Hola a todos, pensar que este es el penúltimo capítulo del libro hace que me den verdaderas ganas de llorar. No sé si de pena o de alegría por haberlo acabado por fin... Un fic de 22 capítulos en únicamente dos meses va a convertirse en mi nuevo récord personal ¿sabéis? Por cierto, he descubierto mientras escribía el fic un error garrafal de Bowden, pone que al archivo lo derriban a cañonazos, y el primer cañón se utilizó en China en el año 1260, aquí hay algo que no me cuadra xD. Así que si me perdonáis voy a obviar los cañones en la historia, catapultas medievales molan más. Espero que os guste el capítulo.

Reencuentros

Octubre de 1191 d.C.

"¡Idiota!", fue lo único que pudo pensar al ver a Altaïr al lado del cuerpo de Alexander. "¿Es que no se da cuenta de que es una trampa?".

Si estuviera al lado del sarraceno le habría golpeado por imbécil. Ella se había dado cuenta de aquellos signos que gritaban que no se fiase de aquel lugar, pero él había decidido ignorarlos. Aunque estaba bastante lejos pudo observar como Altaïr le cerraba los ojos a Alexander pasando la mano por encima de ellos. Sintió que el corazón se le encogía levemente ante aquella situación, ver caer a un compañero siempre era duro, y más cuando le habías prometido entregarle la libertad. Desvió la mirada hacia el templario que tenía las manos en ambas caderas, mostrando una pose que denotaba confianza.

—¿Era amigo tuyo? —preguntó sin que esa sonrisa burlesca desapareciera de sus labios.

"Yo haré que dejes de sonreír para siempre". Frunció el ceño tocando el mango de su espada, sólo necesitaba que se distrajese para poder colocarse detrás suya.

El asesino simplemente se irguió y miró al templario, ella no podía distinguir su rostro ya que la capucha se lo impedía, aunque notaba por sus puños cerrados que estaba bastante enfadado. Nunca lo había visto verdaderamente enfadado, puede que hubiera vislumbrado algo de mal genio cada vez que se escapaba, pero nada como aquello. Tragó algo de saliva divisando la escena sin saber qué desenlace habría.

—Tú —escuchó la potente voz de Altaïr resonar por todo el patio—. No sé tu nombre.

—¿Qué te dije en Kyrenia? —Después de aquello empezó a reír—. Barnabas, ¿no?

Ante aquello no tuvo más que parpadear intentando recordar aquel nombre. ¡Claro! Así era cómo se llamaba el líder de la Resistencia en Kyrenia, la persona a la que ninguno de ellos excepto Altaïr había visto en el refugio. Apretó aún más los dedos sobre el mango, ¿con que un espía, no? Debía de haber suplantado la identidad del verdadero Barnabas, por eso había huido de aquel lugar, si se hubiera quedado Markos le habría reconocido como un farsante. Él era el culpable de que a ella la llevasen presa y casi matasen a Felix. Además había matado a Alexander, seguramente también a ese hombre de Kyrenia. No era más que una rata que vivía en el cuerpo de un hombre. Estaba a punto de salir por la puerta silenciosamente para colocarse detrás del templario, que se encontraba demasiado distraído con el asesino para darse cuenta de su presencia, pero algo se lo impidió.

Por la entrada del castillo aparecieron decenas de personas corriendo que gritaban cosas incoherentes. Era como la muchedumbre furiosa que había visto nada más llegar a Kyrenia, pero esta era peor al ser un lugar cerrado. Por eso aquel hombre había mandado al soldado a avisar de la muerte del líder de la Resistencia, aunque había escuchado su plan con anterioridad ahora que lo veía frente a ella tuyo que reconocer que era algo muy astuto, volver al pueblo contra el enemigo para así no tener que mancharse las manos. Qué actitud tan cobarde y miserable.

—¡Ahí está el traidor!

—¡Colgadle!

—¡Pagarás tus crímenes!

Sintió una terrible inquietud en su interior ¿cómo iba a escapar Altaïr de ahí? No podría escalar para huir, los ciudadanos se lo impedirían. Vio como inicialmente se llevó la mano a la espada, pero luego la alejó, si utilizaba la fuerza contra el pueblo no haría más que dar por confirmadas las palabras de aquel templario. Se mordió el labio y movió la puerta, saliendo lentamente mientras el otro miraba con una sonrisa de oreja a oreja lo que estaba ocurriendo en el patio. Si conseguía ponerle la daga en el cuello a ese hombre le obligaría a decir la verdad, entonces el asesino demostraría su inocencia. Sí, era un buen plan, pero tenía que ser rápida.

Estaba a pocos pasos de colocarse detrás de él cuando de pronto una fuerte luz dorada hizo que se detuviese. Se llevó la mano a la cabeza, sintiéndose ligeramente mareada, ¿qué era aquella luz? Desvió la mirada hasta donde se encontraba Altaïr, en sus manos portaba una esfera que resplandecía como el sol y que milagrosamente había detenido a la multitud.

"¡La Manzana!", gritó su mente intentando pensar con coherencia.

¿La había llevado encima todo ese tiempo? ¿Cómo es que no lo había notado? Intentó caminar, pero era como si estuviera paralizada por un poder superior, ¿qué era lo que pasaba? Su respiración se volvió entrecortada y sus pensamientos borrosos, además su cuerpo no le obedecía ¿qué clase de brujería era esa? Mientras intentaba volver a tomar el control sobre sus sentidos escuchó la voz del asesino.

—Armand Bouchart es el hombre responsable de vuestro sufrimiento —dijo—. Contrató a ese hombre para envenenar a la Resistencia contra sí misma. Salid de aquí y congregad a vuestros hombres. Chipre volverá a ser vuestra.

Esas palabras inundaron su mente, sabía por lo que había visto que eran ciertas, pero en aquel momento las sintió verdaderas. Si ella no hubiera visto a aquel templario matar a Alexander ¿habría creído también las palabras de Altaïr? Miró a la muchedumbre que en vez de reanudar su marcha contra él se dio la vuelta, muchos tenían el rostro cargado de vergüenza e incluso de arrepentimiento por haber caído en los juegos templarios. Con unas simples palabras había cambiado completamente la forma de pensar de aquellas personas. Y aunque lo que había dicho era cierto pudo también entender cuanto mal podría hacer en manos equivocadas.

Por fin retomó el control de su cuerpo consiguiendo sacar lentamente la espada de su funda, ya fuera por haber matado a Alexander o haber matado a ese tal Barnabas, ese hombre tenía que morir.

—Menudo juguete tienes ahí… —comentó bastante sorprendido, pero sin perder su sonrisa— ¿Te importa si lo tomo prestado?

No pudo ver la reacción de Altaïr ya que lo tapaba el cuerpo del templario, pero esuchó como sacaba su espada del cinto. Era muy ruidoso a veces para considerarse un auténtico asesino. Se encontraba a dos pasos del Templario, únicamente tenía que ensartarlo como si se tratase de un cerdo al fuego. El comandante dio un paso para dirigirse hasta las escaleras, el último que daría ya que María insertó fuertemente la espada por la espalda de este atravesándole de lado a dado. Segundos después el hombre bajó la cabeza inspeccionaba su pecho, como si se preguntara cómo había llegado hasta allí esa arma.

—Esto es por el pueblo de Chipre —susurró de forma íntima haciendo que el templario intentase girar la cabeza al escuchar una voz.

Este intentó mover su cuerpo dejando la mitad del de María al descubierto, siendo perfectamente visible para Altaïr que la observaba atentamente desde el patio inferior. Sonrió al poder suponer la sorpresa que debía de haber sido para él encontrarse nuevamente con ella después de haberla abandonado en Kyrenia. Empujó al templario hacia delante desde lo alto del baluarte provocando que cayese con fuerza al suelo. Movió la espada de arriba abajo intentando limpiar los restos de sangre que se habían quedado en ella, después de eso volvió a mirar a Altaïr aún sonriendo y guardó su arma.

—Así que… —comentó al aire— has tenido la Manzana todo este tiempo. —Vio como el asentía ligeramente.

—Y ahora ves qué tipo de arma sería si estuviera en las manos equivocadas. —Aunque había pensado lo mismo que él había dicho no pensaba darle la razón tan fácilmente.

—No sé si las tuyas las llamaría yo buenas —pronunció en un tono algo jocoso, aún molesta con que la hubiera dejado tirada.

—No. —Aquella sincera respuesta la sorprendió—. Pero sí bastante buenas porque la destruiría... o la escondería. Hasta que encuentre el archivo, no lo sabré.

Sabía que sus palabras eran ciertas, puede hubieran tenido sus roces hasta el momento pero todo lo que le había mostrado durante esas dos semanas habían servido para que se diera cuenta de muchas cosas. Entre ellas cabía destacar la completa veracidad de las acciones de Altaïr. Cerró los ojos como si estuviera cansada y suspiró, si él llegaba a Bouchart no tendría su venganza, por unos instantes no le importó eso sólo hacer lo correcto.

—Bueno, no busques más —comentó—. Estás de pie sobre él.

Ahí estaba, lo había hecho, el último paso hacia la traición. Había revelado conscientemente dónde se encontraba el preciado archivo templario, no se sentía mal por aquello pero sabía que si aún hubieran quedado algunos lazos que la uniesen con el Temple se habrían destruido en ese momento. Se fijó en Altaïr, permanecía ahí quiero, mirándola, le habría encantado saber que era lo que estaba pensando en esos instantes, quizás se preguntaba cómo había llegado al castillo antes que él o cosas similares.

"Y aún tiene que pagar a Hevel por sus servicios", recordó mientras ladeaba ligeramente la cabeza. En el fondo estaba contenta de que aquella muchedumbre no lo hubiera descuartizado.

De pronto un potente rugido hizo que volviese al mundo real, el sonido del metal golpeando la roca inundó el lugar y pudo ver como un grupo de soldados templarios entraban por la entrada. Si verdaderamente el pueblo se había revelado contra ellos habrían ido a buscar refugio al castillo, cosa que no venía demasiado bien para sus planes.

—¡Por aquí, rápido! —gritó dándose la vuelta para internarse en el interior del castillo.

Si Sibrand no mentía el archivo se encontraba en las profundidades de aquel sitio por lo que, en vez de subir o seguir el camino recto, empezó a bajar las escaleras rápidamente. Cuando llegó el primer piso lo que se encontró enfrente fue una sólida puerta de roble que se encontraba entreabierta, sin dudarlo un segundo entró rápidamente, por lo que tuvo que frenar inesperadamente para no precipitarse por el abismo. Aquel lugar era una especie de pozo, cuyos pasillos se adentraban cada vez más y más en la tierra.

"Parece que lleve a una tumba", pensó.

Comenzó a bajar rápidamente, la única iluminación que permitía ver algo en ese sitio eran las antorchas colocadas en la pared en cada nivel. No permitían una visión muy buena, pero la suficiente para que evitase pisar ciertos lugares que parecían a punto de desmoronarse. ¿Cuántos años debía de tener ese lugar? Su Orden apenas contaba con poco más de cincuenta años desde su creación, ¿desde entonces estaba aquello construido? Sin duda era algo que admirar. Pero no era momento para pensar en la arquitectura de aquel lugar, tenía que encontrar a Bouchart.

Miró hacia atrás deteniéndose un poco, dándose cuenta de que el Asesino no la seguía como creía. Tal vez se hubiera entretenido con aquellos guardias que entraron al castillo, puede que tuviese unos minutos, diez a lo mucho antes de que la alcanzase. Continuó corriendo hasta llegar más o menos a la mitad del foso donde un hombre se encontraba subiendo las escaleras, aquello la tomó desprevenida y sacó sin dudarlo la espada. El soldado la miró sin saber cómo actuar ante una mujer armada, estuvo a punto de desenvainar pero sin previo aviso se dio media vuelta para salir corriendo.

—¡Intrusos! ¡Intrusos! —gritó.

—Mierda —murmuró saliendo detrás de él.

Debía de impedir como fuera que llegase abajo del todo que era donde seguramente estaría el resto de la guardia. Empezó a saltar de dos en dos las escaleras acercándose cada vez más al muchacho. Era únicamente un chico asustado que a saber porque se habría unido a los templarios, no quería hacerle daño, sólo aturdirlo lo suficiente para que no hablase. El camino era pedregoso y tenía que tener mucho cuidado para no pisar ninguna zona inestable sino quería precipitarse al vacío, aunque al parecer aquel joven no tenía tanto cuidado como ella. Al pisar una de las esquinas del camino esta se derrumbó parcialmente haciendo que cayese despeñado por el pozo sin que pudiera evitarlo.

Se quedó mirando desconcertada lo que acababa de pasar, el muy imbécil se había caído, sin más, una muerte tan rápida como absurda. Sintió pena por él, no pensaba matarlo, no quería matarlo, pero había conseguido morir sin pretenderlo, que caprichoso es el destino. Esperaba que en el fondo del lugar no lo hubieran escuchado, sería problemático tener que enfrentarse a caballeros templarios en aquel peligroso lugar.

Finalmente aquella escalera que parecía infinita acabó en una especie de cámara de arena, donde tres guardias templarios daban vueltas vigilando la zona. Suspiró pesadamente fijándose durante unos instantes en el recorrido que hacían, siempre era en círculos.

"Bien", pensó. "Con el casco no pueden ver bien hacia atrás ni a los lados. Sólo tengo que seguirlos por la espalda".

Si el suelo hubiera sido de piedra los pasos habrían hecho llamar la atención de los soldados, pero por suerte el suelo estaba cubierto de arena, lo que aplacaría sus pasos. Esperó agazapada entre las sombras de la entrada a que llegasen hasta su posición para rápidamente colocarse detrás de ellos intentando pisar por el mismo sitio que ellos para evitar que se notasen las nuevas huellas. Lo único que debía de hacer era evitar cualquier sonido, debía actuar con cautela sino quería ser descubierta antes de tiempo ya que dudaba seriamente que ese fuera el único regimiento de guardias que protegiera el archivo. Cuando ya se había completado la media vuelta se paró durante unos instantes para luego introducirse en la siguiente cámara.

Le impactó bastante lo que vio, era un puente subterráneo que unía las dos salas, pero a ambos lados de ese puente se encontraban dos cascadas. Por el fuerte olor a agua salada debía de pertenecer al mar. ¿Cómo podrían unir el mar con aquel lugar? Eran tan extrañas las estructuras que se encontraban en aquella remota zona. Cruzó el puente sin encontrarse con ningún guardia, no cual le pareció realmente raro. Al terminar de pasar el lugar se encontró con una amplia biblioteca llena de estanterías, decenas y decenas de estanterías.

—El Archivo… —susurró.

Por algún rincón de ese sitio debía de encontrarse Bouchart. El ruido de unos pasos hizo que corriese y se ocultase detrás de una de las columnas que sostenían aquel lugar, cerca de la primera estantería. Del otro lado de la sala aparecieron dos guardias portando unas largas picas.

—Te he dicho que he escuchado un ruido —comentó uno.

—Una jodida rata, lo que has escuchado es una jodida rata —le respondió.

—No parecía una rata.

—Tanto estar al lado de la cascada te ha dejado sordo —bufó el otro—. Espero que el Maestre no tarde, ¿cuándo dijeron que iban a empezar?

—En quince minutos, más o menos.

¿Iban a empezar el qué? No continuaron hablando por lo que no pudo saber a lo que se referían. Se quedaron quietos en la entrada mirando fijamente al fondo de la sala, vigilando para que no entrase o saliera nadie de aquel lugar. Gracias a Dios la columna y estantería la ocultaban perfectamente por lo que procurando no hacer ningún ruido que llamase la atención llegó al final de aquella enorme biblioteca. Estaba desordenada, como si alguien la hubiera revuelto, además por lo que podía ver faltaban muchos libros, más de los que había en aquel sitio.

"Demasiado vacío para ser un archivo tan antiguo". Eso no le gustaba nada, si verdaderamente fuera el archivo habría más cosas, artefactos parecidos a la Manzana que tenía Altaïr.

Pero nada, sólo libros y polvo. Giró a la derecha dando con lo que parecía ser la entrada a la siguiente cámara de aquel lugar, estaba guardada por un gran arco de piedra en cuyo vértice se veía tallada la cruz templaria. Posó su mano en el mango de la espada, si Bouchart estaba en algún lugar tenía que ser ahí, en lo más profundo del archivo. La sala era casi circular, rodeada de pilares de mármol que parecían estar incrustados en la tierra, debía de haberse utilizado para las ceremonias del Temple en Chipre o para la reunión de los líderes si es que alguna vez habían coincidido todos en el mismo lugar.

Y, en medio de la sala, en culpable de todos sus males.

—Armand Bouchart —pronunció lentamente mientras desvainaba la espada.

—María Thorpe —comentó con una ligera sonrisa—. Veo que ya le has mostrado el camino del archivo a tú Maestro.

—Altaïr no es mi Maestro —respondió frunciendo ligeramente el ceño.

—Oh, cierto. Tú únicamente debes de ser su amante. —Ladeó la cabeza mirándola—. Fuiste la de Robert y ahora la de un Asesino, ¿cómo ha podido convertirse una mujer cristiana en tal fulana?

—¡No me he acostado con nadie! —bramó dando un par de pasos hacia delante—. Ni con Robert, ni con Altaïr, ¡con nadie! —Su respiración se aceleró sin poder evitarlo—. ¿Cómo se ha podido convertir una Orden que se creó para servir a Dios y al pueblo en algo que no quiere hacer más que acabar con el libre albedrío que este nos concedió? —exigió saber.

Vio como Armand negaba con la cabeza lentamente.

—Aún no lo entiendes, ¿verdad? En este mundo mientras todos pensemos de forma diferente jamás podrá haber paz. Por eso, para que todos puedan convivir sin necesidad de guerras, pobreza o males mayores unos pocos debemos asegurarnos de que esa paz no sea quebrantada por nada —explicó en el mismo tono que lo había hecho Shahar—. Simplemente les ofrecemos una vida sencilla que muchos agradecerán.

—Muchos, pero no todos. —Apretó la empuñadura de la espada—. Pretendéis convertir a las personas en vuestros esclavos. —Por cada palabra que decía se sentía más y más enfadada—. La libertad ofrece muchas más alternativas que eso… —terminó susurrando recordando las palabras del Asesino.

—No sé porque me he molestado en responderte, intentar razonar con una mujer es algo deleznable por mi parte —se dijo a sí mismo clavando sus ojos en María—. ¿Únicamente querías eso?

—No —negó rápidamente—, lo que quiero es tu muerte.

Sin más aviso que el sonido del metal saliendo de su funda empezó atacando primero, siendo fácilmente parada por Bouchart que ya tenía su espada fuera. Así comenzó batalla concurrida entre ambos, donde se ponían sobre la mesa todas las formas de ataque y defensa que conocían. El manejo de María con la espada era certero, nunca haciendo un movimiento de más o saltos innecesarios para esquivar a su rival, pero sus golpes carecían de la fuerza suficiente para romper la férrea defensa de Armand. Este no se comportaría como el resto de los hombres con los que había combatido, él conocía su habilidad con la espada, quizás no era la mejor de la Orden, pero si tenía suficiente agilidad para hacer sombra a bastantes soldados que alardeaban de su destreza a la hora del combate.

Para desgracia suya que Bouchart la tomase verdaderamente en serio le estaba acarreando verdaderos problemas. Cada ataque suyo era perfectamente bloqueado, tenía un movimiento de piernas que envidiaba, además aún ni siquiera había empezado a atacar, simplemente se había dedicado todo ese tiempo a parar sus golpes, como si no mereciera verdaderamente la pena devolverlos.

"Se está burlando de mí", pensó fugazmente dando una fuerte estocada al lateral provocando un corte superficial en la pulcra tela que portaba.

El templario desvió ligeramente la mirada hacia la ropa desgarrada y por primera vez observó algo de emoción en su rostro, como si que le hubiera conseguido tocar fuera una especie de insulto. Entonces comenzó el verdadero caos. Armand empezó a atacar rápidamente, haciendo que fuera casi imposible parar las estocadas que veía, era muy hábil, demasiado hábil. María empezó a retroceder todo el espacio que creía haber ganado con anterioridad, dándose cuenta lo poco que podía hacer contra tal técnica ofensiva, simplemente defender como podía.

Alzó la espada bloqueando un golpe que seguramente le hubiera seccionado el cuello. Lo que no se esperó fue ver la mano de Bouchart justamente delante de su rostro clavándose directamente en su mejilla y mandándola al suelo por el impacto. Su cabeza golpeó contra el suelo, lo que la hizo sentirse mareada. Movió la mano ligeramente, buscando a tientas su espada. No podía perder, no quería perder. Ya había sido suficientemente humillada por haber servido a una Orden cuyos verdaderos planes eran atroces como para terminar de aquella degradante forma.

En su cabeza empezaba a resonar la voz de Bouchart, estaba hablando, diciendo algo que no podía entender ¿estaba intentando burlarse de ella por estar a punto de morir? ¿Sus últimas palabras serían jactándose de su victoria? Quería escuchar lo que decía, quería poder contestar para reprocharle que al menos ella era mejor persona. Luchaba por lo que era justo, por lo que estaba bien en este mundo. Pero no podía, su cuerpo no le respondía. Todo estaba acabado.

"Voy a morir… voy a morir aquí", se dijo a sí misma. "Voy a morir sola". La compañía de Bouchart no podía considerarla como tal.

Había perdido toda esperanza de salir con vida cuando algo la sorprendió, sintió una cálida mano posarse en su mejilla. La voz de Armand seguía sonando pero bastante lejana, él no era quien la estaba tocando. Gimió al notar el fuerte dolor en el labio al igual que en la cabeza e intentó abrir los ojos. Aquellos dedos estaban recorriendo su mejilla con suavidad, inspeccionándola lentamente. Parpadeó ligeramente, sin poder enfocar bien qué era lo que tenía delante, únicamente pudo ver los orbes dorados de aquel extraño acompañante que había tenido durante su desdichado viaje justamente delante suya.

"¿Altaïr?"

Continuará...

Y al final llegó nuestro apuesto caballero de blanca... ¿armadura xD? En fin bromas aparte, esto se acaba amigas. El siguiente ya es el capítulo de cierre para esta maravillosa historia que se pudo llevar a cabo gracias a vuestro incondicional apoyo. Me va a dar muchísima pena despedirme del fic, en serio, he tardado tan poco y ha sido una historia tan intensa que me dan verdaderas ganas de que no acabe, pero en el libro la historia se corta ahí (aunque podría continuarla, pero no sé si en esta historia o en otra xD). Espero sinceramente mis queridos lectores que hayáis disfrutado del capítulo, desde el inicio hasta el final, sobre todo esta pseudo muestra de afecto que vemos al final del capítulo.

¡Muchas gracias por sus comentarios y visitas! Sois tantas las que seguís la historia que ya no sé como recompensaros aparte de con las gracias desde mi corazón.

Laklee, ¡muchas gracias por tu comentario! Debía de ser dramático, el drama nunca debe descuidarse en una historia. Me alegra mucho que consideres mi narración tan clara como una película ¡me halagas! Sólo intento que sea lo más explícita posible, Bowden se salta tantas cosas... Sí bueno, desde muchos sitios me han leído, incluso desde Australia, ojalá supiera el suficiente inglés como para traducir mi historia a ese idioma y publicarlo. ¡Espero que también te haya gustado el capítulo y resultado emocionante!

Anikiti88, si bueno, en esa época es muy difícil tener en cuenta a una mujer, y más si consideramos el rol que tenía en la sociedad, así que tontos no, simplemente como bien dices es la sociedad. Espero que te haya gustado el reencuentro que les he dado, no es que haya habido tensión sexual ni nada por el estilo, pero al menos ya María no intenta matar a Altaïr como al inicio ¡ha dado grandes progresos durante el fic xD!

Kirsche, ¡estás viva! -corre a abrazarla y a recoger su caja con las 'y'-. Muchas gracias por comentar la historia y corregir mis fallos, echaba de menos tus comentarios =D. Con el trasfondo que le he dado he intentado alejarme lo máximo posible de Bowden, añadiendo únicamente las escenas necesarias de su libro para que la historia tenga coherencia. Por ejemplo no te explica porque a María no le afecta la Manzana cuando Altaïr la utiliza; aunque hable solamente para el pueblo de Chipre ella también la ve, también siente su poder. Pero no te explican si por ello es por lo que mata al Templario o por otra cosa, por eso narré el cómo vio la muerte de Alexander. Ella las palabras de Altaïr saben que son ciertas, pero también las cree ciertas, es algo complicado que espero haber explicado. No te preocupes mujer, todo el mundo tenemos problemas en nuestra vida, espero que no te vuelvas a desaparecer.

¡Muchas gracias al resto de personas que ha visitado mi historia! De verdad y de todo corazón, gracias: España (muchas gracias por sus visitas), México (sois fantásticos, de verdad), Chile (Mile-chan y Laklee, de verdad gracias), Venezuela (¡gracias, Vane!), Estados Unidos (thanks for your visits!), Nicaragua (¡oh, habéis vuelto a ser dos, que alegría!), Malasia (siempre es un placer ver que me lees), Colombia (¡gracias por tu visita), Argentina (de verdad, gracias por haber seguido el fic) y República Checa (¡muchas gracias!). Espero que os haya gustado el capítulo. Hasta el siguiente.