Mientras más digo que voy a tardar menos tardo y viceversa, así que ya dejo de decir nada mejor :P Gracias por los comentarios :)


Capítulo 21

Rick caminaba pensativo al lado de Julia mientras cruzaban el largo pasillo hasta el ascensor de su edificio. La psicóloga estaba desconcertada, se suponía que Kate los acompañaría, y si no era así, era porque algo había tenido que salir mal. Además, se fijó en las ojeras del escritor y su mano vendada.

-¿Todo bien? –le preguntó cuando las puertas del ascensor estuvieron cerradas.

-Kate y yo hemos tenido problemas. Ahora casi no nos hablamos.

-Lo siento, pero ya verás que las cosas irán mejorando poco a poco. Después de todo lo que habéis pasado…

-No, por favor, -la interrumpió - esta noche no quiero pensar en eso. Lo nuestro está perdido.

Ante la mirada triste del escritor, Julia, no quiso preguntar nada más. Esa noche no era su psicóloga, era su amiga, así que hoy se preocuparía porque se lo pasase bien y se olvidase durante un rato de todo eso que lo estaba atormentando. Su próxima cita era pronto y, ahí, podría hablar con él sobre todo eso y más. Solo hablaría de sus problemas con Kate, esa noche, si él era el que sacaba el tema, cosa que dudaba. Las puertas del ascensor se abrieron y, los dos, salieron despacio.

Un hombre los esperaba recalcado en un coche rojo. -Un gusto conocerlo, señor Castle –dijo éste cuando los dos estuvieron a la misma altura tendiéndole la mano.

-Lo mismo digo… -el escritor se quedó callado para que aquel hombre se presentase.

-Miquel Fernández –contestó. Castle le sonrió. El hombre empezó a mirar como si buscase algo por encima del hombro de Rick.

El escritor se dio cuenta –No, ya nos podemos ir, solo voy yo.

-¿Vamos? –intervino la psicóloga. Miró a su marido y negó con la cabeza para que éste no preguntase nada.

Cuando Rick y Julia planearon la cena, lo habían hecho pensando en que Castle le pediría a Kate que fuese con ellos y ella terminaría aceptando la invitación, pero todo había salido tan mal entre ellos que no había tenido una oportunidad para hacerlo.

La cena no había sido lo que Rick había imaginado y deseado que fuese pero se lo había pasado bien con la compañía de Julia y su marido Miquel. Habían estado hablando de todo un poco. Castle, le había preguntado a éstos cómo se conocieron siendo personas tan diferentes, ella era psicóloga y Miquel era actor. Todo había ocurrido gracias a unos amigos que tenían en común. La amiga de ella y el mejor amigo de él se casaron y ellos se conocieron en la boda.

Castle también sintió algo de envidia sana cuando los veía interactuar entre ellos. No había que ser muy listo para darse cuenta que estaban perdidamente enamorados. Sus miradas cómplices, sus sonrisas, sus gestos,… en definitiva, todo demostraba en ese gran amor que se profesaban el uno al otro. Le recordó a él y a Kate cuando estaban juntos. Rick, los miraba con melancolía.

El escritor les había hablado de sus hijos también y, ahí, fue cuando Miquel y Julia pudieron ver a Rick sonreír abiertamente durante toda la cena y lo orgulloso que estaba de sus pequeños.

Cuando Castle volvió de la cena fue a ver a Maddie y Alex antes de irse a dormir. Después de darle un beso de buenas noches a sus hijos no pudo reprimirse las ganas de entrar en la habitación de la detective a pasar por su puerta

Kate se había destapado mientras dormía, Rick recordó lo mucho que se movía ésta cuando dormía y no pudo evitar sonreír. Él, algunas mañanas la acusaba de que le había pegado patadas o que había pasado frío por su culpa, pero lo hacía solo para picarla. No obstante, más de una vez sí que le había metido alguna que otra patada. Castle se acercó y la arropó. Tampoco pudo evitar quitarle un mechón rebelde de la cara. Castle se agachó para contemplarla mejor. Las lágrimas empezaron a agolparse en sus ojos, haciendo que éstos se pusiesen brillantes y rojos. La echaba terriblemente de menos y haber visto tan enamorados a Julia y a su marido no había ayudado.

El escritor suspiró en menos de 3 días la detective tendría que volver a su trabajo y las cosas entre ellos volvían a estar muy mal, demasiado mal como para pensar que ellos se podían arreglar. Rick se inclinó y le dio un pequeño besos en los labios. ¡Hacía tanto tiempo que no se besaban! Kate suspiró y, Castle, temió que se hubiese despertado, pero no, seguía durmiendo. El escritor se puso de pie y le acarició la mejilla antes de salir de aquella habitación, no quería seguir tentando más a la suerte.

Cuando escuchar como la puerta se cerraba, Beckett se llevó los dedos a los labios donde antes la había besado Castle y sonrió. Lo había escuchado entrar y decidió hacerse la dormida. Cuando Rick la había dado ese pequeño beso no tuvo el valor para abrir los ojos pero no pudo evitar suspirar.

Kate, que no había podido dormir en toda la noche pensando en la cena de Rick y Julia, pudo, finalmente, hacerlo con una sonrisa en su rostro. Sin embargo, en la planta de abajo, Castle, había dejado fluir las lágrimas que había estado reteniendo en la habitación de la detective.

A la mañana siguiente Castle y Kate se encontraron en la habitación de sus hijos. Los bebés habían despertado a sus padres con su llanto. Richard fue a preparar los biberones mientras Kate intentaba tranquilizarlos.

-¡Aquí están! –exclamó el escritor entrando por la puerta. Rápidamente Castle le dio uno a Beckett y ésta comenzó a darle la leche a Alex, mientras Rick hacía lo mismo con Maddie.

Kate al tener más prácticas terminó antes de darle el biberón y cambiar de pañal a Alex y bajó con él para ir preparando el desayuno para Rick y para ella.

La detective intentó poner a su hijo en la sillita pero el niño lloraba, así que Beckett, con el pequeño en brazos, comenzó a sacar todo lo que hacía falta de los armarios para hacer tortitas y las demás cosas del desayuno cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta. Con su hijo en brazos fue a abrir pero cuando lo hizo no encontró a nadie. Cerró y nada más darse la vuelta, volvió a escuchar el timbre. Abrió de nuevo y la cara de la detective cambió por completo cuando vio quién era la persona que se encontraba al otro lado de la puerta.

-Hola, detective, nos volvemos a encontrar. –Dijo esa persona con una sonrisa maliciosa y Kate sintió como sus piernas le temblaban. Gina tenía una pistola entre sus manos apuntando, no a ella, sino a su hijo.

Gina comenzó a andar para entrar al loft haciendo que la detective retrocediese.

-Gina… -logró decir. -¿Qué… qué haces aquí?

-¿Qué crees? –rio -He venido a recuperar lo que es mío y acabar con todo aquello que me lo arrebata. Ni se te ocurre moverte o te juro que lo mato. –La amenazó. Kate se odió en ese momento por no llevar su pistola consigo pero después de tantos días se había confiado. Además, a Gina la buscaba toda la policía de Nueva York, era imposible que algo así sucediese.

-No le hagas daño, por favor. Él no tiene la culpa de nada. –Gina dio unos pasos rodeando a la detective quedando de espaldas a la sala.

-Me da igual que tenga o no tenga culpa, ahora mismo se interpone en mi camino, y es lo que me importa.

-Por favor, a él no. A mí hazme lo que quieras pero a él no le hagas nada. -Kate notó como las lágrimas recorrían su rostro. Gina comenzó a reírse. –Por favor –volvió a rogar.

-¿Crees que voy a tener piedad con tu hijo después de haber abandonado el mío? ¿De algo tuyo? –Beckett comenzó a apretar a su hijo contra su pecho como si eso lo fuese a mantener a salvo de aquella malvada mujer. –Dile adiós a tu hijo, Kate. –La detective se dio la vuelta cuando escuchó a Gina cargar su pistola para que así la bala la alcanzase a ella y no a su hijo. Un ruido y la no bala hizo que Kate se diese la vuelta y viese como Rick y Gina forcejeaban por la pistola.

El arma estaba entre los dos cuando se escucharon dos disparos y un gritó de dolor acto seguido.

-¡Rick! –gritó Kate que sintió cómo todo se desmoronaba.


La culpa de que lo deje así es de mi hermana que me ha prohibido que suba más... Lo siento :P