soy tan voluble como mi hermanito, y lo sabes. Tus truquitos psicológicos no funcionan conmigo.

Entonces quizá tenga que buscar otros.

Eso sonó como una amenaza en toda regla. Damon, en un ataque de locura, intentó atacarla, pero ella volvió a tenderle contra la cama con una sonrisa de superioridad. Maldita fuera por ser tan fuerte.

Damon le gruñó de nuevo, pero ella se limitó a sonreír.

Joder, Katherine, ¿qué es lo que quieres? ¿Por qué has vuelto?

He vuelto a recuperar lo que es mío. A empezar una nueva vida.

Damon lo entendió a la perfección. Había vuelto para tomarles, a los dos, y quitar a Elena del medio. Para ponerse en el lugar de Elena y fingir que era ella.

Katherine ensanchó su macabra sonrisa y se colocó bien sobre él. Despacio pasó una mano por su cuerpo – desde su cintura a los pechos – y deshizo el lazo negro que cerraba su conjunto. Dejando sus senos libres para él. Le soltó un instante las manos, pero aún le tenía bien sujeto por las piernas.

Se quitó la parte de arriba, y sin más miramientos se arrancó las braguitas.

El cuerpo de Damon reaccionó sin querer al verla desnuda. Por los recuerdos de las noches de pasión, porque su cuerpo era como el de Elena.

Ahora haremos un trato. Tú te quedas conmigo y yo dejo que Elena se vaya siempre y cuando no vuelva jamás.

Damon quiso decirle que no, que Elena era suya y no se movería de su lado. Quiso decirle que se fuera al infierno de donde pertenecía y les dejara en paz. Quiso gritarle que después de todo por lo que había pasado merecía un poco de felicidad.

Pero no pudo decirle nada. Katherine le montó con movimientos expertos y frenéticos, y Damon cerró los ojos, asqueado de estar disfrutando tanto.