Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Capítulo 21- El fluir del futuro.
Si tenía que ser sincera, las cosas habían cambiado un poco desde la tarde del día anterior. No era precisamente malo que las cosas cambiaran, simplemente lo habían hecho. Desde que Tom le había "propuesto" mudarse juntos algo había cambiado en ambos. Ella había sufrido durante interminables segundos el pensamiento de que el mago le iba a dejar. No había sido agradable y le había hecho darse cuenta, de verdad, de lo mucho que él significaba para ella. Sabía que ese año, tal y como Ron quería, sus prioridades habían cambiado. Pero nunca se habría imaginado que lo hicieran de aquella manera. Por eso, cuando la familia Weasley, junto con Remus y Sirius, le invitaron a cenar para celebrar su graduación, ella se tuvo que negar porque iba a celebrar con Tom su nuevo hogar. Y vaya si lo celebraron. Fue una noche agotadora pero no lo cambiaría por nada.
Por otro lado, Tom también había cambiado. Ver su objetivo acercarse le estaba permitiendo mostrar mucho más su lado posesivo. No era para menos. Su bruja había aceptado irse a vivir con él. De motu propio. No había tenido que amenazar, chantajear ni manipular a nadie. Simplemente ella había querido y se había alegrado por ello. Había sido una alegría sincera y genuina. Nunca pensó que alguien respondiera así con él. ¿Cómo le podía dejar escapar? Ahora que le tenía justo donde quería no iba dar marcha atrás. Y le tenía que vigilar. Ahora más que nunca. Aquél era un momento crucial y el resultado podía determinar muchos futuros. Esa era una de las razones por las que había accedido a ir a comer con Hermione y la familia Weasley más la de Potter. Tras la comida sería cuando comenzaría oficialmente la mudanza de su bruja. Entre todo, esa mañana iba a ser la última de Hermione como alumna en Hogwarts. Sabía que la chica estaba triste. Nagini había entendido que era su tarea hacer que pensara otra cosa y se dedicaba a perseguir a su gato. Así se mantendría ocupada. Y tenía que decir que daba resultado. Mientras él leía tranquilamente cerca de la ventana, Hermione corría para proteger a Crookshanks y amenazaba a una orgullosa Nagini.
-¿Ya tienes todo preparado?- inquirió Tom cuando se acercó la hora de irse a comer. Se suponía que Hermione había estado recogiendo y guardando las cosas en su baúl. Le vio volver al salón con su gato en brazos y el pelo revuelto.
-Sí, está todo listo- gruñó de mal humor. Que ese fuese su último día en Hogwarts y esa maldita serpiente no dejara que lo viviera podía volverle muy peligrosa. Su enfado se esfumó de un plumazo cuando salió al exterior. Lo único que evitaba que no se echara a llorar era Tom. Su brazo a su alrededor evitaba que se contagiara del ambiente. El humor era generalizado. Los alumnos de último año trataban de alargar su marcha lo máximo posible, porque muchos no volverían en muchos años. Apretó a Crookshanks contra ella tratando de mantener el tipo. Lo último que quería era salir llorando del lugar que tantas alegrías le había proporcionado. Y el director esperaba en la puerta. No podía derrumbarse delante de él.
-Oh, señorita Granger, Tom- saludó con una ancha sonrisa.
-Buenos días, profesor- murmuró Hermione mientras que el profesor sólo asintió.
-No me gusta esa tristeza en su mirada, señorita Granger- sonrió Dumbledore con el brillo que le caracterizaba- Créame cuando le digo que dentro de poco nos veremos.
Ni siquiera se le ocurría preguntar que a qué se refería. Dumbledore era misterioso por naturaleza. Y si no, se esforzaba por serlo.
-Espero que tenga razón, profesor- sintió el agarre de Tom apretarle más fuerte. Alzó la cabeza para verle. En ese momento no se molestaba en ocultar la mirada asesina hacia el director y sus palabras.
-Vamos, Hermione- indicó andando hacia los carruajes que les llevarían a Hogsmeade, donde se desaparecerían para ir a casa de los Weasley.
-Gracias por todo, profesor- se rebeló para despedirse como era debido.
-Ha sido un placer, Hermione- sonrió sinceramente- Hogwarts necesita a más brujas como tú.
Tom no dejó que la despedida se alargara mucho más. Le obligó a pasar a un carruaje sólo para ellos dos y sus dos animales y partieron rumbo a Hogsmeade. La bruja apenas hacía caso de su alrededor. Sólo tenía ojos para el imponente castillo que se iba alejando junto con su infancia. Suspiró de pena y apartó la vista de la ventana cuando giraron en una curva y el colegio se dejó de ver. Le llamó la atención la portada de El Profeta que el mago leía.
-¿Un toque de queda para la sociedad mágica?- leyó incrédula.
-Los Mortífagos han conseguido que el Ministerio centre la atención en ellos. Creerán que por estar en sus casas van a correr menos peligro. Ingenuos.
Le contempló rumiando sus palabras. Había pronunciado esa última palabra con tanto desdén que le parecía extraño. No solía expresar tantos sentimientos de esos temas. Por lo que ella sabía los Mortífagos siempre le habían parecido un grupo que quería llamar la atención. No es que les hiciese mucho caso. Suponía que no le parecían una gran amenaza.
-Es mejor que no hablemos de los Mortífagos en casa de los Weasley- murmuró. Prácticamente desde que les habían invitado a comer y él había aceptado, Hermione no dejaba de señalar los temas conflictivos. Quería evitar a toda costa una confrontación y no sabía cómo lo iba a conseguir.
-Puedo ser cordial, Hermione- dijo por toda respuesta sin despejar los ojos del periódico hasta que por fin llegaron a su destino. Ella no estaba tan segura de eso. Con su energía recargada y su poder al máximo, intimidaba hasta cuando no se lo proponía.
Un simple movimiento de varita bastó para hacer desaparecer a sus animales y pertenencias a su nuevo piso.
-¡Espera! ¡No he advertido a Nagini!
El mago puso la vista en blanco.
-No hará nada a ese gato tuyo. Ahora vamos.
-Pero a este paso Crookshanks va a tener problemas de corazón. Necesito saber que estará bien.
-Hermione- Tom le cogió las mejillas- te prometo que Nagini no le hará nada. Ahora relájate y deja de temer por esta tontería de comida. Si quieres podemos cancelarlo y pasar directamente por tu casa para coger tus cosas.
Sus manos consiguieron que todos sus nervios se evaporaran. Colocó las suyas encima de las de él y le sonrió. Le besó rápidamente sobre los sugerentes labios.
-No te vas a escapar de esto.
Tom simplemente elevó una ceja. Sin previo aviso todo a su alrededor comenzó a girar. Casi acostumbrada a que le desaparecieran sin permiso, le dio tiempo a cerrar los ojos segundos antes de que su cuerpo se materializara en un desierto campo de espigas. Soltó toda la respiración aguantada en apenas unos segundos interminables.
-En serio- tomó aire- Tienes que dejar de hacer eso.
-No.
Sonrió de lado dirigiéndose sin reparos hacia la única casa del lugar. Desde luego ella estaba más nerviosa que él por la comida.
Era ella quien debería estar tirando de Tom, no al revés. ¿Cómo podía estar tan seguro de sí mismo? Es decir, no es que fueran enemigos pero era de conocimiento general que ninguna de las personas que se iban a reunir se caían precisamente bien. Tal vez, con un poco de suerte, no saldría a hechizos de la casa.
Hermione se adelantó para llamar a la puerta de la cocina. Por alguna razón que desconocía siempre habían entrado por ese lugar en vez de la entrada.
-¡Hermione, señor Riddle!- exclamó Molly abriendo con energía. Notó la manera con la que se dirigía hacia Tom. ¿Acaso le quería distanciar más en edad?
-Buenas tardes, señora Weasley- saludó el primero con un simple asentimiento. Su actitud le recordaba bastante a la de la Gala del Ministerio. Completamente cordial y muy distanciado. En su lugar, ella fue envuelta en un cariñoso y potente abrazo.
-Vamos, queridos, ya están todos dentro- casi les empujó para que pasaran. La bruja entrecerró los ojos. Ella nunca llegaba la última. Eso quería decir que al resto de invitados les había dicho otra hora de llegada para que todos llegaran antes. La apariencia de cordialidad no engañaba a nadie.
-Hola chicos- saludó al entrar al comedor. Allí estaba la familia adoptiva de Harry, Ginny, Ron y el señor Weasley.
-Pero si es la graduada que faltaba. Aquí ya somos todos adultos, no hace falta que nos llames chicos- bromeó Sirius. Por respuesta rodó los ojos.
-Ginny todavía es menor de edad y tú nunca crecerás.
-Antes de que dejes mal a Sirius toma asiento, Hermione- sonrió Remus indicándole con un gesto a los dos asientos vacíos a su lado. Rápidamente sopesó la situación. Desde luego la persona menos conflictiva del lugar era Remus pero con el comentario que hizo Tom acerca de los hombres lobo no sabía si iba a mantener la calma. Pero qué estaba diciendo. Remus era uno de los magos con mayor paciencia que conocía. Si él no aguantaba ninguno de los otros lo haría. Con decisión se sentó al lado de Harry, dejando el sitio libre al lado de su ex-profesor.
Un extraño silencio se instaló entre los presentes. Hermione observó los tensos rostros a su alrededor y el calmado de Tom. Esperaba que su intento por juntar a las personas que más quería no terminase en desastre.
La señora Weasley llegó con un plato enorme de lo que parecía cerdo al horno con diversas salsas extrañas, que del calor todavía formaban pequeñas burbujas.
-Primero nuestro invitado- comenzó sirviendo a Tom. Éste se lo agradeció con un pequeño asentimiento. La bruja no tardó en servir el resto y pronto volvían a estar todos como antes. En un silencio bastante tenso.
-Y dinos, Hermione, ¿ya le habéis contado a tus padres la noticia?- preguntó Molly al ver que nadie decía nada. Ron y Harry giraron la cabeza con mucha curiosidad por saber la respuesta. Esa vez no habían reaccionado tan mal como la anterior, pero eso no quitaba para que no se sintieran a gusto con la idea.
-En realidad no- confesó un poco nerviosa- Vamos a ir a verles justo después de esta comida. También tengo que coger algunas de mis cosas.
-¿Vais a ir juntos?- inquirió Harry con sorpresa. Eso no se lo esperaba.
-La idea fue mía, Potter- respondió Tom observando al muchacho con una mirada fija- Así que yo iré a comunicarlo.
-Muy rico el cerdo, señora Weasley- intervino corriendo Hermione. Lo último que quería era que comenzaran a discutir tan pronto.
-Gracias, querida- sonrió.
-¿Y habéis pensado qué vais a hacer ahora que vivís juntos?- intervino el señor Weasley. Le miró confusa. En cambio Tom parecía saber exactamente a lo que se refería. Ella se adelantó.
-¿En qué sentido?
-Me refiero en que si has pensado en trabajar en el verano, o qué harás cuando comiences los estudios. El señor Riddle vive en Hogwarts durante el curso y no sé si ya has decido un área de estudio.
-Bueno...- murmuró pensativa- Sí que tenía pensado buscar un trabajo para el verano y así poder mantenerme durante el curso- admitió.
-No.
-¿Qué?
Todos se giraron hacia la interrupción de Tom, quien había hablado como si lo dicho estuviera tallado en piedra.
-Digo que no vas a trabajar. Soy perfectamente capaz de mantenernos a los dos. ¿Insinúas lo contrario?- su pregunta era puro hielo.
-¡Claro que no!- exclamó para deleite del resto de la mesa, a excepción del que había comenzado con su inocente pregunta- Pero tampoco quiero estar todo el día en casa sin hacer nada. Voy a colaborar.
-No nos hace falta el dinero. Te será más útil centrarte en tus estudios.
-No voy a quedarme estudiando mientras tú ganas el dinero. Esto ya no es la Edad Media, Tom.
-Tendremos esta conversación más tarde- cortó sin apartar la mirada asesina de la suya. No soportaba que le desafiaran y ella lo había hecho delante de todos esos magos. De ser cualquier otra persona, la situación hubiera sido bien distinta. Ella estuvo a un pelo de continuar con la discusión pero el ver tanto rostro esperanzador por esa pelea provocó el efecto contrario.
-Está bien- asintió- ¿Y tú, Ron, has decidido si entrar en el cuerpo de aurores?- le pasó el bulto al pelirrojo, uno de los que más había disfrutado con esa minidiscusión. Su rostro se tiñó del color de su pelo.
-Puede...sí...tal vez... creo que...
-Ronald Weasley, tienes que decidirte de una vez- regañó su madre- Harry ya ha mirado otras opciones y tiene decidido entrar- se notaba el cariño con el que se refería al mago.
-Todavía tengo tiempo- repitió la excusa de siempre.
-Como sigas así hasta yo terminaré antes Hogwarts- se burló Ginny por lo bajo. Su hermano entrecerró los ojos en su dirección.
Hermione por poco pega un grito cuando, en medio de las burlas, una larga mano se posó en su pierna. Nadie notó nada raro ya que todos estaban demasiado ocupados divirtiéndose con el apuro de Ron. De reojo vio el rostro impasible de Tom. Su mano apretó más fuerte su pierna, indicándole que no comentase nada al respecto. Pues no estaba de humor para aguantar su toque. Disimuladamente bajó su propia mano y trató de apartar la suya. Y dijo trató porque los dedos del mago se convirtieron en hierro. Con el humor de ambos aumentando llamaron la atención de tanto Remus como Harry, que giraron las cabezas hacia ellos.
-Si nos disculpáis un momento- Tom se levantó del sitio para sorpresa de los presentes. No queriendo armar una escena mayor, Hermione se levantó y siguió al mago fuera del cuarto. Ni siquiera le había esperado para salir, lo que indicaba que estaba muy enfadado.
-Ahora volvemos- murmuró Hermione casi tan enfadada como él. Se levantó sin mirar a nadie. No quería ver los rostros felices de sus amigos. Toda discusión con el mago era una buena noticia para ellos.
Tom le esperaba de brazos cruzados fuera de la casa, apoyado en una valla a medio construir o medio hacer, no sabría decir.
-¿Y bien?- inquirió clavando sus ojos asesinos en ella.
-¿Como que y bien? No puedes tomar decisiones por mí y mucho menos esperar que te obedezca- respondió cruzándose también de brazos.
-No tiene sentido que trabajes- eligió sus palabras cuidadosamente- Y no vuelvas a negar mi toque.
-Estoy enfadada, Tom. No quiero ser una mantenida y que me trates como una niña delante de mis amigos.
-¿Como a una niña?- repitió con una ceja alzada- ¿Es así como crees que te estás comportando?
-Yo no he dicho eso y lo sabes.
-Yo tampoco he dicho lo contrario.
No estaba de humor para líos lingüísticos.
-Éste no es el siglo XVII, Tom. Las mujeres somos perfectamente capaces de trabajar.
-Esto no tiene que ver con hombres y mujeres. Debes centrarte en tus estudios.
-¡Esa decisión es mía!- repitió- Todavía no sé qué voy a hacer con los estudios y, mientras, quiero ser de utilidad.
No quería parecer una inútil, y mucho menos frente a Tom. Tenía miedo por la incertidumbre del futuro. Era la mejor bruja de su generación y no tenía ningún trabajo. Había recibido muchas ofertas, incluso de importantes departamentos del Ministerio, pero ninguna le interesaba. Encima miraba a su alrededor y era como si todos tuvieran claro el camino que iban a seguir. Empezaba a dudar que ella fuese la más madura del grupo. El mago pareció ver a través de ella. Sus inseguridades y el problema. Dio un paso hacia delante con una actitud mucho menos intimidante y sacó una carta de uno de los bolsillos de su capa.
-Te lo iba a dar cuando te instalaras en el piso pero veo que es necesario cambiar el momento.
Con el ceño fruncido Hermione alargó el brazo para coger la carta. No estaba escrito el remitente.
Querida Hermione,
Tal y como te comenté, he decidido que mi retiro sea el próximo año. No obstante, me quedaré como docente un tiempo extra para guiar a mi sucesora, la cual espero que seas tú. Si todavía estás pensando en dedicarte a explorar este mundo estoy segura de que serás capaz de cosas maravillosas.
Quedo a la espera de tu respuesta.
Un saludo.
Profesora Vector.
Releyó varias veces la carta, con una sonrisa formándose en su rostro, cada vez más y más amplia. Alzó un rostro completamente diferente a la anterior.
-¡Tom! ¡Lo he conseguido! ¡La profesora Vector me ha aceptado como pupila! ¡Voy a poder ser investigadora y profesora en Hogwarts!
El profesor le sonrió de lado. Algo le decía que él ya sabía lo que contenía en esa carta. Su enfado se había esfumado. Siempre conseguía librarse pero llegará el día en el que los ases se le acabarán. Pero ese día no era hoy. La bruja se lanzó a su cuello para abrazarle. Su alegría creció cuando sintió sus brazos rodearle y sus labios besar los suyos. Un sonido seco les interrumpió. Detuvieron el beso pero no se separaron. Dirigieron la vista hacia donde habían escuchado el sonido para ver a Ron tirado en el suelo. Detrás de él, medio escondidos tras la pared de su casa estaban todos lo que faltaban.
-¿Nos estabais espiando?- inquirió Hermione fingiendo un tono de enfado.
-Sólo queríamos saber si ibais a cortar- se encogió de hombros Sirius saliendo de su escondite. Como si aquella excusa fuera suficiente como para haber reunido allí a toda la familia para espiarle.
-No vamos a cortar sólo porque nos enfademos- respondió exasperada. Tom le apretó contra él.
-Uno puede soñar- murmuró Ron.
Fue prácticamente ignorado.
-Ya que estáis aquí os puedo dar la noticia.
-¿La noticia?- repitió Ginny bajando la vista hacia su estómago- ¿Estás embarazada?
En cuanto hubo pronunciado la última palabra el caos estalló en el jardín.
-¡Ay, Merlín, no!- gritó la señora Weasley- ¡¿Ves, Arthur?! ¡Te lo dije! ¡Te lo dije! ¡Es tan joven! ¿Qué va a hacer ahora? ¡¿Qué vamos a hacer, Arthur?!
-¡Hermione JEAN Granger! ¡Dime ahora mismo que esto es una broma!- exclamó Sirius, muy seguido de Harry en los gritos:
-¡¿Estás loca, Hermione?! ¡Eres demasiado joven! ¡¿Pero en qué estabas pensando?!
Ron sólo repetía "no, no, no, no" todo el rato con los ojos idos, Remus estaba demasiado impresionado como para hablar, Ginny regañaba a Hermione no habérselo contado y Arthur era el blanco de los gritos de su mujer, por lo que no podía añadir mucho.
-¿Quieres que les hechice?- susurró Tom en su oído. No se había soltado de su abrazo. Tembló de gusto al escuchar su sugerente voz.
-No hace falta- respondió al mismo nivel. De nuevo le volvió a empujar más contra él.
-Entonces detenles antes de que lo haga yo.
Esperaba no estarse convirtiendo en una masoca porque esa amenaza susurrada había tenido el mismo efecto que cuando le seducía. Pero no podía ponerse a pensar mucho en ello porque la vida de sus amigos iba a peligrar.
-Chicos, ya está bien, ¡chicos!- su grito acalló los del resto. La experiencia en ese campo era notable gracias a su año como Premio Anual. Había sido difícil pero con ayuda de Nagini se había podido hacer respetar, al menos por la mayoría de los alumnos. Incluso Malfoy le había dejado bastante tranquila ese año.
-No estoy embarazada pero es agradable saber cuál sería vuestra reacción- dijo irónicamente. Desde luego era un apoyo el que había recibido.
-¿De verdad que no estás embarazada?- Ron ignoró la última parte.
-¡Claro que no! Os quería dar otro tipo de noticia.
-¿Mejor que ésta?- interrumpió Sirius.
-Si me dejarais decirlo tal vez lo sabríais- rodó los ojos.
-Perdónanos, Hermione- Remus envió una mirada locuaz al resto de magos- Por favor, cuéntanos la noticia.
-¡La profesora Vector me ha aceptado como pupila! ¡Voy a ser profesora e investigadora de Hogwarts!
La mayoría gritó de emoción y presentó sus enhorabuenas, pero poco a poco todos se fueron dando cuenta de lo que aquello significaba.
-¿Eso quiere decir que vais a vivir y trabajar juntos?- preguntó lentamente Harry.
Con una gran sonrisa la chica asintió.
-Sé lo que estáis pensando y no fue así. Decidí elegir ser investigadora antes de que Tom y yo estuviéramos juntos.
Un silencio desconfiado se extendió por el ambiente.
-Te creemos, Hermione, y nos alegramos mucho por ti- dijo Arthur, a lo que todo el mundo asintió, unos más confiados que otros.
-¡Continuemos entonces con la comida!- exclamó feliz. Se soltó de Tom y fue al comedor, donde la comida había sido casi olvidada.
