Disclaimer:Todos los personajes (a excepción de Juliet, Paulina & Brian) escenarios y nombres pertenecen a Stephenie Meyer.
Summary: Secuela de Solsticio. Bella ahora es vampira y eso parece una complicación para su amor con Jake...¿podrán afrontarlo?, ¿qué pasará con la imprimación? Jacob/Bella.
Cuarto Creciente
Libro III: Jacob & Bella
Capítulo XIV- El día más esperado
(Bella)
El calendario se encontraba en el mes de agosto, era el día 10 y el sol marcaba las siete de la tarde; se acercaba el crepúsculo y más que un final, resultaba el más ansiado inicio. El cielo resplandecía con los reflejos anaranjados y los ligeros tonos violetas, todos reflejándose sobre las calmadas olas de First Beach.
Mi sonrisa resultaba totalmente sincera frente al espejo, incluso me agradaba la figura que se reflejaba en él. Rachel y Rebecca alisaban la larga falda de mi vestido blanco crema. La tela fresca rozaba mis tobillos cayendo recto desde mis caderas. Sencillo como lo había querido. Se amarraba en mi cuello, de lo que se encargaba Rosalie subida a unos altos tacones mientras yo sujetaba mi cabello y Alice saltaba por toda la habitación. La cantidad de piel que mostraba era mínima, sólo mi cuello y con disimulo mis senos. No tenía nada que mostrarle a mi futuro esposo que ya me conocía completa y sonreía satisfecha de ello.
Las gemelas salieron de la habitación excusándose que aún no estaban listas. Tenía el cortejo de madrinas más grande que yo hubiese visto: Rebecca, Rachel, Rosalie, Alice y Leah, además de la pequeña Juliet encargada de llevar los anillos.
—Esto no es justo —suspiró Rosalie —. Te ves más hermosa que yo en cualquiera de mis bodas.
Bufé y sonreí ampliamente al instante. El mejor día de mi vida estaba sólo por marcar que esta sería la vida tal como la deseaba.
Jacob y yo habíamos alcanzado la felicidad que tanto habíamos ansiado y que parecía habérsenos complicado, pero ya la teníamos y la tomábamos como nuestro destino y no un estado transitorio del que podríamos salir repentinamente.
Habíamos aceptado con madurez el hecho de no poder ser padres, nos dimos cuenta que siempre seríamos demasiado jóvenes, y que nuestra felicidad se basaría en esa sonrisa que yo observaría noche y día y él cada mañana al despertar. Seríamos nosotros dos, por siempre y para siempre amarrados a nuestra felicidad.
Un lobo y una vampira. Sonaba absurdo pero es en lo que se había convertido nuestro mundo. En un universo paralelo donde todo lo imposible ocurría con la facilidad de un parpadeo. Además siempre tendríamos al fuerte Brian, a la pequeña Paulina y a nuestra adorada niña rizos de cobre: Juliet. Los amaríamos como hijos y aprenderían a ser los mejores alfas, convivirían con su mayor enemigo y me amarían como soy.
Así sucedía con todos los lobos de La Push, ahora había mejores distinciones entre los vegetarianos, los neófitos y aquellos que realmente merecían ser ejecutados. Los Cullen trabajaban a su lado y ofrecían a los neófitos probar la vida que ellos llevaban, quienes lo rechazaban, no sobrevivían para contarlo.
Juliet, Brian y Paulina tenían cinco meses de haber nacido, caminaban y hablaban gracias a la explosión de sus genes lobunos desde el vientre.
Jacob y yo también habíamos aceptado el hecho de que las cosas debían suceder como lo hicieron. Llegábamos a pensar que yo había nacido para ser vampira, tal vez para vivir eternamente junto a él y que esa promesa que nos hicimos fuera verdadera. Tal vez me culpe, porque lo deseé, deseé jamás irme de Forks y estar siempre con él, se me cumplió, aunque haya parecido el fin del mundo, era sólo el inicio de uno mejor.
— ¿Bella? ¿Sigues aquí? —la voz de campanillas de Alice me hizo reaccionar. Parpadeé y contemplé el borde naranja de sol que quedaba en el horizonte. Era hora.
(Jacob)
—No pareces nervioso —dijo Seth dándome una palmada en la espalda. Respiré profundo y miré a los invitados. Seth seguía a mi lado por ser el padrino de mi boda.
—No lo estoy —murmuré —he soñado con este día tantas veces que sería terrible que no estuviese preparado.
—Apuesto a que ella también lo ha soñado…aunque no pueda dormir, puede soñar.
Miré a Leah en su vestido celeste, un tanto incómoda, sabía que no le iba eso de estar de pie con una sonrisa, pero en cuanto Brian le comenzó a halar la falda y le dedicó una sonrisa, su rostro cambió y sus mejillas se colorearon.
—Lo siento mucho Leah —masculló Rachel cargando al niño de vuelta a la silla. Leah sólo sonrió en gesto de "no te preocupes".
Me quedé mirando a mi hermana, feliz con sus hijos y Paul a los lados. Ya no me importaba. No necesitaba un hijo para ser feliz junto a Bella, porque todo lo que necesitaba era tenerla a ella. Lo supe siempre, pero lo comprobé al perderla. Los hijos —dice mi padre —son el recuerdo del esposo para cuando uno queda viudo, pero Bella y yo jamás nos tendríamos que preocupar por ello.
— ¿Listo? —murmuró Seth y al fijar mi vista al frente el Universo entero se iluminó, como si siempre hubiese sabido que este momento pasaría, como si cada átomo hubiese estado esperando este día, nuestro día.
La miré sin perderme detalle de su belleza. Quedé anonadado, sin poderme creer lo que veía, sin saber si mis ojos me engañaban. Sonrió sólo para mí y supe que todo era verdad, que cada fragmento de su piel resplandeciente era real, que sus ojos color oro brillaban para mí, como lo hacía el sol a su espalda, escondiéndose en un magnífico crepúsculo. Sus mejillas iban coloreadas del color que solían tornarse cuando se enrojecía. ¡Ay Isabella!, ¿por qué eres tan bella? Acércate a mí y hazme el hombre más feliz.
El sol se ocultó tras de ella y la bella noche se abrió ante nuestros ojos, como un telón negro cayendo sobre el escenario más prodigioso. Sus pasos eran lentos, al ritmo de la marcha nupcial interpretada por Edward Cullen. Charlie caminaba orgulloso y ella brillaba aunque ya el sol no se encargara de ello. Es que era ella, brillante, hermosa, única. Sonrió de nuevo y sentí un nudo formarse en mi garganta. Los nervios me atacaron con el vuelo de las mariposas.
Al sentirla cerca, mis piernas parecieron hechas de gelatina y casi pude sentir su roce de hielo contra mi piel de fuego. Charlie sonrió ampliamente y busqué a Billy entre todos, noté las lágrimas formándose en sus ojos.
—Ni siquiera siento que necesite decírtelo, hijo —murmuró Charlie con voz grave y ahogada —, pero lo haré. Cuídala…mucho —me dio un apretón de manos y un abrazo de medio lado.
—Ten por seguro que la cuidaré como mi vida —dije sereno y al instante Bella apoyó su mano sobre la mía; en ese momento, me pareció que todo cobraba significado.
—Te amo —susurró entre labios, sin sonido. Sonreí y miramos al frente.
—Damas y caballeros —se aclaró la garganta —, estamos aquí reunidos para celebrar la unión en matrimonio de Jacob Black e Isabella Swan, aunque ya ellos conocen lo que es estar unidos —enarcó las cejas y nos sonrió —, ya, sólo bromeaba.
Fui capaz de escuchar el susurro proveniente del público que regañaba a Emmett con un "te juro que te arrepentirás". Bella apretó mi mano mientras se guardaba una sonrisa y supuse que había sido Rosalie.
La ceremonia fue corta, probablemente porque los chistes no permitieron que se hiciera pesada. Bella —como cualquier vampiro en la faz de la tierra —no había querido la ceremonia eclesial, yo lo había aceptado y Emmett había sugerido obtener una licencia para casarnos. Bella se mostró renuente pero estuvimos de acuerdo en que no nos arrepentiríamos.
—Jacob Black —la voz de Emmett se tornó seria — ¿aceptas a Isabella Swan por esposa para amarla y respetarla por toda la eternidad?
Sonreí al escuchar los votos que Edward había rescatado de las innumerables bodas Cullen. Apreté la mano de Bella y con voz grave afirmé:
—Sí, acepto —escuché a Bella soltar aire, como si no hubiese estado segura de cuál sería mi respuesta.
—Isabella Swan —Emmett pronunció delicadamente su apellido, sabiendo que ella no quería ser llamada Cullen — ¿aceptas a Jacob Black por esposo para amarlo y respetarlo por toda la eternidad?
—Sí, acepto —su voz hizo que me estremeciera y apreté su mano con más fuerza para evitar que mis piernas cedieran.
—Los declaro marido y mujer —dijo solemne —. Ahora, puede besar a la novia.
Emmett nos guiñó un ojo y yo volteé a mirar a Bella, no llevaba velo así que no tendría que quitárselo, miré la escarcha esparcida por sus brazos y descubrí porque brillaba —aunque ella siempre lo hacía —, me acerqué a ella y posicionando una mano en su cintura, me incliné hasta rozar sus labios. Le susurré que la amaba mientras nos besábamos y ella hizo lo mismo.
—Por siempre y para siempre —le dije al separarnos rozando su mejilla con mi mano.
—Sólo si es junto a ti —murmuró y me besó de nuevo. Coloqué una mano en su espalda y la dejé caer apoyada en mi brazo, como si bailáramos un tango.
Los pequeños lobitos arrojaron el arroz directo a nuestras caras con una gran sonrisa en sus rostros pícaros. Caminamos entre los invitados y pasamos a donde daríamos lugar a la fiesta en sí. Todos los invitados fueron tras nosotros pero entre las distracciones de comida y música aproveché para secuestrar a mi esposa un segundo.
(Bella)
—¿Qué se siente? —le pregunté.
—¿El qué?
—Que seamos nosotros, dos, por siempre y para siempre. Amándonos…
—Se siente perfecto —susurró en mi oído y besando el lóbulo de mi oreja —. No puedo esperar a despertar cada mañana y siempre encontrarte a mi lado.
— ¿Con cuántas sábanas dormirás? —pregunté divertida.
—Me da exactamente lo mismo levantarme con bronquitis cada mañana. Todo me da igual si te tengo a ti.
Me detuve en la orilla del mar y disfruté del agua bañando mis pies que había dejado desnudos antes de escaparme con Jacob. Me subí a sus pies y él me acercó tomándome por la cintura.
—Te amo —susurré pegada a su camisa blanca, me apoyé sobre su pecho caliente y sentí que el sol brillaba en la noche estrellada.
—Resulta que yo te amo más, mi princesa —susurró en mi cabello acariciándome al tiempo que las olas se movían al ritmo del aire salado.
—Importa poco —me encogí de hombros y me alcé para alcanzar sus labios —. Igual siempre seré mayor que tú y tengo más capacidad de amar y siempre te aprenderé a amar más.
— ¿No me amas a tu máxima potencia? —preguntó sacando unos cabellos que se habían metido en mi boca.
—Sí, a mi máxima potencia actual. Siempre puedo aprender a amarte más, a componerte una canción, velar tus sueños o atrevernos a adoptar un niño.
Sonrió.
—Todo eso lo haremos con el tiempo, siempre que lo queramos así, porque yo también siempre podré amarte más —apoyó las manos en mi vientre y presentí que se le formaba un nudo en la garganta por el bebé que no tuvo chance de nacer —. De cualquier manera, siempre recordaré esos primeros días junto a ti. Lo difícil que se me hizo confesarte mi amor, tu mirada chocolate y esta hermosa mirada dorada que amo aún más.
— ¿Y por qué la amas más? —pregunté.
—Porque sigues siendo tú, mi Isabella Swan, mi Isabella Black —sonreí y me mordí el labio inferior —. La mujer que amaré en esta y cualquier vida. Porque con el tiempo aprendí a amarte más y al reencontrarte fue como si el sol se parara frente a mí.
— ¿Soy tu sol?
—Y mi diosa.
—Eres mi sol también.
Sus labios se inclinaron hasta alcanzar los míos, abrí los ojos al tiempo que él y nuestras miradas entrecruzadas hablaban lo que nuestros labios callaban por estar ocupados en demostrar.
Sólo falta el epílogo chicas, espero les haya gustado este último capi...
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RobinWolfe
