Lo sé, no actualizo hace más de un año… pero créanme que fue difícil. Después de un horrible vacío del escritor, en septiembre del 2014 casi llegué al fin de este capítulo. Una página más y lo terminaba. En septiembre del 2014, extraños entraron a mi casa por la noche y se llevaron dos computadores, el de mi papá y el mío (también una cartera y cosas de otras casas, pero para qué dar detalles? lol). Con eso, perdí el capítulo -¡mis fotos!- y el hilo de lo que estaba haciendo. Hoy, años más tarde, he decidido terminar AL FIN esta historia. Si me demoré no fue sólo por falta de inspiración; como se habrán dado cuenta, esta historia tiene sus orígenes por el año 2007, pero fue publicada el 2010. Pasó de un badfic horrible a una historia que reescribí desde cero y me decidí a compartir con ustedes. Aun así, el primer capítulo que publiqué es de cuando tenía unos 15 años; ahora tengo 22 y créanme que no me enorgullece cómo escribía jajajaja (de hecho, reconsideré reescribir todo desde cero, nuevamente…) Sé que aún hay muchísimo que mejorar, ¡Pero ya no quiero poner más excusas!

Así que, por última vez…


Tontos, jóvenes y enamorados

Capítulo 21: ¡Al fin!


-¿Sabes? Una vez tuve un sueño muy lúcido sobre ti…

-¿Fue un sueño erótico?

-¡ANNA!

Ruborizado a más no poder, Yoh casi lanza su helado al aire por la sorpresa. Annna notó esto y ocultó una sonrisa, para continuar lamiendo su postre tranquilamente.

-¿Qué ocurre? –preguntó ella, mirándolo mientras alzaba una ceja- ¿Acaso acerté?

Yoh se quedó no contestó, pero decidió fijar la vista hacia cualquier otro lado.

-Creo que sí.-Pensó ella mientras seguía entretenida en su postre.

Ambos se encontraban en el parque, sentados juntos en la misma banca de siempre. No había ni una sola nube en el cielo y el viento apenas soplaba. Los rayos del sol adornaban el verde lugar manteniendo una temperatura agradable. Era un día maravilloso.

Pero eso no era tan importante, ya que, aunque el sol quemara, aunque estuviese nublado, aunque el pasto estuviera seco y en lugar de las risas de los niños que jugaban hubiesen gritos de mocosos malcriados, el día seguiría siendo perfecto. Todo seguiría igual de bien, porque Yoh y Anna cumplían su primer mes juntos. Sin una celebración ostentosa en un restaurant, ni tampoco serenatas.

Eran ellos dos, tomando un helado.

Después de haberse apartado unos minutos –y cuando su tono de piel volvió a la normalidad- Yoh tomó unos segundos para contemplar a su acompañante.

A su mejor amiga.

A su novia.

-Si me sigues mirando de esa forma, este helado acabará en tu trasero- amenazó dulcemente la muchacha. Yoh había notado que siempre que él hacía algo incómodamente romántico, ella trataría de cambiar el ambiente con alguna amenaza. Supuso que aún no se acostumbraba a todo el asunto del noviazgo.

-Lo siento, no lo puedo evitar. –confesó él, haciendo que Anna soltara un suspiro mientras una pequeña sonrisa se formaba en sus labios.

-Lo dejaré pasar sólo porque pagaste los helados. –dijo ella, dejando de lado su postre mientras fingía un tono indiferente.

-¡Oye, yo siempre pago! –contestó él, tratando de hacerse el ofendido.

-La comida gratis es uno de los beneficios de tener un novio. –respondió ella, mirándolo de manera seria.

-Desde antes de ser tu novio también pagaba –Yoh rió cuando Anna volvió a lamer su helado, sin decir palabra alguna.

Pasaron algunos momentos de agradable silencio hasta que Anna terminó su helado.

-Estaba bueno-dijo ella de pronto, levantándose de la banca mientras Yoh la imitaba algo confundido.

-¿Acaso ya nos vamos? –preguntó él, sacudiendo su pantalón y abrochando su chaqueta, siendo que ya comenzaba a atardecer y el aire se encontraba un poco más fresco.

-Creí que querrías volver más temprano para estudiar –dijo ella, mirando a su novio mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su abrigo. Yoh soltó una pequeña risa, a lo cual ella miró extrañada- ¿Qué?

Sin contestar, él acerco una de sus manos hacia el borde del labio de la rubia, quitando un rastro de helado que permanecía hasta entonces sobre su boca. Anna no pudo evitar sonrojarse.

-Gracias –susurró ella, desviando la mirada avergonzada.

-No hay de qué. –contestó él, moviendo su mano hacia la mejilla de la muchacha.

Pese a que el momento no duró más de diez segundos, la mirada que ambos intercambiaron en ese instante pareció durar minutos.

-¿Vamos? –preguntó en un murmuro el Asakura.

-Ahá. –contestó ella, casi inaudible.

Aún con la mano acariciando su mejilla, Yoh acercó su rostro al de Anna y le dio un beso en los labios. Corto, tierno, pero aun así tenía algo que lo hizo intenso. Creó urgencia por seguir con otro beso, pero ambos prefirieron detenerse y caminar tomados de la mano, intercambiando comentarios y relatos sin importancia. Trataban de desviarse de la sensación de temor ante esa sensación inmensamente maravillosa que crecía día a día entre ellos. Algo que a su corta edad, parecía sobrepasarlos.

Pero ninguno haría mención de eso, no por ahora.

-Gracias por acompañarme –dijo Anna, una vez que llegaron a su casa.

-Siempre es un gusto –contestó Yoh sonriente. Notó el auto que se encontraba estacionado –Veo que Fausto y Eliza ya volvieron de su viaje.

-Sí, ayer en la tarde –respondió ella, jugueteando con sus llaves –Dime que llegarás a estudiar para el examen de mañana. No pienso seguir con un chico que reprueba sus asignaturas.

-Sí, jefa. –contestó él, poniendo los ojos en blanco. –Aunque habría preferido quedarme un rato más contigo.

La rubia no pudo ocultar una sonrisa. El tono de decepción casi infantil con la que Yoh habló fue suficiente para derretir una fracción de su corazón. Espontáneamente, ella se acercó y rodeó con sus brazos al muchacho, escondiendo su cabeza bajo el mentón de su novio.

Yoh se sorprendió levemente, pero respondió al abrazo de inmediato.

-Me iré antes de que oscurezca más, ¿está bien? –susurró él, tratando de ignorar el efecto que tenía el aroma del cabello de la rubia.

-Bien –contestó ella, sin moverse ni un centímetro.

-Así que un mes, ¿huh? –dijo él de pronto, captando la atención de Anna- No ha estado nada mal. Es decir, nunca dudé de que fueras una excelente novia, pero tenía algunas dudas sobre mí mismo.

-No seas ridículo, Yoh. –dijo ella, con un tono bastante serio que no coincidía para nada con su cara casi angelical- Cualquier hombre que me compre helados siempre que quiero y me confiese sus sueños eróticos vale la pena.

-¡No fue erótico! –contestó exaltado, sin romper el abrazo.

-¿Y por qué recordaste ese sueño justo cuando me veías comer helado?-

-¿Eso que tiene que…-la cara de Yoh cambió de confusión a un tono rojo furioso- … ANNA!

Ella sólo rió, cosa que no hacía seguido, pero definitivamente había aumentado su frecuencia desde que ambos salían juntos.

-¿Por qué dices esas cosas?-preguntó Yoh, acalorado.

-Gracias por hacer este mes tan especial. –dijo Anna, dándole un corto beso en los labios que lo silenció. –Nos vemos mañana, Yoh.

-Eh, sí. Claro. –contestó él, que aún no ponía los pies sobre la tierra.

Anna entró a la casa y cerró la puerta, pero no se movió de su lugar. Esperaba lo que venía.

A los pocos segundos, alguien tocó la puerta. Ella sonrió y la abrió, dejando entrar a Yoh, que la estrechaba entre sus brazos y le daba un beso en los labios de manera urgente.

Sintió su corazón golpeando firmemente contra su pecho, aun cuando el muchacho cortó el beso y dijo con la respiración acelerada: –Nos vemos mañana, Anna.

-Claro –dijo ella ruborizada.

Su novio le dio un corto beso en la frente y se fue del lugar, cerrando la puerta velozmente tras él.

Anna hizo esfuerzos sobrehumanos para hacer desaparecer esa estúpida sonrisa en su cara, pero no lo logró.

Dio media vuelta para dirigirse a su habitación, pero se detuvo para observar a los dueños de causa, Fausto y Eliza, quienes habían apreciado la escena y ahora aguantaban la risa.

-¿Todo bien con Yoh? –preguntó Fausto de manera sugerente, fingiendo desinterés.

-Perfecto. –contestó Anna, subiendo lo más rápido que sus piernas le permitieron por las escaleras, para no hacer el ridículo con sus mejillas cada vez más rojas. –Trágame, mundo. Pensaba ella mientras caminaba hacia su cuarto. Maldito Yoh que me hace pasar vergüenza, ya me las pagará.

Mientras, ambos esposos intercambiaron miradas.

-En efecto, creo que todo está bien. -Le dijo Fausto a su esposa Eliza, alzando una ceja. Ambos rieron al unísono.

Una vez que Yoh llegó a su casa, notó que había mucho silencio. Sin embargo, las luces del lugar estaban encendidas, por lo cual concluyó que su familia sí estaba en su hogar, pero ¿dónde?

-¡Ya estoy en casa! –anunció, mirando en distintas direcciones buscando señales de vida. -Bueno, no esperaba un comité de bienvenida, pero esto es triste –pensó mientras caminaba por los solitarios pasillos. -¿Mamá? ¿Papá? –preguntó, sin respuesta alguna -¿Hao?

-¡Shhh!

-Hijo, estamos arriba –escuchó en un susurro a Keiko- Ven, pero en silencio.

Confundido a más no poder, Yoh subió las escaleras sin hacer ruido y caminó hasta donde se encontraban sus padres… Ambos, apoyando el oído contra la puerta de la habitación de Hao.

-¿Qué están haciendo? –preguntó Yoh, sin alzar la voz.

-Tienes que escuchar esto –contestó Mikihisa con una amplia sonrisa, haciéndole señas a su hijo para que se acercara.

Yoh se encogió de hombros e imitó a sus padres.

-No, estas confundiendo ambas dinastías- Yoh escuchó a su hermano mayor hablando a través de la puerta- La historia de Japón no es tan difícil.

-¿No es tan difícil? –Yoh se sorprendió al escuchar la voz de Lyserg. Su cara de asombro fue notada por sus padres, quienes asintieron con la cabeza dándole a entender que siguiera escuchando- Llevo dos horas tratando de aprender todos los nombres, años, emperadores, guerras… Oh, Dios…

-¿Eso es culpa del maestro? No, es culpa del alumno, que puede memorizar todos los nombres de las mascotas de la realeza inglesa, pero no puede recordar cosas realmente importantes.

-¡Eso no es ver-…!

-Oye, ¿Quieres que te enseñe o prefieres hablar de perros?

Yoh rió en silencio y se levantó del lugar.

-Hao se ofreció para enseñarle Historia. –explicó sin alzar demasiado la voz Keiko- Lo hubieses visto ayudándolo a subir a la habitación, ¡fue tan atento!

-Me hubiese gustado haber visto eso- admitió el muchacho, sin dejar de sonreír.

¿Hao siendo atento? ¿Sin esperar nada a cambio?

-OIGAN –gritó Hao, abriendo la puerta de golpe, haciendo que su familia cayera al suelo por la impresión. -¡No puedo concentrarme si sé que están espiando! –dijo, cruzando ambos brazos -¿Cuál demonios es su problema? ¡ARGH!

Entró nuevamente a la habitación y cerró la puerta de golpe tras él. Yoh miró a sus padres, quienes se mantenían en el suelo, y comenzaron a reír.

-¡Sé que siguen ahí! ¿No tienen algo mejor que hacer? –se escuchó desde el cuarto. Mikihisa se levantó primero y ayudó a su esposa a ponerse de pie.

-No sé de dónde sacó ese carácter –susurró Keiko, mientras su esposo y su hijo menor se encogían de hombros al mismo tiempo. –Iré a preparar la cena.

-Yo la preparo, querida –dijo Mikihisa adelantándose, hacia las escaleras –Haré algo especial para que celebremos en honor a Lyserg y al nuevo Hao.

-¡Estupenda idea! –contestó Yoh, sonriendo de oreja a oreja. –Vámonos antes de que el nuevo profesor nos venga a dar una lección.

Mientras sus padres se adelantaban por la escalera, el muchacho se mantuvo detenido frente a la puerta de su hermano. Escuchaba algunos murmullos entre su gemelo y el inglés. "Hace unos meses esto nunca hubiese sido posible" pensó él, reflexionando que, a pesar de todo lo malo que había ocurrido, las mentiras, los juegos, el miedo… A pesar de todo, la vida había dado un nuevo giro, y todo estaba saliendo bien, como Yoh siempre había esperado.

-¿No quieres que te ayude? –preguntó Hao, después de haber cenado. Estaba ciertamente agotado de los incómodos comentarios de sus padres, quienes no dejaban de molestar y reír por lo bajo. ¡Era como tener a tres Yoh juntos!

Lyserg, quien se encontraba frente a la salida de la casa en su silla de ruedas, alzó la mirada hacia su acompañante.

-No te preocupes, puedo llegar sólo hasta la calle –contestó con una tranquila sonrisa- Jeanne se excedió un poco con esto de contratar un chofer especial para mí –añadió riendo, mientras Hao ponía los ojos en blanco. Esa chica sí que lo odiaba, pero estaba agradecido por lo mucho que ella se preocupaba por Lyserg. Imaginarse a Lyserg teniendo que llegar a su departamento por sí sólo en esas condiciones generaba una punzada en el estómago del Asakura.

-Bien –dijo Hao, tratando de detener sus cavilaciones –Buenas noches, inglesito. –se despidió, poniendo su mano sobre el hombro de Lyserg. –Debo confesar que eres un pésimo alumno.

-Y tú no eres un excelente profesor –respondió el de ojos verdes, con una leve sonrisa- Pero admito que aprendí bastante.

Ambos rieron y terminaron de despedirse. Cuando Hao subía las escaleras, vio a su gemelo observándolo fijamente y sonriendo. El mayor empujó con una mano el hombro de Yoh, quien no dejaba de mirarlo en silencio. -¿Y a ti qué te pasa?

-Nada –contestó su hermano menor -Sólo me alegra que tú y Lyserg haya mejorado su relación.

-Ese Lyserg era muy terco –respondió Hao, tratando de ocultar su sorpresa ante el comentario –Es decir, ¿cómo es que podía seguir cayéndole mal, siendo que soy tan simpático?

-Por supuesto –contestó Yoh, alzando una ceja, pero sin borrar su sonrisa. –Pero me hace feliz saber que se están llevando bien.

-Bueno, sí –continuó su hermano, dándole la espalda al muchacho. Hubo un breve minuto de silencio, y de pronto Yoh supo que Hao le diría algo importante. Esperó unos segundos sin decir nada, y su hermano comenzó a hablar, sin mirarlo. –Yoh, lo siento tanto…

Mientras se mantenían de pie en medio del pasillo, notaron que la casa estaba muy silenciosa. Pasaron nuevamente unos pocos segundos, hasta que Hao dio media vuelta para encarar a su gemelo.

-No sólo siento lo que te he hecho a ti –aclaró, mostrando una evidente dificultad para mantener el contacto visual con Yoh –Sino que también siento lo que le he hecho a los demás… A Anna, a Lyserg, a Jeanne, incluso a Ren… A nuestra familia. –dijo, mirando al suelo. -Pero sobre todo a ti.

-Hao… -susurró Yoh, conmovido absolutamente. No recordaba haber visto tal semblante de dolor en el rostro de su hermano, y su voz llena de aflicción hacía que sintiera una gran angustia en sí mismo. –Tranquilo, todo eso quedó en el pasado…

-No hagas eso –interrumpió el mayor, dirigiendo sus ojos a su hermano. –Todo lo que he hecho tiene sus consecuencias. Hay muchas cosas que no puedo revertir –dijo, apretando los puños- No puedo creer cómo nunca me interesó el daño que podía dejar en las personas. Fui estúpido, tan egoísta y tan ciego. –continuó, soltando una risa irónica- Ni siquiera entiendo qué propósito tuvo todo… sólo jugué, y jugué, y nunca gané nada. Tú siempre velaste por el bien de los demás, pero yo sólo me interesé por mí mismo. Y siempre… siempre sentí este gran… vacío…

Era curioso como Hao se veía tan molesto, pero aun así sus ojos lucían tan tristes.

-…Pero ahora sé que la vida me dio un gemelo para llenar ese vacío –dijo él, ahora sonriendo, mientras lágrimas caían por sus mejillas- Después de todo lo que hice, tú siempre estuviste ahí. Me mostraste que siempre me cuidarías, siendo que yo soy el mayor, y yo debería cuidarte a ti…

-Eres el mayor sólo por segundos.

-¡NO ME INTERRUMPAS! –gruñó el de cabello largo, para luego soltar una breve risa. Su hermano también rió, y esperó nuevamente a que siguiera hablando- Tú siempre estás lleno de optimismo, y bondad. Siempre te envidié tanto, porque hacías ver todo tan simple. Tal vez por eso traté de complicarte la vida… y lo siento… lo siento mucho. Sólo quiero encontrar paz. Esa misma paz que tienes contigo mismo. Quiero comenzar a hacer las cosas bien.

Hao volvió a mirar al suelo. Yoh observó los rastros de lágrimas en las mejillas de su hermano. ¿Cuándo fue la última vez que lo había visto llorar?

-Soy tan patético –comentó su gemelo, avergonzado, mientras se limpiaba la cara con la manga de su camisa. Yoh no pudo evitar comenzar a reír, mientras Hao lo miraba alzando una ceja. -¿No vas a decirme nada?

Por alguna razón, esto hizo que Yoh comenzara a reír aún más, y con más fuerza. Y sí, Hao comenzaba a cabrearse, pero notó que mientras reía, lágrimas también corrían por las mejillas de su gemelo. Y de la nada, también comenzó a reír. Yoh acortó la distancia entre ambos, dándole un abrazo mientras reían y lloraban al mismo tiempo.

-Ambos somos un poco patéticos –dijo él, entre carcajadas y sollozos. –Te quiero, hermano.

-Yo también te quiero –contestó el mayor, desordenando el cabello de su hermano.


Era un día maravilloso. La temperatura estaba agradable y había una deliciosa brisa. Hubiese sido mucho mejor si no fuese día de instituto.

-¿POR QUÉ? –Se quejaba Horo Horo, quien se aferraba al vidrio de la ventana que mostraba el maravilloso paisaje -¿Por qué demonios debemos estar aquí?

-¡Ya… vamos! –Insistía Ren, jalando desde la espalda a su compañero para entrar luego a clases – ¡Deja de ser tan ridículo!

Los muchachos se encontraban en el pasillo donde se encontraba su salón. Varios alumnos pasaban caminando de lado a lado, deteniéndose en ocasiones por unos segundos para ver por qué era qué había una alumno lloriqueando junto a la ventana.

-Podemos ir al parque cuando salgamos de clases –propuso Yoh, quien miraba feliz el buen día a través del vidrio.

-Sí claro, ¿para que tú y Anna vayan a besuquearse? –preguntó Horo, poniendo cara de asco –No, gracias. O tal vez vaya sólo con Ren.

-¿Quién dijo que quiero salir contigo? –preguntó el de ojos ámbar, soltando a su compañero para cruzar los brazos molesto –Tengo mejores planes que…

-Ah, ya veo, prefieres ir a besuquearte con Jeanne…

-¡QUE DIJISTE! –gritó el chino, sujetando del cuello a Horo, quien cubría su rostro preparado para un puñetazo.

-¿Alguien me llamó? –preguntó la muchacha aludida, que iba pasando por el pasillo.

Ren soltó inmediatamente a Horo, mientras trataba de ocultar inútilmente su sonrojo.

-A Horo le encanta bromear –dijo Ren, visiblemente irritado. –Yo me voy a la sala.

-¡Agh! –se quejó el de cabello celeste- ¿Cómo es que todos tienen una novia menos yo?

-Si nunca te atreves a invitar a salir a Damuko, nunca la tendrás –dijo Yoh, quien ahora era asfixiado por su amigo.

-¡YA CÁLLATE! –gritó Horo, ruborizado aún más que Ren.

-¿A qué están jugando? –preguntó Hao, quien apareció entre la multitud acompañado de Lyserg. Se había vuelto una costumbre que ambos estuviesen juntos, y aunque Hao tratara de negarlo y se encontrara sumamente avergonzado, el inglés comenzaba a caerle bastante bien. Aunque claro, a veces solían haber momentos de tensión, pero el Asakura comenzaba a respirar profundamente para tranquilizarse (cosa en la que Yoh había insistido) y así evitaba empujar la silla de Lyserg por las escaleras.

-Si te gusta Tamiko pueden ir a tomar un helado –sugirió Lyserg.

En ese instante Horo soltó a Yoh -quién cayó al suelo- y tapó su cara sonrojada con ambas manos.

-Es verdad Hoto, a Damuko le encanta el helado, sobretodo el de menta. –añadió Yoh, sentándose en el suelo.

-¡NO ME GUSTA DAMUKO! -gritó, sin dejar de cubrir su rostro y sus rojas mejillas.

-Pero si es bastante linda –comentó Anna, quien caminaba tranquilamente por el pasillo hacia el salón- ¿Verdad, Yoh?

-Uh…

-¡Yoh, no contestes, es una trampa! –advirtió Hao, recibiendo una mirada molesta de parte de Anna.

-…No más linda que tú –contestó Yoh desde el suelo, sonriendo ampliamente.

-Vaya, has aprendido nuevas técnicas de supervivencia –dijo asombrado Horo –Bastante interesante.

-Denle una cerveza a este hombre- dijo Hao, extendiéndole un brazo a Yoh para ayudarlo a levantarse –Buena respuesta, hermanito.

-Yo me adelantaré, nos vemos en el salón. –dijo Lyserg, comenzando a avanzar en su silla de ruedas.

-Espera, voy contigo. –Hao aceleró el paso para ayudar al inglés.

-¿Sabes que no es necesario que me lleves a todas partes? –dijo el de ojos verdes, levemente avergonzado –¡Relájate! Además, yo debo poder hacerlo sólo.

Hao iba a hablar, pero Jeanne se le adelantó y habló –No es necesario que lo hagas por tu cuenta si tienes amigos que quieren ayudarte.

Lyserg se encogió de hombros y la muchacha le habló al Asakura –Tranquilo, yo lo acompaño. Gracias.

Hao sólo asintió. Se sentía extraño que alguien que lo odiara fuese amable con él.

El pasillo comenzó a vaciarse porque gran parte de los esudiantes ya estaban en su sala.

-Vamos, ya se nos hace tarde –dijo Anna, haciendo que Yoh asintiera y le extendiera su brazo.

-Yo la escolto, señorita.

Ella soltó una breve risa y ambos caminaron juntos, dejando atrás a Horo y a Hao quienes miraban frunciendo el ceño.

-Ni creas que voy a escoltarte. –dijo Hao, avanzando y dejando sólo al de cabello celeste, quien parecía estar reflexionando. Observó cuando su amigo entró con la rubia al salón y suspiró.

-…Quiero una novia…

El día pasó con lentitud hasta que por fin pudieron salir de clases. La gente comenzó a reunirse a la salida del instituto, agradeciendo que aún había un cálido sul y una fresca brisa.

-¿Tienes que ir a hacer este turno? –preguntó Yoh, quien se encontraba frente a su novia, sosteniendo sus manos. -Podrías pedirle a Tamao que te cubra…

-Podría, pero no lo haré. Necesito el dinero –contestó la rubia –Además, es hora de que tengas una tarde de chicos –añadió sonriendo.

-Supongo –contestó él, dando un suspiro- Han estado un poco molestos porque creen que los estoy dejando de lado…

-Si quieres, podemos ir al cine más tarde –sugirió ella. –Yo invito.

En ese mismo instante el rostro de Yoh se iluminó. Ella sonrió y dio un leve pellizco en la mejilla de su novio.

-Iluso. -susurró, a lo cual Yoh hizo un puchero- Nos vemos más tarde –se despidió, dándole un beso en la mejilla.

-Pasaré a buscarte a la cafetería –dijo él, acercándose nuevamente y sujetando su mentón una mano para acercar su cara a la de él y darle un beso en los labios. –Te quiero.

Ella sonrió sonrojada y dio media vuelta para dirigirse hacia Tamao para ir al trabajo en la cafetería juntas. Tamao estaba observando la escena con ojos llorosos, mejillas rosas y una sonrisa conmovida. "Yoh se ve tan feliz" pensó ella "Eso me pone tan contenta"

Justo cuando Anna la alcanzó, vio como Yoh notaba que lo estaba mirando y comenzó a hacerle señas con la mano para despediré de ella también "¡Adiós Tamao! ¡Que tengan un buen día en la cafetería!" gritó él, haciendo que Tamao se pusiera más roja todavía. Anna notó esto y simplemente suspiró: -¿Vamos, Tamao?

-C...claro -contesó ella, algo asustada por haber sido descubierta.

En lugar de haber salido a disfrutar de la tarde, Yoh, Hao, Horo y Ren se encontraban en la gran habitación del último observando la televisión.

-Que mal día para salir –dijo Horo, echándose sobre la cama de su amigo- Está lleno de gente allá afuera.

-¡Es que el clima está tan agradable! –dijo Yoh, echándose en la cama junto a Horo –Pero no se puede caminar sin chocar con alguien…

-Lo malo es que ni siquiera hay alguna película buena en la televisión –dijo Hao, quien se encontraba en un sofá presionando insistentemente el mismo botón del control remoto hace minutos.

-¿Qué demonios hacen en mi cama? –preguntó Ren, jalando la punta del cubrecama hacia arriba, haciendo que Yoh y Horo rodaran hasta el suelo. -¿Por qué creen que tengo sofás en mi habitación?

-¿Porque eres rico y te gusta desperdiciar dinero? –preguntó Hao, sin quitar la vista del televisor

-Ja, ja. –Ren puso los ojos en blanco. Las cosas seguían algo tensas entre ambos después de haber peleado, pero Hao le pidió perdón al muchacho (sin demasiadas ganas y con el orgullo por el suelo) y habían decidido tratar de volver a llevarse "bien". Claro, era un poco difícil con la personalidad de ambos, pero todo parecía estar dándose de forma natural.

El dueño de casa miró a los muchachos que se mantenían en el suelo y les llamó la atención

–Oigan, levántense zánganos, vamos al sofá. -ordenó, dirigiéndose hasta donde habia una pequeña sala de estar con televisión, donde estaba Hao. -Quiero hablar de algo importante con ustedes.

Su tono de seriedad hizo que ambos se alzaran de inmediato. Hao dirigió la mirada al chino. La habitación se inundó de intriga y sospecha.

-¿Estás saliendo oficialmente con Jeanne? –preguntó Yoh.

-¿QUÉ? ¡No, no es eso! –dijo Ren, sentándose en un sillón al lado de la televisión. –Es otro asunto.

-¿Terminaste con Jeanne? –preguntó Horo, cubriendo su boca con una mano, horrorizado.

-¡Nunca he salido con Jeanne! –insistió Ren, haciendo que Horo exhalara aliviado. El chino comenzaba a lamentar que sus amigos hubiesen bebido todo el jugo que habían llevado a la habitación, porque, rayos, de pronto hacía calor.

-Me tranquiliza saber eso –dijo de pronto Hao- Porque Jeanne fue mi novia, y ¿sabes? Eso sería algo incómodo

-Es verdad –dijo Yoh –Debe haber un código o algo así de no salir con la ex de tu amigo.

-Sí –afirmó Horo –Ni con la ex ni con la hermana.

-Oh, rayos. –dijo Hao –Y Pilika está cada día más sexy.

-¿DISCULPA?

-CÁLLENSE DE UNA VEZ –exclamó Ren, lanzando un cojín a Horo- Acérquense todos y escúchenme.

Los amigos se acercaron y tomaron asiento en el sofá, mirando atentos a Ren quien los observaba desde su sillón. Él tomó aire y habló.

-Me voy de vacaciones.

Los muchaachos se desplomaron sobre sus asientos.

-¿Qué? –preguntó Horo -¿Y para eso tanto misterio?

-Oh, no Ren, por favor no lo hagas. –dijo Hao, rodando los ojos.

-Cielos, me hacen la vida tan difícil que me estoy arrepintiendo de invitarlos…

-¿QUÉ? –preguntó Yoh, con una amplia sonrisa -¿Hablas en serio?

-Yo siempre hablo en serio –dijo Ren

-Oh, vamos, es broma. –dijo el Usui. El de ojos dorados sólo le dirigió una mirada muy seria y negó con la cabeza -¿No? –preguntó nuevamente -¿No es broma? ¡OH, REN! ¡Eres el mejor!

-¿Y a dónde vamos? –pregunto el mayor de los Asakura, muy interesado- ¿Vamos a las Vegas?

-¿Estás loco? –preguntó Ren –¡Eso es muy lejos! Y no me gusta derrochar tanto dinero.

-¿Entonces? –insistió con curiosidad el Asakura.

-Iremos a una isla más al sur- dijo Ren –Tengo unas cabañas, hay también unos pocos restaurantes, piscinas, y por supuesto playa…

-¿Tienes unas cabañas? –preguntó Yoh, extrañado.

-Por supuesto, es mi isla. –dijo el chino con simpleza- De qué me sirve tener una isla si no me puedo quedar a dormir allá…

-Espera un minuto… -interrumpió Hao, cerrando los ojos intentando de procesar la información. -¿Tienes una isla?

-Eso dije.

-¿Tienes una isla? –preguntó Horo- ¿Y nos estamos enterando ahora?

-Tengo muchas cosas, ¿por qué debería estarles diciendo siempre que compro algo? –preguntó Ren, haciendo como si el nuevo descubrimiento de sus amigos no fuese cosa de otro mundo.

-Está bien, supongamos que no nos estás tomando el pelo –dijo Hao -¿Cómo funcionaría todo el asunto, eh?

-Nos iremos unas dos semanas durante las vacaciones de verano –contestó el Tao, sacando una revista de la mesa de centro y entregándosela a Yoh, quien estaba más cerca –Ahí hay información sobre el lugar. Nos iremos todos en jet y alojaremos en las cabañas a la orilla de la playa.

-¿En jet? –preguntó Horo, sintiendo que se estaba volviendo loco

-Déjame adivinar, también es tuyo. –sospechó el mayor de los Asakura, riendo.

-Por supuesto.

-¿QUÉ?

-¡Este lugar es genial! –exclamó Yoh, ojeando la revista con atención –Al parecer es muy turístico, no sé cómo nunca oí de él.

-Yoh, ¿por qué es que esto parece tan normal para ti? –preguntó su hermano, mientras Horo le quitaba la revista a Yoh.

-¡Creo que es fascinante! –confesó el menor de los Asakura. –Ren, ¡Muchas gracias por invitarnos!

-Ya sabes; soy rico y me gusta desperdiciar dinero.

-¡Vamos! –rió Hao, levantándose de su lugar para abrazar a Ren -¡Eso era sólo una bromita!

-Suéltame o no nos acompañas.

-Uf, que carácter…

-En el jet caben doce personas –añadió el chino- Así que pueden llevar algún acompañante.

-¿INVITARÁS A DOCE PERSONAS? –preguntó Horo, quién ya no podía más -¿Cómo es que cuando te pido que me invites a comes un mísero sándwich me dices que no?

-¿Perdón? –interrogó indignado Ren, levantándose de su sillón -¡Siempre pago yo, Hoto!

-¡Qué bien! –exclamó Yoh -¡Espero que Anna pueda ir!

-Ugh –se quejó su gemelo- No sé si quiero viajar para estar dos semanas viendo a mi hermano besuquearse.

-Tú también podrás llevar a una chica, Hao –contestó el menor.

-Las mujeres sólo causan problemas –gruñó su hermano, apoyando su mentón sobre su mano.

-Espero que Damuko pueda ir –susurró Horo. Cuando sintió a todos observándolo, preguntó -¿Pensé en voz alta?


Pasaron varios días, cada uno mejor que el otro. Todos se encontraban ansiosos por las vacaciones de verano, sobretodo por la pequeña aventura que les esperaba. Yoh y Anna se encontraban en el patio del instituto sentados sobre el césped, bajo el árbol en el que solían juntarse tiempo atrás.

-Vaya, había olvidado lo agradable que es este lugar –comentó Yoh, recostándose de espalda. Observó cómo se movían las hojas del árbol que ahora cubrían el cielo, hasta que apareció el rostro de su novia, quien le dio un beso en la frente. El muchacho sonrió ampliamente, mientras sus mejillas se tornaban levemente rosa -¿Y eso por qué fue?

Yoh alzó levemente la cabeza para observar a su acompañante. Los labios de Anna se separaron brevemente como si fuera a pronunciar una palabra, pero se juntaron nuevamente y ella se mantuvo en silencio. Se acomodó, utilizando el tronco del árbol como un respaldo. Dirigió su mirada a las hojas del árbol, e inhaló profundamente. El muchacho continuó observándola, moviéndose de su lugar para sentarse junto a la rubia, sentándose contra el tronco del árbol también. Sin decir nada, estrechó la mano de Anna entrelazando los dedos, y la puso sobre su pierna. Ella se mantuvo en silencio para luego dar un suspiro. Apoyó su cabeza sobre el hombro de Yoh, quien sujetó con mayor fuerza su mano. Él pensó en lo tonta que había sido su pregunta. Una respuesta era innecesaria, ya que con lo que sentían en ese momento todas las dudas desaparecían. Esto era lo correcto, esto era lo que se sentía bien. Paz y emoción al mismo tiempo. Sentir que ya no hacía falta nada, pero sin embargo aún faltaba tanto. Aún eran tan jóvenes, a veces tontos, tercos, impredecibles, e ingenuos. Pero en ese momento, lo único que importaba es que estaban enamorados, y juntos parecía que nada los podía vencer.

-Podríamos detener el tiempo –dijo Anna de pronto, observando el paisaje que los rodeaba –Este momento es perfecto.

-Podríamos ser siempre jóvenes y quedarnos bajo este árbol, con este buen clima, y esta excelente compañía –respondió Yoh, dirigiendo sus ojos hacia los de la muchacha- Pero, ¿No sería aburrido? Digo, aún tenemos tanto por hacer…

-Es verdad –confesó ella –Tenemos mucho por vivir aún. Sería una estupidez quedarnos aquí para siempre.

El Asakura rió y se levantó. Luego extendió su mano a su novia para ayudarla a ponerse de pie también.

-Además –continuó Yoh, sin soltar la mano de la rubia que se encontraba frente a él- Podemos crear muchos otros momentos perfectos.

Los dos se miraron fijamente y no lograron evitar sonreír.

El timbre sonó y ambos supieron que era hora de irse.

Avanzaron juntos, como lo habían hecho tantas veces, y como lo seguirían haciendo muchas veces más.

FIN


¡Ok! ¡Y eso ha sido todo amigos! Bueno, más que nada les agradezco a todos quienes han logrado llegar hasta este capítulo! Subí esta historia hace tanto tiempo, y me demoré cuatro años en darle un final que siempre estuvo en mi cabeza, pero pasé mucho frente a la pantalla de mi computador de pronto con la mente en blanco. Admito que este final lo escribí en un sólo día (Estuve algunas horas ocupada, pero valió la pena). ¡Estoy contenta de haber concluido esta historia! Siempre tuve la intención de hacer una pequeña secuela, pero demoré cuatro años en actualizar este fic, así que no esperen mucho de mí, jajaja. Lamento haberme demorado tanto, aunque dicen por ahí que más vale tarde que nunca.

Nuevamente, les agradezco por haber leído este fic, y me siento pagada al saber que más de alguno de ustedes se haya emocionado con él. Lo más importante es que hayan reído, hayan llorado, o hayan intentado de asfixiar a algún personaje telepáticamente, jajaja!

Si tienen alguna pregunta o comentario, bienvenido sea! Tal vez nos encontremos nuevamente en las famosas vacaciones en la isla de Ren, jeje.

En fin, muchísimas gracias por su visita, sus comentarios y a todos quienes siguieron esta historia.

¡Hasta la próxima!