20. La visita más extraña.
-¿Bella?
Se giró de un golpe ahogando un grito y dejó caer la tapa del cubo donde metía la basura tras haber recogido la cocina de la cena cuando oyó una voz en su espalda proveniente de la oscuridad.
Tuvo que forzar los ojos porque aunque la voz le resultaba familiar, no la silueta: alta y corpulenta.
-¿Ja…? ¿Jake?
Hacía meses que no veía a Jacob Black. Habían hablado alguna vez por teléfono por el verano, pero tras la advertencia del día del Baile de Graduación donde le fue a decir que en La Push querían que dejase a Edward, la recién recuperada amistad de la infancia con Jake, nunca avanzó a más. De vez en cuando él y Billy Black venían a la sesión de los Mariners con Charlie pero en los últimos tres meses ella tampoco había estado demasiado comunicativa así que…
-Hola- dijo saliendo totalmente de las tinieblas.
¡Vaya! ¡Vaya-cómo-había-crecido! La última vez que le había visto – o se había fijado – era un enclenque chico de 16 años, delgado y tan alto como ella. Solía ir desarreglado y llevar el pelo largo, pero ahora la ropa se le ajustaba a lo que parecía un musculoso cuerpo y sus greñas habían desaparecido por un moreno y cortito cabello.
-¿De dónde sales? ¿Y Billy?
-He venido con unos amigos- señaló algo en su espalda-. Pasábamos cerca y quería saludarte.
-Ah, pues…- miró a su alrededor pero en la oscuridad no vio a nadie- Hola- sonrió- ¿Quieres pasar? Estás empapado.
-No, gracias. Es una visita rápida.
Bella asintió y esperó allí, resguardándose de la lluvia bajo el tejadillo de su casa a que Jacob Black hablara.
-¿Así que tu novio ha vuelto?
Jacob Black hablando de Edward. Menuda novedad. En La Push tenían una especie de fijación con Edward desde el accidente de Phoenix del que le hacían el único responsable aunque ella había explicado una y otra vez que no. Y con su marcha las cosas parecían no haber mejorado.
-Eh, sí. Volvió la semana pasada. ¿Por qué?
-¿Van a volver el resto de sus hermanos?- insistió.
-No. No por ahora- dijo- Sólo ha vuelto Alice, la más joven. Los otros están en la Universidad.
Volvía a estar en la rutina de soltar las mentiras que usaban los Cullen como tapadera para su doble vida. Había cosas que en tres meses no se olvidaban.
-Bella, en la reserva siguen pensando lo mismo: los Cullen no son buenos. No es bueno que te relaciones con ellos.
Atacada y cansada, Bella respondió:
-¿Y tú, lo piensas? Una vez me dijiste que todo lo que decían en la reserva de los Cullen eran sólo cuentos. ¿A qué viene este interés repentino por Edward y sus hermanos?
-A que han cambiado muchas cosas y me preocupo por ti. Somos amigos, ¿no?
Iba a contestarle que claro que lo eran y que aunque él no lo entendiera los Cullen eran magníficos y que puede que nadie supiera lo mucho que Edward había cambiado y que seguro que ambos podrían ser hasta amigos, pero Jacob reaccionó a una llamada que sólo él escuchó, poniéndose alerta y mirando a su espalda.
-¿Qué ocurre?- dijo ella extrañada.
-Tengo que irme. Me esperan. Ten cuidado, ¿vale?
-¿Con quién hablas, Bells?
Pestañeando lentamente, dejó de mirar del sitio donde había desaparecido el chico para dirigir la vista a su padre, en las escaleras del porche.
-Con…- negó con la cabeza, a la oscuridad- el vecino.
Tapó bien el cubo y miró sobre su hombro. Era la visita más extraña que nadie le había hecho y eso que durante meses un vampiro la vigilaba mientras dormía. Explicárselo a Charlie, ¿para qué? Últimamente parecía que no se creía todo lo que le contaba y no quería que se enfadara y tardara en irse a la cama más de lo habitual hoy que Edward iba a venir a verla como antaño.
-Entra, o te empaparás. ¿Qué te he dicho de salir a oscuras al bosque? Esa cosa está por ahí acechando y aún no hemos dado con ello.
Dando unos saltitos para esquivar un par de charcos que casi la hacen resbalar y caer de bruces en su acera, llegó hasta el porche.
-No estaba en el bosque, papá. Estaba en el lateral de la casa.
-Da lo mismo. Es muy tarde y está muy oscuro. A partir de ahora, yo sacaré la basura.
¿Aquello era una preocupación paterna normal o pensaba que se citaba con Edward en torno a los cubos de la basura?
-Como quieras- se dio por vencida- Voy a subir a darme una ducha y a acostarme, estoy muy cansada. ¿Mañana irás a pescar?
-Sí.
-Que te diviertas- dijo en una sonrisa.
-Y tú… en tu salida de compras con Alice Cullen.
Bien por Charlie. Casi había pronunciado el nombre de la hermana de Edward si fruncir el ceño. La pequeña vampira había hecho de coartada cada día – nublado – a la salida del trabajo para que ambos pudieran estar juntos y acompañar a Bella a casa a los ojos de Charlie. Se le había permitido la entrada como había prometido así que ella misma urdió el plan de una salida de compras el sábado, lo que Charlie no pudo negar más que dando un gran suspiro.
Asintió sin borrar su gesto y caminó escaleras arriba. Cuando llegó al piso superior, se volvió y como se temía que Charlie estaría observándola de nuevo, sonrió otra vez y saludándole con la mano como despedida, entró en su habitación.
Mentalmente repasaba que debía recoger la ropa sucia antes de que Edward llegara, se quería lavar los dientes, cepillarse el pelo y darse esa ducha, pero apenas pudo cerrar la puerta porque ya tenía dos visitantes en su habitación: uno sentado a los pies de la cama y otro en el alfeizar de la ventana. Y ambos calados hasta los huesos.
-¿Qué hacéis aquí tan temprano? ¡Charlie aún está despierto! ¡Puede oíros!
Nadie contestó. Alice parecía una piedra, con los ojos cerrados, las manos en las sienes y en trance. Y Edward parecía muy ocupado en tiritar: el pelo le goteaba, tenía la piel blanca y los labios ligeramente amoratados. Algo que en un primer lugar no le llamó demasiado la atención porque era muy parecido al aspecto del Edward vampiro, pero los ojos verdes en toda aquella figura fantasmagórica eran bastante llamativos.
-Alice ha captado el olor de nuevo de esa cosa del prado. Casi nos chocamos con ello. Dice que toda esta zona está impregnada con su olor.
-¿Esta zona? ¿Ha estado cerca de mi casa?- preguntó ella alarmada.
-No puedo verlo- murmuró Alice en su trance- Es imperfecta. Mi visión es imperfecta. No podía ver a aquellos chicos tampoco. En el bosque no debía haber nadie.
-¿Qué chicos?- preguntó Bella.
-El olor le vino cuando estábamos a unas manzanas de aquí. Entonces vimos a unos chicos cruzar por delante.
-¿Jacob y sus amigos?
-¿Jacob?- repitió Edward.
-Estuvo aquí, hace un rato. Dijo que pasaba cerca con unos amigos y sólo quería saludarme- respondió- Jacob Black- añadió en su explicación- El hijo de Billy, el amigo de Charlie, de la reserva.
-Sé quien es. Lo recuerdo perfectamente- escupió- A él y a sus pensamientos el día del Baile de Graduación. Como a su padre- se incorporó para dirigirse a Alice- ¿Ves a ese chico, Alice?
Sólo negó y siguió concentrada.
-¿Y si la cosa le hace daño a Jacob y a sus amigos?- insistió Bella.
Entonces Alice reaccionó. Abrió los ojos de golpe y como si estuviera ciega tentó con los brazos en busca de Edward para sujetarse.
-Vampiros. Se acercan. Esa cosa me impedía verlo. Han estado en el prado. Justo donde vosotros estuvisteis. Y nos conocen a todos.
