Desgraciada nivel "No me jodas" ¿Dos meses? Creo que sí, yo estoy peor que político mexicano. Lo siento.

La universidad a duras penas me da un espacio para escribir y sumándole que la reina agarro sus tiliches y me dejo… ¡Oh, sorpresa! Hasta hoy se dignó en regresar, toda llena de flores y con bronceado integrado.


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Por el principio, ¿No crees? – le sonreí ligeramente y ella rodo los ojos.

Estúpido Edward que siempre sede a tus caprichos, el debería de estar en esta encrucijada y no yo, pero bueno… Quiero que mantengas tu mente abierta y prepárate, porque puede que todo lo que pienses que te conforma no exista

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Capítulo 21. Verdades, silencios y ¿Después?

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– ¿Es que acaso Emmett tenía razón?

– Puede que lo que te haya dicho no sea más que la verdad. – Dejo de mirarme y se concentró en el horizonte, hice lo mismo.

Que paisaje tan mas majestuoso, la belleza natural en su máximo esplendor, cielo azul con un sol brillante, aire limpio y agua cristalina. Mi cabello se mecía con la briza marina, cerré los ojos y deje que la tranquilidad me guiara. El suave arrullo de las olas golpeando contra las rocas de la playa, algunas gaviotas sobrevolando en el cielo claro, el ruido de algunos barcos cercanos y el repiqueo de mi corazón.

– Siempre viviste en una burbuja. – No la mire y sabía que ella hacia lo mismo. – Nunca salías sola, te protegíamos como lo más preciado porque lo eras y lo sigues siendo para toda la familia, tuviste todo y nada. Escuelas privadas, amigos que eran seleccionados por nosotros aunque no lo supieras. Muchas veces nos sentimos mal y en especial Edward, por privarte de fiestas con tus amigos de escuela y de aquellas que nos pedias para tus cumpleaños cuando eras una pequeñita, pero la razón siempre tuvo nombre y apellido.

Tal y como había comenzado Emmett, pero ella indagaba en muchas cosas más, dándome más pruebas, no deseaba interrumpirla y aún esa fuera mi misión, no hallaba que decir…

– Karla Müller, técnicamente tu abuela. Isabella toda esta mierda viene desde mucho antes de tu nacimiento. Por eso tendré que contarte la historia de tus padres para que logres comprenderme.

"Tu madre, Renne acudió con Edward desde la escuela primaria. Primero fueron compañeros de clase y luego grandes amigos hasta formar una estrecha hermandad, se adoraban tanto como me adoraba a mi o a Esme. Fueron compañeros en todo desde los 6 años. Cuando niños jugaban en nuestro jardín o en el bosque; hacían travesuras en la escuela por lo que periódicamente Esme era requerida en ella, juntos hacían rabiar a ambas familias. Con el paso del tiempo llevaron a nuevos límites su "travesuras" en la secundaria, por lo que me contaban salían a carreras de autos, a fiestas, bebían, organizaban riñas en bares y muchas veces eran arrestados juntos.

Era una chica que procedía de una familia humilde, hija única y era muy hermosa a sus 15 años de edad, te pareces en muchas cosas a ella y podrías pasar por su vivo retrato. Tenía muchos planes para su vida, quería enamorarse, tener estudios, formar una familia y vivir siempre feliz… los cuales quedaron destrozados cuando sus verdaderos padres murieron en el incendio de la fábrica en que trabajan. Quedo completamente sola. Esme y Carlisle le ofrecieron todo, una casa y estudios, lo que se dice, la seguridad de una nueva familia, ella por supuesto dudo pero termino aceptando.

Vivió un par de meses en la casa hasta que una mujer de unos 25 años de edad, toco a nuestra puerta. Comprobó que era la hermana pequeña de su madre y pidió hacerse cargo de su sobrina, mis padres pensaron que estaría bien que se fuera con la que en realidad era su familia; primero creo un poco de reticencia pero después de que Edward hablara con ella, acepto y se marchó, durante 6 meses no supimos de ella. Hasta que otro buen amigo de tu padre, Charlie, le dijera que la había localizado en un lugar de muy mala muerte, se había convertido en una prostituta con tan solo 16 años de edad.

Rápidamente todo el pueblo se enteró, mis padres que una vez la habían amado, se arrepintieron de haberle abierto las puertas de su casa, pensaban que ella era mala y por ello estaba en donde estaba, la juzgaron y de una mala manera. Edward tomo la noticia como lo peor que le podía pasar, él la había convencido para que se fuera y se sentía responsable por lo que estaba pasando.

Cuando cumplió 17 fue buscarla, nunca me contó lo que en realidad paso, pero lo que si me dijo fue que prácticamente le rogó para que dejara lo que hacía y ella lo rechazo, ya no era su amiga, que su amiga había muerto, que la mujer que encontró en ese burdel era frívola y calculadora. Esa mujer ya amaba ese tipo de vida y Karla había tenido mucho que ver en ese cambio."

Mi corazón bombeo mucho más fuerte, coloque mis manos en mi cabeza tratando de evitar el mareo que inundaba. Mi madre fue una prostituta y mi abuela, o la mujer que decían que fue, ella la metió en eso. Abrí los ojos de golpe… Esa maldita mujer, me engaño. ¿Pero cómo yo iba a saber todo esto? No pueden culparme ¿O sí? ¡0h Si, de algo si pueden, bueno, solo Edward, ahora comprendía un poco más su odio; ambas, ambas lo traicionamos, él tenía una perspectiva de nosotras y las dos lo engañamos.

– Relájate por favor, sé que es duro saber todo esto, pero quiero que te concentres y me escuches hasta el final.

Me estaba sintiendo fatal, no por saber parte del pasado de mi madre, ella hizo lo que quiso porque era su vida, yo no tengo derecho a juzgarla, básicamente no me importa. Simplemente me preocupaba por lo que había hecho pasas a Edward. Somos tan estúpidas, mi madre y yo, haciendo sufrir a un maravilloso hombre; alguien que nos amó y protegió tanto estuvo a su alcance.

– Estoy bien… tranquila.

– Bien. Bueno, Edward siguió buscándola te imaginaras para que… tratamos de que dejara de hacerlo, tus abuelos le prohibían salir, lo castigaban y hasta le quitaban su auto, él no les hacía caso y siempre se las ingeniaba para desaparecer los fines de semana. Fueron los 6 meses más terroríficos de todos. Seguía aferrado a ella, el creía que podría rescatarla… ambos se lastimaron.

"Una buena mañana ella llego a la puerta de nuestra casa con su rostro hinchado, los ojos morados, de su nariz y labios brotaba una gran cantidad de sangre, traía puesto un pantalón de franela azul y un gran suéter negro, venia descalza. Esme, a pesar de todo lo que pensaba de ella recordó a aquella pequeña niña y la acogió, papá la curo y rápidamente Edward fue a su lado, en la semana en que se mantuvo en cama, jamás se separó de ella.

En el 8° Día, nos anunció que contraería matrimonio con tu madre ya que ella esperaba un bebé, en ese preciso instante Emmett, tus abuelos y yo, quedamos en shock, era una completa locura que Edward le creyera que era suyo, que quisieran tenerlo y mucho más que se quisieran casar a esa edad."

– Entonces… ¿Edward no? – El corazón se me oprimió y trate de concentrarme en respirar.

– Nadie lo sabe, nunca puso en duda su palabra… hasta que él me contó lo que pensaba. Sabía a la perfección de que era muy probable que no fueras su hija, pero aun así asumió una paternidad a los 17 años y medio. Primero lo hizo por su amiga, después… bueno, en cuanto escucho por primera vez tu corazón en un ultrasonido vivió enamorado de ti. Tus abuelos nunca estuvieron de acuerdo y se negaron a apoyarlo, todavía se arrepienten de ello. Tus padres se fueron a vivir a una pequeña casita en los adentros del bosque, muy pocos sabían dónde estaba y casi nadie se atrevía a ir a ese lugar. Muy pocas veces fui, era un lugar inaccesible. Renne cada vez más se desesperaba, odiaba estar encerrada en ese lugar, y Edward estaba muy feliz con tu llegada mucho más que ella misma. En ese entonces él estaba por terminar el bachillerato, lo logro y pensó que ya no podían subsistir con las pocas pertenencias valiosas que les quedaban, rechazo las tantas propuestas universitarias y comenzó a trabajar dos meses antes de que nacieras.

– ¡Oh, Dios! – susurre mientras llevaba mis manos a mi rostro, no quiera mirar nada más, nada.

─ Mis padres estaban vueltos locos, su hijo ejemplar rápidamente se convirtió en un hombre que debía trabajar para vivir, todos en el pueblo se enteraron del matrimonio apresurado y el embarazo de Renne, todos sabían que su "madre" y ella eran unas prostitutas, Edward tuvo que soportar todo ese tiempo que lo mal miraran, que hablaran de él y lo estúpido que era por creerle. No le importo y siguió hasta que llegaste tú, una hermosa y rosada niña, Emmett y yo fuimos los únicos que nos atrevimos a ir al hospital.

"Rápidamente te ganaste el corazón de todos. Tus abuelos a pesar de que eran renuentes, fueron al siguiente día. Pues una niña que solo lloraba y se alimentaba, doblego su enojo haciéndolos caer a sus pies. Con una simple mirada no se pudieron despegar de ti. Le pidieron disculpas a Edward y le ofrecieron regresar a la casa del pueblo, lo consulto con tu madre y ella fue la más feliz con esa proposición, cuando saliste del hospital fuiste directo a casa. Los ayudaron pero para eso tenían una condición, Edward debía ingresar a la escuela. Emmett y Edward fueron juntos a la universidad, venían todos los fines de semana a visitarte, realizaba uno que otro deber, pero lo que nunca pudimos hacer fue despegarte de él; Renne seguía siendo inquieta y se desesperaba pero nunca fue mala contigo, ella en verdad te adoraba. Por eso cuando se fue… fue más sorprendente que lo hiciera sin ti."

– ¿Ella no…? Mierda. – A pesar de que quería que mi cabeza no explotara con tanta información, sentía como mi inconciencia se contraía y expandía… Mi madre fue una prostituta que engaño al hombre que amo, tal y como lo hice yo, y puede que él, la persona que adoro con el alma y es mi padre, no lo sea después de todo.

– Tu madre no murió, bueno no de la manera en la que te lo dijimos, como te das cuenta ella sobrevivió al parto. Antes de que cumplieras 1 año, era un viernes, Edward no tardaría en regresar pero tú llorabas y llorabas, Esme se preocupó ya que por lo general nunca lo hacías por largo tiempo. Subió a tu recamara y por lo que nos contó, estabas de pie sosteniéndote del brandal llorando, la ventana de tu habitación estaba abierta y encima de la tu cambiador estaba el celular, las llaves y la tarjeta de crédito de tu madre además de una carta, solo te tomo en brazos y dejo todo lo demás en su sitio.

– Esto es… Muy retorcido, ella me abandono… me dejo.

– Sabes que no fue tan malo. Tu madre apareció muerta 3 meses después en una carretera de Nevada. Un camión de carga los imparto de frente matándola al instante y varias horas después a su acompañante.

La sangre se calentó en mi cuerpo y aunque trate de no llorar no lo conseguí, las lágrimas brotaban cálidas de mis ojos, ya no aguanto más, ya no más. Me puse de pie, trate de correr, esto es difícil y pensar que solo esto era el pasado de la mujer que me dio la vida.

─ No te comportes como una niña que huye. ¡Ya fue suficiente de ello! ─ Me tomo de la mano y me jalo.

─ Es que…

─ ¡Siéntate! ─ me soltó la mano y volví a sentarme, me miro unos momentos con el ceño fruncido y se colocó a mí lado.

─ Te escucho… ─ murmure.

─ Como sabes, creciste escondida del mundo. Muchos deseaban conocerte desde que comenzaste a parecerte a tu madre. Todos sus amantes te deseaban y la principal era Karla, te necesitaba. Comenzó chantajear a Edward, le pedio dinero para que se mantuviera lejos de ti y durante un tiempo funciono, hasta que se cansó… te quería tanto como quiso a tu madres. Y después tú decidiste irte, nos engañaste y te fuiste. Perdimos la pista de Karla y hace poco nos enteramos de que te rondaba mucho más de lo que antes había sido, se aprovechó de la brecha que había entre la familia y tu e intento llevarte, Gracias a Dios pudimos detenerte.

─ ¿Por qué nunca la mencionaron? Nada estaría pasando si hubieran sido honestos.

─ Tú no entiendes, no es tan fácil.

─ Pues en este momento lo parece ¿No crees?

─ ¡Nada Isabella! tanto tiempo reclamaste porque te dejáramos en paz y aceptáramos que ya eras una adulta y en primera de cambio te comportas como una niña mimada que juzga y no se detiene a escuchar. Ya fue suficiente. ─ Ella nunca me había hablado así.

─ ¡Perfecto! ¿Qué es lo que quieres, o lo que siquiera diga? ¿Qué harías tu cuando un buen día te dicen que provienes de una familia que está conformada por prostitutas? O mejor aún, que el hombre que creíste toda tu vida ser tu padre, no lo es ¿Por qué nunca lo dijeron? Pudieron ahorrarme muchos sufrimientos.

─ Y caes en lo mismo de juzgar, sé que es difícil. Lo único que quisimos hacer fue protegerte.

─ Pues felicidades, fue un gran esfuerzo. ─ le sonreí fríamente y me puse de pie. ─ ¿Hay algo más que deba saber?

─ Si, en la reserva. ¿Recuerdas que nunca dejamos que te acercaras a ese lugar?

─ Si… ─ La ira que comenzaba a crecer rápidamente se esfumo. ─ ¿Qué con eso? ─ trate de sonar despreocupada pero mi voz salió apenas en una suave tonada, trague saliva y ella abrió sus ojos.

─ ¿Nos desobedeciste? ─ Me quede quieta, sentí como una pequeña capa de sudor comenzaba a recubrir mi frente, junte mis manos en mi espalda.

─ No fue mí…

─ ¡Lo hiciste! ─ Salto de su lugar y se incorporó frente a mí, sus ojos centellearon y me sentí mucho más nervios. Me tomo de los codos y comenzó a zarandearme. ─ ¿Con quién hablaste?

─ Con unos cuantos chicos.

─ ¿Qué chicos Isabella? No me saques más de mis casillas.

─ Jake, se llamaba Jacob. Leah, Sett y otros chicos.

─ ¡Dios! ─ Me soltó y paso sus manos por su cabello, llego a las puntas y tiro montanamente de él. ─ Lo sabe, Maldita sea… Lo saben. ¿Por qué nunca haces lo que se te dice? ¡Al parecer no se puede confiar en ti! ¿Y es así como querías que te contáramos todo? ¡Una simple orden, una! Y tú la tiras a la basura sin más. ─ Con ambas manos hechas puño, comenzó a darse golpes en la frente. Nunca en mi vida la había visto así. ─ ¿Cuánto?

─ ¿Cuánto qué? ─ Susurre

─ No te concibas estúpida ¿Durante cuánto tiempo hablaste con ellos?

─ Desde muy pequeña. Todos se fueron muy amables conmigo. Nunca me lastimaron.

─ Por supuesto, porque ese no era su plan. Y Jacob, ¿Qué te decía?

─ No mucho, bueno…

─ ¿Qué mierda te decía? ─ se alteró y levanto otra vez la voy y me encogí un poco más.

─ No muchas cosas. Siempre me decía que si había hablado sobre él con alguien, nunca quiso que se supiera nuestra amistad.

─ Ese Black lo envió. Maldita sea. ─ Me tomo de la muñeca con brusquedad y tiro con fuerza obligándome a caminar detrás de ella. ─ Baja. Ahora. ─ Me acerco a la orilla. Me gire un poco y comencé a descender. ¿Pero qué sucedía?

─ Muévete, me urge llegar a casa.

Mientras llegábamos a casa, Alice saco su celular y se adelantó un poco. Sus delgados susurros no me permitieron escuchar con quien o que era de lo que hablaba. Me cubrí con mis brazos la cintura y apreté los dientes, la ira, el miedo y la confusión me hacían perder la poquita cordura que me quedaba.

─ Ni se te ocurra correr o ir a algún otro lugar. Iremos directo a casa, te iras a tu habitación y no moverás ni un mie de ahí. Dime ¿Lo comprendes y que lo puedes hacer?

─ Si

─ Perfecto.

En cuanto llegamos a casa, Alice corrió al estudio dejándome en el umbral de la puerta, Emmett me miraba desde las escaleras, Rosalie estaba justo detrás de él, sus ojos aún se veían húmedos por las lágrimas, no dijeron ninguna palabra y siguieron su camino, directo al estudio.

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Llevo tres largos días recluida aquí, ninguno de ellos se ha acercado a preguntar cómo me siento o que es lo que realmente pienso de todo esto, nadie. Me envían todas mis comidas con una muchacha, bajita ella, de tés morena y cabellos largos y ondulados, habla muy poco el español y me dice solo algunas cosas, como que Edward se fue un par de horas después de que regrese con Alice, que Emmett y mi abuelo lo acompañan. Mis tías y mi abuela van y vienen del pueblo, nadie se queda el suficiente tiempo en casa.

Los libros, las películas y la tv, hasta algún punto dejaron de interesarme, solo miraba por la ventana, la profundidad de la cueva no me permitía ver más allá que un pequeño círculo de luz. La salida. Mi salida.

Comencé a desnudarme mi cuerpo no conseguía relajarse y tal vez un baño, podría brindarme algún tipo de alivio, camine hasta la regadera y después de templar el agua me acurruque debajo del gran chorro, cerré los ojos. Alguna vez escuche que un baño limpia el alma y refresca la mente. Aun dudaba de ello.

Abrí la puerta del baño, el aire frió golpeo mi piel evaporando completamente el placer que me había dado tener el agua caliente recorriendo mi cuerpo. Con una toalla enredad sobre mi pecho y otra en mi cabello, me deslice hasta la puerta del closet, deje caer la toalla que cubría mi cuerpo y me incline un poco para tomar del tercer cajón mi ropa interior. Un ligero chasquido me hizo darme la vuelta abruptamente pegándome en la rodilla con la esquina del cajón. Di un pequeño brinco mientras llevaba mi rodilla lo más cercano a mi pecho. Deje de maldecir y abrí mis ojos para tratar de inspeccionar el daño en mi rodilla, me partía del dolor hasta que, un inmenso calor inundó mis mejillas y todo mi ser. La habitación parecía ahora, mucho más pequeña y al parecer el oxígeno había decidido desparecer ya que no podía llevar ni la más mini cantidad de el a mi sistema. La mitad de su formidable cuerpo se encontraba dentro de mi habitación, tenía el ceño fruncido y los labios en una gruesa línea recta. Trague saliva cuando lo vi entrar por completo y cerrar la puerta con seguro. Rápidamente me gire para mirlo de frente.

– Creo que debiste de haber hecho eso desde un principio.

– Claro. – susurre. – ¿Me permites? – lo mire seria. Tenía que controlar mi alocado latido si es que quería que mi ansiedad pasara a desapercibida.

– Estaré aquí. – Mi corazón salto repentinamente y mi boca se secó, rápidamente lo nervios se instalaron en mí.

– Necesito cambiarme, por favor. – murmure.

– No veré nada que no ya haya visto antes. – Mi corazón se detuvo durante un segundo y en ese preciso instante sentí que todo estaba bien, que aquellos años de dolor, para ambos, nunca habían pasado. Me lo decía la sonrisa que afloro en sus labios. – Hazlo libremente, por mí no te detengas.

Se dejó caer en uno de los sillones y cruzo sus manos por debajo de su nuca. Estiro sus largas piernas y siguió mirándome.

– Eso no está bien… lo nuestro acabo. – lentamente comencé jalar la toalla que llevaba enredada en mi cabello.

– Eso lo decidiste tú. – lento un ceja y sonrió de esa manera… ¡Oh por Dios! Esa sensual ladina.

– Fueron nuestras acciones las que lo hicieron.

– Nunca di mi última palabra.

– Ya estaba más que dicha. – me cubrí tanto como la pequeña toalla me permitió.

– ¿Seguirás dándome la contraria? – libero sus manos y se inclinó hacia enfrente.

– ¿Me vas a permitir cambiarme en privacidad?

– No.

– Pues entonces sí.

Se acomodó mejor en el sillón, descansada sus brazos a lo largo del respaldo. Su sonrisa se ensancho y mi corazón se calentó, de ver sus expresiones frías a esto, era una gran diferencia. Tal vez era solo una pantalla… intentar atraparme de esa forma para poder así controlarme por completo. Y volverme a someter a su disposición. Todo esto me confunde.

– Tu piel estaba de un tono rojizo… me recuerda tantas cosas. – suspirando paseo su pulgar sobre su labio inferior. Era tan cálido que hacía que me doliera el pecho.

Me eché hacia atrás y hasta que la cajonera toco la parte trasera de mis rodillas, trate de girarme para tomar un poco de ropa pero no era exactamente la que necesitaba en ese momento.

– Así que ya lo sabes todo. ─ Me detuve y mire su rostro.

─ ¿Todo? No sé a qué te refieras con eso… pero si tu todo es que mi madre fue una prostituta y no eres mi padre, entonces sí.

─ Hay algo en lo que te equivocas, si soy tu padre. Hay estudios que lo respaldan. Cuando eras pequeña tuviste un accidente, jugando en el parque mi pequeña traviesa se partió la cabeza, el único significativo de tu infancia. Tu abuelo te llevo al hospital yo me entere un par de horas después del accidente, llegue lo más rápido que pude. Ya te había puesto algunos puntos y estabas dormida. Tu abuelo, que siempre dudo de tu madre y aprovechando que yo no estaba cerca, pidió una muestra de tu sangre. Un simple rose de su mano en mi cabello y consiguió la muestra para comparar. ADN, todo se resume a eso... Así que sabes cuál es la respuesta ¿No?

─… ¡oh! ─ Murmure, mientras veía como se ponía de pie y se acercaba a mí.

─ Así que… Porque no vienes a los brazos de tu amado padre. ─ se detuvo a unos cuantos pasos de mí, la piel se me erizo en cuanto me escaneo de pies a cabeza, trate de cubrirme aún más con la toalla y el extendió sus manos, tomando los bordes. Sus dedos acariciaron mi pecho y termine por soltarlo tratando de alejarme de su tacto, algo que fue estúpido ya que quede completamente desnuda ante él.

Arrojo la toalla a quien sabe qué lugar, no podía de dejar de mirar sus hipnóticos ojos, igual que cuando era niña. Su mirada me hacía sentir tan bien que solo me bastaba con mantenerme quieta y dejar que me abrazara con todo su ser, tal y como lo deseaba en este momento, que me reconfortara y me hiciera sentir querida. No sentirme el igual que ella. No soy igual a ella.

Estiro su mano y deslizo sus nudillos desde mi hombro derecho hasta rosar mis dedos, sus ojos siguieron el recorrido, mi piel tembló y de la porción de piel que él toco pude sentir que fuego salía.

─ Necesito… que me digas exactamente que paso esa noche con Jacob Black. Porque lamentablemente él ya no podrá hablar.

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Tsssssssssssss… Sorry

No quería dejarlo así, por una cosa llevo a la otra y no pude evitarlo…

(De hecho fueron los múltiples ensayos y exposiciones que acortaron mi tiempo U_U)

"Ve a la universidad, decían. Será mega divertido, decían"

No pido nada ya… ya soy de chocolate.

Un feo chocolate sin sueños y esperanzas, al que le dijeron que mejor se cambiara a una ingeniería.

Pero eso sí, con unas increíbles ojeras.

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(JHG)