Disclaimer: Fire Emblem no me pertenece.


Capitulo XX

El broche de aquel hombre encapuchado resplandeció con la luna. Era de oro blanco forjado hasta darle la forma de un árbol con ramas un tanto secas y torcidas, mientras que unas diminutas esmeraldas simulaban ser las pocas hojas en estas.

Era el blasón de Benetnasch y solo los soldados de elite tenían derecho a portar esos prendedores. Hombres a los que se les entrenaba para el combate desde el momento en que sus pies podían sostener sus cuerpos y sus manos levantar cualquier arma. Ellos no sabían de afecto o de otra vida que no fuera la lucha.

Aqua sintió que el corazón se le detuvo al ver a uno en un claro de un bosque de Crimea a la espera de un paquete que resultó ser una espada demasiado parecida a la de Ike, pero aun así se mantuvo quieta y con la boca cerrada, esperando que el hombre solo se marchara después de obtener lo que estaba buscando.

Estaba por relajar todo el cuerpo y soltar un largo suspiro al creer que todo iba a terminar y que el jinete se marcharía después de asegurarse que aquella arma de plata y oro era realmente lo que buscaba, pero justo en ese momento, cuando el encapuchado sujetaba de nuevo las riendas de su caballo, Ike se lanzó sobre él con claras intenciones de atacarlo.

Tanto el jinete como el mercenario se enfrascaron en una lucha de espadas, donde el metal resonaba fuertemente al chocar el uno contra el otro. En un principio, Aqua se sintió en un sueño y deseó despertar en la cama, envuelta de pies a cabeza en sus tan amadas cobijas, pero el sonido de los arbustos y ramas a sus espaldas la hizo reaccionar de golpe. Se giró, desenvainando a Índigo y dejando que la hoja de esta iluminara a los dos encapuchados que querían atacarla.

Uno de ellos se frenó en seco y comenzó a retroceder, pero el otro se vino sobre ella sin pensarlo dos veces, dando tajos rápidos con su espada curva. Era muy veloz, muy ágil y aquel estilo que utilizaba era como una hermosa y peligrosa danza adornada por los destellos que la luna arrancaba de la hoja roja de su arma.

Aqua esquivó y evitó a toda costa los forcejeos, al menos hasta encontrar una abertura en aquellos movimientos que sabía perfectamente a quien pertenecían. Eran idénticos a los de la persona que la había entrenado, tanto que por un momento tuvo miedo y se sintió como una novata en su primera lección de esgrima.

En su mente resonó la voz de aquel hombre, indicándole como atacar, como contraatacar y como defender; la posición de los pies, los movimientos de su muñeca…todo. Se sumió tanto en aquel recuerdo que el repentino ardor de un corte en su pierna la hizo gritar y trastabillar hacía atrás.

Se abofeteó mentalmente y trató de recobrar la postura, moviéndose de nuevo a un ritmo adecuado que le diera libertad suficiente para encontrar su punto de ataque. Cuando lo hizo, y con ganas de venganza por la herida en su pierna, descargó un zarpazo que dio de llena en el rostro de su oponente, rasgándole la capucha y dejando ver su rostro de piel levemente tostada y ojos verde musgo brillando entre el fleco en picos de color castaño.

—…Alexis —susurró ella, al terminar de reconocerlo como el soldado que siempre tuvo el trabajo de cuidarla desde que era una niña. Incluso después de que Aspros la enviara con los asesinos, Aqua sabía que Alexis había renunciado a su puesto tan solo para seguir procurándola. Pero ahora estaba ahí, con un broche que lo distinguía como un soldado de elite y como su enemigo.

El hombre le devolvió la mirada, inexpresivo y sujetándose la mejilla herida mientras que un poco de sangre se derramaba por entre sus dedos. Aqua apenas pensó en acercarse cuando una flecha pasó arañándole el cuello. Ella ni siquiera fue capaz de identificar a su atacante cuando un golpe en el estomago la hizo doblarse del dolor y un puñetazo en la cara terminó por mandarla de espaldas al suelo, golpeándose con fuerza la nuca.

Todo a su alrededor se oscureció por un instante. Escuchó muchas voces, pasos, un fuerte silbido y el galope de un caballo. Conforme la luz volvía a sus ojos alcanzó a ver una silueta junto a ella que de un momento a otro se desvaneció.

«Ike»pensó, tratando de incorporarse mientras su boca escupía el exceso de sangre que no dejaba de brotar de su labio roto. Apoyó rodillas y manos en el suelo, jadeando un poco y sacudiendo la cabeza hasta que su visión se aclaró lo suficiente y el suelo pareció dejar de moverse.

—Aqua.

La voz de Ike hizo que un alivio le envolviera todo el cuerpo, incluso el frío que tanto odiaba le caló menos. La muchacha terminó por sentarse, quedando de frente con su comandante y viendo que no tenía más que un golpe en la mejilla.

Quiso echarse a sus brazos y sujetarlo con todas sus fuerzas al saber que estaba perfectamente bien a pesar de haberse enfrentado con aquel jinete, pero el susto de muerte que se llevó no tardó en convertirse en enojo, con la punzada en la pierna, el dolor en el abdomen y el sabor metálico de la sangre llenándole la boca muy presentes tan solo para volverlo mucho más intenso.

Su mano se levantó sin que ella realmente se diera cuenta y terminó por estrellarse en la cara del culpable de todos sus dolores.

—¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Pudimos morir! —le espetó, sintiendo el picor en sus nudillos al pensar que tal vez un puñetazo habría sido mejor—. ¡Ni siquiera sabías cuantos más había escondidos!

—…Lo siento —respondió Ike de una manera un tanto gélida mientras se frotaba la mejilla golpeada—. Pero no lo entiendes. ¿No viste la espada? No es un arma cualquiera.

Aqua se puso de pie de una manera un tanto torpe, sintiéndose un poco mareada todavía, y se abrazó a sí misma en busca de apaciguar un poco el frío que la estaba molestando.

Ese último comentario de su jefe la hizo sentir un horrible vacio en el pecho. Pensó en su padre, Aspros, para quien las tierras de Cástor no eran unas tierras cualesquiera y bien valía usar o deshacerse de su bastarda con tal de tenerlas. Su rabia se volvió mucho mayor al pensar en su madre, Ginebra. Para esa mujer la corona que su marido le ofrecía tampoco era cualquier cosa y bien valía enviar lejos a su hija para poder quedarse con ella.

Y luego Ike, en quien ella estaba tratando de confiar y a quien comenzaba a querer de verdad parecía echar por la borda su seguridad tan solo por la espada.

—Claro —musitó—. Que me maten por tu espada.

—Tú eres lo suficientemente fuerte para poder defenderte —respondió el hombre, aun con esa actitud un tanto fría. Aqua lo conocía bien como para saber que estaba molesto—. Y ya te dije que lo siento, en verdad lo lamento, pero no entiendo porque te pones así y estoy seguro de que esta bofetada en verdad no la merecía.

—¡Sí te la merecías! ¡Te importó más la espada que lo que me pudiera pasar!

Ike se mostró confundido y toda la molestia que pudo haber estado empañando su mirada desapareció por completo.

—¿Cómo puedes pensar eso? —le preguntó, mirándola a los ojos.

El corazón de la muchacha se aceleró y no supo cómo responderle. Se dio cuenta de que eso último lo había ofendido demasiado. Deseaba con todas sus fuerzas poder confiar en él, pero el miedo que sentía siempre era demasiado, mucho más de lo que podía soportar.

—…Perdóname —alcanzó a susurrar, con el llanto apretándole la garganta mientras las lagrimas tibias comenzaban a deslizarse por sus mejillas, por lo que bajó de inmediato la mirada.

Aqua permaneció sin decir nada más durante un largo rato, apretando los labios y dejando caer sus lágrimas, pero ahogando lo mejor posible sus sollozos. Escuchó a Ike suspirar pesadamente.

—…Me gustas mucho, ¿sabes? —comentó el mercenario, con la duda tiñendo un poco su firme voz—. Nunca me había gustado tanto alguien como me gustas tú y si todos esos besos para ti son un juego, para mí no.

Sus mejillas comenzaron a arder y las lágrimas se detuvieron de inmediato. Aqua tragó en seco, con el corazón nuevamente acelerado y levantó la mirada. Los ojos azules de Ike estaban clavados en ella y una diminuta sonrisa le surcaba los labios.

—Ike… —buscó las palabras sin siquiera saber lo que quería decirle. Ella lo quería, pero querer era algo muy diferente a solo gustar y pensó que no sería adecuado decirlo.

—Tranquila, no tienes porque decir nada —le aseguró él—. Solo quiero que entiendas que no dejaré que nada te pase, Aqua. Cuando digo que te cuidaré lo digo en serio… Ven, vamos a buscar a Roman, salió corriendo y necesito que me explique algunas cosas.

Ike comenzó a caminar por el mismo sendero que los llevó hasta ese claro. Aqua lo siguió en completo silencio, meditando lo que le había dicho y sintiendo como la alegría rápidamente la embargaba y apagaba hasta el último vestigio de incertidumbre que quedaba en su interior. Quería abrazarlo y besarlo, pero su sentido común y tal vez hasta su orgullo eran lo único que la detenía.

Cuando llegaron al pueblo se dirigieron de inmediato al establecimiento de Roman. Ike entró sin tocar la puerta. Aqua no sé movió al recordar lo mal que se había sentido ahí con todo el polvo que había.

—Yo me quedó aquí —le dijo, cruzándose de brazos.

Ike pareció dudar en dejarla sola, pero finalmente asintió y se adentró en la oscura tienda.

Aqua suspiró de mala gana por el frío y la tención que parecía estar acumulándose detrás de su cuello hasta alcanzar sus hombros. Echó un rápido vistazo a su alrededor, las calles polvorientas y empedradas estaban completamente desiertas y el único sonido audible era ocasionado por la brisa al hacer susurrar los arboles, al mismo tiempo que desprendía cientos de amarillentas y resecas hojas de sus torcidas ramas.

Sus ojos púrpura se posaron en el cielo salpicado de estrellas en cientos de hileras que parecían formar finas y largas nubes traslucidas multicolores que hacía ver la oscuridad como algo hermoso.

—Linda noche, ¿no?

Aquella voz la sobresaltó al punto de hacerla desenvainar su espada al tiempo que se daba la media vuelta para encarar a quien la había perturbado.

El hombre admiró la hoja luminosa de Índigo que parecía encender sus ojos verde musgo como los de un gato.

—Dime que es lo que haces aquí o te juro que te rebano, maldito salvaje —amenazó Aqua, con ganas de empezar a cortarlo aunque no respondiera sus dudas.

Alexis arrugó el ceño y sus ojos se posaron sobre ella.

—Yo te cambié los pañales más de una vez y tú ya no me recuerdas… —exclamó, ofendido—. Que ingrata. Ni que hubiera pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos.

—No es eso, es que tú me atacaste —le espetó ella, acercándole más la punta de su espada a la garanta.

Él solo rodó los ojos y apartó el arma con su mano, de manera delicada antes de retroceder unos cuantos pasos.

—Viviste mucho tiempo con tu padre, deberías saber que a veces hay que guardar las apariencias —comentó—. Digo, por eso te encerraba cuando había reuniones sociales o fiestas en su palacio.

De haberlo tenido más cerca, Aqua no solo le habría cortado la otra mejilla, sino que también lo habría pateado en el estomago. Ese comentario la molestó demasiado, mas cuando las imágenes de sus encierros en la biblioteca o su recamara le llegaban a la mente.

—¿Solo viniste a recordarme cosas que no debes? —musitó, apretando con fuerza la empuñadura enjoyada de Índigo.

—No, claro que no —respondió Alexis, dejando escapar un largo suspiro—. En realidad solo venía a asegurarme de que eras tú y de que estabas bien.

—Pues ya me viste, ya vete.

—En serio que a ti lo grosero e irrespetuosa no se te quita.

—¡Me golpeaste! —Aqua señaló su labio inflamado, el cual aun le punzaba un poco.

—Y tú, mocosa, casi me arrancas la cara. Pero está bien, ya estamos a mano —agregó, levantando las manos como en son de paz—. Y para que veas que no te guardo rencor por casi desgraciar mi bello rostro te daré información, aunque sea un poco.

Aqua optó por morderse la lengua y no insultarlo al escuchar eso ultimo.

—¿Qué clase de información, maestro? —preguntó, sonriéndole un poco y finalmente envainando su espada.

—Ah, tan interesada como siempre —hizo una pausa y su mirada se perdió a espaldas de Aqua—. La espada fue un encargo de la reina Dana.

Con tan solo escuchar ese nombre, Aqua sintió que se le revolvía el estomago. Dana nunca fue de su agrado, a pesar de ser la reina y de cierto modo, familia política de su padre.

—¿Para que la quiere? ¿Cómo sabe de ella? ¿De verdad no es una espada común? —inquirió, con algo de desespero por saber.

—Se llama Alondite y no, Aqua, no es normal —la mirada de Alexis pareció ensombrecerse y cuando se acercó a ella para tomarla de los hombros, la muchacha no pudo evitar estremecerse un poco—. No nos dijo para qué la quería, pero que nos apresuramos y que hiciéramos todo lo necesario para obtenerla.

—¿…Fueron ustedes quienes masacraron a los soldados de Dubhe? —Aqua lo apartó, sintiéndose demasiado incomoda al recordar las condiciones en las que había encontrado aquellos cadáveres.

—No, claro que no —le aseguró él, viéndola a los ojos.

—¿Qué hay del rey? ¿Él está de acuerdo con lo que hace su esposa? ¿Qué no le preocupa que este robo pueda ocasionarle problemas?

—Zibal está muerto —le dijo, casi en un susurró.

Un intenso frío que nació desde su estomago se apoderó del cuerpo de la muchacha y la hizo tiritar. Zibal Urban, al igual que su histérica esposa, nunca fue de su agrado, pero siempre le pareció demasiado imponente y fuerte, además de que era demasiado joven. Pensar que había muerto, siendo el hombre más respetable de Benetnasch le resultaba demasiado preocupante. Sin una figura de respeto en el trono, el reino no tardaría en caer ante sus enemigos.

—¿Qué fue lo que le pasó? —quiso saber, empezando a hablar en un susurro cuando percibió que alguien la miraba desde sus espaldas. Al echar un vistazo discreto por encima de su hombro y no encontrar absolutamente nada, el corazón se le aceleró un poco.

Alexis puso un ligero gesto de angustia y respiró.

—Promete que no harás nada estúpido —pidió.

—Dime.

—Promete que no harás nada estúpido —repitió Alexis, tomándola por el mentón y apretando un poco sus mejillas.

—¡Está bien! —bufó, molesta y apartándolo de un empujón—. Lo prometo.

—…Tu padre lo asesinó.

Esta vez lo que Aqua sintió fue como si le apretaran y sacudieran el corazón. No pudo evitar llevarse la mano al pecho y sujetarse del brazo de Alexis cuando la sacudida se extendió hasta sus piernas, haciéndola perder un poco las fuerzas.

—¿…Y dónde está mi padre? —sus visión se nubló por las lagrimas y su voz fue ahogada con el nudo que le presionó la garganta. Aquella desesperación repentina ya no tenía nada que ver con la espada o con los soldados de Dubhe mutilados, mucho menos con la muerte del rey y las extrañas peticiones de la reina; era simple y llanamente por su padre.

Aun después de saber y entender que él nunca la quiso lo suficiente, Aqua no podía odiarlo, no cuando ese cariño fingido fue tan real para ella, no cuando el deseo de creerle seguía vivo en su interior. Era más fácil imaginar que en toda esa farsa hubo un poco de sinceridad, que ver que ni siquiera su padre tuvo un poco de aprecio por ella.

—Aqua, escúchame.

La muchacha levantó la mirada, sintiendo cuando una lagrima rodaba por su mejilla. Alexis le sonrió y puso su mano en su cabeza, desordenando el cabello como solía hacerlo desde que era una niña.

—Dime donde está —pidió Aqua, en un hilillo de voz.

—Nadie lo sabe. Logró escapar —le aseguró el hombre—. Pero tú no debes…

—¿Por qué lo mató? —la joven no tenía interés alguno de escuchar un sermón, mucho menos uno con intenciones de hacer que se calmara. No quería calma, solo respuestas.

—No lo sé, yo ni siquiera estaba en Benetnasch cuando eso ocurrió. Fue tu tío Desmond quien me lo explicó.

—…No fue él, mi padre no fue quien lo mató —Aqua se limpió las lagrimas con el dorso de la mano y respiró profundo, muy segura de lo que decía una vez que sus emociones revueltas bajaron su intensidad y su conciencia entrara en juego, poniendo cada pensamiento en orden—. No solo era la mano derecha del rey, también era su sobrino. Mi padre no es malo.

—Pero sí ambicioso.

—Aun así.

Alexis sonrió de lado y negó con la cabeza, apartándose de ella.

—Supongo que nunca te enteraste —dijo, casi en tono de burla—. En el año 632, tu padre estuvo a punto de hacer estallar una guerra civil que tu abuelo apenas consiguió controlar. ¿No te imaginas que era lo que lord Aspros quería?

—No mientas —Aqua apretó los dientes tan fuerte que la mandíbula se le entumeció, pero esa era la única manera que encontró para poder calmar su enojo al escucharlo.

—No estoy mintiendo —le aseguró, encogiéndose de hombros—. La única razón por la que tu familia sigue teniendo todas sus tierras y tanta influencia en la corona es porque tu abuela Zaniah era la hermana mayor de Zibal y porque tu abuelo Arae se las apañó para culpar a alguien más de lo que tu elocuente padre provocó — Alexis suspiró pesadamente y se echó la capucha sobre su cabeza, su hermoso broche de oro blanco resplandeciendo con la luna ante el sutil movimiento—. Me creas o no…ni se te ocurra volver a Benetnasch. Si te dije esto es porque tienes derecho a saberlo, porque sé que aun quieres a tu padre, pero él puede seguir escondiéndose sin tu ayuda. Creo que estás mucho mejor en este lugar donde puedes ser solo Aqua… Recuerda bien lo que te dije siempre: un bastado puede perdonar lo que le han hecho, pero nunca olvidarlo. Por más que quieras a tu padre, no olvides nunca lo que él te quiso hacer al mandarte aquí.

Aqua no pudo decir nada, por lo que maldijo mentalmente y bajó la mirada. No mucho después, escuchó los pasos de su maestro alejarse. Ella permaneció quieta un rato más para calmar su llanto silencioso, pero pensar en lo que le ocurriría a su padre si llegaban a atraparlo no le ayudaba en lo más mínimo.

Imaginar todo aquello le resultaba demasiado difícil. Aun cuando Alexis tenía razón al decir que Aspros era ambicioso, para ella era imposible creer que su padre fuera capaz de llegar a tanto cuando se suponía ya tenía todo lo que alguna vez deseó.

La puerta del local se abrió y Ike atravesó el umbral, tosiendo un poco y sacudiéndose el polvo que hacía que su cabello azul luciera blanco. Aqua se apartó por inercia al ver las finas nubecitas blancas danzando con gracia hasta esfumarse.

—Ya… —dijo el mercenario, con cara de inconformidad—. Vámonos.

—¿Qué fue lo que te dijo? —preguntó ella.

—Nada útil —fue la seca respuesta que dio el joven hombre.

Aqua apretó los labios y decidió no preguntar nada ni decirle lo que ella sabía al notar lo molesto que estaba su jefe. Se limitó a seguirlo en silencio mientras la guiaba lejos del pueblo y al interior del bosque, evitando el camino abierto para así tener el resguardo de los arboles.

Caminaron un largo tramo entre las raíces torcidas que brotaban de la tierra, haciendo a un lado las ramas de arbustos que estorbaban, hasta que Aqua simplemente ya no pudo más.

—Ike, ¿podemos parar aquí? —pidió, sintiendo como si los pies le pesaran demasiado.

—Sí, está bien —dijo Ike, dejándose caer en el suelo y recargándose en el tronco de un árbol—. ¿Quieres mi capa para cubrirte?

—Tengo una mejor idea —Aqua sonrió e ignorando por completo sus nervios hizo que Ike abriera las piernas y ella se sentó en medio, recargándose por completo en él—. Listo.

Los brazos de Ike no tardaron en rodearla por la cintura y envolverla también con su capa. La esencia de la tela le llenó los pulmones y le relajó el cuerpo, le encantaba ese aroma a fresco, como a pasto recién bañado por el roció matutino. Se sentía demasiado segura así, como si nada pudiera hacerle daño, como si nada mas importara.

—¿Segura que estarás cómoda? —le susurró Ike al oído.

Aqua se estremeció al escuchar su voz tan cerca y sentir su aliento rosándole la piel.

—S-sí, no te creas el único capaz de dormir donde sea y como sea —respondió, con un reconfortante cosquilleo apoderándose de su estomago—. Oye…

—¿Sí?

Aqua respiró profundo y se giró, quedando de frente con Ike. Él la miró a los ojos, sin cambiar su expresión seria, a pesar de que sus manos la sujetaron con más fuerza por la cintura, haciendo que sus cuerpos se juntaran más.

Las mejillas de la joven ardieron un poco, pero aun así se mantuvo firme en lo que acababa de decidir y le sonrió levemente.

—Tú también me gustas mucho —sin esperar reacción por parte de su comandante, ella lo besó, de manera suave y lenta, pero profunda, más aun cuando él le correspondió.

La piel se le erizó y todo su cuerpo tembló ante aquella unión y el sabor tan dulce de sus labios.

Aun pensaba en su padre, deseando que estuviera bien, pero las palabras de Alexis no dejaban de resonar en su mente. De nada serviría volver a Benetnasch y estar preocupada constantemente no le ayudaría en nada, mas después de lo que su padre le había hecho. Por más que lo quisiera, ella no podía hacer nada por él.

Se quedaría en Tellius, como ya lo había decidido, junto a Ike, todo el tiempo que él la quisiera tener cerca. Se convertiría en su amiga, su amante o lo que fuera que le pidiera, ya no solo por agradecimiento o para mantenerlo amarrado a ella, sino porque más que gustarle, Aqua se estaba enamorando como una idiota.


Aqua Exilion

Edad: 17 años

Origen: Villa Ruiseñor en la región de Errai, al Oeste de Alioth (Sí, ella nació en Alioth :v)

Estatura: 164 cm

Fecha de nacimiento: 8 de noviembre

Curiosidades: Le encanta la carne, el picante y sobre todo los postres de fresas y vainilla, pero se contiene porque le da pena que la vean comer tanto y cuando no tiene la oportunidad de entrenar debidamente, evita comer mucho xD Adora leer, le encantan los cuentos infantiles, las leyendas, los mitos y un poco los libros de estrategia. Disfruta mucho de escuchar a los trovadores y bardos así como también estar en compañía de los niños. Odia el frío y le tiene miedo a las tormentas eléctricas y a las serpientes.

Tenía que hacer el de Aqua de una vez, aunque creo que ya la conocen bien, pero les apuesto a que no sabían que había nacido en Alioth uwu

En fin…Lo que siguió a ese beso se los dejo a la imaginación porque el capitulo ya me quedó bien largo y no me agrada T-T Los capítulos desde el punto de vista de Aqua son los que menos disfruto escribir. ¡Me acabé una pluma totalmente nueva tratando de hacer que quedara decente! xD Pero bueno…no se crean, no pasó nada más que un beso :p tranquilos…pero tal vez en algún momento sí pase algo y dudo dejarlo a su imaginación, igual ya publiqué un lemon como oneshot y sigo viva para contarlo xD

Muchas gracias a todos por su apoyo ;u; en verdad, no saben lo feliz que me hace leerlos :/ me quedo por ustedes y por el amor que siento por este fic u.u

Akemi, a ti re respondo aquí porque creo que tienes problemas con tu cuenta D: Es un alivio saber que te gustan mis OCs, es difícil hacer que agraden bien. Y me alaga muchísimo saber que te gusta todo lo que hago en general, de verdad, muchísimas gracias por leer lo que escribo :)

Por favor, sus comentarios son muy importantes para mí, así que les agradeceré muchísimo si me dejan un review uwu

Gracias por leer :D saludos.