Harry y Draco despertaron a sus padres con gritos felices y brincos en la cama la mañana en que recibieron sus cartas de Hogwarts, todo eso con el pergamino agarrado en los dedos.
- ¿Por qué todo ese ruido? No es como si no supiesen que iban a recibirlas. - Lucius dijo, sentándose en la cama y pasando los dedos por su melena rubia.
- ¡Pero, papá, ahora es real! Nos vamos a Hogwarts. - Draco insistió con los ojos brillando.
El rubio mayor bufó.
- Aún me gustaría más que fueran a Durmstrang, pero, ¿qué puedo hacer si todos están en mi contra? - Lucius reclamó, haciendo que todos se acordaran de la más grande pelea que hubo entre él y Remus, ya que el rubio hacía hincapié en enviarlos lejos de Dumbledore.
- No seas un mal perdedor, Lucius, incluso Sirius y Severus estaban de mi parte. - Remus dijo, aún tumbado en su lado de la cama, con un brazo sobre los ojos. Su pelo castaño tenía algunos hilos blancos, que él decía que empeorarían con las andadas que los chicos harían en Hogwarts.
- Yo soy Lucius Malfoy, no perdí la maldita discusión, sencillamente dejé que me convenciesen, pero será mejor que nada le pase a mis hijos o los tres idiotas pagarán muy caro.
Remus iba a contestar eso, pero Draco y Harry se tumbaron entre ellos. Los dos estaban acostumbrados a las amenazas que Lucius soltaba a veces, pero cuando temían una pelea, intentaban calmar las cosas poniéndose entre ellos, los mayores sabían de eso, y suspiraban, decidiendo que podían dejar el tema.
- ¿Cuándo nos vamos de compras? - Draco preguntó, animado.
- ¿Sólo piensas en comprar ropa nueva? Nos vamos a Hogwarts, es tan emocionante. - Harry provocó, pinchando al rubio en las costillas.
- Oye, puedo apreciar un buen día de compras, y hoy no quiero ropas... quiero mi varita, idiota. - Draco informó, rodando los ojos.
Los ojos de Harry brillaron como flú, y Lucius miró a Remus, que había ocultado los ojos bajo su brazo nuevamente, haciéndose el muerto. El rubio lo pinchó entre las costillas, exactamente como Harry había hecho con Draco, pero de manera más efectiva, haciéndolo brincar.
- Es hora de levantarse, amor. Nuestros hijos desean hacer compras.
- Son sólo tuyos cuando quieren pasar horas andando de una tienda a otra en el maldito y lleno Callejón Diagón.
El hombre lobo supo que estaba con problemas cuando cuatro bracitos lo agarraron. Abrió los ojos para encontrar a sus dos niños mirándolo con dolor.
- ¿No nos amas, papá? - Harry preguntó, el maldito dueño de los ojos más grandes y bonitos de todos los tiempos.
- Sí, nana... ¿no nos quieres más? ¿Ya somos unos pesados? ¿Qué hicimos de malo? - Ese fue Draco, el muy hijo de sus padres, pequeña serpiente en entrenamiento desde la cuna.
El ojimiel gimió alto, sus dos chicos eran dos cositas manipuladoras y sin pizca de vergüenza en la cara.
- Son dos enanos insufribles, pero sí, los amo e iré al maldito Callejón. - Dijo, abrazándolos y levantándose de la cama con uno bajo cada brazo, haciéndoles reír locamente.
Lucius continuó en la cama mientras Remus los ponía en su bañera, acordándose de gritarle a su marido que lanzara un hechizo en las gafas de Harry, que siempre las dejaba caer en el agua. El silencio que se hizo en el cuarto de baño fue suficiente para saber que el propio lobo había sido el culpable esta vez, ya que en sus juegos, lanzó a los niños en el agua con pijamas y todo.
- Eres peor que los niños, Lupin. - Gritó, pero con cariño. Como echaría de menos esas mañanas... y la paz de saber que el viejo no estaba cerca de Harry.
X~x~X
Sirius sonrió cuando vio la expresión seria y amenazante de Remus, que andaba dos pasos atrás de Lucius, que iba con los niños de su mano. Su amigo miraba feo a todos, ayudando que nadie se acercara demasiado a su familia, cosa que era muy inteligente de parte de todos. Remus era conocido por su magia afilada y poca paciencia con los asedios, gruñendo y hechizando a los más atrevidos en varias ocasiones. Eso, aliado con el hecho de ser hombre lobo y el mejor rompedor de maldiciones de Gringots mantenía incluso a los periodistas a una distancia segura.
- Oye, Malfoy. Me gustó tu guardaespaldas, se ve bonito con esa cara de malo. ¿Me lo prestas? - Sirius gritó, provocándoles.
- No seas atrevido, Black... ¿qué piensa tu marido de que andes soltando piropos por las calles?
Sirius rió.
- ¿Piensas que lo hago cerca de él? No soy estúpido. - El auror dijo, abrazando a los niños, que brincaban de emoción, tirando de su túnica.
- ¡Padrino! ¡Padrino! Vamos a comprar varitas, tendremos varitas. - Harry contó, emocionado.
- ¡Oh! Mis niños crecieron. - Sirius dijo, con drama, poniendo una mano en el corazón. - Mis dos enanos ya van para Hogwarts... este fin de semana tengo que tener una seria charla con ustedes sobre le herencia de los Merodeadores. - El animago informó, con toda la cara de seriedad que era capaz.
- ¡Oh, no! No te atrevas, Black. - Lucius dijo, girando su bastón peligrosamente.
- Oh, sí, rubio, me atreveré. Serán mis aprendices más brillantes, llenos de bromas y chicas. - Sirius afirmó.
Los dos niños asintieron, pero Harry dijo:
- No quiero chicas cerca, son pesadas.
Draco concordó y Sirius rió.
- Ya hablaremos en unos años cuando todo en lo que pensarán será sobre como la falda de la escuela debería ser más pequeña o...
Lucius no aguantó más y lanzó un hechizo que hizo al auror brincar, con un gritito agudo.
- Si no te comportas de ahora en adelante, Black, le diré a Severus que te castigue por decirle ese tipo de cosas a los niños.
- Oye, que no es necesario amenazar así. - Sirius dijo. - Que pesado, sólo bromeaba.
Los niños rieron, era muy claro para ellos que Severus causaba miedo incluso en su marido, que era un auror grande y muy respetado por todos.
- Ay, y eso me hace recordar que mi marido mandó a decir que no compren los calderos de latón o cosas así. - El auror dijo, buscando algo en sus bolsillos. - Aquí, mandó las cosas que quiere para las clases de pociones.
- Remus, ve con tu amigo chucho a comprar calderos mientras nos vamos a Ollivander. - Lucius dijo.
- Oh, no. ¡Ni hablar! Sirius se va solito, el marido es de él, quiero ver cuando mis niños encuentren sus varitas. Y aprovecha y pasa por los libros, Sirius. - Remus pidió, entregando la lista a su amigo y marchando rápidamente con su familia.
- Después dicen que el perezoso soy yo. - Sirius masculló por lo bajo.
X~x~X
Draco sonreía a sus padres, que lo miraban orgullosos, entre sus dedos estaba su varita, sentía que completaba algo que siempre estuvo allí, pero que no sentía totalmente. El niño rubio admiró los veinticinco centímetros de espino y un núcleo de pelo de unicornio, una varita que conectó con su magia perfectamente.
- Es linda, mira papá. - Dijo, feliz, lanzando más luces.
- Tiene razón, joven señor Malfoy. - El señor Ollivander dijo, con una sonrisa. - Es bonita y una combinación perfecta con su magia.
- Ahora es mi turno. Yo, por favor, yo. - Harry pidió, brincando en su lugar con los ojos brillando.
Los adultos rieron, era siempre emocionante ver a un joven mago eligiendo su primera varita. Harry no fue tan rápido como Draco, para el rubito, la segunda varita le fue perfecta, pero el ojiverde intentó cinco veces seguidas sin tener suerte, cosa que le dejó triste, ganando cariños de sus padres y una mirada evaluadora del dueño de la tienda. El señor Ollivander se dirigió con aire misterioso hacia la parte trasera de la tienda y volvió con una caja polvorienta, de dónde sacó una varita con un movimiento elaborado. El viejo tenía toda la atención de los niños, que distraídos por su interés en el hombre no notaron como Lucius dio dos pasos hacia atrás.
- Acebo, veintiocho centímetros, pluma de fénix... intentemos con esa, señor Potter.
Harry sostuvo la varita y sintió que la magia recorría su brazo, era más cómoda que todas las otras, el niño movió la muñeca suavemente, como vio a sus padres haciendo toda la vida y rió locamente cuando hizo que todas las cajas volasen por el aire. Draco a su lado rió y aplaudió.
- Haz luces, Harry. - El rubio pidió.
- Sí, veamos cómo te sale. - El señor Ollivander pidió, ignorando la mirada fea de Lucius Malfoy.
Harry obedeció, y como Draco, se quedó feliz y maravillado por las luces y la magia que sintió tan fuerte dentro de él. Su entusiasmo disminuyó cuando miró a sus padres y sólo Remus le sonreía, Lucius estaba quieto y sombrío.
- ¿Qué pasa, papá? ¿No te gustó mi varita? - Harry preguntó, sintiendo un nudo en el corazón.
Lucius se arrodilló frente al morenito y acarició su pelo.
- No hay ningún problema. Solo que ahora mismo percibí que mis niños crecieron y que tendré que dejarlos lejos de mis ojos por demasiado tiempo. Eso es triste para mí.
Harry y Draco sonrieron, Lucius raramente dejaba ver su lado tierno en la calle, y seguro lo hacía porque sólo estaba Ollivander allí y el viejo no saldría con el cuento.
- No seas tan Huffle cerca de Harry, o lo harás terminar vestido de amarillo y negro.
- ¡No hables una cosa tan horrible, Draco! - Lucius dijo, horrorizado.
- No seas así, Lucius, no importa en qué casa queden, estaremos orgullosos de ustedes. - Remus dijo, sonriendo al ver a Lucius negar con la cabeza.
- Oh, sí, importa. Lupin quiere que terminen en Gryffindor por mucho que diga que no.
- No me quedaría triste, claro está. - El hombre lobo dijo, con una sonrisa larga. - Pagaré las varitas, esperen.
El señor Ollivander miró a Harry como si desease decirle algo, pero se encontró con la mirada de Lucius y no dijo nada.
X~x~X
El resto del día de compras pasó normalmente. Harry se había enamorado de una lechuza blanca en la tienda de mascotas y la ganó prontamente. Fue Draco quién se quedó sin nada ya que la única cosa que hizo fue un berrinche para ganar una escoba de carreras. Remus, para sorpresa de Lucius, fue el primero en decirle categóricamente que no, no tendría escoba antes del segundo año, y que esa sería una normal, nada de locuras súper rápidas, y ni los ojitos tristes y acuosos del rubio ganaron al lobo esa vez.
Lucius y Remus se fueron a acostar temprano aquella noche, cansados de aquel largo día de compras con dos niños muy animados, seguido de más jaleo para guardar las cosas en el baúl y juegos con Hedwig en los jardines.
- ¿Qué pasa, Remus? ¿Por qué la cara larga? - Lucius preguntó.
- Draco aún estaba molesto cuando le di las buenas noches. No deberíamos dormir peleados. Era un día que debía ser especial.
- No dejes que te gane. Draco es un mimado, le ofreciste una mascota, juegos... pero sólo quería la escoba que sabe que no puede usar. Y además, es un niño, en el futuro sólo recordará las cosas buenas del día que compró su primera varita. - El rubio hizo una pausa y sonrió. - Y Harry de cuando compró la lechuza con más mal genio del mundo.
- Es un ave linda, y encima muy lista.
- Oh, sí. Digna de un Malfoy. - Lucius dijo, acostándose sobre el pecho del hombre lobo.
Remus acarició el pelo rubio, diciéndose a si mismo que terminaría golpeado y en el sofá si le recordaba al rubio que Harry no era un Malfoy.
X~x~X
Severus siempre parecía más feliz y menos tenso fuera de la escuela, y Sirius creía que eso era por el viejo y no por los niños. Su marido podía reclamar lo que quisiera de los mocosos, pero siempre hablaba con orgullo de las conquistas de los alumnos y los echaba de menos, preocupándose por los que tenían problemas en casa. En ese momento, estaban mirando el jardín nocturno sentados en un sofá.
- ¿Crees que debemos invertir en un jardín más elaborado? - Sirius preguntó al marido.
- ¿Crees que dejarás de hacer huecos y arruinar mis plantas, chucho? - Severus preguntó, con sarcasmo.
- Creo que sí... soy un buen perro. Tal vez unos juegos... ya sabes, para los niños. - Sirius dijo, suavemente. - Podemos hacer un campo de quidditch si compramos las casas de atrás.
- No voy a parirte un equipo de quidditch, no importa lo que me prometas en cambio. - Severus afirmó, para luego suspirar. - Quiero hijos, Sirius, pero aún no.
Sirius asintió. Sabía en qué se metía cuando se casó con Severus, el hombre era complicado, pero después de los primeros años de casados, le pidió un hijo y su marido le dijo que no, ahora, tantos años después se preguntaba si había algo más que los traumas de su niñez.
- Sabes que serás un padre estupendo, ¿verdad?
- Claro que sí, perro estúpido. - Severus afirmó. - Alguien tendrá que serlo, ya que seguro que te concentrarás en estropear todo mi trabajo educando a los niños.
Sirius rió, pero Severus se puso serio.
- El problema es que él está volviendo, no puedo embarazarme o tener un punto débil tan fuerte si él está cerca. No puedo ganar crucios de castigo con un bebé dentro o esperándome en casa.
- Puedo mantenerte seguro. - Sirius dijo, un poco ofendido.
- No, no puedes. - Severus negó, seriamente, enseñando la marca. - Es más que un tatuaje, Sirius, me quemaría hasta enloquecerme si no acudo cuando me llama.
- Si él vuelve...
- Volverá... lo sentí ayer, así como Lucius. Harry tiene la varita hermana del Lord, las dos fueron hechas con las dos únicas plumas que el fénix del director perdió. La marca pulsó en el minuto que Harry la usó.
Sirius tembló, eso explicaba la charla tensa de los dos por flú el día anterior.
- Tal vez la idea de Lucius sobre Durmstrang no era tan mala después de todo.
- El destino no sería tan bueno. Creo que no interesa donde Harry esté, el pobre atraerá el Lord como miel a las abejas.
Volvieron a mirar las estrellas en silencio. Un silencio mucho más pesado esa vez.
X~x~X
La mañana en que los niños deberían partir para Hogwarts fue muy rara para Lucius. Aunque supiera desde siempre que ese momento llegaría, era difícil mirar los baúles listos en el hall de Malfoy Manor, pensó que la casa se quedaría muy tranquila sin los dos remolinos de energía y locura que eran sus hijos. Con mala leche llamó a Dobby y le ordenó que verificara si los niños no habían olvidado nada en los cuartos, y le informó que los acompañaría a la estación, siempre era bueno tener un elfo en las muchedumbres, y ese, aunque rarito era muy protector de Harry. Se preguntaba cuanto tiempo los niños tardarían para bajar nuevamente cuando sintió un par de brazos fuertes en su cintura.
- No hagas esa cara, amor, no quieres que los niños se pongan tristes, ¿verdad?
- No quiero perderlos. - Lucius dijo, con tristeza.
- ¿Crees que yo quiero? Mis instintos me mandan llevarlos a una caverna muy lejos y poner una piedra gigante en la entrada y solo salir a veces para buscar comida. - Remus contó, riendo. - Vamos, no será tan malo, los criamos bien, sabrán cuidarse y...
- No quedarán en Hufflepuff.
- Creo que no... por lo menos Draco, puedo imaginar a nuestro chico sofocando a los compañeros con la almohada por las noches.
- Oh no, ese sería Harry, porque es celoso y sus compañeros seguramente intentarían abrazar a Draco.
Remus iba a contestar a eso, pero no lo hizo porque los niños bajaron las escaleras rápidamente.
- Listo, papá. - Draco dijo.
- ¿Seguro que no se olvidaron de nada?
- Sólo hay que coger a Hedwig en la lechucería, lo dejé para hacerlo ahora porque no le gusta quedarse en la jaula.
- A ese bicho sólo le gusta su dueño. - Lucius murmuró, pensando en la pelea en que tuvo que separar de esa lechuza y a su halcón.
- Ella es estupenda, papá. - Harry dijo, no entendiendo la crítica. - Ya vuelvo.
Cuando Harry volvió, todos partieron. Harry estaba muy alegre y entusiasmado, pero Draco al mirar la mansión sintió un frío en la panza, pero lo ignoró, seguro que era sólo un poco de miedo de salir de casa.
X~x~X
Sirius estaba en la estación cuando llegaron y les sonrió, principalmente a los niños, que lucían muy orgullosos, Harry corrió para abrazarlo llevando la jaula con su nueva mascota, y no dejó de hablar sobre lo genial que era y como iban a divertirse en la escuela. Remus se acercó a ellos y Draco iba a hacer lo mismo, pero una mano en su hombro lo impidió. Cuando miró a Lucius, su padre le indicó con el mentón, una elegante mujer en la estación.
- Mamá. - Dijo, feliz. Había tenido miedo de no verla antes de partir. Las dos semanas que pasó sólo con ella en las vacaciones fueron geniales, pero no tenía seguridad que la vería antes del grande día. - Viniste.
- Claro que sí, jamás dejaría que fueses a Hogwarts sin verte. - Narcissa informó, permitiéndose besar las dos mejillas de su hijo y apretarle los hombros con cariño, ya que estaban en público, evitaría avergonzarlo. - ¿Listo para entrar en Slytherin?
Draco sonrió.
- ¿Y si voy a otra casa, no me amarás más? - Preguntó, y aunque lo decía en tono de broma, Narcissa notó la inseguridad, su hijo siempre estaba un poco receloso de su amor.
- Escucha, cariño, te amaré aunque vayas a Hufflepuff, pero no te lo recomiendo, el amarrillo se verá horrible con tu tono de pelo y piel. – Bromeó, acariciando su pelo.
Draco rio con ganas, más calmado.
- Ya tenemos que poner los baúles en el tren para que busquen un compartimiento vacío. - Lucius dijo, mirando como muchos ya subían al expreso.
- Verdad. - Narcissa dijo, mirando a los niños subiendo y luego a su hijo. - No te olvides, Draco, no debes preocuparte porque eres un Malfoy y un Black, la magia es fuerte en ti y la tradición es más grande. Deja que la magia te guie y todo saldrá bien.
- Y vigilaré a Harry para que no se meta en líos. - El rubito dijo a su padre, ganando una sonrisa.
- Y te diviertas, por el amor de Merlín. - Remus dijo, acercándose. - La escuela está llena de cosas emocionantes para un niño de tu edad, pero nada de bromas, tu padrino te colgará por las orejas si lo avergüenzas.
- Padrino no me haría eso, tal vez con uno de mis compañeros, pero soy su ahijado... oye, eso será excelente para controlar a los demás.
Narcissa y Lucius intercambiaron una sonrisa. Draco era una serpiente y ya planeaba como mandar en toda la casa, seguro que no tendrían que preocuparse para donde iría.
X~x~X
Draco y Harry se sentaron en un compartimiento vacío, lógicamente. Harry tenía los ojos rojos, había llorado un poco al despedirse de sus padres, Remus los había besado a los dos y girado en el aire, poniéndolos en el tren, pero Lucius lo había hecho en casa y los despidió con un gesto seco de cabeza, en público no era cariñoso nunca. Los dos estaban mirando por la ventana, un poco tristes, hasta que oyeron un toque en la puerta y una cabeza roja se adentró, haciéndoles gritar al mismo tiempo:
- ¡Ron!
- Hola, chicos. Imaginé que estarían ocultos en algún compartimiento vacío. - El pelirrojo dijo, abrazando a los amigos que no veía hace unas semanas.
- Y yo pensé que no dejarías nunca a todos aquellos parientes... ¿cómo te acuerdas de los nombres de todos? - Draco bromeó.
- De la misma manera que tú recuerdas de los árboles genealógicos de media Inglaterra, tonto. - Ron dijo, sentándose al lado del rubio. - Vi a tu madre en la estación, ella apretó mis mejillas y me habló para que no me hiciera tu novio este año, ¿a ella le gusta hacer rabiar a mi mamá, verdad?
Draco rió, como adoraba a su madre.
- Claro que sí. - El rubio dijo, feliz. - Y tu madre lo merece porque no te deja visitarnos.
- Ya sé, ya sé, pero Ginny estaba cerca y ahora cree que me gustas. No dejará de provocarme en los feriados.
Harry y Draco rieron, era un hecho que la menor de los Weasley podía manejar a todos sus hermanos mayores con el meñique. Aún estaban provocándose mutuamente cuando la puerta se abrió y una chica con el pelo totalmente alborotado metió la cabeza en el compartimiento.
- ¿Ustedes vieron un sapo perdido por ahí?
Draco frunció el ceño.
- Por el amor de Merlín, ten modales. No se entra de esa manera en los lugares, hay que tocar antes,
La chica se puso roja.
- Lo siento, soy Hermione Granger y... por dios, eres Harry Potter.
Harry notó que la chica miraba su cicatriz y la cubrió con el pelo.
- Sí, soy yo.
- Sé todo sobre tu historia, conozco todo desde...
- Yo que tú no haría eso. Es de mala educación empezar a hablar con un desconocido, por más famoso que sea, que lo conoces por lo que leíste en libros y periódicos. ¿No enseñan modales a los muggles? - Draco sonrió al reconocer la voz de Blaise Zabini, que entró en el compartimiento y se sentó al lado de Harry.
- Por lo visto no saben la función de un cepillo tampoco. - Draco terminó, ganando un codazo de Ron por ser tan malo. - Oye, es verdad.
- Hola, Weasley. - El bonito niño dijo, mirando al pelirrojo. - Muchos años sin verte, ¿tienes más pecas?
- Hola, Zabini, sí, y las pecas me hacen más bonito. - Ron contestó, usando el mismo argumento que Draco usó la última vez que Pansy lo insultó.
- Has desenvuelto una lengua, bueno para ti. - El niño italiano afirmó. - Ah, mira, Draco, asustaste a la chica.
Hermione había salido rápidamente mientras ellos charlaban.
- Los dos lo hicieron, la avergonzaron. - Harry dijo.
- A mí no me mires, no hablé nada que no fuera verdad. - Draco se defendió, y luego hizo ojos bonitos para Harry y Blaise.
- Chicos, ¿por qué no van a comprarnos algunos dulces?
- ¿Por qué no vas tú mismo? - Los dos preguntaron.
Draco hizo un puchero y miró a Ron.
- ¿Te vas conmigo, Ronald? - el rubio preguntó. - Así estarás a mi lado cuando los idiotas me provoquen por ser Malfoy y que papá está casado con un hombre lobo, sabes que no soy el-niño-que-vivió y entonces no me besan los pies, pero...
- Ya voy, ya voy... - Harry dijo, ya de pie. - Tremendo caradura.
Blaise suspiró al ver como el moreno se iba.
- No puedo creer que él cayera en eso.
- Es león puro y duro. - Draco dijo. - Pero realmente sería bueno que fueras con él, Blaise, o traerá un montón de frijoles, ama esas cosas.
Blaise salió tras Harry, odiaba los malditos dulces.
- Harry no come frijoles de todos los sabores. - Ron dijo, confuso.
Draco rodó los ojos.
- Lo sé, pero Blaise no y son muchas cosas para Harry traer solito... y vamos, quiero un pedazo de aquel emparedado que sé que Molly te hizo.
Ron sonrió.
- No te gusta mi madre, pero te gusta su comida.
Draco lo miró seriamente.
- Algo de bueno la harpía tendría que tener.
Ron rodó los ojos y sacó el emparedado.
X~x~X
Draco sabía que Harry probablemente iría para Gryffindor, pero cuando el sombrero tardó un montón en su selección, el rubito tuvo esperanzas de que su hermano fuera a dar en su casa después de todo... sólo para decepcionarse al oír como aquella cosa vieja enviaba a Harry a la casa de los leones. Después de Harry, sólo la selección de Ron le interesaba, aunque supiera que su amigo iba a hacer compañía a Harry en la casa rojo y dorada en el segundo que el sombrero tocara su cabeza, así como él. El silencio en el salón aumentó cuando la selección de Ron tardó como la de Harry, y nadie se movió cuando la voz del sombrero gritó:
- ¡Slytherin!
Draco fue el primero en salir de la sorpresa y empezar a aplaudir a su amigo, dando codazos en Crabble y Goyle para que hicieran lo mismo, y así, el chico pelirrojo llegó a la mesa con el sonido de la bienvenida de sus compañeros, aunque luciera como si se fuera a desmayar.
- Respira, Weasley. - Pansy ordenó. - Si el sombrero te mandó aquí, tendrás que controlarte para no avergonzarnos... ya basta ser un traidor de la sangre, no vayas a llorar o cosas así, Por Merlín.
- Bien, Pansy, si tenerte a ti, que no tienes seso ni nada no hizo daño a nuestra reputación, Ron no será tan malo.
Cuando su amigo ya estaba sentado a su lado, las personas ya habían vuelto a charlar y el director hizo su discurso sobre el año y dio varios avisos, aunque Draco no puso mucha atención en eso. Cuando la comida apareció, tiró de Ron hasta que lo tuvo pegado a su lado para susurrar:
- ¿Qué pasó? Nunca pensé que vinieras conmigo.
Ron suspiró.
- No quería ser otro Weasley más en Gryffindor, quiero hacer mi propio camino... además, con Harry allá, tú quedarías sólo aquí, no confío en las serpientes.
Draco rodó los ojos.
- Eres una serpiente ahora, tarado. Y tendrías que haber pensado más en eso, mira a los gemelos, te miran furiosos, no quiero ni pensar en lo que hablará Molly.
Ron tragó duro, sólo ahora acordándose de sus padres.
- Oh, estoy bien jodido.
- Sí, lo estás, pero no te preocupes, siempre nos tendrás a nosotros.
- Gracias. - Ron dijo, realmente agradecido.
- Ahora, bebe un poco de jugo, estás medio verde, creo que estás mal del estómago.
Mientras su amigo bebía jugo de calabaza, Draco pensaba que la escuela sería realmente divertida e interesante.
X~x~X
Severus Snape sabía que tendría problemas en el momento que el sombrero puso al pelirrojo en su casa, no por él, pero Ronald tendría que ser más duro si quería sobrevivir en Slytherin. Como todos los años, fue a su sala común para dejar bien claro a los de primero las reglas de su casa. Cuando entró en el salón, le gustó que toda la conversación terminara, los alumnos de primero, sin contar a Draco, lo miraron con sorpresa y admiración. Maldito niño que no se impresionaba por sus entradas.
- Pongan atención. - Severus dijo, usando el máximo de su voz, dejándola seria y sombría. - Ustedes fueron elegidos para la casa de Salazar, desde ahora son responsables por nuestro honor y nuestra tradición. Aquí nos enorgullecemos de nuestro origen, de nuestra historia, no traemos vergüenza a esta casa y no peleamos entre nosotros, ya nos basta que el resto de la escuela nos dé pelea. Si escucho que los alumnos de primero de mi casa están peleando entre ellos, desearan haber nacido squibs. ¿Fui claro?
Los alumnos menores asintieron, los mayores también, aunque sonreían al mirar las caras aterrorizadas de los nuevos, ellos no se acordaban de cómo fue tener miedo de él.
- Los prefectos van a explicar las reglas, pongan atención y aprendan. Si hay problemas con los alumnos de las otras casas, llamen a los mayores, no interesa qué clase de tontería oyeron, en Slytherin cuidamos a los nuestros.
Salió haciendo que su capa revoleteara tras él, oyendo los suspiros aliviados de los alumnos, sonrió, imaginando como Sirius se iba a reír cuando le dijera como asustó a un nuevo grupo de niños.
X~x~X
- Oye, Harry, ¿puedo quedarme con esa cama? Me gusta estar cerca de la pared. - La voz de Neville era casi inaudible, el niño regordete era tímido y asustadizo, cosa que despertó en él un sentimiento de protección, igual que en Hermione.
- Claro, Nev, sólo me senté aquí para pensar un poco, me quedé con aquella cama allá. - El moreno apuntó. - Veo que encontraste a Trevor.
- Sí, me puse muy feliz, mi abuela me lo dio para que no estuviera solo.
- Ah, eres hijo único, siempre tuve a Draco en casa y seguro que aquí tendremos muchos amigos.
- ¿Draco Malfoy?
- Sí. - Harry contestó. - El mismo.
- Pero... él luce malo.
- Es un mimado, pero es mío. - Harry dijo, el rubio no era pan comido para todos.
Neville lo miró con confusión, pero no dijo nada más porque entraron Dean y Seamus.
- Oye, Potter, Percy quiere hablar contigo en la sala común.
- Gracias. - Harry dijo, saliendo del cuarto para encontrar al hermano de Ron.
Percy era de lejos, el Weasley más serio y contenido. Harry se acordaba de cómo era un buen hermano para Ron, siempre cuidándolo y protegiéndolo, incluso era cariñoso, pero desde que entró en la escuela, se volvió más y más serio, aunque con los hermanos siempre era bueno y buscaba tener tiempo para juegos educativos y lecturas.
- Hola, Harry, ¿cómo estás?
- Bien, ¿y tú?
- Podría estar más tranquilo, pero Ron fue a Slytherin y me preocupa mamá... No le dejarás a un lado, ¿verdad?
Harry negó.
- Claro que no, es mi amigo, y no estará solo. Draco le cuidará, no te preocupes.
Percy sonrió.
- Los dos son niños muy buenos, pero tú eres el niño que vivió, tienes mucha influencia en la escuela, aunque no te des cuenta ahora, úsala con cuidado, ¿está bien?
Harry asintió, aunque sabía que tenía ese poder, creció en las rodillas de Lucius Malfoy, si aprendió algo fue como el poder político y una reputación son tan eficaces como poder mágico real.
- Muy bien, entonces ve a dormir, y sigue las reglas.
Harry rió.
- Lo intentaré. - Dijo, corriendo para volver con sus nuevos amigos.
- No corras, Harry, puedes lastimarte.
- No corras, no respires... - La voz de Oliver Wood sonó muy fina, claramente haciendo broma de él.
- Vete a molestar a otro, Oliver.
- ¿Por qué? Molestarte es tan divertido, eres todo modales, Percival, pero la verdad es que...
- Oye, Wood, Percival tiene hermanos muy malvados...
- ... que pueden hacerte cosas muy malas si no le dejas en paz.
Los gemelos creían que eran los únicos con permiso para molestarlo, ya que eran sus hermanos. Oliver rodó los ojos.
- Como si tuviera miedo de un par de delincuentes que siquiera puede mantenerse correctamente en una escoba.
Los gemelos rieron cuando Oliver se ganó un golpe en la cabeza, justamente de Percy.
- Mis hermanos son tus mejores jugadores, idiota. Y todos a sus cuartos, mañana hay clase y si nos hacen perder puntos por retrasos los mataré.
- ¡Sí, jefe! - Los gemelos dijeron juntos, haciendo continencia y riendo.
Después de quedarse sólo para hacer su ronda, Percy apretó su abdomen. Odiaba cuando se quedaba así, era muy difícil fingir normalidad cuando todo lo que deseaba era enrollarse en la cama y descansar, pero había conseguido ser prefecto ese año, y haría lo mejor para mantener a su madre feliz y orgullosa, así, ella olvidaría un poco lo de Ron. Sonrió pensando en su hermanito serpiente, Ginny se iba a morir de la impresión.
