Las cuestiones de la vida no son nada fáciles, verdad? bueno...ahora veremos que depara el horizonte en este capítulo. Itachi ha renunciado, Sasuke se hace de ciertas ideas alrededor de Sakura y...¿qué hará ella al respecto?

Pues Arriba el Telón!!

ROSA DE DOS AROMAS

Vigésimo Capítulo

"Decir tú, decir yo…Decirlo juntos"

—¿Qué…que has dicho…Itachi-chan?

Mikoto Uchiha sintió su voz temblar en medio del torbellino de furia silenciosa con la que había llegado su hijo a la casa.

Itachi no abatió la puerta como lo hizo con la del edificio del trabajo, no profería palabas altisonantes; de hecho apenas y había contestado a su saludo con su habitual "hmp". No mostraba ningún indicio violento…salvo que entró como una muda tromba, corriendo con pasos pesados hacia su habitación y permitiéndose un desahogo de su coraje personal únicamente con la puerta de su alcoba.

Y Mikoto, siendo una madre devota y consciente de su familia, aun si se trata de una familia de carácter tan desigual como los Uchiha, no le hizo falta mucha deducción para anticiparse a la noticia que su primogénito traía a cuestas.

Llegando a media mañana, dos horas antes de lo que ella tenía pensado, y con la tragedia impresa a lo largo y ancho del rostro, era más que obvio que las cosas no habían salido ni mínimamente bien. E hizo lo que toda madre hubiera hecho, preguntar. Hablar.

Y su pregunta fue respondida con la premisa de que si hijo se iba de la casa. Así, sin palabras elegantes o bonitas –Itachi nunca recurría a eso para hablar-, un simple y llano "me voy". Y que repitió ahora que su madre se lo preguntó.

—Me voy –Itachi alzó la vista del montículo de ropa que había inundado su cama. La cabeza le punzaba endemoniadamente y se sentía al borde de un ataque de frustración, pero eso no era motivo para ser grosero, al menos no con su madre. Ella no tenía la culpa—Renuncié a la empresa…y no creo que sea bueno permanecer aquí.

Mikoto encontró el sentimiento en los ojos de Itachi en medio de su sutil semblante hierático.

—El que las cosas vayan mal en el trabajo, no quiere decir que aquí también –dijo ella, con el tono más calmado que podía conseguir.—Piénsalo, Itachi.

—No…—él forzó la interrupción. Suspiró, con el aliento de un hombre abatido. Cansado, realmente se le veía cansado.—…No puedo. No quiero quedarme más aquí, madre.

Y Mikoto no dijo nada más.

Los hechos no eran tan fáciles de asimilar. Mikoto lo sabía y muchísimo antes. El ambiente y la escasa relación familiar se colapsaban como un castillo de naipes…y las primeras cartas, las de la base, estaban cayéndose una a una. Las paredes, los lazos, la vida misma…todo se venía abajo. Ella no le culpaba tampoco, conocía el carácter de su marido y las consecuencias de su férrea disciplina en sus hijos. Esto ya lo veía venir, pero no quería que fuese tan pronto.

La maleta cerca de uno de los vértices de la cama estaba casi llena. Tres o cuatro camisas, playeras y cuatro pares de pantalones y algunas prendas más. Itachi no prestaba minuciosa atención a lo que empacaba. Usaba ambas manos sólo porque el movimiento apaciguaba un poco la melladura hecha por la ira. El estómago estaba hecho un nudo y el hambre había quedado como un recuerdo de horas anteriores.

Tomó la valija, con el interior a rebosar de lo que podía y bajó las escaleras. Paso lento, no pensativo, solo lento. Los negros mechones de su cabello cubrían la periferia lateral de su rostro.

A punto de salir de la casa, una mano le asió el brazo.

—Piénsalo bien, hijo –el aire apaciguado de su madre le imploró aquella premisa.

Itachi bajó un poco el rostro, negando con la cabeza.

—No puedo quedarme más. –musitó.

Antes de que diese un paso más y sin que su madre le soltase, se permitió un último y sincero abrazo. El único contacto realmente familiar que había tenido en años, puede que en toda su vida.

—Cuídate —susurró Mikoto, apartándole un mechón de pelo de la frente.—Cuídate mucho, Itachi.

El asintió en silencio.

Itachi percibió la fragilidad de las lágrimas en los ojos de su madre, aun al momento en que éste abordó el auto. No se llevaba nada más, salvo la ropa y ahora el vehículo. Su auto, al fin y al cabo.

Arrancó el auto, mirando por última vez el césped, la fachada de aquel inmueble al que solía llamar hogar.

El nido que le había traicionado.

No valía la pena seguir en la misma mentira, nunca hubo un calor familiar, ni confianza...ni vínculos.

Se alejó, sin pisar a fondo, pero también sin mirar atrás.

Hogar es donde está tu corazón. Y su corazón dictaba un rumbo distinto…tal vez lo único que tuviese sentido ahora en su vida.

Lo único que necesitaba en su vida.

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Hacia dónde ir, no lo sabía. Lo que iba a hacer…tampoco lo tenía en claro.

Todo cuanto podía pensar eran sólo ideas inconexas, fantasmas que giraban en su mente con el impulso de un torbellino. Y sólo una salió a flote.

Itachi estaba en el interior del auto, con las manos acalambradas sobre el volante y sus ojos fijos en el vacio horizonte urbano que se cernía enfrente...hasta que la luz del semáforo cambió de color.

Unos cuantos bocinazos de los conductores a sus espaldas le devolvieron a la realidad, e Itachi movió la palanca de velocidades y dirigió el vehículo hacia el entronque que desembocaba rumbo a la carretera rural.

El lugar no era desconocido y de manera inconsciente, sabía perfectamente hacia dónde ir.

Sin embargo, no fue hasta que llegó, aparcando el auto en el escuálido intento de estacionamiento, cuando se dio cuenta de lo rápido que había embonado las piezas del plan emergente.

Todavía tenía los vestigios del coraje acumulado en la mañana, pero la mente estaba un poco más calmada y eso le había permitido pensar con serenidad. La decisión no era del todo difícil pero aun le costaba un poco asimilarla.

Antes de llegar a su casa, había tomado el celular, marcando al número del Banco Nacional de Konoha. El resto fue mera mecánica transaccional; el vaciado de sus cuentas personales a un número nuevo, ajeno del repugnante hueco que ahora representaba para él Uchiha Ad Worx.

Sólo fue su fracción personal. Su parte. Su dinero, que con justa razón y esfuerzo había ganado

Esfuerzo a costa de una vida inocente…

Ya pagarán, Itachi. Todo a su tiempo.

Y ahora, tras garabatear algunos dígitos en el reverso de un papel publicitario, abrió la puerta del auto y salió, sin dudar hacia el interior del edificio.

Casi la una de la tarde, y La Nube Roja permanecía con el mismo ambiente de taberna abandonada. Abrió la puerta encontrándose con la cara enjuta del llamado Kisame.

—Eh, chico listo, ¿Qué quieres?—preguntó con su tono habitual de carcelero.

Itachi se detuvo en el umbral, sin mirarle y con las manos en los bolsillos de su saco.

—¿Está Pein?

—Depende…¿para qué lo buscas? –habiendo un leve vestigio de confianza, pero a pesar de ello, Kisame no iba a quedarse sin proceder con la rutina de custodio.

—Asuntos. ¿Dónde está?

Kisame señaló con el nudoso pulgar la escalera que conectaba al piso superior. Otros dos "asiduos" de Akatsuki le contemplaban desde la barra; Hidan y Sasori.

Nadie dijo o comentó algo al respecto. Itachi se dirigió a la escalera, pasando por delante de un joven rubio que estaba concentrado con el lanzamiento de dardos hacia un panel de práctica clavado en la pared.

Justo enfrente de la puerta que daba a la escalera.

Deidara, se dio la vuelta con el semblante efusivamente molesto hacia Itachi.

—Eh, imbécil, ni se te ocurra distraerme –bufó socarronamente. Tenía un dardo sujeto en una mano e hizo la mueca de atizar al Uchiha con éste.

—Voy a pasar –Itachi dijo simplemente.

El rubio esbozó una mueca de burla, ´deteniéndose delante de él.

—¿Ahh siii? ¡Oblígame, U-chi-ha! Unh.

Itachi no respondió, sólo le tomó de la muñeca con que portaba el dardo. Ejerciendo presión le apartó sin esfuerzo a un lado como quien empuja una puerta corrediza. Deidara no profirió reclamo alguno y se le veía pálido.

Itachi avanzó, abriendo la puerta, subiendo la escalera y desapareciendo de la vista de todos.

—Hasta que te callaron, "Dei Dei"—se burló Sasori alzando el tarro de cerveza—¡Brindo por eso jajaja!

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—Sasuke…—ahora el tono de Sakura no dudaba. No había miedo tampoco, sólo una ligera extrañeza que ella misma no se podía explicar.

Naruto abrió la boca, pero no dijo nada. Hinata desvió la mirada y Sai se levantó con el pretexto de ir por una ronda más de soda, hasta que Ino le tomó del brazo obligándolo a sentarse de nuevo. Shikamaru hizo un ruido sordo con la pajilla del vaso.

Todo se quedó en silencio en esa mesa. Ojos expectantes en sólo dos personas: Sasuke Uchiha y Sakura Haruno. El joven de cabello negro tomó la palabra. El porte de su figura parecía más de un dictador que de un muchacho de preparatoria.

—Sakura, quiero hablar contigo –la oración sonó como una orden retrógrada de alguna especie de parlamento. Su rostro no reflejó ningún gesto o emoción, luciendo más gélido que de costumbre.

Se oyó un lejano chasquido, pero nadie atendió al origen o motivo de aquel sonido.

Sakura seguía contemplándolo detenidamente. Sentía las miradas de sus amigos sobre ella, pero esa no era la razón que la hacía sentirse como parte de un sueño. Un sueño raro en los que sabes que despertarás en cualquier momento, sintiéndote aun más cansada que antes.

No sentía nada efusivo. Veía a Sasuke y la sensación de emotividad o siquiera agrado o empatía, había desaparecido. Le veía, con la misma manera en que alguien ve a un simple conocido de años atrás. No había nada más…Nada.

Aspiró levemente y en cuanto apenas abrió la boca, advirtió el destello desafiante de los ojos de Sasuke. El brillo de su orgullo, manifestándose en sus penumbrosas pupilas.

—¿Para qué, Sasuke? –inquirió Sakura. El jade reluciente de sus orbes le encaró. Un acto sostenible, no con amplia valentía, pero con una seguridad que Sasuke no había visto, al menos en mucho tiempo.

El Uchiha ladeó levemente la cabeza, ocultando la contrariedad con la careta de desinterés. Notó algo en particular desde que Sakura le había hablado. Sasuke…sólo Sasuke. ¿No solía llamarlo Sasuke-kun?

—Sólo hablar…—y ahora el mismo Sasuke Uchiha comenzaba a dudar en el argumento. No por ella, sino por esa pregunta. Sólo era el impulso de hasta dónde podía llegar—…de nosotros.

Y los recuerdos de Sakura volvieron a varias escenas a la vez. Su último cumpleaños. Las flores…las malditas flores…y la visita determinante de Sasuke. El lazo se había roto ya, la cadena perdió un eslabón y no había ni cómo unirla ahora. No quedaba ni un ápice de aprensión, ni amor…ni ira. Sólo un vacío que comenzaba a llenarse, y no por Sasuke. Sakura conocía la respuesta.

—No –cortó ella. Dejó su vaso sobre la mesa, sin desviar el contacto visual. Y habló—Ya no hay un nosotros. Tú lo dijiste antes.

El sonido, similar al clic de una cámara volvió a escucharse. Nuevamente nadie prestó atención.

Sasuke no entendió. No porque no había escuchado, sino al contrario. Escuchó demasiado, aun más de lo que pudo asimilar.

—Hmp…—bufó Sasuke, teniendo las manos en el interior del bolsillo y sin quitar el aire prepotente de su semblante. Una máscara, una vil e hipócrita máscara que ocultaba el desconcierto que apenas sentía—Nunca dije exactamente que…

—Es que…—Sakura volvió a interrumpir.

Quiso decir más, pudo haberlo hecho pero el sonido fluctuante del timbre de su teléfono móvil interrumpió. Lo tomó de la pretina del estuche y sin siquiera mirar a Sasuke, se puso de pie. La mirada y el gesto formal era únicamente para sus amigos. Como si no hubiese nadie más.

El teléfono seguía sonando

—Ya vuelvo –dijo levantándose y pasando por un lado de Sasuke.

Él seguía allí…mientras el timbre de regreso a clase se oía a sus espaldas y la gente pasaba a su alrededor. Sus ojos mostraban el dejo de preocupación de alguien que ve caer una avalancha y se queda sin moverse, mirando como las toneladas de nieve arremeten contra su físico.

Si, ésa era la sensación. Una avalancha caía sobre él y Sasuke no podía ni siquiera argumentar algo. No podía , simplemente no podía.

El clic volvió a escucharse y tampoco Sasuke se preocupó por los comentarios de los entrometidos que le observaban, ni la sutil expresión de Sai y Shikamaru ni por la cámara de un maldito celular a tres metros de él…y a un Naruto muy entretenido en enfocarla.

—…el "teme" ha sido bateado…¡dattebayó!

No, Sasuke ni siquiera arremetió contra el dueño de aquel comentario. Sólo seguía pensando en una cosa una y otra vez.

¿Qué rayos había pasado?

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Tras llamar a Sakura, puso en marcha la siguiente secuencia del plan.

Itachi entró sin esperar saludo o permiso. Vio a Konan, sentada ufanamente sobre el escritorio de Pein, pasando una lima para uñas sobre la superficie cuidada de éstas.

Ella y el aludido hombre de cabello rojizo-naranja alzaron la vista sin expeler palabra alguna.

Itachi desvió la vista de la mujer y dejó el papel cuidadosamente doblado sobre el escritorio.

Pein abrió la boca, pero no dijo nada.

—Son las claves de las principales cuentas de la empresa –dijo Itachi sin emoción alguna—Los estados de las arcas y el estado porcentual de los contribuyentes.

El líder de Akatsuki tomó la hoja, ´la leyó con meticulosidad y volvió a doblarla, guardándola en el bolsillo de su camisa.

—Entiendo…—Pein entrelazó las manos sobre el escritorio, mirando altivamente a Itachi Uchiha—¿Entonces significa que podremos disponer de tiempo completo?

Itachi se dio la vuelta, respondiendo a sus espaldas.

—Eso parece.

Y así como había entrado, salió.

Sin pronunciar o rebatir gesto alguno. Sólo salió.

No quedaba más por hacer, al menos no aquí.

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Sakura había escuchado el argumento y los hechos del día, con la paciencia e interés que le caracterizaban. El calor estaba apaciguado, desapareciendo entre la brisa inicial de la noche que comenzaba a bajar su manto sobre el cielo de Konoha.

—Lo siento, Itachi…— Sakura sujetaba la mano del Uchiha. Estaba con la cabeza apoyada en su hombro y el techo del auto les tenía al refugio de las luces atezadas del atardecer—¿Qué haremos entonces?

Él le rodeó con un brazo, apoyando la coyuntura en el asiento. Un brillo tenue en su mirada apareció; un signo de prematura confianza y certeza. No era la primera vez que esa pregunta aparecía en su mente. La venía repasando desde que abandonó el edificio de Uchiha Ad Worx; siempre igual "¿Qué harás ahora Itachi?".

Pero Sakura había cambiado el pronombre. No era un Harás; era un "haremos".

Tal vez la única cosa buena en el transcurso del día.

—Hmp…pasaré la noche en uno de los moteles del centro—suspiró, con la mirada demasiado abstraída en las facciones de ella. —Por la mañana buscaré algún apartamento cerca. —se permitió una pausa dubitativa—¿aun quieres que continuemos con esto?

La respiración de la joven era tranquila, así como el aire de su semblante, ahora detenido fijamente en él.

—Te lo había prometido —dijo oprimiendo un poco más los nudillos de Itachi—y quiero cumplirlo, Itachi.

Sakura aspiró con premura el aroma de su colonia, intentando perderse entre la espesura de sus cabellos negros. Aun recordaba el breve encuentro con Sasuke en la cafetería, pero no quiso mencionárselo a Itachi. No valía la pena, no fue un dialogo extenso –al no haber más de tres frases de por medio, no se le consideraba un diálogo- y tampoco hubo un contacto emocional. Ya no había nada y si no lo había, ¿para qué desperdiciar saliva en ello?

Itachi ya tenía demasiadas preocupaciones encima y ella estaba dispuesta a compartirlas y ayudar, así como lo hacía él con las suyas. Pero también había batallas que Sakura quería librar por si misma. Sus asuntos personales, eran y serían personales.

Las palabras se borraron del ambiente, apremiando únicamente al contacto infranqueable de ambos. El mundo podría traer dolor, tragedia y miedo, pero allí estaban, el uno para el otro.

Como siempre debería ser.

Le sintió aproximarse más y él se lo permitió enteramente. Aprovechando la cercanía, buscó y encontró sus labios, con un roce tenue pero preciso. Sakura había subido los brazos hasta el cuello de Itachi y éste a su vez bajó las suyas, rodeando la cintura de la joven; sintiendo los pliegues de la falda escolar de Sakura.

Una mano se deslizó con premura entre uno de éstos, palpando delicadamente la piel. Un tacto que no se habían permitido mutuamente en los últimos días y que en este instante, se volvía más y más necesitado.

¡Y que Kamisama bendijese la privacidad que se podía tener en el interior de un auto!

Itachi exhaló levemente percibiendo que el calor comenzaba a tornarse un poco más pulsátil. Una vaga y lejana idea le acometió y jadeó sopesadamente al hacerle caso.

—¿Qué pasa? –preguntó ella, un tanto divertida por ver el sonrojo que el Uchiha trataba de ocultar y el hecho de que trataba de evadirle la mirada.

—Nada…—mintió Itachi con obviedad. Retomó su seria fachada—Sólo que pensaba que Shisui tenía razón en algo.

—¿En qué?

Itachi se aprestó a pasar una mano sobre el cuello de la blusa de Sakura, señalando el corte de ésta. Emuló una media sonrisa, fugaz y corta que Sakura complementó con el brillo expectante de sus ojos.

—Que debo estar completamente loco, por salir con una colegiala. —acercó su rostro hacia el de ella—Hmp…y no me importa.

Esta vez fue Sakura quien incitó el contacto. El rubor de sus mejillas y la tibieza de su piel evocaron un segundo jadeo en Itachi. Sentía sus manos temblar, con un pulso que llegaba peligrosamente hacia un interior más profundo debajo de la falda de Sakura. Ella lo permitía, haciendo menos y menos existente la distancia.

La evolución de las caricias, la proliferación de sus manos –las de los dos- en un coordinado vaivén que iba a todos los rincones físicamente permisibles, era algo que ya se cernía en el horizonte.

Pronto...aun era demasiado pronto, se recordó Itachi, haciendo un acopio interno por volver a la realidad. Demonios…Cálmate, hombre. ¡Piensa con la cabeza!...con la de arriba, precisamente.

El rojizo tono aflorando en las mejillas de Sakura se incrementó. Ella también preveía la situación, quizás desde un tiempo antes. Sin decírselo, porque eso también eran cuestiones meramente personales. Anticipada o no, le amaba. Le quería y estaba dispuesta a darlo todo por él…pero la cuestión física era un terreno aparte. ¿Itachi estaría pensando lo mismo? ¿Y si no? ¿Y si no era el momento de dar semejante paso?

Se separó, con cautela pero sin dejar que sus manos le soltasen el cuello. Acomodó el rostro entre el confortable y seguro espacio en el hombro de él. Ambos respiraban con avidez y Sakura sentía el latir acompasado de Itachi, como un motor constante y rítmico.

Itachi aun le abrazaba, agradeciendo internamente la pausa antes de que aquel calor hubiese provocado un incendio, físicamente hablando. Abrió un poco la ventanilla de su puerta, dejando que un poco de aire inundase el ambiente. En el acto, miró desinteresadamente su reloj de pulso.

Habló una vez que la respiración y la circulación de ambos retornó a su habitual función.

—Las siete en punto –musitó Itachi, acomodándose como debía en el asiento del conductor—¿Quieres…que te lleve a casa?

Sakura le había sujetado del brazo. Su rostro proyectaba una sutil sonrisa, tierna y todavía un poco ruborizada.

—Si.

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La noche había caído al llegar las ocho de la noche, cuando Hanako Haruno vio en claro la inflexible actitud de su hija.

Todo ocurrió después de ver que había llegado a casa, acompañada de ese…ese hombre.

Y maldita sea su suerte si no fuese en serio ahora, aunque en sus adentros, Hanako sentía que esto ya no era un berrinche de su hija.

La sola idea, le empezaba a estrujar el alma.

—Llegas tarde. –dijo viendo entrar a Sakura hacia el interior de la sala, dejar la mochila y el suéter e ir al refrigerador por un vaso con agua.

Sakura contestó sin mirarle.

—Estaba ocupada y perdí la noción del tiempo. Perdón, se que debí llegar a las seis como dije.

—No, de hecho lo que me sorprende es que regresaste. —dijo Hanako bruscamente—Si no hubieras vuelto, sería más tarde.

Sakura se encogió de hombros y encontró su murada. Atenta, inquisidora…y abatida. Cambiar de tema era una estrategia, no de cobardía exactamente, sino un medio sustancial de sobrevivir durante la hora de la cena.

—Parece que será un semestre relajado –comentó Sakura, sacando una manzana del refrigerador y un vaso de yogurt sin sabor—. Los viernes tendré dos horas libres en la mañana, antes de álgebra.

—No quiero que lo veas —su madre alzó más la vista. Su rostro, luciendo una burda imitación de un porte aristocrático y estricto.—. No te lo prohibí al principio porque creí que era un simple amorío de adolescente…pero ese señor va a arruinarte la vida, como ocurrió con la compañía de su familia.

—Mamá…—Sakura enunció ofendida. No pudo terminar la frase. No sabía como.

—Pues es la verdad —recalcó Hanako Haruno. Su rostro estaba un poco más pálido que de costumbre—. Es hora de que pienses las cosas y si tu no puedes hacerlo, yo lo haré por ti. Estas arruinando tu vida.

—¿Arruinando? —repitió Sakura. Ahora el enojo comenzaba a hacer mella; con esta sería la décima vez que su madre mencionaba el argumento y la resistencia comenzaba a flaquear.—. No lo creo, sé perfectamente lo que estoy haciendo y con quien. Itachi no es un desobligado y por lo menos sé que él y yo podemos…

—Tu no sabes nada —afirmó Hanako. Acabó el vaso de zumo que bebía y lo dejó sobre la mesa, volviéndose para mirar a su hija—Aun eres demasiado joven, siquiera para controlar tus gastos. El otro día eché un vistazo a tu libreta bancaria.

—¿Qué hiciste qué? —inquirió Sakura con los ojos muy abiertos.

Su madre no desvió el contacto visual. No flaqueó en ningún instante.

—Quería saber cuánto has gastado desde que se te ocurrió semejante estupidez—explicó—¿Resulta tan anormal? Tienes que ir a la universidad el año próximo. Por lo que yo sé, no están proporcionando educación universitaria gratuita en Konoha.

—¿De modo que simplemente entraste en mi cuarto y buscaste hasta encontrar mi libreta bancaria?—arguyó Sakura. Sus ojos verdes se volvieron penetrantes con la ira—. Quizás buscabas drogas también, o cigarrillos, o alguna prueba de embarazo.

Hanako abrió la boca asombrada. Posiblemente había esperado manifestaciones de dolor y coraje, pero no esa furia fulminante.

—¡Sakura Haruno!

—Bueno, ¿porqué no? —gritó Sakura a su vez—. ¡Pensé que ése era asunto mío! ¡Kamisama sabe que pasaste suficiente tiempo diciéndome que era mi responsabilidad! ¡Siempre!

—Estoy decepcionada de que te sientas así, Sakura. Decepcionada y ofendida. Te estas portando como…

—¡¿Madre, cómo crees que me siento?! Toda mi vida he hecho rotundamente lo que me has pedido. Todo. Tenía oportunidades y algunas las rechacé porque me dijiste. Pude haber conseguido trabajo de medio tiempo en la florería con Ino y dijiste que no. Salir un fin de semana entero a acampar con mis amigos y también te rehusaste a darme permiso. Toda mi vida ha sido a tu antojo y ahora que quiero algo, que realmente estoy segura de algo, no lo dejaré pasar.

Hanako se levantó hacia ella con un movimiento severo.

—En julio tenía la esperanza de que tomaras un curso propedéutico para la universidad —aseveró—. ¿Y qué hiciste? Te estás involucrando con un tipejo del que no sabes nada mas allá de que es el hermano mayor de tu ex novio. –se cruzó de brazos—tienes una oportunidad delante de tus narices, un futuro para tu educación. Tu educación, Sakura. Puedes hablar todo lo que quieras sobre el hecho de que haya husmeado en tu alcoba, pero ésa es la realidad.

—Escucha…

—¡Ese hombre es un maldito asesino! ¡Eso o esta encubierto en peores cosas! ¡Renunció a su propia empresa, ninguna persona respetable haría eso! ¡Sakura, abre los ojos de una vez!

—¿Te puedo decir unas cosas o no?

—Adelante, pero no van a importar.

—En primer lugar lo siguiente –afirmó Sakura—Si echaste una ojeada más que superficial a la libreta de ahorro, debes haberte dado cuenta que la suma de mis ahorros no bajó mas que unas cifras y eso porque ayudé a Naruto con la mitad del gasto de sus libros. Se lo debía. Y desde que salgo con Itachi no he gastado nada, él siempre lo prevé todo.

—Hablas como si te diera orgullo –completó Hanako airadamente.

—Así es.

Sakura la miró directamente y sin vacilar.

—Eso no te servirá para nada si no consigues entrar a una buena escuela –replicó Hanako—Y si tus calificaciones bajan…

—¿No importa lo que diga yo verdad?

—Creo que esto ya ha ido demasiado lejos.

—No importa, ¿verdad? Pues cuando te decides acerca de algo, no oyes, no ves, no piensas.

Sakura miró a su madre y ésta a su ves devolvió el gesto. Tenía los ojos congelados. Inmóviles.

—Sé porqué no lo quieres ver. Porqué no quieres darte cuenta —prosiguió Sakura con la misma voz suave—no se trata del dinero, tú lo sabes. Lo que pasa es que ya no soportas el hecho de que ya no me tengas de la oreja, como siempre ha sucedido conmigo.

El rostro de Sakura estaba levemente enrojecido y sus ojos estaban tan vidriosos como el cristal de la ventana. No se quebraría, no se doblegaría. Lo había prometido a Itachi. Lo cumpliría, por su bien y el de ambos.

—Todas esas cosas liberales acerca de cómo la familia decide las cosas en conjunto, las discute en conjunto, las aclara en conjunto. –dijo Sakura, sintiendo que su voz bajaba y subía sin que la pudiese controlar, —no obstante, tú siempre has escogido mi ropa, los zapatos para la escuela, con quién debo salir y con quién no. Tú has decidido todo por mí—suspiró y la frase salió como un estornudo—Bueno, esta es la única cosa que no quiero que controles…

Hanako alzó la mano. Fue la segunda vez, desde hacía semanas. La segunda vez desde toda la vida y el sonido de la bofetada fue como el disparo de una pistola en medio de la sala.

De manera abrupta y silenciosa, Hanako Haruno rompió a llorar. Representaba un fenómeno análogo al de la lluvia en el desierto. Sakura lo había presenciado tres o cuatro ocasiones en toda la vida, y en ninguna de ellas había constituido ella la causa de las lágrimas.

Una especie de incrédulo silencio reinó en la casa, y asombro porque las cosas hubieran llegado tan lejos.

De algún modo, a través de la debilidad de las lágrimas, Hanako logró decir:

—No quiero volver a verte con ese sujeto. No mientras vivas en mi casa.

Sakura contestó fríamente.

—No te preocupes por eso, madre. —se acercó al primer escalón rumbo a la planta alta. Antes de dirigirse a su habitación, le miró por última vez—Gracias por ser tan comprensiva…muchas gracias.

Y subió, desapareciendo de la escena, como una sombra silenciosa.


...siguiente capítulo

"El Codiciado Sabor de un botón de Cerezo"


Nuevamente, tomen en cuenta el nombre del capítulo. Trataré de ser lo más objetiva posible en este aspecto (trucos narrativos jeje).

Pues solo me limito a adelantar dos cosas:

Lemon...no precisamente lemon aun...los ánimos entre el Uchiha mayor y la chica de rosa comienzan a subir poco a poco de tono...y creo que ya se dieron cuenta con esta pequeña escenita ¿verdad?...pues ahora aguarden el resto. :3 (ademas de que NO voy a poner una escena mas intensa sacada "de la nada", seamos logicos y realistas)...ya tendran su momento. Todo con calma (inserten la risa maquiavélica de la autora).

Akatsuki...quieran o no, esta organizacion mafiosa-delictiva tiene mucho que ver y sobretodo mucha importancia (para bien o para mal) en Itachi ahora. Sólo aguarden...

Bien, creo que es todo por ahora. Sigan pendiente de esta emocionante Naru-novela y...nos leemos el viernes, como siempre.