Vigésimo Quinta Viñeta para 30Vicios.

Personaje: Percy Weasley.

Tema: Cumpleaños.

Palabras: 969.

Advertencia: Una vez más, hay Spoilers, así que toca leer con mucha precaución.

Cumpleaños

Los días en que algún miembro de la familia Weasley cumplía años, siempre eran de fiesta. Desde que Percy pudiera recordar, aquellas celebraciones fueron especiales para todos y cada uno de sus hermanos (incluido él mismo) y, la mayor parte de las veces, eran jornadas alegres, repletas de risas y alegrías.

Hubo ocasiones, no obstante, en las que la felicidad se veía empañada por diversos motivos. Como, por ejemplo, cuando murieron los tíos Fabian y Gideon, el mismo día que Charlie cumplía seis años; o cuando los gemelos cumplieron los ocho y Arthur tuvo que pasar la noche haciendo redadas, porque a alguien se le había ocurrido que era divertido sacrificar muggles en honor a los antiguos dioses griegos. O como en el último cumpleaños de Percy, que pasó voluntariamente solo, demasiado terco para aceptar que echaba de menos a su familia.

Ese año parecía destinado a ser uno de los malos. Era el aniversario de George, y Fred no estaba. Tumbado en la cama, Percy no se atrevía a abandonar su dormitorio. No le resultaba fácil pensar en Fred. Cada vez que lo hacía, recordaba sus ojos opacos abiertos, mirando sin ver, y su rostro dibujando aún la última sonrisa, esa que fue en su honor. A Percy le había costado creer que estaba muerto de verdad. Durante un segundo, tuvo la esperanza de que Fred se movería de nuevo y se reiría de él porque, sí, Percy había llorado. Hacía años que no lloraba frente a su familia, pero cuando vio a Fred inmóvil, muerto en sus brazos, no pudo evitarlo. Como tampoco pudo evitar perder el poco sentido común que la última batalla le permitía conservar, y lanzarse contra los mortífagos, dispuesto a todo con tal de vengarse de los asesinos de su hermano. Fred.

Muerto. Había pasado el tiempo, y todavía no podía creérselo. Pero era cierto. Todos en La Madriguera lo sabían. Y George estaba allí. Percy no podía mirarlo a la cara. Era extraño, pero no podía. Tenía la sensación de que su hermano le reprochaba algo. Quizá, que no hubiese hecho algo más por salvar a Fred. ¿Podría haberlo ayudado? No estaba seguro. Todo ocurrió muy deprisa, pero solía pensar que sí, que podría haber salvado a Fred. ¿Por qué no lo hizo entonces?

Percy agitó la cabeza. Le atormentaba pensar en ello. Aunque nadie dijera nada, Percy se sentía, en cierto modo, responsable. Y, por eso, no podía mirar a George. Porque era igual a Fred, y odiaba ver el reproche en los ojos de su hermano muerto. Se odiaba a sí mismo. Tenía muchos motivos para odiarse y, tal vez, ese fuera el menos consistente de todos, pero se odiaba. Se preguntaba constantemente qué hubiera ocurrido si él hubiera estado ocupando el lugar que llevó a Fred a la muerte. ¿Le hubiera tocado a él morir, en ese caso? Tal vez, hubiera sido mejor. Después de todo, los Weasley ya se habían acostumbrado a vivir sin él, pero Fred... Fred era la otra mitad de George. Había muerto él, y se había llevado media alma de su gemelo. Molly y Arthur habían perdido un hijo y medio, y Percy, en días como aquel, se dejaba llevar por la culpa y la autocompasión, y se repetía una y otra vez que su muerte hubiera sido menos dolorosa que la de Fred.

Alguien llamó a la puerta con exquisita suavidad. Su madre. Los cumpleaños en La Madriguera empezaban muy temprano, con un abundante desayuno repleto de dulces y cosas que, normalmente, no comían. Percy suspiró, sabiendo que no podría esconderse por más tiempo. Le dijo a su madre que bajaría pronto, aunque lo que realmente le apetecía era meter la cabeza debajo de la tierra y no salir hasta que no pasara el día.

Aún así, diez minutos después llegaba a la cocina. Todos estaban allí. Incluso Bill y Fleur habían llegado ya. Sólo faltaba Charlie. Estaba en Rumanía, pero había enviado una carta afirmando que llegaría para la cena. Percy saludó a sus hermanos y se sentó junto a Ron. Frente a George. Sonreía y se mostraba alegre, como siempre, pero no era lo mismo. Nunca sería igual. Percy lo miró. Sabía que en algún momento debía hacerlo, y con solemnidad se puso en pie y reclamó su atención.

Salieron al jardín. Percy era más consciente que nunca de que apenas habían hablado a solas desde lo de Fred. Y era incómodo, porque, en cierta forma, se moría de ganas de hacerlo. Tenía la sensación de que George también, por cómo lo miraba, como si quisiera preguntarle algo y no se atreviera.

-Feliz cumpleaños, George –Dijo con gravedad, entregándole su regalo. George lo mira, entre sorprendido y divertido, y coge el pequeño paquete. Es un reloj. Un reloj muy especial, con el que esperaba ser perdonado, si es que había algún motivo para hacerse perdonar –Era del padre de Penny. Ella me lo dio hace unos días, pero creo que es mejor que lo tengas tú.

George no se burló. Percy fue solemne, como siempre, y normalmente se hubiera reído de su rigidez, pero no ese día. El menor de los hermanos lo entendía perfectamente. Percy era idiota.

-Cuando Penny sepa que me lo has dado, querrá matarte.

Percy sólo se encogió de hombros. George rió y le pasó un brazo por los hombros.

-Eres tan ridículo, Perce. Muchas gracias.

Perce... Durante años, Fred fue el único que lo llamó así, en las escasas ocasiones en las que lo tomaba en serio. Y, ahora, George lo hacía. No pudo evitar sonreír, emocionado. Sintió un nudo en la garganta y abrazó a su hermano. Él nunca abrazaba a nadie, salvo a Penny o a su madre, y ese día no pudo contenerse. Era el cumpleaños de Fred, y George le había perdonado.