Espejos del alma
Por Yoali Iizax Luin
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Capítulo 21. De nuevo juntos
La neblina era cada vez más espesa a medida que la tarde se convertía en noche, mientras que corría a todo lo que daban sus pies sólo tenía una cosa en mente.
Advertir a Shaoran, lo antes posible.
Las diminutas gotas de la niebla humedecieron sus ropas y las hicieron un poco más pesadas, pero ella continuaba, guiada por una fuerza desconocida sólo con la firme idea en su mente. Brincando y evadiendo obstáculos, su condición no era tan buena por no estar del todo recuperada de la batalla con Eriol, pero igual continuaba.
A medio camino se detuvo, dejo el uniforme, su calzado y espada escondidos en lo alto de un árbol, la manta que llevaba le sirvió como un vestido improvisado, y utilizó un lienzo que estaba para cubrir su cabeza, cuyo color no podía ser definido por lo maltratado y sucio que estaba, sus pies los dejo desnudos y siguió su camino.
Corrió con menos velocidad pues no quería ser descubierta, sus pequeños pies no estaban acostumbrados a correr sobre la tierra fría y mucho menos sobre ramas o animales pequeños comenzaron a molestarle, pero ignorándolos continúo.
Sintió algunas presencias muy pequeñas moverse en el bosque y de inmediato minimizó del todo su energía. Pronto se dio cuenta que eran Geos quienes se movían a los alrededores, se acercó con cautela y logro atravesar el lugar sin ser descubierta.
Más adelante notó como los sonidos de los pájaros y de los animales del bosque parecían estar muy lejanos, ese lugar parecía estar en el vacío total. Era indicio que había llegado, reconoció de inmediato cuando se topo con un campo de energía que protegía el lugar.
Sin dificultad lo cruzó, pues estaba diseñado para detener a todas las razas menos a los humanos que solían no tener tanta energía. Escondiendo al máximo su energía se introdujo al lugar siempre con cautela, sabía que era probable que hubiera activado una alarma mágica, así que camino como si le costará hacerlo mientras se acercaba.
En efecto, de un momento a otro un trío de soldados ya la amenazaban con espada en mano.
- ¿Quién es?
- Ayuda por favor - suplicó con la voz más lastimera posible.
Los soldados se vieron entre sí, luego se dejo caer de rodillas - por favor - rogó de nuevo y uno de los soldados se acercó con precaución.
- ¿Esta bien?
- Un poco de agua por favor, mi señor - no tuvo opción que levantar la mirada y dejar ver su rostro, y aunque sucio si parecía el de una mujer.
Los soldados se vieron entre sí y parecieron de acuerdo en que la mujer no representaba peligro. La ayudaron y la llevaron cerca del campamento. Ella contó una triste historia de como se había perdido al separarse de su pueblo. Fue bien atendida por lo soldados que incluso le dieron pan y un poco de vino.
Mientras ella notaba con asombro la cantidad de soldados en el lugar, eran muy pocos. Shaoran no tenía muchos para su protección y eso le causo un poco de miedo, si Yue los llegará a encontrar podría ser fatal.
Terminó la comida y agradeció a los soldados, luego pidió un lugar donde descansar y uno de ellos ofreció su tienda, no era muy cómoda ni tibia, pero al estar recostada en ese lugar pensaba una y otra vez en la manera mandar el mensaje al rey. Al parecer no confiaban del todo en ella, pues dos soldados vigilaban la entrada.
Con más calma revisó las energías del lugar, un poco alejado pudo notar un gran número de hechiceros y humanos, seguramente la otra parte del ejército de Shaoran, suspiro un poco más tranquila pero aún así, no tenía opción, según parecía no lo vería, pero el mensaje tenía que llegar. La noche finalmente había caído y ella no podía esperar más tiempo.
Se levantó y salió.
- ¿Se siente mejor? - preguntó uno de los soldados.
- Sí, gracias. Y creo que tengo información que podría importarles.
- Adelante.
- Es sobre el ejército negro. Mientras me perseguían me oculte en uno de los árboles no muy lejos de aquí a unos kilómetros hacía allá - apuntó - y escuche como decían que saben el lugar exacto donde se encuentra el rey Li. Según dijeron tienen armas muy poderosas, los seres oscuros y los Sílfide los están apoyando.
Ambos soldados se vieron entre sí, sin saber si creerlo o no.
- Iré a informar - anunció uno de ellos y se fue.
Sak suspiró, ya sea que Shaoran lo creyera o no, debía tomarlo en cuenta.
Sintiéndose levemente más tranquila comenzó a buscar algún lugar por donde escabullirse, mientras hablaba con el soldado.
Minutos después regreso el otro.
- My lady.
- ¿Sí?
- Su majestad desea verla.
- ¿A...a mí? – Oh no, ya debía irse.
- Por favor acompáñenos.
- Claro.
No pensándolo bien, no estaba lista para verlo.
- "No quiero estar cerca de ti" – resonaba en su mente las últimas palabras que le había dicho en aquella ocasión y estando frente a él seguramente dolerían más que nunca.
Caminaba con un soldado al frente y otro en sus espaldas no había lugar a donde correr, era el centro de atención de todos los hombres que discretamente la miraban y susurraban entre ellos. Lo único que hizo fue ocultar aún más su rostro con el lienzo, cubriendo por completo el cabello castaño cuyo color era más oscuro por la falta de una mejor limpieza, pero comenzaba a crecer como nunca antes lo había hecho, algunos mechones ya le cubrían la mayor parte del rostro.
No muy lejos vio a unos hombres de edad avanzada, poseían una gran nivel de magia, seguramente los hechiceros más poderosos de Vidya. Sintió miedo sólo de pensar que pudieran reconocerla, y se escondió aún más tras el lienzo, pero se dio cuenta que no atrajo su atención, lo que la tranquilizo por un instante.
Con la adrenalina fluyendo por su cuerpo se acercaron a lo que parecía ser el lugar de descanso del rey, pues era una tienda de gran tamaño y bien vigilada por una decena de hombres. El soldado entro y después salió.
- Adelante.
Los tres entraron y Sak prefirió mantener la mirada en el suelo como si fuera lo más interesante, pero de reojo podía observar que era un lugar muy grande. Había un escritorio improvisado donde un par de mapas descansaban. Seguramente tuvo una reunión con los generales.
- Su majestad aquí esta la mujer – la anunció uno de ellos.
Trató de calmarse y respiró lentamente asegurándose de hacerlo bien.
- ¿Cuál es su nombre mi lady? – escuchó la voz de Shaoran y su estomago dio un ligero brinco, sólo podía ver sus zapatos, no se atrevía a verlo de frente.
- Flor, majestad – logro articular con voz casi infantil.
- Muy bien flor ¿Por qué no me deja ver su rostro?
- Yo… es una falta de respeto a su majestad soy una simple mujer – dijo con voz casi chillona de mujer avergonzada.
- No lo es.
- Para mí si… majestad.
- Bien, como desee. ¿Quiere repetirme lo que le ha dicho al soldado? - hablaba como si lo hiciera con uno de sus soldados, muy seriamente.
- Sí señor, escuche como decían que saben el lugar exacto donde se encuentra el rey. Tienen armas muy poderosas, los seres oscuros y los sílfide los están apoyando el ejército se acercan por el suroeste, están fuertemente armados con seres de diferentes razas, traen armas muy extrañas y me pareció escuchar que se dirigen al palacio de Vidya.
- Bien, entiendo – le escucho decir y sus pies se alejaron y pudo controlar el latir de su corazón.
Se quedo quieta durante interminables segundos que tardo en volver a hablar.
- Soldados pueden retirarse - ordeno y los hombres obedecieron.
- Sí señor – los dejaron solos.
Sak se alarmó pero se quedo en silencio.
- ¿Sucede algo su majestad? - estaba segura que la estaba examinando, pudo sentir su mirada recorriendo su cuerpo.
- ¿Quién eres en realidad? – su voz cobro un tono amenazador.
Por lo que Shaoran sabía bien podría ser una trampa de Eriol, de él lo esperaba todo.
Había notado como extrañamente esa mujer no parecía poseer una aura común, es más no parecía tenerla, además era muy pequeña como para sobrevivir sola tanto tiempo, sus pies eran demasiado blancos para haber estado expuestos a tanto tiempo al sol y al bosque.
- Yo señor, dije que…
- Sé lo que dijo, pero también sé que en esta parte del territorio no hay pueblos y que ninguna simple mujer podría sobrevivir sola durante tanto tiempo - contestó fríamente.
- Subestima a las mujeres, mi señor – dijo con la voz más dulce que tenía.
- Tal vez, pero ninguna mujer se acercaría tanto al ejército negro, escucharía sus planes y viviría para contarlo.
- Es usted muy desconfiado, majestad. Es información importante, sobre todo en una guerra - su voz dejo de ser dulce y chillona para volverse neutra.
- En tiempos de guerra, nadie es confiable – sintió como se acercaba a ella y sólo pudo retroceder un paso.
- No lo creo señor... - evitó decir más.
Shaoran se plantó frente a ella, y Sak bajo aún más la cabeza.
- Creo que en tiempos de crisis es cuando conocemos en verdad a las personas en quienes se puede confiar y en quienes no.
- Pero no se da la espalda sin siquiera escuchar a un amigo – la recriminó ella.
- ¿Quién eres? – demandó saber Shaoran casi comprobando su teoría de alguna trampa de Eriol.
Mientras Sak sólo imaginar que había llevado a una amante le hervía la sangre - en tiempos de crisis es cuando se corren a los brazos queridos, o cuando se corren a los brazos de la conveniencia.
Tan rápido olvido lo suyo, tan rápido mando al demonio sus palabras, tan poco valía que ella le hubiese confesado que lo amaba, que ahora se casaba con otra y además viajaba hacia una guerra con sabe Dios quien.
- Es cuando demuestras tu verdadero rostro, tu verdadera capacidad, cuando muestras tu alma – al decir esto último levantó el rostro y retiró el lienzo que cubría su cabeza.
Debajo de esa cara sucia estaba un rostro muy conocido - ¿Sak? – quedo casi petrificado.
- Hola Shaoran – saludo seriamente.
- Pero... ¿qué demonios haces aquí? – frunció el ceño sin entender.
- De nada, ¿qué crees? Advirtiéndote de lo que planea Eriol.
El rey de Vidya se quedo en silencio, aún dudando que lo que le mostraban los ojos fuese real.
- Yue espera órdenes de Eriol para atacarte, sabe tu ubicación, sinceramente no sé que planea pero esta muy confiado.
- ¿Qué dices? - salió de su asombro para prestar atención a lo que decía.
- Tienen a varios Sílfide de su lado, los seres oscuros que comanda Yue son muy poderosos y difíciles de matar, debes saber el hechizo exacto, se mueven en la oscuridad y pueden cambiar de forma. Los hechiceros también son poderosos pero creo que los tuyos podrán mantener una pelea con ellos. No sé cómo, pero que el ejército tuyo y el de Sideris hubieran avanzado tanto es porque él así lo decidió. Parece que espera algo, no sé que es.
- ¿Por qué me lo dices? - frunció el ceño desconfiado.
- Huyes cuando quiero hablarte, por eso tuve que venir hasta aquí – ahora era ella la que estaba molesta.
- Me traicionaste – aseguró él sumamente molesto crispando los puños.
Ella desvió la mirada incapaz de mantenerla - tal vez - no podía negarlo - pero haré lo posible para ayudarlos por ahora.
- ¿Cómo sé que puedo confiar en ti? Eres del bando enemigo.
Esas palabras dolieron - pues es tú decisión - se cruzó de brazos como una pequeña enojada.
Sintió su penetrante mirada clavada en ella, sintió de nuevo esa agradable presencia que lo cubría llena de valentía de fortaleza y de todo lo que era él. No pudo evitar estremecerse con su cercanía, trato de calmarse y pensar fríamente.
- Disculpa por insistir... - dijo esta vez más calmada y viéndolo directamente a sus ojos ámbar - pero por favor, desiste de esta pelea él tiene todo a favor - dejo caer los brazos relajando toda la tensión en su cuerpo.
- ¿Estas pidiéndome que me rinda? - se exaltó.
- No, estoy diciendo que hay otras maneras para terminar con esto, la vía de las armas es la más cruel de todas Shaoran. Tal vez podamos hablar con Eriol y hacer un acuerdo para...
- ¡NO! - la cortó él - no olvides quien comenzó todo esto. No olvides quién tomo tu reino en sus manos por medio de la violencia, y yo jamás, y escúchame bien, jamás le perdonaré que haya provocado la muerte de mi padre. El comenzó esto y yo lo terminaré, no me pidas imposibles.
- Pero… ¿y la vida de todos esos seres vivos que se pierden cada día en el campo de batalla? - recordó al hombre que murió en sus manos - ¿Acaso ellos tienen alguna culpa de lo que ha hecho Eriol o la necedad tuya? - en verdad deseaba convencerlo.
- Ellos han decidido seguirlos, es su deseo luchar.
- Así como tu hombres desean morir por su reino, por tu familia y por ti. No lo ves, así como ellos creen en Eriol, los tuyos creen en ti, todos creen que hacen lo correcto y están dispuestos a morir por sus órdenes. Y si ninguno de los dos quiere rendirse, serán ellos quienes pierdan la vida.
- No Sak, por eso es que vine hasta acá enfrentaré yo mismo los problemas, pero él no esta aquí, es Ériol quien utiliza a todos ellos a su conveniencia.
¿Por qué era tan testarudo? Tenía la pequeña esperanza de poder llegar a un acuerdo pero habían terminado peleando.
- Como quieras, pero seguiré intentando que esto termine de modo distinto.
- Mi reino y yo estamos protegidos y preparados - habló como un gobernante seguro de la fuerza de su pueblo.
- Eso espero, Eriol planea algo grande y será cuestión de días en que lo lleve a cabo – dijo mientras exhalaba un suspiro.
- Estaremos preparados - sus palabras la hicieron tranquilizarse, él parecía confiado y en verdad esperaba confiar en que estarían bien.
- Debo irme - cubrió de nuevo sus cabellos maltratados con el lienzo.
- ¿Sak? - en respuesta ella lo miró.
- Viniste hasta acá ¿sólo para advertirme?
- Es tu decisión ignorarme o no - contestó resignada
- ¿Arriesgaste a tu familia a tu vida por advertirme?
Sak sólo suspiro casi imperceptiblemente.
- ¿Tanto me quieres?
- A pesar de que obviamente no me quieres cerca - escondió su mirada tras el lienzo - no puedo mandar en mi corazón ni en lo que siento por ti, para mi desgracia - se negaba a repetir esas palabras que dolían - Cuídate mucho por favor.
Se dio media vuelta dispuesta a salir.
- Sakura - la llamó y ella sólo se mordió el labio, le parecía una eternidad desde que lo escucho pronunciar ese nombre, de esa manera.
Shaoran la alcanzo y se interpuso en su camino, pero aún así ella no se atrevió a ver sus ojos.
- No te preocupes Shaoran, sé que ya tienes a alguien y sé que es por el bien de tu pueblo - sonrió con un poco de tristeza.
- Estoy comprometido Sak - sólo cerró los ojos y un frío corrió por toda su espina dorsal, pero se mantuvo firme. ¿Por qué tenía que ser tan cruel?
- Espero que sean felices - dijo tragando su decepción y tratando de controlarse - ¿Es ella la que esta aquí?
- No, Haydee sólo viene a ayudarme con la batalla.
- Así que es Haydee - por fin pudo verlo a los ojos y reír falsamente – y yo que la creía una inútil.
- ¿Estas celosa? - preguntó Shaoran con una leve sonrisa como si la situación le causara gracia.
Así que le agradaba hacerla sufrir - ¿Me crees tan imbécil? - su cara se torno roja - jamás he pensado que al final tendremos un final feliz. En esta estúpida historia sólo hay muerte y destrucción, al final te quedarás con la que quieras, eres un rey puedes hacer lo que quieras en nombre de tu pueblo, yo me pudriré - por todos los cielos a penas podía controlarse y no dejar escapar toda su furia y energía.
Shaoran acentúo su sonrisa lo que termino por lastimarla aún más, pero por más que lo deseara jamás podría odiarlo, así que simplemente paso a su lado para retirarse.
- Un momento - la retuvo tomando su brazo.
Ella sólo quedo en silencio con la dignidad destrozada.
- ¿Estas dispuesta a seguir SUS órdenes?
- Sí, lo haré - dijo decidida.
- ¿Qué sucederá si te ordena que me mates? ¿Lo harás?
¿Cómo se atrevía a hacer esa pregunta tan estúpida?
- No lo sé – mintió.
- ¿Qué pasará entonces Sakura?
No quería ni imaginarlo, decidir entre la vida de su familia o la vida de Shaoran. Ganar la guerra y perder un amor, o ganar un amor y perder la familia.
- Lucharemos entonces – sólo en pensar en que Eriol la obligará a decidir se le estrujo el corazón - y ganará el mejor.
Justo cuando sintió que en su alma no había nada, sólo confusión, dolor, resentimiento, sueños frustrados, ilusiones rotas, que estaba sometida y que nunca más podría reír en su vida.
Sintió de pronto una calidez que brotaba de lo más profundo de su ser y se expandía lentamente, cubriendo toda la oscuridad, poco a poco y lentamente su pecho y el resto de su cuerpo recobraban su fuerza y su poder.
Pronto toda esa calidez se concentro en su pecho y en sus labios. Ni siquiera sintió cuando o cómo, sólo que ahora era Shaoran que la besaba de manera embriagante, ella no respondía, sólo sentía como el ritmo de sus labios acariciaban tiernamente los suyos.
No pudo resistirse, a pesar de todo, no tuvo fuerza para alejarlo, sólo para perderse en la sensación que le provocaba. Sus manos de pronto rodearon su cintura sin sentir la menor resistencia.
Cerró los ojos con resignación. Así de maleable era en su presencia, podía hacerla tocar el infierno con sus frías palabras o volar en la gloria con sólo un contacto. Sí, así era estar enamorada. Embriagada de su presencia, perdida en sus manos, estúpidamente enamorada del que fue su mejor amigo, del que ahora era su enemigo.
Cuando el aire era indispensable tuvieron que separarse.
Ella pronto frunció el ceño ¿acaso se estaba burlando?
- Lo siento - se disculpó él - pero quería estar seguro que eras tú, quería estar seguro que aún sentías lo que una vez me aseguraste - le dedico una mirada llena de ternura, casi de devoción.
- ¿Por qué? - logró preguntar ella, aún sin entender.
- Por que a pesar de todo, no he podido sacarte de mi mente. A pesar de saber que estas con "él", me niego a perderte. Todo este tiempo has estado en mis pensamientos, no como mi enemiga, sino como mi amiga y como la persona con la que desearía estar para siempre, pero...
Aquella vez, en el plano astral cuando se decepcionó de ella. Pudo rechazarla, hizo un esfuerzo sobrehumano para hacerlo, en aquel momento su cuerpo no estaba presente para sentir lo que ahora sentía, casi tan sublime como aquella noche en Sideris, un recuerdo que intento borrar pero que sólo logro grabarlo en cada parte de su cuerpo.
- te traicioné - aseguró ella y sus ojos verdes no ocultaron lo que sentía.
Ahora que podía ver de lo que ella era capaz, le movió hasta la última fibra de su ser.
Y todo este tiempo se la había pasado pensando que lo que sentía por esa princesa era un capricho, y que con su traición, todo cariño que le llego a tener se fundía en el odio y desprecio.
Sin embargo ese sentimiento que creía destruido, ahora emergía victorioso de tal prueba.
Shaoran asintió y la brazo esperando que no se desvaneciera - Es muy complicado. Una parte de mí te odia por estar con él, por dejarme y no confiar en mí. Y otra parte de mí te admira y respeta, por lo que haces, por la manera en que me ayudas y te arriesgas, esa parte sólo desea protegerte y amarte - acarició con dulzura su cabeza.
Hasta donde pudo traicionarlo al unirse con el enemigo y hasta donde podía amarlo al ir hasta allá y exponerse sólo para advertirle del peligro.
Amaba su corazón pero odiaba sus ideas.
Luego la tomo del rostro y la miró fijamente - Sakura, pero debo reconocer que siempre me asombras - le dijo sonriendo quitando las mechas que neciamente cubrían su rostro.
Mientras ella por fin disfrutaba de verlo de nuevo. El rostro que conoció parecía haber madurado, sus facciones eran más duras, más masculinas y su mirada más intensa. Parecía más un hombre y menos un adolescente, no pudo evitar hechizarse con esa visión con esas sensaciones que despertaban sólo con su cercanía.
Pero no podía dejarse llevar, ya una vez había actuado dejándose llevar por las emociones, no se arrepentía, pero si iba a tener un hijo de él no sería en medio de una guerra, ni mientras estuviera comprometido.
Por mucho que lo amara, no arriesgaría la vida de su hijo en una batalla, así que trato de alejar esas sensaciones - soy genial lo sé - sonrió sinceramente - pero no es suficiente.
- ¿A no?
- Debes confiar en mí, sé que no quieres terminar esto de otra manera pero debo rogarte que lo pienses por favor, sólo pensando en el bien de todos - rogaron también sus verdes ojos y él no supo que decir.
- Yo...
- Majestad, lady Haydee desea verlo – interrumpió una voz desde el exterior.
- ¿Qué? En un momento salgo – Shaoran se separó rápidamente.
- Ella, ¿viene a verte? – sintió que su sangre hervía en su cuerpo.
- ¿Shaoran puedo pasar? – se escucho la voz femenina desde el exterior.
Sak rechinó los dientes.
- No – contestó ella con voz ronca.
- En seguida salgo – corrigió Shaoran y salio rápido e impedir que entre.
Pero era demasiado tarde, se la encontró de frente.
¿Qué parte de "me estoy cambiando" no entendió? ¿O lo hizo a propósito para…?
- Buenas noches - saludo la joven.
- Muy buenas noches - contestó mordazmente Sak, apenas y tuvo tiempo de cubrirse la cabeza.
En ese momento Sak sabía a quien enfrentarse a la hora de la batalla, a quien con gusto derrotaría.
- ¿Qué sucede Haydee? - preguntó seriamente Shaoran algo molesto por la intrusión.
- Nada, es sólo que escuche que había una mujer aquí y quise venir a ofrecerle mi ayuda, como aquí todos son hombres... – muy considerada la mujer.
- Es muy considerada mi lady - interrumpió Sak con voz chillona - pero estoy bien y si me disculpan estoy cansada, sólo quiero un lugar donde descansar - hizo unos torpes movimientos de reverencia sin dejarse ver el rostro.
- Bien, puede venir conmigo - Haydee se acercó a ella.
- No gracias, un soldado me ha ofrecido su lugar y no quiero ofenderlo. Con su permiso - salió sin esperar respuestas, tan rápido como sus pies le permitieron.
Se encontró con uno de los soldados que la habían guiado y se alejaron.
- Pobre mujer - dijo Haydee al verla salir.
- Espera aquí - ordenó Shaoran y salió corriendo tras ella.
Haydee tuvo un extraño presentimiento, pero prefirió obedecer.
Sak caminaba junto al soldado de nuevo a la tienda, alcanzó a divisar la posición de la luna en el cielo, debía apresurarse.
Pronto la figura del rey los alcanzó - soldado diga a los hechiceros que vean el lado este, sentí algo hace un momento - ordenó al hombre y éste de inmediato obedeció.
Ella aceleró el paso, alejándose de la curiosa mirada de algunos de los soldados que hacían guardia, pero ninguno los siguió.
- Sak.
- Lo siento no quería estorbar en "sus actividades" – dijo totalmente molesta.
- Sak, no es lo que piensas, ella vino a pelear.
Ambos se detuvieron cerca de la tienda en la orilla del campamento, casi en las sombras.
- Sí claro.
- ¿Acaso no notaste su poder? Es fuerte.
Ella se quedo en silencio - como sea, debo irme.
- Quédate Sak, pronto reconquistaremos Dhirtya, Eriol será derrotado y todo volverá a la normalidad - hubiera dado todo por creerle, pero a pesar de toda la revolución que él provocaba en ella, no podía arriesgar ni a su familia ni a Isil.
- El viaje es largo y arriesgado, no puedo quedarme.
- Tan cerca están de nosotros – reflexiono él - en verdad no entiendo como lograste llegar hasta aquí.
- Una chica tiene sus métodos.
- Eso no suena bien.
- Deje durmiendo a mi guardia, me esperan y no pienso provocarle problemas.
- Así que ¿alguien te espera?
- Ansiosamente.
- Es ese estornudo no es cierto, sé que los Sílfide de la zona se unieron al ejército.
- No es él, pero sí están de nuestro lado. Es un chico llamado Isil, por favor Shaoran, si sigues hablando como adolescente pensaré que estas celoso – Vaya, no pensaba que le importará a Shaoran que este con otros hombres.
- Yo, ja para nada – pero su voz lo delato.
- No estas celoso de Eriol – je je venganza.
- No.
- De Atzin.
- Claro que no.
- Del lindo Isil.
- No lo conozco.
- Precisamente por eso, es mi guardián pasa TODO el tiempo conmigo, me protege, me ayuda y apoya. Pensándolo bien sería un novio perfecto ¿sabes? Sin un linaje que cuidar y deseos de venganza.
- Sakura – dijo molesto, si quería molestarlo, bingo lo había logrado.
- Haga lo que haga o sienta lo que sienta yo por ti, tú podrás elegir al final. Así que no me culpes por buscar a alguien que si me quiera.
- Sakura no...
- Shh... - tus soldados puedes escucharte.
Se inclinó para que nadie los escuchara - escúchame yo... –comenzó a decir Shaoran.
- Una cosa más – lo interrumpió - como al parecer la siguiente vez que estaré contigo es el campo de batalla te aconsejo que dejes fuera a tu "amiguita" podría salir lastimada
- ¿Qué dices? tú no serías capaz.
- Como dije no me subestimes, he matado una vez, quien sabe... tal vez me agrade.
- Saku... – esta vez lo interrumpió robándole un beso corto.
Shaoran de inmediato buscó si alguien los hubiera visto, pero al parecer nadie lo hizo, justo cuando estaba decidido a regañarla por su imprudencia la chica se había desvanecido.
- Demonios - dijo cansinamente.
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- Touya, quiero que me expliques que sucede
- ¿Qué sucede señor? – preguntó como quién no sabe nada.
- Sí sabes a lo que me refiero ¿qué hay entre tú y Tomoyo? – fue directo al grano.
El hermano mayor de Sak sonrió sutilmente.
A lo que Eriol, sólo frunció el ceño muy levemente
- Ella esta jugando conmigo, eso es todo.
- Explícate.
- Desde que llegue buscó mis… favores. Intentó seducirme para obtener beneficios de mí.
- No mientas – Eriol levantó la voz amenazante.
- No lo hago señor, es la verdad puede preguntárselo a ella – dijo seguro.
Había planeado todo, para que Eriol se diese cuenta de lo que sucedía entre ellos, quería que Eriol tuviera la más horrible impresión de ella y se alejara.
Eriol pareció confundido y no lo escondió como solía hacerlo.
- Entiendo – dijo ya más calmado - pero ya no lo hará más, no necesita ningún favor tuyo. Por lo que quiero que te alejes de ella.
- Señor, lo haré si me lo pide.
Eriol se sintió un poco más relajado.
- Pero no le aseguro que ella se aleje de mí.
El jefe del ejército negro se sintió irritado, pero se contuvo. Estaba insinuando que Tomoyo era una cualquiera, pero él la conocía mejor.
- Entiendo, pero… al final ella decidirá.
- Así será.
Touya sería un digno rival para Eriol.
A pesar de que Eriol tenía una posición privilegiada como jefe supremo, él no se dejaría intimidar.
El premio era demasiado tentador para dejarlo ir.
A la mañana siguiente llegó un mensajero de Yue.
- Puede retirarse - lo despidió Eriol.
Las órdenes estaban dadas.
Minutos después llegaba Meiling quien había partido al noroeste para conocer la situación del reino de Amaya, los Sen sólo esperaban órdenes de Eriol.
- Mei llama a Touya, hay una reunión importante.
- Si señor.
En cuanto los tres se reunieron, como siempre en la parte más alta del palacio, informó sobre el mensaje y su decisión.
- Entonces...
- Sí Mei, llegó el momento. Li ha salido de su palacio es vulnerable, es el momento que esperábamos, todas las piezas están en su lugar.
- Sin Li al frente, todas las resistencias caerán - aseguró Touya.
- No debemos confiarnos. Li es muy inteligente estoy seguro que no salió de su palacio sin estar muy bien preparado, sabe alta hechicería, sabe usar energías y cuenta con los mejores hechiceros, además ha desarrollado la metalurgia. Tiene bien protegido a su palacio, con reservas de comida y agua, esta preparado para todo.
- Es por eso que debemos terminar con él, es muy peligroso.
- Es cierto Mei, por eso me encargaré personalmente.
- Pero señor... - protestó Mei.
- Lo haré. Touya mañana temprano partiremos - Kinomoto sólo asintió - Meiling te quedarás en el palacio para vigilar que todo salga bien.
- Pero señor...
- No esta a discusión Mei.
Ella suspiro desilusionada.
- Nuestro asunto quedará para otro momento - se dirigió a Touya y él solo asintió.
Luego Eriol salió.
- Te preocupas demasiado Meiling - murmuró Touya - sabe cuidarse solo.
- Sí, pero si ese tal Li es tan fuerte, me gustaría acompañarlo.
- Díselo.
- ¿Qué?
- Lo que sientes Mei.
- No sé de qué hablas, cierra la boca - salió enojada y azotando la puerta.
Touya sonrió, vaya que Eriol era ciego al no notar las miradas que Mei le dirigía. Pero no era su asunto, aunque le convenía que Mei se quedará con Eriol y él tendría el campo libre.
Un momento ¿camino libre? ¿para qué?
Cierto, había decidido tener a esa amiga de su hermano a toda costa, y lo haría. Además con la batalla con Li era probable que su tonto hermano muriera en manos enemigas y ese pequeño estorbo desaparecería para siempre de su vida.
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Sak llegaba al lugar donde Isil no tardaría en despertar corriendo a toda prisa, ya cambiada y sumamente cansada veía como poco a poco la luz rojiza del sol anunciaba un nuevo amanecer.
Corrió a todo lo que daban sus pies, aún dentro de las botas le dolían horrores las pequeñas heridas provocadas por la hierba y algunas espinas. Había corrido tan desesperadamente que no se cuido de las terribles espinas ni de algunas hormigas que furiosas por pisar su hogar pellizcaron su piel sin piedad.
Faltaba poco, cuando se tuvo que detener sintió algo acercándose. Saco su espada y avanzó con más cautela, estaba agotada y sin dormir así que le costaba un poco de trabajo ubicar las presencias. Estaba a un kilómetro del campamento y a unos metros de Isil.
Se apresuro cuando lo recordó, tal vez Isil estaba siendo atacado y no podía defenderse por esta bajo el efecto de su pócima.
- Tonta - se recriminó y continuó.
La neblina de la noche aún no se retiraba por completo, así que con cuidado se acercó. Vio a Isil dormir tranquilamente, no parecía haberse dado cuenta de nada.
Pero seguía sintiendo algo y parecía estar cerca, camino hacia donde se sentía más fuerte.
- Alto - vio a alguien esconderse entre as ramas de un árbol.
Luego algo cayó de él.
Vio como lentamente se levantaba una alta figura cubierta por una larga capa negra.
- ¿Qué quieres? - tomo pose de defensa.
- Tranquila Sak, soy yo - se destapo y vio a...
- Atzin.
- Hola.
Sak corrió y lo abrazó logrando sonrojarlo sin saber.
- No pensé que te agradaría verte.
Ella le sonrió - claro que sí, no sabía nada de ti - se separó de él.
- Estaba en las fronteras de Sideris, yo pensaba que estabas en Dhirtya a salvo - dijo frunciendo levemente el ceño - no pensé que Eriol sería capaz de arriesgar tu vida de esta manera. Vine en cuanto lo supe.
- ¿En serio? Yo estoy bien
- Yo... prometí a tu abuelo y Mixtli que cuidaría de ti - acarició el cabello de Sak.
- Gracias, pero puedo cuidarme yo misma me enseñaste bien. Además tengo otro guardia.
Ambos comenzaron a caminar rumbo a donde Isil yacía dormido.
- Pues, no creo que sea tan confiable esta durmiendo - dijo con tono molesto al verlo dormir tan placenteramente - ¿estas segura de que no eres tú quien lo cuida a él?
A Sak le salió una gota - no, normalmente no es así, es sólo que estaba muy cansado... sí es eso.
- No te preocupes de ahora en adelante yo te cuidaré
- En verdad no necesito que nadie me cuide, por ahora sólo quiero descansar - se sentó en una roca y Atzin también lo hizo dándose la espalda.
- Descansemos ¿sí? - preguntó Sak y lo utilizo la espalda de Atzin como respaldo.
Estaban igual de cansados, él había viajado desde Sideris y Sak desde el campamento de Li, lo único que deseaban era descansar.
Atzin vio como lentamente Isil abría perezosamente los ojos, vio a su alrededor algo desubicado y luego de notar la ausencia de Sak se levantó de un brinco.
- Sak.
- Vaya guardia que eres - reclamó Atzin.
- ¿Tú?
- Atzin, ese es mi nombre.
- Como te llames ¿qué haces aquí?
- Vine a proteger a Sak, ya que parece que nadie más lo hace.
Isil se ofendió - yo lo hago muy bien.
- ¿En serio? ¿Dónde esta ahora?
- Eh... - la buscó con la mirada y se alarmó.
Atzin sólo hizo un movimiento con la cabeza, Isil lo rodeo y tras él estaba Sak ¿durmiendo?
- Sh... - le dijo Atzin - creo que no durmió bien por cuidarte.
Isil se enojo pero no dijo nada, no entendía que le sucedió. Él era muy alerta, cualquier sonido lo despertaba sobre todo cuando estaba con Sak.
Con mucho cuidado y delicadeza Atzin se dio vuelta y la tomo en brazos.
- ¿Qué haces?
- Debe descansar y éste no es buen lugar, debemos ir al campamento allá podrá dormir mejor.
Sak simplemente había quedado agotada y dormida, arrullada por unos brazos calidos que se le antojaban como los de Shaoran, así que sólo se acomodo, sonrió y siguió durmiendo.
Atzin también sonrió y se la llevó.
Isil recogió todo y fue tras ellos, sospechando que ese hombre tenía algo que ver con su profundo sueño.
No estaba seguro de poder confiar en él, además parecía muy protector con Sak, lo mantendría bien vigilado.
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Era ya tarde cuando decidió ir al dormitorio de Tomoyo como lo había hecho las últimas noches. Ambos parecían disfrutar de largas charlas, que nada tenían que ver con la guerra, muerte o sufrimiento.
Ella tenía ese don, podía hacerlo olvidar su realidad, parecía imbuirlo en una agradable esfera en donde todo era perfecto, en donde sólo podía haber felicidad.
Tomoyo se había vuelto para él una droga, una exquisita droga que se negaba a perder. Lo hacía alucinar cosas maravillosas, lo hacía sentir flotar a pesar de su cuerpo, sólo su sonrisa un gesto que le causaba euforia en lo más profundo de su ser.
Sin embargo no estaba acostumbrado a exteriorizarlo, estaba feliz por dentro pero no lo reflejaba. Mantenían charlas de amigos de cosas triviales como hacer recetas para pócimas y comida deliciosa, hasta hablaban de la literatura que Tomoyo amaba.
Ella era su perfecto refugio.
Toco la puerta y entró como siempre, ella ya lo esperaba.
- ¿Cómo te fue el día de hoy?
- Excelente – le sonrió.
Por más que ella lo deseara esas sonrisas eran sinceras, no podía fingirlas. El hombre era sumamente agradable, siempre atento y sincero, podía olvidar que era el líder de un ejército que buscaba dominar todo cuanto existía sobre la faz de la tierra. Parecía un humano más.
La rutina de enseñar a Touya palabras de hechicería había sido cambiada por una amena discusión de literatura.
Mixtli había partido dos días antes, Tomoyo no la pudo despedir pues sin que ella lo supiera.
La frescura que desprendía Tomoyo era fácilmente contagiada y así había hecho algunos conocidos entre las personas. A comparación de los primeros días, ahora las personas que estaban aprisionadas en la parte baja del palacio, parecían casi acostumbradas a la situación. Era cierto que muchas mujeres parecían tristes, pero ya no lloraban como antes, se dedicaban a cuidar más a sus hijos y servir a los enfermos.
- Es increíble a lo que una persona puede acostumbrarse – había concluido Eriol.
Casi no tocaban ese tema y por primera vez ambos se quedaron unos momentos en silencio.
Ella pensaba en el destino de todos los combatientes y en especial de Sak, mientras Eriol sólo se dedicaba a observarla, no había tiempo. Iría al campo de batalla y no deseaba irse sin hacer lo que ya tenía muy bien planeado y que, quizás le ayudaría a triunfar.
- ¿Tomoyo?
- ¿Sí? – la sacó de sus pensamientos.
Le quitó la taza que sostenía y puso ambas tazas en el buró cerca de la cama, donde ella yacía sentada.
- ¿Qué pasa? – preguntó notando la extraña actitud.
- No soy bueno para esto pero… - se inclino y puso una rodilla en el suelo y tomo sus manos mientras la miraba con devoción.
- ¿Quieres casarte conmigo? – preguntó con voz suave.
Tomoyo se quedó estática, tratando se asimilar la pregunta.
- Yo… no sabía como decirlo, es la única manera de expresarte lo que siento – besó sus manos un poco avergonzado.
Nadie le enseño como ser tierno, o como decir algo con algún sentimiento. Sólo sabía que las personas de los pueblos se casaban cuando se amaban, y estaba seguro que él la amaba, y la única manera de saber si ella le correspondía era hacer esa pregunta.
Apenas estaba comenzando a reaccionar, cuando sintió que en su dedo algo ligero se deslizaba, Eriol le estaba poniendo una sortija, una hermosísima sortija de oro blanco con un diamante no muy grande rodeado de una hermosa amatista.
- Eriol – fue lo único que pudo decir.
Él la obligo a levantarse.
- Por favor – le susurro y la beso.
Por todos los cielos, era un beso tan dulce y tierno que parecía no ser real. Ella sólo pudo soltar un suspiró, sus cálidos labios parecían inexpertos pero llenos de ternura.
Apenas y la sujeto por los hombros para profundizar un poco el beso antes de soltarla.
- Sé que tienes que pensarlo ¿lo prometes? – beso su cabeza y le brindo una mirada anhelante.
Tomoyo sólo puso asentir, sus pensamientos estaban demasiado confusos para hacer o decir algo.
Él se dio media vuelta y salió.
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Hola, yo de nuevo, bien ahora todo se puso color hormiga. Nadie quiere ceder un ápice en sus decisiones lo que complica todo, la única confundida es Tomoyo jiji.
- Black Star Dragon Girl
- Nitoky
- Khorih
- yuuko-hime
- Gilraen Singöllo
- Celina Sosa
- gabyhyatt
- Ana
- Nami Li
- HarLet.BriNa
Gracias chicas por leer, por sus comentarios y apoyo.
En el siguiente capítulo: es hora de partir al frente de batalla, el momento que todos esperaban Eriol llega a tomar su lugar al frente y se encuentra con su más poderoso enemigo.
