Capítulo 21

Conquista

― ¿Akai? ―preguntó Neo.

―N-No es nada ―comenzó a reír para enmascarar lo que acababa de suceder.

Keren se limitó a sonreír y decir:

―Allá fuera los están buscando, así que será mejor que vuelvan a su mundo.

―Gracias por todo, Keren-san ―expresó el magi devolviéndole el gesto.

El djiin extendió sus brazos y una gran estrella de ocho puntas surgió del piso, todos menos Aladdín retrocedieron en guardia.

―Tranquilos ―afirmó Aladdín con una mirada tranquila― gracias a esto podremos volver a nuestro mundo ―continuó caminando hacía esta estrella.

Se paró en medio y agitó sus manos para que los demás se acercaran, Titus tomó confianza enseguida y se situó a su lado. Akai y Neo se quedaron mirando ese lugar con un tanto de curiosidad.

―Creo que es inofensivo ―sonrió ella, dirigiéndose hacia ellos.

―Yo no confío en nada que venga de esos dos ―mustió el príncipe refiriéndose al mago de la creación y al genio.

―Oh vamos ―suspiró la muchacha avanzando al chico― deja de ser tan desconfiar tanto y cree en ellos de una vez por todas ―le dijo dedicándole una sonrisa y jalándolo de la muñeca hacía donde ellos estaban.

Este se le quedó mirando por unos momentos, como si estuviera tratando de procesar algo.

―Creo que Neo y Akai se llevan bien ―afirmó el mago de Reim, a lo que Aladdín no argumentó nada.

― ¡Muy bien, creo que a partir de ahora todo será más interesante! ―Exclamó elevando mucho sus brazos.

Una luz amarillo reluciente cegó a todos los presentes, luego todo se tornó oscuro y pronto un murmullo de multitud llamó la atención de los cuatro. Ellos abrieron los ojos, estaban fuera de la celda. Un montón de gois y magos los rodeaban, a una distancia considerable.

― ¿Pero ¿qué…? ―preguntó Neo subiéndose la capucha para evitar que lo reconocieran.

―Estamos de vuelta ―dijo Titus sin aliento.

―Esto es diferente a la vez de Amón y Zagan ―murmuró Aladdín extrañado.

Miraron su entorno con precaución y lo primero que notó el magi fue alguien que yacía en el suelo detrás de ellos.

― ¡Akai!

Ella estaba en el suelo inconsciente con las manos apretadas en el pecho y el ceño fruncido. Él acercó a ella y la examinó para procurar que n tuviera ninguna herida.

―Akai, Akai, Akai ―la llamó varias veces preocupado.

―Está dormida ―afirmó Titus.

Él asintió en silencio. Una sensación de tranquilidad lo inundó por completo, por un momento pensó que algo malo le había ocurrido. La tomó en sus brazos y la acercó hacía él para poder sostenerla. Ella quedó con su cabeza apoyada en su hombro y sentada en su regazo. Titus y Neo lo miraron riéndose.

― ¿Qué miran? ―los fulminó con la mirada.

―Nada, solo un acto de caballerosidad hacia una dama ―silbó Neo conteniendo una fuerte risa.

De repente algo sobresaltó al príncipe quien se puso de pie y trató de tapar su rostro tanto como pudo con la capucha.

―Maldición, me temo que debo volver. Ustedes no me conocen y yo no a ustedes ¿Si?

Silencio.

―Lo tomaré como un sí ―sus ojos se dirigieron a Akai― y denle las gracias a ella por todo y que es bienvenida a Reim cuando quiera venir ―se agachó para acariciar unos mechones de pelo de la muchacha.

Después de ello se fue corriendo entre la multitud, varios magos alertados fueron en su persecución.

― ¿Debemos preocuparnos? ―preguntó Aladdín.

―No, estará bien ―suspiró Titus― ahora veamos qué hacer con Akai, ella…

―Tengo una idea ―expresó Aladdín poniendo su mano sobre la oreja donde yacía el contenedor de la joven― si suprimo el rukh para que no llame la atención y lo oculto con magia, debería estar bien ―afirmó.

― ¡Ustedes! ―exclamó un mago que se dirigía hacia ellos―. Deberán venir con nosotros.

Apenas se miraron los dos magos, preguntándose qué pasaría a partir de ahora.

―No se preocupen ―intervino Myers― yo me encargaré de Akai.

Aladdín vaciló unos momentos antes de entregársela, antes que nada, comprobó que su contenedor no se notase. Solo faltaba que la profesora no fuera a darse cuenta de ello. Estaban rogando que fuera así; si no, quién sabría qué pasaría con ella.

―Tranquilo, estará bien ―le aseguró, ella podía leer la mirada del magi.

―Vengan ―indicó otro mago llevando lejos a los dos estudiantes de Magnostadt.

Ellos los acompañaron mientras que a Akai la llevaron y revisaron con los magos sanadores.

― ¿Chichos? ―Murmuró reincorporándose― ¿chicos? ―Volvió a preguntar, todo estaba oscuro y lleno de rukh rojo― ¿Dónde… estoy?

Se puso de pie rápidamente, esta escena ya la había visto la primera vez que se encontró con Aladdín por primera vez.

― ¿Aladdín? ¿Aladdín? ―Interrogó en voz alta― ¡¿Alguien?!

¡Por aquí Akai-chan!

―Esa voz es de ―dijo en voz baja, volteándose― ¡KEREN!

Hola ―la saludó sonriente.

El djiin se encontraba frente a ella, sentado de piernas cruzadas al igual que sus brazos. Una gran cantidad de esas avecillas rojas la estaban rodeando, piando y brillando con sumo regocijo.

― ¿Pero ¿qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ―Comenzó a balbucear extraviada.

― ¡CALMATE NIÑA! ―Gritó exasperado― había olvidado lo irritantes que son cuando no entienden nada ―bufó sobándose las sienes.

―Explícame entonces ―mustió enfadada.

―Estás en un sueño, tú lo sabes. No es la primera vez que te pasa.

―Es como esa vez… ―señaló impactada.

―Pero esta vez yo te induje al sueño, necesitamos hablar ―expuso seriamente.

― ¿De qué trata? ―articuló tomando asiento frente a él.

―Akai, ahora eres una conquistadora de calabozo, una candidata al trono. ¿Sabes lo que implica eso?

―Poder ―respondió― eso entendí escuchando a los chicos hablar del tema.

―Exacto, ellos saben bien de lo que hablan. Sobre todo, Aladdín-sama.

― ¿En serio es un magi?

― ¿Eso te molesta? ―replicó él.

― ¡No! ¡Para nada! Es que me cuesta asimilarlo un poco ―contestó.

Él suspiro de alivio.

―Es me alegra Akai-chan ―confesó― primero que nada, debo decirte que tu lugar en este mundo es muy especial y particular. Debes saber que no hay nadie como tú y eso también aplica a Aladdín-sama. Ambos son seres únicos que no tienen igual.

― ¿Usted… sabe qué soy? ¿A qué se refiere con únicos? ¿Aladdín también puede…?

― ¿Se refiere a ver el rukh rojo? Oh, no, no, no ―negó agitando su cabeza― aún no Akai-chan. Más tarde o temprano aprenderá a hacerlo, eso es seguro.

―No te entiendo.

―Y no espero que lo hagas Akai-chan, hay mucho que tú y el resto de la gente del mundo ignora ―confirmó.

―Hay otra cosa que no entiendo ―interrumpió― ¿Qué soy? Eso lo sabes.

―Lamentablemente no puedo decirlo.

― ¡¿Por qué?! ―preguntó alarmada.

―Porque primero hay otras cosas que debes saber.

―Yo no lo… ―Sacudió su cabeza confundida.

―Antes de que sepas por qué estás en este mundo, por qué ves a los eslabones del destino y qué debes hacer en este mundo debes comprender algo…

Ella se mantuvo callada, esperando que continuase.

―Debes comprender qué uso debes darle a tu poder, debes comprender las habilidades que este te concede. Todas y cada una de ellas, justo cuando cumplas eso te revelaremos cuál es tu misión en este mundo ¿Entiendes?

― ¿Ustedes? ¿Quiénes?

―El guardián del Palacio Sagrado, el gran rey y yo ―manifestó más que orgulloso.

Ella estaba por articular una pregunta; sin embargo, Keren levantó su mano para que se detuviera.

―Todas tus preguntas serán contestadas cuando comprendas el poder que se te dio, solo entonces estarás lista para que te lo digamos todo y te entreguemos eso ―concluyó con un chasquido de dedos.

― ¡Por favor! ¡Dímelo…! ―alzó la voz sintiendo como le pesaban los ojos.

Su cuerpo cayó bruscamente al suelo, lo último que pudo ver fue a Keren sonriendo y deseándole buena suerte.

―Por favor, dímelo ¡Por favor! ―exclamó agitada.

―Al fin despiertas ―dijo Myers cruzada de brazos.

― ¿Dónde…? ―preguntó ella.

―En la enfermería ―contestó.

―Ya veo ―dijo en voz baja― ¿Y los demás?

―Aladdín y Titus están con Mogamett, esta vez se pasaron de la raya ―declaró suspirando― no sé qué pasará con ellos esta vez. Se las dejo pasar una, pero la siguiente… ―Se detuvo, no quería decir algo que la afectara.

― ¿Qué los maten? Soy de Magnostadt, sé cómo es el sistema ―manifestó Akai con cierto enfado. Entonces, ella movió sus pies fuera de la cama en la que yacía recostada y se dirigió a la puerta.

―Espera ―la detuvo Myers― ¿Qué harás?

―Hablar con ese hombre, no le tengo miedo ―explicó frunciendo los superciliares.

― ¿Acaso lo dices por tener un contenedor? ―le preguntó, sorprendiéndola― vi como Aladdín lo ocultaba, él no es como los demás magos ¿Verdad? Sin embargo, si pregunto no me lo dirás. No debes inquietarte, no divulgaré esto; nadie más se percató de ello. Yo no diré nada, mas espero que el día que Magnostadt esté en problemas, tú nos ayudes ―declaró seriamente.

―Solo lo haré si Magnostadt está haciendo lo correcto, solo en ese caso ―respondió ella sin dirigirle la mirada.

―Lo dejo en tus manos.

―Gracias ―dijo finalmente saliendo de la habitación.