Helloses!! Bueno, ya no sé qué cosas poner aquí, me repito más que el ajo, la verdad xD. En fin, ya he terminado el capítulo 21, que yo pensaba que no iba a poder publicarlo (me ha pasado como la semana pasada xD). Pero no, finalmente aquí estoy, incluso a tiempo. Tengo que decir que ahora ya sí sé cuándo llegará el final del fic. El definitivo y sin continuación posible. Creo que, si mis cálculos son correctos, para el capítulo 23. Ése será el último, y si no es así, yo aviso, eso queda por descontado xD. Así que nada, como se acerca el final, quiero daros las gracias a todo el mundo por seguirme desde Junio (fue ahí cuando empecé? xD) y hacer que llegue a más de 140 reviews. Valéis mucho, fei chang xie xie!! (es decir, "Muhas gracias!!" en chino xD). Espero que os guste este capítulo. El final no es del todo bueno, pero en fin, el principio a mí me gusta bastante (hasta que aparece la conversación con Itachi, vamos xD). Que lo disfrutéis si podéis xD.
21. Helado De Sangre Caliente
Encerrado en el dormitorio, el pelirrojo se pasaba las horas meditabundo, sin percatarse siquiera del paso del tiempo sobre su propia persona. Hablaba poco conmigo y dormía menos aún, pero ni siquiera en la oscuridad de la noche, cuerpo junto a cuerpo, se resignaba a dirigirme la palabra. No era como si estuviese enfadado, sino más bien una desgana general y constante que denotaban sus palabras las escasas veces que no tenía más remedio que contestar a mis preguntas; eran ese tipo de conversaciones en que uno pregunta, buscando entablar un diálogo coherente, mientras el otro se limita a responder lacónicamente con monosílabos, imposibilitando la tarea del primero.
Esta situación me recordó sobremanera a aquel período de nuestra vida en que Gaara luchaba contra sí mismo para repeler y rechazar las drogas que él mismo había empezado a consumir, voluntariamente. Era extraño: no conseguía encontrar ningún punto en común entre ambas cosas, pero sin embargo, algo había envolviendo el ambiente que me hacía tener esos momentos en mente. Independientemente de que reaccionara de la misma forma autista y solitaria, no había ningún punto de comparación.
De vez en cuando me adentraba en la penumbra de la habitación, para intentar conseguir algo más que unos simples bocados por su parte a la hora de la comida. Pretendía hacerlo hablar, que reaccionase, que no se sumiera en el recuerdo de algo que le hacía hundirse cada vez más, en lugar de superarlo asumiéndolo como él solo pensaba. Había intentado persuadirlo de que fuese al médico, tanto por la parte física en que estaba dañado como por la psicológica; seguro que allá la ayuda sería más grande que la mía. Pero entonces se enfurecía y me gritaba, advirtiéndome que no pensaba hacer lo que le estaba pidiendo. Se disponía a afrontarlo él solo. Tan sólo permitió que, al menos, yo echase un vistazo a la herida que tan brutalmente le causaron, para el repugnante placer de otros.
No vi a Itachi en todo ese tiempo. Fueron unos días extraños, como ralentizados con respecto a la velocidad normal del transcurso de las horas. A veces los segundos se me hacían eternos mientras que otras las horas se me antojaban efímeras. Pero mi hermano no aparecía en ningún momento por casa, ni siquiera daba señales de vida. A ratos me preocupada por él, creyéndolo en un problema semejante o en otro ocasionado por él mismo buscando a la panda, pero en otros momentos casi me olvidaba de él, centrándome en el pelirrojo. De hecho, casi pensaba en Naruto tan sólo para estar pendiente de él. No lo podía evitar, así que acabé por llevarlo con Chiyobaa-sama porque mi mente parecía a punto de explotar con la infinidad de cosas que revoloteaban por ella.
---
Se iba haciendo tarde para sentirme despreocupado. Conforme el reloj seguía su curso sin importarle lo que ocurriese alrededor, yo me iba convirtiendo lentamente en un ente vacío y alarmado por todo. Me estaba desmoronando sin control y mi familia, la que había llegado a reconocer felizmente, estaba cada vez más degradada. Naruto pasaba ya casi todo el tiempo con la vecina. No me molestaba en recogerlo para que viera a Gaara; total, éste apenas mostraba interés por nada, ni siquiera por él. Me limitaba a ir yo a verlo y poco más. El pelirrojo seguía sin salir del dormitorio y algunas noches incluso dormíamos separados –yo en el sofá- porque ese día había resultado mortal en su cabeza. Había languidecido de lo poco que comía, y ese poco era fruto de mis insistencias que culminaba en un ligero forcejeo, obligándolo a comer. Sus ojos estaban llenos de ojeras, mucho más de lo habitual, y sus mofletes hundidos le daban un aspecto de muerto viviente escalofriante. Itachi, por su parte, había desaparecido del mapa. Desde que se fue no volvió por casa ni se dignó a hacer una simple llamada telefónica. Era como si se lo hubiera tragado la tierra, aunque en realidad ya podría estar en el mismo portal de mi casa, que yo no me iba a dar cuenta. No salía para nada salvo escasísimas ocasiones para comprar lo necesario, y me daba tanta prisa que a veces me sorprendía a mí mismo corriendo sin resuello por volver junto a Gaara. Me asustaba que pudiera hacer cualquier tontería tras sorprenderlo, en una ocasión, murmurando algo incomprensible pero semejante a: "si me muero, la serpiente se irá de mi cabeza". Así acabé yo, del mismo modo con ojeras, sin poder descansar nada aunque durmiese casi siempre a su lado y abrazándolo.
Tanto trabajo y esfuerzo para estar unidos, para aceptar lo que no quería… tantas esperanzas en una nueva vida en la que poder borrar de mi mente el doloroso recuerdo de mi esposa; y ahora, en un soplo de viento, todo se había deshecho como un castillo de arena. Todo a lo que había aspirado, en realidad, había expirado.
---
Algunos días, quizá semanas, pasadas ante mis ojos como quien ve llover. No tenía noción del tiempo siempre metido bajo un techo que me apretaba las entrañas y me cortaba la respiración, las alas para volar y las ansias de querer seguir caminando. La casa se había ido convirtiendo paulatinamente en un seudo-zulo involuntario, lleno de penumbras y con un silencio sepulcral. Algunas pocas veces me sentía demasiado cansado mentalmente como para seguir soportando aquello y abría algún resquicio en una ventana y me quedaba durante horas aspirando un poco de aire y deleitándome con la luz del Sol; otras, me encendía la televisión y me tiraba en el sillón, sin mirarla siquiera, al menos para poder sentir un poco de sonido que no fuese mi propia voz. Pero siempre acababa dormido sin más.
Cada día que pasaba se me hacía más largo que el anterior. Había pensado que podría llevarlo yo solo y sin ayuda, que conseguiría apartar los fantasmas de un pasado demasiado cercano de la vida del pelirrojo. Por ello accedí a su petición –exigencia- de no llevarlo a un hospital o hacer venir al menos a un psicólogo a casa. Pero me empezaba a dar cuenta que yo no era lo suficientemente fuerte como para soportar aquello sin nadie a mi lado. Los sentimientos oscuros y de pesadumbre habían recubierto las paredes de la casa y flotaban en el ambiente, contagiándome incluso. Y ya era tarde para dar marcha atrás y obviar los gritos de Gaara al mencionarle dicha ayuda. Ahora tampoco yo me veía lo suficientemente capacitado para aceptar que alguien entrase en casa pretendiendo ser el salvador.
---
¿Las tres de la tarde?
Quién lo hubiera dicho. Acababa de abrir un ojo para mirar el despertador de la mesilla. Mi cara estaba adormecida, aplastada sutilmente contra la almohada de la cama. Mi visión se reducía a la tenue lucecita roja que refulgía en el aparatito a veces molesto. Mis músculos no querían reaccionar con normalidad ante los estímulos de mi cerebro. Era como si me hubieran sacado de mi propio cuerpo y ahora éste no me obedeciese a mí. Me hundía en el colchón pesadamente y me agobiaba la aparente incapacidad que sentía para cambiar al menos de postura.
Con un gran esfuerzo, conseguí girarme para observar a Gaara. Como una estatua de mármol, se mantenía de medio lado, dándome la espalda y encogido sobre sí mismo. No se movía. Parecería muerto de no ser por el leve vaivén de su respiración incontrolada. Y a pesar de su pasividad, yo sabía, indudablemente, que no dormía.
Me dolía verlo en aquel estado. No podía evitar compungirme cuando me quedaba simple y llanamente parado, mirándolo sin saber qué hacer o decir ni poder mostrarle el cariño que tanto acumulaba para con él y que tanto me dolía retener.
Suspiró. Arqueé las cejas sorprendido. Sabía que había sido un suspiro demasiado intrépido y espontáneo que incluso a él debió sorprenderle, haciendo que no pudiese detenerlo a tiempo. Pero al menos un rayito de esperanza brotó en mi interior, resquebrajando la oscuridad que se había apoderado de mi cuerpo. Un suspiro significaba ahora, para mí, al menos una vía de escape para que desahogase todo lo que llevaba guardando.
Me acerqué a él y le rodeé el cuerpo con un brazo, apegándome todo lo que pude a su cuerpo y hundiendo la cabeza en su espalda. No sabía si le hacía daño, posiblemente sí, pero aunque así fuera, no dejé de aprisionarle el pecho con vehemencia, atrayéndolo a mí con determinación. Él se sobresaltó, acostumbrado ya a que yo respetara su espacio personal, ampliado enormemente en ese tiempo. Pero no me importaba incomodarlo. En ese instante concreto, no.
-Gaara, por favor… -supliqué al borde, para mi sorpresa, de las lágrimas-, dime algo. Levántate de la cama y vuelve a ser tú. Sonríe como siempre lo has hecho. No te quedes ahí parado sin importar cómo pasa el tiempo.
Sin reacción.
Me quedé un rato callado, dándole un poco de tiempo para que asimilase mis palabras y pudiese contestarme. Pero en el fondo de mi ser sabía que eso no iba a pasar, que él seguiría ausente del mundo y de mí y continuaría sumiéndose en su sombra personal.
-Pequeño, tienes que ser fuerte y olvidarlo. Empecemos de cero, sin importar todo lo que ocurriese. Intentemos cumplir un sueño silencioso y que sobre todo tú llevabas acumulando tantísimo tiempo. Deja que te quiera como siempre quisiste que lo hiciera.
-Llega un momento… -habló. Para mi sorpresa, al fin había dicho algo ajeno a gritos incoherentes en contadas y limitadas ocasiones-, en que una persona deja de tener sueños. Pero sobre todo, llega un momento en que una persona deja de querer e intentar cumplirlos.
No era la respuesta que esperaba. De hecho, me asustaba incluso las palabras que había utilizado. Pero, como se suele decir, la curiosidad mató al gato…
-¿Qué momento es ése?
-El momento en que el sueño más ansiado, el que te impide dormir –dijo con la voz queda, arrastrando los sonidos como si no le apeteciera hablar. No se había girado para mirarme, sino que seguíamos sin vernos las caras, tan sólo escuchándonos en mitad de la nada de la habitación-, es el de arrebatarte a ti mismo la vida en la que ya no quieres más sueños estúpidos.
Me quedé en silencio mientras, despacio, iba mojando levemente la espalda de Gaara con las lágrimas que se disputaban el primer puesto por salir de mi cuerpo en un vano intento por expulsar, además, un dolor tan arraigado y profundo que ni llorando se desvanecía.
---
Otro inútil intento. Nuevamente mis esfuerzos por hacerle cambiar habían sido en balde. Ya no sabía qué más hacer. No es que hubiera probado de todo hasta la saciedad, pero mi imaginación parecía brillar por su ausencia, impidiéndome dar con una manera para sacar a Gaara de su estado de trance forzado y de abandono poco voluntario, al parecer.
Acabé por dejarlo solo, una vez más. En ese momento preferí paliar mi propio dolor antes que el suyo. A fin de cuentas, no podría ayudarlo a él si antes no me ayudaba a mí mismo. Sabía después de todo que en el dormitorio no podría hacer nada ni llevar a cabo ese sueño que tanto parecía atormentarlo últimamente, sin salir de sus ideas tan enraizadas. Ni siquiera sabía cuándo empezó a pensar así, pues al darme la noticia se le veía como deseoso de poner fin a esa etapa de su vida, no a ésta en su conjunto.
De pronto la puerta de la casa se abrió con precaución, de un modo tranquilo y paciente, como si no le importase tardar una eternidad en mostrar lo que había en el interior. Me asomé a la entrada y, para mi sorpresa, vi a Itachi cerrando la puerta a sus espaldas, con Naru-chan en brazos y enganchado a su cuello. Se me quedó mirando un ratito muy breve y después paseó la vista por las paredes y el techo, fijándose indudablemente además en el ambiente y en la oscuridad.
-¿Se puede saber qué es esto?
Abrí mucho los ojos, sorprendido ante la pregunta. Como si eso fuera lo único discordante en toda aquella situación. No parecía haberse parado a pensar que él llevaba semanas sin aparecer ni dar señales de vida.
-¿Qué? No,. ¿mejor se puede saber dónde has estado tú? No sabía nada de ti. Pensé que te había ocurrido algo. ¡¿Es que no podías avisar?!
-Vale, vale, perdona –se excusó un tanto despreocupado, como si todo aquello no fuera con su persona-. Pero no te pongas así, hermanito, que no ha sido para tanto.
-¿Qué no ha sido para tanto? Echa un vistazo en el cuarto y luego dime –dije yo señalando con el pulgar por encima del hombro, sin volver el rostro hacia atrás.
-Oye, oye –se apresuró a decir él, a la defensiva-. Eso no es culpa mía. Que yo me haya ausentado tanto tiempo no tiene nada que ver, salvo el que encima lo hice precisamente por eso a lo que te refieres. Fue una consecuencia, no una causa.
Me quedé en silencio.
-De acuerdo, lo siento. No puedo más…
Me tiré en el sofá, abatido. En el fondo, me aliviaba ver a mi hermano y sin problemas. Eran bastantes las dudas y preocupaciones las que se fueron de golpe al cruzar unas pocas palabras con él. Además me sentí impulsado por un pequeño sentimiento de esperanza al verme, quizá, ayudado y respaldado por alguien más que pudiese colaborar para con Gaara.
-Estuve dándole una paliza de no te menees a esos gilipollas –explicó de repente mi hermano, como si fuera la cosa más normal del mundo lo que decía. Al principio me sentí un poco sorprendido, pero en el fondo, me daba igual-. Pero eran tres, no me fue tan sencillo como pensaba. Yo no salí de rositas al final.
-¿Estás bien?
-Ya sí.
No me gustó nada que empleara ese "ya", pero imaginar el pasado cuando el presente estaba tan claro, en este caso, era absurdo. Mejor dejar las cosas como estaban y alegrarme por tener a mi hermano de vuelta y de una sola pieza. Suspiré profundamente, como si me hubiera quitado de encima uno de los grandes pesos que llevaba bastante tiempo cargando a las espaldas.
-Bien,. ¿ahora ya me vas a decir qué está pasando?
Me encogí de hombros, apesadumbrado. No me atrevía a materializar con palabras todo lo que sentía. Habría sido como reconocer mi propia incapacidad para hacer las cosas bien. Dejé que las cosas se explicasen por sí solas, que bien podían hacerlo sin problemas.
-Sasuke-kun… –me habló muy serio, aún con el niño sobre sus brazos, que lo miraba todo intentando reconocer, supongo, la casa en la que vivía-,. ¿te parece normal que haya tenido que recoger a tu propio hijo de la casa de tu vecina porque no has sido capaz de estar pendiente de él?
-¡Oye, si…!
-No me vengas con ésas –me reprendió, casi enfadado. Era muy fácil predecir cuáles iban a ser mis palabras antes de que él las cortase-. No hay excusa que valga. Y el autista de tu novio tampoco tiene excusa ninguna. Ahora mismo lo vas a levantar de la cama y os vais a ir los tres a la calle.
-Pero…
-Ni peros ni leches… -habló autoritariamente-. Yo me encargaré de volver a hacer habitable este… esto. Ya basta de encerrarse y auto-compadecerse, joder. La vida sigue, a ver si aprendemos a no obcecarnos en la mierda del pasado.
Miré a mi hermano aturdido, sin llegar a entender nada de lo que estaba diciendo. Para ser más exactos, lo entendía bien, pero me resultaba extraño, tanto que casi prefería no comprenderlo. Tenía que reconocer que había sido más cómodo dejar las cosas surgir lentamente, ya fuera por el lado bueno o no. El tener que moverme yo para guiarlas por el correcto se me antojaba una tarea tediosa y casi irrealizable.
Pero ya estaba bien de seguir, como decía Itachi, obsesionados con algo que debía ser olvidado. Había que levantarse y luchar por lo que queríamos; si era un poquito de felicidad momentánea, el conseguirla sería mucho más meritorio cuando la habíamos provocado nosotros.
---
Tras unos cuantos gritos y finalmente un empujón bastante brusco de mi hermano, el pelirrojo aceptó salir a la calle a dar un paseo con Naruto y conmigo. La situación era rara: él no decía nada a no ser que le preguntase, no miraba a ningún lado. Tan sólo caminaba cabizbajo. El rubito ya no correteaba cerca de nosotros, sino que iba despacio dándome la mano, mientras yo trataba de mantener una conversación, ignorando el hecho de que eso se trataba, más bien, de un monólogo bastante vergonzoso.
Por suerte la calle no estaba atestada de gente. Hubiera sido un palo un poco duro para Gaara, que ya de por sí se le veía nervioso y con un ligero temblor de hombros al intentar esconder el de todo el cuerpo. Quise rodeárselos con mi brazo, infundiéndole valor y apoyo, pero él se zafó, creo que más histérico aún. Seguramente en la calle le costaba más aceptar cualquier tipo de contacto, aunque viniese de mí.
-¿Queréis un helado? –pregunté intentando hacerlos reaccionar un poco a ambos, ya que había llegado a sentirme solo, como si anduviera por la calle con dos muñecos sin personalidad ni vida.
Naruto se puso entonces como loco a decir que sí mientras sus ojitos brillaban de emoción y daba saltitos delante de mí, repentinamente motivado. Gaara, por su parte, tan sólo se encogió de hombros con un silencioso "vale", al tiempo que se paraba en mitad de la acera. "Bueno, al menos parece que algo sí tienen claro", pensé resignado.
-Bien, esperad entonces aquí –les dije mientras me dirigía a la heladería más cercana, que se encontraba tan sólo a unos metros de donde estábamos nosotros. Precisamente se me ocurrió aquella idea porque la vi en la insignificante distancia. Después, seguiríamos con nuestro apacible paseo…
Me interné en la tienda al fin y esperé a que atendiesen al resto de clientes que, como yo, había pensado en la opción del helado para ir caminando por la calle tranquilamente. En el fondo, me sentía un poco más contento que cuando me hallaba encerrado en casa, tan avasallado por el pesimismo y las pocas ganas de cambio. Me giré para mirar adonde estaban ellos dos, esperando verlos al menos igual de tranquilos y silenciosos que como los dejé, no de aquella forma tan grotescamente hiperactiva.
El pelirrojo corría detrás del rubito con la cara desencajada, la misma que se me quedó a mí mientras del mismo modo salía embalado del establecimiento para alcanzarlos, sabiendo de antemano que no iba a conseguir nada más que cansarme en la carrera; pero en ese momento a mi mente no le importaba nada excepto correr, correr, correr…
-¡¡Naruto!!
El pelirrojo gritaba como vuelto a la realidad, preocupado más por lo que se avecinaba que por lo que hubo pasado anteriormente. Y no era para menos. Mi hijo se había adentrado en la carretera, justo cuando un coche avanzaba a toda velocidad hacia él, como si estuviera dispuesto a llevárselo por delante.
Mi corazón se me iba a escapar por la boca, mientras unas pocas lágrimas volaban por el aire marcando el recorrido que habían seguido mis pies en el desenfrenado propósito de llegar hasta él a tiempo. Cuán optimista podía ser al pensar eso, pues ni siquiera Gaara fue capaz de alcanzarlo a tiempo.
Esos escasos segundos se alargaron por toda una eternidad que quedó grabada a fuego como las huellas en el asfalto al acelerar, sin el más mínimo interés en pararse. Fueron unos segundos armados con puñales que acuchillaban por allá donde pudiesen, sin compasión, sin orden ni concierto, hiriendo con saña y hundiéndose en la piel hasta acariciar los órganos que permitían sobrevivir.
Llegué a darme cuenta, sin darle importancia, que el sudor me provocaba un escozor insoportable en las heridas que mis propias uñas habían ocasionado en las palmas de mis manos. ¿Y todo para qué?
Aquí llega el final del capítulo. Sé que lo dejé un poco impreciso, pero prefería que así fuese. De todas formas creo que quedó bastante claro, no? Sino, pues ... en el siguiente se aclararán dudas, de eso estoy más que seguro xD. Ahora voy a contestar un review que me ha hecho ilusión (finalmente, como pronostiqué, se unió un chico al fic, aunque haya sido ya para el final, pero bueno xD). Muchas gracias a todo el mundo, de nuevo.
..:://Agatsuma Soubi\\::.. : hola!! Bienvenido, es todo un honor xD. Muchas gracias por lo que dices, espero que sigas leyéndola, total, para dos capítulos que quedan ... como ves, aquí la continuación, más rápida de lo que podrías pensar quizá, no sé xD. De todos modos, a ver si volvemos a coincidir por el msn y hablamos, solecito xD. Cuídate tú también, baaai!!
